El elegante unicornio de pelaje púrpura claro y crines naranja se detuvo frente al mago de la guardia solar antes de que le diera el alto. Zaphire Assistant sabía que los pocos unicornios que había en el Imperio de Cristal se encargaban de buscar cualquier indicio de magia negra; esto incluía, por supuesto, a toda criatura que quisiera entrar en la zona restringida del palacio real.
Acompañando al guardia solar, un Caballero de Cristal observó cómo el cuerpo del asistente real se iluminaba por la magia.
—¿Todo en orden?
—Sí —respondió el mago tras unos segundos—. Está limpio; bienvenido, Zaphire Assistant.
—Gracias por su trabajo, caballeros —agradeció el aludido antes de atravesar los portones que abrían para él.
La sala del trono lucía extraña, al estar carente de la presencia de los nobles de la ciudad y, por contra, fuertemente vigilada por varios Caballeros. En el centro de la misma, a los pies de su trono, Cadence estaba sentada sobre los cuartos traseros y levantaba ambos cascos delanteros a los lados de su cuerpo con los ojos cerrados. Zaphire sabía que la Princesa de Cristal estaba meditando y entrando en comunión con el Corazón de Cristal, por lo que optó por no molestarla. Después de todo, ella era consciente de su llegada. Tal era la capacidad del milenario artefacto de escudriñar cada rincón del Imperio.
—Zaphire —saludó ella finalmente, relajando la postura con gesto agotado—. ¿Va todo bien?
—Sorprendentemente bien —señaló—. La moral sigue muy alta, los demonios no cesan en sus intentos por entrar, pero entre los milicianos y los Caballeros de Cristal no han tenido ninguna oportunidad. La idea de la sargento Midnight Slash de formar la milicia fue brillante.
—Que los titanes la acojan en su gloria —dijo ella mientras se levantaba—. ¿Y mi marido?
—Supervisando la reconstrucción de barricadas en las avenidas norte y nordeste. El hospital informa de que hay pocos heridos de gravedad, y que tienen suministros suficientes por el momento. ¿Qué noticias hay del exterior?
—Están intentando averiguar qué es esa niebla blanca. Moonligh Sonata ha informado que los ponis afectados por ella pierden la razón, por el momento no han hallado una cura.
—¿Hay muchas poblaciones afectadas?
—No me lo han dicho. Acompáñame a mis aposentos, Zaphire.
La princesa de cristal y su asistente abandonaron la sala del trono y subieron una escalera en una estancia contigua, llegando al poco a los grandes aposentos de los príncipes regentes, situados en una de las torres más altas del palacio. Los sirvientes se habían esmerado en que cada detalle, cada rincón y cada adorno de la estancia estuviese impecablemente limpio y colocado. El asedio había provocado un curioso efecto en la ciudadanía, haciendo que todos se esforzaran más que nunca en sus profesiones, por insignificantes que estas pudieran parecer en el esfuerzo de guerra. Cadence se sirvió una copa de jugo de una jarra que habían dejado preparada para ella.
—Algo me preocupa, Zaphire.
—Princesa, haré todo lo que esté en mi casco para ayudar —dijo él tras unos segundos de silencio de Cadence—. ¿Qué ocurre?
—No creo que este ataque sea una distracción. ¿Por qué sitiarnos, cuando con esa niebla podrían fácilmente conquistar cualquier ciudad? Tienen que tener algún objetivo en el Imperio de Cristal, o quizá algún infiltrado.
—Los unicornios de la Guardia Solar están buscando continuamente la presencia de magia negra. Tampoco he detectado actividades sospechosas en palacio, Majestad.
—Lo sé. Yo misma he estado buscando respuestas a través de mi unión con el Corazón —explicó la alicornio con un deje de decepción—. Pero este no es omnipotente, y es limitado como lo son mis propios ojos. Lo que lamento terriblemente es que, por más que me pese, sé que hace semanas que hallé las respuestas, pero quise considerar otras opciones. Pero ya no puedo seguir engañándome.
Cadence apuró su copa y llenó una nueva; Zaphire se había criado en la nobleza y hecho un nombre entre la realeza, por lo que el gesto parsimonioso de la princesa de cristal no le pasó desapercibido: Era una pausa deliberada, exasperantemente meditada para causar nerviosismo en el interlocutor.
—¿Majestad?
—Hace ya semanas que sé la respuesta, pero me negué a aceptarla y busqué cualquier otra opción. Zaphire, esperaba que tarde o temprano tú mismo reconocieras lo que ocurrió, o por qué lo hiciste, porque estoy convencida de que no eres un traidor y que tus objetivos están en velar por los intereses de la Corona de Cristal. Confío en ti, Zaphire, en tus consejos, tus gestiones y tus contactos para ayudarme a mi, y a mi marido, a sortear estos tiempos de crisis y proteger a mis pequeños ponis. Por eso, no entiendo por qué nos traicionaste.
Zaphire no respondió en seguida, pues sabía perfectamente lo que iba a preguntarle Cadence. El tono de voz de la princesa cambió sutilmente de uno cansado y bondadoso, a uno autoritario que no dejaba duda de que, en aquel momento, estaba hablando con la máxima regente del Imperio de Cristal.
—Tú entregaste a los batponies la orden de protección de la familia Diamond.
Y no había deje de duda o cuestión en aquellas palabras.
A pesar de que las nubes cubrían el cielo sobre la colosal cúpula que protegía el Imperio de Cristal, la armadura dorada de Shining Armor brillaba como si estuviera bajo el sol de medio día. Frente a él, un equipo de constructores levantaba una barricada hecha de cristal; con forma de cuña, estaba pensada para redirigir la carga a ambos flancos de la avenida donde emboscar al atacante. Treinta metros más atrás, unos puestos de tiro habían sido colocados en los edificios cercanos, y actualmente solo dos milicianos montaban guardia ballesta en casco.
El blanco unicornio se llevó un casco a la oreja donde una gema había empezado a brillar.
—Majestad, hay movimiento al otro lado de la cúpula al oeste. Parecen estar amasando un gran número de demonios.
—Entendido, voy para allá.
Haciendo un gesto a los Caballeros de Cristal que lo acompañaban, se puso en camino trotando; los demonios tardarían en iniciar otro asalto y no era una buena idea agotarse galopando a la batalla. Atravesó las avenidas principales de la ciudad, donde muchos civiles detuvieron sus quehaceres y saludaron al príncipe regente; pudo ver cómo los Meisters, así como algunos curanderos ciervo, revisaban a grupos de ciudadanos en busca de signos de magia infernal u otras afecciones. Una yegua, líder de la milicia, se llevó un casco a la gema comunicadora que llevaba y se unió a la comitiva junto a otros milicianos. Varios comercios se habían transformado en talleres donde artesanos reparaban las armas y armaduras de cristal desgastadas por los continuos combates. También reconoció a una yegua, la cuidadora del orfanato de la ciudad que acudiera a denunciar el terrible crimen que sufrió hacía ya meses, guiando a un gran número de potros de cristal de vuelta a los refugios al haber sido informada del inminente ataque.
Shining Armor no podía estar más impresionado y orgulloso por el gran ejemplo que sus ciudadanos estaban dando durante el asedio. Habría sido fácil dejarse llevar por la desesperación, por el miedo o por la vana esperanza, pero en lugar de eso el Imperio de Cristal estaba más unido que nunca sin perder la perspectiva del peligro al que se enfrentaban. A medida que se volvía a alejar del centro de la ciudad, encontró nuevas barricadas en las avenidas principales. De todas ellas, solo la más externa estaba dañada por los demonios, signo de que no habían conseguido atravesarla. Frente a la misma, dos lineas de Caballeros de Cristal formaban, mirando hacia la barrera mágica que se levantaba a menos de cien metros de ellos; el ruido y los rugidos de los demonios llegaban amortiguados a través de la formidable protección mágica. Una Paladina de Cristal se separó del grupo y acercó a Shining Armor; su casco se retrajo hacia atrás hasta mostrar el rostro de la paladina Aura.
—Parece que esta vez intentan lanzar un ataque en un único flanco.
—Bien. ¿Ha dejado protegidas las otras avenidas, paladina?
—Sí, la milicia las vigila y tenemos a tres escuadras de Caballeros listos para acudir al menor signo de alarma.
Aura tenía el rostro marcado por varios golpes, y una venda le cubría un flanco de la cabeza. Shining imaginó que, bajo su pesada armadura, la yegua tendría más señales de las múltiples batallas que había librado durante el asedio. Siempre en primera linea, siempre junto a sus hombres, Aura estaba dando un ejemplo excelente de todo lo que se suponía debía ser un Paladín de Cristal. No pasó tampoco desapercibido cuando un miliciano, impresionado, susurró su nombre, mirándola desde cierta distancia.
—Se está usted convirtiendo en una leyenda, paladina.
—Solo hago mi trabajo, majestad.
En la frontera oeste, la cúpula mágica se resintió e iluminó en un brillante turquesa cuando un gran demonio intentó atravesarla. Shining Armor no disimuló una sonrisa orgullosa al ver a los Caballeros de Cristal formando, firmes e inamovibles ante las fuerzas del Tártaro. Los mismos que habían combatido a Weischtmann, sus engaños, demonios e ilusiones; eran un baluarte de protección, y un ejemplo inspirador de honor, sacrificio y lealtad. El príncipe regente había imaginado en alguna ocasión que quizá fue un portador de la Lealtad elemental quien inspirara los valores que regían a los Caballeros.
—Un trabajo excelente —respondió—. Vamos a echarlos otra vez de nuestra ciudad.
En los aposentos de Cadence, Zaphire Assistant suspiró y se sirvió una nueva copa.
—No esperaba que usted lo descubriera, princesa. Quizá la he subestimado en ese aspecto.
—No esperaba que lo reconocieras tan rápido —replicó la alicornio.
—¿Por qué intentarlo? A estas alturas mentir ya no aportaría nada, además usted no me hará pagar con mi vida —ante la ceja alzada de Cadence, Zaphire sonrió y añadió—. Por una parte, no está en su naturaleza: usted es la princesa del amor. Por otra parte, estoy seguro de que debe imaginar por qué lo hice.
Los dos se miraron durante unos segundos.
—Tienes contacto con los batponies. ¿Acaso eres un espía para ellos?
Zaphire dejó la copa lentamente en la mesa, dándose unos segundos para poner su respuesta en palabras. Una vez más, el gesto no pasó desapercibido para la princesa de cristal.
—Lo primero que debe saber, princesa, es que mi objetivo siempre ha sido proteger la corona de cristal y asegurarme de que el Imperio sobreviva a estos tiempos turbulentos.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste?
—Porque estabas equivocada, Cadence.
La aludida no reprochó a su consejero real el haberla tuteado; había roto la distancia social que impone el lenguaje formal, y para ella eso era un signo de que Zaphire iba a confesar todo lo que le había ocultado.
—Los Diamond eran unos monstruos. Esclavizaron a los trabajadores del Imperio hasta la muerte, en muchos casos; se aliaron con Sombra por mantener su estatus, sobrevivieron a la purga que acabó con casi todos los unicornios de cristal entregando a muchos ellos mismos. Incluso a potros —señaló agriamente—. Y tú les ibas a permitir escapar indemnes a cambio de información, pero tu error fue aún más profundo: Traicionaste a los batponies que se sacrificaron protegiendo tu pueblo. Permitiste salirse con la suya a los responsables de la muerte de ciento trece miembros de la primera compañía batpony; no sé si conoces su historia, pero en Hollow Shades se les considera héroes.
—Sé que hace unos años esa compañía combatió a unos seguidores de Nightmare Moon. ¿Es por eso que son tan reconocidos? Shining Armor me contó que fue una batalla cruenta, pero poco más.
Zaphire Assistant rió gravemente ante eso.
—Shining cumplió su palabra y ordenó que los detalles de la batalla del templo de Selene se ocultaran. No, Cadence, no fue una simple batalla contra unos locos: Un Cazador Batpony traicionó a Hollow Shades y recuperó dos artefactos ancestrales. El primero iba a hacer que todos los batponies de Hollow Shades sucumbieran a la Sed. El segundo, le permitía controlar a los que lo hicieran, así como los animales salvajes del bosque. Estuvo a punto de convertir a todos los batponies en los monstruos que Nightmare Moon deseaba: el ejército de la noche y la terrible oscuridad.
Cadence miró en silencio a Zaphire, incrédula.
—La princesa Luna ordenó a Rise Love, una sargento recién graduada, que aguardara junto a su compañía, y ella desafió sus órdenes. "Si usted no va a hacer nada, lo haré yo", y partió junto a su compañía a defender el templo de Selene. Shining Armor llegó poco después con un pequeño equipo de la Guardia Solar, mientras el templo era asediado por hordas de batponies enloquecidos y dominados por la Pirámide de Adenror. Hicieron frente no solo a los traidores, también a sus propios hermanos, amigos, hijos, maridos y mujeres que convertidos en ferales dominados por el traidr. A través de su sacrificio, y del liderazgo de Rise Love, la Primera Compañía Batpony salvó a todo Hollow Shades de caer presa de la Sed, y a Equestria de verse asaltada por cientos de asesinos capaces de caminar en las sombras y de superar cualquier defensa. Y a esos mismos héroes que han quedado en la sombra, solo reconocidos por los habitantes de Hollow Shades, los que han muerto por defender el Imperio de Cristal, has traicionado. No podía permitir que los responsables de sus muertes quedaran indemnes, y por eso hice llegar a Rise Love el documento y le expliqué todo lo que sabía.
—¿Entonces fue Rise Love quien los mató?
—¿Entiende usted lo que es un Cazador Batpony, princesa? —replicó, con un deje de sarcasmo—. No es solo un gran guerrero, ni un espía, ni un asesino ni un infiltrador: Es todo eso y más. Es el asesino perfecto, y le aseguro que si un solo Cazador Batpony la quisiera muerta, no tendría demasiadas posibilidades. Después de la batalla por el templo de Selene no quedaron demasiados Cazadores; actualmente, Rise Love es la mejor de todos ellos.
Cadence se puso en pie, confundida por toda la información que se le había ocultado.
—¿Quién eres, en realidad?
—Zaphire Assistant, en eso no he engañado jamás. También soy uno de los principales agentes de los Cazadores Batpony y enlace directo con la Princesa Luna. Pero no te engaño en esto, princesa: Mis objetivos están con la supervivencia del Imperio de Cristal, y con que la corona de cristal sea victoriosa en estos tiempos. No somos enemigos, Cadence.
—¿Cómo sé que eso es cierto? ¡Me has engañado, Zaphire, me has ocultado información esencial que podría haberme hecho reconsiderar mis decisiones!
—Léame la mente pues, princesa. Si tras hacerlo cree usted que soy un peligro para el Imperio, no me resistiré cuando ordene arrestarme.
A Cadence no le hacía gracia la idea de hurgar en los pensamientos de cualquier ser vivo, era una violación de su intimidad, incluso si se recibía la invitación para hacerlo. Pero sintió que, en ese momento, no tenía otro remedio: Zaphire Assistant era un gestor excelente, un gran economista, un veterano en el juego de las casas nobles, y una de las pocas voces que mantenían la calma y la razón en tiempos de pánico. Incluso tras haberles traicionado en un momento crucial como era el acuerdo con los Diamond, Zaphire seguía siendo fundamental en la gestión del Imperio de Cristal.
Cadence se tumbó frente a su asistente real, cerró los ojos y conjuró; Zaphire también los cerró y respiró lentamente, permitiendo a la princesa de cristal acceder a lo más profundo de su mente. La alicornio notó enseguida el mar de calma, organización y pragmatismo que era la mente del unicornio naranja; pronto localizó el sentimiento de lealtad de sentía hacia los batponies de Hollow Shades, solo ligeramente más intenso que la lealtad que profesaba a la corona de cristal.
Estaba a punto de darse por satisfecha cuando notó algo extraño, algo que… no debería estar ahí oculto. Apretó los ojos y forzó su consciencia a través de los pensamientos de Zaphire, haciendo que el unicornio se agitara inquieto a pesar de sus esfuerzos por calmarse.
Era una mancha negra, como una gota de brea espesa que se había aferrado a lo más profundo de la consciencia de Zaphire Assistant. Cadence reconoció al instante la impronta de la magia negra y cuando abrió los ojos, los de Zaphire se habían cubierto con un velo mágico de color violeta.
Los ruidos de los demonios al otro lado de la barrera protectora se hacía cada vez más fuerte, no tardarían en atacar. Shining Armor pasó por delante de los soldados y milicianos reunidos, contando mentalmente los presentes… y no tardó en notar que algo no cuadraba.
—Paladina, ¿dónde están los magos de la Guardia Solar?
Cadence gritó cuando una descarga eléctrica le atravesó el cuerpo; Zaphire Assistant, con los ojos cubiertos por la magia negra, se puso en pie y cargó un nuevo hechizo, el cual se disipó antes de completarse tan pronto como Cadence llamó a la magia; un segundo conjuro mandó al consejero real al suelo, donde quedó inmovilizado, y la Princesa de Cristal se lanzó contra él.
Llamó a la magia con toda su voluntad, escudriñó de nuevo la mente de Zaphire hasta hallar la impronta de la magia negra, y centró toda su magia y voluntad en la misma. Tal y como le explicó Twilight en una carta, la imaginó como una masa densa e informe, abrió un agujero en la misma hasta encontrar su núcleo… y lo hizo explotar concentrando su magia en el mismo. Zaphire gritó al mismo tiempo que un caballero de cristal entraba a todo galope en los aposentos reales. Cadence le hizo un gesto para que no actuara.
—¡Zaphire! ¿Qué ha pasado?
—Ma… ¿Majestad? ¿Qué?
—Estabas dominado —explicó ella a toda prisa—. ¿Qué ocurrió, quién te hechizó y cuáles son sus planes?
El consejero real abrió mucho los ojos mientras su mente iba recuperando todos los recuerdos negados por la magia negra.
—¡Es tarde! —gritó finalmente—. ¡Ya está en marcha! ¡Está dentro, en la ciudad, va a por el Corazón!
—¿Cuál es su plan? —preguntó ella, y ante el silencio insistió—. Zaphire, sé que es difícil, pero necesito que me digas todo lo que sabes. ¿Cuál es su plan?
—El ataque de los demonios… es solo una parte. Ha dominado a los magos de la Guardia Solar, ¡a todos! El ataque está ocurriendo ahora mismo.
Cadence se giró hacia el caballero de cristal.
—¡Enviad a todos los caballeros disponibles a proteger el Corazón de Cristal! ¡Hay un mago negro en la ciudad!
—¡A sus órdenes!
Los tres ponis bajaron las escaleras galopando. Al mismo tiempo, escucharon los gritos y las explosiones mágicas que venían de la sala del trono.
—¿Aura? ¿Dónde están los…?
Primero escuchó el inconfundible crujido de una armadura de cristal al formar una espada. Luego fue el grito sanguinolento de un miliciano. En medio del caos que se desató, entre los ponis que se giraban aterrados hacia sus antiguos compañeros, Shining vio por primera vez los velos de magia negra cubriendo los ojos de varios Caballeros de Cristal.
Escuchó el pesado paso de Aura un instante antes del ataque, y lo bloqueó con su espada, viéndose obligado a retroceder ante la violencia y fuerza de la Paladina. Durante el breve instante que pasó antes de que el casco de la paladina volviera a cubrir su rostro, Shining apreció que sus ojos también estaban cubiertos por la magia negra, y que lo miraba como si no lo reconociera.
Shining observó durante un instante a su alrededor: El caos desatándose por doquier, Aura atacándolo sin cuartel, el primer demonio que consiguió atravesar la barrera del Corazón de Cristal, y tomó una decisión. Se teleportó justo detrás de la escaramuza que estaba teniendo lugar, hacia donde los milicianos se estaban retirando aterrorizados al ver a los Caballeros de Cristal volverse contra ellos.
—¡Caballeros, formad conmigo!
Al instante, los caballeros que no estaban afectados por la magia negra formaron junto al príncipe regente y retrocedieron a la vez hasta situarse tras las barricadas, forzando a los atacantes a dividirse por dos espacios entre la propia barricada y los lados de la avenida. Los dominados eran pocos, a duras penas diez, pero aguardaron a que el ejército demoníaco llegara para unirse a la carga.
En aquel momento, la cúpula que protegía la gran ciudad se volvió roja y una sensación de peligro inminente tomó el corazón de todos los habitantes del Imperio de Cristal.
Zaphire Assistant fue el primero en ver el peligro cuando llegaron a la sala del trono. Gritó "cuidado" y saltó sobre Cadence, empujándola con todas sus fuerzas. La princesa sintió la salpicadura caliente de la sangre en el pelaje y, sintiendo que el tiempo se había enlentecido, observó cómo el cadáver de su consejero real caía al suelo atravesado por una saeta de hielo. El Caballero de Cristal cargó directamente contra los dos unicornios dominados, pero no consiguió acercarse: con un hechizo, una columna se derrumbó, atrapando al desgraciado entre sus escombros.
Cadence conjuró una barrera para protegerse del siguiente ataque, y con otro hechizo dejó inconsciente a uno de los atacantes. El segundo, antes de caer también, llegó a convocar una aura mágica que cubrió un gran área del palacio de cristal. Cadence no tardó en descubrir de qué se trataba: no podía teleportarse. A su alrededor, los cadáveres de varios caballeros, así como de algunos asistentes, eran testimonios del terror que aquellos magos habían desatado.
Shining supo que el Corazón de Cristal estaba pidiendo ayuda al momento. Se giró hacia el gran rayo de energía que emanaba del mismo: un rayo de magia roja cayó casi en paralelo al mismo, en algún objetivo en la misma plaza donde estaba situado el ancestral artefacto. Sabía que tenía a algunos de los mejores Caballeros protegiéndolo, así como milicianos que habían tomado puestos de tiro en torno a toda la plaza. Ganarían el tiempo necesario.
—¡Mantened la linea, resistid hasta mi señal! ¡Milicianos, atrás, tomad posiciones de tiro en la segunda defensa, rápido!
Las órdenes se siguieron a rajatabla, y mientras los milicianos se retiraban los Caballeros de Cristal formaron una impenetrable linea de lanzas y pesadas armaduras. Los demonios empezaron a llegar, siendo devueltos al tártaro rápidamente al no ser capaces de romper la impenetrable formación; Shining pudo ver que los Caballeros, a pesar de que varios de sus compañeros incluida la Paladina Aura estuvieran dominados, resistirían el asalto. Si seguían así podría ir a ver qué estaba ocurriendo en palacio.
El blanco unicornio sintió el calor de la bola de fuego pasar a su lado; acto seguido, la intensidad de la explosión le obligó a cerrar los ojos y protegerse el rostro. Se giró para ver, durante un fugaz momento, cómo un mago también dominado se volvía a perder por una calle secundaria. Cuando miró al frente, vio que sus soldados, sus caballeros, estaban en el suelo desorganizados, y muchos de ellos malheridos; de no ser por las propiedades mágicas de las armaduras de cristal, ninguno habría sobrevivido.
Un caballero intentó ponerse en pie desesperadamente, cuando la Paladina Aura le atravesó la armadura a la altura del cuello, salpicando de sangre su arma de cristal. Los demonios pasaron a su lado, cargando contra los demás caballeros que intentaban retroceder desorganizados. El príncipe regente llamó a la magia y una densa barrera de energía se formó, cubriendo toda la calle y frenando en seco a demonios y caballeros dominados por igual.
—¡Retirada! ¡Los que no puedan luchar a los refugios, el resto al Palacio de Cristal! ¡Retirada!
Shining no esperó a ver cómo se cumplía su orden, pues ya imaginaba lo que había ocurrido, y dedujo que aquel ataque era solo el principio. Se teleportó y reapareció junto a la plaza del Palacio de Cristal… y confirmó que la realidad había superado a sus temores.
Había siete magos, cuyos ojos estaban tomados por la magia negra, conjurando una barrera sobre ellos. La magia del Corazón de Cristal se concentró sobre ellos, y una tremenda descarga mágica hizo impacto, ensordeciendo a todos los presentes, pero la barrera resistió. Cerca de veinte Caballeros de Cristal luchaban contra un similar número de sus hermanos de armas dominados por la magia negra, mientras los milicianos, desesperados por proteger su hogar, luchaban y morían en vano por llegar hasta un único unicornio que estaba en la base del pedestal.
Se trataba de un unicornio anciano de pelaje rojo oscuro y crines grises. Observó el artefacto con el detenimiento y la tranquilidad de alguien que veía su plan desarrollarse a la perfección; su magia alcanzó el milenario artefacto y, tras un ligero forcejeo, lo arrancó de su pedestal. Con un terrible chisporroteo mágico, la gran barrera que protegía el Imperio empezó a desvanecerse. Shining tomó la espada y galopó hacia él.
—¡No!
Sharp Mind observó con calmado regocijo la carga del príncipe, mientras varios Caballeros se interponían en su camino.
Alzó los cascos y una infinidad de luces grises y rojas surgieron a su alrededor; cuando una pasó junto a Shining percibió lo que eran en realidad: almas. Las almas torturadas de miles de sacrificios reunidos durante décadas, las cuales convergieron sobre el Corazón de Cristal como un enjambre de súplica, dolor y venganza, tiñéndolo de un funesto color rojo mientras el mago negro recitaba un hechizo.
Dos civiles armados con lanzas se unieron a la carga del Príncipe Regente. Estos hallaron la muerte rápidamente bajo las poderosas armaduras de los Caballeros poseídos; Shining logró derribar a uno, pero un mago lo rechazó con un conjuro repulsor. El veterano unicornio conjuró al instante, y una tromba de proyectiles impactó contra el mago y varios de los caballeros dominados.
Las almas torturadas formaron un torbellino sobre el Corazon, introduciéndose en su interior a la fuerza y haciendo que el artefacto brillara y crujiera cada vez con más intensidad. Cuando la última hubo desaparecido en su interior, Sharp Mind miró fijamente a Shining Armor; el príncipe regente se teleportó, apareció junto al anciano mago negro y se preparó para descargar su ataque… cuando algo se coló en su mente. Una voluntad ajena, y de pronto toda intención de combate se desvaneció de su mente. Durante un terrible instante se vio incapaz de actuar, mientras el mago negro lo miraba con calmada suficiencia. La última de las almas torturadas entró en el Corazón de Cristal, y este empezó a levitar y emitir un sonido agudo y agónico, agitándose violentamente mientras se resquebrajaba.
—Y así, majestad, es como se esclaviza al Imperio de Cristal.
El Corazón de Cristal explotó, y la energía que liberó derribó a todos los presentes en la gran plaza y las avenidas que convergían en la misma.
Durante un instante tan fugaz como la linea que separa la vida de la muerte, el velo de la realidad se combó y rasgó. Los mortales quisieron gritar, quisieron tirarse al suelo y suplicar porque todo acabara; el aire se volvió denso, y un frío devastador tomó la ciudad como una premonición. La última luz, el último resquicio de vida del milenario artefacto, desapareció y la oscuridad tomó su lugar, pero no era la mera ausencia de luz: Era una oscuridad sólida, viva y con voluntad. Una oscuridad que buscaba sumir a todo mortal bajo su yugo, una promesa de locura, de sufrimiento y de esclavitud. La oscuridad se congregó en torno al mago negro, y poco a poco se concentró en un punto junto a este, un punto de la realidad en la que el mundo físico dejó de existir durante tan solo un instante.
La oscuridad colapsó sobre si misma, y allí donde desaparecía apareció un poni de pelaje negro y gris; su dentadura estaba adornada con afilados colmillos como un depredador, sus ojos eran rojos y su melena ondeaba negra como el vacío sobre su cabeza.
Sharp Mind hincó una pata en el suelo y se inclinó frente al gran señor del Tártaro. El Rey Sombra lo miró, y después clavó su mirada en Shining Armor. Este intentó desesperadamente recuperar el control de su mente, de llamar a la magia y prepararse para dar muerte al tirano o morir intentándolo, pero la ferrea voluntad de Sharp Mind se aferraba a la suya, y solo pudo observar cómo Sombra miraba a su alrededor, sonriendo y mostrando sus afilados dientes. Finalmente, clavó sus ojos en el príncipe regente.
—Libéralo —ordenó. Su voz grave y potente se clavó en la mente de los mortales que huían despavoridos.
—Como ordene, mi señor.
Al instante, Shinning Armor recuperó el control de su voluntad y conjuró sus mejores defensas mágicas, tomando su espada y escudo para encarar al Rey Sombra. Este caminó hacia él, y con cada paso placas de metal surgieron de la nada y se fundieron en una armadura de placas que cubrió su pecho, patas y cuello; una corona de hierro apareció en su cabeza, con cuatro púas que emulaban los cuernos de algunos demonios.
—Shining Armor —susurró, regodeándose en el temor que el semental ocultaba—. Te recuerdo: tú y Mi Amore de Cadenza me expulsásteis al Tártaro. Supongo que estás sorprendido.
El viento del norte arreció contra la ciudad, y pronto se escucharon por doquier los gritos desesperados de los Caballeros de Cristal y los milicianos intentando llegar a los refugios.
—No triunfarás, Sombra —replicó Shining Armor—. Esta ciudad es libre, ¡sus gentes son libres!
—Eso dijo la princesa de cristal hace mil años. Ríndete ahora, Shining Armor, y seré benévolo con tus protegidos. Serán los sirvientes de mi eterno reinado.
La sintió antes de verla: La niebla blanca. Había entrado en la ciudad por el oeste, silenciando las calles y avenidas que recorrió hasta llegar a la gran plaza del Palacio de Cristal. Rodeó toda la zona, como un depredador al acecho, y el príncipe regente tuvo la certeza de que, fuese lo que fuese esa niebla, estaba viva.
—Jamás —replicó, estudiando rápidamente sus alrededores. Sharp Mind se había retirado unos pasos detrás del Rey Sombra. Cerca de quince guardias permanecían inmóviles, dominados por el mago negro, y la niebla le impedía toda posibilidad de escape.
Aquellos Caballeros de Cristal que seguían en posesión de su libertad y que no habían huído, habían fallecido y sus cadáveres alfombraban la plaza. El cuerno de Sombra burbujeó con magia impía, y una gigantesca guadaña de cristal negro como la noche surgió del suelo junto a él, corrompiendo los cristales que lo formaban como una mancha de brea en un lago prístino.
Shining Armor conjuró varias bolas de energía que estallaron contra el Rey Sombra, creando explosiones de llamas en torno al mismo. Sin esperar un instante, galopó hacia su enemigo y saltó contra él... y frenó en seco en el aire. Inmovilizado y cubierto por un aura mágica de un enfermizo color verde, Shining se debatió por liberarse o por conjurar, pero nada pudo. Sombra levitó hasta situarse a su altura y preparó la guadaña para dar el golpe de gracia.
—Pronto nos veremos en el Tártaro, majestad —añadió con Sorna.
Súbitamente, una tormenta de magia rosa descargó sobre el Rey Sombra, atravesándolo limpiamente; este gritó y perdió su agarre sobre Shining Armor. Todavía aturdido por la magia del unicornio negro, Shining llegó a apreciar cómo las heridas de este se cubrían con sombras negras que las sanaron al instante. Sombra conjuró mirando fijamente a Shining Armor, y este sintió cómo algo lo agarraba firmemente.
Cadence y su esposo reaparecieron al segundo en la avenida sur del Imperio de Cristal. A su alrededor, el caos se desataba: los demonios corrían por doquier, los Caballeros de Cristal hacían lo imposible por detenerlos mientras los civiles galopaban hacia los refugios. Shining miró alrededor, pero no pudo ver la niebla. En una calle secundaria, tres milicianos alzaban sus lanzas contra un gran demonio negro que intentaba llegar al refugio que protegían; en el aire, un guardia solar pegaso fue derribado por varios demonios voladores, junto al potro que llevaba sobre su grupa; unos caballeros de cristal cargaron contra varios demonios de sombra, los atravesaron como si estos no fuesen sólidos, y los mortales cayeron al suelo entre alaridos de dolor. Shining se puso en pie buscando su espada, pero Cadence lo detuvo.
—¡Amor, escúchame! ¡Voy a teleportarte tan lejos como pueda al sur!
—¿Qué? ¡No! ¡No te voy a dejar! ¡Tenemos que defender el Imperio!
—¡Ha caído, Shining! —gritó Cadence, y fue cuando el semental se percató de que el pelaje de su esposa estaba manchado con sangre—. ¡Necesitamos ayuda!
—¡Ve tú a buscarla, me quedaré a resistir en los refugios! Nos hemos preparado para esto, ¡puedo hacerlo!
—¡No, Shining! ¡Soy la Princesa de Cristal, tengo que...!
Cadence miró a un lado y conjuró un rayo de energía que desintegró a un diablo en pleno vuelo. En el suelo, un semental galopaba junto a una yegua y un potro hacia un refugio cercano.
—¡No puedo abandonarlos, ahora no! ¡Y tú eres capitán de la Guardia Solar! ¡Tienes que ir a buscar ayuda! ¡Es la única forma!
—¡No, Cadence, no! No te dejaré, ¡te amo, no te dejaré!
Con lágrimas en los ojos, Cadence sonrió con tristeza y rozó con cariño el rostro de su marido antes de besarlo profundamente.
—Lo sé —susurró al separarse, llamó a la magia... y Shining Armor desapareció.
El Príncipe Regente apareció a poca distancia de un pueblo al sur del Imperio. Miró hacia su ciudad, hacia donde la protección del Corazón debía estar, pero la ciudad de cristal se hallaba sumida en una oscuridad rota por las llamas.
—¡CADENCE!
Se quedó quieto un instante, tentado a volver, a ir a por su esposa y alejarla del peligro por siempre. Pero sabía que ella tenía razón, siempre la tenía. Con un hechizo, se quitó la armadura para correr más rápido y galopó con todas sus fuerzas hacia el pueblo.
NOTA DEL AUTOR:
Hoy en el podcast "Érase una vez un escritor", que hago junto a Pandora Lawliett, mencionaba cómo al final tuve que escuchar a Sharp Mind para saber cómo iba él a conquistar el Imperio de Cristal. Y no, jamás lo haría en una batalla abierta.
Welcome back, King Sombra.
