Los piratas del puerto de Tortuga se afanaban en reconstruir y reparar sus embarcaciones usando para ellos los edificios de madera que habían sobrevivido a las llamas.
Poison Mermaid observaba a sus sementales que, sentados en plataformas que colgaban de su barco, pintaban el nombre del mismo. Se trataba de una nave de batalla Equestre antigua: más grande que la Sirena, menos que un navío de linea, no era tan rápida como le gustaría a su capitana, pero era sin duda una gran nave. Si bien el diseño ya estaba algo anticuado, había sido cuidada con mimo y adaptada a los avances en la técnica y la navegación. Contaba con dos cubiertas de cañones, quince por banda, y su casco exterior había sido reforzado con maderas endurecidas mágicamente. Hacía dos décadas, aquella nave había sido el temor el mar, y un símbolo del podería de los piratas cuando decidían unirse bajo una causa común.
—Hay quien dice que cambiar el nombre a un navío trae malfario.
Appet se acercó junto a su marido, Bayhas, a la pegaso que observaba la operación desde el puerto. Poison la saludó con una suave sonrisa.
—También se dice lo mismo por llevar yeguas a bordo —respondió, provocando una carcajada en la pareja.
Los tres miraron cómo el pintor empezaba a trazar las lineas de la primera letra.
—¿Cómo vas a llamarlo?
—"La dama venenosa". Me siento rara tomando vuestra nave, aunque me la hayáis regalado.
—Nuestro tiempo de navegar pasó, Poison —respondió el lobo posando una garra en el lomo de su esposa poni—. Nosotros nos encargaremos de que tengáis un puerto al que volver.
Sobre el mástil mayor, una gran bandera negra ondeaba: Dos sables cruzados y, sobre ellos, una sirena a la que le faltaba un pedazo de cola. La bandera de la capitana Poison Mermaid. Esta miró alrededor, viendo cómo las tripulaciones estaban haciendo su trabajo también; todavía pasarían días hasta que estuvieran todos en condiciones de navegar, pero la mayor parte de capitanes había dado su palabra de seguirla en su cruzada contra los demonios y por la libertad. Los pocos que se negaron, se comprometieron a no interferir ni atacar a ningún pirata bajo el mando de la almirante Poison Mermaid.
Almirante. Ahora, ella era la almirante de los piratas de Tortuga.
—Maestra pirata Poison, ¿tienes un momento?
Se trataba del gran ciervo marrón Asunrix; Appet y Bayhas se despidieron y dejaron a solas a la pegaso con su tripulante.
—¿Qué se te ofrece, querido?
—Vengo a despedirme, Poison Mermaid.
El ciervo señaló con un gesto de cabeza hacia un barco tripulado por lobos. Los restos de la tripulación del Relámpago Negro, quienes habían rechazado unirse a la flota de Poison. Incluso reconociendo los motivos de los actos de Poison, ninguno pudo realmente perdonarla por asesinar a Argul.
—¿Te vas con ellos? No es por nada, pero… ¿te has dado un golpe en la cabeza, estimado? ¿Una insolación quizá? ¿O es que Fire Roar te ha dado su licor casero? ¿No habrás estado probando mis pociones por un casual?
—Sí, no, no, no y tampoco he probado tus pociones —rió el gran ciervo—. Les he pagado bien, y hay más oro esperándoles en Lutnia. Además, les he hecho saber que si no recibes noticias mías asumirás que me han asesinado —añadió casualmente—. Necesito volver cuanto antes, hay ciertos asuntos que he postergado demasiado.
Ambos se quedaron en silencio. Tras unos segundos, Poison tendió su casco sano al druida.
—Gracias por contratarnos, y por luchar a nuestro lado. Ha sido un placer, Honorable Guerrero Asunrix.
—Para mi ha sido un honor, Poison Mermaid —respondió, chocando su pezuña contra el casco de la capitana—. Por favor, nuestra amistad es grande, llámame por mi nombre. Si la voluntad de Gaia nos es próspera, volveremos a vernos, Poison. Rezaré a Gaia porque los vientos soplen siempre en tu favor.
Con esas palabras, el Honorable Guerrero Asunrix se fue hacia el barco que ya anunciaba su partida. La pegaso de pelaje añil se quedó a solas y, con el silencio, escuchó a algo chapotear en el agua, acompañado por un siseo.
Todos se giraron al escuchar el disparo. Junto a la almirante de los piratas de Tortuga, una sirena demoníaca se retorcía en el suelo con una bala en el abdomen.
—¡Wrath! ¡High Tide! ¡Haced el favor de registrar bien el puerto! —desenfundó otra pistola y disparó a la sien del demonio—. ¡Ya van cuatro esta mañana!
La misma mañana en que Manehattan libró una batalla perdida contra el Tártaro, y ajena a los eventos de la gran metrópolis, Fluttershy se dirigió hacia el corazón del Bosque Everfree guiada por los Worgs y escoltada por un enorme oso. Discord había optado por acompañarla convertido en un ratón que, tumbado en una hamaca sobre la grupa de la pegaso, bebía un refresco servido en un diminuto coco. Eventualmente Fluttershy se detuvo a descansar, notando sin saber exactamente cómo que el bosque estaba sufriendo; eran muchas las cosas que observaba o intuía, y ninguna al mismo tiempo: El aire enrarecido y húmedo, el ruido de los árboles, o el sonido de la tierra que escuchaba con los cascos. Una indicación más clara eran los animalitos que, saltando de árbol en árbol, huían hacia el linde del bosque.
La pegaso amarilla se sintió profundamente afligida y puso un casco en el suelo, mirando hacia arriba a un gran roble frente a ella. Normalmente no habría dicho nada, pero estado solo en compañía de los habitantes del bosque Everfree sintió adecuado murmurar "pobre criaturita".
—¿Criaturita?
—Cada día creo más que el bosque Everfree es un gran ser vivo.
—¡Uh! ¿Y nos va a comer?
El dios del Caos apuntó al árbol, y este sacó dientes y los entrechocó amenazadoramente. Fluttershy miró a Discord, acostumbrada a sus bromas, pero aquella no le había hecho gracia.
—Discord, ahora no, por favor.
Sintió el aliento del worg tras ella antes de girarse; ya se había acostumbrado a los terroríficos depredadores, y había aprendido a leer sus emociones detrás de sus facciones plagadas de colmillos y adornadas con ojos rojos e inteligentes hasta la inquietud. Alzó un casco y le rozó el cuello, gesto al que el worg respondió con un gruñido que recordaba al ronroneo de un enorme felino.
—Vamos.
El tacto de las hojas caídas, la hierba y la tierra bajo sus cascos cambió; estas se habían tornado grises y se agrietaban al rozarla, como si un fuego frío las hubiese consumido. Pasó entonces junto a unos arbustos marchitos, secos y muertos, luego fue un árbol… y entonces vio el castillo de las Hermanas Alicornio mucho antes de lo que debiera, y Fluttershy se detuvo impactada por lo que se extendía frente a sus ojos: La vegetación había muerto en casi dos kilómetros a la redonda de la ancestral construcción. Los grandes árboles que antes cubrían toda aquella zona se habían marchitado y podrido, llenando el aire con un olor pestilente, la hierba estaba seca y crujía bajo los cascos de la pegaso. Esta caminó hasta la zona donde la vegetación aún estaba viva y comprobó que la podredumbre se extendía. Brizna a brizna, raíz a raíz, el bosque estaba muriendo a ojos vista.
—Oh no… No, no, no, no… —murmuró mientras tomaba una flor entre los cascos, observando impotente cómo esta moría y se marchitaba hasta las cenizas sobre los mismos.
—Esto no es nigromancia —informó el Dios del Caos—. Es magia antigua y pura, hace falta una gran voluntad para hacer algo así.
—¿Puedes arreglarlo?
—¿Quién, yo? —preguntó Discord teatralmente, señalándose a si mismo y mirando alrededor—. Fluttershy, ¡soy el dios del Caos! No es buena idea que yo cree vida, créeme. Creo que esto tienes que hacerlo tú, amiga.
La pegaso Respiró agitadamente ¿Cómo podía ella ayudar? Solo era una cuidadora, una veterinaria, ¡ella no sabía cómo luchar contra una maldición! Pero el mapa la había enviado ahí, y no podía dejarlos solos. ¡Todos los animales del bosque la necesitaban, y quizá de más allá si la muerte seguía extendiéndose! Alzó el vuelo y se dirigió tan rápido como pudo al castillo de las Hermanas -esperando, con ello, no pensar demasiado en lo que estaba haciendo antes de que el valor la abandonara-. Bajo ella, la manada de Worgs y el oso la siguieron. Fuese lo que fuese lo que estaba matando al bosque, ella tenía, ¡tenía! Que encontrarlo.
Deseó tanto, ¡tanto, que Zecora estuviera con ella! La cebra, sin duda, habría sabido lo que estaba ocurriendo, o podría brindar una gran sabiduría disfrazada en una rima improvisada. Pero ya no estaba, ya nunca estaría, y ese pensamiento hizo que los ojos se le llenaran de lágrimas. La pegaso aterrizó al otro lado del cañón que separaba el ancestral castillo del resto del bosque, y tiritó ante la imponente e inquietante estructura. Y, a pesar de la invaluable compañía de Discord, se sentía sola: Sus amigas estaban repartidas por toda Equestria, y Rainbow Dash en concreto debía seguir luchando junto a los demás pegasos en el Imperio de Cristal. ¿Cómo iba ella a enfrentarse a la maldición del Everfree?
Un Worg gruñó a su espalda; la negra criatura miraba directamente a una ventana del castillo, tan oscura como si la inexistencia misma habitara en aquel lugar. Tras él, otros miembros de su manada llegaron, poniéndose a ambos lados de la portadora de la Bondad Elemental. Hubo un gran crujir de piedras cuando el oso apareció escalando el cañón, pues era demasiado grande para usar el puente.
Vio a una inmensa criatura surgir del bosque, galopar hacia el abismo y saltarlo, extendiendo sus alas membranosas brevemente para superarlo: La criatura aterrizó a pocos metros de Fluttershy y, cuando se giró, el viento sacudió su densa melena de león. Era la misma mantícora con la que se pelearon sus amigas hacía varios años ya. La mítica criatura miró a la pegaso y bajó la cabeza, reconociendo a su aliada en aquella lucha por la supervivencia.
Discord desapareció y se rematerializó a su lado, habiendo recuperado su tamaño habitual. La caótica criatura estaba extrañamente seria cuando se estiró.
—Da miedo. ¿Vamos?
Fluttershy sintió que la sensación de desamparo la abandonaba. O más bien era sustituida por un sentimiento de manada que pocas veces había sentido, realmente. Se giró hacia el castillo y caminó paso a paso hacia la oscuridad, seguida por los mayores depredadores del bosque. Fuese lo que fuese a lo que iba a enfrentarse, no lo haría sola. Con esa idea en mente, la oscuridad la envolvió tan pronto como atravesó los enormes portones del castillo.
Cuando miró atrás, ya no vio la salida.
—Oh… dioses…
—No puedo sentir el exterior… ¡qué curioso! —señaló el dios del Caos chasqueando los dedos—. Uy… espera —chasqueó los dedos varias veces más.
—¿Qué pasa?
—Mi magia no funciona aquí…
—Oh, dioses.
Vio los ojos rojos de un Worg a pocos metros de distancia. Más atrás escuchó a la mantícora rugir inquieta. Fluttershy no supo bien hacia dónde ir. Deseó fervientemente una luz o una guía en aquel lugar… cuando su colgante empezó a brillar.
La oscuridad, que apenas le permitía ver sus propias pezuñas, se aclaró como una nube de vapor y pronto pudo ver el empedrado del suelo. Caminó esta vez sabiendo que a dónde se dirigía… más o menos. Pocos metros más adelante le pareció ver una sombra que se movía; pensando que era un worg, se acercó.
Al principio creyó que se trataba de un batpony, pues reconoció sus orejas peludas y sus alas membranosas. Pero no lo era: parecía un animal salvaje hecho de sombras, grande, de afilados colmillos y garras en vez de cascos; se giró hacia Fluttershy y bufó salvajemente, saltando sobre ella. La pegaso voló hacia atrás con un chillido, cuando una masa de pelaje negro, colmillos y garras derribó al antinatural ser. En la oscuridad solo pudo escuchar el salvaje cuerpo a cuerpo de esos dos depredadores, y en torno a ella escuchó como cada vez más miembros de la manada de Worgs entraban en combate a su vez, el gran oso rugió de dolor y pudo escuchar los violentos garrazos, rugidos y golpes de la Mantícora. Escuchó el característico chasquido de dedos de Discord, pero este exclamó un improperio y saltó a un lado.
—¡¿Por qué no funciona mi magia? ¡Esto no es divertido!
Fluttershy giró sobre si misma, desorientada en la oscuridad. Escuchó a un worg llamar a sus hermanos, al oso retroceder entre rugidos aterrorizados, y el sonido de la roca rota cuando la mantícora golpeó una pared con su cola. La pegaso se llevó los cascos a la cabeza, sin saber qué hacer, sin saber cómo ayudar, y gritó.
—Basta, ¡basta! ¡Basta! ¡Por favor!
Fluttershy.
Alzó la vista y vio un rostro levemente iluminado por la luz de su elemento de la armonía. Era un rostro equipo, blanco con un patrón de rayas negras en su pelaje, crin y rostro
—¿Zecora?
—¿Con quién hablas?
La aparición sonrió y se echó sobre Fluttershy, pero esta no sintió ninguna amenaza. A sus ojos, el mundo cambió: En la oscuridad pudo ver a los worgs como difuminadas siluetas rojas, al igual que el oso. La mantícora destacaba diferente, pues su aura era azul claro.
Magia. La mantícora era una criatura mágica. ¿Cómo sabía eso?
Y pudo ver también a esos monstruosos batponies, como figuras negras moviéndose en un mar de oscuridad. No sabía cómo, no debería poder diferenciarlos, pero los veía con la misma claridad que acababa de ver a Zecora. No son vivos. No son muertos. Yo pude haberlo evitado, pero no lo supe ver. Tenías que ser tú, Fluttershy. La pegaso sintió esos pensamientos como suyos, pero sabía que no lo eran, pues todos arrastraban la voz y el acento de su fallecida amiga. "¿Por dónde voy?", imploró con un pensamiento, y se giró sin pensarlo hacia un punto en la oscuridad.
—¡Por aquí!
Galopó hacia el mismo con todas sus fuerzas, atravesó una gran habitación y luego giró, llegando finalmente a unos enormes portones de madera que había soportado el paso de los siglos probablemente gracias a algún antiguo hechizo. Se apoyó contra los mismos y empujó con todas sus fuerzas, pero no consiguió mover la enorme puerta hasta que Discord empujó también. Entraron y reconocieron enseguida la sala del trono, la sala que ocupara Nightmare Moon hacía ya tantos siglos. En el techo, algún tipo de magia proyectaba el firmamento nocturno a pesar de que era de día, y la luna llena iluminaba la estancia. Una luna que tenía, todavía, la efigie de la Yegua en la Luna. Fluttershy se quedó muy quieta al ver a varios batponies de sombras aparecer y acercarse a ella; todos mostraban sus colmillos y bufaban, agazapados como grandes felinos, amenazándola con cada gesto. Hubo un gran resplandor y Fluttershy se quedó quieta, mirándo como un conejo asustado al hechizo que se echaba sobre ella.
—¡Cuidado! —gritó Discord, empujándola a un lado.
El dios del Caos gritó con el impacto y miró, con cara de fastidio, cómo empezaba a petrificarse empezando por los pies.
—¡Oh, venga ya! ¡Otra vez no!
—¡Discord!
—¡En serio! ¿No podéis convertirme en agua o algo para variar? ¡La piedra es taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan aburrida!
—¡Discord, no! —lloró la pegaso amarilla.
—Sigue tú, Fluttershy. Yo no me moveré de aquí.
El dios del caos quedó convertido en piedra con una jocosa expresión en el rostro y señalando a Fluttershy, como contando un chiste. La pegaso miró alrededor, viendo a los ponis de sombras que se acercaban bufando como ferales, y ella retrocedió paso a paso. Aquellas criaturas la aterraban, y sabía que iban a atacarla en cualquier momento. ¿Pero por qué? ¿Por qué querían hacerle daño? Fluttershy observó mejor a las criaturas.
Entiende, susurró Zecora en su cabeza, pero no hizo falta pues Fluttershy entendió al momento lo que ocurría. Había visto a muchos animales amenazarla, y solo había un motivo para ello: el miedo. Daba igual que se tratara de una lucha territorial, del cortejo de una hembra, de la lucha por sobrevivir a un depredador o una madre protegiendo a sus crías. Aquellas criaturas estaban asustadas. No son vivos. No son muertos. No son. Fluttershy se acercó lentamente a la criatura más cercana, alzando la cabeza sin mostrarse asustada (aunque lo estaba), pero no lo suficiente para presentarse como una amenaza. El poni murciélago bufó más violentamente cuando la pegaso acercó un casco.
—No os voy a hacer daño… ¡Ah!
El batpony mordió el casco de la pegaso y el resto se acercaron a ella… pero Fluttershy no respondió. Se quedó completamente quieta, y eso desconcertó a las criaturas. La que le había atacado abrió la boca y en su rostro negro Fluttershy pudo observar un deje de arrepentimiento. En seguida lamió la misma herida que había abierto en la pegaso.
—Ya está —murmuró, moviendo el casco para apariciar el rostro de la criatura—. Pobrecita, estás asustada, ¿verdad?. No te voy a hacer daño. ¿Puedo acercarme?
Las criaturas no se movieron, mirándola con la confusión reflejada en sus rostros sin rasgos.
—Déjame acercarme, por favor. No te haré daño.
Los batponies de sombras se movieron en perfecto silencio y se echaron a los lados, desapareciendo en las penumbras. Fluttershy avanzó hacia el final de la sala, donde una escalera cubierta por una alfombra raída por el tiempo hasta ser irreconocible ascendía hasta un gran trono. Creí que querían poder. Creí que querían el bosque Everfree. Creí que fueron necios. Me equivoqué. A medida que ascendía escalón a escalón, una figura apareció; era una yegua grande, negra como una noche sin estrellas y delgada. Sobre su cabeza, descansaba un enorme casco azul marino que dejaba salir un larguísimo cuerno. En su lomo, grandes alas destacaban incluso teniéndolas plegadas. Estaba sentada en el trono, apoyada en el reposabrazos con una pata y miró a Fluttershy con fingido desinterés a través de una melena larga e insustancial.
—¿Y tú quién eres, potra?
—Yo… soy Fluttershy….
—¡Habla más alto!
—¡Eeep! —exclamó por el grito de la alicornio—. Soy Fluttershy. ¿Y tú quién…?
La negra alicornio se puso en pie y su cuerno se iluminó; la magia cubrió toda la zona y Fluttershy se encontró levitando, mientras nubes oscuras aparecían por doquier y la voz de la yegua se volvía potente hasta doler en los oídos.
—¡NECIA! ¡NÓS SOMOS LA REINA DE LA NOCHE! ¡LA PORTADORA DE LA NOCHE ETERNA! ¡NÓS SOMOS NIGHTMARE MOON! ¡Y NOS MOSTRARÁS EL RESPETO QUE CORRESPONDE, POTRA!
Fluttershy desplegó las alas al sentirse caer, pero no tuvo tiempo a detener su caída; se golpeó fuertemente contra los escalones, cayendo escaleras abajo unos metros. Ya quieta en el suelo acusó el dolor de múltiples golpes y de una pata. Desde lo alto de la escalera, la alicornio la miró con suficiencia, esperando la reacción de aterrada veneración que correspondía a sus súbditos. Fluttershy se puso en pie y, aterrada, habló.
—Pero… tú no eres Nightmare Moon.
—¡¿QUÉ DICES?!
—Tú eres la princesa Luna.
Nightmare Moon desapareció y reapareció al instante frente a la pegaso amarillo, la cual retrocedió con un grito.
—¡NO VUELVAS A PRONUNCIAR ESE NOMBRE! ¡LUNA ERA DÉBIL! ¡LUNA ERA COBARDE! ¡YO NO SOY LUNA!
A su alrededor, cada vez más batponies de sombras aparecieron, todos ellos amenazantes, todos ellos hablaron como una sola voz, coreando las palabras de la reina de la noche eterna.
—¡LUNA FUE DEMASIADO DÉBIL PARA RECLAMAR LO QUE ERA SUYO! ¡DEMASIADO DÉBIL PARA ENFRENTARSE A SU HERMANA Y AL MUNDO! ¡NÓS RECLAMAMOS LA NOCHE ETERNA, Y LA VENERACIÓN DE NUESTROS SÚBDITOS! ¡NÓS SOMOS FUERTES, SOMOS VALIENTES, SOMOS DECIDIDAS! ¡NÓS NO SOMOS COBARDES!
—Pero… ¡Luna nunca fue cobarde!
—¡¿QUÉ?!
—¡Luna nunca fue cobarde! Luna estuvo con su hermana en los orígenes de Equestria. Luna luchó contra Discord, aún cuando no podía vencerlo. Incluso después de su destierro, Luna ha luchado por Equestria, ha protegido a los batponies y ha luchado contra Weischtmann. ¡Luna es valiente!
—¡TUS MENTIRAS NO LOGRARÁN APACIGUAR MI IRA! ¡TE POSTRARÁS ANTE MI!
—Pero no es mentira. Es la verdad.
Hubo algo en la calma de la voz de Fluttershy que apagó la magia que alimentaba la voz de Nightmare Moon. El torbellino de nubes se detuvo, y el ciello estrellado volvió a brillar con fuerza.
—Luna estaba equivocada, estaba confundida y dolida. Pero eso no quita todo lo bueno que hizo: proteger los sueños, crear las noches y las constelaciones, velar por sus pequeños ponis y siempre proteger a Equestria. Luna no es una cobarde.
—¡¿Entonces por qué nadie me quiso?! ¡¿Por qué nadie celebró en mi nombre?! ¡¿Por qué no me querían?!
Con cada palabra, Nightmare Moon perdió su aura de carisma y terror. A pesar de que seguía hablando a gritos, y que seguía intentando ser aterradora, Fluttershy había aprendido a leer los sentimientos detrás de aquella fachada tal cuál había hecho con los Worgs. La pegaso se acercó a la alicornio negra, hablando en voz baja casi susurrada.
—A veces un poni no entiende todo lo que hacemos por ellos. Como un potro que se enfada con sus padres porque no puede ver todo lo que le han dado. Estábamos equivocados, Luna.
—Equivocados… ¿Eso sirve para excusar lo que hizo mi hermana? ¿Lo que hicieron los Elementos de la Armonía con el beneplácito de todos los ponis? ¡¿Justifica eso mil años de soledad?!
Fluttershy retrocedió al notar cómo la magia volvía a tomarlo todo. Los ojos de la alicornio brillaron con una magia blanca cegadora, desplegó las alas y habló con la voz de Canterlot.
—¡MIL AÑOS HEMOS PASADO ENCERRADAS, SOLAS, ABANDONADAS! ¡MIL AÑOS DESDE LA TRAICIÓN DE NUESTRA HERMANA, Y DEL OLVIDO DE NUESTROS SÚBDITOS! ¡NO HAY PERDÓN, NO HAY CLEMENCIA, NO HAY ACTO QUE PUEDA APLACAR NUESTRA IRA!
Con cada palabra, los batponies volvieron a bufar. Con cada frase el cielo se volvió más oscuro, el aire se enfrió como si el sol no existiera, y miles de sombras volaron por doquier como espíritus atrapados en una eterna pesadilla.
—¡SOLO LA MUERTE PODRÁ APLACARNOS! ¡TODOS PAGARÁN, TODOS SUFRIRÁN UNA Y MIL VECES EL DESTIERRO, LA PÉRDIDA Y EL OLVIDO QUE NÓS SUFRIMOS! ¡Y TÚ, FLUTTERSHY, NECIA POTRA, SERÁS LA PRIMERA EN FENECER!
Alrededor de la joven yegua, los batponies de sombras bufaron y se lanzaron contra ella. Nightmare Moon llamó a la magia, y una inmensa guadaña tan brillante como la luna creciente apareció sobre ella. Fluttershy desplegó las alas, sabiendo muy bien lo que debía hacer, y saltó hacia la enloquecida alicornio, quien se puso sobre dos patas para recibir el impacto…
...y todo se paralizó. La tormenta espiritual detuvo su caótica danza. Las criaturas de sombra se quedaron quietas, mirando hacia su señora sin poder determinar qué hacer. Nightmare Moon, tras unos segundos, dejó caer la guadaña y bajó la vista hasta la pegaso que la abrazaba con fuerza, bondad y lágrimas.
—Lo siento tanto… ¡Siento tanto lo que te hicimos! Siento que ningún poni apreciara tu trabajo, el firmamento, la luna. Que nadie reconociera tu sacrificio al luchar contra las pesadillas. ¡Lo siento tanto!
Nightmare Moon apoyó una pezuña en la pegaso que sollozaba contra su cuello. A la única que estaba comprendiendo realmente lo que sentía, y la propia reina de la noche sintió que las lágrimas acudían a ella.
—He estado… tan…
—Mil años sola. No puedo… no quiero imaginarlo, Luna. ¡Lo siento tanto! Pero eso ya ha pasado. Tienes que dejarlo atrás.
—Mi hermana…
—¡Celestia te ama! —juró la pegaso, mirándola a los ojos—. Ha estado esperándote durante mil inviernos, cantándote cada mañana cuando bajaba la luna. Ella se siente culpable, Luna. Tienes que perdonarla.
Cuando Fluttershy dejó de abrazarla vio que ya no abrazaba a una gran yegua de pelaje negro, sino a una joven adolescente de pelaje gris oscuro. Era Luna, exactamente igual había aparecido el día que usaron los elementos de la Armonía para expulsar a Nightmare Moon de ella. Y aquella yegua, aquella adolescente, lloraba a viva lágrima.
—Ha pasado tanto tiempo…
—Todo irá bien —murmuró Fluttershy con una dulcísima voz mientras acariciaba la mejilla de la potra—. Te lo prometo. Pero tienes que perdonar, Luna, porque si no vas a hacer daño a muchas criaturas inocentes.
Luna miró al cielo estrellado del techo, antes de bajar la vista y, con una sonrisa cubierta de lágrimas, susurró "lo intentaré". Los batponies de sombra se desvanecieron como si fuesen ilusiones, y Luna empezó a desaparecer entre los cascos de Fluttershy. Antes de que aquella potra se desvaneciera por completo, la pegaso pasó un casco entre la melena insustancial y mágica de la princesa y la miró con una sincera sonrisa.
El casco de Nightmare Moon, habiendo desaparecido Luna, cayó en las pezuñas de Fluttershy y la luz se hizo: Rota la maldición, la luz del sol volvió a entrar por las ventanas y no pudo escuchar a los animales luchar. Miró aquel casco azul, sintiendo con horror lo que habían hecho y su responsabilidad en ello, y lo abrazó con fuerza mientras sollozaba. "Lo siento, lo siento", repitió una, y otra, y otra vez. No hizo falta que el espíritu de Zecora se lo explicara: los Elementos habían expulsado a Nightmare Moon de Luna. No la habían curado, no la habían hecho recapacitar, solo habían extraído todos los sentimientos que la llevaron a perder la razón: El miedo, la soledad, la desesperación, el aislamiento, el odio y el sufrimiento. Pero no habían desaparecido por arte de magia: Toda aquella parte de Luna había quedado atrapada ahí, sufriendo eternamente. El Rey Sombra solo había tenido que llamarla. Ahí pudo comprender lo que muchos comentaban: lo rápido que se había recuperado Luna de su destierro, la aparente calma que siempre mostraba, el amor por su hermana como si no hubiese pasado mil años desterrada.
Pasado un rato, sintió una pata leonil en la espalda y se giró para abrazar a Discord. En su lugar, se encontró con la mantícora, y es cuando Fluttershy se dio cuenta de que algo iba muy mal.
—¡¿Discord?!
Allí donde el hechizo de Nightmare Moon le hizo impacto, allí donde él le había dicho "vé tú" mientras se petrificaba, seguía el dios del Caos convertido en piedra.
Y por más que gritó, por más que lloró y por más que imploró al elemento que portaba, Discord no volvió a moverse.
El joven semental se lanzó al suelo y se cubrió casi completamente con nieve al ver el fuego rugir en el cielo a través de la ventisca. El ruido del viento no le permitió escuchar nada, ni tampoco pudo distinguir nada aparte del resplandor de llamas que surgían en la nada en la distancia. Pero su alma temblaba por un temor que no había sentido nada.
Hasta que, finalmente, algo cayó a toda velocidad frente a él, dejando una gran nube de hielo cuando se estrelló y rodó por la nieve. El semental se levantó, pues sus ojos habituados al monótono blanco de la estepa habían captado que aquello era un poni. Una yegua. Galopó a través de las marcas del forzoso aterrizaje hasta hallarla; estaba malherida, pero estaba viva. El temor en su alma se incrementó, y sus instintos le gritaron que corriera. Pero, antes de hacerlo, se quitó una de las pieles que lo cubrían, envolvió a la yegua con ella y se la cargó sobre la grupa. Después echó a andar a través de la ventisca.
Cuando los demonios llegaron al lugar, no quedaba rastro ni de su presa ni de su rescatador.
La pequeña hoguera en el centro de la construcción de pieles, madera y paja a duras penas conseguía combatir el frío invernal de la zona, pero los ponis ahí refugiados no parecían inmutarse ante el helor. Algunos de los ponis que se refugiaban dentro vestían pieles de grandes depredadores; los que no se habían dedicado a la caza de depredadores, vestían abrigos hechos con distintas fibras vegetales. Yeguas y sementales aguardaban quietos y en silencio, ahorrando energías mientras el explorador volvía; sus armas, rudimentarias en comparación con el armamento de Equestria, estaban al alcance de todos.
Todos se pusieron en pie al oír, por encima de la tormenta que arreciaba en el exterior, algo golpear la madera. Fueron siguiendo los golpes mientras estos se acercaban a la puerta principal y tomaron sus armas cuando escucharon a quien fuese que estaba en el exterior intentar abrirla. Cuando esto ocurrió, un torbellino de nieve y polvo de hielo entró en el lugar, helando aún más la temperatura, y un poni jadeante entró cargando con alguna criatura cubierta de pieles sobre su grupa. Se quitó la capucha, revelando que era el explorador al que todos aguardaban.
—¡Whistle Bloom! ¡Rápido! ¡La vi caer en la nieve!
Todos corrieron a ayudarle; descargaron a la criatura que llevaba a la espalda y la pusieron sobre un lecho de paja junto al fuego, quitándole el abrigo con el que el joven la había protegido del inclemente invierno del norte. Las facciones y los colores de la pegaso no eran habituales en la tierras salvajes del norte: su pelaje era azul celeste, y sus crines multicolor poseían todos los colores del arco íris.
Una yegua anciana se acercó y examinó a la extraña yegua. No tardó en apreciar una gran herida que le atravesaba el costado; la única razón por la que no había muerto era porque la hemorragia se había cauterizado con fuego en el mismo momento que se produjo. Abrió los ojos de la herida y los examinó; un semental murmuró una exclamación, pues nunca había visto unos ojos de aquel moderado tono cereza. La curandera tocó la zona dañada y los espíritus le mandaron un escalofrío a lo largo de la columna vertebral.
—Sirvientes del Tártaro. Está helada, vamos.
Al instante un semental y una yegua se tumbaron junto a la pegaso, apretándose contra ella para darle calor. La anciana fue a una mesa, tomando distintas hierbas para triturarlas en un recipiente. Echó agua en la mezcla y aplicó la masa resultante en la herida; esta siseó y un ligero vapor surgió de la misma. Aún inconsciente, la yegua se movió ligeramente, sacudió las alas y gimió apretando los dientes. Fue cuando la anciana se percató de que aquella yegua herida portaba un colgante rojo con forma de rayo; se quedó mirándolo unos segundos e hizo un gesto a un poni para que se acercara.
Se trataba de un semental de pelaje amarillo y crin verde que ya estaba cubierta por muchas canas. Observó el colgante con la sorpresa reflejada en su rostro sabio, calmado y pacífico.
—¿Puedes despertarla?
La anciana mezcló la misma masa que había usado para curar la herida con más agua hasta hacer una especie de infusión. Tapándole la nariz a la inconsciente yegua la obligó a beber; esta tosió y, tras unos segundos, abrió los ojos.
—¿Q… qué? ¿D...dónde est...oy?
—Tu pueblo llama a este territorio "Tierras salvajes del noreste". Has tenido mucha suerte, Rainbow Dash.
Rainbow miró al semental amarillo que le hablaba. No lo conocía de nada.
—¿T… te conozco?
—No. Pero conociste a mi hija, y la ayudaste a encontrar sus orígenes. Te cuidaremos hasta que te recuperes.
—¿...hija? N… no puedo —dijo, intentando ponerse en pie, pero los dos ponis que le daban calor no se lo permitieron—. Tengo que… la niebla… tengo que…
El semental puso un casco sobre la sien de Rainbow Dash, y esta sintió que la agitación y el miedo morían al momento. De no tratarse de un poni de tierra, la pegaso hubiera creído que la había hechizado.
—No estás en condiciones. La tribu Bruma Dorada ha sido atacada, unos pocos escaparon y hablan de demonios. Hemos venido a ayudar, pero temo que llegamos tarde.
—No… ¡no lo entiendes! La niebla… nadie sale de ella… y algo ha pasado en el Imperio. El Corazón ha caído… todos.
—Cálmate.
El semental se tumbó frente a Rainbow Dash, y alguien sirvió a la yegua una sopa humeante.
—Háblame de esa niebla.
—Qui… ¿Quién eres?
El semental sonrió, y la pegaso notó entonces algo familiar en él, en su calmada actitud y en las facciones de su rostro, pero no consiguió recordar el qué.
—Mi nombre es Mulberry. Soy el padre de Sweetie Grauj.
NOTA DEL AUTOR:
Tuve que hacerlo. Tenía que hacerlo. ¡NO PODEIS CULPARME, TENIA QUE TRAER A MULBERRY DE VUELTA!
Gracias por leerme :)
