Rarity gritó cuando algo tremendamente pesado golpeó la puerta que ella aguantaba junto a otros ponis. Pinkie Pie corría a través del edificio, agrupando a los supervivientes y evitando que el pánico les llevara a hacer una estupidez.
Alguien trajo un gran madero que usaron para apuntalar la entrada; otro grupo de grifos y ponis bloqueaban las ventanas de los pisos inferiores con todo mueble que pudieran encontrar, y un poni médico atendía a los heridos con sus propios cascos y el poco material que algunos habían encontrado en los apartamentos del edificio. Escaleras arriba, se escuchó el ruido de lucha, algún demonio había entrado en los pisos superiores.
—¡Pinkie Pie, ¿qué hacemos?!
Pero la yegua rosa miró a Rarity con el miedo reflejado en el rostro y no respondió. La unicornio blanca tragó saliva y usó su magia para intentar sellar la puerta. Confiaba plenamente en el mapa de la amistad, y la posibilidad de que las hubiese enviado a aquella ciudad para encontrar la muerte sencillamente no pasó por su mente.
—¡No os rindáis, aguantad! —gritó mientras volvía a aguantar la puerta principal con todas sus fuerzas.
Habían pasado menos de dos horas desde que la primera noticia del ataque a Manehattan llegara a Canterlot, y algo más de seis desde que se confirmara que el Imperio de Cristal había caído. Las dos hermanas alicornio estudiaban juntas un gran mapa de Equestria, sobre el que habían sido dispuestas diversas figuras de madera representando las fuerzas desplegadas. Llamaba la atención que una de las mismas, representando un pegaso, se movía lentamente hacia Cloudsdale.
—Los pegasos regresan. ¿Qué sabemos de ellos?
—Que cuando cayó el Imperio fueron asaltados por cientos de diablillos voladores mientras les atacaban desde tierra. Han caído muchos, Celestia.
—¿Y Rainbow Dash?
—Todavía no tenemos noticias. ¿Qué sabéis de Manehattan?
—Parte de la población está siendo evacuada por perros joyeros. Parece ser que los Pones y los estudiantes de la universidad lo organizaron todo.
—¿Cuánto supone "parte"?
—Poco. También me han informado de que han saboteado las líneas ferroviarias de aquí a Manehattan. Tardaremos días en enviar refuerzos. ¿Qué sabemos de la niebla?
Representando a la misma, dos nubes de vapor flotaban en el mapa: Una descansaba sobre el Imperio de Cristal; la otra, sobre Manehattan.
—Solo hay dos bancos de niebla blanca. Creemos que una parte de la que atacó el Imperio de Cristal se separó y viajó directamente a Manehattan; si os fijáis, hermana, los pueblos donde han aparecido grises están en la ruta más directa entre las dos ciudades.
Ambas sintieron la magia concentrarse cuando un pergamino se materializó frente a Celestia, quien lo tomó y leyó.
—Confirman que el hechizo del profesor Pones funciona, pero brevemente y en áreas muy pequeñas. Los magos de la Guardia Solar ya están trabajando en mejorarlo. Podríamos usarlo para llevar refuerzos y suministros a las resistencias de Manehattan y el Imperio.
—Debemos hallar la forma de contrarrestar este fenómeno antes de contraatacar. En ello coincidimos, hermana.
Las dos alicornios se giraron hacia la entrada cuando oyeron a los guardias tras la misma exclamar algo para después guardar silencio. Al momento, la gran puerta se abrió de par en par dejando entrar a un unicornio blanco de crin azul; no llevaba su habitual armadura, su pelaje estaba sucio y revuelto y lucía algunas heridas y quemaduras. Tras él, los dos guardias solares se habían cuadrado.
—¡Shining Armor! ¡Habéis escapado!
—Majestades —saludó con una ligera y rápida reverencia—. He venido a buscar refuerzos para el Imperio de Cristal.
Luna pronunció mentalmente una maldición, pues no había ningún deje de duda o petición en la voz del príncipe regente.
Un grupo de milicianos acompañado por unos pocos Caballeros formaron una linea a pocos metros de distancia de la puerta de uno de los refugios. La luz que emitían el cuerno de Cadence y las pocas lámparas se reflejaba en las paredes de la mina de cristal, iluminando toda la estancia con claridad.
El gran portón, tallado en una única pieza de roca cristalina, dejó pasar un resplandor rojizo a través de los quicios, y pronto la propia entrada empezó a adquirir un tono anaranjado que se tornó rápidamente a un vivo rojo.
—Recordad el plan —habló Cadence sin alzar la voz, pero todos la oyeron claramente—. Una vez los tengamos debemos retroceder al siguiente refugio.
—Así se hará, princesa —respondió un Caballero de Cristal—. ¡Milicia, apuntad a los demonios!
El rugido del fuego en el exterior murió cuando el cristal del portón estaba a punto de empezar a derretirse. El silencio cubrió todo hasta que todos pudieron escuchar tan solo las apresuradas oraciones de sus compañeros y sus propios corazones desbocados. El portón se combó y rompió cuando tres Caballeros de Cristal cargaron a través del cristal fundido. Cadence notó la magia negra en los tres, y reconoció el aura de la Paladina Aura liderando aquella carga.
Tras ellos, aparecieron los demonios que fueron recibidos con una lluvia de proyectiles.
A su izquierda, uno de los poseídos fue detenido por un Caballero de Cristal. A la derecha, varios milicianos fueron derribados por la carga de otro. Aura ignoró el resto de ponis que no habían sido dominados, derribando a uno que se puso en su camino, y saltó directamente contra Cadence mientras desplegaba una espada de cristal de su propia armadura.
Una barrera mágica frenó a la paladina en el aire y, al instante, Cadence tomó a Aura con su magia y la lanzó al suelo tras ella. Mientras la fuerte guerrera luchaba contra el agarre mágico, Cadence cargó toda su magia y la descargó contra la cabeza de la poseída yegua; esta gritó, se llevó las patas a la frente y, tras unos segundos, su casco se retiró y fundió con el resto de la armadura.
—Pri… ¿princesa?
—¡Paladina Aura, dirige a tus Caballeros! ¡Tenemos que rescatar a todos los ponis dominados que podamos para liberarlos!
La aludida se quedó un instante mirando a la nada mientras los recuerdos de todo lo que había hecho bajo la influencia de la magia negra pasaban por su mente. Pocos segundos después se puso en pie y miró la batalla que se libraba a su alrededor con una creciente furia tomando su rostro. Cargó contra el caballero poseído que había asesinado ya a dos milicianos y, con una demostración de artes marciales, lo lanzó directamente hacia Cadence quien lo atrapó y repitió el mismo hechizo que había hecho con Aura.
—¡Tiradores, retroceded al siguiente refugio! —los demonios que ya entraban, rugiendo fuego y oscuridad de sus fauces, cargaron contra los defensores—. ¡Caballeros conmigo!
El tercer poni de cristal poseído fue placado por varios milicianos y arrastrado hacia Cadence. Los demonios del fuego y la destrucción cargaron contra los defensores que iniciaban la retirada, pero la Paladina Aura y los Caballeros de Cristal se interpusieron en su camino.
Las dos princesas Alicornio se miraron entre sí antes de responder.
—Shining Armor, no sabemos cómo luchar contra la niebla blanca. No podemos arriesgarnos a mandar toda la guardia y que caiga presa de la misma.
—El Corazón de Cristal pudo rechazarla —recordó el príncipe regente—. Con la ayuda de magos entrenados podría emular una protección similar. Podemos liberar Manehattan, y también el Imperio de Cristal, majestades.
A la espalda de Shining Armor los dos Guardias Solares escuchaban cada palabra con interés.
—¿Habéis comprobado que funcionara, Shining Armor? —cuestionó Luna—. Sé que vuestras barreras protectoras son formidables, mas nos enfrentamos a un adversario que desconocemos.
—Funcionará, princesa. Confíe en mi.
Celestia cerró los ojos mientras meditaba la respuesta.
—No puedo permitirlo, Shining Armor, debemos…
—¡¿No puede permitirlo?! ¡Mis ciudadanos están en peligro! ¡Cadence lo está!
—Debemos asegurarnos que funciona —concluyó—. Toma un equipo de la Guardia Solar para que vayas a Manehattan y compruebes que tu teoría funciona. Solo entonces podremos lanzar una ofensiva decisiva.
El documentalista de la gran biblioteca de Canterlot observó con silenciosa inquietud a la yegua encapuchada que se acercó a su mostrador. Se trataba de una unicornio y pelaje lila, y sus ropas cubrían su marca; se planteó durante un instante si llamar a la guardia, en vista de la guerra en la que estaban involucrados contra el Tártaro.
—Buenos días, disculpe la interrupción —saludó la yegua con exquisita cortesía. Probablemente era de familia noble—. Necesito acceder a todos los tratados que tenga sobre magia blanca y las artes prohibidas de la magia.
—Ah… este —balbuceó el empleado—. ¿Y por qué quiere usted…? —la yegua se retiró la capucha, revelando su identidad—. ¿Princesa Twilight?
—Por favor, no grite —respondió, encapuchándose de nuevo—. Nadie debe saber que estoy aquí, ni siquiera las princesas.
Subrayando aquellas instrucciones, puso una bolsa de oro sobre el mostrador. El bibliotecario no disimuló su interés.
—Hay una sala de estudio trasera, usted ya la conoce —aseguró, recordando la época de estudiante de Twilight Sparkle—. Puede instalarse ahí el tiempo que necesite, y puedo traerle comida si lo requiere. Prepararé todos los tratados de los temas que solicita, princesa.
—Muchas gracias. ¡Oh! Otra cosa más: ¿recuerda usted a mis padres?
—¿Los señores Sparkle? Por supuesto. ¿Quiere que…?
—¡No! No les diga nada, por favor. ¿De acuerdo?
—Claro… como desee, princesa.
El bibliotecario observó extrañado cómo la encapuchada princesa de la amistad se dirigía a la susodicha sala de estudio.
—¡No hay tiempo para eso, princesas! —exclamó Shining Armor—. ¡Podemos comprobarlo mientras mandamos a la Guardia! ¡No podemos perder tiempo en hacer pruebas, debemos actuar!
—Shining Armor, lo siento, pero esta es nuestra respuesta —repuso Luna con tono autoritario.
El blanco y sucio unicornio miró fijamente a las dos princesas con un semblante duro e inflexible. No dejó de hacerlo cuando lanzó la orden.
—Soldado Grey Edge.
—¿Sí, capitán? —respondió uno de los dos guardias.
—Informe a la sargento Violet de que partimos hacia el Imperio de Cristal dentro de dos horas.
—Cancele esa orden.
El aludido observó alternativamente a las princesas y a Shining Armor quien, a pesar de ser ahora el príncipe regente del Imperio de Cristal, seguía siendo el mejor y más condecorado capitán que había tenido la Guardia Solar en una generación. El mismo que había combatido, hacía años ya, frente al templo de Selene, en el corazón de Hollow Shades para salvar a toda la raza batpony. Esa era una experiencia que ningún soldado había olvidado jamás.
—A sus órdenes… capitán.
Después de que el soldado partiera, Shining Armor dio la espalda a las princesas y empezó a caminar, pero Luna lo detuvo.
—Aguardad. No podemos crear un cisma en nuestras fuerzas, Armor. Enviaremos a la mitad de nuestras tropas, y yo os acompañaré. Así si vuestro plan fracasa, tendremos más posibilidades y no lo perderemos todo.
Sin girarse completamente, Shining miró hacia atrás para mirar a la princesa de la noche. Finalmente, asintió.
—Será un honor volver a luchar a tu lado, Luna.
La forma de dirigirse a ella y tutearla no fue casual, y el hecho no pasó desapercibido para las dos princesas. Él, después de todo, era parte de la nobleza de Canterlot, y aquel gesto no dejaba lugar a dudas: Shining Armor ya no consideraba a las hermanas alicornio como sus superiores.
Pinkie Pie gritó cuando sintió que el suelo se agrietaba bajo sus cascos. Una enorme garra surgió del mismo y un agujero enorme se abrió. El perro joyero surgió del hundimiento, miró alrededor y se apartó para dejar paso a varios ponis que se repartieron por el edificio: Unos unicornios fueron a la puerta y las paredes y trazaron líneas de runas para frenar a los demonios, varios pegasos volaron por el hueco de las escaleras para ayudar en los pisos superiores, y ponis de tierra, entre ellos unos pocos Guardias Solares, se colocaron dejando un pasillo abierto hasta el túnel.
Aitana Pones se adelantó a todos y gritó.
—¡Todo el mundo abajo!
Viendo la ayuda, Pinkie Pie hacia la Arqueóloga.
—¡Aitana! ¡Gracias a Celestia! ¿Qué vamos a hacer?
—De momento, salvar a los que podamos —replicó—. Luego veremos… ¡Niebla!
A través del resquicio de una ventana, la niebla blanca empezó a filtrarse dentro del edificio. Dos unicornios conjuraron rápidamente y un resplandor casi imperceptible cubrió la estancia, ralentizando el avance del fenómeno infernal.
—¡Hay que huir ya, todos al túnel, rápido!
La puerta se combó con el siguiente impacto, y los ponis que la aguantaban retrocedieron. Steady Rock se puso junto a Aitana para luchar, y esta vio rápido que no iban a salvar a todo el mundo. Solo podían ganar tiempo para que escaparan unos pocos más. En los pisos superiores, docenas de cascos galopaban escaleras abajo hacia la salvación.
—¡No me importa lo que entre en este edificio! —gritó por encima del galope desesperado de los supervivientes. A su lado, una mezcla heterogénea de ponis armados se prepararon para contener a las huestes del Tártaro—. ¡Demonios o ponis grises, derribadlos sin dudar! ¡Rarity, atrás!
La yegua modista se separó de la puerta que aún sostenía con su magia y galopó hacia el túnel… cuando algo atravesó la entrada a su espalda. La elegante unicornio sintió un tremendo impacto, se golpeó contra una pared y cayó pesadamente al suelo a varios metros de distancia; algo enorme estaba entrando y varios ponis se lanzaron para detenerlo. Pinkie Pie corrió hacia ella con el terror atenazando su rostro. Después todo se volvió negro.
En una vieja casa de Canterlot alquilada por unos pocos bits de oro, una gran sala estaba en la penumbra pues todas las cortinas estaban echadas. Un mapa de Canterlot y de sus alrededores brillaba en el suelo, delineado por mágicas líneas de luz, extendiéndose desde Las Pegasus al oeste hasta Manehattan al este. En el centro de la estancia, Hope Spell murmuraba un conjuro mientras su cuerno brillaba, con un gran tomo de magia blanca levitando frente a él.
En una esquina, una unicornio lavanda lo observaba y esperó a que terminara el conjuro antes de hablar.
—Intentas detectar la presencia de magia infernal cuando sea ejecutada —dijo Starlight Glimmer—. Inteligente, pero te obligará a pasarte el día aquí, eso puede hacer que te pierdas información importante.
—¿No deberías estar en la función de Trixie? —replicó el semental, más sorprendido que molesto.
—Se las apañará. No es habitual notar que alguien está haciendo un ritual de este calibre y me entró curiosidad.
—¿A qué información te refieres?
—Shining Armor ha llegado a la ciudad, y la Guardia Solar se está movilizando.
—¿Han encontrado alguna forma de neutralizar la niebla?
—Eso no lo sé.
La yegua paseó sobre el mapa, haciendo rápidos conjuros y conectándose con el ritual de Hope Spell.
—Con Manehattan y el Imperio de Cristal invadidos, ¿cuál es el siguiente movimiento lógico?
—Invadir Canterlot —respondió el mago blanco—. No hay otro motivo para lanzar dos ataques así: Sombra podría haberse fortificado en el norte. En vez de eso, han atacado una de las ciudades más importantes de Equestria. Espera la reacción de las princesas.
—Es posible que hayan preparado… "algo" en las catacumbas. Hay muy pocos ponis ahí, es el lugar ideal para ocultarse.
—¿Quieres ayudarme?
—¿Ayudarte? —Starlight pareció francemente sorprendida por el ofrecimiento.
—Quieres compensar tus errores del pasado, y eres una maga realmente hábil para hacer lo que hiciste sin recurrir a la magia negra —Hope tomó su espada, se la colgó a la grupa, y después tendió un casco a Starlight—. ¿Vienes?
Tras unos segundos, la yegua chocó su casco con el del semental, y ambos desaparecieron con un sonoro "¡Plop!". Cuando reaparecieron estaban en la total oscuridad de las catacumbas de Canterlot.
NOTA DEL AUTOR:
Ahora que ya he acabado "La maldición del batpony" es hora de seguir con La guerra en las sombras. Calculo, a ojo de buen cubero, que deben faltar unos diez capítulos más o menos.
Espero que sigáis disfrutando de su lectura. ¡Gracias por leerme!
