Iluminada por las llamas azuladas que aún ardían en la costa, Poison Mermaid avanzó hacia la avenida sur de Trottingham. Los Marineros libres de Tortuga ya se habían adelantado, y podía escuchar los disparos de fusiles y pistolas cuando los demonios que huían de la furia de la capitana Wrath se topaban de bruces con el resto de tripulaciones.

Había bastantes cadáveres en las calles; allá donde habían construido barricadas, los defensores que no habían podido huir yacían muertos o muy malheridos. Los curanderos pirata ya estaban intentando ayudarlos, y no pudo evitar apreciar casi con un toque de comedia las reacciones de los trabajadores de los hospitales de la ciudad al encontrarse con ellos. Vio a varios tripulantes del Esclavo Liberado salir de un edificio de apartamentos, acompañando a dos yeguas adolescentes que todavía tiritaban de terror. Era un milagro que hubiesen sobrevivido a los espectros..

Un demonio surgió cerca del grupo, cuadrúpedo, deforme y cubierto por llamas. Pero en menos de un segundo se escuchó la detonación de un mosquete y la criatura cayó muerta; siguiendo la trayectoria del impacto, Poison Mermaid llegó a apreciar a un potro, el hijo de Alraq, retirándose tras una ventana para recargar su arma. Impresionada, la almirante tomó nota mental de congratular al pequeño cuando tuviera oportunidad.

Siguió hacia el centro de la ciudad, donde los ciudadanos estaban organizándose para ayudar a los heridos, mientras Guardias Solares y Lunares recorrían las calles buscando a cualquier demonio superviviente. No tardó Poison en hablar con un sargento para informarle de la presencia de los marineros y evitar combates innecesarios. Poco después, escuchó una voz familiar.

—Señorita Poison Mermaid, ¿verdad?

La aludida se giró para mirar a quien la llamaba; se trataba de un semental blanco, de crin azul corta y repeinada que vestía elegantemente, portando un monóculo en el ojo derecho. En medio de aquel reciente campo de batalla, su presencia desentonaba como un guardia real en tortuga.

—Me llamo Fancy Pants. Soy amigo de su padre, nos conocimos hace años, cuando usted aún era una potra.

—Lo recuerdo —respondió ella—. Usted me regaló un collar muy bonito, algo demasiado caro para una potra de mi edad en aquel entonces.

—El regalo adecuado, si me pregunta a mi —rió él con un toque de altanería—. Había oído que abandonó usted su hogar para viajar, pero… No esperaba esto.

—Vaya al grano, Fancy Pants, ¿qué quiere?

—Poison, ¿va usted a seguir guerreando contra el Tártaro?

Poison asintió.

—Es de esperar que la guerra vaya hacia Canterlot. A no ser que prefiera ir por tierra, puedo ofrecerle un transporte más adecuado para sus habilidades.

—¿A qué se refiere?

—Sígame, por favor.

Caminaron hasta una gran mansión cercana, donde Fancy Pants guió a Poison hasta un patio interior. Allí, Poison miró un gran vehículo que descansaba, atado al suelo con varias estacas.

—¿Y bien?

Durante unos segundos, la líder de los piratas caminó en torno al mismo, estudiándolo con cuidado y golpeando la madera de su casco como comprobando su solidez.

—Deje abierta la puerta de la casa —ordenó Poison—. Mis valientes necesitarán trabajar para dejarlo listo para el combate.


Aitana Pones desenganchó la espada de su madre de la pata y la guardó en las alforjas antes de entrar en el ayuntamiento de Trottingham. No era por no resultar amenazadora, la larga hoja sobresalía ambos lados de las mismas, pero le era más cómodo caminar con la pata libre. Había pasado la última hora calmando a los ciudadanos y recorriendo la ciudad en busca de supervivientes ocultos. A pesar del horror y el miedo imperantes, ella estaba en total calma: el no tener que luchar entre las ruinas de una metrópolis le resultaba relajante. Además, haber encontrado pocos cadáveres cadáveres y ningún prisionero torturado hasta la locura hizo que la tarea fuera mucho más simple.

En comparación con Manehattan, Trottingham había sido muy sencillo.

En la entrada del ayuntamiento, dos Guardias Solares hicieron ademán de bloquear la entrada cruzando sus lanzas; sin embargo, al reconocerla, se pusieron firmes y la saludaron marcialmente.

—Doctora Pones, la esperan en la sala de juntas del primer piso.

—Guau. No estoy acostumbrada a tanto bombo y platillo.

El interior del ayuntamiento era amplio, limpio y elegante, contrastando drásticamente con el sentimiento imperante de aquella metrópolis que había resistido un asedio. Cuando subió las escaleras se encontró frente a unas grandes puertas que fueron abiertas por dos Guardias Solares. Había varias mesas dispuestas en forma de U; no habían gastado tiempo en servir ningún refrigerio ni los invitados lo habían hecho en acicalarse. Todos ellos estaban sucios, heridos y agotados, y miraron a la Arqueóloga cuando entró.

La princesa Luna fue la primera en levantarse y dirigirse a ella.

—Pasad, doctora Pones, pronto llegará el resto.

Aitana entró sin saber bien dónde sentarse, pero no tuvo tiempo porque varios de los presentes se levantaron. Shining Armor fue el primero en llegar a ella.

—Doctora Pones…

—Armor, ¿puedes llamarme Aitana? ¡No sé cuántas veces debo decirlo! —añadió, con un toque de humor que sonó involuntariamente desagradable.

—Aitana, vale. Muchos habrían muerto de no ser por vosotros.

—Esta guerra la luchamos juntos. Joder, menos mal que habéis podido frenarlos o esto habría sido un nuevo Manehattan.

—¿Tan malo fue?

—No te haces a la idea.

Aitana se echó a un lado para ver a los dos ciervos que se acercaban; Solnes tenía un vendaje cubriéndole un costado, pero por el resto no parecía afectado por la lesión. Asunrixcaminaba imponentemente, portando consigo el temple y la presencia de los Maestros de la Guerra.

—Maestra Arqueóloga, soy feliz de notar que ya no portáis a ese oscuro espíritu —saludó Solnes—. Cuando esto termine, siempre serás recibida como una aliada de Gaia en Cérvidas.

La yegua alzó una ceja.

—La última vez no me dijiste eso, precísamente.

—Lo sé. En mi posición no podía…

—Déjalo, Solnes —interrumpió Aitana—. No sé qué decisión habría tomado yo en tu lugar. El que hayas venido a luchar supera cualquier disculpa que puedas decir.

—Te noto muy cambiada, Maestra Arqueóloga —observó Asunrix con una bondadosa sonrisa—. Creo que has alcanzado algún tipo de entendimiento sobre tu propio espíritu.

—Sí, bueno, tuve que enfrentarme a mis propios demonios para escapar de Weischtmann—dijo, y luego continuó con evidente sorna—. Me alegra luchar a tu lado en esta ocasión, no me gustaría pegarte otra paliza.

Asunrix sonrió, riendo en voz baja mientras sacudía la cabeza.

—Créeme, Maestra Arqueóloga, que la magia negra tiene sus limitaciones. No tienes ninguna posibilidad contra mi.

—¡Ja! —exclamó esta—. ¿No se supone que los Maestros de la Guerra sois humildes?

—Bueno… he pasado tiempo entre piratas.

Con un gesto, Asunrix señaló hacia la puerta. La única yegua que mantenía limpieza y elegancia en aquellos momentos de crisis entró en la sala con paso firme; como siempre, portaba un cinturón del que colgaban dos pistolas y una cimitarra. Poison Mermaid sacudió la cabeza para apartar los turquesas mechones que le tapaban la vista de su ojo sano. A su lado, el joven e impetuoso sargento de artillería Fire Roar caminaba vivaracho.

—Aitana, querida, me alegra ver que sigues viva.

—¿Poison? Pero… ¡¿qué te ha pasado?!

—¡Que la capitana es la polla y mató a un demonio del mar enorme!

—No quites mérito a la tripulación, querido —replicó la pegaso—. Tu habilidad con los cañones fue fundamental.

El unicornio naranja de las crines chamuscadas se adelantó y miró fijamente a Aitana.

—¿No te irás a transformar otra vez en bicho, verdad?

—Eh… no, te aseguro que no.

—Querido, no agobies a nuestra antigua cliente. Asunrix, volvemos a vernos mucho antes de lo que esperaba.

—Es un honor volver a luchar a tu lado, Poison Mermaid.

El detalle de cómo se dirigió el druida a la almirante pirata no pasó desapercibido para Aitana.

—Wow… menuda historia debo haberme perdido.

—¡Si tú supieras! ¡Aquí, "Su majestad" es la hostia!

—¿Su majestad?

Alguien tocó a Aitana por la espalda, dejando la pregunta sin respuesta. Se trataba de un guerrero batpony de pelaje gris oscuro y melena azul eléctrico; tenía múltiples abrasiones en la armadura, y algunas zonas de la misma estaban desgarradas.

—¿Has visto a Rise Love?

—Pues… no. Esta mañana vimos el humo que surgía de Hollow Shades y se marchó. ¿Quién…?

—Soy Moonlight Sonata, su marido. Rise me ha hablado mucho de ti.

—Oh… ¡oh! —exclamó la Arqueóloga—. Pues no… no sé dónde está. Se fue cuando vimos el humo salir de Hollow Shades.

La conversación se vio interrumpida por un agudo grito.

—¡Spikey-wikey!

Rarity y Pinkie Pie acababan de entrar en la sala, y al momento galoparon hacia el pequeño dragón violeta. Este las abrazó entre lágrimas.

—¡Chicas! ¡Estáis bien!

—¡Mi valiente, valiente caballero! —exclamó la blanca unicornio—. ¿Dónde fuiste?

—A buscar ayuda, como me dijo Twilight.

Un impacto sacudió todo el edificio, y varios ponis se pusieron en pie, alarmados. Spike se separó de sus dos amigas y abrió de par en par el balcón. Tras gritar "¡aquí!" se apartó: un muro de escamas cubrió la vista del exterior y, finalmente, el gran ojo del dragón rojo se mostró, mirando a los presentes a través de la, en comparación, pequeña puerta.

Y Pinkie Pie saltó frente al mismo.

—¡Uuuuuh! ¡Tú eres un dragón! ¡Hola, señor dragón! ¡Gracias por venir a salvarnos, tenemos que hacer una fiesta! ¡Una fiesta que diga "gracias, señor dragón"! ¿Te gustan las tartas?

Tras unos segundos, un profundo gruñido hizo vibrar las ventanas de todo el edificio. Todos miraron a Spike.

—Dice que… "de nada" y "de rubíes, sin azúcar y con dulce de leche".

—Nós debemos reconocer que no esperábamos tal respuesta —comentó Luna.

—Spike, ¿cómo lo has hecho?

—La historia es un poco larga, luego la explicaré —replicó el dragoncito.

Aitana observó que Moonlight Sonata se giraba y sonreía, buscando algo con la mirada. La luz pareció evitarlo durante un instante cuando unas sombras negras se formaron a su alrededor y giraron sobre su cuerpo, como si danzaran con él; el semental batpony alzó el vuelo y, a un metro del suelo, abrazó las sombras que se arremolinaron entre sus cascos. El cuerpo de una batpony de pelaje gris azulado apareció entre las mismas y, para cuando el rostro de Rise Love surgió de aquella oscuridad mágica, ambos se besaron con pasión, separándose para apoyar sus frentes en la del otro mientras sonreían ampliamente.

—¿Los niños?

—Están bien, están con mis padres. Todo Hollow Shades ha huido a Manehattan.

—¿Cómo supisteis…?

—La radio —explicó Moonlight—. Anunciaron que Manehattan era libre. Me tienes que contar cómo lo has logrado, cariño.

—No habría sido posible sin Aitana.

Ambos miraron a la aludida. La yegua marrón estaba visiblemente tensa y asintió en silencio.

—¿Y a esta qué le pasa?

—Oh, yo lo sé. Es que anoche nos acostamos.

—Vaya, una yegua afortunada —aseguró Moonlight dirigiéndose a Aitana, luego habló a su esposa—. Hace unos días me lié con Fang.

—¿Twisted Fang? ¿La recluta pelirroja? Es guapa.

—Creo que alguien me ha informado muy mal sobre cómo funciona el matrimonio —interrumpió Aitana, bromeando.

—Ah, ponis ecuestres, ¡qué poco conocen a los batponies!

—No te preocupes, Aitana —dijo Rise Love, acercándose a ella y susurrándole al oído—. Cuando esto acabe, podemos quedar los tres para explicártelo. O los cuatro.

Ella quiso responder, pero solo un balbuceo incómodo surgió de su garganta.

—¡Por favor, es adorable!

—Ya se lo decía yo anoche.

—¡Que no soy adorable, demonios!

La puerta se abrió nuevamente y dos criaturas entraron. La primera era una yegua de pelaje gris y crines blancas con mechones celestes, cuyos ojos ambarinos recorrieron toda la sala. A su lado, una enorme loba blanca avanzó, se situó frente a Luna y bajó la cabeza en una reverencia mientras emitía una serie de gruñidos y sonidos guturales.

—Mi madre loba te saluda, vidente de las estrellas.

—Bienvenidas sois. Nós agradecemos vuestra ayuda. Sweetie Grauj, nos complace ver que lograsteis encontrar vuestros orígenes*.

—Sí. Los ponis de Mountain Peak ya descansan.

—Parece que ya estamos todos. Por favor, tomad asiento.

Junto a Luna, Shining Armor y Moonlight Sonata lo hicieron. A lo largo de las otras mesas, Asunrix, Solnes, Rise Love, Aitana Pones, Rarity, Pinkie Pie, Spike, Fire Roar y Poison Mermaid hicieron lo mismo. La vidente de los lobos invernales, así como su hija poni, por contra, se tumbaron en el suelo alejadas de las mesas.

El gran dragón observó la reunión desde el balcón.

—Antes de empezar, nós deseamos que os presentéis , y expliquéis cómo supisteis que debíais venir a este lugar. Shining Armor y yo acudimos con la Guardia Solar huyendo de la trampa de la cabo Violet, una sargento que se ha revelado como traidora y demonologista.

—Somos Asunrix y Solnes, Maestros de la Guerra de Lutnia —anunció el gran ciervo castaño—. Hace una semana recibí un mensaje de la princesa Twilight Sparkle solicitándonos acudir a este lugar cuanto antes.

—¿Significa eso que Cérvidas se une a esta guerra?

—No hemos logrado movilizar al círculo. Hemos acudido por nuestra cuenta con todo guerrero druida que ha decidido seguirnos.

Shining Armor no dejó ocultar su decepción y enfado. Luna miró a Spike.

—Bueno, os conozco a casi todos —dijo el dragoncito—. Soy Spike, hermano adoptivo de Twilight Sparkle: me encargó encontrar a los dragones y convencerles para que nos ayuden. Solo Orlag me ha seguido —añadió, señalando al enorme dragón que escuchaba desde el exterior—. Y sobre por qué vinimos aquí... me lo dijo Twilight.

El gran dragón rojo gruñó guturalmente en respuesta. Luna señaló a Moonlight Sonata.

—Soy Moonlight Sonata, capitán de la Guardia Lunar y, hasta que acabe esta guerra, general de los guerreros de Hollow Shades. Nuestro hogar fue atacado por demonios del fuego, y nos vimos obligados a abandonarlo. Si seguimos con vida ha sido gracias a los lobos invernales —señaló hacia Sweetie Grauj y la vidente invernal—. Atacaron a los demonios en la explanada al sur de Hollow Shades** y nos dieron una oportunidad para contraatacar; envié a los niños y ancianos a Manehattan, pues habíamos escuchado a través de una radio que era libre, y seguimos a los lobos invernales a Trottingham.

—Yo soy Grauj. Sweetie —aclaró la yegua hija de lobos invernales—. Hace años decidí ser loba. Mi madre loba—dijo, señalando a la gran depredadora a su lado— ha visto en sus visiones a una poni que ella llama "la vidente de la unión". Le dijo que este hogar poni sería atacado; hemos reunido a las manadas de lobos invernales y acudido a esta cacería.

—¿La vidente de la unión? ¿Quién?

—¡Pues Twilight, tontita! —replicó Pinkie Pie—. ¿Quién si no?

Rise Love se puso en pie.

—Soy Rise Love, capitana de la Guardia Lunar y Cazadora Batpony. Esta es Aitana Pones, Cazadora de demonios. Juntas hemos dirigido la resistencia en Manehattan.

—Esta mañana llegaron los refugiados de Hollow Shades a Manehattan y nos explicaron lo ocurrido —intervino Aitana—. Reuní a todos los que pude y vinimos aquí cagando host…. Quiero decir, muy rápido.

—¿Qué ocurrió durante el ataque a Manehattan, exactamente? —inquirió Shining Armor.

—Un poderoso demonologista, Hellfire, apareció. Él mismo era el portal para los demonios; cuando la Guardia Solar estaba haciéndole frente, convocó una explosión que arrasó gran parte del norte de la ciudad y a todos los guardias solares cercanos. Tras ello pudimos coordinar la resistencia; los perros joyeros abrieron túneles que unían toda la ciudad y así pudimos luchar. Ayer tendimos una trampa a Hellfire y recuperamos la ciudad.

Tras unos momentos de silencio, Poison Mermaid se puso en pie, y a pocos les pasó desapercibido el ruido de su pata de madera al golpear la mesa.

—Mi nombre es Poison Mermaid, capitana de "La Dama Venenosa" y almirante de los marineros libres de Tortuga. Según parece, hay algún tipo de profecía sobre mi, y los demonologistas han intentado matarme. Casi lo consiguen —añadió, alzando su pata de madera y apartándose unos mechones del parche, el cual era a juego con su melena—. Pero han cometido el error de atacar Tortuga. Los piratas están furiosos y me han seguido a la guerra contra el Tártaro. Podríais considerar que soy una profecía autocumplida.

—¿Y cómo supisteis que debíais venir aquí?

—Por esta carta de la princesa Twilight Sparkle. La recibí hace una semana.

La elegante pegaso sacó un pergamino, lo desenrolló y leyó en voz alta:

—"Capitana Poison Mermaid, de la Sirena Mutilada". Ese era mi primer barco, desgraciadamente hundido. "He sabido que la Hermandad de la Sombra, que dirige el asalto del Tártaro al mundo, ha ordenado tu muerte y la de todos los marineros libres. Rezo porque esta carta llegue a tiempo para advertirte. Esta es una guerra del mundo contra el Tártaro, de la vida contra la muerte y la desesperación. Sé que en el pasado te enfrentaste a un poderoso nigromante llamado Dark Art, y también al Lich que una vez poseyó a Aitana Pones. Has de saber que Dark Art es ahora un lich que se dispone a atacar Trottingham desde el sur, y no creo que la ciudad pueda resistir. Por favor, ayúdanos".

El silencio que siguió a eso fue roto por Shining Armor.

—Qué… ¿Cómo pudo mi hermana saber lo que iba a pasar? ¿Y por qué no nos advirtió?

—¡Uh, uh, uh! ¡Nosotras lo sabemos! ¡Fue porque Twilight habló con Dark Art! No sé qué le dijo, hizo un hechizo y ya no podíamos oírlos. ¡Y eso que antes habíamos tenido que pelear con Ait…! ¡Ay! ¿Por qué me pegas una coz?

—Ejjem… ha sido un accidente, querida —declaró Rarity, poniéndose en pie—. Twilight Sparkle llegó a un acuerdo con Dark Art, no sabemos los detalles, me temo. Suponemos que así obtuvo información sobre este ataque, si no lo dijo a nadie más debió tener sus razones.

—Rarity, decidnos, ¿qué obtuvo Dark Art con este trato?

La blanca unicornio se quedó callada con la boca abierta, miró a Aitana y luego al centro de la estancia sin fijar la vista en ninguno de los presentes.

—Aitana había despertado poseída por el lich Kolnarg. Los Elementos de la Armonía la convirtieron en una estatua… y Dark Art… —las palabras se atascaron en la boca de Rarity—. Dark Art devoró a Kolnarg. Así liberó a Aitana Pones y se convirtió en Lich.

—Qué… pero… ¿qué habéis hecho?

—¡Disculpa, querida, pero hicimos lo imposible para salvarte la vida!

—Pero… es… dioses. ¿Y qué hacemos cuando aparezca…?

—Queridas, basta.

A pesar de que su voz era dulce, el tono firme, autoritario y bien moderado utilizado por Poison Mermaid hizo que ambas yeguas guardaran silencio y la miraran.

—El acuerdo es obvio: Dark Art ha simulado una derrota, se ha hecho el muerto, valga la redundancia. Envié a algunos de los piratas más hábiles tras el ejército no-muerto para acabar con el Lich, y lo hicieron, pero fue demasiado fácil. Creo que Twilight Sparkle lo ha coordinado todo para que venciéramos aquí hoy. Qué obtiene el Lich con ello, es algo que desconozco.

—Es mi hermana, pero ni siquiera yo puedo justificarlo —declamó Shining Armor—. Si nos hubiera informado podríamos haber evitado muchas muertes.

—Pero entonces el enemigo habría sabido que tenía un traidor.

—Hay cosas que no son justificables, Rise Love.

—Esto es la guerra, capitán —replicó la Cazadora Batpony—, y tu hermana lo ha entendido a la perfección. Ha sacrificado lo mínimo indispensable para que tuviésemos una oportunidad en esta batalla. Yo he hecho lo mismo en Manehattan, y mi marido en Hollow Shades. Y probablemente tú también al defender esta ciudad.

Luna se puso en pie.

—Por favor, vuelvan a sentarse —ordenó sin alzar la voz—. En su debido momento se analizarán las motivaciones para los actos de Twilight, mas hoy no. Hay algo que debéis saber.

La princesa de la noche hizo una pausa y cerró los ojos, inspirando hondamente para mantener la compostura.

—Nuestra hermana, la princesa Celestia, reposa en los eternos pastos del más allá —Luna esperó a que las exclamaciones de aquellos que acababan de saber esta noticia guardaran silencio—. Hemos de acabar con esto: a cada momento el enemigo se torna más poderoso y nuestras fuerzas merman.

—Así es. La Guardia Lunar está acosando al ejército de Baraz —intervino Moonlight Sonata—. Los demonios aumentan en número rápidamente, regresarán en cuestión de días, si llega.

—¿Cómo es posible? ¡Hemos matado a Baraz!

—Nada impide a la demonologista es volver a invocarlo —replicó Aitana.

—Entonces tenemos que acabar con el Rey Sombra —exclamó Shining Armor—. Es la única forma.

—Nós a duras penas fuimos rival para él hace un milenio; ahora no contamos con nuestra magia.

—Podéis contar los druidas —replicó Asunrix, poniéndose en pie e impresionando a varios debido a su gran tamaño—. Gaia luchará contra ese Maestro de los demonios.

—Incluso así puede que no sea suficiente. No pretendo ofender, pero la magia combinada de todos los ciervos a duras penas pudo frenar el ataque de Baraz. No podemos asegurar que baste para combatir a Sombra.

—No estáis desprovistos de magia completamente.

Aitana habló con una voz que denotaba un deje de auténtico orgullo.

—La resistencia de Manehattan ha entrenado duro, conocen las técnicas para luchar contra los demonios, y además sus magos son muy hábiles. Puede que no sean Guardias Solares, pero conocen los hechizos adecuados para hacer frente al Tártaro.

—¿Creéis, Doctora Pones, que será suficiente para vencer a Sombra?

—Hay una forma de vencerlo —Shining Armor, Asunrix y Moonlight cuestionaron al mismo tiempo cómo—. No os lo puedo decir.

Junto a la arqueóloga, Rise Love asintió en silencio.

—¿Por qué no?

—Por la misma razón por la que Luna no explicó sus planes para la batalla contra Weischtmann, por la que Twilight Sparkle no nos explicó que sabía de este ataque, o la misma razón por la que Rise Love no permitió que nadie conociera por completo su estrategia para liberar Manehattan. Si el enemigo lo descubre, estará todo perdido. Tendréis que confiar en mi. Creedme cuando os digo que es nuestra mejor baza. Cuando lleguemos todos frente a Sombra, debéis aseguraros de que nosotras estemos ahí también y tendremos una oportunidad. Quizá la única que tengamos, realmente.

Todos guardaron silencio, aguardando a que Luna respondiera.

—Vos sois la experta cazadora de demonios, tomaremos vuestra palabra por cierta. Así pues, la conclusión es clara: debemos atacar Canterlot. Capitán Armor, vos conocéis las defensas de la capital mejor que nadie.

Shining Armor caminó hasta el centro de la sala y llamó a dos unicornios, uno de ellos Aitana lo reconoció como un universitario de Manehattan. Estos conjuraron una representación luminosa de Canterlot que Shining usó para ilustrar sus palabras.

—Tras siglos de paz, no muchos son conscientes de que Canterlot es una ciudad fortificada. En sus orígenes, el pueblo unicornio la construyó para aguantar cualquier ataque de los pegasos o los ponis de tierra antes de la unificación de Equestria. Su posición en la montaña hace que todo asalto frontal se vea limitado a un frente de cien soldados a lo sumo, convirtiéndolos en blancos fáciles para tiradores, magos y armas de asedio. Las muchas torres de la ciudad son puntos privilegiados para ballesteros, magos y hechiceros, siendo una empresa muy arriesgada tomarla por aire únicamente; la orografía hace muy complicado llevar armas de asedio para derribar las murallas. Desconocemos las fuerzas enemigas, por lo que debemos asumir lo peor.

—Existirá alguna entrada secundaria, ¿verdad? ¿Túneles de huida o algo así?

—No —sentenció el blanco unicornio—. Hasta donde yo sé, no existen entradas secundarias a la capital. En pocas semanas podríamos pedir a los perros joyeros que abran túneles hasta las catacumbas, pero entraríamos a ciegas en la ciudad. Además, no disponemos de tanto tiempo.

—Los Cazadores podemos introducir a unos pocos guerreros en Canterlot. Dos docenas a lo sumo.

—Lo tengo en cuenta, Rise. Déjame mostraros a qué nos enfrentamos.

Dio unas indicaciones a los unicornios, y la imagen ahora mostró la carretera que llevaba a la entrada de la ciudad.

—Toda esta carretera es ideal para tender trampas y emboscadas a un ejército que se desplace por tierra: debemos esperar que nos ataquen desde los riscos y nos bloqueen el camino. Necesitaremos la ayuda de los batponies para abrirnos camino con relativa seguridad. Aún así, luego nos encontraremos con la muralla.

La imagen volvió a cambiar, mostrando las defensas exterior de la capital y la distribución de las calles. Muchos habían atravesado la puerta principal de Canterlot en el pasado, pero la perspectiva de enfrentarse a aquellas grandes murallas defendidas por demonios hizo que todos guardaran un tenso silencio.

—Nuestra mejor baza es colar un pequeño equipo en la ciudad para que abran la puerta desde dentro.

—Hay que contactar con la resistencia de Canterlot. Hope Spell está ahí, si le informamos nos puede ayudar.

—Lo he considerado, y no vamos a hacerlo, Aitana —replicó Shining con tono tajante—. Como tú has dicho, el factor sorpresa es fundamental, cualquier mensaje que enviemos podría ser interceptado —Aitana fue a responder, pero Shining Armor continuó explicando el plan—. La arquitectura y planificación de Canterlot están diseñadas para resistir un asedio: todas las calles acaban en bifurcaciones donde es fácil bloquear y flanquear el avance enemigo; casi todas la casas y edificios pueden ser usadas como puestos de tiro, las calles secundarias se pueden bloquear fácilmente, y las avenidas principales están expuestas a los tiradores enemigos.

Los dos unicornios deshicieron el conjuro y la imagen de Canterlot desapareció.

—Adicionalmente, Baraz no desaprovechará la oportunidad para atacarnos por la espalda. Un equipo deberá aguantar en el frente este contra Baraz, mientras que el frente oeste avanza hacia Canterlot.

—Un análisis perfecto, Maestro Poni de la Guerra —reconoció Solnes—. ¿Habéis ideado una estrategia?

—Así es. Rise Love: Necesito que los Cazadores Batpony y cualquier otro que consideres necesario os infiltréis en la ciudad. Vuestro objetivo principal será asegurar que la puerta esté abierta cuando lleguemos; averiguad si hay una resistencia activa en Canterlot y haced que nos apoyen. Dejo a tu criterio cualquier acción que pueda apoyarnos durante el asedio.

La batpony asintió.

—Las puertas estarán abiertas a tu llegada.

—Moonlight Sonata: tú y tus soldados seréis la principal fuerza de asalto. Los batponies sois fuertes en espacios estrechos y en las escaramuzas, deberéis tomar las calles secundarias. Un equipo de la Guardia Solar apoyado por la resistencia de Manhattan avanzará por la avenida principal. Vuestro objetivo será abrir camino hasta el palacio.

—Así lo haremos, capitán.

—Yo dirigiré a la Guardia Solar al pie de la montaña: resistiremos el asalto de Baraz y os daremos tiempo para cumplir con vuestra misión. Señoritas Grauj y… eh… ¿loba? —dudó el unicornio—. Os necesitaré en el valle, acosando los flancos del enemigo.

—No entiendo bien.

—Eh… ¿dando caza a los demonios?

—Ah. Sí.

—Asunrix y Solnes: necesitaremos vuestra magia contra Baraz, pero necesitaremos unos cuantos druidas en la ciudad también.

—Lo estábamos pensando —afirmó Asunrix—. Solnes permanecerá con usted en el valle, yo subiré con nuestros mejores guerreros a la ciudad.

—Aitana Pones: Sea cual sea tu plan para matar a Sombra, tu trabajo es permanecer con vida para asegurarte que ocurre, ¿entendido? Y nos falta algo más: Rarity, Pinkie Pie, ¿sabéis dónde están vuestras amigas?

—Pues… Applejack fue a Appleloosa, Rainbow estaba en el Imperio de Cristal, Fluttershy en el bosque Everfree, y Twilight en Canterlot.

—¡Shining, tu plan falla en algo! Sombra siempre tiene demonios que vuelan, ¿cómo esperas hacerles frente si estáis todos en tierra, eh? ¡Suerte que me tenéis a mi!

—Bueno, estaba contando con…

El capitán de la Guardia Solar guardó silencio al reconocer la voz, y todos los presentes se giraron hacia el balcón. Orlag se había echado un poco atrás y, apoyada en su escamosa mejilla, una pegaso azul cielo miraba a todos con las patas cruzadas. Se giró hacia el dragón y le chocó suavemente un casco en un colmillo.

—Ey, gracias por no fastidiarme la sorpresa.

—¡RAINBOW!

Rarity y Pinkie Pie saltaron directamente sobre su amiga, y las tres se fundieron en un efusivo abrazo. Tras unos largos momentos de saludos, lágrimas y explicaciones, la pegaso se abrió camino hasta el centro de la sala. Llevaba un vendaje en la cabeza, y a nadie le pasó desapercibida la marca de una gran quemadura sobre su espalda, pero la orgullosa aspirante a los Wonderbolts caminó con seguridad cuando se dirigió a todos; a pesar de ello, no pasó desapercibido lo dolorida que estaba para sus amigas.

—¡Bueno! A ver, os cuento: El Imperio de Cristal es libre. Vinieron los ponis salvajes, ¡vi a tu padre, Grauj! —la poni-loba alzó las orejas, sorprendida por ello—. Trajeron a los espíritus, y uno que se llamaba Betsy me ayudó y… bueno, yo que sé, el tema es que de pronto la niebla blanca no nos afectaba. Sharp Mind está en coma, creo, y Cadence…

—¡¿Está bien?! —Shining tomó a Rainbow por los hombros—. ¡¿Está bien?!

—Ouch, suelta que tengo la escápula fisurada, creo. ¿Que si está bien? ¡No sé a cuántos demonios mató ella sola, Cadence es increíble! ¡Y ahora está organizando a los Caballeros de Cristal para venir a Equestria!

—¡Oh, Celestia! —Shining abrazó a Rainbow con fuerza—. ¡Gracias, gracias, gracias!

—¡Agh! ¡Mis costillas, mis costillas...!

—Disculpad, queridos —interrumpió Poison Mermaid, ignorando los esfuerzos de Rainbow por respirar a través del abrazo de Shining—, pero Rainbow Dash ha planteado una buena cuestión respecto a los demonios voladores. Mi tripulación y yo podemos ayudar con ello, tenemos un as en la manga, pero no sé si será suficiente.

—Ay… Armor, no me abraces otra vez en un par de meses, hazme el favor… ¡Genial, piratas! Pero yo también tengo un as, ¿qué te has creído? ¡Hey, pasa!

—¡Ya era hora!

El dragón volvió a apartarse un poco, y una nueva pegaso apareció. Era de pelaje amarillo, crines naranjas, y llevaba gafas de sol típicas de aviador. Luna se puso en pie.

—¿Spitfire? ¿Qué hacéis aquí, qué ha ocurrido en Cloudsdale?

La capitana de los Wonderbolts se cuadró frente a Luna.

—Princesa, Cloudsdale espera sus instrucciones.

—No, espera un momento —masculló Aitana—. ¿Dónde estaban todos los pegasos? ¿Qué ha pasado?

—Cuando cayó Canterlot la cadena de mando se rompió. Los Guardias Solares que había en Cloudsdale no sabían qué hacer, y al poco empezamos a ser atacados por pequeños grupos de demonios voladores. La Guardia acudió a los Wonderbolts en busca de ayuda y nosotros respondimos. Ordené cerrar las nubes, llamar de vuelta a Cloudsdale a todos los pegasos, y observar.

—¡Observar! —gritó Aitana—. ¡¿Sabes cuántos han muerto mientras tú mirabas el espectáculo?!

—¡Mi pueblo casi fue arrasado! —exclamó Moonlight Sonata—. ¡La ayuda de los pegasos nos habría venido muy bien! ¿Para qué nos sacrificamos por Equestria, si no podemos contar con vosotros?

Ante los gritos y ataques, Spitfire permaneció impasible. Sin embargo, cuando habló, lo hizo con la misma contundencia y autoridad con la que hablaba a sus reclutas.

—¿Y qué querías que hiciera, chico? ¿Enviar a pegasos que nunca han combatido a morir contra los demonios? Y tú, potra estúpida, ¿envío a los pegasos a perderse en la niebla blanca de Manehattan? Pero, ¿sabéis qué? Yo no tengo por qué justificarme ante vosotros ni ante nadie: tomé la decisión que creí correcta con la información que tenía en aquel momento, y ahora mismo he venido a deciros que Cloudsdale esta preparada para la lucha. Os estáis preparando para liberar Canterlot y vamos a estar ahí, os guste o no.

—La capitana Spitfire tiene razón —aclaró Luna sin alzar la voz—. Este no es el momento de juzgar, y desde luego el apoyo de los pegasos es un regalo enviado por los mismos titanes. Decidnos, Spitfire, ¿con qué fuerzas contáis?

—Cloudsdale.

Shining Armor, Moonlight, Solnes, Asunrix y Rise Love intercambiaron miradas confundidas.

—Eh… ¿De cuántos pegasos estamos hablando?

—No conozco el último censo de Cloudsdale, pero a ojo diría… miles.

—¡No me fastidies! No es posible reunir semejante ejército pegaso, la última vez que se hizo…

—...fue cuando los pegasos éramos un pueblo dedicado a la guerra contra los unicornios y a oprimir a los ponis de tierra —replicó Spitfire, interrumpiendo a Aitana—. Nosotros también estudiamos nuestra historia y no la negamos, doctora Pones. Hice un llamamiento para reclutar a todo voluntario, y solo potros y ancianos no han podido responder. Cloudsdale espera instrucciones, princesa Luna.

Un profundo gruñido sacudió toda la estancia y negó toda posibilidad de continuar la conversación durante varios segundos. Cuando finalizó, Spike se puso en pie y tradujo:

—Orlag, así se llama este dragón —señaló— luchará contra el ejército de Baraz. Pero hay algo que debéis saber: está a punto de desatarse un Vuelo de los dragones***.

—¿Qué es eso? ¿Una migración?

—Ojalá —replicó Spike, apesadumbrado—. Es cuando los dragones declaran algo parecido a una guerra santa. Si lo hacen lo arrasarán todo; Orlag les ha convencido para esperar a ver si los ponis pueden vencer al Tártaro.

El enorme dragón volvió a gruñir.

—Dice: "Si no podéis vencer, huid".

—Je… Sin presión —bromeó Aitana sombríamente.

Tras ello, Luna se dirigió a Shining Armor.

—¿Cuál es vuestra evaluación, capitán?

—Con Cloudsdale y Orlag a nuestro lado tenemos muchas más posibilidades. Pero seguirá siendo una empresa muy arriesgada: debemos contactar con todo aliado que tengamos e informarles del ataque.

—Nós no lo vemos posible. No disponemos de tiempo ni magia, y la magia alquímica para mandar mensajes parece rota.

—Podríamos usar la radio, ¿no?

—No podemos arriesgarnos a que nos oiga el enemigo.

—¿Y los códigos para encriptar los mensajes?

—¿Pudiendo Sombra dominar mentes? No funcionaría...

Mientras todos los presentes empezaban a hablar sobre cómo proceder, la oscura alicornio paseó la mirada por todos aquellos valientes dispuestos a arriesgar sus vidas. En sus ojos vio el cansancio, la determinación, el miedo… y el estrabismo.

Luna parpadeó dos veces al ver a una yegua de ojos estrábicos y amarillos que miraba a dos puntos a la vez con una divertida expresión. Su pelaje era gris y sus crines amarillas, y vestía un chaleco marrón cuyo símbolo Luna no reconoció. Junto a la recién llegada, Sweetie Grauj y la Vidente de los lobos invernales se apartaron sobresaltadas al no haber reparado en su presencia hasta aquel instante.

—¿Quién… sois vos?

La yegua se llevó un casco a la frente en lo que parecía una parodia de un saludo militar.

—¡Derpy Hooves, oficial de primera del S.P.E.!

—¿S.P.E.?

—¡Servicios postales de Equestria! —aclaró—. ¿Necesitan mandar un mensaje al Imperio de Cristal y a Appleloosa? ¿Algún otro sitio?

Asunrix se quedó mirando a Derpy con la confusión muy presente en el rostro. Poison Mermaid tuvo que frenar a Fire Roar cuando este se levantó gritando "¡¿Cómo has llegado hasta aquí?! ¡¿Cómo?!".

Luna sacudió la cabeza ante la surrealista reacción del marinero libre y la inesperada presencia de aquella extraña yegua.

—¿Decís que podéis entregar mensajes en puntos opuestos de Equestria en menos de doce horas?

La oficial de primera del S.P.E. se quedó callada y, durante un instante, todos apreciaron como sus ojos apuntaban a puntos cada vez más separados de la habitación.

—¡Sí! Tendrá que contratar el Servicio de entrega Express A1. En tiempo de crisis es un servicio gratuito para la realeza y para los oficiales civiles y militares.

—Pero… ¡¿Pero cómo vais a hacerlo? ¡Es imposible!

—Princesa, créame: es mejor que no pregunte.

Los dos piratas presentes miraban seriamente a Luna mientras negaban al mismo tiempo con la cabeza. Hubo después unos segundos de silencio que, finalmente, fueron interrumpidos por Rainbow Dash.

—Así que el plan es tomar una ciudad fortificada y protegida por demonios, llegar a palacio y derrotar al mago oscuro más poderoso de la historia. ¿Algo más?

—Sí —añadió Moonlight Sonata—. Mientras nos asalta por detrás el gran señor del Fuego y la Destrucción Baraz con todas sus huestes.

—Aunque enviemos los mensajes, no es seguro que recibamos más refuerzos —observó Shining Armor.

—Seguro que hay muchos luchando por su libertad en Griffonia, Ponyville, Las Pegasus y otras muchas ciudades —intervino Poison Mermaid—. Si les informamos del asalto, seguro que vendrán a ayudarnos

—Os garantizo que las puertas estarán abiertas a vuestra llegada —intervino Rise Love—. Sería de mucha ayuda si las portadoras de los elementos estuvieran presentes.

—No sabemos tampoco a qué depredadores daréis caza en la gran madriguera poni de la montaña —añadió Sweetie Grauj.

—Todo depende de que mi plan funcione —sentenció Aitana Pones—. Y si fallamos, los dragones arrasarán todo lo que encuentren a su paso.

Orlag gruñó afirmativamente. Al poco, Rainbow Dash alzó la voz.

—¿A qué estamos esperando?


NOTA DEL AUTOR:

* Narrado en "La maldición de Mountain Peak"

** Lo cierto es que tenía pensado mostrar y no contar la batalla por el pueblo batpony, pero me di cuenta que esto se está alargando demasiado, y volver a mostrar una escena de una batalla desesperada salvada in extremis por la llegada de un aliado iba a restar fuerza al resto de la historia. Decidí centrarlo todo en la batalla por Trottingham y la consiguiente batalla por Canterlot.

*** "El vuelo de los dragones": Un guiño a la maravillosa película del mismo nombre dirigida y producida por Jules Bass y Arthur Rankin en 1982, con banda sonora por Don McLean. Aunque es cierto que la animación ha envejecido bastante mal, esta película sigue sacudiendo mi fantasioso corazoncito.

Lo cierto es que me agrada pensar en todo esto como una enorme partida de ajedrez en la que no todas las piezas son visibles. Y Twilight, desde luego, es una gran estratega.

La última frase puede ser o no un guiño a "El retorno del rey" :P.

No puedo creerme lo que estoy diciendo pero… realmente estamos acabando esta historia. Realmente estamos llegando al final de la saga. Me da vueltas la cabeza solo de pensarlo.

Gracias por leerme a todos, ¡un abrazo!