Un arco de obsidiana crepitó cuando nubes de sombras se formaron bajo el mismo. Al poco, un Cazador Batpony surgió de las mismas, arrastrando consigo a varios batponies que, mareados, buscaron apoyo en las paredes cercanas. Estos fueron apartados por un unicornio de pelaje oscuro y ojos brillantes que, cortésmente, iluminó la estancia con su cuerno.

El cazador cruzó de nuevo el arco y desapareció al tiempo que otros surgían de las sombras, portando con cada viaje una a dos guerreros: Batponies principalmente, los cuales llevaban atuendo propios de la vida de alta mar e iban armados con pistolas, dagas y cimitarras; una tripulación de cebras apareció también y, a diferencia de sus camaradas batpony, portaban armaduras ligeras, arcabuces y pistoles; con el último viaje, apareció finalmente Rise Love, quien trajo consigo a Aitana Pones, Golden Sheaf y a la capitana Wrath.

—¡Guau! —exclamó batpony de crines blancas y rojas—. ¿Y esta choza, de dónde sale?

—Es el castillo Umbra, hogar y base de los Cazadores Batpony.

—¿Cómo? —preguntó ella, girándose al unicornio que la recibía—. ¿Pero eso no era un mito? ¿Y a ti por qué te brillan los ojos?

—No era un mito, solo un secreto muy bien guardado. Y me brillan porque tengo muchos antepasados batpony, algo he heredado.

—Vaya… ¡eh, marineros de agua dulce, no vomitéis, flojos!

Mientras Wrath reunía a su tripulación, Aitana y Rise intercambiaron unas palabras tras las cuales la primera se encaminó a través de las penumbras del castillo Umbra.

Tardó un rato en orientarse, usando una antorcha que tomó de un muro como iluminación. Todas las esquinas de aquel castillo interplanar se le hacían demasiado similares, y la falta de luz no ayudaba a encontrar puntos de referencia. Fue cuando salía de una gran sala cuando se percató de que había cuadros colgados en la pared, y supo que había llegado a donde quería.

Recorrió la galería pasando por delante de muchas representaciones artísticas de paisajes, montañas, ponis, grifos, monstruos, amaneceres, anocheceres y un sinfín más. Muchos de ellos, a ojos de Aitana, mostraban más pasión que auténtico talento, pero no podía negar que en todos ellos había algo que no dejaba indiferente al espectador.

Finalmente, llegó al cuadro que esperaba, el de una potra pegaso encogida en una esquina, huyendo de los monstruos que la seguían… o quizá los monstruos huyendo de ella. Pasó luego por la escena de un cruento asesinato, y justo después vio el cuadro de una pegaso de pelaje azul marino y crines lilas volando en equilibro entre la luz y la oscuridad, entre la noche y el día.

Se detuvo frente al cuarto y último, y miró a los ojos amorosos de Midnight Shield, por siempre congelados en el tiempo en aquel autorretrato. Aitana gastó varios mirando estudiándolo, imaginando cada pincelada, imaginando a la autora volando frente al gran lienzo, imaginando su mirada concentrada, y quizá las veces que tuvo que detenerse para atender a la hija que, en la pintura, dormía entre sus patas delanteras.

Aquel cuadro había estado borroso en su memoria. Cuando intentaba recordarlo, tan solo podía ver la mirada de Midnight Shield coronada por las palabras del anciano batpony: "Tu madre te amaba, como solo una madre puede amar". Miró hacia arriba hasta encontrar los ojos azules de la pegaso del cuadro y abrió la boca varias veces, sin encontrar la voz.

—Mamá… yo… Esto es estúpido.

Miró al suelo durante largos segundos.

—Yo… espero que papá y tú os hayáis encontrado. Espero que las historias sean ciertas, y que en los eternos pastos del más allá los Titanes os hayan acogido. Je… —rió tristemente—. Supongo que tenéis muchas historias para entretener a Zmeu y Enlil. Rezo porque Imperatur Stellaris sepa ver cuánto luchasteis contra el Caos… y que Pte-Ska-Win comprenda cuánto llegaste a amar, a pesar de todo lo que…

Ahogó un hipido y se pasó una pata por el rostro.

—Te echo de menos. Siempre lo he… A veces me cruzo con una poni con el pelaje lila y pienso que eres tú… —soltó una carcajada—. Claro que tú ahora tendrías más de sesenta años y ya no serías una yegua lozana. No puedo imaginarte de esa forma… Je, ahora que lo pienso, quizá por eso me pareció que Twilight era muy atractiva...

Se volvió a callar, mirando a su alrededor como si alguien la observara.

—Esto es estúpido tú… estás muerta, no puedes oírme. Yo… ¿por qué nunca me he atrevido a hablarte? ¿Por qué rezo a los titanes, sin saber si alguna vez existieron, pero no te recé a ti, que sí que viviste? Yo… lo siento. Por favor, mamá, si me escuchas, dile a papá que lo siento. Siento no haber hablado con él, no haberle dicho que le perdonaba, que le entendía, que… que lo perdono todo. Todas las mentiras, todos los secretos, nada importa ya, ahora entiendo por qué lo hizo, y ahora él no está, ya no está, y ya no puedo…

Se detuvo, apoyada en la pared donde colgaba el retrato de Midnight Shield, respirando entrecortadamente durante varios minutos.

—Sabed que… no me voy a rendir. Puede que yo no deseara esta vida, o que tanto dependiera de mi, pero no voy a rendirme. Acabaremos con Sombra a cualquier precio. Y sabed que… si he de morir y acabar en el Tártaro…

Aitana se secó de nuevo el rostro y retrocedió para poder mirar a los amorosos ojos de su madre.

—Sabed que estoy muy orgullosa de ser vuestra hija.

Tras unos segundos, Aitana caminó de regreso, pasando por delante de los otros cuadros pintados por Midnight Shield.

El de la pegaso en equilibrio entre la luz y la oscuridad.

El de la muerte provocada por una yegua descontrolada.

Y el de la potra escondiéndose de sus propios fantasmas.


Un rato después, todos los elegidos por Rise Love y los demás cazadores batpony se reunían frente a un arco de obsidiana diferente al que habían usado para llegar al castillo Umbra. Por un lado, estaba la tripulación del Viento de Noche, liderados por la sanguinaria capitana Wrath. La batpony había pasado los últimos minutos afilando sus dagas gemelas y aguardaba impaciente.

Junto a ellos, los ponis y cebras del Ritual Resonante esperaban, liderados por el capitán Santoj. A diferencia de sus compañeros de armas, los contrabandistas estaban tranquilos y revisaban diligentemente sus armas de fuego, así como la munición disponible. Santoj estaba sentado, con sus cuartos traseros doblados sobre si mismos en una postura aparentemente incómoda, y meditaba con los ojos cerrados.

Finalmente, justo en el linde de la luz que proveían las antorchas, los Cazadores Batpony aguardaban, susurrando entre ellos usando tanto el idioma ecuestre como el idioma ultrasónico de su raza. El único equipo común que todos portaban eran las espadas batpony plegadas sobre la pata delantera derecha, así como unas ajustadas armaduras de algún tipo de material negro.

No muchos ponis reconocieron que se trataba de cuero.

Por lo demás, cada Cazador mostraba un estilo y equipos únicos: uno llevaba sendas largas ballestas asidas a los flancos, una yegua comprobaba una daga que llevaba en el casco izquierdo, e incluso había uno que llevaba dos pistolas propias de los piratas.

Algo separada del resto, Aitana Pones ignoró las miradas que le dedicaban los Cazadores Batpony, mientras revisaba meticulosamente sus alforjas desplegadas en el suelo. Junto a ella, una poni de cristal de pelaje aturquesado y crines malva, Golden Sheaf, esperaba con evidente nerviosismo.

—¿Tú eres la hija de Midnight Shield?

Aitana se sobresaltó cuando aquel semental batpony apareció frente a ella, pero no dejó que lo notara. Se trataba del mismo que llevaba dos ballestas asidas a los flancos.

—¿Solo sois cuatro? —respondió Aitana—. En Germarenia parecíais más.

—Somos siete, contando a Rise Love. Dos están explorando por delante. En Germarenia éramos diez. Hemos perdido a tres hermanos esta semana.

—Lo lamento.

—No lo hagas. Ahora descansan en el seno de Selene. Quiero que sepas, doctora Pones, que los Cazadores recordaremos tu historia, si es que hoy has de caer.

Tras unos segundos, la aludida ahogó una risita en el hocico.

—Joder, es el regalo más deprimente que me han dado nunca. Pero gracias.

—No hay de qué —replicó el batpony riendo a su vez—. Buena caza.

El Cazador regresó con los suyos al mismo tiempo que Rise Love caminaba frente al arco y se dirigía a todos los presentes.

—Por si alguno aún no me conocéis: Soy la capitana Rise Love, de la guardia lunar, y Cazadora Batpony. Vamos a saltar a través de las sombras directamente a las catacumbas de Canterlot. He enviado ya a varios Cazadores a reconocer el terreno, no tardarán en designar una zona segura. Nuestros objetivo es estudiar y sabotear las defensas enemigas para que la puerta de la muralla esté abierta a la llegada del ejército aliado. Los objetivos secundarios son: liberar a todos los ponis que podamos; contactar con la resistencia de Canterlot si la hubiera; apoyar el asalto a la ciudad; acabar con líderes enemigos y sabotear cualquier estructura o punto de defensa críticos para el enemigo.

Rise miró a los guerreros frente a ella. Todos la escuchaban atentamente.

—Dispondremos aproximadamente de cuatro horas antes de que se inicie la batalla. Los Cazadores y yo nos encargaremos del primer objetivo y de reconocer el terreno. Santoj, tú y tus guerreros sois grandes tiradores, os ayudaremos a tomar posiciones desde las que apoyar el asedio. Wrath, tú y tus guerreros esperaréis a la señal para entrar en combate; cuando la recibáis, causad todo el daño que podáis a los demonios. No os quedéis en una posición, si se os resisten en algún punto buscad otro donde atacar. Aitana, ya conoces tu trabajo. ¿Alguna pregunta?

—¡Sí! —exclamó Wrath—. ¿Y si nos encontramos con el monstruo ese, Sombra? ¿Lo puedo matar?

—Aléjate de él y no intentes enfrentarte —ordenó Rise con tono de advertencia—. No tenemos ninguna posibilidad, todo depende de que nuestro plan se ejecute a la perfección.

—¿Cómo vamos a coordinarnos? —preguntó Santoj—. Necesitaremos comunicarnos.

—Los Cazadores haremos lo posible por dar instrucciones a cada grupo. Si no recibís órdenes, actuad por vuestro propio criterio —tras esta respuesta, Rise Love esperó unos segundos en los que nadie dijo nada—. Estad listos, partiremos en cualquier momento.

Todos los presentes empezaron a guardar todo su equipo: las dagas y espadas fueron enfundadas, las pistolas y mosquetes cargados, las armaduras ajustadas y los virotes preparados. Aitana cerró sus alforjas y se levantó, colocándolas sobre su lomo y ajustando las correas que las aseguraban a su cuerpo.

—Aitana, ¿qué hacemos nosotras?

La aludida miró a Golden Sheaf; el pelaje de la yegua de cristal estaba apagado, aunque la yegua marrón lo notaba ligeramente menos opaco que cuando la conoció en aquel edificio de Manehattan hacía unos días. Supuso que, en el fondo, una nueva esperanza había nacido en su alma. Ambas se alejaron de oídos indiscretos.

—Nuestro plan es que permanezcas con vida —informó—. Todo el plan depende de ti, Golden.

—Pero, ¿qué tengo que…?

—Llamarlo. Cuando estés frente a él, cuando estemos todos preparados, llama a Amber. Hazlo despertar, hazlo luchar.

—Pero no sé si funcionará. ¿Qué hacemos si…?

—No tenemos otra opción, literalmente es la única…

Súbitamente, Aitana echó a un lado a Golden Sheaf y se puso en guardia mirando hacia la oscuridad; reconocieron los ojos ambarinos de una batpony cuando esta los abrió y caminó hacia las dos ponis, revelando su presencia.

—Así que por eso hemos traído a esta chiquilla de cristal —murmuró Wrath.

—No tenía que saberlo nadie más. Si el enemigo se entera…

—De mis labios no saldrá palabra. Pero si he de llevar a mis valientes a la guerra quiero saber por qué. Ahora ya lo sé.

Con esas palabras, la batpony regresó con su tripulación.

—Maldita sea...

Hubo un silencio cuando dos unicornios de pelajes oscuros se acercaron al arco de obsidiana; tocaron el mismo con un casco cada uno y, a diferencia de sus hermanos de la superficie, sus cuernos no se iluminaron al conjurar: Cerraron los ojos y entonaron algo en voz baja. Una sombra sólida se formó en el arco.

—¡Adelante!

Los Cazadores Batpony fueron los primeros en atravesar el arco, desapareciendo bajo el mismo. Después fueron los piratas de Wrath y Santoj y, por último, Aitana Pones, Rise Love y Golden Sheaf se acercaron para hacer lo mismo.

—Supongo que ya lo sabes, pero es un honor luchar otra vez a tu lado.

—Lo mismo digo, Rise Love. Intentemos no morir.

—¿Para que puedas montártelo conmigo y mi marido?

—¡Ja! —exclamó ella—. Lo hablaré con Hope Spell.

—¿Pero vosotras dos qué clase de relación tenéis? —preguntó Golden Sheaf sin disimular su pasmo.

—¡No seas anticuada!

—Técnicamente, este año cumpliré mil veintitrés años...

Juntos, la yegua de cristal, de tierra y la batpony atravesaron la oscuridad, dejando que la ahora conocida sensación de opresión e insustancialidad los envolviera hasta que volvieron a sentir el duro y frío suelo de piedra bajo sus cascos.

La oscuridad era casi total, tan solo rota por el fugaz parpadeo de los ojos de un Cazador Batpony antes de que este mismo desapareciera; todos permanecían en silencio, pero podían sentir la presencia y las respiraciones agitadas de todo el equipo. A los pocos segundos, varias lámparas fueron encendidas por los piratas. No estaban todos juntos, de hecho habían aparecido en varias estancias adyacentes, cada cual demasiado angosta como para que cupieran todos. Aitana se acercó a una pared y estudió los escritos de las tumbas selladas tras los muros.

—Esto data de la anexión de Unicornia —la yegua marrón miró a otra tumba, confirmando los datos y haciendo cálculos mentales—. Quinientos años… estamos en el cuarto nivel de las catacumbas.

—¿Y cómo estás tan segura? —preguntó un batpony pirata.

—Soy arqueóloga.

Rise Love alzó las orejas y alzó un casco, ordenando silencio.

—Se acerca alguien. Ponis. Estad atentos.

Todos prepararon sus armas, y Aitana empujó suavemente a Golden Sheaf para que se situara detrás de ella. Hubo unos instantes de tenso silencio, en los que algunos pudieron sentir en el aire a los Cazadores moviéndose rápidamente sin emitir ningún sonido. Los piratas cubrieron sus luces, y el ambiente se llenó con sus agitadas respiraciones hasta que se escuchó un impacto en la lejanía, acompañado por un grito de terror. Durante unos instantes, se escuchó alguna orden gritada, el golpear de algún arma, pero no una batalla en firme, hasta que el silencio regresó.

—Podéis venir —a pesar de que no gritó, en aquellas angostas cámaras, la voz de Rise se escuchó con claridad—. Encended las luces.

Sorprendida, Aitana vio como Santoj y Wrath se hacían señales, y cada tripulación se repartía por las cámaras cercanas, tomando posiciones y vigilando. Solo unos pocos piratas fueron directamente hacia los Cazadores Batpony, y solo avanzaron cuando sus compañeros, usando algún tipo de silbido o percusión, les indicaban que lo hicieran. Pudo escuchar a su derecha cómo un marinero del Ritual Resonante tomaba posición y amartillaba su arma, apuntando hacia un pasillo, mientras que a la derecha una yegua del Viento de noche hacía lo propio con una ballesta y una espada al cinto.

Cuando llegó hasta donde se había librado aquella cortísima lucha, Aitana no se sorprendió al ver a varios ponis, unicornios y de tierra, apresados bajo las armas de los Cazadores. Los que no habían sido derribados habían tirado las armas y se habían echado contra una pared, mientras uno de los agentes de élite de Luna los amenazaba con la espada. Rise Love se giró antes de que Aitana pudiera verla, manteniendo a un poni atrapado con una pata y amenazándolo con su espada apoyada sobre el cuello.

—¿Está bien?

Lo primero que vio Aitana que su cuerno estaba cubierto por negros cristales. Sobre su pelaje verde menta portaba una armadura de la guardia lunar, ligera pero reforzada con protecciones de la guardia solar. Su arma, una lanza, estaba tirada en el suelo junto a un escudo propio de los soldados de tierra,

Cuando el unicornio levantó la cabeza y sus ojos violetas se cruzaron con los de Aitana, ella supo lo que debía hacer. Supo que debía pedir que viniera un unicornio del castillo Umbra y comprobara si había magia negra en aquel semental. Supo que debía preguntarle, confirmar su historia, ver si tenía lagunas mentales. Pero lo que su conocimiento en la lucha contra las artes oscuras le decía fue ignorado: la yegua avanzó, apartó el arma de Rise y besó a Hope Spell quien, ya libre del placaje de la batpony, abrazó a Aitana.

—Sabía que estabas vivo.

—Sabía que vendrías.

—Aitana… —intervino Rise Love.

—Sí, sí, tienes razón. Llama a un unicornio del castillo Umbra y que busque restos de magia negra.

Pocos minutos después, habiendo escaneado a todos los que seguían a Hope Spell, los Cazadores los liberaron. Casi al mismo instante, un pirata dio la voz de alarma cuando apreció movimiento por un pasillo.

—¡No apuntes con eso a la GRAN Y PODEROSA TRIXIE!

—Dejadla pasar. La han avisado para que busque magia negra en vosotros también.

—¿Trixie está con vosotros? —preguntó Aitana, sorprendida.

—De hecho nos ayudó a liberarte de Kolnarg. ¿No te lo conté?

—¡Pero cuántas cosas no me has contado, Rise!

Escoltada por una cebra del Ritual Resonante, la yegua azul de crines blancas apareció. A ojos de Aitana, la maga parecía cansada, como si hubiera dormido poco. Para Rise Love no pasó desapercibido que aquella joven yegua resentía el agotamiento y el horror de las cosas que había presenciado, y contra las que había combatido; sin embargo, la batpony entrecerró los ojos, como estudiando lo que estaba percibiendo. Trixie clavó la mirada en Aitana y el terror tomó su rostro.

—¡Trixie, tranquila, ya está libre del lich! Solo necesito confirmar que no hay magia negra entre ellos.

—¿Estás seguro? ¡Ya viste lo que hizo entonces!

Súbitamente, Trixie se sobresaltó y emitió un breve grito al tiempo que, a la espalda de Rise Love, el agudo sonido del metal clavándose en la piedra resonó ensordecedor. Trixie se desvaneció en el aire; un Cazador Batpony había disparado su ballesta y la maga de espectáculo se hizo visible nuevamente detrás del grupo, detenida y con los ojos abiertos por el miedo con el virote de metal clavado en la piedra a escasos centímetros de su garganta.

Rise Love hizo un gesto y todos los presentes bajaron las armas.

—Ha sido un buen truco, Trixie —reconoció—, pero la invisibilidad no funciona con los batponies. Te aseguro que Aitana Pones ya no es el monstruo contra el queluchamos tú, Hope Spell y yo; por favor, busca restos de magia negra para que podamos continuar.

—Rise, ¿qué estás haciendo?

—¿Qué?

La batpony se giró hacia Aitana, quien la miraba confundida; volvió a mirar hacia donde hacía un instante estaba Trixie… y ya no había nada. Ni virote clavado en la pared, ni una unicornio asustada, ¡nada! Se dio cuenta de que todos los presentes la estaban mirando a ella, confundidos al haberla visto hablar hacia la nada. Un aura mágica brilló brevemente sobre la cabeza de todos los ponis presentes.

Fue entonces cuando una nueva yegua habló.

—Ya está, Hope. Están libres.

Todos tuvieron que girarse hacia el origen de aquella voz. Había dos yeguas unicornio que, con media sonrisa, chocaron cascos mientras el brillo de la magia en sus cuernos se apagaba; una era la gran y poderosa Trixie. La otra, era una yegua de pelaje lavanda claro y crines lilas con un mechón turquesa.

—Somos buenas, ¿eh?

—¿Cómo lo habéis hecho?

—Te hemos usado para crear una distracción.

—¡Ja! ¡La GRAN Y PODEROSA TRIXIE sabe cómo hacer trucos increíbles! Bueno, y Starlight también sabe mucho.

—¿Cómo es que vosotras seguís teniendo magia?

—Esa es una historia un poco larga, Aitana —informó Hope Spell—. Seguidnos, os llevaremos con el resto, aquí no deberíamos hablar demasiado. Hay demonios de la sombra por todas partes.

Durante unos minutos, la comitiva marchó a través de los oscuros pasillos de las catacumbas guiados por Hope Spell y sus acompañantes. Se trataba de un grupo variopinto, dos de ellos se identificaron como miembros de la Guardia Solar, sin embargo el resto eran ponis de tierra, pegasos y unicornios afectados por la maldición de Sombra que vestían protecciones compuestas por todo tipo de tela reforzada, armadura o cascos, tanto civiles como militares.

—Cuando Sombra llegó no tuvimos ninguna posibilidad. Hicieron un ritual en la plaza central, algún tipo de círculo de teletransporte, y para cuando la Guardia intentó contraatacar, Rey Sombra ya estaba aquí. Ese ritual sirvió para canalizar la energía de todos los sacrificios hechos por la Hermandad de la Sombra: el hechizo barrió toda la ciudad y dejó a los unicornios sin magia —añadió, señalándose al cuerno—. Celestia murió, y nosotros nos escondimos en las catacumbas. Aquí Dust Wing ha sido de gran ayuda, nos ha enseñado dónde ir, conoce las catacumbas mejor que nadie..

Junto a Hope Spell, un jovencísimo potro que vestía ropas raídas y que le venían grande sonrió ampliamente.

—Eso ocurrió al mismo tiempo que la traidora Violet liberaba a Baraz frente a la Guardia Solar —Rise Love dijo esto con un tono extrañamente frío, como quien reconoce por obligación a un adversario superior—. Dejó a todo el ejército de Luna sin magia, y sin más remedio que retirarse hacia Trottingham.

—Guiaron al ejército poni a una ruta sin retirada posible, a la vez que Dark Art lanzaba su ataque desde el sur —Aitana dijo esto sin disimular cierto reconocimiento a la estrategia de su enemigo—. ¿Cómo habéis mantenido vuestra magia, si estabais en Canterlot?

—Nos protegimos —respondió Starlight Glimmer—. Sentí que nos estaban robando la magia, así que unimos fuerzas para repeler el hechizo.

—La Gran y Poderosa Trixie… no lo habría logrado sin ti —reconoció la yegua de espectáculo, sonriendo agotada a Starlight.

—Y sin tus trucos no habríamos conseguido nada en esta ciudad. Somos un buen equipo.

—Es la verdad —añadió Hope Spell—. Ellas dos han rescatado a muchos ponis, han conseguido recursos, información y armas, y guiaron a muchos supervivientes durante el ataque inicial. Esperad un momento aquí.

Todos se detuvieron, y Hope Spell se adelantó hasta una esquina. Sacó una lamparita con la que hizo varias señales iluminando una pared frente a él. Repitió el patrón tres veces, reconociendo Aitana que estaba deletreando "H-O-P-E" en código morse; a los segundos, un nuevo patrón de luz se produjo al fondo del pasillo y, tras estudiarlo, Hope Spell respondió:

—Paz y amor.

—¿Cuántos?

—Veintiocho, escaneados y limpios.

—En realidad somos treinta y uno —corrigió Rise Love—. Chicos, mostraos.

Los tres Cazadores Batpony que faltaban aparecieron entre las sombras.

—Corrijo: treinta y uno.

—Adelante.

Todos avanzaron por el pasillo, al final del cual, apostados tras sendos sarcófagos, un pegaso y un poni de tierra levantaron sus ballestas hacia el techo al confirmar que se trataba de Hope Spell. Tras superarlos y atravesar un pequeño laberinto de pasillos, salas y mausoleos, finalmente vieron una luz y el camino se abrió a una gran cámara.

Aquella enorme sala había sido antaño un templo dedicado a dioses ya solo recordados por historiadores y arqueólogos, y el espacio había sido organizado concienzudamente: Había una zona para los heridos donde los médicos y enfermeros trabajaban sin cesar; en otra zona, ligeramente más oscura, había camastros, hamacas y literas en las que dormían varios ponis y algún grifo; en otro lado, un guardia solar dirigía un entrenamiento con lanza a un gran grupo de ponis; junto a ellos habían montado varios soportes para armas, armaduras y demás equipo de guerra.

Y les llegó el olor de la comida. Estaban cocinando.

Los ponis que ahí había se movían con objetivos concretos: Algunos llevaban sacos de alimentos, supuso Aitana, a la cocina; un grupo se estaba equipando para salir, mientras que otro que acababa de regresar se quitaba las protecciones y dejaba sus armas en la armería; los que estaban libres ayudaban con los heridos, en la cocina, limpiaban armas y armaduras o sencillamente limpiaban el lugar. Aquel lugar no era únicamente un refugio de supervivientes asustados, como había ocurrido en Manehattan.

—Bienvenidos a la resistencia de Canterlot.

—Guau… ¿Cómo lo habéis…?

—Ahora no hay tiempo —interrumpió Rise Love—. Hope, tenemos que hablar.

—Seguidme.

Aitana, Rise Love, Wrath y Santoj fueron con Hope Spell, Trixie y Starlight hasta una mesa algo apartada donde había desplegado un mapa de Canterlot. En el mismo había varias marcas a lo largo de la muralla y las calles de la capital.

Starlight conjuró y una semiesfera mágica los rodeó. Un campo de silencio.

—Contadme.

—La Princesa Luna se dirige hacia aquí con las fuerzas combinadas de la guardia solar, lunar, Cloudsdale, Hollow Shades, los piratas de Tortuga y el ejército de Lutnia. También van las portadoras de la Generosidad, la Risa y la Lealtad.

—Guau… ¡Eso es fantástico!

—No lo es tanto —corrigió Rise, apagando la esperanza de la voz de Hope Spell—. Tienen a Baraz a la espalda, y asaltar Canterlot no será fácil. Además solo tendremos una posibilidad de matar a Sombra.

—¿Cómo?

—No te lo puedo decir todavía.

—Quizá suene a obviedad —interrumpió Santoj—, pero creo que se trata de esa yegua de cristal.

Aitana miró reprochadoramente a Wrath.

—¿Qué? ¡Yo no le he dicho nada! —se defendió la batpony.

—Nada me ha dicho, mas no es necesario: ¿Por qué ibais a traer a quien no puede pelear a un asalto?

—Vale. Yay por el secretismo —suspiró Aitana con sarcasmo—. Sí, es ella. Necesitaremos llegar hasta Sombra con Golden Sheaf y con todas las fuerzas que podamos para tener alguna posibilidad de vencer.

—Una cosa al tiempo. Ahora debemos prepararnos para apoyar el asalto: Destruir defensas, abrir la puerta cuando llegue el ejército, y cualquier otra cosa que podamos hacer para apoyarlos.

—¿De cuánto tiempo estamos hablando? ¿Cuándo llegarán?

—En unas tres horas estarán en la base de la montaña.

Hope Spell estudió el mapa brevemente y empezó a informar con todo lujo de detalles todo lo que sabía de los demonios: Las fuerzas contra las que se iban a enfrentar, los lugares de patrulla, los puntos de defensa en las murallas, dónde estaban los ponis atrapados, entradas y salidas de la resistencia y un largo etcétera. Explicó también lugares donde podían apostarse los tripulantes de Santoj con sus armas, y los túneles y pasillos abiertos entre sótanos que permitirían a Wrath moverse de un lado a otro de la ciudad sin ser vistos.

Aitana lo observó con una mezcla de sorpresa y orgullo; sabía que él era bueno, sabía que podía ser un buen líder si se lo proponía, lo había demostrado en Germarenia. Pero aquello superaba todo lo que hubiera podido esperar de él: Hope Spell un perfecto control de sus recursos y de los ponis bajo su mando; elaboraba estrategias claras y concisas, definía objetivos simples pero efectivos, y había algo en su voz que inspiraba confianza y esperanza.

—Rise, ¿necesitaréis un guía?

—No. Nos moveremos más rápido solos.

—Lo suponía. Wrath y Santoj, la resistencia os llevaremos hasta las posiciones que hemos mencionado. Aitana, permanece con Golden en todo momento. Yo dirigiré a la resistencia en en un asalto a la muralla cuando los Cazadores ataquen, pero trataré de reunirme con vosotros cuando pueda. Cuando llegue el ejército la resistencia atacará a los demonios en todos los frentes. Después apoyaremos donde sea posible.

—Nosotras ya sabemos lo que tenemos que hacer —informó Starlight junto a Trixie.

—Muy bien, hasta entonces, id a descansar.

—¿Hay algo más que puedas decirnos? —inquirió el capitán Santoj.

Hope Spell dudó un segundo.

—Sí, pero necesito que Wrath y Santoj salgáis. Esto sí que no debe saberse por nadie más.

Ambos capitanes asintieron (no sin algún comentario por parte de Wrath) y salieron del campo de silencio.

—Os lo digo a vosotras dos, y con ello seremos cinco quienes lo sepamos en la resistencia. Cuando llegue el momento, tenéis que ir al barrio norte.

—Ah, la putada de luchar contra enemigos que podrían leernos la mente —exclamó Aitana Pones—. No puedes decírnoslo todo. Y supongo, además, que "sabremos cuál es el momento", ¿verdad?

—Lo sabrás. Y también dónde tienes que ir exactamente.

—Bien —interrumpió Rise Love—. Voy a hablar con los Cazadores, tenemos que salir ya y reconocer el terreno.

—Si ya no nos necesitáis, Trixie y yo iremos a dormir un poco.

—La Gran y Poderosa Trixie… está muy cansada.

Cada cual se marchó al tiempo que Starlight deshacía el círculo de silencio, quedando finalmente Aitana y Hope Spell a solas en aquel rincón de la estancia. Hope se alejó brevemente y habló con varios ponis de la resistencia; a los pocos minutos, toda ella estaba movilizándose: Potros y ancianos ayudaban a los combatientes a ceñirse las armaduras, preparaban armas y recogían víveres y enseres de curación; los que ya estaban listos para el combate se organizaban en escuadras de ponis de tierra y pegasos, y los que Aitana dedujo eran el equivalente a los sargentos en aquella milicia dieron instrucciones a cada grupo de ponis bajo su mando.

—Lo tienes todo muy organizado. La resistencia de Manehattan fue mucho más caótica.

—Ha sido duro —replicó el unicornio verde—. Han muerto muchos, pero todos han sido excelentes, teníamos la esperanza de que llegaría la ayuda. Sabía que vendrías.

—Je, eso ya lo has dicho.

—¿Tu padre?

Aitana negó con la cabeza.

—Dioses, Aitana —replicó él con un susurro espirado—, lo siento…

—Se sacrificó para darnos tiempo. El último vuelo del Fénix.

Hope guardó un silencio, impresionado al saber que su maestro había muerto ejecutando un hechizo digno de leyenda. Aitana lo acompañó durante varios minutos, en los que miraron el ajetreado orden con el que la resistencia se preparaba para el combate.

—Todavía no te he dado las gracias, Hope.

—No es nada.

—¡No me jodas! Bajaste al Tártaro a buscarme.

—¡Bueno, vale! También lo hizo Rainbow, y con ayuda de sus amigas.

—Y luego os la jugasteis para liberarme de Kolnarg. Guau, dicho así no sé si alguien se creerá nuestra historia cuando se la cuenten…

—Pues sí, suena demasiado fantasioso…

—Seguro que si hacen la novela me acusan de ser una Mary Sue.

Ambos rieron en voz baja.

—Tengo miedo —susurró Aitana tras unos segundos—. Yo… no he… he estado… Joder —concluyó, frustrada.

—No fue culpa tuya. Y si hoy no lo consigo… tampoco será tu culpa.

—Joder… —Aitana se pasó un casco por los ojos y soltó una corta carcajada entrecortada—. Joder, me he vuelto una floja.

—Creo que es al contrario. Antes negabas lo que sientes, ahora lo enfrentas. Hace falta ser fuerte para hacerlo.

Aitana miró a Hope con una ceja levantada. Este retiró la mirada y señaló hacia una yegua que estaba ayudando a los médicos.

—Es que tenemos una psicóloga aquí y bueno… he hablado mucho con ella y algo se me ha quedado.

—Vamos, que le has hablado de mi para entenderme mejor.

—¡No, no, no, no…! Bueno, sí.

—¡Ja! No te culpo. Quizá debería hablar con ella también, para entenderme a mi misma. Hope, tú me ibas a decir en el Mausoleo que… que tú… ah, mierda…. ¿Por qué me cuesta tanto ahora? ¡Si ya lo hablamos cuando me desperté!

—Que te quiero. Eso es lo que te iba a decir.

Hope rió entre dientes, quitando hierro a la situación que tanto incomodaba a Aitana.

—Yo… sé lo que te dije en el castillo de Twilight pero… No lo sé, Hope. No lo sé. Te aprecio mucho, pero...

El aludido se quedó en silencio, viendo cómo la yegua marrón estaba buscando las palabras para expresar lo que sentía.

—Me encanta que… estés a mi lado. Que me cubras el flanco en la batalla, saber que puedo acudir a ti si hace falta. Creo que… en otras circunstancias, si esta mierda no hubiera ocurrido… Habría sido yo la que te cogiera por el pescuezo para llevarte al catre —concluyó con una risa incómoda.

—Aitana… eso es exactamente lo que ocurrió en el castillo Umbra.

—¿De verdad?

—Sí.

—No lo recordaba así.

—Estábamos rotos por lo de Germarenia. Y yo tampoco me resistí. Y luego repetimos en el castillo de Twilight.

—Vaya.

—Eres impulsiva.

—Creo que viene de mi madre.

Se volvieron a quedar en silencio, dirigiendo la mirada hacia los ponis que se preparaban para la batalla pero sin mirarlos realmente. Ninguno supo quién había hecho el primer movimiento, pero en aquellos instantes los dos entrelazaron una pata delantera con la del otro.

—Estaremos juntos —declamó Hope—. Ocurra lo que ocurra hoy, estaremos juntos. Y luego ya veremos qué queremos ser.

—Si sobrevivo, lo dejaré. Te juro que lo dejaré. Ya he luchado demasiado.

No dijeron nada más, mientras las tripulaciones de Santoj y Wrath eran guiadas a través de las catacumbas, mientras Rise Love y los otros Cazadores desaparecían en la oscuridad, mientras Golden Sheaf luchaba por ponerse una armadura y una anciana acudía a ayudarla.


Tras marchar de Trottingham y reunirse con otros muchos ciudadanos que acompañaron a los guardias supervivientes de Manehattan, el ejército poni pudo usar el tren bastantes kilómetros. A su espalda quedaron varios escuadrones y los lobos invernales, luchando sin cesar contra los demonios cuyo número no dejaba de aumentar.

La comodidad del tren no duró demasiado, pues las vías habían sido destruidas a más o menos una hora de camino de Canterlot. No fueron pocos los que repararon que, tan pronto como dieron un paso fuera del vagón, la nevada se detuvo y la nieve virgen pareció volverse más sólida bajo sus cascos.

—Somos aliados de los señores del invierno —informó Solnes a quienes lo rodeaban, señalando hacia los lejanos aullidos al este—. No nos atrasemos.

Shining Armor observó cómo los ponis se desplegaban junto a todos sus aliados. La Guardia Solar formó y aguardó en un lado del campo, permitiendo pasar a la resistencia de Manehattan, una pequeña parte de los guerreros druida, y al ejército de Hollow Shades. Sin necesitar dar ninguna instrucción adicional, tan pronto como las últimas escuadras avanzaban hacia Canterlot, los Guardias Solares, flanqueados por los ciervos, formaron tras sus aliados y avanzaron hacia la capital Ecuestre. Aunque le sorprendió, agradeció ver también cómo un gran grupo de piratas, armados con fusiles y pistolas, marchaban junto a la Guardia Solar. Eran desorganizados, caóticos y violentos, pero cuando pasaron cerca del capitán este apreció en ellos una determinación capaz de mover montañas.

Todos sabían lo que se jugaban.

Una sombra cubrió todo un instantes antes de que la inmensa mole de Orlag sacudiera la tierra cuando este aterrizó. Bajó la cabeza, y Spike gritó desde lo alto de la misma.

—¡Shining! ¡Los lobos no están consiguiendo frenarlos! Orlag dice que los demonios llegarán en menos de una hora.

—¿Qué hay de los pegasos?

—Están ayudando a los lobos, pero casi todos han ido a Cloudsdale.

El unicornio miró hacia el este. Las nubes danzaban a pocos kilómetros de distancia, y podía ver a los primeros demonios aparecer a través del camino. Sus cálculos cuadraron con las observaciones de los dragones.

—Orlag, reserva tus fuerzas hasta que llegue algo con lo que no podamos.

Con un rugido tan grave que Shining sintió cómo le hacía vibrar el pecho, el enorme dragón alzó el vuelo. Hacia el este, una sucesión de rayos cayó entre el ejército del Tártaro; a los pocos segundos escuchó el aullido de los lobos invernales, coreado por el lejano restallar del trueno.


En las catacumbas de Canterlot, Hope Spell pasó las dos siguientes horas revisando los preparativos con los líderes de escuadrón de la resistencia, definiendo dónde y cómo atacarían y los posibles escenarios con los que podían encontrarse.

Finalmente, se sentó en una escalinata. Desde ahí pudo ver cómo los ponis desmontaban todo el material que tenían y se lo llevaban fuera de aquel templo que habían convertido en su hogar los últimos días; habían respetado, sin embargo, el espacio de las literas. En una de ellas, pudo ver a Trixie y Starlight durmiendo; Starlight se agitó en sueños pero, al momento, Trixie la abrazó y le susurró algo al oído. Hope Spell sonrió al verse reflejado en aquella escena.

—Vaya, ¿estas dos también se han liado en un sitio subterraneo?

—Nah —replicó Hope, sonriendo hacia Aitana quien se había sentado a su lado—. Yo creo que ya estaban juntas, solo que esto las ha unido más.

—Ya se dice que en la guerra se afianza la lealtad.

Se quedaron en silencio varios minutos, tras los cuales Aitana advirtió que el semental verde temblaba ligeramente.

—Eh, tranquilo —dijo, acercándose a él—. Lo has hecho mejor que nadie.

—Je… por un momento creí que ibas a decir que todo saldrá bien.

—¿Prefieres que insulte tu inteligencia diciéndolo? Vale, "Todo va a salir bien, cobarde, deja de llorar".

Ambos rieron.

—No sé si lo lograremos —continuó Aitana—, pero según Macdolia, estamos en la mejor posición posible. Al menos haremos sudar a ese hijo de puta por su trono.

—Y tanto.

Aitana observó un movimiento y, tras comprobar qué era, dio un codazo a Hope Spell. Starlight se había girado y besado a Trixie; tras unos segundos, los cuernos de ambas se iluminaron y una esfera de humo negro las cubrió, ocultándolas de miradas indiscretas.

Ambos se miraron.

—Nah. No estoy de humor. ¿Tú?

—Yo tampoco —la yegua marrón quedó en silencio un instante antes de soltar una carcajada—. ¡Ja! Es la primera vez que me ocurre.

—¿Y eso?

—Bah —dijo, sacando una bolsita de tabaco de sus alforjas—, y yo qué sé.

La yegua marrón lió un cigarro y, tras encenderlo, se lo pasó a Hope Spell. Así pasaron los siguientes minutos, fumando lentamente. La gran estancia quedó en silencio a medida que los últimos miembros de la resistencia terminaban de recoger y partían a través de las catacumbas a los siguientes puntos de reunión.

Hasta que un pegaso llegó a todo galope hasta ellos.

—¡Hope, han llegado, están en la base de la montaña!

—¡Son muchísimos! —gritó con esperanzas el potro Dust Wing, surgiendo de debajo de las patas del pegaso.

El semental miró a Aitana y se puso en pie al tiempo que lanzaba la colilla al suelo. Golden Sheaf, que había oído lo que decían, se acercó corriendo y con cara de pánico. Se había equipado una armadura propia de la guardia lunar y un improvisado casco que hacía difícil reconocerla.

La esfera de humo que convocaran Trixie y Starlight se deshizo, y ambas yeguas galoparon hacia la oscuridad laberíntica de las catacumbas.

—Debo unirme al equipo principal. Dust Wing, acompáñalas a la zona norte, busca un buen escondite desde donde puedan ver las torres de astronomía, ¿de acuerdo?

—¡De acuerdo!

—Aitana, permanece con Golden Sheaf y protégela, no entres en combate mientras no sea imprescindible. Golden, si hay algún problema, escóndete, no dejes que te pillen.

—Entendido.

Las miradas de ambos se cruzaron y, durante un instante tan ínfimo e infinito como la linea que separa el pasado del futuro, apoyaron sus frentes en la del otro sin dejar de mirarse.

—No mueras, ¿vale?

—Tú tampoco. No quiero tener que devolverte el favor de bajar al Tártaro a buscarte.

—No lo hagas. Te quiero, Aitana.

Ella no respondió y, finalmente, se separaron.

—Y yo a ti.

Hope Spell sonrió y, junto a los luchadores de la resistencia de Manehattan, andó hasta desaparecer entre las penumbras de las catacumbas.

—¡Vamos! —gritó Dust Wing—. ¡Tenemos que irnos!

Aitana y Golden Sheaf siguieron al trote al pequeño potro quien, con una igualmente pequeña lámpara, galopaba a través de aquellos lóbregos pasillos con facilidad.

—¿Crees que funcionará?

—Lo hará —respondió la yegua marrón con mayor convicción de la que había expresado jamás—. Funcionará.


NOTA DEL AUTOR:

Creo que estas escenas eran necesarias. Hope y Aitana necesitaban hablar sobre su relación; no los veo como la pareja de enamorados cuyo amor puede superarlo todo: Los veo como una pareja basada en el respeto mutuo y la lealtad. No creo que Aitana tenga la capacidad de enamorarse perdidamente, al menos ya no. Quiere a Hope Spell, de eso no hay duda, pero no creo que pueda imaginarse teniendo una relación seria; va a seguir teniendo sus dudas, y eso necesitaba reflejarlo.

No os voy a engañar: en un principio pensaba que Hope y Aitana acabarían "intimando" en esta escena. Pero cuando lo empecé a escribir, los dos personajes me dijeron que no estaban de humor. Creo que entiendo por qué, pero no sé ponerlo en palabras. Solo sé que, en este momento, ni Hope y Aitana lo harían. No están de humor.

También me gusta muchísimo cómo ha quedado la escena de la reconciliación de Aitana con sus padres, aunque fuese a título póstumo. Aitana, en gran parte, era un personaje muy infantil que tenía idealizados a sus padres; para poder desarrollarse y seguir adelante, necesitaba derrumbar esa imagen de ellos y aceptarlos por lo que eran: Unas personas imperfectas, pero que lo dieron todo por ella. Además, al escribirlo, me he dado cuenta del paralelismo que hay entre la vida de Aitana y la de Midnight Shield, y cómo todos los cuadros que la segunda pintó podrían, tranquilamente, reflejar la vida de Aitana. Salvo el último, claro está.

Y, debo decir, me encanta ver por fin escenificadas las palabras de la vidente loba en el capítulo veinticuatro: "He visto a un macho alfa dirigir a su manada en los momentos de mayor oscuridad". Ese es el Hope Spell que yo había planteado desde que lo describí con la boca abierta mirando la ciudad bosque de Lutnia. Había pensado en sacar escenas suyas antes, pero creo que así ha quedado exactamente como quería: la sorpresa de encontrarse que la resistencia de Canterlot es una unidad perfectamente cohesionada y coordinada. En contraste con el desastre que era una resistencia liderada por Aitana Pones y Rise Love, por ejemplo.

Vamos a la batalla por Canterlot, ¿os parece?