Frente este.
Llanuras al pie de la montaña de Canterlot
La Guardia Solar cortaba la carretera que ascendía hacia Canterlot; a la espalda del ejército, el llano convergía en un amplio sendero que subía zigzagueante por la ladera de la montaña; frente a ellos, una llanura de hierba verde se extendía casi hasta el horizonte, sin grandes accidentes geográficos o vegetación que les impidiera ver la promesa de destrucción que se echaba sobre ellos. El silencio entre las lineas era casi sepulcral, acompañado por las plegarias de aquellos soldados que, decididos a luchar hasta el fin, oraban a Celestia y a los Titanes. Tras las lineas de escudos y armaduras doradas como el sol, el ejército de Lutnia tomó posición: Como uno solo, los ciervos cerraron los ojos, sus cornamentas se iluminaron, y el espíritu de Gaia iluminó a los ponis con un aura azulada.
En la distancia, bajo un muro de humo y una lluvia de fuego, pudieron ver a los lobos invernales correr hacia el norte. Las nubes giraban en espiral sobre en ejército de Baraz, y el rugir del trueno, poco a poco, se vió eclipsado por los rugidos de los demonios. El resplandor de los rayos hizo parpadear la tormenta cuando estos se clavaron como garras en la tierra, apuñalando a las huestes del Tártaro con cada impacto.
A los pies de la montaña de Canterlot había una antigua construcción de piedra; era una fortificación de planta rectangular, con una única torre en un estado muy pobre, situado junto a la carretera de la capital. Si bien la torre no era practicable, sí lo era la terraza del piso superior del edificio, desde la cual Shining Armor observaba a través de un catalejo y con calmada inquietud cómo Baraz desplegaba su ejército. Como siempre, los demonios menores, del tamaño del más grande de los sementales, avanzaban en el frente; sin embargo, en esta ocasión enormes criaturas infernales iban en las primeras filas también, una indicación de que Baraz pretendía romper la defensa poni rápidamente. Dejó la lente y miró a su izquierda, donde un grupo de piratas acaba de desatar el último cañón. Sobre ellos, una gran nave voladora ganó altura y maniobró, siguiendo el linde de la montaña para no ser vista desde la ciudad.
—¿Estáis preparados?
Una grifo pirata que portaba un largo fusil en su flanco se acercó al capitán. Tras ella, un lobo del desierto usó un inmenso martillo para derribar los parapetos de piedra que impedían situar los cañones en posición de disparo.
—Tenemos ocho cañones y setenta balas. Pero oye, esta cosa —señaló, golpeando el suelo de la terraza con su pata trasera— aguantará nada y menos contra los demonios.
—Esta fortificación era para cobrar peaje y desalentar las fechorías de los bandidos; si llegan hasta nosotros nos retiraremos montaña arriba. Concentrad fuego en los demonios más grandes.
—De acuerdo. ¡Vamos, marineros de agua dulce, preparados para disparar!
Junto a Shining Armor, Solnes seguía observando el campo de batalla. El ciervo de pelaje rojizo mostraba una calma que contrastaba con la creciente presencia del Tártaro, y su cornamenta emitía un aura verdosa.
—No tenemos mucho tiempo, Maestro Poni de la Guerra —declamó—. Debo estar con los druidas para guiar la voluntad de Gaia.
—Estaré aquí guiando la batalla. Buena suerte, Solnes, que Celestia cuide de ti.
—Que los vientos de Gaia soplen en tu favor.
Mientras Solnes descendía de aquella vieja fortificación, escuadrones de pegasos y grifos pasaron volando sobre la misma. A los pocos minutos, los demonios lanzaron sus impíos hechizos al aire, intentando derribar a los mortales que disparaban flechas contra ellos desde las alturas. Pronto, los diablillos voladores surgieron de entre las filas infernales.
Frente oeste.
Carretera de Canterlot
Luna observó cómo una lluvia de proyectiles ígneos se echaba sobre ella y los ponis que marchaban hacia Canterlot; sintió entonces un temblor en la tierra y percibió el brillo azul y verde en los cuernos de los ciervos. La roca junto a la carretera de Canterlot se combó hacia arriba, y las llamas infernales explotaron inofensivas tras la barrera. Solo unos pocos ponis fueron heridos por los demonios que, rugiendo, cargaron montaña abajo.
La roca descendió y se fundió nuevamente con la ladera, revelando a un pequeño grupo de guerreros druida que alzaron sus lanzas para recibir a los demonios. Flanqueándolos, Guardias Lunares clavaron sus escudos en el suelo.
Moonlight Sonata gritó una orden y voló hacia el combate, superando la formación de sus camaradas terrestres al tiempo que docenas de batponies se unían a él; juntos, dispararon sus ballestas contra los monstruos del Tártaro y se echaron a un lado, dejando espacio para que otros guardias lunares dispararan también. Los proyectiles mágicos disparados por miembros de la Resistencia de Manehattan impactaron violentamente contra los monstruos; con una coordinación caótica, las lineas de batponies superaron a los demonios que cargaban, giraron en el aire, y cayeron como aves de presa sobre las huestes del Tártaro al mismo tiempo que estas chocaban contra los guerreros druida y la guardia solar.
Los unicornios de Manehattan redirigieron su magia hacia la carretera, donde varios demonios habían surgido para cortarles el paso. El resto de la resistencia formó frente a los magos, avanzando todos paso a paso sin dar tregua al enemigo.
—¡Adelante! —ordenó Luna—. ¡Ya falta poco!
La oscura alicornio había esperado tardar más en ver la imponen silueta de Canterlot destacando sobre la montaña; la muralla, habitualmente de un color blanco nacarado, tenía las cicatrices de llamas e impactos en muchos puntos, pero seguía intacta e impenetrable. La princesa de la noche miró atrás, donde los valientes ponis y ciervos que la seguían habían retomado la formación, mientras varios guardias solares retrocedían protegiendo la retaguardia.
Tan solo unos cientos de ponis para asaltar una muralla capaz de detener huestes enteras… y Luna pudo ver en aquel momento unas enormes figuras moviéndose sobre la misma. Una yegua gritó una advertencia, y todos los unicornios conjuraron al mismo tiempo una barrera mágica.
La yegua que había advertido del peligro conjuró con todas sus fuerzas, la energía mágica sacudiendo sus crines rubias y clarísimas con fuerza. Junto a ella, una poni de tierra vigiló alrededor con una ballesta preparada.
Luna no tuvo tiempo de decirle nada a la dama Bright ni a su hermana, porque la tierra se sacudió con las violentas explosiones demoníacas detenidas por los unicornios.
Zona este de la ciudad
Murallas
La piedra de la muralla crujió bajo la garra del gigantesco demonio del fuego que, tomando aire, llamó a las llamas impías del plano del que procedía. El velo de la realidad se combó entre sus garras delanteras, convocando una enorme bola de fuego que, con un rugido, lanzó hacia los ponis que subían a través de la carretera.
Otros demonios, igualmente enormes, hicieron lo mismo a lo largo de toda la muralla, y pronto las explosiones cubrieron la zona, bombardeando sin piedad la barrera que los pocos unicornios que aún poseían su magia se esforzaban en mantener. Pero el gran demonio se giró, pues sintió la muerte de uno de sus hermanos antes de que este gritara.
Alcanzó a verlo caer pesadamente de la muralla, todavía luchando por alcanzar algo sobre su cuello; tras unos segundos, mientras el gran demonio se consumía en un charco de llamas, un poni de la noche desclavó su lanza del cadáver y bufó hacia los pequeños demonios que ya corrían hacia él. En otro punto de la muralla se escuchó la detonación de un arma de fuego, y para cuando las criaturas del Tartaro cercanas quisieron reaccionar, solo apreciaron a un batpony desapareciendo en una nube de oscuridad, mientras uno de los grandes demonios caía con un gran agujero atravesando su cuenca ocular.
Mientras los Cazadores sembraban el caos sobre las murallas, mientras los demonios no tenían más remedio que defenderse la furia de los Cazadores Batpony, la puerta de una casa cercana se abrió de golpe; un grupo de ponis surgió a través de la misma, disparando sus ballestas a todo demonio que se puso en su camino. Hope Spell, al frente, disparó su arma y la dejó caer, tomando la lanza a continuación.
—¡Hacia la puerta, vamos!
El verde unicornio se giró al notar algo enorme moverse; tenía muchas patas y garras, y se proyectó contra él rápidamente, rugiendo y claqueando con furia. Hope saltó atrás, esquivó el ataque y alzó la lanza, pero algo hizo impacto en el monstruo desde un lado. Su sangre, un enfermizo icor gris, salpicó el suelo, y el ser se revolvió contra el dolor de la herida.
Desde un edificio lejano, las armas de fuego dispararon nuevamente, derribando a la criatura. Hope se puso en pie, y las yeguas y sementales lo flanquearon cuando encaró hacia la muralla; pudieron ver a los Cazadores Batpony saltando, matando, desapareciendo y teleportándose entre las huestes demoníacas; los demonios se apostaron en la puerta de la ciudad y las murallas que la rodeaban.
Al avanzar, un demonio se puso en el camino de los luchadores poni, pero una yegua apareció sobre él entre jirones de sombra; con una velocidad difícil de seguir con la mirada, clavó una daga de casco en el cuello al monstruo. Este intentó atraparla, pero la batpony saltó sobre él, apuñalándolo nuevamente. El demonio la atacó con las garras, y Hope llegó a apreciar la salvaje sonrisa y las afiladas pupilas de la Cazadora Batpony; le pareció muy joven, casi una adolescente de hecho.
Hope sintió una magia demoníaca que no había sentido en muchos meses: Un cosquilleo en la base del cuerno precedió a la creciente sensación de que su propia alma quería gritar y huir de aquel lugar. Conocedor ya de las artes demoníacas, no intentó seguir con la mirada unas sombras que se perdían en el linde de su visión, pues supo que el velo que separaba los planes de la realidad se estaba volviendo fino. Permeable.
Como cuando luchó contra Weischtmann.
Frente a sus ojos, con una salvaje sonrisa en el rostro, la cazadora saltó entre las sombras.
—¡No!
Al instante, a pocos metros de distancia, con un alarido de dolor y terror, la joven Cazadora Batpony reapareció. Un tentáculo de oscuridad se hizo sólido, atrapándola, y tras él surgió el oscuro demonio que alzó sus apéndices, atrapando a la batpony y alimentándose de su dolor.
—¡Hay que ayudarla! —gritó el verde semental, alzando la lanza—. ¡Vamos!
Rise desclavó la espada de la yugular de aquel gran demonio, dejando que se consumiera entre las llamas del infierno del que había surgido. Sintió en el pelaje de su lomo cómo una criatura infernal estaba a punto de echarse sobre ella, y con un silencioso bufido, la Cazadora Batpony saltó al mundo de las sombras que siempre sentía en un rincón de su mente. Su cuerpo desapareció entre negros jirones, dirigiendo su voluntad tras el demonio que la había intentado matar. Como hiciera cientos de veces en el pasado.
Pero no estaba sola.
Rise Love sintió una presencia en lugar de la habitual soledad opresora del plano de las sombras. En los escasos instantes que su consciencia percibía cuando saltaba de aquella forma, notó algo que se movía, algo que se acercaba y la acechaba. Y reconoció la forma en la que sus instintos gritaron presas el pánico: era el mismo grito que una vez le dijo que no usara su salto.
El mismo grito que sintiera en presencia de Weischtmann.
En aquel lugar entre planos no había luz, sus ojos eran inútiles; tampoco había sonido, su ecolocalización inutilizada. Pero sintió cómo algo la tocaba en una pata, y su tacto se sintió ardiente y helado al mismo tiempo. Sin aire para poder gritar, Rise Love se encogió y retrajo la espada, colocándola en paralelo a su cuerpo y notando como la criatura, cuyo mero roce transmitía la tortura de la que se alimentaba, la atrapaba a su vez. Y en su mente gritó, gritó por volver al mundo físico cuanto antes.
Apareció sobre la muralla de Canterlot, a poca distancia de donde había querido saltar; durante unos desesperantes segundos, Rise Love gritó y convulsionó en el suelo, atrapada por negros e insustanciales tentáculos cuyo roce, helado y ardiente, hacía sollozar a cada fibra de su ser. Con un movimiento de la falange, desplegó la espada y empujó con ella con todas sus fuerzas; la negra carne cedió, y el demonio gritó un rugido chirriante cuando Rise Love lo sajó violentamente. Con un grito de ira, Rise se giró hacia la criatura que se acababa de materializar, atravesando su carne insustancial y, salpicada por la sangre purpúrea del demonio, cayó al suelo.
Apretando los dientes para sobreponerse al dolor que aún electrizaba cada fibra de su ser, con los restos tentaculares del demonio consumiéndose junto a ella, escuchó a una de sus hermanas cazadoras, Lily era su nombre. Estaba atrapada por un demonio de la tortura, y Hope Spell luchaba por llegar hasta ella.
Sus agudos sentidos le advirtieron del peligro a tiempo; rodó sobre si misma justo antes de que la garra de un demonio se clavara en la piedra allá donde ella hubiera estado. Pero no era un demonio: delante suyo había un poni, pero no era un diabolista como Rise conocía: Su cuerpo, su rostro y su pelaje parecían haberse fusionado caóticamente con un demonio del fuego. Su mirada, desquiciada, brillaba con el poder del Tártaro, y las llamas acudieron a su boca cuando este rugió hacia Rise.
Tras ella, surgiendo de una esquina, una monstruosidad negra como una noche sin estrellas, tentacular y hambrienta se manifestó en el mundo mortal.
La mirada de la yegua batpony pasó en un instante por los Cazadores que seguían luchando sin poder usar su salto; por Hope Spell y sus guerreros, incapaces de alcanzar a Lily, quien había dejado de gritar; por la caseta bajo la muralla desde donde había una de las dos palancas que desatrancaban la puerta de la ciudad.
Mientras el poni poseído desclavaba sus garras de la roca de la muralla y se preparaba para atacar de nuevo, Rise Love inspiró profundamente. Escuchó al demonio de la tortura y la oscuridad alzar sus tentáculos tras ella; la garra del poni poseído creció notablemente mientras este se alzaba sobre dos patas; emitió varios pulsos ultrasónicos y al momento percibió todos los lugares donde algo insustancial estaba tomando forma física.
Rise Love expiró al tiempo que detenía la garra del poni con su espada; giró sobre si misma y, mientras disparaba su ballesta de casco contra el demonio tentacular, cortó la garganta del poseído. Alzó el vuelo, negros tentáculos surgieron allá donde ella habría estado y giró en el aire, cayendo sobre un demonio de la tortura espada por delante. Mientras el monstruo se consumía en un charco de llamas y oscuridad emitiendo enfermizos chirridos, la Cazadora Batpony desafió al Tártaro con los colmillos y un fortísimo bufido, al tiempo que los demonios surgían por doquier.
En el exterior, el ejército liderado por Luna, Asunrix y Moonlight Sonata aprovechó el cese de los ataques para avanzar. Deflagraciones de llamas empezaron a sucederse frente a la muralla, dando paso a todo tipo de demonios que cargaron contra los mortales.
En una de las avenidas principales de la ciudad, cerca de palacio, un demonio rugió y giró rápidamente, lanzando una llamarada hacia un poni que le había atacado; pero no tardó en caer cuando un virote de ballesta se clavó en su costado. Superando al demonio caído, Wrath voló y cayó sobre un poni demonologista, dándole muerte salvajemente.
A su alrededor, la tripulación del Viento de Noche se echó sobre cualquier demonio o servidor del Tártaro a su alcance.
En aquellos momentos antes de que las fuerzas de Sombra pudieran responder, Wrath devolvió a varios servidores del Tártaro al infierno del que habían salido, al igual que, estaba segura, habían hecho cada uno de sus valientes. Antes de que más demonios llegaran a combatirles, Wrath se preparó para ordenar una retirada.
Pero escuchó el grito de un semental, un grito como jamás hubiera oído antes. Siguiéndolo, atravesó la ventana de un edificio, y reaccionó instintivamente echándose a un lado para después saltar sobre una monstruosidad tentacular que había intentado atraparla. Apuñalándola una y otra vez, la capitana Wrath resintió el dolor que le provocaba el roce de la criatura, ardiente y helador al mismo tiempo. Y mientras el ser se consumía entre llamas negras e impías, miró a su alrededor.
Había ponis.
Docenas tan solo en aquella sala, y podía oír a más en todo el edificio. Todos ellos encadenados a la pared, todos ellos encogidos por el terror, todos ellos malheridos, y solo unos pocos acertando a mirarla y pedir ayuda.
Entre las sombras de la sala contigua, pudo ver a oscuras criaturas moviéndose. Sus agudos oídos le permitieron escuchar el agudo grito de piedad de alguien que ya no tenía fuerzas para alzar la voz. El oscuro demonio alzó un tentáculo que atrapaba a una pequeña criatura: Una potra de escasos años de edad que se debatía por liberarse con el rostro desencajado por un sufrimiento indescriptible.
Wrath tomó la pistola y disparó a la criatura, derribándola, y la potra cayó pesadamente al suelo. La batpony pirata saltó sobre la segunda, se la echó a la grupa, retrocedió, se llevó un casco a la boca y emitió un silbido que se alargó unos segundos.
Sacó su segunda pistola y apuntó a la puerta única puerta de la habitación. En seguida surgió un nuevo demonio y disparó, sin lograr matarlo esta vez. Dejó caer a la potra a su espalda y enarboló sus dagas gemelas, bufando hacia aquel engendro del Tártaro que avanzaba hacia ella.
Entonces se escuchó el sonido de la madera y el cristal rompiéndose cuando el primero de sus valientes tripulantes entró en el edificio. Pronto el sonido del combate se extendió por toda la construcción. Wrath se agachó para esquivar los tentáculos de la criatura, cortó uno mientras avanzaba y finalmente clavó la segunda daga donde imaginaba debía estar la garganta del demonio.
—¡Liberadlos a todos! —ordenó, desclavando su arma y dejando morir a la criatura—. ¡Matad a estos hijos de perra!
Un demonio tentacular gritó chirriantemente y dejó caer a la mortal a la que torturaba. Lanzó sus tentáculos en todas direcciones intentando atrapar a quien lo había herido, pero tan solo sintió cómo algo le cortaba varios apéndices para, finalmente, clavarse profundamente en su informe anatomía.
Mientras el demonio se consumía entre fuego y oscuridad, un semental batpony se agachó junto a Lily, sacando una poción de algún recoveco de su armadura y poniéndosela en la boca. A los pocos segundos, la joven Cazadora Batpony abrió los ojos e inspiró honda y desesperadamente, tosiendo a continuación.
Con los nervios todavía recordando la tortura que aquel demonio le había infringido, Lily miró a su alrededor: Reconoció a Hope Spell que, asediado por los demonios, estaba retrocediendo de vuelta al edificio del que había surgido. A su lado, uno de sus hermanos cazadores se levantó y disparó la ballesta de casco. Lily se puso en pie y percibió entonces a todos los Cazadores Batpony en la zona, combatiendo como uno solo, y supo que ninguno podía usar su salto sin arriesgarse a ser atrapado como ella.
Y los demonios lo ocupaban todo.
Pequeños monstruos que corrían y saltaban sobre todo mortal que veían; monstruos de sombras, garras y tentáculos que surgían por doquier de cualquier esquina oscurecida; grandes demonios de la destrucción que avanzaban hacia los mortales que había junto a la muralla.
Entonces la vio a ella. Como una exhalación de pelaje gris azulado, espada, sangre y Sed, Rise Love cayó sobre un gran demonio. En el mismo movimiento, le cortó el cuello mientras atrapaba a un diablillo volador en el aire; lo mordió y, sin detenerse un solo instante, atravesó a un pequeño demonio del fuego, dejó caer al diablillo al suelo y encaró a un demonio del terror y la tortura.
—¡Rise Love! ¿Qué hacemos?
A la mención de su nombre, la yegua se giró y Lily tuvo el impulso de retroceder. El rostro de Rise se había tornado afilado, largos sus colmillos y afiladas sus pupilas. Gruñendo en voz baja, la batpony, la capitana que combatió a Night Blade y los servidores de Nightmare Moon, no le prestó atención y saltó sobre otro demonio como un animal salvaje.
—Escúchame, Lily —dijo el cazador junto a la misma—. Quiero que huyas y sobrevivas.
—¿Qué? ¿Por qué? ¡Rise está mal, tenemos que ayudarla!
—Guía a los que nos sigan —ordenó, la Sed haciendo temblar su voz—. Márchate, ahora, o nosotros mismos te daremos muerte.
El Cazador aleteó con fuerza y voló al lado de Rise Love, interceptando a otra monstruosidad que se echaba sobre ella.
Y con él, el resto de Cazadores Batpony se unió a la batalla.
Mientras Lily retrocedía y echaba a volar en dirección contraria, apreció cómo un gran grupo de batponies intentaba superar la muralla, solo para ser recibido por una lluvia de proyectiles ígneos.
En el exterior de la muralla, los batponies supervivientes tras haber intentado superarla, volaron de regreso.
—¡No podemos hacerlo! —gritó—. ¡Nos lanzan llamas desde los edificios, tenemos que atravesar la puerta!
—¡Aguantad! —replicó Moonlight Sonata—. ¡Rise Love abrirá las puertas, hay que darle tiempo!
—¡Debemos llamarlos ya! —interrumpió Luna—. ¡Si no lo consigue…!
—¡Todavía no, mi diosa, tenemos que asaltarlos por tierra también o será una masacre! ¡Aguantad! ¡Ballesteros, apuntad a las murallas! ¡Asunrix, aguanta el frente!
Los magos de la resistencia de Manehattan formaron tras los ballesteros batpony, conjurando sus defensas. Demonios más pequeños que los que los bombardearan antes surgieron sobre la muralla, y pronto sus proyectiles que impactaron contra las mágicas defensas fueron respondidos con una lluvia de virotes de ballesta.
Frente a ellos, la Guardia Solar, así como los guerreros druida de Cérvidas, formaron una cohesionada linea ante los demonios que se formaban en el exterior de la muralla y cargaban caóticamente. Mientras sus guerreros recibían en combate a los engendros del Tártaro, Asunrix estudió la gran muralla frente a él. Moonlight Sonata se percató de ello.
—¿Podéis derribarla?
—Lo dudo, maestro poni de la guerra —replicó el gran ciervo marrón—. Los ciervos también usamos armas de asedio para estos menesteres.
—Rise lo conseguirá —añadió el batpony rápidamente—. Lo…
El golpear de madera sobre madera resonó en la muralla, seguido por el crujir de los grandes goznes de la puerta principal de la ciudad. Moonlight no necesitó gritar ninguna orden para que los miembros de la Guardia Solar reaccionaran al instante formando en cuadrado frente a la puerta. Tras ellos, los druidas de Cérvidas se prepararon para apoyarles.
Poniendo los escudos al frente y sobre sus cabezas, los guardias solares avanzaron como uno hasta llegar a la puerta. Desatrancada como estaba, ahora solo la aguantaban cerrada los demonios que, tras la misma, empujaban con todas sus fuerzas; los ponis de tierra, junto a los unicornios cuya magia estaba inutilizada, se apoyaron en la gran estructura y empujaron de a una, coordinados por la voz de algún cabo entre ellos. Las cornamentas de los druidas se iluminaron, y potentes golpes de aire golpearon la gran puerta, la cual empezó a ceder poco a poco entre los rugidos de frustración de los monstruos del Tártaro.
Cuando tan solo un resquicio se hubo abierto, los magos de la Resistencia de Manehattan conjuraron a través del mismo, y una potente explosión blanca se formó en la barbacana, coreada por antinaturales rugidos de dolor.
La puerta cedió ante el empuje de los ponis
—¡Capitana, están muy mal, casi no pueden andar! ¿Qué hacemos?
—¡Maldita sea!
Junto a Wrath, uno de sus marineros descerrajó un disparo casi a quemarropa contra otro demonio tentacular. Estos no paraban de surgir por todas partes, y los piratas tan solo habían podido sacar a unos pocos ponis de aquella tortura. Pero había demasiados.
—¡Tenemos que sacar a más, vamos!
—¡¿Qué es eso?!
Wrath tan solo tuvo tiempo a ver cómo un humo negro se colaba a través de las ventanas a una velocidad imposible, y pronto toda visión quedó opacada por el mismo. La batpony giró sobre si misma escuchando voces, susurros y rugidos en todas partes.
Y entonces escuchó los gritos de sus tripulantes. Muy a su pesar, supo que ya estaban muertos.
Wrath usó sus ultrasonidos para posicionarse y galopó hacia la ventana más cercana… cuando notó que una magia la atrapaba e inmovilizaba. Un aura rojiza la cubrió, y sintió cómo era arrastrada a través del aire por el edificio hasta que, delante suyo, tan solo pudo distinguir dos ojos rojos como la sangre y de verdes escleróticas. El humo negro que lo ocupara todo se desplazó rápidamente, como concentrándose en aquella zona, y a medida que lo hacía, un poni se materializó. Negro como la noche, gris oscuro su rostro, vestía una armadura de acero, y la corona del mismo material daba un aspecto escalofriante a su rostro, coronado por un largo cuerno negro cuya punta se difuminaba hasta un brillante color naranja.
—Los ponis sois tan predecibles… Tú eres la líder de estos piratas. ¿Qué plan tiene Luna?
Wrath no respondió, intentando moverse sin éxito bajo el mágico agarre de Rey Sombra. Su voz era grave como el abismo, y susurrada como el sonido del aceite hirviente derramado sobre cuero crudo.
—O es plan de Aitana Pones. No estarían atacando si no creyeran que pueden matarme. Dímelo.
—Aunque lo supiera no te lo diría, cerdo.
Wrath le escupió, pero la saliva se detuvo a un centímetro del rostro del Rey Sombra, donde una barrera mágica se hizo visible.
—Veamos qué sabes realmente, mortal.
Sombra tocó con un casco un lado de la cabeza de Wrath… y la capitana se contrajo, abriendo la boca con una expresión de indescriptible dolor. Al cabo de unos segundos, finalmente, la yegua gritó, y sus aullidos lo llenaron todo.
Sombra lanzó a la yegua, inerte y a duras penas respirando, al suelo, donde los demonios de la oscuridad y la tortura se abalanzaron sobre ella. El rey del Tártaro bufó a través de las quijadas, emitiendo una nube de fuego y vapor negro. Habló en voz baja pero, durante un instante, todos sus seguidores se detuvieron, dejándose guiar por la voluntad de su señor.
—Matad a todos los ponis de cristal. Encontrad a Golden Sheaf.
La puerta de la ciudad se abrió y el grito furibundo de un centenar de gargantas trajo consigo la carga de la Guardia Solar. Ponis de tierra y unicornios sin magia arramblaron con los demonios que habían intentado mantener el portón cerrado, atravesaron la barbacana y se desplegaron en un semicírculo al otro lado de la muralla, en el interior de la ciudad.
Una lluvia de llamas y hechizos impíos cayó sobre las lineas mortales; los primeros guardias solares recibieron el impacto, y aquellos cuyas armaduras no lograron protegerlos, cayeron. La segunda fila de guerreros descolgó los escudos de sus grupas y los clavó en el suelo, resistiendo la siguiente andanada de hechizos. Los demonios cargaron contra el muro de escudos, echando atrás a muchos ponis, amenazando con romper la unidad de sus defensas; pero de pronto, como movidos por una orden sin palabras, los ponis de la guardia solar abrieron pasillos entre su formación.
Asunrix tomó el centro, cargando a través de las aperturas que los ponis habían abierto entre sus filas, y derribando violentamente a un demonio cuadrúpedo que había intentado aprovechar la oportunidad. En cada hueco, un druida ciervo apareció, todos cargando lanza o cuernos por delante, todos echando atrás a los demonios que intentaban impedir su entrada en la ciudad. Cuando los guerreros de Lutnia estuvieron en posición, sus cornamentas se iluminaron con un furioso fulgor verde. El suelo bajo los demonios se combó y rompió en afiladas aristas y las plantas crecieron a toda velocidad y los atraparon. Los engendros del Tártaro rugieron furiosos, abriéndose camino hasta los mortales.
Como un maremoto de alas, colmillos y espadas, los ponis de la noche sobrepasaron a sus compañeros terrestres, volando a ras de sus cabezas. Mientras los batponies aprovechaban la momentanea indefensión del enemigo para iniciar un caótico cuerpo a cuerpo en el que ellos eran fuertes, el resto de soldados del ejército aliado avanzó paso a paso, muerte a muerte, abriéndose camino hacia la principal avenida de la ciudad.
Moonlight Sonata atravesó la barbacana y miró a su alrededor, escuchando con atención. Captó un sonido a los pocos segundos, y voló sobre la muralla donde varios batponies estaban dando cuenta de un servidor del Tártaro. Desde ahí, a nivel del suelo vio un cadáver; se trataba de un batpony de facciones monstruosas. Un Feral que portaba dos espadas, y a juzgar por los restos de hollín en el suelo, había caido dando muerte a algún demonio. Estaba junto a una de las dos casetas, situadas a pocos metros a ambos lados del portón, que abrían el mismo.
Cuando se acercó a la caseta de piedra, percibió enseguida los signos del combate que ahí acababa de librarse; en los muros había marcas allá donde las garras de los demonios se habían clavado intentando alcanzar a algo o alguien, restos de hollín allá donde sus hechizos no habían alcanzado su objetivo. Vio otro cadáver, y no tuvo duda que se trataba de un Cazador Batpony: se trataba de un semental que portaba varias pistolas en el cinturón y una espada típica de su raza. Estaba caído sobre un charco de su propia sangre, y a su alrededor el hollín marcaba todos los lugares donde algún demonio había sido devuelto al Tártaro.
Escuchó entonces un bufido, a caballo entre el placer y la amenaza, que Moonlight Sonata reconoció al instante. Giró frente a la puerta de la caseta y se acercó hasta que sus sensibles ojos pudieron ver en la penumbra; el cuerpo de una yegua batpony, otra cazadora, cayó al suelo inerte. Tras la misma, otra yegua de pelaje gris azulado y crines marrones se posó sobre las cuatro patas: Sus colmillos, afilados, goteaban lascivamente el líquido vital de la Cazadora con la que acababa de saciarse; su hocico, boca y pelaje del pecho estaban empapados en sangre ajena; sus pupilas, afiladas como las de los dragones, enfocaron rápidamente a Moonlight Sonata, y su pelaje erizado hizo ver a aquella yegua que tan bien conocía como un monstruo inmenso e imparable.
Moonlight Sonata retrocedió un paso mientras desplegaba la espada. Rise Love, con la mirada clavada en su marido, se acercó bufando por lo bajo, con un gesto de hambre, amenaza y Sed que heló la sangre del semental. Pero algo goteaba bajo ella, pues una profunda herida sangraba profusamente de su costado derecho.
El Capitán de la Guardia Lunar y General del ejército de Lutnia replegó su espada y caminó hacia un lado. Su esposa, tomada por la Sed, hizo lo mismo y, durante unos segundos, ambos quedaron caminando lentamente en un gran círculo, como hicieran una vez hacía años, rodeados por los amigos y camaradas que habían perdido. Con un bufido, Rise saltó sobre Moonlight, y este detuvo los golpes que ella le lanzó. Como una coreografía, o quizá una demostración de artes marciales, ambos contendientes intercambiaron golpes a toda velocidad.
Cuando Moonlight creyó que podía derribarla, Rise saltó y, con un golpe de sus alas, pasó sobre Moonlight Sonata en una pirueta aérea que, una vez hacía años, levantó impresionados gritos en una taberna. Pero el semental supo que no iba a ser igual, pues escuchó a su esposa desplegar la espada antes de caer al suelo. Él hizo lo propio y, cuando se giró, ambos metales chocaron con fuerza. A pesar de que estaba herida, a pesar de que Moonlight Sonata conocía cada movimiento, cada finta y cada estrategia de su esposa, Rise Love ganó rápidamente ventaja. Era demasiado rápida, demasiado ágil, demasiado fuerte para que un simple batpony le mantuviera el tipo en combate.
El semental de pelaje gris oscuro desvió en el último momento la espada de Rise y saltó sobre ella; ambos giraron en el suelo, empapándose con la sangre de aquellos que habían entregado sus vidas para permitir al ejército de Luna entrar en la ciudad. Moonlight llegó a golpear a Rise en varias ocasiones, pero esta ignoró los casquetazos hasta que, finalmente, ella consiguió detener el giro y quedar encima de su marido. Sin que él pudiera reaccionar, Rise lo atrapó por las patas delanteras y lo inmovilizó, echándose sobre él y mostrando sus colmillos salivantes.
—¡Hazlo! ¡Hazlo, Rise, vamos! ¡Y luego díselo a Emerald!
Rise se detuvo durante un breve instante, mirando al semental. Este no le dio tregua.
—¡Dile a Hawk que tú mataste a su padre! ¡Diles a tus hijos…!
Las palabras del semental quedaron interrumpidas. Rise se agachó, y él sintió cómo sus colmillos se hundían en el mismo punto donde hacía ya años ella lo mordiera para salvarlo de su propia locura.
—¡No! ¡No! ¡Rise, no, por favor, vuelve! ¡Vuelve!
Ansiosa, la yegua selló los labios en torno a la herida, succionando con ansia, saciando la Sed contra la que había luchado desde la muerte de su hermano, cuando ella era solo una potra, cuando sucumbió por primera vez a la maldición del batpony. Moonlight sintió que se le nublaba la vista pero, en aquel instante, el recuerdo de sus hijos pasó frente a sus ojos.
Logró liberar la pata derecha.
Con un movimiento de la falange, algo se desplegó de la armadura que la protegía.
El golpe fue seco, y Rise bufó quejosamente. Soltó el cuello de Moonlight Sonata, sus fauces goteando saliva y sangre en largos hilos que se unieron al recuerdo de la batalla que todavía se estaba librando y que teñía el suelo de la capital ecuestre.
—Lo siento —gimió Moonlight, desclavando la daga—. Lo siento —la apuñaló nuevamente—. Te amo, Rise, te amo.
La yegua se derrumbó sobre él, luchando por respirar con cada vez menos fuerzas. Moonlight la acunó en sus patas y la miró al rostro. A pesar de todo, la yegua intentó luchar ya sin fuerzas por placarlo otra vez, por morderlo. Aunque sabía que la Sed la había tomado sin remedio, rezó porque una pequeña parte de la consciencia de la yegua de la que estaba enamorado pudiera escuchar sus palabras.
—Gracias por estar conmigo —sollozó Moonlight—. Por amarme, por salvarme… Cuidaré de Emerald y Hawk. Nuestros hijos sabrán todo sobre ti, jamás dejaré que nadie enturbie tu nombre.
A Rise Love le fallaron las fuerzas, mientras trataba de respirar. Abrió los ojos completamente, presa del pánico mientras tomaba sus últimos alientos, y Moonlight Sonata dirigió la daga al cuello de su esposa.
—Te amo, Rise. Siempre te amaré.
El corte fue limpio. Latido a latido, la muerte tomó a la yegua. Moonlight Sonata abrazó a su amor, a su esposa, su confidente y amiga, a la madre de sus hijos. Y no dejó de hacerlo hasta que tuvo la certeza de que la diosa Selene la había acogido en su seno.
NOTA DEL AUTOR:
Descansa en paz, Rise Love. He disfrutado mucho escribiendo tu historia.
