Canterlot
Sobre la torre de astronomía, docenas de demonios chocaron contra las protecciones de la Sirena Volante. Poison Mermaid disparó su propia pistola a uno de los negros, alargados y aparentemente incorpóreos monstruos que había logrado llegar a cubierta, derribando a uno de los valientes sementales que la acompañaban a la batalla y arrebatándole la voluntad de los ojos.
—¡No dejéis que os atrapen, cubríos mutuamente! —gritó, y luego miró hacia la gigantesca cabeza del Rey Sombra; su inmaterial cuerno se iluminó y un potente haz burbujeante de magia púrpura atravesó el aire, estallando contra una formación de pegasos que cayeron intertes hacia el suelo—. ¡Fire Roar!
—¡Estoy en ello, almirante! —replicó el joven e hiperactivo unicornio—. ¡Munición explosiva, mecha a dos segundos, dispersión de dos grados, preparados para disparar!
Mientras sus órdenes eran cumplidas, el sargento de artillería se dirigió a Poison.
—Nena, no le vamos a hacer nada. El cabrón está hecho de humo.
—Lo sé —respondió; a su lado, un unicornio disparó varios proyectiles mágicos a unos demonios que habían chocado contra la barrera—. Hay que ganar tiempo.
—Puedo cabrearlo.
—Hazlo, y prepara todo por si hemos de evacuar.
—Está hecho. ¡FUEGO!
Los cañones rugieron y, tras dos segundos, una serie de explosiones se produjo allá donde el Rey Sombra mostraba su forma incorpórea; durante unos instantes esta se desintegró y el humo que la formaba se volvió una masa informe. Pocos segundos pasaron antes de que Sombra volviera a mostrarse y enfocara su feroz mirada hacia el navío volador. Un gran rayo púrpura, negro y burbujeante surgió de su cuerno; las barreras de los unicornios cayeron y, a pesar de la veloz maniobra de la tripulación, el impacto sacudió al navío, cuyo globo empezó a perder aire rápidamente.
Evitando a los pegasos que ya estaban trabados en combate y esquivando al resto, los demonios saltaron sobre la Sirena Volante. Sus garras negras se clavaron en madera y tela por igual, desgarrando ambas, destrozando la nave; los piratas se reunieron en cubierta formando un círculo, recibiendo con plomo, fuego y acero cada paso que los sirvientes de Sombra tuvieron el valor de dar sobre cubierta.
—¡Poison, preparada! —gritó Fire Roar, mientras pequeñas esferas de llamas levitaban a su alrededor.
—¡Listos para abandonar la nave! ¡Pegasos y unicornios, a mi señal cargad con quien podáis e id a tierra! —disparó su pistola a un demonio y ensartó a otro con la cimitarra—. ¡A mi señal!
Las pistolas y fusiles dieron paso al acero y a las garras; las órdenes dieron paso a gritos cada vez más desesperados mientras los negros seres cerraban su cerco sobre la tripulación de La Sirena y la almirante de los piratas libre de Tortuga.
—¡Fire, tenemos que irnos! —gritó Poison, al tiempo que detenía con su cimitarra el hacha de uno de sus tripulantes, dominado por los demonios.
—¡Solo un poco más! —gritó, mientras su magia movía varios barriles y sacos en torno al barco—. ¡Un poco más!
Un pegaso cargó contra dos demonios y los tiró por la borda, cayendo él tras ellos. Dos piratas fueron placados bajo las garras de los seres, y pronto la voluntad abandonó sus ojos. Poison sacó una botellita de sus ropajes y la lanzó contra los seres; su contenido se expandió sobre la cubierta, cubriéndola con un brillante fuego azul.
Las esferas de llamas que rodearan a Fire Roar fueron lanzadas y recorrieron su camino sorteando a ponis y demonios por igual.
—¡AHORA!
—¡Cargad hacia babor y saltad!
Todos a una, los piratas cargaron hacia el lado señalado, empujando a los demonios hasta que, entre una proyección de seres oscuros y garras negras, los tripulantes saltaron hacia el vacío. Bajo ellos y a algo de distancia, rayos, luz y llamaradas blancas se sucedían en torno al ritual, y Twilight resplandecía iluminada por la magia. Los pegasos tomaron cada uno a un compañero de tierra, mientras que los unicornios tomaban a todos cuanto podían con su magia para teletransportarse a tierra.
En la base de la torre, un edificio se estaba derrumbando, creando una creciente nube de polvo. Fire Roar caía hacia la misma, conjurando desesperado un hechizo que nunca había dominado; Poison se lanzó en picado hacia él, plegando las alas y luchando por alcanzarlo a tiempo. En torno a ambos, el resto de la tripulación fue recogida por pegasos o desapareció entre detonaciones mágicas. La yegua alargó su pata buena hacia el semental naranja y, cuando estaban a punto de tocarse, se produjo la explosión.
La Sirena Volante estalló cuando las llamas de Fire Roar alcanzaron las cargas de pólvora y fuego alquímico. Astillas, trozos de madera, llamas y cuerda volaron en todas direcciones, atravesando a los demonios que no se habían alejado y a algún poni también. Poison estaba a punto de recuperar el vuelo tras el impacto de la onda de choque cuando un gran trozo de madera la golpeó, haciéndole perder el control.
—¡Fire!
El joven semental conjuró sobre si mismo, tratando de ralentizar su caída. En las calles bajo él algo estalló, quizá restos de la munición del navío, y las llamas se unieron a la expansión de polvo que opacaba los propios edificios de la ciudad. Poison Mermaid se lanzó en picado hacia el joven semental, y ambos se perdieron en la creciente nube de polvo, fuego y humo.
El Rey Sombra, como una gigantesca cabeza de nubes y oscuridad observó indiferente cómo la explosión de la Sirena Volante acababa con cientos de sus demonios. Se dirigió hacia la torre de astronomía, que resentía el impacto de docenas de trozos de madera del navío, pero algo muy veloz voló a su alrededor. Justo cuando conjuraba su magia, una nueva explosión con todos los colores del arco iris se produjo frente a sus ojos, obligándole a retroceder. Mientras el Arco iris Sónico cubría gran parte de la ciudad, arrastrando consigo a algunos demonios, Rainbow Dash voló frente al rostro nebuloso del Rey Sombra. La yegua azulada todavía lucía algunos vendajes; su crin, un salvaje remolino multicolor; su pelaje, estaba sucio, despeinado y quemado en algunas zonas. Y no hubo deje de duda o temor en las palabras de la portadora del Elemento de la Lealtad.
—¡No te dejaré pasar, maldito! ¡No harás daño a nadie más!
—Muere.
La voz de Sombra resonó en las mentes de todos; esferas de oscuridad se formaron en torno a Rainbow Dash, pero la veloz pegaso las superó de un fuerte golpe de alas y echó a volar mientras los hechizos la perseguían. Dribló a grupos de diablos, evitó los ciclones que los pegasos de Cloudsdale estaban creando, y regresó volando a toda velocidad hacia Sombra.
Y este gritó cuando sus propios hechizos hicieron impacto en su rostro.
—¡Ja! ¡¿Eso es lo mejor que tienes?! ¡No soy ninguna novata, Sombra!
El aludido gruñó, y los gigantescos ojos de su forma nubosa se iluminaron con un tono purpúreo. Rainbow se preparó para lo que fuese a ocurrir, pero ningún hechizo se formó o se lanzó contra ella. Acostumbrada a captar detalles rápidamente, habilidad necesaria para una aspirante a los Wonderbolts, no tardó en ver algo extraño en los pegasos que luchaban a su alrededor. El combate se estaba deteniendo, y notó cómo la gema de su elemento brillaba; un susurro, una orden imperiosa hizo eco en su mente, pero el elemento que portaba al cuello la protegió de la misma.
Fue cuando vio a un Wonderbolt mirarla con una sombra púrpura surgiendo de sus ojos.
Dos, cuatro, doce, treinta y dos… No siguió contando, a medida que cada vez más pegasos eran dominados y se detenían, fijando su vista en ella. Aquellos que no habían sido dominados tuvieron que girarse hacia sus compañeros que, ahora, se volvían en su contra. Rainbow dirigió una mirada furibunda hacia Sombra pero, en su fuera interno, sonrió al ver la gran debilidad del señor de las sombras. No hay como reconocer un defecto propio en otro para saber cómo explotarlo. Volando frente a él, patas teatralmente en jarras, la joven pegaso habló con voz altanera.
—Claro, manda a los pegasos a por mi. Es lo mejor que puedes hacer, rey bueno-para-nada. ¡Deja que se encarguen los profesionales!
El rey Sombra la miró directamente, y Rainbow sonrió con prepotencia cuando escuchó su oscura voz en su mente. Su elemento de la armonía brillaba con fuerza, sin duda protegiendo su psique de los efectos de la negra magia de Sombra. Los pegasos dominados por Sombra se habían unido a los demonios, lanzándose contra las fuerzas de Cloudsdale; las tormentas y remolinos controlados por estos se deshicieron cuando los pegasos al cargo tuvieron que abandonarlos para defenderse. En torno a Rainbow Dash solo seis ponis volaban, quietos y aguardando. Los Wonderbolts.
—Soy el señor de las sombras. Este mundo será mío, y tú lamentarás tu insolencia, mortal.
—¿Y por qué no vienes a por mi en persona, Sombra? ¡Cobarde!
Rainbow ya había aleteado con fuerza antes de que el oscuro rayo mágico de Sombra pasara bajo sus cascos. Se lanzó en picado cuando vio al primer poni dominado que abandonaba un combate y se lanzaba tras ella; justo al hacerlo, esquivó un virote de ballesta que, de otra forma, le habría impactado. Miró atrás brevemente, viendo que dos docenas de pegasos la perseguían, el viento silbando en sus oídos y los proyectiles pasando a poca distancia de ella. No fue hasta que estuvo casi demasiado cerca de los edificios que forzó su cuerpo y sus alas para cambiar su trayectoria y volar a través de una pequeña calle. Escuchó varios impactos tras ella, supo que muchos no habían conseguido seguirla, y rezó porque ninguno hubiera muerto. Giró varias esquinas, en ocasiones llegando a galopar por la pared contraria a su giro al no poder vencer la inercia; los pegasos la perseguían, y pronto vio las estelas de humo negro que dejaban tras de si los Wonderbolts superándola por encima de los edificios. Más rápido de lo que había maniobrado jamás, Rainbow Dash voló hacia una pared y ascendió, apoyando las cuatro patas contra la misma e impulsándose hacia arriba; su estela multicolor atravesó al gran grupo de pegasos que la perseguía y, una vez más, maniobró para picar frente al Rey Sombra. De nuevo, el Arco iris sónico cubrió toda la ciudad, y fue entonces cuando escuchó una voz conocida en su mente.
—¡Rainbow Dash!
—¡¿Rarity?!
—¡Vuela al edificio grande frente a la muralla, rápido!
—¡Entendido!
Maniobró sobre los edificios trazando su camino hacia el lugar indicado cuando algo grande le impactó. Rainbow se revolvió, y no tardó en reconocer el pelaje amarillo y las crines naranjas de la capitana de los Wonderbolts. Spitfire tenía los ojos cubiertos por la magia negra, y por un instante la yegua azulada no supo qué hacer contra aquella estrella que por tantos años había sido su ídolo y modelo. La veterana capitana la asió con una pata y la golpeó con el casco contrario repetidamente, con la ira reflejada en su rostro. Incluso cuando Rainbow reaccionó e intentó defenderse, vio que no podía con la experiencia de Spitfire. La joven portadora de la Lealtad esquivó repetidamente sus ataques, la empujó atrás, evitó la daga con la que la atacó sin cesar, pero no pudo librarse de ella en ningún momento, y los otros pegasos poseídos se acercaban cada vez más.
Pero algo las interceptó y apartó a Spitfire de Rainbow Dash. La segunda vio a un batpony de pelaje gris oscuro y crines azules enzarzarse en un violento cuerpo a cuerpo contra la capitana, las armas de ambos brillando bajo el sol. Desde cada calle de la ciudad, docenas de batponies habían surgido, volando en vertical para interceptar a los pegasos que la perseguían.
—¡No les hagáis daño, están…!
Cuando volvió a mirar a Spitfire, vio que esta caía dejando atrás un reguero de sangre. El batpony estaba cubierto del mismo líquido vital y, cuando la miró, reconoció al general de Hollow Shades, Moonlight Sonata. Su pelaje estaba erizado, sus dientes alargados, y respiraba pesadamente.
—¡Spitfire, no!
—Vé con tus amigas.
—¡¿Qué has hecho?!
—¡Vé con las portadoras o muchos más morirán!
Apretando los dientes, Rainbow voló hacia donde le habían dicho, dejando a su izquierda la torre de astronomía desde la que Twilight estaba haciendo… algo. Fue cuando vio, sobre un gran edificio, cuatro brillantes luces levitando a cada vez más altura, cada una de un color: Blanco, amarillo, naranja y rosa.
Cuando se acercó a Rarity, Fluttershy, Applejack y Pinkie Pie, su propio elemento de la armonía se activó y sintió la magia recorrer cada fibra de su ser. Mientras se dejaba guiar y se colocaba en posición junto a sus amigas, escuchó un crujido eléctrico bajo todas ellas.
En la terraza del gran edificio, Lovely Rock empezó a tocar un rápido solo de guitarra y, tras ella, Steel Note al completo respondió mientras Coloratura tomaba el micrófono.
Al tiempo que los batponies interceptaban a los pegasos poseídos, la cúpula mágica que protegía la torre de astronomía se resquebrajó, incapaz de resistir los continuos ataques de los demonios que la golpeaban sin cesar. En torno al círculo ritual, MoonDancer, Starlight Glimmer, Trixie Lullamoon y Twilight Sparkle seguían recitando un complejo hechizo, sus ojos cubiertos por la magia y levitando a pocos centímetros del suelo. La energía, blanca y azulada, se concentraba sobre el círculo en una creciente esfera que vibraba con fuerza, mientras hebras de magia, pequeñas rocas, agua, electricidad y fuego orbitaban a su alrededor.
Se produjo inconfundible detonación mágica de un teletransporte en el lugar y, casi al instante, una joven yegua alzó una ballesta y disparó hacia un demonio que ya se abría paso a través de una grieta de las defensas que se desmoronaban. Sunny recargó su arma mientras su hermana Bright la sustituía lanzando proyectiles mágicos contra los monstruos.
—¡¿Cuánto les falta?!
—¡No lo sé!
—¡Tú eres la lista! —gritó Sunny mientras volvía a disparar.
—¡Por qué te haría caso! —replicó unicornio adolescente mientras conjuraba y repelía a otro ser con un hechizo.
Durante algo menos de un minuto, las dos jóvenes hermanas resistieron contra el Tártaro. Los pequeños agujeros en las barreras que convocaran Starlight y Trixie les permitieron frenar uno a uno a los demonios. Pero, a medida que los huecos en las mismas se hacían más grandes y numerosos, supieron que no aguantarían mucho. Y, por alguna razón, había muy pocos pegasos intentando frenar a los demonios voladores.
—¡Princesa, rápido, por favor!
Por respuesta, solo recibieron la interminable retahíla de hechizos coreados a cuatro voces en idiomas extintos. La puerta que venía de niveles inferiores se abrió, dejando paso a un grupo de cebras. Todas ellas portaban mosquetes y pistolas, y tomaron posiciones en torno al círculo mientras su líder estudiaba la situación.
—¡Disparad sin cesar! —ordenó el capitán Santoj—. ¡Resistiremos hasta que concluya el ritual!
—¡¿Sunny?! ¡¿Bright?
Las dos hermanas se giraron ante la voz incrédula que las llamaba. Hope Spell apareció tras Santoj y las miró durante un instante con la boca abierta; su armadura estaba rasgada en varios puntos, su pelaje quemado, pero estaba bien. Hope sintió cómo algo resbalaba sobre su frente, y cuando vio el primer cristal negro caer al suelo sintió también cómo la magia regresaba a su ser, como si un sentido y un apéndice, todo en uno, le hubiesen sido devueltos. Con un suspiro, el semental verde tomó aire por el hocico, la magia blanca acudió a su cuerno, y se expandió como una ola cálida cuando expiró.
—¡Rodead el círculo! —ordenó Hope Spell—. ¡Es nuestra única posibilidad! ¡Retrasaré a los demonios, vosotros derribadlos!
—¡Sí, señor! —gritaron todos, piratas y hermanas por igual.
Las barreras de Trixie y Starlight se tornaron inservibles, pero los demonios que las atravesaban se encontraron con la desagradable sorpresa de la magia blanca de Hope Spell: Cuando entraron en la torre frenaron en seco, avanzando lentamente y chillando mientras la magia les quemaba en la piel. Durante minutos, resistieron; minutos en los que grupos de pegasos hicieron lo imposible por frenar al Rey Sombra; minutos en los que los piratas dispararon sus fusiles y recibieron en cuerpo a cuerpo a los demonios que llegaban al ritual; minutos en los que Hope Spell, Bright y Sunny unieron sus esfuerzos por mantener el frente. Todos sintieron entonces que la torre temblaba, pero no pudieron hacer otra cosa que resistir.
En la base de la torre de astronomía, un gran demonio de la destrucción descargó sus garras una vez más contra la misma, arrancando grandes trozos de piedra. El ser rugió de dolor cuando algo se clavó en su pata trasera y la sajó, inutilizándola, y cayó al suelo. Frente a él, dos batponies, desafiantes, se prepararon para darle muerte; tras el monstruo, otros demonios del fuego llegaban al galope, derribando edificios en su camino. De una casa cercana, un grupo de la resistencia de Manehattan surgió y se unió a los guerreros de Hollow Shades. Nadie se retiró, pero ninguno ocultó su miedo, sabiendo que no iban a aguantar… hasta que una yegua marrón surgió de un edificio cercano. Galopó frente a los guerreros, desplegó su espada batpony y todos reconocieron a la famosa cazadora de demonios Aitana Pones.
—¡Lo que podáis volar, distraedlos desde arriba, los demás conmigo y derribadlos! ¡No perdáis tiempo en matarlos!
Frente a palacio, grupos de demonios dominadores saltaron contra las fuerzas de la Guardia Solar y Cérvidas, pero su densa formación y coordinación evitó todo daño. Asunrix dio una orden sin alzar la voz y, cuando los demonios estuvieron trabados contra los escudos de los soldados, empezaron a avanzar paso a paso, a golpe de lanza, espada y determinación. Pero pronto hubieron de deternerse cuando una lluvia de fuego impío cayó sobre ellos, siendo salvados in extremis por los magos de la resistencia de Manehattan.
Imparable, Sombra se echó sobre la torre. Como una marabunta, sus demonios lo rodeaban y defendían de los pegasos. Inútiles hechizos y proyectiles lo atravesaban sin causarle daño. El Rey se detuvo frente a la torre y la magia se concentró en su cuerno. Pero, súbitamente, grandes grupos de pegasos surgieron por todo, y el oscuro señor del Tártaro sintió algo compitiendo contra su poder y liberando a los poseídos; siguió la estela mágica al tiempo que el sonido de la música se hacía cada vez más presente en la batalla. A distancia, sobre un gran edificio,
La luz del ritual se tornó en un blanco cegador, y las voces de las cuatro magas se unieron como una sola.
Hope Spell se adelantó y conjuró una barrera blanca que se extendió entre el rey Sombra y todos los que estaban en la torre de astronomía. Su hermana Bright se unió, creando su propia defensa junto a la de su hermano, mientras Bright, Santoj y los piratas los cubrían con sus proyectiles.
—¡Cubríos!
Un enorme haz de magia púrpura y negra impactó contra las barreras combinadas de Bright y Hope Spell; el hechizo deflagró en torno a ellos, y gritaron mientras luchaban por resistir. Durante un instante no pudieron ver, durante un interminable momento todo se tornó blanco; al poco sintieron una presencia mágica a su lado, y abrieron los ojos para encontrar a una yegua lavanda y otra azul uniendo sus cuernos. La magia combinada de Trixie y Starlight Glimmer reforzó la barrera.
MoonDancer hizo lo propio, su crin sacudiéndose violentamente. Y, a pesar de los esfuerzos de las tres magas, de Hope Spell y Bright, el ataque del Rey Sombra no cesó durante un tiempo interminable; las barreras caían una tras otra, solo para volver a ser conjuradas desesperadamente, cada vez más cerca de no llegar a tiempo para frenar la imparable ola de magia, muerte y oscuridad que Sombra manejaba como una extensión de su propia voluntad.
En la base de la montaña, el ejército de la Guardia Solar había tenido que retroceder completamente a la carretera principal antes de que una enorme deflagración de magia blanca, comparable a la maldición que les había privado de la magia, los barriera. Baraz no estaba dudando en su estrategia, mandando a los demonios más grandes a la carga, atravesando las fuerzas poni por la fuerza y matando a docenas en cada embestida.
Pero pronto su avance se vio detenido a la fuerza cuando la magia de docenas de unicornios cayó sobre ellos.
Cuando los unicornios supervivientes sintieron que los cristales caían de sus cuernos, convocaron sus mejores protecciones para frenar al Tártaro; los magos de combate, entrenados por la Guardia Solar, demostraron por qué habían sido inutilizados por el Rey Sombra en primer lugar. Sus barreras detuvieron la continua lluvia de hechizos, llamas y demonios voladores; sus hechizos se convirtieron en una sucesión interminable de explosiones que acabó con la mayor parte de demonios, dando un necesario respiro a los soldados de tierra. En el aire, hechizos diseñados para derribar a los enemigos acabaron con docenas de diablillos, y los pegasos pudieron retroceder para dar apoyo a la linea principal.
Shining Armor, unido a los magos y convocando las barreras mágicas por las que era conocido, estudió la situación sin dejarse llevar por la esperanza. Habían ganado tiempo, pero aquella batalla estaba perdida: Los soldados de germania estaban muertos o huyendo, al igual que los lobos invernales. Orlag, su principal esperanza para derrotar a Baraz, había muerto, y casi tres cuartas partes de los efectivos de la guardia solar y los guerreros druida habían caído bajo las garras de los demonios.
Y habían tenido que abandonar la fortificación y los cañones. Su última esperanza real de acabar con Baraz. Solo podían resistir hasta el final, dar tiempo para que el plan de Aitana funcionara.
Por encima del sonido de la batalla escuchó una nota sostenida.
Al norte del ejército demoníaco, muchas criaturas surgieron sobre una colina. Rápidamente, unas pocas dieron paso a docenas, y luego a cientos, a medida que un ejército de brillantes armaduras formaba al compás de los cuernos que coordinaban las órdenes con sus notas.
Todavía rodeados por el hechizo de Sombra, todos sintieron la magia acumularse tras los defensores de la torre de astronomía. Un fino rayo de magia lavanda atravesó las barreras y el hechizo de sombra, emitiendo pequeñas detonaciones que, finalmente, culminaron en una explosión que sacudió la propia torre.
Sombra surgió de nuevo de la lluvia de llamas que había nacido a su alrededor, conjurando y deshaciéndola con un rugido de ira. Sobrecogido por una presencia mágica que jamás habían experimentado anteriormente, los defensores de la torre de astronomía se hicieron a un lado: Twilight Sparkle, la portadora del elemento de la magia, la princesa de la armonía, avanzaba paso a paso hacia el borde del edificio semiderruido. La energía crepitaba en torno a ella, refulgiendo en su cuerno y pelaje, y su crin se había tornado larga e insustancial como la de la princesa Luna. Volvió a conjurar, la magia blanca tomando sus ojos, y una sucesión de proyectiles mágicos surgió de su cuerno, cada uno trazando parábolas que convergieron sobre sobre sombra. La forma de cabeza de nubes, fuego y oscuridad que había tomado para presentarse en aquella batalla convergió en una espiral en torno a la cual una barrera mágica negra se formó; cuando el ataque cesó, Sombra había recuperado su forma física, flotando en medio de un campo de magia. El oscuro señor del Tártaro conjuró nuevamente, invocando una guadaña de oscuridad que rió sedienta.
—Uníos al resto y avanzad a palacio —ordenó Twilight, y a medida que lo hacía la magia creó barreras y protecciones sobre ella—. ¿Tenéis un plan? —Hope Spell y Santoj asintieron—. Aseguraos de que todo esté listo.
Twilight alzó el vuelo. Junto a ella, a través de un muro de sombras, una alicornio apareció.
Llanuras al pie de la montaña de Canterlot
Frente norte de las fuerzas de Baraz
Mientras los músicos de cada unidad de caballeros hacían sonar sus cuernos de cristal al unísono, Cadence observó el inmenso ejército del Tártaro cargando contra la carretera que ascendía a Canterlot. En la base de la montaña, cortando el acceso a la capital, los Guardias Solares supervivientes libraban una desesperada batalla mientras retrocedían poco a poco. Hacía unos minutos, una inmensa deflagración mágica había cubierto kilómetros a la redonda y, aunque no supo de que se trataba, reconoció en ella la magia de Twilight Sparkle. La súbita aparición de barreras mágicas en la Guardia Solar y cómo está empezó a usar hechizos explosivos le indicó que su cuñada había encontrado la forma de liberar la magia de los unicornios.
Pero la batalla se inclinaba en contra de la Guardia Solar.
—El príncipe regente lucha solo.
—No por mucho tiempo —respondió la perlada yegua de cristal junto a la alicornio.
En torno a Cadence y la paladina Aura, los Caballeros de Cristal terminaron de tomar posiciones. Ambas notaron la inquietud en todos los guerreros ante la visión del ejército al que iban a hacer frente.
—Princesa, debería decir algo.
—No —sentenció Cadence—. Tú eres la paladina. Tienes que ser tú. En batalla, estoy a tus órdenes.
La Paladina Aura asintió en silencio, sin cesar de estudiar el ejército infernal frente a ella. Los demonios se habían percatado de la presencia del Imperio de Cristal y estaban maniobrando para recibirlo en combate. Al frente, demonios cuadrúpedos que doblaban en tamaño a un poni adulto; tras ellos, informes y pequeños demonios del fuego se preparaban para saltar sobre aquellos que atravesaran la primera línea; sobre sus cabezas, docenas de diablillos, superando ampliamente en número a los pegasos con los que contaban sus fuerzas, esperaban flanquear a los mortales; detrás de todo ello, enormes demonios del fuego y la destrucción rugían desafiantes.
El terror que causaba la magia del Tártaro se le antojó conocido tras haber pasado un año, hacía un milenio, luchando contra la tiranía de Rey Sombra. Los recuerdos se sucedieron: el de la casa de su familia, derruida y consumida por las llamas; la desesperada retirada de civiles a los refugios; todas las veces que luchó junto a Ruby, las veces que esta le salvó la vida, y el apoyo que se dieron mutuamente; el regreso al mundo, un milenio después, la alegría de saberse libres nuevamente; cuando perdió su voluntad bajo la magia negra de Sharp Mind, y a cuántos asesinó en aquel estado; el día en que, gracias a la princesa de cristal, recordó a Ruby, el amor que las uniera y el dolor, desgarrador pero necesario, de su muerte.
—Princesa, cuando tomemos la entrada usted permanecerá aquí y seguirá resistiendo el asalto de Baraz. Retrocedan poco a poco hacia la ciudad. Yo avanzaré con unos cuantos caballeros a Canterlot. Haré frente a Rey Sombra en persona.
—¿Qué?
—Es una orden.
Aura, sin permitir que se la cuestionara, se giró hacia los ponis que aguardaban sus instrucciones. El sol se mostró a través de las nubes, reflejándose en las brillantes armaduras de los caballeros de cristal, quienes miraban a su Paladina, la primera en alzarse con esa distinción y honor desde que Sombra invadiera y esclavizara sus hogares mil años atrás.
—¡Righteous Path, tomad el flanco izquierdo para quitar presión al centro! ¡August Town, tomad el flanco derecho, cargad directamente a la carretera y apoyad a la Guardia Solar! ¡Tiradores, centraos en los demonios voladores! ¡Pegasos, flanqueo y escaramuza! ¡El resto conmigo, formación en cuña!
Mientras las tropas se reorganizaban rápidamente, la paladina volvió a mirar a la batalla cuando empezó a hablar en voz bien audible. Cada palabra, cada inflexión de su voz, cargó con el recuerdo de aquellos a a quienes había perdido, de aquellos que habían abandonado el refugio para seguirla a la batalla, de aquellos que habían muerto bajo su mando; y también cargó con el valor de todos aquellos que, en ese día, la seguirían hasta las puertas de la muerte.
—¡Avanzad sin temor a la oscuridad!
Trotó frente a sus tropas.
—¡Avanzad sin miedo a la eternidad!
Aura trotó cada vez más rápido, desplegando de su pesada armadura de cristal una lanza.
—¡Galopad, galopad conmigo! ¡Galopad por los caídos, por nuestros hermanos de Equestria, como ellos lo hicieron por nosotros!
La mirada de Aura se cruzó brevemente con unos milicianos del flanco. Muchos sementales y yeguas de cristal delgados, de aspecto enfermizo, víctimas del "Pulmón de Cristal". Esclavos de Sombra que entregaron su salud trabajando en las minas de cristal y, aún así, se negaron a quedarse al margen. La determinación no había abandonado sus rostros.
—¡Negro será el día en que la voluntad abandone nuestros corazones, negro el día en que olvidemos los lazos que nos unen! ¡Y hoy no será ese día! ¡Cabalgad conmigo, que vuestros actos demuestren que el Imperio de Cristal jamás se rendirá! ¡Siempre Libres!
El rugido de toda una nación repitió aquellas palabras. Aura galopó frente a todos, arengando a su pueblo a gritarlo nuevamente, siendo siempre respondida por el fervor de los Caballeros de Cristal y de todos los milicianos que los acompañaban. Los cuernos de cristal se unieron al canto y, siguiendo a la Paladina Aura, el ejército de Cristal avanzó.
Su trote se convirtió en galope, y la tierra tembló bajo los cascos de los ponis de cristal. Las llamas negras e impías surgieron desde las filas del Tártaro, cayendo como una lluvia de muerte y destrucción sobre los ponis del norte; Cadence conjuró una gran barrera, deteniendo gran parte de los ataques. Las armaduras de los caballeros desviaron muchos pero, aún con ello, varios cayeron bajo los proyectiles y se perdieron bajo las llamas. Pero su avance, determinado, no frenó en ningún instante; los demonios rugieron y cargaron contra los mortales que los atacaban.
Y la magia cayó sobre el Tártaro.
Un inmenso rayo de energía atravesó las filas demoníacas, derribando a grandes monstruos, vaporizando grupos de seres cuadrúpedos y rompiendo la carga de los demonios. Aura gritó un desafío cuando el hechizo de Cadence llegó a su fin y, a sus lados, los caballeros de cristal desplegaron lanzas de sus armaduras del mismo material un instante antes del impacto.
Golpe a golpe, muerte a muerte, los Caballeros de Cristal avanzaron y derribaron a todo demonio en su camino. Los seres más grandes a duras penas se vieron capaces de frenar a los mortales, que se colaron entre sus patas solo para girarse y rodearlos por todos los flancos. Cadence dirigió sus ataques al aire, derribando a todo diablillo cuanto pudo y abriendo el paso para que los pegasos acabaran con los restantes. El flanco derecho avanzó directo hacia la Guardia Solar, mientras Aura, en el centro, abría paso. En el izquierdo, la milicia avanzó tras los caballeros y formó una linea de lanzas y escudos para frenar al Tártaro cuyas fuerzas, en la distancia, se volvían a formar.
Y entonces, la alicornio del amor lo vio.
Baraz surgió sobre sus tropas, inmenso e imparable. Cargó directamente hacia las filas de la guardia solar, apartando a sus propios seguidores de su camino, rugiendo y convocando las llamas a su paso. Cadence conjuró contra él, pero su magia pareció rebotar en su caótica piel; los magos de la Guardia Solar redirigieron su magia y una violenta cadena de explosiones se formó sobre el gran señor del fuego y la destrucción. Una gran barrera azulada apareció frente a él y, durante un instante, Baraz se detuvo, incapaz de atravesarla. Rugiendo con tanta fuerza que hizo temblar el mundo mismo, clavó sus garras en la misma y, con una explosión de llamas y oscuridad, la desgarró y rompió.
Cadence se teleportó hacia allí, pero algo le impidió llegar, algo frenó su camino mágico. Baraz estaba impidiendo el teletransporte mágico.
La tierra se combó bajo sus garras. Lanzas de roca lanzadas por druidas ciervo rebotaron en su piel, unas pocas llegaron a atravesarla, pero el gran demonio las ignoró. La magia de cientos de unicornios impactó contra su cuerpo cuando Baraz alzó ambas garras sobre los ponis y ciervos.
—¡No!
El suelo se fundió bajo sus garras cuando estas se clavaron en la roca, extendiéndose rápidamente hacia los defensores que retrocedieron al mismo tiempo que una infinidad de esferas ígneas surgía del propio cuerpo del señor de la destrucción. Barreras mágicas se formaron un instante antes, intentando frenar la deflagración, pero Cadence fue incapaz de ver si estas habían sido efectivas.
La alicornio rosada gritó, y la magia acudió a ella.
Proyectada por encima de las posibilidades de sus alas, voló directa hacia Baraz y, mientras lo hacía, una barrera de energía se materializó a su alrededor; cuando estaba a punto de impactar, esta detonó con un fuerte estallido, y el enorme demonio fue impulsado hacia atrás.
Mientras Cadence libraba un duelo personal contra el gran señor del fuego y la destrucción, los Caballeros de Cristal llegaron hasta las filas de la Guardia Solar, reforzándola y quitándoles presión. Aura llegó a continuación y, antes de dar ninguna orden, escuchó una voz autoritaria y bien conocida.
—Solnes, mantén la linea.
Y Aura llegó a ver, brevemente, la figura del príncipe regente tomando su espada con la magia y teleportándose a la batalla.
NOTA DEL AUTOR:
Fiu, lo que me está costando. Estoy escribiendo y reescribiendo mil veces, pero me gusta cómo está quedando esta batalla. El discurso de Aura me ha costado muchas reescrituras, ya que no quería hacer el discurso de Theoden en "El Retorno del rey"... pero las referencias al mismo son clarísimas. Aún así me encanta Aura como personaje: uno que nació como un mero conducto narrativo para una escena y que pronto adquirió significado propio.
ANGELUS-Y: No tengo palabras para expresar lo que agradezco la pedazo reseña que me has dejado, y lo que me emociona saber que me consideras una inspiración. Muchísimas gracias, tengo pocos lectores pero los que tengo son una auténtica bendición :)
¡Gracias por leerme!
