Los pegasos poseídos se detuvieron en seco llevándose los cascos a la sien cuando chocaron contra una onda sonora. Lovely Rock encabezaba a Steel Note y la voz de Coloratura enmarcaba cada uno de sus acordes, arpegios y solos. Cuando los pegasos abrieron los ojos, las nubes lilas que los cubrían empezaron a desvanecerse, mirando a su alrededor confundidos, algunos revolviéndose desesperados contra los batponies que los placaban en el aire.
Sombra, habiendo detenido un hechizo de las dos alicornios que lo combatían, volvió a conjurar, todos los mortales gritando al sentir sus mentes violadas por la magia negra y demoníaca, pero la luz se alzó en el centro de la ciudad. Cinco elementos de la armonía, junto a sus portadoras, avanzaban levitando y repeliendo los poderes impíos que pretendían esclavizar a los pequeños ponis y sus aliados. Sobre los restos de la torre de astronomía que se estaba desmoronando sin remedio, Luna conjuró su magia y docenas de espadas fantasmagóricas aparecieron a su alrededor, todas apuntando hacia Sombra.
—Alejaos —ordenó Twilight telepáticamente, y todos los pegasos la obedecieron.
Un hechizo de Rey Sombra fue absorbido por un círculo blanco que se formó en el aire frente a Twilight; los ojos de esta se tornaron blancos y la magia acudió a su ser: Las espadas de Luna fueron lanzadas hacia el oscuro unicornio, y tanto ella como Twilight atacaron al mismo tiempo. El cielo se cubrió con una violenta sucesión de explosiones, magia, luz y oscuridad.
La puerta de la torre de astronomía se abrió violentamente y del edificio surgieron Hope Spell, Starlight, Trixie, Bright, Sunny, Santoj y los piratas que lo seguían. El capitán gritó una orden en su idioma natal, todos los fusiles fueron alzados y disparados hacia un enorme demonio que, entre el humo y el polvo de los edificios que caían, estaba combatiendo a alguien. El ser se revolvió por los impactos, llevándose las garras a la cara, y en ese momento algo surgió de entre sus patas: dos batponies cayeron sobre su nuca, atacándolo sin piedad, mientras una yegua saltaba sobre un montón de cascotes y se impulsaba para llegar a la garganta del ser.
Aitana no desclavó la espada de la misma hasta que el enorme demonio empezó a consumirse en un charco de llamas.
—¡Aitana, tenemos magia! —gritó Hope Spell—. ¡Está todo listo, hay que avanzar ahora!
—¡Golden, vamos!
La yegua de cristal, escondida tras una esquina, galopó hacia Aitana. Vestía al estilo de la resistencia de Canterlot, pero era muy difícil ocultar su naturaleza. Aún más, su pelaje estaba empezando a refulgir con más fuerza, la esperanza abriéndose paso de nuevo en su corazón.
Hope Spell reaccionó casi por instinto al sentir el cosquilleo de la magia demoníaca en la base de su cuerno y conjuró una protección; una bola de fuego cayó sobre ellos, y todos se percataron de que había sido dirigida específicamente contra Golden Sheaf.
—¡Lo saben! —gritó Aitana Pones, poniéndose junto a Golden—. ¡No te separes de mi!
Sobre el grupo, varios pegasos y batponies los observaron, esperando instrucciones. En el aire, las princesas Luna y Twilight Sparkle se hallaban enzarzadas en una batalla que estaba exigiendo toda su atención, pero poco a poco estaban forzando a Rey Sombra a retroceder hacia palacio. Hope Spell se adelantó.
—¡Santoj, tomad posiciones más adelante, que os ayuden los pegasos! Starlight, Trixie, cread distracciones y señuelos falsos. Bright, Sunny, MoonDancer, avanzad con nosotros —el semental conjuró, y su voz fue oída en las mentes de casi todos los mortales—. ¡Avanzad a Palacio!
El retorno de la magia cambió completamente el curso de aquella batalla.
Los magos de la Guardia Solar y Lunar, capaces ahora de cubrir el avance de sus compañeros, rechazaron con facilidad los negros demonios de la dominación que invocara Rey Sombra. Otros unicornios, a pesar de no estar entrenados, lanzaron conjuro tras conjuro al aire, derribando a tanta criatura como pudieron. Los grandes demonios del fuego y la destrucción se vieron asediados por una lluvia incesante de magia. Protegidos por la magia combinada de Bright, MoonDancer y Hope Spell, y cubiertos por los fusiles de Santoj y sus tiradores, Aitana y Golden Sheaf galoparon tan rápido como pudieron hacia el palacio de Canterlot.
Súbitamente, un rayo cayó en la gran avenida, ramificándose a través de las calles y chispeando con violencia. De una calle secundaria, un grupo de ponis surgió, protegidos por todas direcciones con barreras mágicas, formando al instante en la avenida y avanzando rápidamente. En el centro de ellos, la enorme cornamenta de Asunrix destacaba, el azulado resplandor de guerra de Gaia haciéndola brillar, mientras los elementales del fuego y la tormenta se desplegaban a su alrededor.
Pero su avance se detuvo. Frente a la formación, varios demonios cargaron, obligándolos a frenar, formar y resistir sus ataques. Aitana se detuvo, dudando de por dónde avanzar, o por dónde era más seguro llevar a Golden Sheaf. Varios pegasos pasaron en formación sobre ellos, uniéndose al combate que libraban las fuerzas lideradas por Asunrix, pero uno de ellos aterrizó junto a Aitana y Hope Spell.
—Los Caballeros de Cristal están avanzando por la avenida principal hacia palacio.
—Llévanos con ellos —ordenó Hope—, ella tiene que llegar a salvo —añadió, señalando a Golden Sheaf.
—Exploraré por delante.
Guiados por el pegaso, que les hizo cambiar de rumbo en varias ocasiones para evitar el peligro, finalmente vieron la avenida principal al final de la calle que recorrían. El pegaso les indicó que se detuvieran y, tras unos segundos, sintieron cómo el suelo temblaba. Al momento, los Caballeros de Cristal, lanza en ristre y cascos bajados, avanzaron a pleno galope. Aitana y Hope fueron los primeros en salir tras ellos: eran unos quince caballeros, no demasiados, pero los suficientes para abrirse camino gracias a sus pesadas armaduras.
Los pequeños demonios de la dominación fueron incapaces de atravesar sus armaduras mágicas y afectarles; los demonios del fuego y destrucción que surgieron a su paso no pudieron resistir su embestida, siendo derribados, pisoteados y rematados sin compasión. Acercándose ya a la muralla interior que rodeaba el palacio de Canterlot, bolas de fuego y proyectiles ígneos fueron lanzado contra los Caballeros, y en ese instante se vieron obligados a frenar y protegerse de los ataques.
No duró demasiado: Varias formaciones de pegasos pasaron a toda velocidad a ras de la muralla, atravesando con sus lanzas y proyectiles a los demonios que la defendían.
La luz súbitamente pareció oscurecerse: como una enorme nube negra, Rey Sombra retrocedió al palacio. Tras él, un muro de demonios negros se lanzó para frenar a las dos alicornios que lo perseguían, seguidas de cerca por todas las fuerzas supervivientes de Cloudsdale. Entre las calles, los batponies de Hollow Shades se lanzaron sobre los demonios que evitaban el avance de Asunrix y otros soldados.
Los Caballeros cargaron contra la puerta de la muralla que daba acceso a los jardines reales, carbonizados hasta las cenizas. Los primeros que entraron junto a Aura a duras penas tuvieron tiempo de ver lo que ocurría: Las rocas, el fuego, el hielo y la tormenta danzaban por doquier en una violenta tormenta en cuyo epicentro se encontraba una poni. Una ola de fuego y tierra se echó sobre los caballeros, derribando a dos que gritaron durante unos interminables segundos cuando los elementales del fuego encontraron resquicios entre sus armaduras.
Aura, con el casco arrancado, se puso en pie forzando sus pezuñas para romper el hielo que se había formado sobre las mismas tratando de atraparla. Un rayo eléctrico fue desviado por su armadura, impactando contra la muralla a su espalda en una ensordecedora explosión, y por fin la paladina descubrió a su enemiga.
Frente a la puerta del palacio, una yegua de refulgentes ojos azules conjuraba sin cesar: su pelaje era rosa blanquecino, y sus crines, de un vibrante color rojo, se sacudían violentamente con la magia elemental que la rodeaba. Violet le devolvió la mirada y, cuando gritó un hechizo, lo hizo coreada por el antinatural poder que el Tártaro había concedido a una ya talentosa elementalista de batalla. Aura saltó, evitó un ataque e intentó cargar contra ella; el suelo bajo sus patas se agrietó hasta que perdió en equilibrio y cayó pesadamente al suelo.
Una enorme cuchilla de hielo y tierra se formó sobre ella para darle muerte; en ese momento, un casco se apoyó sobre su flanco y sintió la inconfundible opresión mágica al ser teleportada. En esos escasos instantes que tardara en reaparecer y reorientarse, pudo llegar a ver, a veinte metros de distancia, cómo la lanza elemental que la habría matado se clavaba en el suelo de piedra. Junto a la Paladina, Starlight Glimmer y Bellatrix Lullamoon conjuraron sus defensas mientras la traidora Violet se giraba hacia ellas.
Trixie miró a su compañera con la duda reflejada en la mirada.
—¿Podemos con ella?
—¿De frente? No. Es una elementalista acostumbrada al combate, y ha hecho algún pacto con el Tártaro.
—¿Entonces?
—Estate atenta. Ha preparado algo...
Starlight miró atrás, viendo cómo miembros de las guardias, las resistencias, y cualquiera que pudiera luchar tomaba la muralla interior que rodeaba el palacio para contener a los demonios que seguían reapareciendo en la ciudad. Aitana Pones, Hope Spell y quienes los seguían no habían entrado por instrucciones de la paladina Aura: sabiendo ya el plan, había ordenado que permanecieran fuera hasta que la entrada al palacio fuera segura. Y todas supieron que había sido la orden acertada cuando la tierra empezó a temblar.
Violet conjuraba con furia, sus ojos azules refulgían con un infernal brillo rojo, mientras los elementales eran esclavizados a su voluntad.
El fuego surgió por doquier, el aire se convirtió en tormenta y rayos, y la magia antinatural del Tártaro se combinó con los elementales de la tierra, del fuego y del agua, incapaces de responder a las órdenes que Gaia, dirigida por los guerreros druida, les daba. El casco de Aura se reformó, rayos y llamas impactando contra su cuerpo y obligándola a protegerse; Trixie y Starlight conjuraron una barrera en torno a las tres y, al mismo tiempo, docenas de unicornios hicieron lo propio por todos los jardines reales. Aquellos que no lo lograran saltaron al suelo, gritando mientras los rayos, el fuego y las llamas impías lo tomaban todos. El suelo estalló bajo los cascos de muchos ponis, el agua surgió de la tierra y formó afilados cristales.
Los gritos de dolor, confusión y terror se sucedieron por todo.
—¡Distraedla! —ordenó Aura.
—¡Trixie, es tuya!
Starlight tomó el control de las defensas y la yegua de espectáculo conjuró al instante. Una densa explosión de humo se produjo en torno a Violet y Aura abandonó la barrera que la protegía a pleno galope. El embate del viento trató de desviarla, las piedras golpearon inofensivas su armadura, y la magia elemental a duras penas logró atravesar su armadura resistente como el diamante. Cargó hacia la creciente nube de humo que conjurara Trixie, directamente hacia donde calculó que debía hallarse Violet.
Cuando salió al otro lado de la nube, confirmando que no había alcanzado su objetivo, la paladina saltó a un lado al sentir cómo la magia se echaba encima de ella. Algo la golpeó con fuerza, proyectándola contra un muro; hubo una explosión de aire, el humo se disipó y, frente a Aura, Violet se mostró en todo su terrorífico esplendor. Su pelaje refulgía con caóticos patrones elementales, sus ojos brillaban rojos y antinaturales, y la magia lo tomó todo. El infierno que la paladina atravesara demostró no haber sido más que un preámbulo de las verdadera capacidades de aquella elementalista: el fuego y el rayo cubrieron cada centímetro de aquel espacio que una vez fuera un vibrante jardín; el suelo estalló bajo aquellos que cargaban contra la elementalista, o bajo aquellos que se habían echado a tierra desesperados por salvar la vida. Tan solo una diminuta zona, aquella donde Aura se encontraba, quedó libre de aquella pesadilla elemental.
—¿Lo sientes, paladina? —susurró ella, su voz enloquecida por el poder—. Mis señores se vuelven más poderosos con cada grito, con cada muerte —Aura intentó saltar hacia ella, pero cientos de cascotes levitaron y la atraparon contra el muro; las llamas impías y los rayos surgieron entre los cascotes, haciéndola gritar con cada descarga mientras su armadura se calentaba paulatinamente—. Rey Sombra tiene un lugar reservado para ti, paladina: tus gritos acabaran con la esperanza de tu pueblo.
—¡Jamás! —replicó ella—. ¡Nunca nos rendiremos!
—Pronto suplicarás para que te mate, y yo…
—¡Jooooooder! ¿Es que la imbécil esta no se va a callar nunca?
Violet alzó la mirada y, en una ventana a poca altura sobre la cabeza de Aura, vio un semental unicornio naranja cuyas crines tenían las puntas chamuscadas; levitando en un campo de magia, una pistola apuntaba directamente la sien de Violet. La magia se congregó inmediatamente entre el arma y la maga, y esta sonrió mientras llamaba a la furia elemental para acabar con aquel insensato.
Hubo una detonación sobre la muralla, a distancia, y un instante después la sangre salpicó a Aura. Violet gritó y cayó al suelo con una gran herida en el cuello. Fire Roar saltó al suelo e, inmediatamente y sin vacilación, apretó la pistola contra la sien de la hechicera infernal y apretó el gatillo. La magia infernal empezó a desaparecer, y los elementales fueron deteniendo su alocada danza. Fire Roar hizo señales hacia donde estaban Starlight y Trixie; junto a ellas, Poison Mermaid recargaba su arcabuz.
—¡Capitana, está muerta!
—¿Seguro?
Fire tomó una segunda pistola y, a quemarropa, la disparó de nuevo contra la cabeza de Violet.
—Sí. Seguro.
Las rocas que aprisionaban a Aura perdieron la fuerza que la aplastaba contra la pared, y la paladina necesitó unos segundos mientras la electricidad que había tomado su cuerpo llegaba a su fin. Sobre la muralla que rodeaba los jardines, Poison se acercó y, tras descerrajar un nuevo disparo en el cuerpo de Violet murmurando "por si acaso", ella y Fire Roar ayudaron a Aura a quitarse las rocas de encima.
El resto de combatientes mortales entraron en el recinto, tomando posiciones en las murallas; Santoj y sus tripulantes se repartieron por la muralla, abriendo fuego casi al instante, mientras grupos de pegasos interceptaban a docenas de demonios negros que ya estaban reformándose en el aire y atacando a los defensores. No a pocos pasó desapercibido cuánto había disminuido el número de los valientes llegados desde Cloudsdale.
Aitana, Hope Spell y Golden Sheaf fueron los últimos en entrar antes de que cerraran las puertas y se dirigieron al centro de los jardines. Uno a uno, los líderes de cada grupo de combatientes empezaron a reunirse con ellos.
—Los demonios del fuego se están reformando —informó Moonlight Sonata. Seguía agitado y manchado de sangre ajena—. Mis soldados los están conteniendo por el momento, pero tendrán que retirarse aquí pronto. Darán tiempo para reforzar la muralla.
—Hemos perdido muchos —intervino Hope Spell—. De no haber vuelto la magia cuando lo hizo...
—Necesitamos resistir mientras damos muerte a Sombra —el gran ciervo marrón brillaba, pues Gaia estaba atenta a sus instrucciones y ayuda.
Cinco yeguas llegaron en aquel momento. Las portadoras de los elementos de la armonía parecían en buen estado, y enseguida se dirigieron al grupo. Tras ellas, la banda Steel Note empezó a montar sus instrumentos en una plataforma que había en el centro del chamuscado jardín. En cuanto tocaron las primeras notas de un nuevo tema, el constante terror que causaba la presencia del Tártaro pareció echarse a un lado en las consciencias de todos los presentes.
—¡¿Dónde está Twilight, está bien?! —gritó Rainbow Dash.
—Está bien, querida. Si no lo estuviera, ya lo habríamos notado —respondió Rarity con calma. Justo en ese instante, hubo una gran explosión lavanda en el aire, al otro lado del castillo—. Está por ahí.
—¡Hemos liberado a muchos ponis de los demonios malos! Eran malos, malos, malos, ¡pero Steel Note nos ayudó con música!
—Honestamente, azucarillo, me temí que no funcionara.
—Tenemos que terminar con esto ya —suplicó Fluttershy—. Hay que terminar ya —repitió con un hilo de voz.
Dos figuras aterrizaron junto a los presentes, y todos guardaron silencio al verlas. La magia refulgía en las almas de las princesas alicornio, y a nadie pasó desapercibida aquella manifestación de poder. Twilight mostraba un corte en el pecho, pero la magia lo estaba sanando como si nunca hubiera sido herida. El pelaje de Luna, por contra, era más oscuro de lo habitual, pero no se había vuelto completamente negro como cuando se dejaba llevar por la magia de su alma.
—Aitana, es necesario conocer vuestro plan ahora.
La aludida asintió y señaló a Golden Sheaf, quien se quitó el casco. A pocos les pasó desapercibido cuánto había recuperado el brillo su pelaje.
—Rey Sombra es en realidad un unicornio poseído por un gran demonio de la oscuridad y la dominación. Su verdadero nombre es Amber, y ella —dijo, señalando a Golden—, es su prometida. Es amor verdadero.
Aitana Pones caminó frente a los presentes, hablando claramente y vocalizando poco a poco, asegurándose que cada una de sus palabras era bien comprendida. Hope Spell, por un momento, pensó que se parecía mucho a su padre.
—La única forma de vencerlo será separando al demonio de Amber, pero en este estado vuestra magia será inútil si no lo hacemos bien. Hope Spell, necesitaré que traces un círculo de exorcismo a su alrededor. Princesas Luna y Twilight, cuando os dé la señal deberéis mantener a Sombra en el círculo. Cuando esté todo preparado, y después de que Golden haya contactado con Amber, ejecutaremos el exorcismo.
—¿Qué? —dijo ella—. No… no lo entiendo.
—¿Amas de verdad a Amber?
Hubo un tenso silencio ante esa pregunta.
—Sí… por supuesto. Siempre. ¿Pero qué tiene que ver?
—Porque la amistad, la armonía y el amor son las magias más poderosas de nuestro mundo. Ellas seis —señaló a las portadoras de los elementos— han acabado con peligros contra los que yo jamás hubiera podido, y fue gracias a la amistad que las une. La princesa Cadenza y su marido Shining Armor pudieron repeler la dominación de Chrysalis y la magia de Sombra a través de su amor. Así que te lo voy a preguntar otra vez: ¿Amas a Amber?
La aludida miró a los ponis y ciervos que la rodeaban.
—Sí —declamó con convicción—. Con toda el alma.
—Entonces podemos vencer —respondió la Arqueóloga.
—Maldita sea, Aitana, ¿no podías habérselo preguntado antes?
—¡Casi me da un patatús!
—Un plan tan perfecto, ¿y no se te ocurrió comprobar su pieza clave, Maestra Arqueóloga?
—¡Bueno, ya está bien, lo di por supuesto! Golden, Amber no está muerto, tienes que hacerle reaccionar, debe luchar contra el demonio, si no no podremos ayudarlo. ¿Entiendes?
Aura se adelantó.
—Mis Caballeros y yo os abriremos camino hasta la sala del trono. Sombra os esperará ahí.
—Azucarillo, perdona, ¿pero estás segura? —cuestionó Applejack—. Quizá haya huido.
—Si lo hubiera hecho, sus demonios lo habrían seguido. Quiere vencer aquí y ahora, no nos dará oportunidad de reorganizarnos o buscar más aliados. Yo no lo haría.
—Pienso igual que Aura —añadió Moonlight Sonata—. Los soldados de Hollow Shades protegeremos los pasillos secundarios, no dejaremos que os rodeen. Necesitaremos protección para nuestras mentes.
—La resistencia de Manehattan se encargará de eso.
—El resto de Caballeros de cristal, milicianos, miembros de la resistencia y guardias deberán resistir aquí —concluyó Luna—. El enemigo seguirá atacándonos por la espalda.
—Yo iré con vosotros —sentenció Asunrix—. El resto de guerreros resistirán en estas murallas.
—Yo también iré —anunció Poison Mermaid—. Fire Roar, quedas al mando aquí fuera: contened a los demonios.
—Mis cojones. Al mando se queda Helm Salt. Yo voy contigo hasta el fin del mundo.
Poison no replicó, sabedora de que ninguna orden disuadiría a ese espitoso unicornio. En aquel instante, un pegaso llegó hasta el grupo y se cuadró militarmente. Portaba una armadura ligera con los emblemas del Imperio de Cristal.
—¡Princesas, Paladina! —saludó apresuradamente—. La princesa de cristal y el príncipe regente están conteniendo a las fuerzas de Baraz. No consiguen darle muerte, resistirán todo el tiempo que puedan.
—¿Pueden retirarse hasta la ciudad?
—No —dijo tajante el pegaso, en respuesta a la pregunta de Moonlught Sonata—. La carretera angosta no es terreno para la caballería del imperio; resistirán en el valle.
Aura, Moonlight, Twilight y Luna intercambiaron miradas. Todos ellos entendían la situación: los Caballeros de Cristal eran resistentes y, en combate, contaban con fuertes cargas para romper las líneas enemigas. Si no podían vencer a Baraz, aquella iba a ser una batalla de desgaste en las que las fuerzas del Tártaro, regenerándose continuamente, tenían asegurada la victoria. Era cuestión de tiempo.
La princesa Luna se adelantó.
—¡Entramos a palacio en dos minutos! ¡Todos preparados!
NOTA DEL AUTOR:
Ufff, ufff, ufff... una batalla en cuatro partes. Creo que me he superado en cuanto a longitud para mis estándares.
