La gran puerta del palacio de Canterlot, sostenida por un gran demonio cuadrúpedo, fue sacudida por impactos de gran fuerza. El ser resistió todos ellos y, tras él, la gran entrada se abría a una sala semicircular bellamente ornamentada y diseñada para recibir a los invasores con una lluvia de proyectiles, fuego y acero. En cada ventana elevada, pequeños demonios del fuego rugían con el fuego radiando en sus fauces. En la única puerta que había al otro lado de la entrada, grandes seres de sombra y garras aguardaban impacientes.
Los impactos cesaron.
Durante unos segundos, nada ocurrió.
Hasta que un haz de magia purpúrea atravesó la madera y la carne del demonio con facilidad. El gran ser trató de retroceder mientras una sucesión de rayos mágicos atravesaban la madera y le impactaban sin piedad; con un gran estrépito, la puerta se abrió saliéndose de los goznes y, al otro lado, las dos princesas alicornio se echaron atrás.
Proyectiles ígneos fueron lanzados hacia los mortales, pero varias barreras mágicas aparecieron y los detuvieron. Uno a uno, miembros de la resistencia de Manehattan se asomaron, disparando sus ballestas y magia con precisión y volviendo a esconderse. Varios demonios cayeron y, en ese preciso instante, no demasiados, pero el fuego se formó en el exterior del palacio.
El unicornio naranja apareció. Los disparos de los demonios fueron detenidos por las barreras y Fire Roar conjuró, alzando con su magia una docena de pistolas de yesca. En tres salvas, todas fueron disparadas derribando a más demonios, y al instante los Caballeros de Cristal cargaron seguidos de cerca por los batponies de Hollow Shades.
Mientras unos pocos batponies hacían frente a los demonios tiradores, los Caballeros derribaron a los seres de sombras y garras, y se abrieron camino a través de los pasillos del palacio. Tras ellos fueron las dos princesas alicornio, Hope Spell, Golden Sheaf, Aitana Pones, Asunrix, Poison Mermaid, Fire Roar y las portadoras de los elementos. A medida que avanzaban, a medida que se aproximaban a la sala del trono, el resto de miembros de la guardia lunar y los guerreros de Hollow Shades, apoyados por los magos de la resistencia, tomaron todo pasillo lateral y entablaron combate con los demonios que intentaron rodear a las fuerzas unidas de Equestria.
Llegaron hasta una gran puerta, aquella que daba al atrio central y la última antes de llegar a la sala del trono. Aura, junto a otros Caballeros, la echó abajo con el peso de su carga y, cuando puso un casco en el atrio, la magia del Tártaro se congregó bajo ella y todo se tornó rojo; sin pensar en lo que hacía saltó hacia atrás antes de que enormes llamas la cubrieran. Sus compañeros no fueron tan rápidos, y hubieron de rodar entre gritos cuando lograron salir de aquel infierno.
Al otro lado, un enorme demonio bípedo alzaba sus deformes garras, convocando el fuego del Tártaro, mientras más demonios surgían a su alrededor entre deflagraciones de llamas. Como un mar reptante, el incendio se extendió hacia el exterior intentando atrapar a los mortales… pero una luz blanca lo detuvo. Con Fluttershy al frente, y acompañada por sus cinco amigas, la luz de los elementos de la armonía frenó el fenómeno; Luna y Twilight Sparkle conjuraron al mismo tiempo y el gran demonio cayó, desvaneciéndose rápidamente en un charco de llamas.
Pero, tras el mismo, una docena de pequeños demonios cargaron hacia el frente. Aitana, Hope Spell, Asunrix, Poison Mermaid, Fire Roar, Moonlight Sonata y la Paladina Aura se adelantaron.
Poison levantó el fusil, derribando a un demonio en pleno vuelo. Siempre a su lado, Fire Roar disparó sin cesar, recargando dos pistolas con su magia al tiempo que disparaba una tercera.
Aitana disparó su ballesta, matando a otro, y desplegó su espada.
Asunrix golpeó el suelo con una pezuña, su cornamenta refulgió y la tierra se combó cuando grandes ramas y rocas puntiagudas atravesaron a los seres del Tártaro.
Los demonios lanzaron sus hechizos, pero todos ellos fueron desvanecidos por la magia blanca de Hope Spell. El unicornio verde tomó la espada que una vez fuera del profesor Pones y avanzó junto a Aitana; Asunrix tomó su lanza y se puso al otro lado de la misma, mientras Aura galopaba hacia un flanco.
Tras el grupo, Trixie y Starlight lanzaron ataque mágico tras ataque mágico, cubriendo a los compañeros que se preparaban para el cuerpo a cuerpo. Se produjo una explosión de llamas junto a ambas, y vieron cómo de la misma un enorme demonio del fuego surgía clavando sus garras ígneas en la piedra del suelo. Trixie se llevó un casco a la boca y silbó fuertemente. Antes de que el demonio acabara de poner los pies en este mundo, algo enorme cargó contra él y lo derribó. La mantícora placó al ser contra el suelo, lo mordió en el cuello y lo apuñaló repetidamente con su cola de escorpión.
—¡Buena chica, Fluffy!
Aitana esquivó un ataque y rajó al monstruo responsable con el mismo movimiento; a su izquierda, Asunrix ensartó a otro mientras los elementales que danzaban con su voluntad atacaban a un tercero en el aire; el mundo se oscureció durante un instante mientras un demonio de la pesadilla intentaba violar la voluntad de los mortales, pero Hope Spell reaccionó al instante y le dio muerte con la espada; incapaces de recargar tan rápido, Poison Mermaid y Fire Roar tomaron las cimitarras y saltaron al cuerpo a cuerpo mientras Moonlight interceptaba en el aire a varios demonios, bufando salvajemente mientras les daba muerte. Aura cargó por un flanco, derribando a varios enemigos y chocando finalmente con el más grande, combatiéndolo firme y disciplinadamente, acorralándolo poco a poco contra una pared.
Pero los demonios empezaron a llegar en masa. Por distintos pasillos al fondo del atrio, saliendo de puertas y ventanas, los monstruos se echaron sobre los Cazadores de demonios.
Pero no llegaron lejos.
Barreras mágicas aparecieron frente a cada monstruo, frenándolo en seco u obligándolo a maniobrar. Al instante, una tromba de proyectiles mágicos de un brillante azul marino impactaron contra cada ser, proyectándolo a distancia o dándole muerte inmediatamente. Tras las princesas alicornio, batponies y miembros de la guardia solar llegaron, cargando contra los seres y apartándolos de aquellos que tenían una posibilidad de dar muerte a Rey Sombra.
Con el camino controlado por tropas aliadas, el grupo avanzó hacia la puerta de la sala del trono. Con un conjuro de luna, esta se abrió de par en par.
La que una vez fuera una brillante sala blanca que representara los valores de la armonía que regían el reino de Equestria se había tornado en una oscura versión destinada a llevar el terror a aquellos que se hallaran ante la presencia del regente. Las enormes cristaleras habían sido rotas y sustituidas por patrones geométricos rojos y negros. Los escalones donde se alzaban anteriormente los tronos de las princesas, hechas para recibir a los ciudadanos de cualquier clase, ahora eran altas, empinadas y oscuras, diseñadas para ensalzar el poder de aquel que se sentara en aquel trono rojo como la sangre.
Pero el señor de las sombras no estaba por ningún lugar.
—¡Mostraos, cobarde! ¡Nós no estamos indefensa como nuestra hermana!
—¿Seguro que no ha huido? —cuestionó Rainbow entre susurros.
La oscura risa de Sombra resonó por la cámara. Aitana y Luna fueron los únicos que no giraron sobre sí mismos, buscando un punto de origen de la misma que sabían que nunca encontrarían.
—¡No os separéis! —gritó Aitana, notando cómo la luz moría rápidamente—. ¡No os separéis!
Fue solo cuestión de segundos antes de encontrarse ella misma perdida en un océano de oscuridad y sin poder ver a nadie a su alrededor; no era la primera vez que un demonio la intentaba ahogar en la oscuridad de su propia mente, y siempre acababa encontrando la forma de escapar. Con la espada preparada, giró sobre si misma y buscó una criatura, un cambio, algo que le indicara cómo salir de aquella pesadilla que estaba invocando Sombra; durante un interminable instante no pudo escuchar nada más que su propia respiración y los latidos de su corazón en los oídos. En poco tiempo pudo ver una luz como no había visto jamás en esas circunstancias: era brillante, con todos los colores del arco iris, y creció en intensidad hasta que la yegua marrón tuvo que entrecerrar los ojos para no quedar cegada.
Con la luz de los elementos de la Armonía centrada en Twilight Sparkle, todos volvieron al mundo real. Aitana saltó a un lado, esquivando un cristal negro que había surgido del suelo. Por un instante creyó que le fallaba la visión o que alucinaba, pero la realidad es que la gran sala estaba cubierta por jirones de oscuridad que se mezclaban con las oscuras paredes y el suelo; sintió el calor de la magia blanca, y una gran luz fue lanzada desde el cuerno de Hope Spell, detonando en el aire y haciendo retroceder a la antinatural oscuridad.
Tan solo habían pasado segundos cuando escucharon un impacto metálico seguido del gruñido de dolor de una yegua. Rey Sombra retiró la guadaña y Aura, frente a él, cayó al suelo, su armadura rota allá donde la oscura arma la había atravesado.
—¡Twilight, los elementos!
Gritando eso, Starlight Glimmer y Trixie avanzaron junto a Luna, lanzando todo tipo de conjuros al negro unicornio. Este retrocedió protegiéndose, pero pronto su forma se deshizo como si se hubiera convertido en brea negra; el fenómeno se movió a una velocidad imposible y, para cuando Trixie pudo reaccionar, la negra guadaña del tirano ya se echaba sobre ella.
De cada una de las portadoras surgió un haz de energía, convergiendo todos sobre la portadora de la magia elemental.
El arma, sedienta de sangre y almas, atravesó limpiamente a Trixie… y la yegua de espectáculo se deshizo en el aire. Habiendo visto el engaño demasiado tarde, Sombra recibió un potente hechizo de luna de lleno, retrocediendo mientras sus defensas lo protegían.
La magia de los elementos de la armonía se congregó en la diadema de Twilight; esta emitió una enorme ola de luz y color que, trazando un gran arco, cayó sobre Sombra. Aitana observó, esperanzada, cómo este alzaba su guadaña como para protegerse; la magia combinada de los elementos chocó con la infernal arma, y Rey Sombra fue empujado hacia atrás, resbalando sobre el embaldosado.
Aitana supo lo que iba a pasar cuando observó cómo el oscuro mago asía la guadaña con su magia, en cómo daba un paso a un lado, y se cubrió. Sombra sacudió el arma hacia su izquierda, y la magia de los elementos de la armonía fue desviada en esa dirección, impactando con una potente detonación en el suelo. Con pequeñas piedras todavía cayendo por toda la estancia con un sonido similar al granizo, el oscuro unicornio avanzó.
—¿Eso es todo, joven princesa? Me decepcionas.
—¡Hope, hazlo!
El aludido conjuró mientras Aitana se lanzaba hacia Sombra. La yegua marrón hizo gala de todas sus habilidades en combate, lanzando una incansable sucesión de espadazos, golpes, fintas y esquivas hacia el oscuro señor del Tártaro, pero ninguna alcanzó su objetivo: Sombra respondía a cada finta a una velocidad inusitada, su guadaña siempre se interponía en el camino de la espada de Aitana, y la única ocasión que podría haberlo herido superficialmente, una barrera mágica lo protegió de todo daño. La oscuridad tomó todo el lugar, y cuando escuchó a las portadoras de los elementos gritar, Aitana tuvo la certeza de que más demonios de la dominación se estaban uniendo a la lucha.
Cuando Sombra iba a descargar su guadaña sobre Aitana, la lanza de Asunrix se interpuso entre ambas; los elementales que lo acompañaban murieron contra las defensas de Sombra, y los ataques combinados del druida y la arqueóloga se vieron igualmente anulados. Moonlight Sonata cayó sobre el rey, pero una sola mirada de este bastó para que el batpony cayera al suelo, agarrándose la cabeza mientras la Sed se abría camino en su consciencia. Fluttershy voló hacia él y lo tomó entre los cascos, susurrándole palabras de confort.
Yegua de tierra y ciervo saltaron atrás al mismo tiempo, pero el mago oscuro conjuró y la muerte y la oscuridad surgieron a su alrededor; antes de ser alcanzados, Aitana y Asunrix fueron tomados por sendos campos de magia y lanzados hacia atrás. El oscuro mago dirigió su voluntad hacia aquellos cazadores de demonios que escapaban de sus ataques, pero algo estalló sobre su rostro. Una nube de vapor rojizo lo cubrió, y Rey Sombra clavó su mirada en Poison Mermaid, cuyo fusil, libre de su agarre, caía al suelo al mismo tiempo que ella apuntaba hacia el negro unicornio con una pistola.
—Esto es por la Sirena.
La vaporosa nube se inflamó, cubriendo al rey de llamas; antes de que estas se extinguieran, una sucesión de rayos mágicos chocó contra las barreras que protegían a Sombra: Trixie y Starlight luchaban con compenetración, combinando sus fuerzas mágicas, pero sus hechizos se detuvieron en el aire. Sombra salió de entre las llamas y su cuerno refulgió, negro como la noche: Toda la magia acumulada fue devuelta a sus lanzadoras. Starlight intentó conjurar una barrera, Trixie saltó su amiga… y ambas recibieron el impacto de las explosiones, siendo lanzadas atrás y rodando por el suelo hasta una pared. El repiqueteo de las pistolas siguió a aquella explosión mientras Poison y Fire vaciaban todas sus armas sobre el negro unicornio.
Hubo chillidos antinaturales: docenas de demonios habían surgido de la oscuridad convocada por Sombra, lanzándose sobre las portadoras y, especialmente, sobre las dos princesas alicornio. Mientras estas despachaban a los últimos, ambas tuvieron que protegerse tras sendas barreras mágicas: una infinidad de ataques mágicos surgió a su alrededor, de cada jirón de oscuridad reptante, impactando contra ellas sin cesar. Cuando Twilight se centró en proteger a ambas para dar tiempo a Luna a contraatacar, todos escucharon un agudo grito. El grito de una yegua que raramente alzaba la voz.
Applejack coceó a un demonio que la impedía avanzar.
Rainbow voló hacia arriba, esquivando a otro mientras gritaba un nombre.
Pinkie Pie, agarrada a una columna de forma imposible, miró espantada hacia un punto.
Rarity conjuró, y de su cuerno surgió un rayo plateado.
Fluttershy caía hacia atrás al haber intentado esquivar el ataque. Frente a ella, levantándose del suelo con la espada desplegada. Moonlight Sonata bufaba, sus colmillos largos y sus ojos afilados y, siguiendo la trayectoria del arma, un reguero de sangre trazaba su camino entre la pegaso y el batpony.
El rayo de Rarity impactó contra Moonlight, separándolo de su amiga. Rainbow Dash aterrizó después junto a la portadora de la Bondad elemental, gritando su nombre y tapando la herida con la pata. Luna conjuró al instante, atrapó al batpony y lo estrelló contra un muro, dejándolo caer inerte al suelo.
—¡Listo! —gritó Hope Spell.
Todos los unicornios presentes concentraron su magia en puntos concretos del suelo. Twilight y Luna se teleportaron a lados opuestos de Sombra y empezaron a atacarlo sin cuartel, forzándolo a retroceder, mientras el círculo rúnico crecía a su alrededor. El oscuro señor del Tártaro rio.
—¡Ilusas! ¡Jamás podréis devolverme al Tártaro así! ¡Vuestra magia es inútil!
—¡AMBER! —Golden Sheaf apareció en la sala, deshaciéndose de su disfraz de soldado de la resistencia, mirando con ojos imploriosos al unicornio que una vez fuera su prometido—. ¡Amber, tienes que luchar, tienes que volver!
—Amberat Preôt está muerto —replicó Sombra.
Pero el rey gritó como si algo le hubiese impactado. Aitana Pones se había unido al círculo rúnico, posando una pata sobre el mismo y hablando en voz alta.
—¡Imperator, Mater Luminis, Pte-Ska Win, Enlil, Zmeu! ¡Ayudadnos, dadnos vuestra fuerza, rectitud, valor y sabiduría!
—¡Es inútil invocarlos, mortal! ¡Ningún titán puede conmigo! —gritó entre carcajadas.
Apoyándose en Rainbow, Fluttershy se unió a la invocación junto a sus amigas. Rarity, la más cercana, miró la herida de su cándida amiga, para descubrir que esta se estaba cerrando como por arte de magia. Rainbow respondió a la silenciosa pregunta mirando a su amiga con la misma confusión reflejada en su rostro.
La magia se hizo cada vez más potente, cada vez más palpable, mientras el ritual avanzaba y Golden llamaba a su amado. Pero, por alguna razón, a pesar de todos los que lo rodeaban, Sombra tan solo miró a Aitana Pones, alzó una pata y gritó algo en el idioma maldito del Tártaro. Cerró los ojos con fuerza y se cubrió, preparada para lo peor, pero no llegó a recibir ningún impacto; la magia de Sombra pasaba a escasos centímetros sobre su cabeza, Golden Sheaf se interponía entre ella y Rey Sombra y este último había desviado el conjuro. Cuando el hechizo acabó, el negro unicornio la miró y, por un instante, hubo un cambio en la perpetua máscara de furia y maldad que siempre portaba.
—¿Goldie?
—¡Exorcismo, ahora!
Dirigidos por Twilight y Luna, todos los unicornios conjuraron sobre Sombra. Este cayó al suelo, agarrándose la cabeza y gritando, y a cada grito la profunda voz del tirano pareció desdoblarse, como si hubiera dos seres gritando al mismo tiempo. Poco a poco las voces se separaron, recuperaron sus propias identidades, hasta que escucharon la de un semental gritar "¡Déjame!".
Y Sombra fue expulsado del cuerpo de Amberat Preôt.
Como una mancha infecta arrancada a la fuerza de su huésped, luchando a cada instante, gritando y convocando demonios que todo aquel que no conjurara se afanó en interceptar, algo a medio camino entre lo espiritual y lo físico se fue acumulando junto al unicornio. El cuerno de este se volvió recto y perdió su punta incandescente; la crin, que hasta entonces aparentaba estar hecha por llamas negras, se volvió larga y lacia. Finalmente, el unicornio Amber, libre de la posesión, cayó inconsciente al suelo. Golden Sheaf saltó sobre él y lo abrazó, gritando su nombre, pero ambos fueron rápidamente apartados por Asunrix que había visto el peligro.
En el centro del círculo, aquella sustancia indescriptible empezó a tomar forma. Se alzó en el aire sobre cuatro hilos que rápidamente adoptaron la forma de unas largas patas; el cuerpo se materializó sobre las mismas, alargado y simétrico, y los músculos aparecieron sobre el mismo antes de que un pelaje negro los cubriera. Pero no era pelaje: era una noche estrellada y sin luna. Los astros se movían sobre su cuerpo, como danzando con cada movimiento que hacía, enmarcando sus pasos en cadencias orbitales. Dos grandes alas se desplegaron y, sobre la cabeza, apareció un largo cuerno curvo de punta roja. Todos retrocedieron ante aquella aparición. La criatura abrió los ojos, rojos e incandescentes, y posó la mirada en Luna.
En ese instante, la princesa de la noche, la que una vez fuera la personificación de la noche eterna y la pesadilla en vida, dio un paso atrás.
Applejack recordó claramente unas palabras que la habían seguido desde que Weischtmann fuera derrotado en el Imperio de Cristal: "Ningún mortal puede abrir un portal así".
Twilight miró a la princesa de la noche buscando una explicación, aún sabiendo que había leído sobre aquel alicornio en antiguos tratados de mitología. Y recordó, también, cómo Celestia y Luna habían evitado responder a las preguntas que levantaran las palabras de Weischtmann. "No creas las palabras del Tártaro".
Asunrix sintió la agitación de la madre tierra, a los elementales huyendo, a Gaia gritando, por imposible que pareciera, aterrada. Gimiendo como un bebé asustado, como si hubiera reconocido a un antiguo aliado que la había traicionado, a un poder tan inconmensurable al que ni siquiera Gaia podía aspirar a enfrentarse.
Aitana, incapaz de reaccionar, solo miró a aquel ser al que, sin saberlo, había rezado toda la vida. A aquel que invocara en busca de rectitud, de sabiduría y fortaleza. El mismo que ella creía responsable, junto a los otros titanes, de que sus rituales de contención funcionaran. "No", susurró una y otra vez, sin atreverse a pronunciar el nombre a pesar de haberlo reconocido al instante.
La aparición se giró hacia Luna, el universo desplegándose bajo sus alas, y sonrió mostrando una hilera de colmillos afilados como dagas; ella volvió a dar un paso atrás, incrédula, aterrada y dolida más allá de lo que las meras palabras pudieran describir. Y cuando el semental alicornio habló, el mundo tembló como si todo él reverberara con su eco, como si cada molécula de la materia estuviera atenta a sus palabras, como si la propia creación temiera lo que aquel ser fuera a decir.
—Han pasado dos mil años, hija mía.
Luna reaccionó entonces: su pelaje se tornó completamente negro, creció en tamaño y la magia se sacudió sobre ella; invocaba todo su poder, volviendo a asemejarse a Nightmare Moon. Twilight convocó sus mejores protecciones, y el resto de los héroes de Equestria se prepararon para batallar algo contra lo que, sencillamente, no estaban preparados.
Porque, aunque nadie se había atrevido a decir su nombre, todos los mortales presentes habían reconocido al titán que surgió del caos primigeneo: aquel que creó el mundo junto a Gea; aquel que creó la luna y las estrellas junto a Mater Luminis; aquel que enseñó a Selene a guiar las almas de los mortales para un reposo eterno en su regazo; aquel que llamó por primera vez a la madre Gaia; aquel que trajo a los hijos de Zmeu y Enlil para acabar con los últimos reductos del caos primordial que aún plagaban el mundo; aquel que llamó a Pte-Ska Win para sanar la tierra y el aire corrompidos por el caos primordial. El padre del mundo. El padre de los ponis, y de la propia creación. Aquel al que los seres que se enfrentaban al Tártaro invocaban en busca de sabiduría y rectitud y, en ese momento, se sabían equivocado y engañados.
Imperator Stellarum tomó la guadaña de sombras, y todos los demonios del Tártaro rugieron sedientos de almas a través de ella.
NOTA DEL AUTOR:
Sí, los titanes existen. Y sí, a veces responden.
Esta es una trama que llevaba planeando hace tiempo, pero temía que me hubiera quedado demasiado sutil. OS reconozco que he puesto un ligero cambio en la conversación entre Celestia y Sombra en el capítulo 68 parte 2 para poder una pista más. El problema de ir publicando por capítulos.
Gracias por leerme. Un abrazo.
