Aquí otro capitulo, uno mas divertido, espero disfruten y tengan excelente inicio de semana :)


Capítulo dos

Era una noche tranquila, como cada día en el número 7 de Magnolia Road, de esas tan tranquilas que daban asco. No que Sirius se quejara, claro está. Después de tantos horrores, y con el venir del paso del tiempo, había aprendido a cogerle gusto a todo eso, era hasta acogedor la calma que podría ofrecer un vecindario tan aburrido, corriente y muggle como lo era Little Whinging, ya ni hablemos de la monotonía que ofrecía la rutina diaria, del ir y venir de los días, sin ningún contratiempo más que los mundanos que ofrece el mundo muggle. Si, a veces sentía que podía morir del aburrimiento, como hoy, por ejemplo, sentado frente a ese montón de papeles que tenía que entregar mañana mismo para su estúpido jefe de su estúpido trabajo muggle que aún hoy en día seguía sin entender su función. Pero, así como sus obligaciones sin sentido, esa calma aburrida que reinaba todos los días, como la de hoy, no la cambiaría por nada.

Porque la aburrida monotonía del día a día de la aún más aburrida y monótona vida muggle, era lo único que a Sirius le daba paz, lo único que le permitía dormir por las noches. A veces.

- ¿Podrías poner la mesa y llamar a Harry?, la cena casi esta lista – escucho a Remus pedirle, mientras regresaba a la cocina para hacer la magia que siempre hacía en esa cocina muggle que los alimentaba cada día.

- Claro – contesto, feliz de dejar de intentar entender lo que se supone que había en dichos papeles y en los que tenía que fingir trabajar, haciéndolos desaparecer con un chasquido, total, siempre podía aplicarle un obliviate a su jefe para que olvidara el trabajo que le había encomendado, y ya de paso siguiera pensado que era el mejor empleado – ¡Harry! – grito, mientras que con su varita sacaba la vasija de la alacena y los acomodaba en la mesa. Sintió un pequeño golpe en la nuca mientras Remus pasaba a su lado haciendo levitar varias cacerolas.

- Eso podía haberlo hecho yo – se quejó, mientras acomodaba todo en la mesa.

- Bueno, lunático, no seré yo quien te juzgue por no hacerlo – tarareo al aire, mientras se unía a Remus para comenzar a servir la comida en lo platos.

Remus solo se limitó a mirarlo.

- Te ves cansado hombre, anda, siéntate, yo terminó de servir – le comento, preocupado por el bienestar de su amigo, mientras lo hacía sentarse y él se encargaba de todo lo demás, que era más o menos nada más servir el té. Remus había hecho todo ya.

Su querido amigo debía de estar muy casado porque solo suspiro, ahí desde su asiento.

- Ya sabes que cuando le gritas así, el pobre piensa que es alguna clase de sorpresa, y baja corriendo las escaleras –

- ¿Y…? –

- Y ya sabes que cuando eso pasa, no distingue muy bien un escalón de otro –

- ¿Bueno…? –

- Sirius, las escaleras son un peligro para Harry cuando esta emocionado –

Y como para dar énfasis a dichas palabras, se escuchó un portazo en la planta de arriba, y en seguida pasos atrabancados comenzado a correr por las escaleras.

- ¡Sirius, que se va a caer como la otra vez! – grito Remus, mientras se paraba estrepitosamente y corría rumbo a las escaleras.

Sirius lo siguió, mientras escuchaba el chillido de Harry, claro indicador del momento justo en que las escaleras se le confundieron, y después el de Remus también, claro indicador de que sería testigo directo de como Harry se rompía la boca, otra vez.

Para cuando Sirius llego junto a Remus, vio el momento exacto en el que la cabeza de Harry estaba a punto de tocar un escalón de la manera más violenta, para luego ser transfigurado en una rampa llena de almohadas de todas las formas y tamaños que amortiguaron el impacto, haciendo que Harry soltara risitas cuando las almohadas formaron un camino que lo hizo rebotar hasta el inicio de las escaleras, de pie, a salvo y lleno de plumas coloridas.

Remus en seguido se le acerco.

- ¡¿Estas bien?! – le pregunto, casi histérico, revisando y tocando en todos lados.

- ¡Eso fue muy divertido, canuto! – rio Harry, mientras saltaba en los brazos de Remus y lo miraba con su enorme sonrisa.

Remus solo lo observo con esa mirada y Sirius soltó una risotada.

- Oye, podre ser todo lo vago y desobligado que quieras, pero uno muy precavido, las hechice desde la otra vez, están encantadas para reaccionar de varias formas ante las caídas de Harry – comento, fresco, mientras le daba un giño travieso a su ahijado.

- ¿En serio?, ¡otra vez! – exclamo Harry feliz, haciendo el amago de subir de nuevo por las escaleras.

- No, nada de eso, la cena esta lista – comento Remus, mientras lo miraba mal y frenaba a Harry en su intento.

- Pero… –

- He dicho a cenar, Harry – repitió, usando su voz de maduro mandón, esa que no admitía quejas. Harry solo lo observo, y Sirius se encogió de hombros.

- Ya después tendremos tiempo de aventarnos por las escaleras juntos – le aseguro, como cosa de todos los días.

- Bien – comento Harry, derrotado por un segundo, animándose de nuevo cuando pregunto – ¿Qué hay de cenar? –

- Comida – le contesto Remus, haciendo una pequeña pausa ante el puchero de Harry – ahora, vete a lavar las manos – le mando por ultimo. Harry solo incremento su puchero.

- Ayy… pero ya están limpias, me las lavé en la tarde cuando comí – se quejó, alzando sus manos arriba de su cabeza para mostrarlas.

- De la tarde para la cena hay mucha diferencia, vuélvetelas a lavar, por favor – pidió de nuevo Remus, amable y paciente, como era natural en él

- ¡Pero mi padrino nunca se las lava! – profeso Harry de repente. Sirius salto de inmediato y se acercó a ellos.

- ¡No es cierto!, te juro que me las lavo, lunático – se defendió mortificado, mirando mal a su ahijado

- ¡No es cierto!, finges que lo haces, pero yo te veo – volvió a acusar Harry, mientras lo apuntaba.

- No le hagas caso, Remus, tiene cinco años, no sabe lo que dice – contesto rápidamente, apuntando a Harry de igual modo.

- ¡Oye! – se escuchó la indignación del infante.

- Ya basta los dos, Harry, a canuto se la van a caer las manos por cerdo, no seas como él, tú si lávate las manos –

- ¡Oye! – la indignación de Sirius fue opacada por la risa cantarina de Harry.

- Está bien – exclamo Harry, mientras murmuraba – eso sería grandioso de ver – les daba un rápido abrazo a las piernas de Remus, y se iba corriendo por el corredor rumbo al cuarto de aseo de la planta baja.

- Soplón – le murmuro Sirius rencoroso, cuando paso por su lado, mientras Harry le devolvía una sonrisa falta de varios dientes – uno ya no puede ser padrino del año porque dicho ahijado va y lo delata con la señora de la casa, ¡hay que ver! – se quejó, ultra indignadísimo, lo más bajo que pudo, claro está.

- ¿Qué dijiste? – pregunto Remus de inmediato, tal vez un poco alto.

- ¡Nada! – se apresuró en decir.

- Si dicho padrino se comportara como tal, no sucederían este tipo de cosas – continuo Remus, con el ceño fruncido, porque claro, ningún susurro servía en esta casa cuando se tenía como compañero a un licántropo. Sirius solo le sonrió, con ojos enormes de cachorro, de esa manera que sabía que aplacaba cualquier molestia en su amigo. Como siempre, funciono, porque Remus solo suspiro resignando – ¿Por qué no me dijiste de las escaleras? – pregunto – me hubieras ahorrado tremendo susto – concluyo, un poquito resentido.

Sirius se sintió mal, como por cinco segundos. Y luego su conciencia, como antaño, le aconsejo poner cara de arrepentimiento total, de inventarse algo para pasar del paso, pero Remus y él, cuando comenzó todo esto, se habían jurado ser honestos el uno con el otro, así qué decidió ser sincero, sonriendo como esos bonitos zorros.

- Podría… pero, seria negarnos el gran placer de ver la cara de espanto total que pusiste Rem, ¡tenemos que seguir manteniendo la llama de algún modo! – dijo, descarado, comenzado a reír sonoramente cuando su amigo puso cara de indignación total.

- ¡Eres un idiota! – farfullo Remus, tal vez ahora si molesto, mientras le soltaba un puñetazo limpio en el bíceps, especialmente doloroso.

- Pero uno muy guapo, tienes que admitir, ¡todas las vecinas lo dicen! – le contesto, mientras se sobaba su bíceps y continuaba riendo. Remus lo siguió observando igual de mal.

- En serio que no tienes remedio… – susurro Remus, mientras suspiraba. Sirius abrió la boca para protestar y Remus de repente recordó que seguía ahí y volvió a míralo mal – Sirius, mejor ya cállate y vete a lavar tus mugrosas manos –

- Ayy… me las lave ayer – se quejó, mientras alzaba sus manos para mostrarlas. Remus solo hizo un gesto de asco.

- En serio, canuto, no sé cómo no se te ha caído el pene de tanto que te lo tocas con tus manos asquerosas –

- La mugre le da el toque, lunático – movió las cejas coqueto – como que hace que resbale… ¡ayy! – ahora sí tuvo que quejarse, cuando Remus se movió y paso a su lado, haciendo una mueca y soltándole otro golpe.

- No es una sugerencia, lávatelas, ahora – sentenció, con el mismo tono que usaba con Harry, pasándolo de largo y caminando por el corredor.

- Está bien – exclamo derrotado, mientras se dirigía al cuarto de aseo – no es como si se me pudiera caer la verga por eso, ¿no? – susurro para sí, un poco preocupado, mientras entraba al cuarto junto a su ahijado.

- ¿Eh? – pregunto Harry, parado de puntillas desde su banquito mientras luchaba por tomar el jabón.

- Nada – le contesto Sirius, mientras lo ayudaba a tomar el jabón – soplón – le volvió a recordar, mientras comenzaba a lavarse las manos.

- Cochino – le contesto Harry, con su voz infantil, mientras tomaba la toalla para secarse, bajaba de su banquito y le sacaba la lengua.

Sirius también le saco la lengua, mientras sacudía sus manos mojadas frente a la cara de Harry, haciendo que este chillara indignado.

- ¡Tío Remus, canuto me está molestando! –

- ¡No es cierto, él es quien empieza, Rem! –

Y solo se pudo escuchar a los lejos, sentado desde el comedor, el suspiro resignado de Remus Lupin.