Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas. La canción pertenece a Little Mix.
[14]
.
.
Lunes por la mañana en la escuela había sido un bullicio. Chicos con el letargo del fin de semana y maestros aburridos. Sakura gustaba de los lunes, ella caminaba con apuro a sus clases, atraía miradas al pasar, y de ser alguien socialmente agradable, saludaría a los demás. Pero no lo era.
Además, ese día estaba concentrada en sus espectaculares planes. Y estos empezaban cuando Naruto se sentó con ella en el almuerzo.
—Hay algo de lo que quiero hablar —Naruto parecía animado, y si no fuera porque estaban sentados, podría estar dando brinquitos—. Es sobre el fin de semana en la playa.
Una sonrisa iluminó su rostro y Sakura le pareció extraño. —Qué bueno que lo dices, Sasuke ha estado algo inquieto.
Ante la mención de Sasuke, una serie de imágenes mentales llegaron a ella. Naruto vio como su acompañante parecía congelarse unos segundos y luego, como si nada, ella siguió hablando.
—Entonces, quiero hablar de... tú, hum, nueva amiga —Porque de ninguna manera le llamaría "novia"—. Sabes, la primera impresión no suele ser la más acertada, y quería saber más de ella.
—¡Oh! ¿Quieres saber de Hinata-chan?
¡No le digas Hinata-chan!, pero Sakura afirmó, con la boca muy apretada y casi dejando marcas en la mesa.
—¡Bien, bien! La conocí en el centro comercial, el día que tuviste tu pelea, ¡ella me ayudó a escoger tu ropa!
De principio Sakura no entendía bien, luego recordó el bochornoso momento que ella tuvo al vestir la ropa más fea y de peor gusto en público. Recordó que Sasuke le había tomado varias fotos vestida así y el pensamiento de Sasuke abarcó su mente un instante eterno. ¿Dónde estaba él ahora? Mordió su labio, y ante ese gesto inconsciente despabiló.
"Ella me ayudó a escoger tu ropa". Ah, ¿así que ella fue culpable? Otro punto en contra.
—¿Y cómo es que la has invitado a salir? —con la voz más dulce, queriendo esconder su veneno, preguntó.
—No lo sé muy bien —dijo rascando su cabeza.
Y Naruto decía la verdad. Cuando acompañó a Sakura para comprar ropa, escogió las prendas más geniales, y siendo sinceros, le daba un poco de envidia así que regresó a la tienda y compró un juego idéntico. Hinata trabajaba ahí, había sido amable y dulce con él y mientras Naruto pagaba en caja, un cliente empezó un disturbio y el simplemente saltó a defender a la chica.
Ese papanatas era un hablador y Naruto con su genialidad lo espantó, dejando a la chica muy agradecida, ofreciéndole recompensarlo con una comida.
Naruto no era Sasuke, él no le hacía el feo a las chicas, y no era como que todos los días alguien le invitara ramen. Luego de eso, intercambiaron números y algunos mensajes. Mientras que Sakura y Sasuke se veían envueltos en esa rara, un poco asquerosa y penosa tensión sexual, nada inusual, Naruto solo -como siempre- que las salidas con Hinata se hicieron algo común.
Ella era agradable y dulce, algo rara, se sonrojaba demasiado y a veces le daba algún desmayo, pero era amable y trataba a Naruto como un héroe.
He así que pedirle salir con él fue algo sencillo y natural.
Mientras Naruto parecía ocupado en la la land, Sakura sólo fulminaba con la mirada la comida que tenía enfrente. ¿Qué pensaba él? ¿Es que recordaba los asquerosos momentos con Hinata-chan? Qué asco, no quería saber hasta dónde había llegado con ella, pero una vez más, recordó su aspecto en la playa y convencida de que los chicos eran unos pervertidos, su miraba pasó, otra vez, a su propio pecho.
Mierda.
Al final, lo único que Naruto dio como respuesta fue: —Ramen.
—¿Ramen?
—Sí, Hinata-chan es increíble, ¡me vence al comer más platos de ramen! Deberías verla, es asombrosa,
—Ajá.
Ja, como si quisiera ver algo tan grotesco... aunque, ¿será por eso que tiene más pecho? Miró tentativa a sus senos, suponía que tomar leche ayudaba, ahora tenía sentido...
Y entonces, un foquito apareció e iluminó su mente.
—Sabes, no es mala idea —su inocente amigo sonrío con alegría—, tal vez debería salir con Hinata para, ya sabes, fraternizar.
—¡Claro, a ella le encantará!
—No entiendo qué quieres hacer.
Sakura rodó los ojos, Ino se estaba poniendo moralista.
—Creí que tú, Barbie snob, Bee-Queen, comprenderías lo que quiero hacer.
El pompon que Ino le arrojó en la cara fue respuesta suficiente.
—¿Te han dicho que tú forma de referirse a los demás es algo hiriente?
Porque en serio, ¿Cómo era que Sasuke y Naruto podían pasar por alto tales modos de esa chica?
—Lo siento, a veces me dejó llevar.
—Hmp.
—Pero, favor, Ino, ayúdame con esto, ¿sí? Y juro que te conseguiré lo que quieras.
—¿Cómo a Sasuke?
Ante la mención de dicho chico Sakura enmudeció e Ino pudo ver que todos los colores se le subían a la cara. Era más extraño de lo habitual. No era la respuesta que esperaba, pues cuando ella insinuaba algo así Sakura empezaba a decirle obscenidades, no a callarse.
De hecho, haciendo cuenta regresiva, Sakura no había mencionado a Sasuke desde... bien, desde el día de la playa, y lo cierto era que Ino no lo veía rondando como de costumbre. La falta de presencia del chico, la reacción exagerada y avergonzada de Sakura. La extraña tensión que emanaba de ella…
—¿Sucedió algo entre ustedes?
—No —respondió al instante, demasiado sospechoso. Fue el color de su cara, la incomodidad, que Ino entendió.
—¡Por fin tuvieron sexo!
Todos alrededor del patio les miraron, escandalizados por el grito de la muy conocida capitana de porristas. Sakura tomó uno de sus pompones y se lo lanzó a la cara. Si antes se había sonrojado, ahora parecía una manzana. Prácticamente podía ver cómo humo salía de ella.
—¡No! ¡No pasó nada!
—Tú cara no dice eso. ¿Qué tal estuvo? Mira que guardadito te lo tenías, ¿pensabas no decirme nada? Me duele, frente de marquesina.
—¡No fue nada! —Sakura casi chillaba, no se decidía si esconder su rostro entre sus manos, correr de ahí, o ahogarse con los pompones de Ino.
—Muy bien, si quieres que te ayude con tu tontería, tendrás que contarme todo.
—Y está como extraña, en cuanto mencioné la playa fue como si hiciera corto circuito y comenzó a hablar de otra cosa. Creo que te odia, ttebayo.
Para Sasuke eso fue como un gran golpe en el estómago. Usualmente no hacía mucho caso a lo que saliera de la boca de Naruto, pero ahora tan sólo pensar en la posibilidad, más bien en el hecho, de que Sakura estaba disgustada con él era algo que no le agradaba.
Tal vez había acelerado las cosas.
Tal vez besarla sí fue un error.
Sakura era tan estúpida y densa cuando Sasuke trataba de llegar -románticamente hablando- hacia ella. Todo ese año él había estado con sutiles, y ya no tan sutiles, movimientos para que entendiera que a él le gustaba, y no como amiga, sino más que eso.
Era lo que odiaba de Sakura. Que se enfrascara en sí misma y dejara a todos y todo fuera de ella. Y Sasuke se había cansado de esperar, de ser sutil, de que ella aceptara dejarlo cambiar el rumbo de su relación. Por eso el día de la playa llegó al límite y besándola tan apasionadamente como pudo, esperando que ella se rindiera, que bájese esas barreras que les impedían estar juntos...
Pero Sasuke sólo lo había estropeado.
El sábado en la noche ella ignoró sus mensajes, sus llamadas. Sasuke decidió dejarle espacio para pensar y hoy trató de darle más espacio, mucho de esto porque su orgullo no podría si ella decidía evitarle como la peste en público al verlo. No podría con eso.
Ahora Naruto le decía eso y sinceramente a Sasuke le dolía.
No sabía qué hacer.
Contarle a Ino lo de Sasuke fue aceptar que sí sucedió.
Sakura podía haber negado que ellos se besaron, podía haber dicho que fue producto de su fantasiosa mente, pero al vocalizar ese recuerdo lo hacía más vivido, más real e imborrable.
Sus labios sobre los de ella, sus manos en su cintura desnuda. Como su corazón había retumbado, como eso era lo que ella siempre quiso.
Y ahora ya no podría fingir que nada sucedió. Ya no podría decir que fue un sueño y caminar hacia Sasuke como si nada.
No. Ya no podía regresar su relación a como era antes. Y eso le estaba aterrando, pues había cruzado una línea que no debían.
Y ya no sabía qué hacer.
.
