Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas. La canción pertenece a Little Mix.


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Decir que la cena en casa de los Uchiha había sido bochornosa tanto para ella como Sasuke no era del todo mentira. Ese día, entre el color manzana en las mejillas de Sasuke y el rostro de Sakura, ambos adolescentes habían jurado que nunca habían tenido una experiencia tan vergonzosa como esa.

Santo Dios, les trataban como unos chiquillos hormonales entregándoles condones y platicas de seguridad, así como posibles nombres para su hijo imaginario.

Y decía imaginario porque a lo mucho que ella y Sasuke había llegado en cuanto a contacto físico eran besos. Santo Dios, ahora ella temía quedar embarazada sólo de las menciones que la familia de Sasuke dio ese día.

¡Vergonzoso!

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Siempre supo que los padres traían al mundo a sus hijos, les criaban y malcriaban para luego ridiculizarlos a muerte. Era una estrategia para no pagar la universidad, sospechaba.

Lo mejor que podía hacer ella era jurar jamás hacerle eso al futuro (para nada cercano) hijo que ambos fueran a tener….

—Recuérdame en veinte años hacerle lo mismo a nuestros hijos —Sakura le dijo, de una vez aceptando su destino como cualquier madre. Sí, sí se supone ella no debía hacer lo mismo, pero bah.

—¿Lo pongo en un memo? —era una sonrisita en los labios de Sasuke, su tono burlesco y una mirada que sólo le daba a ella.

Que fácil hablaban de futuros lejanos y no se cuestionaban más.

Porque sí, , muy pronto y todo, ella sabía que ellos terminarían juntos con una familia felices por siempre. Y el que su novio no respingara o negara un futuro con ella, le hinchaba el corazón de amor a Sakura.

Sujetó su mano entre la de ella, enlazando sus dedos y sus ojos firmes en los del otro. Ellos hacían eso, y ahora no era nada nuevo el mantener la mirada del otro, ya antes lo hacían como Naruto se quejaba, pero ahora... Ahora había un sublime cambio en intensidad y sinceridad. Ya no había miradas robadas ni se escondían, ambos se habían sincerado y las personas a su alrededor les habían esperado por esto.

Era casi inconsciente cuando ambos se inclinaban hacia el otro y sus rostros se acercaban al punto en que sus ojos se entrecerraban y sus labios temblaban con anticipación ‒del dulce sabor del cual se estaban haciendo conocedores.


—¿Sakura? ¡Sakura, ya llegamos!

La voz de su madre se escuchó por toda la casa y antes de que ella volviera a llamarla o buscarla, la chica bajó las escaleras corriendo. Al principio le pareció inusual verla tan agitada, suponía que el recorrido desde su habitación en el segundo piso hasta la cocina le había dejado así, pero un saludo nervioso y ansioso, además del visible desacomodo en su ropa le llamó la atención.

—¿Te encuentras bien?

—¡Sí, sí! Hum… ¿y papá?

—Sigue afuera bajando las compras,

—¡Oh! Huh… ¿está bien si Sasuke cena con nosotros? —era visible el coloreado en sus mejillas.

—Claro —dijo su madre con una sonrisa confundida. ¿Era acaso que la oficialidad de su relación le hacía penosa y educada?— ¿A qué hora va a llegar? —Después de todo tenía que ponerse manos a la obra para tener la comida lista...

—Huh... bien, de hecho él ya está aquí.

Una ceja rubia se elevó, una duda en su rostro maduro y el color rojo cubriendo gran parte del rostro de sí hija. Está arriba.

Ah, eso explica por qué Sakura tenía la ropa desarreglada y estaba tan agitada. —¿Él ha pasado aquí todo el día?

No era reclamo, sábado para un par de adolescentes era así, entonces. Mebuki observó con cuidado a su hija, quien a pesar de no querer bajar la mirada, la implicación y la poca negación de lo que pudo, o sucedió con su novio en la casa donde ambos estuvieron solos por un buen rato era pesado para ella.

Para su alivio, su madre sólo asintió con la cabeza, tomando demasiado a la ligera lo que se implicaba.

—Entonces ven ayúdame con la cena. Quiero nietos, pero no quiero que ustedes se mueran de hambre.

Sin mucho más, buscó su delantal y se movió hacia el refrigerador buscando los ingredientes y utensilios necesarios pasando por alto el chillido ahogado de su hija y como esta corrió avergonzada hasta su cuarto.

Para Mebuki fue gracioso lo exaltada y avergonzada que estaba ella, y con mayor motivo trató de contener la risa al ver a un cohibido y tímido Sasuke bajar tras su hija. Quería mostrarse inmutable, pero los años sólo hacían más listos al diablo y ella le conocía a ambos desde hace tiempo, además de ser instinto femenino y de madre, que ella podía ver a través de las máscaras de educación y silencio bochornoso de los adolescentes.

Era divertido.

—Sasuke, ¿Por qué no vienes acá?

El padre de Sakura, un hombre grande de sonrisa fácil y simplona dejaba caer su mano pesada sobre el hombro del chico, que por instantes, parecía haberse congelado. Mucho tiempo no tuvo para responder, porque casi iba siendo arrastrado por el señor hacia la sala. Compartiendo una mirada -¿era ayuda?- con Sakura, el chico salió de la vista de la mujer.

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Tarareaba mientras se movía con experiencia en la cocina, su hija aún con movimientos robotizados, mirando constantemente hacia el lugar donde Sasuke y Kizashi estaban. El sonido de la televisión impedía que ambas pudieran escuchar que platicaban, seguro porque el padre de Sakura hablaba hasta por los codos.

Pobre de Sasuke, pensó, Kizashi tiene un humor para nada gracioso.

—Puedes ir —Mebuki le dijo a Sakura—, prácticamente está listo, sólo esperemos un poco.

Ni lenta ni perezosa, la pelirrosa casi corre hasta la sala al rescate de su novio.

Aaww, Mebuki pensó, eran tiernos. El primer novio de su hija era su primer amor, y aunque estos ya estuvieran en la etapa del toqueteo, seguía siendo algo lindo.


Por Dios, no era mentira eso de sudar frío. Que la tierra se abriera y se lo tragara… parecía eso ser los deseos constantes de Sasuke y Sakura desde hace ya un tiempo. ¿Por qué parecía que el mundo estaba a favor de hacerles pasar vergüenza tras vergüenza?

¿Qué estaban pagando para tener que pasar por este camino de bochorno, malos chistes e insinuaciones de la posible -no iba a decir ya nada aquí, muchas gracias- vida sexual de ambos?

¿Dónde había un charco cuando se le necesitaba?

—¡Y entonces su padre nos encontró y tan rápido como pudo, un zapato voló hasta mi cara! —una risa explosiva y sin medida acompañaba la anécdota, dada de golpes a su rodilla y Sasuke sólo estaba inmóvil, con una mueca de… bueno, suponía una sonrisa incómoda ¿Qué más le quedaba?

Y fue un alivio más que visible en su rostro cuando su –ahora de verdad– novia apareció por el umbral de la sala a su rescate.

Gracias, susurró a los dioses, gracias.

—¡La cena ya está lista!

—Oh, gracias, cielo.

—¿Qué tanto le decías a Sasuke? —ojala el destino no le pagara igual que a Sasuke con Itachi; su padre no se media en cuanto a avergonzarla.

—¡Ja!, no mucho. Sólo le contaba de una de esas ocasiones en que tu abuelo nos descubrió a tu madre y a mi besándonos.

Uuughh

—Pero no se preocupen, yo no soy así —agregó al ver las caras incomodas de los adolescentes, le dio un golpe juguetón al hombro de Sasuke —. Después de todo, un par de besitos están bien para los pajaritos enamorados, ¿eh?

Guiño, guiño

Sonrojo en Sakura

Sasuke rezando para que un meteorito cayera.

Y el silencio embarazoso cuando los ojos del padre de Sakura repararon, por primera vez, en el hematoma de curiosa forma en la piel del joven sentado a un lado de él. Su sonrisa payasa se congeló y la expresión fácil de su rostro también.

¡Sí, tierra, ábrete!


—¡Buajajaha! —se sujetaba la barriga— ¡El papá de Sakura-chan te aventó una chancla! ¡Buahahahah!

Apuntado con su dedo a la malhumorada cara de Sasuke, importándole poco la cantidad de personas que pasaban por los pasillos -quienes ya de por si les miraban con horror y curiosidad, Naruto no podía contener su risa.

El resumen del sábado pasado consistía en lo único que captó Naruto. Oh, por qué Dios, porque Sasuke le había contado eso a este… tonto. Pero como mayor atractivo para el rubio ruidoso, la situación incómoda de Sasuke era lo más interesante. Ya que porque muy rápido que fuera Sasuke para tratar de cubrir el chupete de su cuello cuando el padre de Sakura se dio cuenta, no fue lo suficientemente habilidoso para competir con la rapidez del objeto identificado como zapato –zapato, no chancla, estúpido Naruto– directo en su cabeza.

Luego de eso el hombre mayor rio. Disculpándose entre risas, pasando por alto la cara de gato pasmado de Sasuke o la cara de terror, odio e incredulidad de Sakura, se levantó y guió a los chicos hasta el comedor.

Su única respuesta fue, "Siempre quise hacer eso." Aun con risas y luego un apretado abrazo -ahorcamiento- de él hacia los muchachos, y continuando con, "¿Están usando protección, verdad?"

Uuggh,…. ¡¿Por qué eso otra vez?!

"¡Papá!"

"¡Quiero ser abuelo pero no aun!"

"Deja de decir tonterías…"

Silencio entre todos, expectante en Kizashi, moviendo sus cejas de manera "sugestiva"

"… Pero sí."

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—¡Buahahahah! ¡Lo que hubiera dado por estar ahí, ttebayo!

—¡¿Te quieres callar?! —siseó, o al menos Naruto podría reír menos como retrasado. Porque seguían en el pasillo y ya en sí Sasuke estaba avergonzado por el fin de semana con sus suegros –wow, pausa, jamás creyó llegar a pensar así de ellos. ¿Se estaba sonrojando? No, jamás…

… Bueno un poco

Y aun así, sujetaba demasiado la bolsa en sus manos y pensaba otra vez, ¿eso era adecuado? Ugh, su estómago hizo unos movimientos raros.

No, quizá no era buena idea. Después de todo, ¿Qué idea de Naruto podía ser buena… o no estúpida?

—Hey, alto ahí casanova —un tic en el ojo de Sasuke por el apodo. Extendiendo sus manos frente a su amigo, Naruto le impedía moverse—. Ya estamos aquí, no te echaras para atrás.

Porque a todo esto, una nueva situación ridícula –idea estúpida, estúpida– se estaba llevando a cabo.

Fue tan de repente, domingo por la mañana Naruto había interrumpido su merecido sueño con balbuceos sin sentido hasta que la palabra Sakura se registró en su mente. Era tonto, ridículo cursi y para nada Sasuke-tipo, lo que iban a hacer.

Lo que él iba a hacer.

En público. Frente a toda la escuela. Con ese pasillo tan concurrido, ahora adornado de pancartas y flores artificiales colgando, un letrero enorme y su estómago amenazando con mandarlo al baño por los nervios.

Algo que él JAMÁS habría decidió hacer. Algo que NUNCA habría hecho por nadie.

Pero era Sakura…

Ugh, su estómago otra vez.


Y mientras el siempre orgulloso y "nadie merece mi atención Sasuke Uchiha" se retórica de nervios, Naruto aguantaba su risa.

¡Y es que, cómo no! No era algo cotidiano –okay borren eso, ya se estaba haciendo muy común, pero seguía siendo increíble. Como su tazón favorito de ramen, sin importar cuantas veces lo comiera, seguía siendo delicioso. Así eran los acontecimientos vergonzosos que recientemente eran protagonistas sus amigos. Siempre que "Sakura-chan" estaba involucrada, Sasuke se convertía en Sasu-pudin y era un desastre digno de ver y reírse.

Su panza le empezaba a doler de tanta risa.

A todo esto, no le juzguen mal, Naruto no estaba haciendo eso con el fin de atormentar a su amigo –heh– sino de ayudarle a asentar su relación con su otra amiga. Y Naruto podía ser tachado de muchas cosas,

"Un baboso," decía Sasuke

"Un pervertido," reprochaba Sakura

"Un rubio tonto," llegó a decirle la otra rubia tonta de Ino.

¡Pero nunca una estrella porno! Eh, espera, ¿cómo era…? Ah, sí: ¡él nunca sería una mala persona, ttebayo! Y esa idea había sido consecuencia de su propia iniciativa de invitar a Hinata-chan al baile que en dos meses se llevaría a cabo. La alegría de su chica era algo que le hinchó el corazón y le hizo querer besarla. Se sentía demasiado feliz, con toda la buen vibra cargando su ser, que… ¡que debía compartir eso!

¿Con quién más que con sus dos mejores amigos?

Luego de una plática tipo —¿Y tú y Sakura-chan ya están de acuerdo con sus atuendos para el baile?

—…

—Porque ya la invitaste para el baile, ¿verdad Sasu-teme…?

—…

—… ¿En serio? ¿En serio Sasuke? ¿Tanto besho-besho te ha distraído?

—Lo dices como si fuera la gran cosa. ¿Por qué estás tú tan emocionado con algo tan estúpido como un baile?

—¡Ah! ¡Cómo puedes! No es sólo un baile, es el primer baile que Hinata-chan y yo tendremos, es especial.

—Eres una nena."

—¡Y tu pareces una, ttebayo! —El almohadazo no fue nada suave en su cara— Uff, creí que te emocionarías.

—Hah, no soy tú para tal tontería.

—¿Ni por Sakura-chan? —Heeh, arma secreta— Ya que, ya sabes, hace unos meses estaba en esta misma cama quejándose de cuan sola estaba y cuán importante era para ella esa "tontería", supongo que debería decirle que busque algún otro acompañante, ya que su novio, no tiene interés en, ¿Qué dijiste? Ah, sí, tontería

Justo cuando tomó su celular y abrió su agenda de contactos, la mano de Sasuke sujetó su muñeca y le detuvo. Ceño fruncido y odio en los ojos. Mucho no necesitaba Naruto para convencerle. Más difícil fue que Sasuke aceptara la increíble y asombrosa propuesta que Naruto le daba para invitar a Sakura al baile como se debía.

"Jamás," había dicho Sasuke

"¡Será hiper romántico, de veras!" chillaba Naruto.

"Eres estúpido." repitió él.

"Y tú súper-duper enamorado de Sakura-chaaan,"

Por supuesto, la situación la ganó el rubio. De no ser así, Sasuke no estaría esperando por la pelirrosa en dicho pasillo con la decoración más cursi jamás hecha por Ino Yamanaka y Naruto Uzumaki.

Eso merecía ser grabado.


Últimamente su humor era bueno. No una maravilla-escupe-arcoíris, pero sí bueno. Un suspiro soñador escapó de sus labios, en su memoria se repetían escenas.

"Su mano, esa que siempre fue un límite, se encerraba en su cintura, su rostro rozando la piel de su cuello, su aliento chocando en la piel de ella, mil hormigas recorriendo su cuerpo y su palpitar como loco. Sus ojos buscándose y sus labios encontrándose. Besos gentiles, besos que subían de tono y la libertad de estar así, sin nadie ni nada interponiéndose entre ellos…"

Tan perfecto.

Otro suspiro

—¡Oh, por el amor de Dios! ya para —de sopetón, la rubia le despertaba de su sueño de amor-asco, tensión sexual desatada multiplicada, ew- de la pelirrosa.

Una bravee mueca en los labios de Sakura fue la única señal de desagrado, porque de inmediato una sonrisa boba y un brillo de ilusión se instaló en ella. De nuevo.

—En serio, frente de marquesina, los insectos comenzarán a acercarse por tanta miel que derramas.

Mucho del disgusto no era real, Ino estaba contenta por el gran cambio y paso que Sasuke y Sakura tuvieron durante las últimas semanas. Vaya que de estar girando en una zona de friendozone auto-impuesta era ridículo que su amiga de cabello rosa y gran frente –no era tan grande pero debía bajarle el ego de vez en cuando– vivía era molesto. Y ahora, ¿Cuánto tenían juntos? ¿Tres semanas casi? Lo que fuera, la etapa de luna de miel era ridículamente dulce e incómoda para los testigos.

Uff, ¿sería que necesitaba un novio ella?

—Estás celosa.

—Quisieras.

Pero Sakura seguía caminado por los pasillos, esquivando a las personas alrededor, como si estuviera flotando en lugar de usar los pies. Vaya que el amor hacía cosas locas.

—Supongo que tienes razón, no descuides a Sasuke, ya que alguien podría robártelo.

Ino-piggy.

—No es broma —deslizando su cabello por su hombro, coqueta y atractiva, Ino Yamanaka jugaba con su amiga. Claro que Ino no haría nada tan bajo.

Uno, porque ella era buena amiga, no una de las harpías quita novios de las películas que según Sakura iban acorde a su personaje.

Y dos, está muy importante, creía muy difícil que Sasuke se fijara en alguien más que no fuera esta extraña mota rosa bipolar.

Porque, vamos, el chico estaba arrastrando la cobija por Sakura Haruno desde el capítulo uno, ¿así o más comprometido?

Y lo sostenía, eso de que para Sasuke no había nadie más que la pelirrosa de ojos verdes, pues entre el farfullo del pasillo congestionado de estudiantes, la risa gritona del emocionado Naruto, y el sonido de una exclamación ahogada en su compañera pelirrosa, Ino abrió mucho los ojos ante la escena en la que un Sasuke Uchiha se mostraba. Así que sí te atreviste, ¿eh?

Fue la escena cliché de una película de adolescentes, donde los movimientos parecían ser en cámara lenta y la lente enfocaba a los protagonistas, como Sakura dejó caer su mochila y con una muda sorpresa se fue acercando hasta Sasuke. Este, como buen protagonista guapo dio los pasos necesarios para acercarse a su chica, y podría jurar como el viento parecía mover sus cabellos y la luz brillante entraba y les daba una imagen etérea y cursi. En las pancartas se leía lo más importante para una chica, y cuando Sasuke se agachó, una de sus rodillas en el suelo y expresión decidida, extendiendo sus manos para presentarle a Sakura ese objeto importantísimo, y expresó la pregunta.

—¿Irías al baile conmigo?

Sakura no se contenía, e Ino aplaudía mentalmente el valor de Sasuke para hacer eso en público, porque de un momento a otro Sakura se abalanzó hasta el chico y rodeó sus brazos con los de él.

Ino estaba un poco alejada, ellos hablando en susurros secretos pero entendía por su contacto e insistentes asentimientos que Sakura había aceptado.

Aawww… Empalagoso. ¿Y el beso?

—¡¿Y el beshooo?!

El otro rubio ruidoso gritaba, moviendo la boca de manera sugestiva y con una cámara en sus manos. PPrrff al menos Naruto también se divertía. Ino admiraba al chico, sin duda era una gran persona.

Y mientras la circulación en el pasillo estaba atenta al siguiente movimiento del avergonzado Sasuke y la ruborizada Sakura, esperando por un apasionado beso de película, los tortolos giraron sus rostros para volver a encararse.

Era ese algo que Ino sólo había visto en ellos: su capacidad para perderse en la mirada del otro y verse por pesados segundos que parecían eternos. El ambiente volvía a cambiar, las personas alrededor ya no tan interesadas y continuando su camino, les dejaban. Luego, Naruto llegando hasta con ella, colocando un brazo sobre sus hombros y con una sonrisa contenta, negando con su cabeza.

Tal vez sí, pensaba Ino con un una pequeña sonrisa nostálgica, tal vez sí estoy algo celosa. Dudaba mucho poder ver en alguien más la conexión que presenciaba entre Sasuke y Sakura, mucho menos esperar ser tan afortunada como para sentir eso con alguien.

Frente de marquesina, que suerte tienes.


—¿Cómo se pueden encerrar en esa burbuja tanto tiempo e ignorar a los otros?

—Que insensibles.

—…

—¿Quieres ir a comer?

—…Todo menos ramen.

—¡Ow!

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PD: el "objeto" es un ramillete .

Gracias por leer!