Lista de deseo # 2 Una improvisada navidad en Suna

Esta obra participa en el evento "Cartas a santa" de la página Shikatema: Hojas de Arena. Los personajes no me pertenecen, la historia, sí, ya que se establece en un universo alterno.

Espero que les agrade leer los one-shot.


Sintió nuevamente la mirada de su esposa, está quemaba como si fuese brasa, por lo que listo decidió no levantar la vista del periódico que había comprado antes de que el tren saliera. En cambio, puso más alto el periódico casi cubriendo por completo la persona que estaba frente suyo sentado. La cual bastante molesta por ignorarla, estiró la mano y le arrebató el periódico. Ambas miradas adultas se enfrentaron, pero él decidió apartarla en el último segundo.

— No tenía elección. — Dio como excusa ante la protesta silenciosa de su mujer que estaba arrugando con más empeño el papel impreso. — Si lo rechazaba, ¿sabes lo que ocurriría? Me iban a despedir. — Exclama con el ceño fruncido.- y tú sabes que ahora es difícil buscar que te aparte al menos cita para la entrevista.

— No te hubieran amenazado si no te encontraron durmiendo por décima vez en el trabajo. — La esposa molesta tiró el periódico en la cara de su esposo que hizo una mueca entre disgustado y que le daba la razón. — ¿Y ahora qué vamos a hacer? — Su tono molesto se había convertido en uno alicaído. Su esposo la miró con preocupación.

— Haremos algo sencillo, vamos a arreglarlo, además. — Apuntó con el mentón al niño que dormitaba al lado de su mujer.- dudo mucho que quiera hacer algo.

— Pues yo sí. — Exclamó la mujer molesta. — Shikaku Nara será mejor que me recompense muy bien está falta, dejamos todo los preparativos de la casa, a un día de la navidad, hasta ya había comprado los ingredientes y el cordero para la cena. — El entrecejo se arrugó por el enojo, la furia de haberse movido con tanta anticipación para que está cena navideña sea la mejor, pero todo el preparativo anticipado fueron en vano, a la nada había peleado con una desconocida por el último cordero fresco. — Quiero una buena recompensa. —Demandó.

Shikaku sonríe de lado, una sonrisa seductora que provocó que el enojo de su mujer aumente pero no fue impedimento para que se detenga.

— Sabes bien que siempre me ha gustado compensar mis fallas, solo espera en la noche. — Le guiña el ojo y la mujer molesta le tira su cartera que por suerte pudo esquivar o tendría que ir directo al hospital una vez que llegasen a la estación del tren.

— ¡Hablo en serio Shikaku!

— Está bien Yoshino. — Prefirió ya no ser más broma. — Te prometo que luego de la reunión los llevaré al mejor sitio de Suna. — Prometió. — Pasaremos una agradable navidad en familia. — Le promete.

— Eso espero. — Murmuró la mujer no muy segura con las palabras de su esposo. Sin embargo, sonríe coqueta. — Tal vez si te esmera si haya recompensa.

Shikaku ríe y niega divertido. Tendría que hacer su mejor esfuerzo si deseaba pasar una buena navidad a solas y en la privacidad de una habitación con su esposa.

Se escuchó un quejido, ambos padres volvieron la mirada hacia su único hijo.

— Que fastidio. — El niño estrujó su ojo con el puño de su mano. — Porque son tan ruidosos, no dejan que uno duerma a gusto.

Shikaku miró al techo en busca de clemencia, pero fue demasiado tarde. Por suerte estaban en una cabina privada, aunque estaba seguro de que el fuerte regaño de Yoshino a su hijo se podía escuchar fuera de las delgadas paredes.

Al llegar a la estación de Suna, ambos padres se fueron por caminos separados. Shikaku tenía que ir directo a la empresa, mientras Yoshino tuvo que ir al hotel donde ya estaba reservada su habitación. Dónde pasarían nochebuena y navidad. Sin embargo, madre e hijo no pasaron mucho tiempo en la habitación, para el pesar de Shikamaru su madre inquieta decidió salir a comprar algunos adornos, según ella los adornos que el hotel había dispuesto a sus habitaciones eran insuficiente.

«Mujeres.» Pensó molesto el niño de ocho años siendo arrastrado por su madre que ingresó en una tienda de aquel enorme centro comercial.

— Mira esta ropa, Shikamaru. — Su madre de buen humor le mostró una camiseta roja con una imagen impresa de un árbol verde. — Es muy bonita, pero la calidad de la ropa es muy mala. — devolvió la ropa en el perchero que lo sacó. Shikamaru rueda los ojos, no comprendía porque era tan quisquillosa con la tela de la ropa y si no era por eso, era porque el color era muy apagado o cualquier excusa se inventaba para estar más horas caminando por el centro comercial. Era un suplicio.

Al final su madre le compró un par de prendas de vestir que él ni sabía por cual decidió al final. Fueron a comprar ropa a su padre, de este por suerte no se demoraron, al parecer su madre seguía molesta. Al final, su madre lo hizo cargar las bolsas de compras y lo dejó al fin sentado cuando ingresaron a una tienda femenina para comprar ropa para ella.

Nada más sentarse en los sillones cómodos, empezó a cabecear, había jurado que su madre lo hizo caminar una eternidad. Su cuerpo no iba a resistir más, apunto de dormir, sintió un pellizco que lo hizo brincar y despertarse por completo.

Molesto giró a ver al osado que lo molestó. Se encontró con una niña un poco más mayor que él, era rubia y llevaba cuatro coletas.

«Las niñas y sus peinados raros.» Pensó Shikamaru mirando su cabello rubio sujeto en ese extraño peinado que era la primera vez que lo veía.

— Te gusta. — Afirmó la niña. — Mi mamá me lo hizo.

— Es raro. — dijo enfrentando la mirada de la chica que aún mantenía la sonrisa, como si su palabra no le hubiera afectado. Sin embargo, sintió una nueva punzada en su hombro. — ¡Ay!

Bajó la mirada y al mismo tiempo llevó una mano a su hombro herido. En la mano de la chica tenía una especie de flecha diminuta con una punta muy afilada.

— ¿Por qué hiciste eso? — Le cuestionó molesto.

— Porque te burlaste de mi peinado, y nadie sale ileso cuando se mete conmigo. — La chica le regala una sonrisa orgullosa. — Puedes preguntarle a Kankuro o Daimaru.

Shikamaru entrecerró los ojos. Sin duda podría ser una niña agresiva.

— ¿Qué quieres? Yo no te conozco y tú tampoco. — Shikamaru quería que la niña lo deje en paz para que pueda dormir al menos unos minutos antes de que su madre se recuerde que había dejado a su hijo en uno de los sillones de la tienda. — Dilo de una vez y vete. — Exigió.

La chica frunció el ceño muy molesta por su tono y volvió a pinchar con su flecha de metal al niño que brincó hasta ponerse de pie.

— ¡Deja eso! — Shikamaru acaricia su brazo dolorido.

— No vuelvas a tratarme de esa forma, quejica. — Dijo la chica que de un salto se puso de pie y levantó la cabeza en alto al saberse que era más alta que él. — Soy tu mayor por lo que puedo hacer contigo lo que quiera. — Sonríe con maldad.

— Eso no te da derecho a molestarme. — Dijo Shikamaru sin ganas de ser intimidado por una chica.

La chica se cruzó de brazos con arrogancia.

— ¿Y qué harás bebito? — Burlona ríe al notar como se molestó más el niño. — Vas a llamar a tu mamá, bebito llorón. — La rubia ríe y hace una mueca de llorar con su mano.

Shikamaru molesto por su burla, se dejó llevar, la empujó al suelo. Ella cayó al suelo y le miró con los ojos abiertos en par y la tienda que antes era ruidosa se silencio. Todas las mujeres mayores los miraban. O mejor dicho, le estaban mirando a él.

— ¡¿Acaso tu padre no te enseñó cómo tratar a una niña?! — Una mujer joven le jaló del brazo, muy molesta por el comportamiento del niño. Shikamaru tenía el corazón en la boca, simplemente había reaccionado por impulso porque ya estaba harto de la burla de la niña además que ella fue la que había comenzado. — ¡¿Dónde está tu padre?! Contesta.

El niño negó sin poder encontrar la palabra. La otra parecía estar también muda.

— Suelte a mi hijo. — Shikamaru sintió un alivio al escuchar la voz de su madre. Ahí estaba con el ceño fruncido dirigido a la desconocida.

— Su hijo estaba molestando a esta niña. — Dijo la desconocida aún zarandeando a Shikamaru que como pudo se escapó del agarre de ella, y cuando fue liberado se abrazó a su madre. Aún sentía temor, nadie que no fuera su madre le había gritado.

— Mi hijo sería incapaz de meterse con una niña. — Yoshino muy seguro responde, su hijo era tan vago que posiblemente preferiría alejarse de todos, nada más de amigos tenía dos. — Y menos hacerle daño.

La desconocida ríe irónica.

— Típico de las madres que quieren proteger la mala conducta de sus hijos, haciendo ver qué es normal que molesten a las niñas. — La desconocida mira al niño. — Si no lo corrige se volverá un opresor de las mujeres. ¿Eso es lo que quiere? ¿Qué se vuelve como su esposo?

Yoshino estaba más que molesta, nadie tenía derecho de decirle cómo educar a su hijo.

— Aquí la única que debería saber educarse es usted, nadie le ha enseñado a mantener la postura y más cuando se trata de niños. — Reclamó molesta. — Y menos tratar de esta forma a niños ajenos. Será mejor que se retire o llamaré a seguridad. — Amenazó.

— Llamé. — La desconocida arrogante se cruza de brazos. — Así, este mocoso tendrá su merecido.

La niña rubia frunció el ceño, esto ya no le estaba gustando. Se levantó de un salto y se puso enfrente de la mujer.

— ¿Y qué le dirá? — La niña levantó el mentón muy segura mirando fijamente a la desconocida que había interrumpido su encuentro con el niño que seguía abrazando a la madre. — ¿Qué solo porque dos niños se encontraban jugando, y la empujó a uno, ya es un delito? Peores delitos hay allá afuera, madres o padres que golpean a sus hijos, y no dicen nada. Maestras que se dejan llevar por sus traumas para desquitarse con niños, o como usted que simplemente descarga su frustración con niños que por temor se quedan callados. Anda, ve a hablar al guardia, y veremos a quién va a retener. — Reta la niña.

La desconocida hace una mueca, se gira mientras suelta varios insultos, indignada se marcha.

La rubia niña se giró hacia el niño que seguía ocultando su rostro en el vientre de su madre, ciertamente era un cobarde.

— Temari. — Antes de poder mirar a la madre del niño, la voz de su madre se escuchó entre los murmullos de las otras clientela. La niña se tensó. — Te dije que ya no quiero más problemas, y al salir del vestidor me encuentro con mi hija amenazando a una adulta. ¿Ahora qué hiciste?

— Su hija, muy valiente por cierto. — Habló la madre del niño por ella. — Le puso en su lugar a esa mujer que estaba diciendo tonterías, mi Shikamaru es un niño amable y amistoso. — «Y vago», pensó Yoshino con pesar. — La verdad no entiendo lo que ha pasado, pero muchas gracias.

— Ella me estaba molestando. — Shikamaru habló por primera vez que apareció esa mujer. Temari no pudo evitar mirarlo molesta. — La empuje porque — ya ni recordaba porque la empujó. Yoshino no pudo evitar fruncir el ceño molesta.

— Lamento el comportamiento de mi hija, ella es algo … difícil. — La madre de Temari se inclinó levemente pidiendo disculpas.

— Solo estaba jugando. — Se defendió cruzándose de brazos. — No es mi culpa que sea un niño mimado.

— ¡Temari! — Murmuró molesta y alterada su madre. — Por favor disculpe, mi hija ciertamente se parece mucho a su padre, su lengua afilada y su poco tacto a la hora de hacer amigos. — La niña rodó los ojos molesta.

— Descuide. — Responde Yoshino ya deseando retirarse, sentía que su hijo estaba más tenso, con los hombros pequeños cuadrado.

— Tu eres una problemática.— Acusó el pequeño. Temari frunció el ceño, no sabía si eso era un insulto o qué. Por lo que decidió sacarle la lengua y hacerle mal ojo. — Inmadura. — Murmuró.

— ¡¿Qué me has dicho, mocoso?!

— Será mejor que nos retiremos, Temari. — La castaña tomó la mano de su hija que seguía furiosa, pidió una disculpa nerviosa y se retiró.

— Las personas de aquí son bastante raras, ¿No crees, Shikamaru? — Yoshino bajó la mirada para ver a su hijo que tenía un puchero molesto y seguía con la mirada fija en donde la madre e hija desaparecieron. — Será mejor también irnos. — Murmuró al notar que muchas miradas estaban sobre ellos.

Pagó sus compras y se marchó al hotel, envolvió los regalos que compró y solo esperaba que al menos en familia podrían celebrar la festividad.

— Si Shikaku no llega antes de la medianoche, se acabó. — Dijo molesta al notar la hora del reloj. — Faltaban aún muchas horas pero la hora de la jornada ya había terminado, al menos que en Suna se trabaje más hora, sin embargo, no aceptaría esa patética excusa. — Posiblemente se ha ido a beber con quién sabe. — Murmura entre dientes.

Shikamaru frunció el ceño, su madre no le estaba dejando dormir por lo que decidió marcharse a la habitación, empero, antes de poder dar un paso, la puerta de entrada se abrió.

— ¡Hasta que al fin llegas! — Yoshino se levantó del sofá tan veloz que Shikamaru estaba pensando que fue gracias a un resorte o las ganas de volver a enfrentarse con su padre que tenía una sonrisa en el rostro.

— Yo también te extrañe, mujer. — Dijo con sorna. — Debemos irnos rápido. Ponte este vestido. — Dijo antes que su mujer le suelte reclamos.

La morena quedó estupefacta al ver el vestido verde oscuro que su esposo sacó de la caja que recién nota que cargaba. El vestido se veía bastante elegante, sus ojos brillaron de la emoción.

— Shikaku vamos a comer en un restaurante elegante. — Yoshino feliz abrazó a su esposo y le llenó de besos, sin esperar respuesta le quita la caja y el vestido, luego corrió como quinceañera hasta la habitación.

— Me va a matar. — Murmuró Shikaku, apartó la mirada de dónde se había perdido su esposa. — Tu también ponte este traje. — Le extendió una caja negra.

— Si van a ir a comer en una cena aburrida, prefiero no ir. — Shikamaru hizo una mueca de disgusto. — Sería un fastidio escuchar su monótona conversación.

— No tienes opción. — Shikaku miró molesto a su hijo. — Y deja de quejarte, ve rápido, tenemos que irnos.

Shikamaru miró con curiosidad a su padre, lo cual le puso nervioso al padre de familia.

— ¿Qué estás esperando? ¿Una invitación? Ve rápido. — Shikaku se giró sobre sus talones y caminó veloz hasta la cocina o cualquier cuarto de aquel departamento.

— ¿Qué estás ocultando, viejo?

Aunque la curiosidad de Shikamaru fue solo en ese instante, caminó con la caja hasta su habitación temporal, a regañadientes se puso el esmokin negro con la camisa verde oscuro.

Su madre se puso más feliz cuando vio el auto negro que su padre había alquilado, su sonrisa radiante sobrepasaba a lo imaginable, nunca la había visto sonreír tanto. Y para sumar a lo extraño, su padre parecía estar tenso, muy tenso.

Pronto la sonrisa de Yoshino se borró cuando entraron a una casa o mansión, desapareció lentamente cuando Shikaku se detuvo frente de una reja elegante, un guardia que estaba afuera se acercó, y él bajó la ventana del auto. Le dijo su apellido, el guardia asintió como si lo estuvieran esperando, y dió una señal para que la reja se abra de forma automática. Shikaku cerró la ventana y condujo lentamente hasta rodear una fuente. Shikamaru miró por la ventana notando la enorme puerta que brillaba por las luces navideñas.

— ¿Es una cena de negocios? — El tono suave y letal de su madre, le hizo temblar. Y no era el único, Shikaku se tensó, hasta creyó que si no giraba posiblemente se salvaría de la mirada mortal de su esposa que respiró de forma ruidosa intentando calmarse o agarrar fuerza para gritarle. — ¡¿Cómo te atreves a ser esto?! ¡Iba a hacer una cena familiar!

Shikamaru decidió que era momento de huir, además que su tímpano le estaba chillando. Abrió la puerta del auto y de un salto salió. Cerró la puerta y aún así se podía escuchar el grito de su madre con un efecto subterráneo. Su padre intentaba explicarle la razón de la cena entre los huecos que su madre dejaba. Decidió mejor no ver la escena lastimosa, y mirá alrededor del lugar, había algunos faroles elegantes que alumbraba la oscuridad, sin embargo no había nada que le llamase la atención. Bostezó.

— Pero si eres el niño llorica de esta tarde. — Se tensó al oír su voz, de alguna manera su cuerpo supo de quién se trataba. Giró molesto.

— No me llames así problemática.

— O qué. — Temari dió dos saltos para estar a más o menos a su nivel, le alegraba ser más alta que los niños. — Me volverás a empujar. — Dijo con malicia. El niño apartó la mirada. Ella ríe. — Es una broma, tonto.

Shikamaru frunció el ceño.

— No eres nada divertida. — dijo con aburrimiento el niño.

Temari borró su risa. Frunció el ceño y un silencio invadió a los dos, Shikamaru agradeció aunque se escuchaba a un la sofocante discusión de sus padres. Temari giró a ver al auto, tomó la mano de Shikamaru que se alarmó.

— ¡¿Qué hace?!

— Te mostraré que si soy divertida.

Sin más lo arrastró a que corra junto con ella, rodeo la enorme casa, Shikamaru como pudo corrió sin tropezar pero era bastante difícil tomando en cuenta que ella lo estaba agarrando de la mano, se preguntó si era verdad eso de que las niñas podría contagiarte una horrible enfermedad.

Su debate mental sobre si era verdad o mentira aquel rumor fue cortado cuando ella bajó la velocidad de la corrida, él también lo hizo.

— Un buen columpio es lo que un niño necesita. — Dijo Temari levantando el mentón, con una sonrisa orgullosa y los ojos cerrados como si fuese una verdad comprobada. Shikamaru realmente creía que ella era muy rara.

— Yo no necesito un columpio. — Dijo Shikamaru, de seguro que la chica quería empujarlo de forma maliciosa mientras se columpia. No podía confiar en ella.

— Vamos, no sea aburrido. — Nuevamente le jalo del brazo y lo arrastró hasta el asiento del columpio. Shikamaru estaba creyendo que era muy suave con esta chica que se daba la libertad de acercarse, pellizcarle con un objeto punzante y sobre todo que lo trate como si se hubieran conocido de toda la vida, ni con Ino se daba esas libertades, bueno, junto con Chouji y Naruto se la pasaban molestando a su amiga. — Yo te empujó. — dijo la rubia que agarró la cadena de metal y lo agitó torpemente.

— ¡Espera! — La detuvo y hundió sus pies en la tierra ya desgastada. Temari frunció molesta por su acción.

— Ahora qué.

Shikamaru pensó en algo rápido para salvarse de un posible tortazo a la tierra. Aunque no quería gastar su fuerza en empujar a la chica que posiblemente era muy pesada. Se arrinconó en el asiento y palmeó a su lado que estaba vacío. Temari le miró sorprendida hasta pudo notar por la luz blanca del farol que adornaba el pequeño parque de diversión de la casa, una suave tonalidad rosa en la mejilla de la chica, justo como todas las chicas se ponían acalorada con sus mejillas rosas cuando estaban hablando del pesado de Sasuke.

En silencio la chica se sentó en el espacio, ambos cabían a la perfección en el asiento del columpio, aunque para el pesar de Shikamaru no podía ponerse más a la orilla para no tener que tocar el brazo de ella con el suyo. Decidió mejor nunca contar está experiencia con los chicos, porque le iban a fastidiar con que se pegó una fiebre o alguna tontería que Naruto inventaría, aunque eso posiblemente lo dejaría más tiempo a solas apreciando las nubes y tomando siestas.

— Vamos a mirar al cielo o qué. — La voz de Temari lo atrajo a la realidad. — Esto parece un poco a una cita. — Murmuró bastante bajo la última palabra. Shikamaru le miró extrañado.

— Vamos a columpiar los dos juntos. — dijo en un tono obvio el pequeño. — De esa forma vamos a divertirnos. — Dudó. — Sería bastante aburrido si uno está empujando al otro. — Nunca le diría la verdadera razón, las mujeres se ponían bastante locas cuando les hablabas de su peso, su madre se transformaba en un muñeco demoníaco cuando su padre le decía algo referido al peso.

Temari asintió con una sonrisa de labios, Shikamaru agarró la cadena con su mano y la otra la puso detrás de Temari agarrando con fuerza el borde de la madera. Temari hizo lo mismo, y casi al mismo tiempo se empujan atrás con la ayuda de su pies y la subieron. Así estuvieron alcanzando una gran distancia del suelo de la tierra, parecía que volaban. Hasta que apareció otro niño y dijo lo inimaginable.

— ¡Temari y su novio están en el columpio! — El castaño gritó tan fuerte que podría escucharlo hacer eco. Se congeló, él no era novio de ella, las niñas eran problemáticas, y más ella.

Antes de poder contestar al niño castaño que estaba de lado de un pelirrojo, Temari saltó del columpio aún estando en el aire, cayó magistralmente de pie sin tambalearse. Aunque el columpio por su abrupta huida, sacudió a Shikamaru que casi se cae del asiento.

— ¡Repítelo si eres valiente! — Amenazó la ruda niña aplastando su puño sobre su palma abierta. — Él solo es mi amigo. — Aclaró.

— Yo no soy amigo de las niñas. — Verbaliza en voz alta y al darse cuenta ya era demasiado tarde. El niño de cabello castaño suelta una enorme carcajada, y la rubia se giró tan veloz que podría darle un mareo súbito, y casi su mirada lo hace añicos, no lo miraba con enojo, más bien con una pura tristeza que le hizo estrujar su corazón. Se sintió culpable. — Es que no nos conocemos bien. — Murmuró buscando una excusa legible, apartó la mirada mirando sus pies, notando que el columpio no era alto. Pudo ver los pies de la niña plantarse frente suyo, al levantar la mirada se encontró con una tenue sonrisa.

— Eso se puede arreglar. — Dijo decidida aunque sus ojos mostraba un poco de tristeza. — ¿Quieres escucharme tocar el piano? — Su invitación lo hizo con un tono de voz llena de duda, mentalmente sacudió su cabeza y con seguridad continuó. — La profesora dice que soy bastante buena, hasta se tocar el violín.

— Aburrido. — Dijo el castaño para el enojo de Temari. — Gaara y yo vamos a jugar con la nueva Nintendo 3DS que papá me regaló. Vienes. — El niño no preguntó, era obvio que vendría.

Shikamaru tragó saliva, quería ir con el niño, jugar un poco a esa nintendo. Pero la mirada de la niña que borró su sonrisa y bajó la mirada, de seguro que vio el brillo de sus ojos cuando escuchó el nombre de la consola. ¿Qué niño rechazaría una invitación de jugar con una Nintendo moderna que posiblemente sus padres no le comprarían por diversas razones? Prácticamente ese niño era él.

— Será para otra ocasión. — Shikamaru se puso de pie y miró a la niña. — Vamos antes que nos llamen para comer.

Temari alzó la mirada veloz y apretó los labios para que su sonrisa no se le escape, aunque fue en vano. Asintió, y tomó nuevamente la mano del niño como si se pudiera perder, Shikamaru le estaba disgustando está parte, que siempre lo esté agarrando de la mano.

— Kankuro, Gaara. — Temari miró a sus hermanos menores. — Disfruten de sus tontos videojuegos.

— Eso lo dice porque no te dejo jugar. — Molesto el niño dijo. Temari le sacó la lengua y corrió arrastrando a su nuevo amigo hasta dentro de la casa. — ¡Te vas a aburrir! — Gritó el castaño para él.

Y tenía mucha razón, no le gustaba la música ni tocaba ni un instrumento musical, aunque él próximo año iban a aprender la flauta según su maestro.

«Que fastidio.» Pensó con disgusto.

La niña corrió sin darle importancia a quién atropellaba o si provocaba que el niño se estrellé contra la pared o uno de los empleados que estaban intentando poner la mesa.

— ¡En media hora estará la cena! — Alguien gritó.

La niña simplemente ríe mientras subía veloz la escalera y al fin dejó de correr para abrir la puerta de una habitación.

— Oye, yo sé caminar y correr. — Shikamaru se zafó de su agarre y llevó su mano a los bolsillos, era mejor ocultarlas.

Temari en vez de molestarse ríe pero no dice nada. Abrió la puerta y entró a la habitación blanca que tenía en el centro un piano, había otros instrumentos acomodados en cada rincón de la habitación.

— Papá cree que debemos aprender a tocar todos los instrumentos, de los tres, yo soy la mejor. — dijo con orgullo. — Te enseñaré a tocar el piano, soy muy buena enseñando. — Asegura.

Y no, no lo era. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero la niña era muy pésima enseñando, era impaciente, no explicaba bien, se molestaba con cualquier error que cometía y no tenía paciencia. Por suerte alguien se apiadó de Shikamaru, la puerta se abrió, los dos niños giraron sus cabezas, era la castaña de la tienda, la madre de la chica.

— Temari ya sabía que estaría acá. — La mujer entró y miró al niño, ríe. — Veo que ya hicieron las paces, pero no lo agobies tanto.

— Nos estamos divirtiendo, mamá. — Shikamaru lentamente negó la afirmación de la rubia pero ella no lo vio, la madre ríe.

— Bien, pueden hacer una pausa y más tarde continúan. — Sugirió la amable mujer. — La cena ya está servida, los demás nos están esperando.

La niña asintió y se giró en el asiento, dió un brinco para ponerse de pie, se alisó el vestido lila que llevaba puesto y miró a su amigo.

— Vamos, por cierto, nunca me dijiste tu nombre.

— Tú tampoco te has presentado. — Shikamaru siguió a la niña, la madre de la rubia abrió la puerta para que ambos niños salieran.

— Como que no. — Temari se cruzó de brazos. — Todo el mundo ha gritado mi nombre. — Dijo con un tono exagerado. Shikamaru rueda los ojos.

— No le he prestado mucha atención. — Y era verdad, aunque sabía que el nombre de la niña comenzaba con la letra t, pero no recordaba muy bien.

— Temari. — Dijo con un tono alto y claro para que el niño lo escuche. — Recuerda muy bien mi nombre. Temari.

Shikamaru hizo una mueca de disgusto y puso los ojos blancos, las niñas eran un fastidio.

— Soy Shikamaru.

Hubo un silencio. Bajaron la escalera y antes de entrar al comedor amplio, Temari giró a verlo.

— Es un nombre extraño.

— No soy de aquí.

— ¿De dónde eres? — Pregunta deteniéndose.

— No demores. — La madre decidió darle privacidad en la conversación de los niños, entró al comedor aún con su sonrisa.

— De Konoha.

— Oh. — La niña quedó pensativa de pie, sin dar un paso. Shikamaru dudó en continuar con su trayecto o esperar a que reaccionara. Al final, Temari sonríe. — Un día de esto iré a visitarte, y me presentarás a tus amigos, claro si tienes, pero descuida, iré más a menudo a visitarte para que no estés solo.

Shikamaru frunció el ceño, él sí tenía amigos y no quería que ellos supieran que tenía una amiga, una niña muy extraña. Sin embargo, no dijo nada, aclarar las cosas sería un gasto de energía, simplemente asintió.

Temari sonríe feliz. Ambos entran junto al comedor. Un hombre que desconocía y supuso que era el padre de Temari, estaba hablando con el suyo que estaba al otro extremo de la mesa. Su madre estaba sentada al lado de su padre, y sutilmente le daba una mirada penetrante a su padre. Posiblemente su discusión en el auto fue interrumpida pero al terminar la velada le estaba recordando que continuarán. Su padre intentaba ignorar la amenazante mirada de su madre.

Tomó asiento en la silla vacía, Temari se había sentado al lado de su madre, y él se sentó al otro lado de su padre.

Y entre conversaciones dirigidas por los adultos, que intentaban no traer el tema del trabajo para no aumentar el enojo de sus esposas, la cena improvisada dió inicio.

Yoshino tuvo que aceptar de buena manera la improvisada navidad en Suna, que nunca estuvo preparada, al menos su hijo se había divertido en el columpio con esa niña. Era algo bueno, aunque la señora Sabaku No era una mujer de lo más amable y carismática, nada más tenía que darle una mirada de advertencia a su esposo para que cambie de conversación si está estaba dirigida a temas de trabajo, no se lo iba a permitir, suficiente fue cuando dejó todo los preparativos de la navidad en Konoha, y ahora pasar la navidad con desconocidos. Ya tenía el regalo perfecto para su esposo al llegar al departamento, un discurso de regaños y el sillón.

Fin.