Lista de deseo #14 Patinaje sobre hielo y #10 Chocolate caliente
Esta obra participa en el evento "Cartas a santa" de la página Shikatema: Hojas de Arena
Se podría decir que es una continuación del anterior one-shot. Los personajes no me pertenecen, la historia, sí, ya que se establece en un universo alterno.
Espero que les agrade leer los one-shot.
– ¿Ya vamos a llegar?
La pregunta produce que Shikamaru gire a verlo molesto, ella bufa fastidiada. Sabía que era su culpa estar en esta situación, pero es que ella no pudo resistirse a explorar el bosque que se veía desde lejos en la casa de Shikamaru. Desde que llegaron no dejaba de verlo desde el balcón del segundo piso. Y más cuando él la llevó ya que le dijo que no estaba tan lejos, no pudo aguantarse las ganas de explorar ignorando la advertencia de su amigo.
– En Suna no hay estos bosques, siempre lo miraba en la pantalla. No me pude resistir.
Shikamaru negó mentalmente. Le había sorprendido que su madre le dijo que pasarían la navidad con la familia Sabaku No, pero está vez en Konoha ya que el año pasado la pasaron en la de ellos y esta vez sería planeado, sus madres por alguna razón se llevaban muy bien, a pesar de ser tan diferentes, coincidían. Una semana antes de navidad llegaron a Konoha, y la chica no lo dejaba en paz, de alguna forma Temari no se llevaba bien con Ino y las demás chicas, y como era su invitada, no podía dejarla sola, los otros dos hermanos de la rubia, había encajado muy bien con sus amigos. El problema era ella. Ino le había dicho que era muy varonil, ciertamente la rubia no era como Sakura e Ino, o como la tímida Hinata, además que era tres años mayor que ellas, no conocía a chicas mayores.
Y ahora estaba aquí en medio del bosque sin poder encontrar el camino de vuelta, la problemática rubia había corrido como un perro que se escapó de su correa y él tonto corrió detrás de ella sin fijarse por dónde estaban entrando o corriendo.
– Ya está atardeciendo. – Dijo Temari mirando el cielo que se pintaba lentamente de una tonalidad gris, hacía frío y la nieve se estaba agotando. El chico no le respondió, parecía realmente enojado, no podía creer que siendo aún un mocoso sea tan aburrido. – Oye, vas a seguir ignorándome. ¡Ya me disculpé!
Shikamaru se detuvo.
– No te has disculpado. – Volteo para enfrentarla. Ambas miradas se enfrentaron, y para su sorpresa, la orgullosa chica apartó la mirada, sin embargó, no dijo nada, solo bajo la mirada con culpa y luego lo miró con un tinte triste. Shikamaru se sintió cohibido, apartó la suya mirando a un lado. – Tenemos que seguir, mamá en unas horas se dará cuenta que no estamos.
– Tal vez si subimos al árbol más alto, podemos ver dónde debemos ir. – propuso. – En los programas de supervivencia siempre lo recomiendan.
Shikamaru no dijo nada aunque era una muy buena idea, busca con la mirada el árbol más alto y con facilidad se subió. Temari lo siguió, aunque con dificultad. Shikamaru subió hasta llegar a la punta, un vértigo le inundó cuando una brisa fría sacudió la copa del árbol, miró alrededor y notó en el otro extremo los pocos edificios altos que adornaban el centro. Su casa quedaba un poco lejos del centro, pero estaba en esa dirección. Iba a bajar pero se detuvo al notar la mirada perdida de Temari, le siguió con la mirada y se alarmó.
– Ni lo pienses. – La atrajo a la realidad, ella lo mira. – Es muy peligroso, el hielo es muy tramposo.
Temari le muestra todos sus dientes y baja con rapidez, en una de esas casi se resbala aún así siguió bajando más rápido y saltó en la última rama. Corrió sin esperar que baje Shikamaru, era muy lento.
– Temari. – Le llamó pero está ni se volteo, se perdió entre los arbustos. Se quejó, saltó de la rama y rodó en el suelo, corrió detrás de ella o en la dirección del pozo natural que conectaba con un lago a través de un conducto subterráneo, que estaba congelado.
Apartó sin cuidado las ramas y cuando al fin llegó hasta el lago la encontró patinando sobre el hielo.
– Vuelve aquí. – Le exigió.
– Para ser solo un niño, eres bastante mandón y aburrido. – Agrega Temari mientras que seguía patinando, giró sobre su propio eje. – Mi padre nos pagó clase de patinaje, no tienes porqué preocuparte.
– No me importa si te caes. – Temari lo miró molesta. – El hielo puede romperse en algún momento, no es muy seguro. – Dijo mirando al hielo que en algunas partes era de un intenso azul y otra era más claro.
– Siempre está nevando, toda la noche desde que llegamos. – Temari se cruzó de brazos. – Deja de ser tan quejica y ven.- Shikamaru dudó. – O es que no sabes patinar. – Dijo mientras patinaba con ligereza.
Shikamaru ríe.
– Es obvio que lo sé. – Temari se encogió de hombros no creyendo sus palabras. Shikamaru sabía que se iba a arrepentir, puso un pie sobre el hielo y luego otro, avanzó con sus pies con maestría.
– Oh, lo decías de verdad. – Dijo con sorna la mayor patinando en reversa. – ¿Qué sabes hacer? ¿Un giro al aire? – Shikamaru negó con la cabeza, ella sonríe aún más. – Yo sí lo sé, mira.
Temari patina veloz para darse impulso y saltó, giró sobre su eje, contando los giros en el aire y se recordó de las palabras de su profesora, debía hacer un aterrizaje delicado, con un solo pie aterriza, y el otro lo extiende a lo largo, con la espalda erguida y el mentón en alto. Y un ruido llegó a su oído. Era un sonido hueco y quebradizo, bajó la mirada y con horror notó que debajo de su pie el hielo tenía algunas quebradizas muy notable, algunas estaban ganando más tamaño de manera lenta.
Shikamaru nota la tensión de su compañera, ya que ésta se había quedado congelada, se acercó lentamente a ella.
– Oye, ¿Estás bien?
– No te acerques. – Quiso gritar pero salió en un tono bajo que se notaba el peligro. Shikamaru se alarmó.
– Es por eso que no quería. – Dijo molesto. – No sabes diferenciar de un hielo resistente a uno frágil.
– Quieres callarte. – Molesta le ordenó, al moverse un poco, el hielo crujió, volvió a quedarse quieta. – ¿Y ahora qué, genio? – Shikamaru no sabía si se lo estaba preguntando a él o a ella misma.
– Extiende tu mano hacia mi, y prepárate para correr.
Temari dudosa de seguir su plan, se quedó quieta buscando un mejor plan, pero el hielo comenzó a crujir. A regañadientes extendió su mano a ciegas hacia atrás, su mano enguantada tocó con algo, la mano de Shikamaru que se había quitado el guante, la agarró con fuerza y la tiró hacia él. Temari al sentirse jalada con tanta fuerza, perdió el equilibrio y cayó medio cuerpo sobre él que cayó al suelo de trasero, detrás de ella el hielo crujió, y Shikamaru abrió los ojos, las líneas quebradizas estaban aumentando e iban detrás de ellos.
– Levántate, rápido. – Empujó a Temari y antes que ella lo insultara, él le jaló de la ropa y corrió hasta la orilla del enorme pozo. Saltó cayendo de cara en la nieve. Atrás escuchó un grito que se ahogó. Levantó medio cuerpo y volteo para saber cómo se encontraba la chica, tenía la cara hundida en la nieve pero los pies estaba metido en el agua congelada. – ¿Por qué no saltaste? – Molesto la arrastró más hacia la nieve, Temari levantó la cara y lo miró, molesta y con los dientes castañeando. – Será mejor volver a casa.
Temari no quería hablar, sentía que aún tenía los pies metidos en esa agua congelada, y estaba muy segura que si hablaba, las palabras iban a salir temblando. Apretó con más fuerza su dentadura para que estos dejarán de temblar.
Shikamaru se quitó la chalina que tenía y la de ella sin esperar su consentimiento, fue hasta los pies de ella y le desabrochó la bota.
–¡¿Q-qué a… a – No quiso continuar, cerró la boca con frustración.
– Voy a envolver tus pies con las chalinas.
«¡¿Y cómo voy a caminar genio?!» quiso lanzarle la pregunta con sorna y enojo, pero era obvio que no lo podría hacer con tanta facilidad, y no quería pensar que parecía a esos niños que tartamudean.
Dejó que Shikamaru le quite las botas, luego las gruesas medias que estaban húmedas, la brisa fría no la pudo sentir, sus pies estaban frío que lo sentía hasta los huesos. Shikamaru envolvió con rapidez la tela sobre cada pies luego de eso, se giró dándole la espalda aún inclinado. Temari abrió sus ojos, era un poco alta que él, y de seguro un poco más pesada.
– Date prisa y sube. – Ordenó.– hay que llegar rápido a casa para calentar tus pies.
Temari dudó un poco pero luego se puso sobre la espalda del chico, él se tambalea un poco aún así, rodea las piernas de ella una vez que le pasó las botas y las medias mojadas. Con dificultad se levantó, poniendo todo su peso en su pie y se levantó, la nieve se hundió por el peso.
En silencio caminó, a pesar que iba lento, Temari no dijo nada. Una vez que sintiera sus pies, bajaría de la espalda del chico y caminaría, el pobre parecía que se iba a caer en algún momento.
Cuando pudo sentir el movimiento de sus dedos del pie, supo que ya podía caminar, además la voz ya no le temblaba.
– Voy a bajar, ya puedo caminar. – Dijo pero él ajusta sus manos sobre sus piernas.
– No. – Shikamaru suspiró y dió un paso adelante. – La nieve empeorará tus pies. Ya vamos a llegar.
– Así nunca vamos a llegar, caminas muy lento, es obvio que te peso. – Molesta aceptó.
– Que ya vamos a llegar. – Volvió a repetir, una gota gorda resbaló en su frente. – Esto no hubiera pasado si me hubiera al menos escuchado.
– Para ser un niño a veces parece un viejo quejica.
– Y tú sigues siendo una niña que se mete en problemas. – Acusó molesto. – Y no te muevas, no voy a dejar que camines o vuelvas ponerte esos zapatos mojados. Te vas a enfermar más.
– Tonto. – Temari al tener la batalla perdida dejó que continúe cargándola, el chico era un tanto testarudo.
Al final salieron del bosque cuando el cielo oscureció, sabía que aún faltaba para que sean las siete de la noche, pero al ser el clima frío, la noche llegaba más pronto. Y antes que Shikamaru, que ya tenía la espalda dolorida y los brazos cansados, diera un paso más, la voz de sus padres se escucharon.
– Niños ¿Qué hacían tan tarde en el bosque? – Shikaku se le acercó, detrás suyo iba el padre de Temari que se alarmó al ver a su hija sobre el chico.
– Temari. – Observó que en sus manos llevaba las botas y las medias. Su hija le sonríe tímidamente. Rasa negó molesto, alzó a su hija con facilidad. Shikamaru suelta una exclamación de alivio.
– Estábamos patinando y el hielo se rompió. – Contó la rubia a su padre que le miraba con severidad.
– No deberían volver a hacerlo, hace frío pero no tanto como antes. – Shikaku miró a su hijo que cansado no quiso contar cómo realmente ocurrió. Shikaku carga a su agotado hijo.
Ambos hombres vuelven hasta la camioneta. El recorrido fue silencioso entre los chicos, los padres iniciaron una conversación que llenó el silencio. Temari aburrida giró a ver a Shikamaru y antes de preguntarle algo, esté ya estaba durmiendo.
– Niños. – Dijo como si fuese algo tan común y esperado. Aunque ella también le siguió el juego, ambos compartían una misma manta que el padre del chico les envolvió, se sentía más cálida, sus fríos pies pronto recuperará por completo el calor.
Al llegar a casa, cuando la madre de Shikamaru se enteró, se podía observar la promesa que en la privacidad y sin visita le iba a castigar, aunque la madre de Temari logró convencerla que la culpa la tenía su hija que siempre se metía en problemas, Temari no estaba muy feliz de que la haya mostrado de esa manera a Yoshino.
Por eso no giró a ver a su madre cuando le trajo una taza de chocolate caliente y galletas, estaba sentada frente de la chimenea sobre una alfombra, se había dado un baño caliente y cambiado, aún así le aconsejaron estar cerca de la chimenea con una manta de lana cubriéndola. Estaba aburrida de ver el fuego chispear, pero sus hermanos parecía que nunca iban a volver.
– No debí contar rápido la historia. – Se regañó a sí misma. – Vamos por chocolate caliente y luego volvemos. – Repitió las palabras de su hermano Kankuro con un tono chillón. – Eres un mentiroso, siempre lo fuiste. – Bufa molesta.
– ¿Quieres jugar o te dejo sola? – Se giró asustada hacia la voz. Shikamaru sacudió el tablero que tenía en mano. – ¿Sabes jugar ajedrez? Escuché a tu padre preguntar sobre el Shōgi a mi padre, por lo que supuse que no pagó clase para que sus hijos aprendan sobre eso.
Temari abrió la boca sorprendida.
– ¡Te estás burlando! – Ofendida le sacó la lengua, Shikamaru ríe y se sienta a su lado deja su taza de chocolate al otro lado, fuera de la alfombra por si se le cae, no quería ensuciar la alfombra.
Abrió el tablero y sacó las piezas, las acomodó con parsimonía.
– No dije que iba a jugar. – Temari no lo miraba, tenía su vista fija en el fuego.
– Da igual, yo puedo jugar solo.
La respuesta de Shikamaru llamó la atención de Temari que una vez las piezas acomodadas, él comenzó a jugar consigo mismo. Era un tanto extraño y aburrido, según Temari, ya que al ser tu propio oponente como iba a ganar o mover las piezas, era una tontería.
– Me diste lástima,niño. Acomoda las piezas. – Temari se giró para estar cara a cara con Shikamaru que le miró perplejo. – Voy a jugar contigo, para que vea que soy buena.
– Si, claro. – Ironizó el niño.
Temari afiló la mirada. Shikamaru decidió mejor acomodar las piezas en silencio. Se sumergieron en el juego mientras bebía a sorbo su chocolate caliente, frente a la chimenea que seguía ardiendo el fuego sobre la madera. Estuvieron así hasta que lo llamaron para encender algunos fuegos artificiales, bebieron el último sorbo de su ahora tibio chocolate.
Fin.
