Era su cumpleaños número 23 ese día, o al menos Senkuu debería tener esa edad sin considerar los otros 3.700 años que pasó petrificado, contando cada segundo, minuto, hora, día, mes, año, década, siglo y milenio hasta liberarse de su jaula de piedra. Al científico aún le era difícil caer dormido sin empezar a contar, como si se hubiese convertido en un hábito.

Ahora que todo se había calmado, o al menos la interminable guerra contra cada enemigo que les obstruía el paso, se le había vuelto más difícil detener su cerebro para que dejase de contar, asustado quizás de que algún día todo lo que habían construido desapareciera, como había sucedido milenios atrás. En ese momento, había perdido a su padre, y Senkuu no sabría qué hacer si llegase a perder a sus nuevos amigos, que se habían convertido en su única familia.

Nunca le importaron los lazos sanguíneos cuando se trataba de familia. Senkuu creía que bastaba con tener amigos cercanos; pero ahora que todos parecían estar intentando formar sus propias familias, era más difícil de ignorar el hecho de que, quizás, para sus amigos, él no cabía dentro de esa categoría.

Mierda, probablemente estaba ya demasiado borracho pensando sobre cosas así. Incluso cuando sus amigos hicieron una gran fiesta a su nombre e intentaron todo lo posible para que este no se aburriese: realizando un concurso de ciencia para niños donde él sería el juez; construyéndole un observatorio nuevo (lo que casi lo hizo llorar); e incluso sirviendo un delicioso banquete preparado por François, el humor de Senkuu parecía empeorar conforme el día avanzaba. No era culpa de ellos: extrañaba al viejo Byakuya, y aunque hubiese dicho mil veces que los sentimientos eran solo un problema, el científico deseaba más que nada en el mundo tener una conversación profunda con alguien y quizás un abrazo también.

Incluso cuando llegó la final del concurso y a los niños ganadores les otorgaron el Ishigami Senkuu Award para luego ser despachados a sus hogares, los amigos más cercanos del cumpleañero se acercaron a él y siguieron haciendo todo lo posible para que pudiera pasarla bien.

Pero, para su poca sorpresa, casi nadie notó que estaba deprimido al final del día excepto por Kohaku. Cada año en esta fecha la leona le regalaba la misma preocupada mirada que lo hacía sentir culpable y molesto, y cada vez que había intentado hablar con él, Senkuu la ignoraba. Durante los años en que se conocían, y en los que habían sido los mejores aliados de cada uno, Kohaku había crecido tanto en fuerza como agilidad, pero sobre todo en inteligencia. Era sumamente perceptiva y al científico le asustaba a veces lo bien que lo conocía. Hoy, sin embargo, parecía cansada de hacerlo hablar, optando por solo mirarlo con esa triste expresión.

Para cuando la mayoría de sus amigos estaban borrachos; bailando y jugando, Kohaku se sentó a su lado en silencio, mirando hacia donde fuera que la mirada del científico estuviera clavada y luego hacia el cielo estrellado.

-Estoy bien. -Senkuu comentó, molesto.

-Claro que sí. -la leona replicó irónicamente.

El científico rio con burla y amargor. Aún cuando no insistía en que le dijera qué le pasaba, Senkuu no quería que ella supiera que no estaba para nada bien. No quería que Kohaku se preocupase por otra persona que no fuese ella misma.

-Bailemos. -el cumpleañero la escuchó decir, sin poder si quiera creer que Kohaku realmente le había propuesto eso hasta que la miró de reojo y se dio cuenta de que hablaba muy enserio.

-Tú sabes bien que yo no...

-¿Lo has intentado siquiera? Yo tampoco quería al principio, pero al final bailar es liberador. -la leona lo observó por el rabillo del ojo, con la mirada vibrante de emoción. Senkuu sabía que ella no se burlaría de él, pero realmente no quería hacerlo.

Senkuu no bailaba. Esa noche, no tenía ganas de innovar.

-Entonces ve tú a bailar. – Senkuu indicó con la mirada a la improvisada pista de baile, intentando sonar imperturbable y desinteresado.

Para la sorpresa de Senkuu, Kohaku se puso de pie inmediatamente, sin siquiera mirarlo, y caminó hacía sus amigos, quienes la recibieron con mucha emoción. La observó cerrar los ojos y lentamente comenzar a mover su cuerpo al ritmo de la música, de una manera tan suave y delicada que contrastaba con la inigualable fuerza de la leona.

Cuando el científico se percató de que muchos ojos voltearon a verla indiscretamente, este apartó la vista como si le estuviese quemando.

Cualquier cosa menos esto, por favor.

Aunque le costase admitir ese sentimiento extraño, molesto e irracional, a Senkuu le gustaba Kohaku.

Pero, en realidad, era mucho más que eso: Senkuu la quería. Quería que Kohaku lo mirase y se preocupase por él; quería que lo abrazara y lo besara sin reparos; quería tomar su mano de vez en cuando y dormir en su regazo en las noches de profundo cansancio. Más veces de las que le gustaría admitir, el científico se había dedicado a pensar en ella: en su inigualable belleza, su apasionada forma de ser, y en la forma en que brillaba cada vez que aprendía algo nuevo... además de una larga lista de otras cosas que lo atraían irremediablemente a ella. Kohaku era muy distinta a él, y sin embargo congeniaban muy bien y se complementaban.

Senkuu debió haber esperado que esos sentimientos salieran a flote ese día si se ponía a beber un poco más de la cuenta. El último año había sido una montaña rusa de emociones, llevándolo a hacer y pensar de maneras muy distintas a las usuales.

¿Qué haría si le pasaba algo a Kohaku? ¿Qué haría si decidiera casarse, como todos los aldeanos de su edad?

-Está bailando para ti…- Senkuu escuchó la reconocible voz de Asagiri Gen tras él, hablando con ese tono característico que tenía y que no le inspiraba ninguna confianza.

-Qué va. -el científico gruñó.

-Solo mírala. Kohaku está viviendo los mejores años de su vida ahora mismo y es obvio que le interesas, aún cuando sigues comportándote como un maldito idiota con ella. Algún día se cansará de ti si sigues así, querido Senkuu. -el mentalista insistió. Ya habían tenido antes una conversación similar.

-Vete a la mierda, mentalista- Senkuu replicó con sequedad.

-Me iré solo si la miras. -Gen sonrió con malicia, como solía hacerlo cuando estaba a punto de comprobar algo, y Senkuu se sentía tan molesto por la incapacidad del mentalista para mantenerse fuera de su vida personal que solo siguió su consejo para complacerlo y hacer que se fuera de una maldita vez.

Pero tan pronto como lo hizo, Senkuu sintió un extraño dolor en su estómago, mientras que su corazón latía histéricamente. Podía sentir la mirada burlesca de Gen fija en él pero no pudo importarle menos, cuando tenía frente a sus ojos la imagen de la leona moviéndose libremente, contoneando sus caderas sensualmente, tan inmersa en la música que no le importaba que todos la estuviesen mirando atentamente, incluido él.

Era demasiado. Era una imagen demasiado tentadora. La imaginación de Senkuu viajó inmediatamente a lugares inesperados; a suspiros desesperados y cuerpos sudorosos. Estaba comportándose como un verdadero pervertido, observando sin reparos la exquisita figura de la leona.

Cuando sus ojos se encontraron y Kohaku le sostuvo firmemente la mirada mientras seguía moviéndose de esa manera tan condenadamente sexy, Senkuu se puso de pie inmediatamente y caminó hacia ella, necesitado de su contacto.

Sabía que ya estaba perdido, acercándose sin nada que decir solo porque su cuerpo le pedía sentirla, desesperado por sostenerle la estrecha cintura y sentir su corazón latir contra el de él, esperando saber así si tenía alguna oportunidad con Kohaku.

Sin embargo, justo cuando Senkuu estaba a unos pasos de ella, una mano extraña la tomó de la cintura por detrás y la alejó de él, provocando que la sangre del científico hirviera, recordando las palabras de Asagiri Gen.

"Le gustas, pero eso puede cambiar si no haces nada al respecto."

La mirada de Kohaku estaba retándolo a hacer algo, con una sonrisa impresa en su rostro, y Senkuu estaba dispuesto a aceptar el desafío.

Con tal resolución en su mente, Senkuu tomó a Kohaku de la muñeca y la jaló hacia él, guiándola lejos de todos y todo, sin pensar en qué dirían los demás sobre su escandalosa actitud.


Caminaron así por minutos, de la mano, sin siquiera mirarse el uno al otro. Pero Kohaku no estaba para nada molesta con la situación, por como se dejó llevar a donde fuera que Senkuu tenía planeado.

Pero Senkuu no tenía un plan. Solo se detuvo cuando estuvieron frente a la puerta de su choza y laboratorio personal, cruzando el puente que llevaba a la aldea, lejos del ruido de la música y de las risas de sus amigos.

¿Por qué Kohaku se veía tan calmada? Senkuu se preguntó cuando volteó a mirarla y la vio completamente calmada, como si no acabase de raptársela sin razón aparente después de unos minutos de haberle dicho que lo dejara solo.

-¿Puedes enseñarme cómo usar el telescopio? -la leona preguntó, mirando hacia su ventana. Quizás solo estaba tratando de calmarlo, como solía hacerlo cuando no quería molestarlo.

Como Senkuu no podía decir que no ante esa petición, la invitó dentro de su hogar -que era un verdadero desastre lleno de papeles y químicos- y le enseñó a Kohaku cómo calibrar el telescopio e identificar los planetas y las estrellas. Los había visto con anterioridad, así que no era algo nuevo para ella, pero últimamente parecía más interesada en entender cómo funcionaba la ciencia y la lógica detrás de todas las cosas. Para suerte de ella, que alguien que creció sin los desarrollos de la ciencia se interesase en ella, satisfacía completamente los deseos del científico por continuar educando.

El brillo en los ojos de Kohaku cuando descubría algo nuevo nunca dejaba de sorprenderlo, y Senkuu se sintió libre de finalmente admitírselo, tomándose el tiempo de apreciar lo hermosa que se veía la leona en ese momento.

-No puedo creer que tu padre viviera en el espacio. -comentó Kohaku, volteándose a mirarlo.

Senkuu rio con pesar. No tenía derecho a prohibirle la conversación que tanto había estado evitando ahora.

-Lo hizo porque era mi sueño. Lo ayudé como pude para que pudiera trabajar en JAXA, y fue el primero en enlistarse para ir al espacio. Tu ancestro vivió allí también.

-Eso he escuchado. -Kohaku sonrió suavemente, pensando en su hermana y las historias sobre Lillian Weinberg. -Tú puedes ir al espacio también. Lo sé.

Kohaku se inclinó hasta apoyar su cabeza en el hombro del científico, quien sintió su respiración cortarse en su garganta, pero le sonrió aún así, deteniéndose a mirar sus relajadas facciones tan cerca de él.

-¿Lo extrañas? -murmuró ella.

-Sí. Temo que algún día llegue a olvidar cómo se veía.

-No lo harás. -Kohaku replicó, con convicción en su voz.

Senkuu deseaba que eso pudiera ser verdad. Que pudiese controlar su memoria.

No se percató del momento en que Kohaku sacó algo de su bolsillo, concentrado en recordar la imagen de Byakuya, pero allí esta: en frente de él, un desgastado pedazo de papel con un dibujo de sí mismo junto a su mismísimo padre usando el uniforme de JAXA. Era un trabajo tan bueno que parecía una fotografía; incluso el viejo mostraba esa estúpida sonrisa que lo caracterizaba.

Senkuu sintió lágrimas caer por sus mejillas incontrolablemente.

-¿C-cómo…? -articuló su pregunta, con la voz quebrada.

-Le pregunté al mangaka que reviviste hace unos años si recordaba a tu padre, porque escuché que era bastante famoso, y resultó que sí. No sé cómo era pero espero que el dibujo se parezca a tu padre. He tenido esto por años pero es la primera vez que me das la oportunidad para hablarte de esto.

Senkuu tomó el papel cuidadosamente para mirarlo fijamente. Lo habían dibujado hacía cinco años. Cinco malditos años callando sus miedos y olvidando el rostro de su padre por ello.

-Es… simplemente… maravillosa. Gracias, Kohaku. -la mano de Senkuu tembló pero Kohaku lo sostuvo de la muñeca para transmitirle calma, antes de tomar el dibujo y colocarlo sobre su escritorio, donde pudiera verlo cuando quisiera.

Senkuu se acercó a la leona lentamente antes de que pudiera alejarse más de él. Sosteniendo su mano derecha entre las de él, el científico la miró a los ojos, intentando descifrar qué hacer ahora.

Su mirada solo delataba sorpresa; no esperaba muestras de cariño de Senkuu a no ser que fuese algo estrictamente necesario.

-Kohaku. -Senkuu guio la mano de la aldeana a su pecho, incapaz de hacer cualquier otra cosa para expresar sus sentimientos.

No sabía cómo. Las veces que se habían abrazado o tocado, era ella la que tomaba la iniciativa.

Pero para su suerte -que estaba siendo extrañamente buena- Kohaku pareció entender lo que él quería decirle, y sus mejillas se enrojecieron.

-Te ves como una presa ahora. -comentó ella, mirándolo de pies a cabeza antes de colocar una mano en su hombro y acercarse más a él.

-Me atrapaste, Leona. -Senkuu bromeó, ruborizándose por lo melosa de su frase y esperando que Kohaku no se burlase de él.

En lugar de eso, la leona besó su mejilla y se mantuvo allí, estática. Parecía que estaba tentándolo. No lo iba a dejar salirse con la suya como siempre lo hacía.

Senkuu juntó sus labios con los de ella sin advertirle, mordiendo ligeramente su labio inferior antes de separarse de ella, temeroso de haber malinterpretado la situación cuando Kohaku no le correspondió.

Estaba sorprendida, en realidad. Senkuu también debería estarlo. Era algo tan impropio de él y ella lo conocía lo suficiente como para saber qué esperar de sus acciones.

Y lo que acababa de hacer no estaba en la lista de lo probable.

-Eso fue… ¿en serio querías hacer eso? -Kohaku susurró aún cerca de él. Su aliento acarició la mejilla del peliverde.

-Sí, al diez billones por ciento. -Senkuu rio, nervioso.

Entonces Kohaku lo besó, efusivamente, pegando su cuerpo al de él mientras que con la mano lo bajaba a su nivel.

Era ridículo lo mal que lo ponía la leona, al punto que Senkuu ya estaba deseando más de ella y aceptando el calor que emanaba del cuerpo ajeno, como si no temiese morir al acercarse al sol.

El científico colocó una mano en la cintura de su compañera con cuidado, mientras llevó la otra a su nuca, atreviéndose a sentir lo que fuera que Kohaku pudiera darle. Era la primera vez que tocaba a alguien así; la primera vez que se dejaba llevar por un beso cargado de distintas emociones.

Cuando sintió los dientes de Kohaku en su labio inferior, Senkuu no le temió a nada más que a la manera en que sus hormonas se revolucionaron, utilizando la vívida sensación de la lengua de la rubia abriéndose paso en su boca para hacer crecer su deseo.

No había pensado lo suficiente en esto con anterioridad. Si Senkuu hubiera sabido que ese día terminaría así habría pensado dos veces antes de comenzar a beber, o antes de mirarla contoneándose al ritmo de la música.

Era, de hecho, la primera vez que besaba a alguien, pero Senkuu supuso que lo estaba haciendo bien por las intoxicantes sensaciones que el beso inició en él. Y por la manera en que los ojos de Kohaku brillaban cada vez que los abría para mirarlo, lo estaba disfrutando este momento al igual que él.

Quizá llevar sus manos a la cadera de la rubia para acercarla más a él no fue una idea inteligente, pensó Senkuu, cuando el calor que emanaba de ahí era considerablemente más alto y el solo gesto de alejarse para darle un poco de espacio la hizo protestar en contra de sus labios.

Kohaku no lo dejaría ir ahora. Bueno, tampoco estaba dispuesto a hacerlo. Lo mantuvo en su lugar levantando una de sus piernas y rodeando la suya parcialmente con esta, provocando que Senkuu gruñera por lo bajo, antes de empujarla a la mesa de su escritorio para que pudiese sentarse allí.

Cuando la leona abrió sus piernas y lo tironeó hasta quedar entre ellas, Senkuu sintió todo su cuerpo temblar por el nivel de intimidad al que habían llegado. Todos sus pensamientos se centraron el momento, y procedió a morder los labios de la rubia y solo separarlos de ella para regalarle un suave y mojado beso tras la oreja.

Kohaku suspiró sobre su mejilla y ladeó la cabeza para hacerle más espacio, lo que lo llevó a apoyarse en su escritorio para sostenerse. En esa posición, Senkuu sintió el sexo ajeno rozando el de él y no pudo evitar empujar su pelvis adelante, endureciéndose al instante. El pequeño salto que Kohaku dio fue recompensado sin quererlo por una mordida en el cuello por parte del científico.

-¿Estás..? -Kohaku susurró contra el oído de Senkuu, y lo rodeó con ambas piernas, moviendo circularmente sus caderas hasta hacerlo gemir su respuesta.

Sí estaba. Estaba lo que fuera que estuviese preguntando. Estaba emocionado, ansioso, y completamente excitado. No reparó en continuar empujando su pelvis hacia ella y no temía estar dentro de ella sin barreras.

Senkuu alzó la mirada -fija anteriormente en su cuello- para mirarla de cerca, jadeando. Desde ahí podía sentir el erótico olor de su sexo, y sabía que el cuerpo de Kohaku solo quería que él continuase. Sin embargo, el científico no sabía si ella si quiera sabía qué estaba sucediendo; era probable que nunca le hubiesen enseñado sobre lo que era el sexo cuando estaba en pleno desarrollo, y tampoco recordaba que alguien hubiese hablado sobre educación sexual en estos últimos años.

Quizá lo entendía como un deber: como algo que le debía porque él lo quería, y Senkuu no podía permitir eso. Quería que Kohaku supiera que tenía la oportunidad de decidir y saber las consecuencias de esto, y que nadie podía forzarla a hacer algo que ella no quisiera.

-¿Pasa algo? -preguntó la leona, acariciando la mejilla del científico con suavidad. Se veía genuinamente preocupada.

-Quiero tener sexo contigo. -Senkuu respondió inmediatamente, sin importarle lo directo que estaba siendo y sobrellevando su propia ansiedad. -Pero si no quieres, está bien. S-solo… quería que supieras eso.

-Yo también quiero. -Kohaku replicó, mirándolo con los ojos bien abiertos. -Pero ¿y si me embarazo? Yuzuriha dijo que eso podía pasar si tenía sexo contigo.

Senkuu arqueó una ceja, sorprendido de que eso haya sido un tema de conversación previo entre su antigua amiga y la chica que le gustaba. Pero decidió omitir la incomodidad para continuar con esta charla.

-Hay maneras de prevenirlo. -Senkuu intentó calmarla. -¿Qué más te dijo Yuzuriha?

-Mmm… que no debía dejar que nadie me forzara a tener sexo, lo que no creo que sea un problema para mí, ya que soy más fuerte que la mayoría aquí. Y que debería hacerlo con alguien a quien ame.

Senkuu abrió sus ojos ampliamente cuando escuchó la última oración, donde Kohaku le había confesado indirectamente lo que sentía por él. Ella pareció darse cuenta de esto un poco después, y su rostro enrojeció como si no estuviesen ya en una posición completamente íntima.

Senkuu la besó suavemente, queriendo borrar esa escandalosa expresión de su rostro y tomándose el tiempo de sentir los suaves labios de Kohaku contra los de él, y la manera en que sus lenguas se entrelazaban y bailaban en ritmo con sus respiraciones. No estaba listo para decírselo aún: el amor era un territorio desconocido y temía que al confesarlo pudiese perder más de lo que ganaría.

Pero sí. Probablemente la amaba. Para él era algo tan fácil como respirar.

Había estado a su lado desde el principio y se hicieron cercanos por su afinidad. Senkuu quería que fuse Kohaku quien despertase junto a él y no podía imaginar a nadie más en esa posición. Si fuese a construir una familia como todos los demás, le gustaría que estuviese ella a su lado.

El hecho de que, aun estando sumamente excitado: besándola de esa manera, explorando sus fuertes piernas y redondos pechos cubiertos con sus manos en la medida que se soltaba; pudiese estar pensando en los escenarios más dulces con ella, era un claro indicio de que estaba enamorado de la leona.

Senkuu ayudó a Kohaku a deshacerse de su vestido y sostén solo para quedarse mirándola, embelesado. Si bien había estudiado anatomía y tenía una idea de cómo se vería el cuerpo de una mujer, el de Kohaku estaba excepcionalmente marcado y tostado por el sol: solo verla era suficiente para colmar su imaginación de las distintas maneras en que podría satisfacerla. Solo cuando Kohaku comenzó a tocar sus erguidos pezones, Senkuu despertó de su trance.

Estaba pidiéndole que la tocara.

Los pechos de Kohaku eran más grandes que sus manos. Senkuu se encontró ensimismado por la manera en que las rebasaban. Tenía, además, los pezones tan sensibles que con cada movimiento de sus ásperas manos ella temblaba.

La leona se deleitó dando dolorosos chupones en los labios y cuello del científico cada vez que hacía algo que le gustaba. Facilitaba mucho el trabajo de Senkuu que Kohaku verbalizara su placer, ya que no tenía experiencias anteriores. Pero luego, todo cambió cuando la rubia comenzó a desvestirlo y tocarlo sobre su erección, transformándolo en un verdadero e inoperativo desastre.

Senkuu no podía permitir eso, o terminaría todo muy pronto, por lo que decidió avanzar en esto y tocar su sexo cubierto, como solicitud para que le dejase hacerlo directamente. Cuando Kohaku no protestó, y dejó sus manos caer a los labios mientras lo miraba, el científico corrió sus bragas a un lado para mirarla.

La Leona estaba mojada e hinchada. Su sexo se movía por sí solo, rogando por la fricción que él había dejado de darle desde que estuvieron conversando.

-P-por favor, Senkuu… tócame. -Kohaku gimoteó, tomándolo de la muñeca para guiarlo a su sexo.

¿Quién era él para negárselo?

El científico usó su dedo índice para recorrer sus labios inferiores y rápidamente identificó el irritado clítoris de la leona. Era su punto de placer más importante y si sabía cómo tratarlo, no la decepcionaría. Senkuu usó los principios de la ciencia en esta materia, experimentando con cada dedo hasta determinar que su pulgar podía ejercer suficiente presión sobre esto mientras que los otros podrían explorar el resto de su sexo, intentando determinar si estaba lo suficientemente dilatada para él.

Al introducir su dedo índice en ella, Senkuu pudo sentir como se contrajo a su alrededor. El tejido esponjoso dentro de ella era suave y caliente, y muy, muy, estrecho. Era increíble cómo podría dilatarse para dar a luz. El científico añadió su dedo de en medio a su interior antes de moverlos hacia arriba, hacia las terminaciones internas del clítoris de la leona, mientras hacía presión con su pulgar en el interior, provocando que la chica soltase un sonoro gemido.

¿Se había tocado antes así? Senkuu se preguntó.

-N-no realmente, pero se siente perfecto… -Kohaku balbuceó, sorprendiéndolo. Su boca había verbalizado sus pensamientos.

Senkuu medio sonrió y medio se sonrojó, aunque continuó el movimiento de sus dedos en ella, explorando e intentando encontrar todos los puntos de placer de los que había leído miles de años atrás. Cuando hizo presión sobre sus paredes superiores insistentemente, tratando de provocar una reacción diferente en Kohaku, la leona se contrajo alrededor de sus dedos con más fuerza que la vez anterior. Por la manera en que sus uñas se enterraron en los hombros del científico y gimió su nombre, Senkuu se dio cuenta de que acababa de correrse con sus dedos.

Debía tener un doctorado en esto.

Kohaku juntó sus labios con los de Senkuu desesperadamente, besándolo con la boca bien abierta y dándole eróticas lamidas que lo volvieron loco.

Estabilizándose con ambas manos en la cintura de la leona, Senkuu la acercó más aún hasta que estuvo de pie y la guió a su cama, junto al telescopio.

Tan pronto como ambos se sentaron a orillas de la cama, Kohaku trepó al regazo de Senkuu y tironeó de sus pantalones hasta romperlos. Si bien se sentía lo suficientemente confiado por haberle dado ya un orgasmo, Senkuu no sabía si era capaz de lograr un segundo con su verga dentro de ella. Tan solo sus dedos tocándolo curiosamente eran suficientes para llevarlo al límite.

Senkuu se mordió los labios cuando su miembro se deslizó por sus labios exteriores, y aguantó su respiración cuando Kohaku comenzó a bajar alrededor de él, con las pupilas completamente dilatadas mientras se abría camino dentro de ella.

Se sentía sofocantemente bien. Ahora Senkuu entendía por qué tantos estaban obsesionados con el sexo. Cuando estuvo completamente enterrado en ella, sabía que duraría menos de lo que había esperado, y su sangre ya había dejado de circular tan rápidamente por su cabeza como para pensar en qué podría hacer para remediarlo. Quizás pensar en algo desagradable, como la estúpida cara de Ginro, pudiese ayudar.

Senkuu rio para su interior cuando ella se acomodó pero se detuvo en seco cuando vio la adolorida expresión en el rostro de la rubia. Aún sus ojos estaban cargados de lujuria, pero pudo ver que estaba sufriendo.

-Duele… -susurró Kohaku, y Senkuu la miró con culpa.

-Está bien. Si quieres parar, lo haremos. -Senkuu enfatizó sus últimas palabras antes de hacer ademán de separarse de ella, pero Kohaku se mantuvo allí, firme.

-No. -la rubia replicó, mirándolo intensamente antes de besarlo profundamente, logrando hacer que toda la mente del peliverde se apagase para centrarse en ella.

Sentía que se desmayaría así.

Las cosas se encendieron nuevamente y Senkuu pudo sentir el sexo de Kohaku humedecerse, mojándolo a él. Cuando se movió, lentamente, en círculos, la leona maulló sobre su oído, y Senkuu solo pudo sostenerla de las caderas para alentarla.

Kohaku construyó un ritmo lento, rotando sus caderas y matándolo lentamente. Senkuu estaba viendo el espectáculo que había hecho anteriormente para todos sus amigos, ahora dirigido especialmente a él.

-Senkuu… -gimió.

No supo qué lo poseyó en ese momento tras escuchar la dulce voz de la leona; pero se vio a sí mismo rodeándole el cuello con la mano y ejerciendo una ligera presión antes de reparar en ello. Tampoco esperó que ella lo alentase, tomándolo de la muñeca y manteniéndola en ese lugar.

Cuando el científico incrustó sus dedos en la piel del cuello de la leona, Kohaku tembló. Y pensaría que estaba siendo demasiado violento con ella si no fuese porque sus paredes comenzaron a palpitar alrededor de él, recordándole su propio placer que había ya olvidado, en su tarea por complacerla a ella.

Senkuu se recostó junto a ella luego de separarse. Estaba tan cerca del orgasmo que solo necesitó un poco de trabajo para venirse en su mano, alimentando su placer con la imagen de Kohaku recostada en su cama, mirándolo con lujuria mientras él eyaculaba; jadeando y sonriendo con ella cuando la leona le regaló su bella sonrisa.

El Cabello de Kohaku se veía desastroso, y si no estuviese desnuda y completamente bella en ese momento, se habría reído de ella. Se veía, realmente, como una Leona.

Senkuu se quedó dormido por cansancio. Su condición física era realmente una burla frente a la de ella. Estaba tan relajado luego de días de constante trabajo, que a la hora de despertar de un sueño que le pareció demasiado corto, no pudo determinar qué hora era.

Kohaku, sin embargo, se encontraba vestida y con su cabello de vuelta a la normalidad, sentada en la silla frente a su escritorio mientras afilaba sus cuchillas.

-¿Debería preocuparme ahora? -Senkuu bromeó, refiriéndose a las armas en sus manos.

-¿Qué? ¡No! -replicó inmediatamente la leona, sorprendida. No se había dado cuenta de que ya estaba despierto.

-Tranquila. Solo bromeaba.

Kohaku miró a Senkuu de pies a cabeza y se ruborizó completa. Estaba semidesnudo, después de todo.

-¿Cuál es el problema? Ya viste todo, y más… -el científico sonrió con burla pero luego dirigió su mirada al piso de madera, avergonzado con el recuerdo de ella tocándolo tan íntimamente.

Buscar su camiseta parecía más importante ahora que confrontar a Kohaku cuando se puso de pie y caminó hacia él.

La Leona se sentó junto a él y le llevó una mano a la mejilla para dirigir su mirada hacia ella. Lo estaba observando suspicazmente, intentando descubrir algo en los ojos del científico que pudiese darle alguna respuesta.

-¿Qué? -Senkuu murmuró, aún incómodo con la cercanía.

-Te dije ayer que te amaba, pero tú no dijiste nada. Entonces estaba tratando de descubrirlo así, pero eres muy difícil de leer.

-¿Y qué importa si lo hago? Ya sabemos que nos gustamos.

-Es diferente. Amor es lo que Ruri siente por Chrome. "Gustar" es lo que siento por mis amigos queridos o mi familia.

-¿Qué estás tratando de decir, Kohaku? Háblame claro. Sabes que soy pésimo en estas cosas.

-Que realmente me gustaría que fueras mi novio, pero solo si me amas también. Si estamos juntos, podemos hacer… lo que hicimos… cuando queramos ¿no? Y solo el uno con el otro. Podemos hacer muchas cosas juntos como pareja.

-Quieres ponerle nombre a esto. -Senkuu reflexionó en voz alta. -Bueno, para suerte tuya, también es lo que quiero yo. -el científico sonrió ampliamente cuando Kohaku se sonrojó ante sus palabras.

Sonrisa que murió tan pronto como la leona se abalanzó a besarlo desesperadamente, empujándolo de espaldas a la cama.

-Dilo. -susurró Kohaku, mordiendo el cuello del científico y rozando la entrepierna contra su pelvis.

La tensión estaba escrita en su rostro. Necesitaba saberlo.

Y Senkuu debía dejar el orgullo de lado o ella podría dejarlo así: queriendo todo de ella sin poder tocarla.

Alzó una mano a la nuca de Kohaku para guiar su cabeza hasta su hombro. Corriendo con cuidado un mechón rebelde de su cabello tras su oreja, Senkuu susurró esas dos palabras, sin esperar el sentimiento liberador que llegó luego, cuando ella lamió el cuello del científico, mordió su oreja, y repitió sus palabras.

En lo profundo de su cabeza, Senkuu escuchó a Byakuya riéndose del siempre estoico y desinteresado científico perdiendo su batalla interna contra una leona; la mismísima reina de la Edad de Piedra.