Lista de deseo #9 Perdidos en navidad, #27 Los colados a la navidad y #1 Noches de fuegos artificiales.

Esta obra participa en el evento "Cartas a santa" de la página Shikatema: Hojas de Arena

Los personajes no me pertenecen, la historia, sí, ya que se establece en un universo alterno.

Espero que les agrade leer los one-shot


Estuvieron caminando por horas y aún no podían lograr llegar al local, miro nuevamente la invitación que había encontrado en el buzón de su apartamento. En su mente había saltado la duda, y ahora que habían pasado tres horas buscando la dirección del lugar, se afirmó.

Su compañero corrió hasta ella luego de hablar con el tendedero de aquel puesto de comida de ramen, llevaba en sus manos dos paquetes. Él le hizo una señal para ir a una placita pequeña, tomaron asiento.

– Esto no hubiera sucedido si tuvieras tu invitación. – Se quejó dejando su bolso a su lado. Él no dijo nada, solo le extendió el paquete. – Nadie conoce está dirección, ¿No te parece sospechoso?

– ¿A qué te refieres? – Shikamaru la volvió a ver. – Deja de hablar en clave, porque las mujeres son tan problemáticas cuando hablan. – Se quejó.

Ella abre molesta su ramen y con los palillos revuelve todo.

– Y los hombres son unos incrédulos. – Dijo mientras clava sus palillos a un huevo para esparcirlo. Shikamaru no pudo evitar mirarla con temor.

– ¿Y yo qué te hice, problemática? – Pregunta molesto.

– Para empezar has perdido tu invitación, de seguro que la dirección eran distintas. Ella no me quiere ver, no quería invitarme, solo quería que estuviera vagando en la ciudad, pero no contó con que tú y yo aún seguimos en contacto, pero tú. – Le miró furiosa. – ¿Cómo demonios se te perdió una invitación?

– No lo sé, manejo tantos papeles que no le doy tanta importancia a un cartón. Además, no pensaba asistir. – Confiesa.

Temari guardó silencio, de reojo le miró y comió su ramen. Shikamaru hizo lo mismo.

Comieron en silencio, una vez acabado y botado a la basura el plástico. Shikamaru se puso frente de ella.

– ¿Qué piensas hacer? – le pregunta.

Ella le miró con severidad.

– Volver a casa, qué más. – dijo molesta. Su noche de navidad estaba estropeada, y de seguro sus padres no estaban en casa ni sus hermanos. Iba a pasar una navidad sola. Al menos, pensó mirando de reojo a Shikamaru que tenía la mirada perdida.

– ¿Sabes cómo volver?

Aquella pregunta le alarmó, acaso él quería irse a otra parte. ¡¿Se estaba deshaciendo de ella?! Molesta se levantó.

– No hace falta que me acompañes. – Agarró su bolso y lo colgó en su hombro.

– Espera. – Shikamaru la sostuvo del brazo. – Hemos dado tantas vueltas que ya ni sé dónde estoy parado, y no traigo dinero para el taxi, lo último lo he gastado para el ramen.

Temari miró la calle, el lugar que les rodeaba, sus edificios y calles, todo era tan desconocido que no sabía tampoco en qué parte de la ciudad estaban. Antes de entrar a la histeria, sacó su celular del bolso, sin embargo, para su horror este no se prendió.

– Su batería. – Murmuró agobiada, apretó su celular. – Maldito cacharro, debí de cambiarlo por uno nuevo.

– ¿Lo sigues teniendo? – Shikamaru miró al viejo celular de Temari, estaba algo despintado, el botón pronto se iba a salir. Y ni hablar de la pantalla.

– Aún me servía, pero ya veo que no puedo contar con él en las urgencias. – Molesta guardó su celular de donde lo sacó.

– Eso significa que estamos perdidos. – Suspira. – ¿Al menos llevas dinero? Yo solo tengo para el metro, pero no sé dónde está la estación y falta una hora para que el último salga. – Dijo preocupado mirando su reloj. Al notar el prolongado silencio, alzó la mirada, Temari estaba mirando en un punto fijo. – Temari.

– No tengo. – Respondió a su pregunta.

– ¿Es en serio? – Miró el bolso. – ¿Y para qué llevas un bolso?

– ¡Iba a ir a una fiesta! – Exaltada responde. Se cruzó de brazos. – Solo guardé las cosas necesarias, dejé la billetera.

– Pero no llevas dinero. – Shikamaru negó con la cabeza incrédulo.

–¿Y qué hay de ti? – Molesta lo ataca. – ¿Por qué no traes dinero?

– Resulta que alguien entro a mi departamento como si fuese suyo, me sacó de la cama, me obligó a vestirme y antes de que pudiera agarrar mi celular y mi billetera, me jaló fuera de mi–

– Ya. – Lo detuvo. Temari tenía una perfecta excusa, quería ir a la fiesta con él, sabía que esa mujer lo había invitado. Aunque realmente no sabía porque quería pasar la noche con él, no dejarlo solo. Tal vez sea por ese sentimiento de protegerlo. Suspiró. – ¿Qué hacemos?

– Preguntar y caminar. – Se encogió de hombros.

– Vaya navidad. –Soltó con sarcasmo.

Estuvieron caminando por todas las direcciones que los transeúntes les respondían a su pregunta, parecía que nadie conocía el pequeño sector donde ambos vivían, o es que en esta parte de la ciudad vivían encerrados en un domo invisible, o es que estaban preguntando a las personas equivocadas.

– Ya no puedo. – Shikamaru se detuvo a su lado al escuchar su voz, y ella se apoyó en su hombro con una mano mientras se inclinaba justo a tiempo que alzaba un pie, los tacones la estaban torturando. – Si hubiera sabido que esto terminaría así, me hubiera vestido más cómoda.

Shikamaru no respondió con una de sus famosas frases sexistas, lo cual preocupó a Temari, al subir la mirada, se encontró con que él miraba al costado. Siguió su mirada, encontrando unas luces coloridas penetrando el cielo. – No pensarás en…

–¿Por qué no? – Shikamaru le miró. – Hemos estado caminando por horas, ya anocheció y casi no hay nadie. Tengo hambre y estoy cansado, en esa fiesta puede que haya comida, bocadillos, un sillón o sillas y lo más seguro bebidas.

– Pero no es una fiesta que nos invitaron. – Murmuró la rubia en un tono bajo.

– Y qué tal si es la fiesta que nos invitaron. – Le siembra la duda, pero no funcionó.

– Dirás que te invitaron, porque es muy seguro que a mí solo me dieron una invitación falsa, me hicieron una broma, y de mal gusto. – Molesta dijo.

Shikamaru hizo una mueca, si llegaba a casa, hablaría seriamente con ella.

– Entonces ¿Vienes?

Temari miraba adusta a Shikamaru, buscando un inicio de que todo esto era una broma suya.

Sin embargo seguía serio.

–¿Quién eres y qué hiciste con Shikamaru? – Él ríe. – Porque él antiguo Shikamaru no lo haría ni lo pensaría, ya que piensa que meterse en casas ajenas o hacer travesuras es–

– Problemático. – le corta la palabra. – Se podría decir que desde que desafié a tu padre, ya nada me parece problemático, después de todo sigo respirando. – Shikamaru le guiña el ojo, y Temari casi se desmaya, escucharlo decir eso le vino los recuerdos de su adolescencia y lo que hacía con él a puertas cerradas en su habitación, tragó saliva, apretó las piernas e intentó no verse perturbada, por suerte la sombra del faro le ayudaba. – Y bien, problemática.

– Andando. – Determinó confiada.

Al llegar al lugar que tenía esas luces tan llamativas, se dieron cuenta que era una fiesta privada de algún rico. Después de todo era una mansión en el sector más prestigiado. Trataron de entrar de forma desapercibida ya que el guardia que estaba en la entrada no le iban a dejar entrar a ninguno, ni con Temari con sus encantos, aunque ella no se prestaría para esas cosas.

Aunque sí para escalar un árbol y saltar el muro. Suerte que llevaba pantalones ajustados o la tarea le sería más difícil, suficiente tenía con los tacones.

– ¿Y cómo se siente la fiscalía al invadir propiedad privada? – Le susurró Shikamaru una vez que saltaron el muro. Temari por un momento se tensó pero ríe.

– Sin comentarios. – Dijo en un tono ególatra. Shikamaru ríe. Ambos caminaron por la sombra para no ser percibidos, se dirigieron al centro de la fiesta y ahí se mezclaron con los invitados.

Nadie percibió que eran un par de colados, aunque ambos se limitaban a saludar e ir hasta la barra de bocaditos, o llevar algo a la boca de los que traían los meseros en la charola. Lo suficiente para no entablar una conversación con nadie que pueda revelar quienes eran.

– Estoy llena. - Dijo dejando la galleta de jengibre en forma de reno. - A todo esto, ¿Quién será el anfitrión que ha gastado en toda esta ostentación? - Temari miró las decoraciones que iluminaban aún más el patio, las estatuas de hombre de nieve, renos, un Santa Claus de tamaño real, un árbol de pino enorme y natural, y la mansión brillando con toda esa luces, parecía un farro advirtiendo a los náufragos.

– Algún viejo solitario temeroso de pasar la noche de navidad solo en esa enorme mansión. - Shikamaru se encoge de hombros sin darle tanta importancia a su respuesta, bebió con tranquilidad su bebida alcohólica. Sin embargo, a Temari le entró un escalofrío al pensar que eso podría ocurrirle a ella.

– Puede ser. – Musitó en un tono bajo, Shikamaru confundido por su delicado tono giró a verla, Temari bebió de golpe toda su bebida. – Bueno, tenemos el estómago lleno, entonces, toca entablar conversación. – Dijo levantando el mentón. – Tal vez así podamos saber quién es el anfitrión.

– ¿No será que ya quieres cazar a un hombre? – Le pregunta con ironía.

Temari rueda los ojos, en cierta forma había visto un par de hombres bastante atractivos, pero no lo dejaría saber.

– Si conocemos quien es el anfitrión, habrá más posibilidad de no entablar conversación con él o ella. Y podemos estar acá, hasta la cena navideña.

– Sí claro. – Shikamaru no se lo creyó, aún así caminó alejándose de ella. – Suerte. – Dijo alzando su mano que tenía su copa y la otra metida en su bolsillo de pantalón.

Temari le frunció hasta que perdió de vista su espalda.

– Tu necesitarás la suerte. – Murmuró molesta girando de golpe, consiguiendo marearse por unos segundos.

– Ey. – Un alto hombre le sujeta del brazo antes que se tropiece. Temari iba a darle un manotazo a su mano atrevida, pero al ver su rostro, se enrojeció levemente, era bastante atractivo, tragó saliva. – Deberías controlarlo. – Al principio no le comprendió hasta que el pelinegro miró su copa que llevaba en la mano. Ofendida cerró los ojos.

– No se preocupe, tengo buen aguante. – No había nada por lo que sentirse orgullosa, pero de igual forma no pudo evitar que las palabras salieran de su boca.

Él ríe de forma encantadora.

– Soy Itachi. – Se presenta.

– Temari. – De alguna forma aquel avance levantó su ego femenino, no había perdido el toque.

Se quedó hablando toda la noche con él hasta que llegó la hora de la cena navideña, él le llevó a la mesa que le correspondía, siguiendo con su grata conversación. Al pasar la mirada por las otras mesa, luego de comer el delicioso cordero, de reojo nota la figura de Shikamaru en otra mesa, curiosa volvió su mirada a él, tenía una sonrisa boba, su mirada pasaba de la copa a los ojos de la femenina, una rubia bastante hermosa con un par de ojos violeta grises y de figura voluptuosa. Y lo peor es que llevó una mano a su nuca, eso era signo de nervios. Y combinado con esa sonrisa galante, Temari sabía lo que significaba. Él muy tonto estaba cayendo a una trampa.

Decidida se levantó.

– Debo ir al tocador. – Dijo a Itachi sin mirarle, él asintió y le siguió con la mirada. – Shikamaru. – Saluda dejando caer una mano a su hombro, esté volteo a verla sorprendido, como si no la esperara. Su acompañante también giró a verla. – Me alegra que te estés divirtiendo, pero creo que es hora de irnos. – Mira el reloj de su pulsera y aprieta su mano un poco más en el hombro masculino.

– No lo creo. – Se congeló. Shikamaru la miraba seriamente. – Si quieres puedes irte, yo me quedaré con Shion, por cierto, Shion te presento a mi amiga Temari.

– Oh, por un momento pensé que era tu novia. – La rubia ríe junto con Shikamaru que niega con la cabeza. – La forma en que te trata. – la rubia con una sonrisa divertida y a la vez suspicaz mira la aún mano de Temari sobre el hombro de Shikamaru. – parecía una novia celosa. – Dijo subiendo la mirada hasta los ojos verde azulado. Temari no se mostró indignada.

– Nuestra amistad va más allá de lo que te imaginas. – Dijo arrogante sorprendiendo a la atractiva mujer y a Shikamaru que agradeció no beber nada justo en ese momento o hubiera escupido el líquido.

– Temari. – Gruñó. Se levantó y sonrió disculpándose con Shion. – Ahora regreso.

– Aquí te espero. – La mujer alzó su copa y bebió un trago.

Shikamaru agarró del codo a Temari y la arrastró lejos de todas las miradas, casi en la sombra del lugar donde se habían establecido las mesas fuera del patio.

– Suéltame. – Ordenó con la dentadura apretada. – Se caminar idiota.

– ¿Por qué siempre tienes que estar de problemática cuando conozco a una chica? – Le soltó delante de la cara una vez que la soltó o ella se zafó de su agarre. Temari abrió los ojos en par, tragó saliva lentamente.

– No sé a qué te refieres. – Desvío la mirada.

– Tú sabes bien a qué me refiero. – El silencio fue la respuesta. – En el colegio ¿No te asoma ningún recuerdo? – Temari cuadro los hombros pero no dijo nada. – Shiho, la chica que estaba detrás de mí, y misteriosamente dejó de hablarme, cuando la enfrenté para saber qué demonios le ocurría, ¿Sabes que me dijo? Que tú le amenazaste que se aleje de mí.

– Lo hice para que no te hiciera daño, las calladas son las peores. – Refutó indignada. – Te estaba protegiendo, es lo que hacen los amigos.

Shikamaru soltó una risa socarrona, incrédulo y con enojo.

– ¿Y qué hay de las palabras de Tayuya cuando terminó conmigo?

– Yo que sé, tú nunca me contaste nada de eso. – Herida le recordó.

– Ahora te lo digo, me dijo que no quería compartirme y que no quería tener que soportar a alguien tan celosa como tú. Además que la amenazaste con cortarle el cabello hasta dejarla calva.

Temari vuelca los ojos.

– Ella te estaba engañando con otro.

– Y yo tampoco era santo, porque tú y yo –

– ¿A qué quieres llegar? – Le cortó molesta de brazos cruzados y enfrentando su mirada con una de hierro.

– Dime que quieres de mí. – Shikamaru le miró fijamente en busca de una señal, pero Temari sabía muy bien cómo guardar sus emociones. – Dilo ahora y se clara Temari, porque me voy y será para siempre.

– ¿A qué te refieres? – Asustada, sintiendo su corazón latir con temor, las palabras salieron en un hilo de voz.

– Que no voy a permitir que una posible relación sea interrumpida por tus juegos. – Ambas miradas se sostuvieron, una buscando la verdad en sus palabras, el otro buscando lo que ocultaba o al menos borrar cualquier rastro de esperanza.

– Haz lo que quieras, esa mujer no te conviene, lo único que hará es jugar contigo. – Dijo Temari en un tono bajo para no ser escuchado por otros, a pesar que estaban alejados de la multitud.

Shikamaru suelta una risa melancólica.

– Demasiado tarde, ya alguien tuvo el placer de jugar y burlarse de mis sentimientos, pero esto se acabó. – Sus ojos marrones incomodaron a Temari. – Buenas noches. – Se despidió al pasar a su lado, sus palabras estaban cargadas de resentimiento y frustración.

Temari sentía su garganta arder y la boca seca. Además que se sentía ahogarse. Pronto dió un salto justo cuando una explosión sonó, la oscuridad en dónde estaba se iluminó de diferentes colores. Al subir la cara se encontró con otros fuegos artificiales. La pirotecnia había comenzado, y la mayoría de los invitados soltaban exclamación de júbilo y se felicitaban con cortesía.

Temari no tenía ganas de fingir estar alegre, su sonrisa se borró y una lágrima traicionera resbaló por su mejilla. Tragó saliva y quiso irse, pero sus pies no la obedecían y no podía dejar de ver las distintas formas de los fuegos artificiales que adornaban el cielo que antes era oscuro. La fría noche era él único que llegó a abrazarla.

Fin.