Hola! Antes de comenzar con el capítulo, quería agradecer sus reviews. Nunca había tenido tantos (para mí de verdad que es mucho), así que desde el corazón, les agradezco que sigan este fic. Es mi primer escrito por capítulos, ya que generalmente prefería publicar desde una sola vez. Pero con "Reina del amor y de la belleza" me pasó que lo comencé a principios de año y lo retomé hace algunos días. Me he divertido escribiéndolo y pienso mucho en cómo construir una buena historia.
No os aburro más!
Aquel día lo recordaría toda su vida. Lo sentía con una certeza inamovible, como si fueran los hados del destino los que le estuvieran hablando desde un rincón de su alma.
Recordaba el gris del cielo, el frío de los rincones y como sólo deseaba quedarse junto al fuego del gran salón. Recordaba el mutismo de los criados ante el inevitable embiste del invierno que pronto estaba por llegar.
"El invierno mata, mi lady" solía decirle su fiel criada. Y era muy consciente de lo que esas palabras significaban: no habían cosechas, los niños enfermaban y morían, la tierra misma parecía sumirse en un largo letargo de meses.
Oyó su voz por el corredor y su respiración se detuvo un momento. Esa voz, esa voz que podría reconocer en cualquier lugar de ese mundo, y que siempre le causaría esa honda impresión.
- ¿Qué os sucede hermana? – la voz de Hanabi, tan firme y tan autoritaria fue capaz de sacarla de su cavilación. Hinata se volvió a ella, sorprendida y sonrojada, aunque pronto se dijo que ella no podía saberlo.
No debía saberlo.
Aunque…
- Nada, hermana. Debo ir a mis aposentos un momento y estaré en breve acá. Disculpadme.
Hanabi la traspasó con su mirada, como escudriñando algo que ella no podía ver. ¿Tan evidente podía ser?
Con el corazón exaltado, el alma en vilo y deseando con todas sus fuerzas que nadie la notase se dirigió hacia las puertas de entrada del castillo, porque tenía la certeza de que ahí lo vería. Deseaba tanto verlo, tantas eran las ansias de él que por las noches apenas podía dormir luego de la conversación mantenida con su padre, esa que había destrozado y hecho añicos todos sus sueños.
Casi corrió hacia sus aposentos y se quedó detenida en la mitad de la habitación. ¿A dónde iría? ¿Cómo poder resignarse a la idea de un matrimonio sabiendo que no amaría a nadie como a lord Uzumaki?
Intentó no llorar. Intentó no gritar, no maldecir, no odiar su destino de mujer objeto de cambio, pero no pudo.
Cayó al suelo sollozando, mordiéndose los labios hasta hacérselos sangrar para no gritar todo aquello que estaba consumiendo su alma.
La lluvia golpeó su rostro y se detuvo en cuánto lo vio. Ahí estaba, practicando con otros caballeros, sonriendo, dando órdenes, viviendo a plenitud cuando ella se sentía desfallecer con sólo verlo.
Era un muchachito rubio de encantadores ojos azules. Ella lo miró con curiosidad, y de pronto él la observó con una pequeña sonrisa haciéndola sentir avergonzada. Se ocultó tras el vestido de su madre ante lo cual ésta rió.
- Vamos Hinata, saludad a Naruto. Ahora será vuestro amigo, vuestro compañero de juegos.
La niña se acercó al muchacho. Seguía sonriendo con esa calidez que la hizo sentir extraña.
Avanzó en silencio, con la mirada fija en él, sabiendo que cometía una imprudencia tremenda. Pero qué más daba si su destino ya estaba marcado sin poder oponer la menor resistencia. Qué más daba si debía pertenecer a otro, toda ella, su cuerpo, su obediencia y su vida. Qué más daba si se lo decía y liberaba su alma de aquel tormento.
- Lady Hinata –escuchó su voz sorprendida, hasta emocionada en el fondo. Habían pasado días sin verse y poder observarla, tan hermosa en ese día gris y aun así iluminándolo todo, le hizo estremecer. Ella ahí y era como que no perteneciera a aquel día. Ella ahí y él sin poder estrecharla entre sus brazos.
- Naruto –se permitió llamarle de aquella forma – necesito hablaros. Necesito deciros todo lo que…
Gritos interrumpieron a Hinata. Se dio la vuelta hacia la entrada y lo vio. A él. Al último hombre que querría ver en su existencia. Sin darse cuenta retrocedió de manera instintiva, pálida como si hubiese visto una aparición, de esas de los cuentos que le contaba por las noches su dama.
- Hinata, debéis contarme que os ocurrió con aquel hombre.
Su hermana se sentó junto a ella, que permanecía observando la ventana, mirando la lluvia y deseando no recordar. Pero sabía que Hanabi no se daría por vencida hasta saberlo todo.
- De partida, ¿qué hacíais ahí? Sabéis bien que vuestro lugar está aquí, en este aposento, no con aquellos hombres. Más que nunca debéis comportaros si estás a las puertas de convertiros en la mujer noble de un caballero.
Ella bajó la mirada hasta sus manos. ¿Cómo decirle a ella, a su hermana que idolatraba la nobleza y el deber que se había enamorado de quién no debía? Jamás podría entenderlo.
Si hubierais sido vosotras la primogénita.
Tal vez…
- Necesitaba la lluvia. – Hanabi enmarcó una ceja. Evidentemente no creía lo que ella decía.
- A mí no me engañáis, hermana. Siempre he sabido de ese absurdo amor que sentís por Naruto. – los ojos enormes que abrió Hinata eran la única contestación que necesitaba para confirmar lo que sospechaba desde hacía tiempo. Eran evidentes las miradas, el alborozo de su hermana cada vez que lo tenía cerca. El sonrojo infantil que la invadía. – Es casi vuestro hermano y sabéis qué padre jamás consentiría en vuestra unión.
Ella no respondió por un momento.
- Lo sabéis entonces, hermana. Pero no os equivoquéis, sólo… Necesitaba despedirme, porque sé que prontamente me iré de aquí en cuánto me case. Lo sabéis bien, ya no lo veré seguramente.
Su hermana asintió.
- ¿Y qué sucedió que os dejó tan ensimismada? Sois una persona silente, pero esta tarde vuestro ánimo no es el mismo, hermana.
- Lo ví. A lord Uchiha, no sabía que se encontraba en el castillo, porque de otra forma me hubiese ocultado en mis aposentos – se mordió los labios al recordar aquel encuentro.
Se acercó a ella y quedó tan próximo que pudo sentir su respiración en el rostro. No supo por qué y nunca se lo explicaría en lo sucesivo, pero no pudo apartar su mirada de aquellos ojos oscuros, tan negros como la peor de las noches, pero algo había en ellos que la mantuvo en su sitio.
Alzó el rostro con toda la dignidad que pudo reunir, para demostrarle que no la doblegaría, que era digna cuando él no lo era. Que ella era todo lo que él jamás conseguiría ser.
- Lady Hinata, qué placer –recalcó aquella palabra- encontraros en este día.
- Lord Uchiha, os saludo.
Una sonrisa maliciosa se cruzó por su rostro hermoso y duro. Bajó la vista hasta sus labios y se acercó aún más a ella. Hinata desvió la mirada, en un mudo gesto de súplica.
- Os saludo, futura esposa. – y bajó la voz en un susurro que casi le acariciaba la piel. - Porque recordad mis palabras: seréis mi mujer, diga lo que diga vuestro padre y aunque te neguéis, seréis mía. Aunque deba usar la fuerza y sangre.
Sus labios rozaron suavemente los suyos y se apartó de manera brusca en el momento en que se oyeron exclamaciones de asombro e indignación a sus espaldas. Se dio la vuelta para observar cómo se iba junto a sus hombres, sin que nadie se atreviese a plantarle cara ante tremendo atrevimiento.
Al volver la mirada Naruto no estaba ahí.
- Es un hombre testarudo que no sabe lo que es la dignidad. Padre ya fue tajante en ese aspecto, no os entregará a él. ¡No sabe lo que es el honor y mirad semejante atrevimiento! – Hanabi rezumaba indignación ante la escena que describió su hermana. Lo sentía como un ataque en toda regla aunque Hinata intentara calmarla diciéndole que exageraba y que lord Uchiha no sería capaz de iniciar acción alguna contra su padre. - ¿Es que no conocéis a los hombres como él? Más miedo siento contra un hombre que no sabe lo que es el honor. Debéis cuidaros hermana.
- Lo que no entiendo es el porqué de su insistencia – replicó pensativa. - ¿Por qué venir por segunda vez? Si es dueño de la riqueza de la que se habla, podría poseer a la mujer que quisiera, sé que nuestra familia es poderosa, pero aun así debe tener otras muchas opciones. Iguales o mejores que yo.
- No olvidéis que tiene una ya. Seguramente esa mujer no le aporta ningún rango y por eso es que te desea con tanto ahínco. Es encantador que tengas tan pobre idea de tu propia valía.
En ese momento se abrió la puerta de la sala y entró su padre con un gesto de gravedad en el rostro. Con una sola palabra le pidió a Hinata que la acompañase.
- Aquel malnacido se atrevió a insultarme, en mis dominios, frente a mi rostro, exigiéndome que os entregara. Y además se atrevió a insultaros frente a mis hombres y es algo que no puedo permitir.
- ¿Qué os dijo, padre? ¿Qué fue lo que ese hombre fue capaz de deciros?
Lord Hiashi se paseaba por la sala. Toda su postura corporal denotaba la ira que sentía en aquel momento.
- Que os tendría aún a la fuerza. Como si me estuviese declarando la guerra y la verdad, hija, es que debo estar preparado ante todo. – Hinata se mordió los labios con fuerza. Podía leer entre líneas aquello que le estaba comentando su padre, aquello podría ser el comienzo de un peligroso enfrentamiento y la perspectiva le hizo temer lo peor. – Si cree que de esa forma va a amedrentarme, es evidente que no me conoce ni un ápice. Sobre todo porque ya está decidido y no soy hombre de desconocer mi propia palabra.
Su hija lo observó atentamente, con el corazón latiendo tan rápido que parecía querer huir de su pecho. Se sentía a un paso del borde de un profundo abismo, ante el que estaba a punto de caer.
- ¿Qué está decidido, padre? – se atrevió a preguntar con un hilo de voz. Tenía que oírlo de una buena vez.
- Vuestro matrimonio, hija mía. Ya he decidido a que hombre voy a entregaros. Y está decidido asimismo que será dentro de dos meses. Debéis prepararos para ser ya una mujer. En los próximos días vendrá a presentaros sus respetos.
Ella sólo bajó su cabeza, asintiendo en silencio, sabiendo que ninguna palabra detendría todo lo que estaba por vivir. Solicitó permiso para retirarse y se dirigió a sus habitaciones de dónde deseaba nunca volver a salir. Su dama de compañía la sintió llorar hasta la madrugada.
Los días sucedieron con pasmosa rapidez, entre la confección de algunas prendas para su ajuar – a través de los años se había dedicado a eso junto a su hermana y su dama de compañía -, hasta ajustar los detalles de la dote que aportaría a su futuro esposo y señor. Fueron días tristes, pero se mantuvo calmada y serena, a pesar de que en ocasiones sólo deseaba tomar unos de sus caballos y huir.
Algo la consolaba entre ese mar de incertidumbre que se le antojaba su próximo desenlace y era su prometido. Lord Hatake Kakashi le había parecido un hombre sereno y razonable según lo que pudo conversar con él bajo la atenta mirada de Natsuki. Luego de aquel encuentro consideró que hasta ese momento se le podía considerar un hombre encantador, algo enigmático y según las palabras de su dama, "increíblemente guapo" a pesar de ser un hombre mayor.
Aun así…
Aun así le costaba afrontar la idea y sobre todo porque no había vuelto a ver a Naruto y esos días se le antojaban insufribles, de sólo imaginar cómo sería la vida lejos de él una vez que se estableciera en los territorios de su nuevo señor. Le dolía, con un dolor lacerante y que nada parecía aplacar, ni los libros, ni la música, ni la compañía de su familia.
- El matrimonio se celebrará en dos semanas y debéis prepararos para el viaje. Una gran comitiva os acompañará y se asegurará de que lleguéis en las mejores condiciones.
Esas habían sido las parcas palabras de su padre. En aquellos días había tomado una extraña distancia con ella, como si algo lo atormentase y prefiriese no verla. ¿Acaso sentía remordimientos? Se dijo que aquella idea era tonta y carente de sentido pues su padre estaba empeñado en verla casada con un partido que fuera conveniente para ella y su posición. Y lo había encontrado, era un hecho, pero algo lo atormentaba.
De pronto recordó a aquel hombre, Sasuke Uchiha. ¿Tendría alguna relación con la actitud de su padre? Había intentado no pensar en él, pero por alguna razón el encuentro en el patio principal volvía a ella. Y se detestaba por ello. Confiaba en que se hubiese olvidado de la vana pretensión de hacerla su esposa, puesto que no había sabido de él desde aquel momento. Quería creer que sólo quedaría como un mal recuerdo, pero aun así en ocasiones se sentía inquieta.
"Os saludo, futura esposa." Y esas palabras rondaban peligrosamente por su mente.
Y sus ojos. Sus malditos ojos negros parecían mirarla aún, desde rincones secretos de su alma la atormentaban cada día.
Continuará.
