Capítulo V.
La habitación era espaciosa. Contaba con una cama, una mesa junto a una gran ventana y al fondo una chimenea para el fuego. Tenía dos criadas a su disposición, que silenciosas la servían, pero nada de eso podía complacerla. Las despidió, porque necesitaba estar sola. Necesitaba llorar y desahogarse de ese día terrible, embargada por la preocupación de todos los suyos. Se sentía culpable de todo, y más aún por haber sido capturada por aquel hombre.
Ya anochecía y estaba agotada, sólo quería echarse en la cama y tratar de olvidar algunas horas todo lo que había sucedido, pero cuando la puerta se abrió supo que eso no sucedería.
Verlo entrar en la habitación le hizo sentir cansancio. Ni siquiera era ira o indignación, sólo sintió un gran cansancio. Tal vez al darse cuenta de que definitivamente estaba a su merced. De que sus amenazas se habían vuelto una realidad.
- ¿Os agrada vuestra habitación?
Ella asintió en silencio. A pesar de todo, estaba agradecida de contar con una estancia limpia y acondicionada para ella. Él se acercó lentamente, hasta quedar a una corta distancia. Hinata intentó retroceder, pero él le tomó suavemente de la mano.
- Podría haceros mía, sin esperar a nada, estáis aquí a mi completa merced, pero esperaré a que seáis mi esposa.
- Es difícil creeros, lord Uchiha. – Hinata desvió la vista, porque su cercanía realmente la molestaba. No se lo diría, no, sabía que se satisfaría si ella demostraba lo mal que se sentía. – No sentís respeto por nadie, ni siquiera por la mujer que amáis.
- ¿De qué habláis? – contestó en voz baja.
- Lo noté apenas la ví. Aquella hermosa mujer rubia y de ojos como el cielo que os esperaba en el patio. – entonces Hinata sonrió ante la pequeña expresión de asombro que asomó en ese hermoso rostro. – Hacerla sufrir con mi presencia aquí, a cualquiera haría pensar que sois un monstruo. Más que nunca estoy convencida de que no seré vuestra esposa. Tal vez deberíais pedir un rescate, sería más fácil para todos.
Sasuke sonrió por lo bajo, con ferocidad.
- Sois tan noble, preocupada por mi mujer. Sí, porque es mi mujer lo habéis notado muy bien. Pero ya está tomada la decisión, seréis mi esposa. Y estaré esperando el momento de que por vuestra propia voluntad lo aceptéis.
- Podríais esperar toda la vida, entonces – susurró Hinata perdiéndose en aquellos ojos negros. Cómo le odiaba, ¿cómo se atrevía siquiera a suponer que ella consentiría en tal cosa? La humillaba prácticamente al siquiera presumir de ello. – Porque recordad mis palabras, lord Uchiha: nunca me entregaré a vos, antes preferiría morir, lanzándome desde la torre más alta de este lugar que perteneceros. Podrías forzarme y mancillarme, pero nunca doblegaréis mi voluntad.
- Eso está por verse. Porque si no queréis ver muerto al hombre que amáis, os entregaréis a mí. – lo dijo despacio, casi saboreando cada palabra.
Lo había conseguido, lo supo al ver la expresión del hermoso rostro de la joven, los ojos bien abiertos y los labios, demostrando que había dado en el blanco. La hubiese besado en aquel momento, pero no era así como quería llegar a ella.
- Mentís. No sabéis nada de mí, no sabéis nada de lo que siento. – replicó ella en un susurro, sin dejar de mirarlo, decidida a enfrentarlo.
- También puedo inferir cosas, mi lady. Aquel día del torneo vuestra mirada no dejó lugar a dudas: amáis a ese hombre, ¿cómo se llama? –hizo ademán de tratar de recordar.
Ella se mordió el labio, sin darse cuenta de que con aquel gesto lo estaba invitando.
- Lord Uzumaki, si no me equivoco. Es una pena que vuestro padre no lo haya destinado para vos. Sea como sea, fue capturado en nuestra pequeña emboscada y está en las mazmorras. Podéis comprobarlo cuando lo deseéis.
Ella no replicó. Pero su actitud se tornó dura, como si se estuviera vistiendo con una coraza de hielo. Se estaba preguntando si aquello era verdad o si sólo lo decía para quebrantar su espíritu. No se lo diría, de ninguna forma suplicaría… hasta por lo menos comprobar si era cierto que Naruto estaba en las mazmorras.
- Buenas noches, lord Uchiha – saludó ella dándose la vuelta, indicándole que no deseaba seguir hablando con él.
Él lo comprendió. Aunque no estaba acostumbrado a que una mujer simplemente se diese la vuelta, sabía que era un reto. Un reto que le agradaba, porque se sentía amo y señor de la situación, porque ella no podía huir, porque había dado con la debilidad que podría doblegarla. Se despidió, pero ella no volvió la vista atrás, manteniéndose de pie junto al ventanal que mostraba una noche oscura, sin la luna que diera un poco de color.
Observó su figura y un extraño pensamiento ocupó su mente. Estaba a su merced, pero por alguna razón, le pareció increíblemente lejana. Nunca había estado en una situación parecida y maldijo por lo bajo, jurándose que muy pronto no estaría lejos.
Hinata golpeó la puerta con ambos puños. Cómo se imaginaba, la puerta era custodiada por dos guardias que tenían la orden de no dejarla salir, bajo la amenaza de un castigo extremo.
Se abrió la puerta y uno de los hombres le preguntó qué necesitaba.
- Deseo que me llevéis a las mazmorras. Sé que debeís vigilarme y en ningún momento dejarme, pero exijo que me lleven. Vuestro lord me dijo que podía bajar en cualquier momento.
El hombre la miró perplejo unos segundos, como dudando si debía acatar aquella orden, pero antes de poder replicar, Hinata le recordó que sería la futura lady del lugar y que podía ser más cruel que su futuro esposo. Que recordaría claramente el trato que le dispensaran.
Era mentira, no consideraba casarse con él ni estaba a un ápice de ser una persona cruel, pero necesitaba corroborar si en verdad Naruto estaba cautivo. De sólo pensarlo, su alma no encontraba el sosiego y sólo quería correr y verlo. Y si debía ser dura para poder ver esos ojos otra vez, lo sería.
Sólo quería besarlo. Y ser suya.
El guardia asintió en silencio y le indicó al otro que él iría adelante y que él debía encargarse de la retaguardia. Debido a su posición social, no podían caminar al lado de la dama y sabían que tampoco le sería permitido jamás por lord Uchiha. Comenzaron entonces a recorrer los pasillos de aquel castillo, pero Hinata sólo tenía en mente saber de Naruto, y por lo mismo, aquella caminata se le volvió eterna e insufrible. Pero no estaba en condiciones de hacerlo notar a aquellos guardias, porque sabía que cualquiera de sus acciones serían puestas en conocimientos al lord del lugar.
Hasta que llegaron a una gran puerta que estaba resguardada por cuatro guardias y una gran viga de madera. Hinata aguardó en silencio, esperaría a que su comitiva diera las instrucciones. Y en realidad, tenía miedo de que su voz delatara el llanto que trataba de contener.
- Abrid la puerta, la dama desea visitar las celdas y ya sabéis que el señor nos indicó que debíamos obedecerla.
Hinata cerró los ojos. Que lord Uchiha les hubiese dado instrucciones sobre ella le parecía repulsivo, ¿pero qué importaba?
Entró en silencio y caminando lento, porque si bien necesitaba con su alma comprobar si era verdad lo que su secuestrador le había dicho, en el fondo no quería ver a lord Uzumaki como un prisionero de aquella asquerosa mazmorra.
El lugar estaba apenas iluminado y Hinata observaba con avidez cada celda, en busca de aquellos ojos azules, y su ser se batía entre el alivio de no verlo y la incertidumbre de las siguientes celdas. Fue así cómo llegó hasta el final y lo vio. Era verdad. Era verdad. En ese momento sus pensamientos eran un caos de dolor, ira y angustia y por primera vez, mostró lo que sentía al gritarle al guardia que la secundaba que abriese la celda.
Naruto abrió los ojos cuando escuchó la voz de la mujer que amaba y por la que daría la vida y más si pudiese. Apenas daba crédito a sus ojos, ya que pensaba que al haber caído preso, ya nunca la vería otra vez. Pero ahí estaba, dándole órdenes a los guardias, con toda la solemnidad que permitían sus circunstancias.
- Señora, nuestro señor nos dijo que podíamos acompañarla a la mazmorra, pero no nos dijo nada sobre abrir la celda.
Hinata endureció la mirada. Ella, la que jamás había levantado la voz a sus sirvientes, la que pedía por favor, la que sonreía con amabilidad siempre, ella le gritó al guardia que lo acusaría al señor y que haría que lo mandasen a matar si no cumplía con sus órdenes.
El hombre retrocedió un poco, pero volvió a la compostura en seguida. Se dio cuenta de que aquella mujer no mentía y que era una digna señora de aquel castillo, porque podía ser tan dura e inflexible como el amo. Así que en silencio, abrió la celda y Hinata entró veloz a abrazar a Naruto, quien a su vez la envolvió en un abrazo desesperado.
Qué milagroso le parecía verla. Pero oírla decir esas cosas, le hizo doler hasta lo indecible. ¿Acaso pensaba ser en verdad la señora del imponente castillo? ¿Algo había sucedido en aquellos días en que estuvo sometido a ese confinamiento?
Ella pareció saber lo que pensaba y dejó salir el llanto que hacía horas tenía atorado en el pecho. Le dijo todo, que la había amenazado con matarle a él si no accedía a ser su esposa y la había retado a bajar a las mazmorras a comprobarlo. Que no pudo dormir esa noche pensando en que si era verdad y que ahora que lo sabía, que lo tenía entre los brazos, no sabía qué decisión tomar. Nunca le pertenecería a Uchiha, pero si de ella dependía la vida de su amor, era capaz de hacerlo.
- No - gimió Naruto, abrazándola con más fuerza. - No os imagino como mujer de un hombre tan cruel y despiadado. ¿Qué será de vosotros, mi amada?
Nunca se lo había dicho. Nunca una palabra acerca del amor que sentía por ella se había escapado alguna vez de sus labios, pero ante la proximidad del peligro y la muerte, sentía que ya no tenía nada que perder. Si moría, quería que supiera que la amaba y que siempre sería la señora de su corazón.
- Hacedme vuestra - le susurró en el oído. - Hacedme vuestra y así él no podrá reclamarme y me repugnará. Os amo. Os he amado desde hace años y si no soy vuestra, no puedo ser de nadie más.
Naruto la soltó, aunque ella se aferró con más fuerza a él. No se sentía avergonzada por lo que había dicho y había pedido, estaba aterrada de pensar el futuro que parecía acabar con ambos y en el fondo de su corazón, prefería entregarse al hombre que amaba que seguir viviendo como una mujer honorable.
"Soy capaz de lanzarme de la torre más alta, antes que ser vuestra mujer" le había dicho a lord Uchiha.
Y ahora, teniendo al frente a Naruto, comprendió que no tenía más alternativas.
Pero él dijo que no.
- Sois una dama noble, sois la hija del hombre que me acogió, me educó y me dio la vida que hoy tengo. Jamás cometería el acto de deshonraros de aquella forma - sonrió de forma triste, apartando la mirada de los límpidos ojos - menos en una mazmorra con unos guardias observando lo que hacéis. Prefiero que me mate lord Uchiha a haceros tal daño. No me lo perdonaría ni por vos, ni por vuestra familia.
- Más daño me haréis dejándome a su merced - rogó Hinata, con voz baja, adolorida, porque por primera vez odiaba todo lo que implicaba estar frente a un hombre noble.
- Porque os amo es que no lo haría - respondió él y la besó suavemente. Ella no dudó en responder y por primera vez, probó los labios del hombre que hace muchos años era su dueño, sin saberlo.
No supo cuántos minutos pasaron, pero le susurró sobre los labios que debía irse, que una mazmorra no era lugar para ella y que no se preocupara por él. ¿Cómo se atrevía a pedirle eso?, pensó para sí misma, pero no era el momento de recriminaciones. Comprendió que tenía razón y que debía salir de aquel lugar cuánto antes o terminaría delatándose una vez más. Le dijo adiós con lágrimas en los ojos y se dirigió a la puerta sin volverse una sola vez, porque sabía que si lo hacía, exigiría a gritos quedarse junto a él en aquella celda.
Al llegar a su habitación, se desplomó en el suelo y lloró todo lo que había aguantado. Porque sólo veía una salida, porque ella se sacrificaría por él.
Le pidió a sus criadas que le preparasen un baño. Solicitaría una audiencia con lord Uchiha y pensó que no quería que la viera acabada. Seguramente ya estaba enterado de lo que había sucedido en la mazmorra y no quería dejar pasar más tiempo. Cada minuto que pasaba le dolía y necesitaba saber que Naruto dejaría aquellas celdas que no eran dignas de él.
- Señora, el agua está lista. Le quitaremos la ropa para que pueda entrar y la ayudaremos.
Hinata asintió y dejó que las criadas la ayudasen. Primero desenredaron su cabello, y la despojaron de sus vestiduras. Notó que intercambiaban miradas entre ellas, pero ninguna dijo alguna cosa, por lo que entró en el agua. Casi dejó escapar un suspiro, pero pronto se maldijo en voz baja. "Mientras disfruto de un baño, Naruto está padeciendo en aquella celda".
No se percató cuando la puerta se abrió y entraba lord Uchiha a la estancia. Lo miró estupefacta, pues no lo había visto desde que la había llevado al castillo. Las criadas no parecían sorprendidas, sólo bajaron la mirada en señal de saludo. Probablemente ellas habían avisado de su baño. Probablemente él obligaba a todo el mundo a informarle de cada cosa que sucedía en sus dominios y ella no era la excepción.
- Dejadnos. Yo terminaré de ayudar a lady a terminar con su baño. - ordenó tomando el trapo con el que una de ellas limpiaba la piel de lady Hinata.
Ella se quedó muy quieta, tapándose el cuerpo cómo le era posible. Esperó a que las criadas se retiraran para mirarlo. No se lo esperaba, aunque debió hacerlo, puesto que se creía ya su dueño.
- No os acerquéis. No quiero que me toquéis, no soy vuestra esposa y no tenéis el derecho a interrumpir mi baño - le dijo tranquilamente, tratando de dominar la emoción y el pánico que la embargaban en aquel momento. Nunca un hombre la había visto desnuda y odiaba que él fuese el primero.
Sasuke sonrió de forma enigmática. Quizá le parecía gracioso que quisiera conservar algo de dignidad, cuando no era más que una preciosa moneda de cambio. Luego, la observó muy serio y ella no fue capaz de apartar la mirada.
Esa maldita mirada.
Esa maldita mirada que más que quererlo, la traspasaba en verdad.
Él se acercó, se puso atrás de ella y comenzó a pasar el paño por su espalda. Hinata no pudo evitar estremecerse, era la primera vez que alguien la tocaba de aquella forma. Si tan sólo Naruto se hubiese atrevido… Pero era el Uchiha quién pasaba sus manos por la piel de su espalda. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal.
- Supe que visitaste la mazmorra, mi lady y que pudiste comprobar lo que te dije.
Sí. Y había comprendido que era el ser más cruel y despiadado, pero jamás un mentiroso. Le había dicho que sería su esposa y ella accedería a sus deseos, sólo porque era capaz del sacrificio. Esperaba luego ser despreciada y desterrada, pero al menos Naruto estaría vivo. Así que, conocía cada vez más al hombre que estaba detrás de ella en aquellos momentos.
- Vuestra piel es la más blanca que he visto en mi vida, señora. Cuento los minutos en que la pueda recorrer más a fondo. - la malicia en su voz era tan evidente como insultante, pero ella no dijo nada. No le daría la satisfacción de rogarle que se alejara, porque sabía que no lo haría tampoco.
Sasuke desvió sus movimientos hacia el cuello de Hinata y ella trató de ahogar un gemido. Comprendió que era una de sus "partes débiles", cómo recordó haber escuchado a hablar a las criadas.
- Me casaré con vos, lord. El día siguiente al que liberéis a lord Uchiha. Yaceré con vos, para que reclaméis mi linaje y mis tierras - Hinata sonaba monótona, como si fuese una lista de deberes más que debía cumplir. - Y esperaré a que me confinéis en algún convento antes de volver a miraros.
Lord Uchiha dejó de tocarla. Ella no quiso mirarlo ni preguntar, sentía a esas alturas que bien poco le importaba todo.
- Quiero estar en las torres de vigilancia observando cómo se va, y esperaré a una nota desde el castillo de mi padre que asegure que ha llegado bien - continuó ella en su monólogo. - Y luego entonces podré llamaros… señor.
De pronto y con toda la violencia que fue capaz, Sasuke la tomó de un brazo y la obligó a levantarse. Hinata ahogó un grito, pensando que finalmente la forzaría y la mancillaría. Pero más le aterró pensar el futuro de Naruto si eso sucedía, ¿lo asesinaría? No se dio ni cuenta de cómo él la estaba observando ni el deseo que se calaba en la mirada del señor. Observó ese cuerpo, su hermosa figura, esos pechos llenos y una cadera que llamaba a regocijarse en ella… Nunca una mujer le había parecido tan deseable, tan enloquecedora, que por un instante pensó en doblegarla, lanzarla a la cama y hacerla suya.
Pero Hinata lo observaba con repulsión. Detestaba la forma en que lo miraba, y él no estaba acostumbrado a ese tipo de miradas. Al contrario, las mujeres siempre lo observaban con lascivia y descaro. Pero lady Hyuuga no era como aquellas mujeres.
- Sé que entrasteis a la celda de aquel hombre y que os besó y no os resististeis. - bajó la voz, desviando la mirada los labios de Hinata - Sé qué lo amáis, ahora me queda más que claro cuando fuisteis capaz de ordenar a mi guardia. Y sé, que me aborrecéis y que esperáis a largaros de este castillo una vez que nos deposemos. Seguramente pensáis…
A Hinata no le gustaba el cariz que tomaba aquella conversación. No había malicia en su voz, de hecho, parecía casi susurrarle.
- Quizá pensáis que os desterraré a un convento, pero no lo haré. Seréis mi mujer y viviréis conmigo.
- ¡Nunca! - esta vez no lo soportó e intentó soltarse de su agarre, pero no pudo. - Nunca seré vuestra mujer, ya tenéis a una y no me interesa ser otra más. Me enviaréis a un convento…
- No me podeís ordenar, lady Hyuuga. - Sasuke la soltó al fin y retrocedió unos pasos.
Necesitaba observar ese cuerpo. Pensó que Hinata en su pudor, trataría de ocultarse, pero no lo hizo. Al contrario, parecía orgullosa de su cuerpo, pero aquello estaba lejos de la realidad. Nunca fue consciente de sí misma, hasta que descubrió la mirada de lord Uchiha. Ni siquiera Naruto la había observado así, pues siempre hubo una cierta vergüenza de dar a conocer lo que en realidad sentía.
Pero que Sasuke la mirase así, la hacía sentir cierta desazón. Ella no se entregaría a ninguna baja pasión y aunque llegado el momento, yacería con él, sabía que sería la peor experiencia de su vida. En el fondo esperaba que la enviase a un convento, imaginaba que la otra mujer no soportaría verla e imaginaba que Sasuke la amaba, si es que él podía amar algo, así que tarde o temprano la mandaría lejos. Pensaba que sólo lo decía para doblegarla, o eso deseaba pensar en realidad, pero su propia crianza y cierta rigidez de personalidad la impulsaban a detestarlo.
Sin embargo… sin embargo su proximidad le causaba cierta curiosidad.
- No os exijo, pero conozco a los de vuestra clase. No os serviré a futuro.
- Pensaba lady que no conocíais tan bien a los hombres. Sé que sois doncella, y sé que puedo doblegaros.
"Otra promesa", pensó, con temor.
- Que vengan mis doncellas, deseo acostarme pronto. ¿Cuándo liberaréis a lord Uzumaki? - Hinata salió de la tinaja y se acercó a la mesita que contenía la manta que la secaría. Ya el frío comenzaba a traspasarle los huesos y temía enfermarse, aunque morir no se le antojaba un mal plan. Pasó junto a él sin mirarlo y se dirigió al fuego.
- Mañana. Ya deseo que seáis mi esposa.
Y por fin salió de la habitación. Las criadas entraron silenciosas y comenzaron a ayudarla a secarse y entrar en calor. Pero la causa del temblor de su cuerpo no era otro motivo que la visita de Sasuke. ¿Pensarían si algo había pasado entre ellos? Probablemente estaban con el oído pegado a la puerta. ¡Qué escándalo más lamentable! Su padre debía estar sufriendo por su situación, quizá preguntándose si ya nada había que hacer por su honor.
- Nunca podría amar a un ser tan abyecto - susurró casi sin pensarlo. Nuevamente las criadas cruzaron las miradas, pero mantuvieron un respetuoso silencio.
A pesar de lo poco que llevaban a su servicio, en conversaciones de pasillo, habían llegado a la conclusión de que era una mujer de nobleza tremenda y gran amabilidad. Ya se sabía que amaba al guapo joven que estaba encerrado en la mazmorra y sentían compasión por ella.
"Su belleza ha sido su perdición" había comentado una de ellas. Y ciertamente, su belleza había ocasionado esa triste secuencia de acontecimientos.
Lady Ino paseaba con impaciencia por sus habitaciones. Estaba ansiosa. Estaba asustada. A pesar de lo que le había dicho su señor, no había visitado su lecho desde el día en que llevó a esa maldita mujer a su castillo. Apenas lo había visto, como si deliberadamente quisiera rehuir de ella.
Le había dicho que ella seguiría siendo la señora, pero sabía que estaba perdida de antemano. Ya estaba al tanto de que liberarían al rehén, y que al día siguiente se celebraría la unión de lord Uchiha y lady Hyuuga. Claro que esto lo sabía porque sus criadas la habían puesto al tanto. También supo de aquella visita nocturna, en la que sabía que nada había sucedido entre ellos, pero lejos de aliviarla hizo que entrara en alerta. Porque eso le daba a entender que aquella mujer no era como las demás para su señor, no la había forzado y había cedido a sus condiciones.
"¿Por qué?", ya la tiene, pensaba. Y sin embargo, había demostrado un respeto que ni siquiera ella conocía. "¿Por qué?" se preguntaba una y otra vez, hasta que se detuvo en seco y observó con interés a la criada que permanecía en silencio y la mirada baja.
- ¿La habéis visto? Y no quiero mentiras, sabéis que tarde o temprano, lo sabré todo.
- Sí, señora - sabía muy bien de lo que era capaz su ama. - La he visto.
- ¿Y cómo es? - a pesar de que la había visto una vez, quería saber qué impresión había causado en la servidumbre. Quizá así podría entender porque sentía que Sasuke se alejaba.
La criada dudó, pero ya había sido advertida. No podía mentir, porque la ira de la ama era terrible y prefería decir la verdad, aunque eso también podría ocasionar un castigo severo.
- Es hermosa, mi señora. No hay falla en ella, las criadas que la atienden dicen que además de bella, es noble y amable y no tienen queja contra ella, les gusta servirla - se calló un momento, no sabía si seguir, porque el rostro de lady Ino comenzaba a demostrar una cólera infinita.
- Es decir, es una maldita perfecta. ¡Es todo lo que nunca seré! - espetó con rabia.
- Usted es una mujer hermosa - se apresuró a decir su criada. - Sus ojos son como el cielo y el señor os ama…
Lady Ino la observó enmudecida. Tanto la amaba el señor, que no había sido capaz de hablarle. Tanto la amaba que la condenaba a ser una simple amante y a la que no le mostraba un ápice de respeto. Que la montaba cuándo él deseaba y no cuando era ella quién lo necesitaba.
Era suficiente. Si no podía hablar con su señor, entonces hablaría con aquella mujer que amenazaba con destruir todo su mundo. Ordenó a su criada a que la acompañase y se encaminó por los pasillos que conocía tan bien, para visitar aquella habitación que ya aborrecía.
Lady Hinata estaba leyendo mientras las doncellas estaban sentadas junto a ella. Les había dicho que no creía que ellas fueran su propiedad y que evidentemente estaban ahí por obligación, por lo que podían sentirse cómodas.
Ellas la observaban arrobadas, no sabiendo si se sentían conmovidas o envidiaban esa belleza extraña. Estaban en eso cuando las puertas se abrieron y en el umbral aparecía otra mujer de belleza, más mundana, pero diferente a ellas también. Se levantaron enseguida y con una reverencia la saludaron con un "señora" y se apartaron hasta quedar detrás de la silla en donde Hinata observaba a su vez, a la mujer recién llegada. Esperaba ese momento, sabía que ella no podría soportar por más tiempo no conocer a la que sería la nueva, por lo menos en la palabra, señora del lugar.
- Dejadnos - ordenó lady Ino.
Las doncellas se miraron y vacilaron.
- Señora, la orden fue no dejar a nuestra señora sola.
Lady Ino sintió como la cólera se apoderaba de ella, pero no quiso demostrarse como una mujer incapaz de dominarse ante su rival. En eso lady Hinata se levantó y les dijo suavemente que necesitaba una bebida caliente.
Mientras ellas se marchaban la rubia mujer dijo en voz alta "sigo siendo la señora aquí".
- Veo que los rumores no mienten - comenzó a decir lady Ino, mientras se acercaba a Hinata - Sois una mujer noble y muy hermosa.
- No estaba al tanto de aquellos rumores - respondió con cortesía. No estaba en sus intenciones enfrentarse a ella. Al contrario, quería que supiera que todo lo que sucediese a futuro, no era parte de sus deseos.
- Además discreta y humilde. No os veo como esposa de lord Uchiha. Cómo ya debéis saber, es un hombre de carácter dominante y no hay nada de amabilidad en él.
"Qué extraño", pensó Hinata. No sabía si la estaba advirtiendo o si en el fondo lady Ino sabía que amaba a un monstruo. No podía dilucidar qué la impactaba más, porque si estaba tan enterada de todo, debía estar en conocimiento que no se casaba ni por amor ni por deseo.
- Algo conozco de vuestro señor - hizo hincapié en la palabra vuestro. - Y antes de que podáis agregar algo más, debéis saber que si me uno a él, no es precisamente por amor. No debéis verme como una rival, al contrario, no deseo vuestro lugar. Y otro asunto del que debéis estar al tanto, es que le solicité a lord Uchiha que me envíe a un convento en cuanto pase el matrimonio.
No quiso hacer mención a la consumación de éste. Tanto por ella como por la otra mujer que se notaba afectada por todo. También esperaba, aunque con poca esperanza, que confidenciándole su petición, podría ejercer una presión indirecta sobre Sasuke.
Lady Ino supuso que ella no mentía sobre eso. Pero le dolió saberlo por labios de su rival, en vez de por los de su señor. A pesar de que le había dicho al anunciarle su intención de casarse con aquella mujer de límpida mirada, que la enviaría lejos, no estaba tan segura en aquellos momentos. Pero no podía reprocharle nada, ya bastante se había puesto en evidencia al acudir a hablarle en vez de simplemente ignorarla y hacer como si no existiese. Era la señora, aún.
- Lamento mucho que no podáis estar con el hombre que amáis en verdad - dijo ella, esperando ocasionarle daño. Pero Hinata simplemente se quedó en silencio y volvió a sentarse, como dándole a entender que ya nada tenía que comunicarle. No varió su gesto, ni vislumbró que la hubiese afectado.
Y ella, era buena entendedora. No sólo de aquel gesto. Hinata había expresado mucho más con su silencio.
Sasuke estaba verdaderamente enojado. Lady Ino no quería hablarle, ni responder por el motivo de la visita. Ni siquiera sabía que podría molestarle tanto si no la hirió de ninguna forma. Había sido directa con lady Hyuuga, pero jamás traspasó la barrera del insulto o algo parecido. O por lo menos, eso dio a entender la noble. "Malditas criadas, no pudieron esperar a correr y contarle todo a Sasuke. Quizá las premie llevándolas a la cama".
- No me hagáis enojar inmiscuyéndoos en mis asuntos. Vos y ella no tenéis tema ni…
- ¿La vas a enviar al convento cómo os solicitó? - se atrevió a interrumpirlo, pero la urgencia de escucharlo de su boca era mayor que el miedo a cualquier represalia. Era el grito desesperado de una mujer que pensaba que estaba por perderlo todo.
Él la observó con un gesto raro. No era enojo, ni desprecio. Era algo indescifrable. Era el rostro de un señor que sea creía absolutamente dueño de su destino y antes de que le respondiera, sabía lo que iba a suceder. Lo conocía lo suficiente, o eso pensó en todos aquellos años en que sólo le sirvió para calentarle el lecho.
- Ella será mi esposa y estar en este castillo le corresponde.
Y sin siquiera mirarla, sin siquiera fijarse en ella, salió de la habitación y ella supo que lo había perdido, desde hace mucho. Desde que él había conocido a Hinata Hyuuga.
Ni siquiera quiso llorar o hacer un escándalo. Estaba decidiendo un plan de acción: ahora que tenía la casi certeza que otra mujer estaría en su lugar, relegándola al papel que en realidad había estado viviendo estos años: al de amante, a la de la mujer que vive en las sombras y no tiene derecho más que a las migajas. No podía creer que aún amase a ese hombre caprichoso, cruel y mezquino. Y sabía que todo podía empeorar aún más. No estaba en conocimiento de si Sasuke amaba a aquella mujer, pero evidentemente lo que experimentaba por ella iba más allá del rango y riquezas que poseía. Ella misma había advertido que era una mujer distinta, que sabía guardar la compostura en los momentos difíciles y que no era una noble inculta más. A eso sumado a su maldita belleza, no podía hacer frente a tan magnífica rival.
De pronto, la cruel realidad se le vino encima. Otra sería la señora.
Lo único que tenía a favor, era que evidentemente que la otra no amaba a su señor y eso podría disuadirlo en algún momento. ¿Le gustaría estar con una mujer que lo despreciaba abiertamente? ¿O sería incluso aquello alguna especie de aliciente? Ya no sabía qué pensar, sentía que estaba ante un hombre nuevo.
Pero ella había dado un paso. Uno pequeño. Había bajado a la mazmorra para conocer a lord Uzumaki, se había encargado de mostrarse lo suficientemente encantadora y fue capaz de contarle la historia de su vida. Obviamente, desde su perspectiva y notó, por la mirada franca y amable del hombre, que de alguna forma se había compadecido de ella. Sentía que había comenzado a fraguarse un nuevo curso entre tantos acontecimientos. Por lo menos, no estaba totalmente cruzada de brazos.
Continuará…
Si has llegado hasta acá, muchas gracias. Espero te haya gustado el capítulo, si no, estoy abierta a comentarios y sugerencias, aunque lo tengo muy avanzado, jajajaja.
Saludos!
