Capítulo VII.

Lady Uchiha, palideció mientras leía la misiva enviada por Hanabi. No daba crédito a lo que le leía y deseó nunca haber conocido ese día. Ni siquiera el día de su matrimonio obligado le había dolido como cada palabra escrita en aquel papel.

"Día 5 del señor.

Querida hermana. Esperando en Dios que estéis bien, a pesar de vuestra penosa situación, me decido a escribiros para poneros al corriente sobre algunas situaciones.

Mi padre aún no se recupera del golpe de haberos perdido ante un hombre de la bajeza demostrada por vuestro ahora esposo, si bien entiende que vuestra decisión fue dictada por salvar la vida de Naruto. Gran golpe a nuestro orgullo es saberos casada contra cualquier sensato parecer.

Y también debo informaros que Naruto contrajo matrinomio con lady Ino. Todo se concretó de forma rápida, puesto que la mujer solicitó rescate y lord Uzumaki, haciendo honor a cualquier palabra dada (al parecer algo conversado en las mazmorras, según sé), fue a reclamarla al convento y para evitar cualquier castigo, la tomó por esposa. Otro golpe para nuestro padre, pero considerando que Naruto es un ser que ya es capaz de pensar por sí mismo, y viendo que ya estabáis perdida, decidió que la salvaría y dio su consentimiento.

No puedo expresaros lo que todo esto me causa, y me conduele pensar que no podré estar a vuestro lado para conteneros.

Os saludo, lady Uchiha".

Salió corriendo de sus habitaciones y se dirigió a las caballerizas. Tomó su corcel y se montó tan rápido que el guardia que la seguía pensó que la perdería de vista.

Pero no le importaba nada, porque no tenía a dónde ir. No entendía cómo había sido posible tal traición del hombre que seguía amando. Naruto, siempre tan honorable se había rebajado a desposarse con una mujer que no tenía reputación, que había vivido en la ignominia. ¿En qué momento? ¿Por eso se había mostrado tan resignada? Por primera vez, la odió, porque le había ganado por completo. Estaba casada con un hombre honorable, que sabía era el objeto de sus afectos, y ahora era su esposa.

"Yo le quité y ella me quitó", pensó con amargura mientras sentía el movimiento del caballo y el azote del viento en su rostro. Las lágrimas fluían libremente, pero ya nada le importaba. Ya no tenía sentido su existencia. Y maldijo el día en que conoció a Sasuke Uchiha.

"Yo no seré feliz, pero él tampoco lo será".

La lluvia comenzó a caer.

Aquella noche no lo recibió ni la siguiente. Se negó de forma tajante a verlo, porque sentía que todo el dolor que la embargaba en aquellos momentos era sólo por su causa. Ya no le importaba si la repudiaba y la recluía en un convento. Ya estaba perdida de antemano. Se negó a comer, y Sasuke sintió pánico. No se permitiría perderla. Él ya estaba al tanto del destino de lady Ino y comprendió que su esposa lo consideraba el causante de toda la situación.

Podría haberla obligado. Podría haber reclamado lo que le correspondía, pero en el fondo no quería sentir el desprecio de aquella mujer. Si además de todo la forzaba, quizá cualquier posibilidad de tenerla más allá de lo físico se perdería.

Porque sí. La amaba. Pensaba en ella durante el día, cuando revisaba sus finanzas, cuando recorría sus terrenos, cuando departía con sus escuderos y ni siquiera era capaz de buscar a alguna criada para retozar.

"¿En qué me he convertido?", pensaba con honda amargura. Él había creído amar a lady Ino, ahora lady Uzumaki, pero lo que Hinata le hacía sentir era diferente. "Debería odiarla por rebajarme de esta forma, pero no soy capaz. Es mi castigo".

Las criadas le hablaban, pero no obtenían más respuesta que ademanes o gestos. Lady Hinata ya no tenía fuerzas, y en pocos días se le veía pálida y un poco más delgada. Ya no se levantaba de su lecho y se pasaba el día murmurando una oración que no terminaban de comprender.

Se asustaron y se lo comunicaron a su señor, quién acudió raudo a su lado. Ordenó que los dejasen solos. Necesitaba con urgencia saber qué podía hacer él por ella, aunque sabía que tal vez sólo obtendría una respuesta. Y no quería oírla.

- Tan sólo decidme que necesitáis, y todo os daré. - su voz sonaba conmovida, con una entrega que no había conocido antes y todo era tan novedoso, que sólo podía observar ese bello rostro que en ningún momento le había mirado.

Ni una sola.

Se acercó a ella y tomó una de sus manos. Estaba fría. ¿O tal vez él tenía mucho calor? Al menos, agradeció que ella no intentase arrebatársela. Extrañaba el calor de su cuerpo, la suavidad de su piel, el aroma a flores de su cabello y se dio cuenta de que si la perdía, se perdería él también. Por su capricho, por todo el daño, por haberla quitado de un futuro brillante -como lo hiciera antes con otra mujer-, la estaba perdiendo. Porque podía notar que lady Uchiha ya no tenía ganas de vivir.

Para él, las mujeres siempre habían sido el medio para obtener placer y saciar sus apetitos. Su propio padre había sido cruel con su madre, ya que se habían casado mediante un matrimonio concertado. Y si bien, había cumplido con su papel de esposo, nunca había dejado de insultarla enredándose con otras mujeres y regando de hijos bastardos sus dominios. Así había crecido Sasuke, viendo como la mujer sólo era una pieza para lograr objetivos: tierras, riquezas, linajes, alianzas. Todo les estaba permitido, porque eran los señores del mundo, sus deseos eran voluntad y su palabra la ley.

Pero luego de haber obtenido a Hinata, recordó las lágrimas de su madre y sus esfuerzos por conservar la dignidad. Como toda mujer noble, se había resignado a convertirse en propiedad de su señor, callada, sumisa, sin reclamo alguno. Por eso había volcado todo su amor en sus hijos -su hermano había muerto en batalla hacía años-, y había sido la mujer más dulce y tierna. Pero hasta eso le había quitado lord Uchiha cuando reclamó a sus hijos para enseñarles de lucha, de mando, y de cómo usar las mujeres a su antojo.

No mucho tiempo de aquello, su madre murió. De tristeza, había oído. "Qué absurdo", pensó. "¿Cómo alguien podría morir de algo así?", y no dejó de observar el ataúd que contenía los restos de aquella mujer que lo había amado tanto, pero que no estaba seguro de si la había amado de aquella manera.

Pero ahora, entendía que podía perderla. Había doblegado sus deseos, su destino. La tenía, era su señor, pero si ella se iba, nada de eso tendría sentido.

- Quiero ver a mi padre y a mi hermana.

Fue lo único que dijo. Pero lo miró, directo a los ojos. Y por primera vez, sintió que era ella la que lo traspasaba con esos del color de cielo de invierno. Y tal vez fue una vana esperanza, pero descubrió un brillo en ellos.

- Si los ves, ¿te recuperaréis? ¿Seguiréis siendo mi esposa?

- Aquí o en otra parte, lo seguiré siendo. Dudo que exista alguien tan abyecto como vosotros, que os elimine para hacerme su esposa - no deseaba herirlo, sólo le comentaba algo que había hecho. - Dejadme hablar con mi padre y os haré saber mi decisión.

- No os dejaría ir - replicó con amargura. La sola idea de imaginarla lejos le dolía. - ¿Dónde iríais? Sé que me odiáis por lo de lord Uzumaki, pero nadie le obligó a tomar aquella decisión.

Hinata sonrió de una forma extraña y se levantó de la cama con algo de esfuerzo.

- Sois incapaz de asumir las consecuencias de vuestros actos. Todo lo que me sucede hoy, es por vuestra causa. Por eso os desprecio, por eso preferiría vivir en una choza antes de seguiros viendo. - lady Uchiha dio rienda suelta a todo el desprecio que sentía por él. - Dejadme en paz, llamad a mi padre y a mi hermana y no volváis a aparecer por mis habitaciones. Sois libres de buscarte una nueva mujer o yacer con las criadas, que sé que os apasiona. Si no me encerráis en un convento, recluidme en mi cuarto, pero no deseo seguir cumpliendo un papel que aborrezco. Y decidle a las criadas que debo comer.

A medida que se desahogaba, se sentía un poco mejor, con un poco más de ánimo. Y él, se sentía pequeño frente a ella. Lady Hinata podía parecer una criatura frágil, etérea, pero su carácter podía ser increíblemente firme. Sobre todo, porque le habían quitado todo.

- Os dejo por hoy, ordenaré en seguida que os sirvan. Os dejaré algunos días, y llamaré a vuestra familia. Pero…

Hinata sintió como se tensaba su cuerpo. Lo miró sin emoción, pero por dentro sintiendo que una palabra de él podía regalarle alegría o tristeza.

- Seguís siendo mi esposa.

No sois de este mundo, ahora lo sé. Y por eso, no me imagino esta tierra sin vosotros.

- Nunca os había visto así, Sasuke - su escudero más leal, la persona que, la única en realidad que sería capaz de hablarle de aquella forma, Shikamaru Nara. Era el que le había informado al lord quién era la etérea mujer de la familia Hyuuga, y no se había imaginado que luego de aquel momento se habrían de desencadenar tantos acontecimientos, que le parecía estar viendo a un nuevo señor.

Sasuke desvió la mirada y tomó asiento de forma pesada en la bella silla tallada en roble, que había pertenecido por generaciones a su familia. Sonrió de forma despectiva.

- Si no la hubiese visto. No me diríais algo así, Nara. Imaginadme, escondido en mi sala, porque mi esposa está con su padre y hermana y ninguno de ellos es capaz de mirarme a la cara. Pensé - la inflexión en su voz le hizo entender que en realidad no lo había pensado bien. - queal casarme con ella sería distinto todo.

- ¿No os preocupa que decida marcharse con su familia? Podría hacerlo perfectamente.

- He dado la orden a la guardia de que no lo permita. Puede ver a su familia el tiempo que desee, ellos pueden permanecer en mis dominios el tiempo que sea necesario, pero el lugar de esa mujer está aquí.

- ¿Sabéis que os vendría bien? Vamos al pueblo, bebamos en una taberna y llevémonos a la cama a alguna hermosa mujer. Hace ya algún tiempo - desde que había llegado lady Uchiha, pensó en agregar- ya no lo hacemos.

Lord Uchiha pareció pensarlo unos momentos, y sin mediar palabra, sólo asintió.

- Perfecto, ya veréis cómo os deja de importar todo este asunto de vuestra mujer y nos reiremos de esta anécdota en algún tiempo. - Shikamaru parecía aliviado. ¿Estaría al fin recuperando al compañero de juergas? A pesar de que su linaje no era tan encumbrado, Sasuke lo había tratado como un igual, lo que era un motivo de orgullo.

Sin embargo, había notado un cambio que quizá para los demás era imperceptible, y ese cambio no era debido a nadie más que a Hinata. Ni siquiera Ino había modificado las viejas costumbres de lascivia del señor, aunque le constaba que había amado a esa mujer y por supuesto que para él no era un misterio de lo que fue capaz con tal de conseguirla. De hecho, había estado presente en la partida de caza que le había quitado la vida a lord Kiba.

Pero desde que Sasuke había visto a Hinata, algo sucedió. Era como si aquella mujer lo hubiese embrujado. Aunque era perfectamente comprensible: una belleza así calaba profundo, aunado a un linaje y riquezas de larga data, todo en ella era embriagador. Él mismo en ocasiones se había encontrado pensando en Hinata, preguntándose cómo sería yacer con ella. Y la interrogante se había vuelto más prominente cuando supo que Sasuke se había encerrado tres malditos días con ella.

Algo nunca antes visto.

Los hombres se levantaron y se dirigieron a las caballerizas, allí el señor ordenó a los mozos que preparasen dos caballos lo antes posible. Les esperaba algunas leguas de viaje, pero ya estaban acostumbrados a aquel viaje, habían sido incontables las ocasiones en que se embriagaron en la taberna del pueblo y tantas veces más que habían terminado en la cama con alguna bella desconocida.

El ambiente de risa y desenfado le permitió sentirse mejor. Quizá si hubiera sido buena idea olvidarse de su esposa, algunos momentos al menos y retozar con alguna bella mujer.

Shikamaru ordenó una mesa para ambos, algo alejada de los demás, eran señores después de todo, y el tabernero acudió raudo a buscarles un lugar. Pronto ya estaban ubicados en una mesa apartada y con unas grandes copas llenas de vino. Sin decir palabra, comenzaron a beber.

Hinata ya se encontraba mejor, sobre todo con la visita de su familia. Por un momento pensó que o Sasuke no les llamaría o no ellos no se dignarían a rebajarse a visitar los dominios de un hombre que les había insultado de forma ignominiosa. También se sentía parte de la humillación, ya que no se había resistido más.

Por eso lloró amargamente cuando abrazó a su padre.

- Lo siento mucho, padre, os fallé - le dijo, tratando de mantener la compostura. - Pero no tuve más remedio que acceder a su deseo o lord…

Su padre le limpió las lágrimas que le corrían por las mejillas, y ese gesto, tan cargado de significado, la quebró aún más.

- No fue vuestra culpa, yo no pude cuidaros como correspondía. Y entiendo completamente vuestra decisión, sabiendo como amáis a Naruto.

Hanabi desvió la mirada. Evidentemente, no estaba de acuerdo con su padre. Pero no lo diría, por respeto a él. En el fondo, sabía que el honor siempre estuvo en primer lugar, pero si se hubiese respetado el deseo de su hermana, se habría casado con Naruto y no tendría que verla en tan penosa y lamentable situación.

- ¿Cómo os trata? - le preguntó Hiashi, con un tono de voz algo preocupado y molesto al mismo tiempo - si os daña, decídmelo, porque no consentiré que no se os trate de acuerdo a vuestra dignidad.

- No tengo queja, la verdad. No me maltrata ni me obliga… en realidad soy una prisionera, pero con todas las ventajas que podría pensar.

- Estáis algo pálida, hermana. ¿No te habéis sentido enferma de alguna forma? - Hanabi no había dejado de observarla de forma extraña. Como si sospechase alguna cosa, pero que no quería decir. Algo extraño, debido a que ella siempre había sido una mujer franca.

Hinata negó con la cabeza. No diría nada al respecto. En realidad, era otra cosa la que deseaba saber. Por lo menos su padre y hermana parecían entender sus decisiones y la comprendían, por lo que se sentía un poco menos mortificada. Ella también había podido calmarles, dentro de lo que se podía, comentándoles acerca de su situación.

- Y lord Uzumaki, ¿es feliz?

Su padre y hermana cruzaron las miradas.

- Lo es, a pesar de que su matrimonio carece de cualquier dignidad - respondió con honestidad Hanabi. Era una mujer que creía que era mejor dar las malas noticias de una vez y sin rodeos. - No lo hemos visto, a pesar de que sigue viviendo en castillo, pero hasta dónde sé, esa mujer le hace feliz.

Hinata sintió un sabor amargo en la boca, quizá tenía la esperanza de saber que era tan infeliz como ella, pero en el fondo, le alegraba que Naruto fuese feliz, aunque podría haber sido tan diferente. Ya no deseaba saber más, de todas formas.

- Quisiera poder irme con vosotros, pero seguramente mi esposo debió advertir a los guardias.

Además que su salud no estaba bien, pero no quiso preocuparlos aún más. Ya todos habían tenido suficiente. Su padre y hermana asintieron, y el rostro de Hiashi dejaba traslucir toda su frustración. Si tan sólo no hubiese organizado aquel torneo de justas, si hubiese manejado con más discreción la búsqueda de un prospecto para su hija, aquella visita se daría en un contexto completamente distinto.

- Tampoco puedo llevaros, porque sois su esposa.

Hinata lo miró pasmada. ¿Así que eso era todo?

- Y si me escapase de este lugar, ¿me socorreríais o me abandonaríais?

Hiashi la abrazó. Él, que no era dado a los sentimentalismos, estaba profundamente apesadumbrado por la situación de aquella hija que tanto le recordaba a su esposa. Pero el deber y la nobleza lo obligaban a aceptar la situación, el matrimonio ya se había realizado y se había consumado y la Iglesia no aceptaría bajo ninguna forma que la ceremonia quedara nula. A pesar de la mala obra de lord Uchiha, había hecho las cosas de forma correcta, y por lo mismo, no quedaba lugar para ninguna querella. Además, no era la primera vez que un matrimonio sucedía de aquella forma, sólo que nunca pensó que su familia se vería manchada por un suceso de esa forma, pero ya se había consumado todo.

- Siempre os recibiré, hija mía. Nunca os dejaré de socorreros, y lamento profundamente, y siempre lamentaré, esta situación en la que os hayáis. Pero no puedo ocasionar más escándalo, ni seguir manchando vuestro nombre. Ya no puedo reclamaros, aunque...

Una pequeña esperanza. ¿Tal vez?

- Si alguna vez os aparecéis fuera de mis dominios, sabéis que estaréis siempre en vuestro hogar.

Hanabi no pudo seguir guardando silencio.

- Padre, que siga viviendo con nosotros sería más honorable que ser la esposa de lord Uchiha. Desprecio todo lo que se relacione con él. Desprecio el día en que se atrevió a mirar a mi hermana y deshonrarla.

Era tan profundo el odio, que Hinata se sorprendió. Su hermana nunca le había parecido una mujer apasionada, siempre pensó que la flema le permitía ver las cosas con mayor claridad, porque las emociones resultaban un estorbo. Y qué bien lo sabía, porque se había resignado a su destino por un sentimiento que la estaba socavando cada vez más.

- Su orgullo no me ha doblegado, Hanabi. Os lo aseguro, no me olvido de quién soy y de quiénes procedo, mientras pueda, haré honor a nuestro linaje.

Hinata les sonrió dulcemente porque ya no podía hacer otra cosa. Aquella visita había sido sumamente reveladora. Sólo le preocupaba que sus familias nunca se llevarían bien y eso le pesaba realmente. Aunque sabía que así hubiese sido al final, una vez que una mujer se casaba, podía olvidar a su familia. Porque ya pasaba a formar parte de otro clan.

Una hermosa mujer, de busto generoso y hermoso rostro, se sentó en su regazo. Se reía mucho, se reía tanto, que se preguntó qué demonios era tan gracioso. Miró a Shikamaru, que ya se estaba besando con una mujer en un rincón de esa sucia, asquerosa y desagradable taberna. De pronto, se dio cuenta de que todo eso le parecía desagradable, aunque sentir a esa mujer en el regazo era apetecible. Sí, era hermosa, su sonrisa podría contagiarlo, quizá.

"¿Por qué te ríes tanto?", "¿acaso sabes que soy un infeliz desgraciado?". Aquella mujer se acercó a su rostro y lo besó con deseo. Hacía tiempo que no lo besaban de esa forma, con ganas, con ansias. Pero él no pudo responder de esa forma.

"¡Demonios!", pensó, mientras bajaba su mano y la pasaba por las piernas de aquella mujer, hasta llegar a su sexo… Qué agradable se sentía tocar a alguien que de verdad lo deseaba.

La mujer se puso de pie y estiró su mano para invitarlo a subir a alguna habitación. Shikamaru lo estaba observando, cuando vio que Sasuke se ponía de pie. "Al fin", pensó, mientras seguía tocando a la mujer que tenía acorralada contra la pared. Una sonrisa aviesa le cruzó por el rostro, y continuó besándola con deseo.

Estaba durmiendo plácidamente cuando escuchó gritos y golpes en su puerta. Por un momento temió que algo le hubiese sucedido a su padre o a su hermana, así que se levantó rápidamente y se dirigió a la puerta, con el corazón acelerado, y la abrió esperando lo peor.

Pero sólo era su esposo, quien entró a tropezones a la habitación.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué tantos gritos? - Hinata tomó una manta y se cubrió con ella. Lo observó atenta, tratando de entender en algo la situación. Evidentemente estaba ebrio, su forma de caminar y su aliento lo delataban, ¿pero qué podía querer de ella? ¿Qué era más necesario que embriagarse?

- Vos - le dijo en voz baja, aferrado a la mesita en donde su esposa solía comer. Era la única forma de poder estar en pie y no caer - Vos, vos sois lo que me sucede, desde que os vi, desde ese día, cuando os nombré reina de la belleza.

- ¿Qué os hice? - retrocedió de forma instintiva, no sabía por qué, pero al parecer algo le había provocado. Quizá ahora la repudiase y aprovecharía de enviarla con su familia. Una sonrisa de esperanza le iluminó el rostro.

- Y sonreís, y a pesar de todo, sois lo más hermoso que han visto mis ojos y no puedo dejar de miraros. Vos, sos lo que me sucede, sois mi castigo. - y se dirigió a ella, sólo para caer de rodillas frente a sus pies. - Sois todo lo que deseo, pero no puedo alcanzaros.

Hinata no entendía aun lo que sucedía, pero no esperaba ese gesto de derrota en él. ¿No era todo orgullo, no era el hombre que se sentía dueño del mundo? ¿Qué hacía ahí, arrodillado frente a ella, balbuceando cosas que no entendía?

- Todo lo que sucede, vos lo decidisteis, señor. - Hinata intentó alejarse, ahorrarse la escena incómoda y sinsentido que tenía enfrente, pero Sasuke se aferró a sus piernas con fuerza, tan brusco, que casi la hizo caer. - ¡Dejadme! ¡Por favor, mirad cómo os humilláis! Levantaos y finalizad con esta escena. Dejadme...

- ¿Dejaros? ¡Eso quisiera! - gritó con amargura, con rabia, con cierto despecho - he intentado alejaros de mi mente, pero siempre estáis ahí, aunque no lo quiera. Esta noche fui a buscar una prostituta, sí, iba a yacer con otra, iba a retozar con una mujer que me mirase al menos, pero…

- Os dije que podríais tomar a la mujer que quisierais, os lo dije. No me podéis acusar de nada, porque nada te he exigido. A diferencia vuestra.

- ¿No entendéis? No pude, simplemente esa mujer no erais vosotros. - su voz al comienzo orgullosa, terminó siendo un susurro lastimero.

No pudo continuar, y ella comprendió finalmente el motivo de aquella visita inesperada. Lejos de hacerle sentir gozo, aquella declaración le producía un repentino asco. Pero no intentó alejarlo ni fue capaz de decirle nada. No era necesario tampoco, era evidente que lord Uchiha vivía un infierno particular, al igual que ella. Todo su ser gritaba que la necesitaba, que la deseaba, todo su ser se había vencido ante ella, y de pronto sintió pena. Quiso llorar, pero jamás lo haría frente a él. Ya podría hacerlo tranquilamente, pero no en ese instante.

De pronto sintió voces en el pasillo y descubrió a su padre observando la escena. Se sintió turbada al verse descubierta de aquella manera, y se preguntó cuánto habría visto de todo ese teatro. Hiashi entró en la habitación, con expresión ceñuda, y le ordenó a uno de los guardias que siempre custodiaba a su hija que lo ayudase a acostar al señor.

- Iros a dormir con vuestra hermana, no tenéis porque ver a vuestro - pareció pensar bien antes de decir lo que veía a continuación - esposo en este estado. Vuestra madre nunca tuvo que soportar un espectáculo así.

Hinata asintió en silencio y se encaminó a los aposentos que utilizaba su hermana. Tuvo que contarle lo que había vivido hacía algunos instantes, con vergüenza y amargura. Hanabi la escuchó en silencio, sin realizar ningún gesto, por lo que nunca podía saber qué pasaba por la cabeza de su hermana. Siempre había sido así, de todas maneras.

- No entiendo, Hanabi. Le dije que por mi parte, no tendría ningún reclamo, aún si quisiera traer a una mujer al castillo. Que puede tomar la mujer que desee, que jamás tendría una queja de mi parte, y ahora me humilla de esta forma.

Para su hermana era claro.

- Aunque me cueste decirlo, ese hombre os ama. Quizá lo de vuestro linaje y nobleza sólo fueron un cuento para decirse a sí mismo. Sé que siempre habéis tenido un pobre concepto sobre vos misma, pero sois una mujer hermosa, quizá la más hermosa que he visto.

Hinata negó con la cabeza.

- Podéis negarlo, pero una vez que lord Uchiha os capturó, hablé con mi padre. Se lamentaba, porque fueron muchos los hombres que solicitaron vuestra mano, solicitudes serias para considerar al menos. Y tuvisteis que terminar aquí. Y ahora decidme, ¿estáis encinta?

La expresión en el bello rostro de su hermana era toda la respuesta que necesitaba. Ella era la persona que más la conocía, si bien nunca habían tenido una relación tan profunda, Hanabi en el fondo admiraba su belleza, su serenidad, el temple con el que soportaba todo lo que vivía, por eso siempre la había observado, por lo que sabía leer hasta el más pequeño de sus gestos. Apenas la había visto, comenzó a sospechar que algo le sucedía. Además, tenía los mismos síntomas que había observado en las criadas de su castillo, la palidez, el adelgazamiento del principio, las pocas ganas de comer.

Abrazó a su hermana, que comenzaba a llorar, porque al fin podía verbalizar lo que a nadie le había dicho. Por una parte, se sentía aliviada de poder decirlo, pero por otro lado, se sentía mortificada por cargar al hijo de Sasuke en su vientre. Eso definitivamente la ataba a él para siempre, porque sabía que si era un varón, jamás consentiría que se alejara de su lado.

- No es culpa de este ser, pero me cuesta a veces respirar cuando siento que ya nada podría alejarme de su merced.

- ¿No os dais cuenta? Es una ventaja, hermana. Tendrá que cuidaros. Tan sólo piénsalo, os hizo su esposa, cuando podría haber sido todo peor y haberos tratado como a una concubina más. Cada vez me creo menos la historia de que sólo os veía como una moneda de intercambio, y más creo que os ve como una esposa digna. Imagina ahora como os verá cuando sepa que le daréis un hijo.

- Pero el amor de un hombre como él es como jugar con una sierpe. En algún momento me morderá a muerte. Así es, Hanabi. - Hinata se dirigió a la cama, habían estado de pie conversando y ya comenzaba a sentirse con fatiga, se recostó y se arropó. - Sé que siempre me habéis considerado ingenua, y de alguna forma, así es. Pero estoy al tanto de lo que mi esposo siente. Sin embargo, ¿acaso no amaba tanto a otra, que hasta fue capaz de matar a su esposo? Y ahora ella…

- Nunca la hizo su esposa, pudiendo hacerlo - Hanabi atajó a su hermana antes de que la conversación se desviase una vez más a Naruto-. Riquezas y poder, ya tenía de sobra mucho antes. Lo único negativo de todo esto, es que mi padre deberá aceptarlo formalmente en la familia, a pesar de lo mucho que lo aborrece.

Hanabi fue a acostarse a su lado. Hacía años que no lo hacían, aunque de niñas era la costumbre. La observó con ternura, algo extraño en ella, y le dijo algo que no daba lugar a ninguna réplica.

- Vas a ganar, hermana. Un día mirareis todo hacia atrás y os daréis cuenta de que vencisteis, aun antes de daros cuenta.

Lady Uchiha sonrió y cerró los ojos para dejarse llevar por un pesado sueño. El embarazo le hacía querer dormir siempre. Por eso le había dicho a Sasuke que no quería verlo. No quería que lo supiera aún, porque sería una alegría para él. Una alegría que no se merecía.

Continuará…

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Saludos!