Capítulo VIII

Sintió una tristeza inmensa cuando vio marchar a la comitiva de su padre. Habían estado dos días con ella, pero sus obligaciones lo requerían en su castillo.

La vida continuaba para todos.

Se quedó en el puente de vigilancia, hasta que se perdieron de vista en el horizonte, recordando las conversaciones que sostuvieron. Hinata le había pedido a Hanabi que no le dijese aún lo de su embarazo a su padre, ya que nadie más que ella lo sabía. En el castillo de lord Uchiha todo se acababa sabiendo y no quería chismes de pasillos acerca de su estado. Aunque era evidente que sus criadas notarían pronto que la sangre no había bajado desde hacía varias lunas.

¿Cómo reaccionaría su esposo? Sin quererlo, su mirada se desvió hacia el hombre que se encontraba a su lado. Con su hermoso perfil, que a veces le hacía preguntarse cómo un hombre cómo él, teniendo tanto, deseaba siempre algo más. No habían hablado desde la noche en que acudió a su habitación gritando y humillándose ante ella. Antes de marchar, su padre había tenido una larga conversación con él, pero sin estar ella presente. ¿Qué tema habrían tocado? ¿La dote, la aceptación formal del Uchiha como su yerno? ¿Le habría reprochado la escena de aquella noche? Probablemente no, Hiashi no se rebajaría a decir nada con respecto a ella. Sólo lo sabían ellos cuatro.

¿O tal vez le habría reclamado por haberla raptado de forma tan poco decorosa? Ya no valía la pena, pero esperaba que al menos su padre le hubiese dicho algunas verdades.

- Vuestro padre es un hombre honorable - dijo él, como adivinando sus pensamientos. No había sarcasmo ni burla en el tono de su voz. De hecho, se le veía muy serio. - No mencionó palabra de lo que sucedió hace dos noches, como vosotros no lo habéis hecho tampoco. Os agradezco que no me hubierais dejado dormido en el suelo.

- Supongo que el vino habló por vosotros - respondió ella, mirándolo - os vuelvo a decir, aunque seáis mi esposo, sois libre. Y no soy una persona cruel que no auxilie al que lo necesite.

- Eso os hace superior a mí, sin duda.

Lo dijo con una sonrisa triste. Era una parte del hombre que había sido en algún momento. Qué vano, qué idiota había sido, pensando que al haberla obligado a contraer matrimonio sería suficiente.

- Y envidio a lord Uzumaki, ahora comprendo que tiene que ser el mejor de los hombres para ser digno de vuestro amor.

Hinata se despidió de forma brusca. No deseaba hablar de Naruto y menos con su esposo. No, porque sabía que iba a llorar. El embarazo no le hacía sentir más que nostalgia y deseos de llorar. Sasuke sólo observó cómo, una vez más, se alejaba de él.

Por más que trato, señora, no puedo alcanzaros. Si con morir supiese que me amaríais, moriría gustoso bajo la luna.

Al final de la escalera, Hinata se encontró con lord Shikamaru. Sabía que estaba bajo las órdenes de su esposo, que no era un simple escudero, pero no había tenido ocasión de conocerlo más a fondo. Inclinó la cabeza en señal de saludo y continuó caminando. Pero él, además de responder, comenzó a caminar junto a ella.

- ¿Mi esposo os ha pedido que me custodiéis? - preguntó algo divertida con la situación. A veces le pasaba así, de sentirse triste, podía sonreír al rato. "El embarazo os produce eso", le había dicho su hermana.

- No, la verdad es que no. Sólo me he dado cuenta de que no os he visto mucho, y pensé que tal vez querríais hablar con alguien más que no sea vuestro esposo.

- No se me ocurre qué podría contaros, sin que luego lo sepa el señor.

Ya estaban en los pasillos del castillo, y si bien no sentía mucha simpatía por aquel hombre, le pareció que quizá si buscase su amistad. De todas formas, no es que lo fuese a convertir en su confidente.

- Pues, si no queréis hablar, podemos jugar ajedrez. ¿Conocéis el juego?

- Sí, lo conozco. La verdad, sería agradable poder practicarlo nuevamente, con mi hermana lo jugábamos mucho.

- La bella lady Hanabi, ¿no? Me parece, sin conocerla, que debe ser una mujer muy inteligente.

- No es necesario que aduléis a mi familia - respondió Hinata deteniéndose frente a la puerta de sus habitaciones, mientras los guardias daban un paso al costado. Inclinó la cabeza a modo de saludo y se despidió de Shikamaru con una franca sonrisa.

"No la adulo", pensó. "No miento tampoco, porque si algo abunda en vuestro linaje es la belleza", pensaba mientras devolvió su camino hacia el patio central del castillo.

- ¿No habéis oído las habladurías de pasillo? - Shikamaru se dejó caer pesadamente sobre la silla que estaba apostada frente al gran escritorio de lord Uchiha. Por respuesta, el interpelado sólo elevó su ceja izquierda, sin dejar de observar los papeles de sus finanzas. Por lo demás, hacía tiempo que ya no le interesaban los chismes -en parte porque ya no encontraba placer en yacer con las criadas- y porque sólo una cosa le importaba: Hinata. Si no era algo relacionado con ella, no le interesaba.

Shikamaru soltó un bufido teatral y, como para dar más énfasis a lo que estaba a punto de contar, observó la sala.

- Al principio no lo creí, porque al final, ¿qué sabe una simple criada? - aquella palabra la dijo muy despacio. - Pero, cómo sabrás, algunas tardes comparto con tu mujer alguna entretenida partida de ajedrez.

Sasuke levantó la mirada al fin. Parecía que tenía los ojos más negros, si era posible. Ya había entendido que el chisme se trataba sobre su esposa, y que estuviesen hablando sobre ella lo alarmaba en demasía. ¿Sería algún escándalo? Si bien lo había desterrado de su habitación, en ocasiones lo recibía y podía tocar su piel, como si fuese lo último que deseara en la vida. Se aferraba a ella como un viajero a un barco en medio de la tormenta.

Eso parecéis ser, señora. Una tormenta, aunque seáis tan plácida, vuestra mera existencia me sumerge en un caos.

- ¿Qué tenéis qué decir sobre mi esposa?

- Nada malo, al contrario. Según las criadas que la atienden, hace varias lunas que no le baja la sangre. Tiene aversión por algunas comidas, mucho sueño y… - Shikamaru hizo una pausa, sonriendo. - Creo que entendéis a qué me refiero. Y por lo que he visto en ella, tiene ese brillo en los ojos de las mujeres que están grávidas.

Lord Uchiha lo miró fijamente. No le agradaba particularmente que pudiese pasar más tiempo con su mujer que él, pero que además él le estuviese comunicando que Hinata podría estar embarazada, era más que suficiente. Sin decir palabra, se levantó con violencia de su silla y emprendió el camino hacia la habitación de Hinata.

Hinata, Hinata. ¿No me ves?

Ordenó a los gritos a los guardias para que abrieran la puerta custodiada, y se la encontró con sus criadas sentadas en cojines y ella en el centro, bordando, con un gesto tan sereno, con algunos rayos de sol que se colaban por la ventana, que por un momento se sintió estremecido por su belleza. Su rostro seguía siendo dulce, delicado y transmitía una dulzura que parecía jamás sería para él.

- Dejadnos -dijo Sasuke con voz queda y detenido en mitad de la habitación, como si no supiera cómo actuar.- Cerrad la puerta y no os quiero con el oído pegado a la puerta.

Las muchachas obedecieron en silencio y con una pequeña reverencia se retiraron.

- No es necesario que seáis cruel con ellas - le dijo su esposa, sin levantar la vista de su bordado, un sol sobre un campo verde. "El símbolo de su linaje", pensó su esposo - me sirven bien y no tengo motivo de quejas.

- ¿Es verdad que no os ha bajado el sangrado hace varias lunas? - como era su costumbre, decidió preguntar sin rodeos y de forma directa.

La aguja de Hinata se detuvo, pero no se atrevió a levantar la mirada. Así que había llegado el momento, así que por fin ya tendría que confesar a su esposo que estaba a la espera de su heredero. Ojalá nunca hubiera tenido que decir algo así, pero era la realidad.

- Así es, señor - respondió, esta vez mirándolo directo a los ojos - estoy encinta.

- ¿Por algún motivo en particular tuve que enterarme por otro medio, que no fuera por vuestra boca?

- No tenía deseos de confesároslos, sabía que os enteraríais de todo, como es lo usual en vuestro castillo.- Hinata se puso de pie. Aún no se notaba en el vientre, su deslumbrante figura seguía siendo la misma. Aquella mañana estaba más hermosa, si cabía, vestida de azul terciopelo. No había notado, pero llevaba el cabello suelto, con pequeñas flores blancas enredadas en él. Si tan sólo… si tan sólo no lo detestase, la hubiese abrazado con fuerza contra su pecho.

Ella comenzó a caminar a su alrededor, y el aroma de su cabello lo embargó por completo. ¿Qué tenía aquella mujer, que parecía retarlo, odiarlo y despreciarlo, para aun así embrujarlo? ¿Acaso en el fondo se odiaba a sí mismo?

- Llevo en mi vientre a vuestro heredero. No os lo dije, porque estoy al tanto de que hay embarazos que no pasan de semanas, pero hasta ahora sigo grávida.

Sasuke sintió una ternura infinita. Algo con lo que no estaba familiarizado. Todo en él era rudo, primitivo, cruel y práctico, debido a que no había sido criado con sentimentalismos. Desde pequeño, su padre le había enseñado que era mejor ser un señor de la guerra, que amar a una mujer o perder el tiempo con ellas. Pero ahora, tenía enfrente a esa mujer, que desde lo más profundo adoraba, y además de todo, le daría un heredero. ¿Acaso podía sentir más por ella? La observó con detenimiento, ella seguía caminando por la habitación, con paso ligero, como si quisiera danzar en lo profundo de un bosque muy verde. "Me desposé con un hada".

- Y no os lo dije, porque me resisto a la idea de que sea criado por vosotros. - Se acercó a él y parecía querer observarse en sus ojos. "Cómo si eso bastase para saber cómo os veo".

Sin pensarlo, la atrajo contra sí y la besó, primero con inusitada lentitud, pero el deseo por ella siempre podía más. Le rogó que yaciera con él, mientras se iba quitando la ropa. Hinata lo observó con la cabeza ladeada, como si en el fondo le divirtiera toda la situación. ¿O quizá le gustaba su cuerpo? Mientras cavilaba y sin esperarlo, ella lo besó por primera vez. Sin apenas tiempo de procesarlo, la tenía encima, desnuda, con el cabello suelto y las flores blancas embargándolo a él.

- Si no fueseis tan cruel, mi señor - le susurró sobre los labios, mientras que ella misma ubicaba su sexo para dejarlo entrar, ante lo cual Sasuke no perdió tiempo.

Si no fuese tan cruel, ¿acaso lo amaría? ¿Acaso le pertenecería al fin, por entero y no sólo su cuerpo como de luna? Porque en el fondo, él lo quería todo, aunque muy tarde había entendido ni que él, con todo su poderío, podría obligarla a sentir por él algo más que… ¿deseo? ¿Al menos lo deseaba? ¿Era el embarazo? Antiguamente, cuando desfilaban por su cama mujeres, más de alguna había estado encinta, y podía dar fe de que eran amantes fogosas. ¿Pero qué más daba? Sólo se dedicó a disfrutar de la experiencia.

"Qué cuerpo", pensó mientras veía como su esposa se vestía luego de haber retozado por horas. Así, con el cabello suelto, los ojos límpidos, la enagua blanca, parecía una ninfa de algún bosque perdido. Sonrió, pensando que su lugar estaba en los bosques y no encerrada -bajo decisión propia- en aquellas habitaciones. Alguna vez había oído una leyenda, en las que hadas cambiaban a sus hijos, y se llevaban a los bebés humanos, mientras las familias criaban a hadas. ¿Y si ella lo era? Se rió, ante lo tonto de su pensamiento.

- ¿Qué os resulta tan gracioso, señor?

- Pensaba en un antiguo cuento, sobre hadas.

- ¿Vosotros pensando en ello? - sonrió de forma traviesa - no os imaginaba adepto de cuentos de criaturas. De hecho, pensaba que no conocíais ningún cuento.

Además de todo, su esposa lo consideraba un animal bruto. ¿Qué más pensaría de él? Por supuesto, nada positivo, y mucho negativo. Bien, se lo tenía merecido.

- Sé leer y escribir, llevar las finanzas y cuidar de mis territorios, que no son pocos. Sé cómo luchar para no caer en la guerra y proteger lo que me pertenece. Y, a pesar de lo que digáis, mi heredero tendrá la mejor educación de todas, la más completa. Será un digno señor y nada se le negará. Mi linaje continuará y se seguirá nombrando aunque no sea yo más que un puñado de cenizas.

Sasuke no pudo notar la mirada de Hinata, extasiado como estaba, que de pronto se volvió un poco más dura. Entonces recordó las palabras de Hanabi: "ahora tienes un poder sobre él, ni siquiera él se dará cuenta". Si le había dicho que no deseaba que su hijo o hija, creciera bajo su crianza, era cierto. Deseaba otra cosa. No se imaginaba como madre de un monstruo como su esposo y se pasaba los días pensando en cómo podría evitarlo.

Porque en el fondo, ya lo había decidido. No deseaba la influencia de su esposo sobre el ser que se gestaba y ya amaba. Porque aunque no lo reconociera en voz alta, ya amaba a la criatura que llevaba en su vientre, y bajo ningún concepto ni obligación ni mandato, permitiría que fuese un ser cruel. Y si para ello debía escapar de aquel lugar y errar buscando un lugar para verlo crecer como una persona de bien, lo haría. Ya había soportado lo suficiente, pero era distinto si se trataba de algo tan preciado como su hijo.

Hinata apretó fuertemente contra su pecho la misiva que acababa de recibir. Buscó a tientas su silla y ordenó a las criadas que la dejasen sola por algunas horas. Una vez sentada, tocó su vientre que ya era notorio y sintió cómo se movía el ser que aguardaba con impaciencia.

Volvió a la carta y no pudo evitar que los ojos se llenasen de lágrimas.

"Día 20 del año de nuestro señor.

Querida hermana, mediante la presente, quiero comunicaros de mi parte, antes de que sea de público conocimiento, que contraeré matrimonio con lord Hatake.

Es una decisión que mi padre consideró adecuada, aún ponderando los anteriores acontecimientos, y yo estoy de acuerdo con ella. No tengo reparos con el señor que mi padre ha elegido, y desde que os fuisteis, pude conocerlo mejor puesto que estableció una suerte de amistad con la familia. Quizá con el ánimo de condolerse, quizá por el ánimo de no abandonar por completo el deseo de formar parte de nuestra familia. Con esta unión, podríamos decir que conformamos un linaje poderoso, al que pocos podrían hacer frente. Es por ello, que asumo la decisión y hasta cierto punto, ya deseo que se produzca.

Para evitar cualquier acontecimiento de riesgo, se ha dispuesto que los esponsales se realicen en el castillo de padre y luego de aquello, tomaré rumbo hacia mi nuevo hogar. No sé si podré veros en el futuro, no sé si padre consentirá siquiera en que vuestro esposo - a pesar de que no se puede negar que es parte de nuestra familia - esté presente en la ceremonia. Por supuesto que os quiero junto a mí en el gran día, si es que vuestro estado os lo permite.

La fecha que pactaron fue el 15 del próximo mes. La dote y los contratos nupciales ya fueron establecidos.

Espero entendáis que son cuestiones prácticas las que están en juego. Fuimos criadas sabiendo que nuestros enlaces serían para fortalecer nuestra posición.

Os envío todo mi amor, y espero que os encontréis bien junto a la criatura que ya viene.

Lady Hanabi Hyuuga".

En el fondo, sabía que no debía extrañarse de un suceso de aquel tipo. No le dolía que su hermana fuese la elegida para unir a su familia con los Hatake, ni que aquel hombre consintiera con gozo, puesto que nunca se habló de amor en ningún momento.

Tampoco cambiaba el hecho de que nunca se hubiese podido desposar con Naruto, al que todavía seguía amando, a pesar de que el sabor amargo de su enlace con lady Ino continuaba doliéndole en el pecho cada vez que pensaba en aquella unión. Además, lo había perdido completamente, puesto que una relación amistosa tampoco era posible, considerando las circunstancias.

No sabía bien el porqué de sus lágrimas, tal vez era el hecho de que su hermana contraería nupcias con alguien por lo menos de su agrado. Sabía que su hermana, flemática y práctica como era, poco valor daba a los sentimientos, y más le preocupaba formar alianzas en pos de la familia.

Decidió que acudiría a la ceremonia, pero sin su esposo. No expondría a su familia a la obligación de contar con la presencia de alguien a quien no aceptaban del todo ni tampoco querría empañar el día de su hermana. Esperaba que fuese feliz, que al menos una lo fuese y que disfrutase ese matrimonio que ya esperaba.

Se dirigió a la puerta y solicitó a uno de los guardias que llamase a su esposo, el cual acudió presto a su mandato. Aunque le parecía increíble, el señor aún no quitaba la custodia a la que la tenía impuesta, lo que le parecía gracioso y ridículo al mismo tiempo. ¿A dónde podría escapar? Quizá aún recordaba cuando le dijo que deseaba estar en un convento o lanzarse desde la torre más alta del castillo.

Ya no tenía planeado nada de aquello. Su bebé volvió a moverse en el vientre y así la encontró su esposo, quien llegó algo pálido a su encuentro. Observó ese rostro hermoso y a la vez, tan terrible para ella y se seguía preguntando cada vez que lo veía, cómo era posible que la belleza fuera el escudo de una crueldad como aquella.

- ¿Os sucede algo? - preguntó él, con la preocupación viva en su voz.

- A mí nada, tomad asiento. Hay algo que debo comentaros.

Sasuke obedeció con un gesto y sin aviso, lanzó sus manos contra el vientre de su esposa. Todos los días lo tocaba y cuando lo sentía moverse, algo parecido a la más infinita felicidad lo poseía. "Un hijo, mi hijo, mi heredero", pensaba con orgullo. Con lady Ino había vivido algunos episodios de ese tipo, pero lamentablemente ningún embarazo había llegado a término. Por eso, desde el día en que supo que su esposa estaba grávida, había endurecido las medidas de cuidado. Por eso la preocupación cuando el guardia le avisaba que su esposa lo mandaba a llamar.

- Está bien, se ha movido mucho hoy. - dijo ella con ternura, pero no para con él - creo que le gustará mucho correr.

Sasuke sonrió. Él esperaba muchos más. Y si eran tan hermosos como ella, el orgullo sería indescriptible. Y una hija, también quería una niña, que fuese como Hinata, que tuviera sus ojos, que fuera tan dulce y noble como ella.

- Acabo de recibir una carta de mi hermana. Me avisa que se casará con lord Hatake el próximo mes. Y quiero estar en la ceremonia, será un día importante para mi familia.

Aquella inflexión de su voz le dio a entender a lord Uchiha que no deseaba que asistiera y que para ella, su familia seguía siendo el linaje Hyuuga. Y de pronto, se dio cuenta de las implicancias de todo aquello. Varias en realidad. Primero, su mujer quería viajar sola al castillo de su familia. Segundo, seguía sin resignarse a ser una Uchiha, a pesar de que llevaba a su hijo en el vientre. Tercero, vería a lord Uzumaki nuevamente. No es que dudase de ella, pero sabía que en parte la falta de afecto de su esposa se la debía a él.

Y a él mismo, lo sabía.

- No puedo dejaros marchar sola. Menos en el estado en que os encontráis.

- Pensaba que era vuestra esposa, pero me seguís considerando una simple prisionera. Sabéis que podéis enviarme con alguna comitiva, y me seguirán celando cómo hasta ahora lo hacen.

- Iré con vos…

- No estáis invitado e imagino que sabéis muy bien el motivo. - dijo ella, levantándose. Cuando estaba enojada, o cuando ya no quería sentirlo cerca, siempre caminaba por sus habitaciones.

- Vuestra hermana lo quiera o no, debe entender que formo parte de vuestra familia.

Hinata sonrió con desprecio. Qué atrevimiento de su parte decir aquello, pensó. Pero qué otra cosa podría esperar de su esposo. "El señor de señores".

- No os atreváis a contradecir a mi familia, una vez más. No puedo disgustarles más de lo que he hecho. De ser necesario, puedo ir en compañía de lord Shikamaru.

Sasuke levantó una ceja. No olvidaba que su escudero ya había logrado mantener una relación más profunda, y en ocasiones se preguntaba si su esposa estaría desarrollando algún tipo de afecto por él. ¿Qué le sucedía? Se estaba comportando como una estúpida jovenzuela. Sabía que siempre sus criadas estaban presentes, y ellas seguían contándole todo lo que la señora hacía.

Aún así, sabía que su esposa estaba en lo cierto, no sería aceptado en los dominios Hyuuga y no quería causarle ningún disgusto en aquellos momentos. Tal vez no le quedaba más alternativa.

Pero aún tenía una jugada más.

- No acudiré al castillo de vuestro padre, pero os esperaré en sus campos. Ordenaré que se arreglen pabellones para aquella jornada y aguardaré hasta vuestro regreso.

Hinata se detuvo frente a la ventana, cerrando los ojos con desazón. ¿Acaso estaba tan obsesionado con la idea de poseerla por completo? Su deseo le resultaba insultante e hipócrita. Al parecer, mientras menos afecto le demostrase, más quería aferrarse a ella. ¿Era posible ser tan tonto? A veces pensaba que tanto orgullo no era más que una idiotez subyacente. Pero no, su esposo era un hombre astuto, había calculado todo a la perfección y por ello, había tenido que sucumbir a ese matrimonio.

De hecho, quizá era el hombre más astuto que había conocido.

Su esposo entendió que su silencio era su afirmación. Se acercó a ella y la rodeó con su abrazo.

- Esta noche vendré a vosotros. Mañana temprano iremos con algunos señores a una partida de caza, tendremos visitas en el castillo.- le susurró en el oído, mientras aspiraba el dulce aroma de su cuello. Ese distinguido, delgado y hermoso cuello, que ninguna joya era capaz de ocultar.

Su esposa asintió, esperando que la soltase al fin. Aún faltaban horas para la noche.

Continuará.

PD: Si has llegado hasta acá, muchas gracias. Me demoré en actualizar, aunque esto está escrito hace tiempo, pero me gusta tener avanzado el asunto. Y hace algunos días retomé y encaucé nuevamente el fic.

Gracias por leer! Y gracias a todas las personas que se han tomado el tiempo de escribirme, les agradezco cada una de sus palabras.