No conozco a ninguno de los señores que nombráis - dijo Hinata, mientras continuaba con su bordado. Últimamente, era lo que más le agradaba hacer. Leer le ocasionaba sueño y no podía cabalgar. Era algo en lo que su esposo no había transado. A veces acompañada caminaba por los verdes campos, bajo la atenta mirada de guardias, pero extrañaba el vértigo que le ocasionaba cabalgar a gran velocidad.

Sus criadas rieron y comenzaron a explicarle quiénes eran los señores que serían recibidos por su esposo.

- ¿No vienen con sus esposas?

Una de las criadas se sonrojó. Era difícil explicarle que generalmente los señores visitaban los dominios del señor, para precisamente olvidar las buenas costumbres. Hinata entendió sin que tuvieran que entrar en detalles. Parecía que ya nada relacionado con Sasuke la sorprendería, ni sus actos crueles, depravaciones o cualquier afectación a la nobleza.

- Pero el señor ya no es el de antes - se atrevió a replicar una, casi con vergüenza, ¿o tal vez un poco de añoranza? - Perdón milady.

- Tranquila, no es vuestra culpa el comportamiento del señor.

- Milady, lo que Harumi quiso decir es que el señor ya no se comporta así - replicó la otra, algo asustada, por quizá decir algo que no debía. Aunque su señora era siempre dulce, ni siquiera el embarazo había cambiado su comportamiento.

¿Es que acaso querían cambiar la opinión sobre su esposo? ¿Estaba él tras de aquello?

- Supongo que por ahora es distinto - replicó Hinata, divertida - y no es necesario que obedezcan en todo lo que os dice.

- El señor apenas nos ordena que os sirvamos en todo momento y que os cuidemos. No nos dice nada más - "cuando antes nos buscaba para el lecho", pensó con algo de desazón. Pero cuidar a lady Hinata era un agrado al final y la servía con todo gusto.

Hinata se quedó pensando en todo.

Su mente era un hervidero siempre, a pesar de su exterior hermoso y apacible.


Hacía horas que los señores habían acudido a la partida de caza, pero seguramente les quedaban algunas más antes de volver al castillo. Sasuke le había pedido que estuviese en el salón por la tercera hora. Al parecer, quería mostrarla ante los señores, quizá vanagloriándose que se había salido con la suya. Le pidió ayuda a sus criadas para vestirse adecuadamente para la ocasión, y seleccionó un vestido rojo con aplicaciones en dorado. Se adornó el cabello con una rejilla dorada y pidió una trenza larga.

Hinata recorrió con atención el salón. Habían sido raras las veces en que había estado en aquel lugar, pero en el último tiempo se había dedicado a conocer un poco más del que era su hogar. Debía reconocer que era una propiedad soberbia, adornada con muebles preciosos y tapices que le encantaban. El salón mismo contaba con una larga mesa de madera de arce, una chimenea que era capaz de mantener calefaccionado todo el lugar y dos enormes candelabros de madera que lograban iluminar de forma más que adecuada. Aún así, le costaba creer que fuese su propiedad.

Se dirigió a la cabecera de la mesa, en dónde estaban apostadas dos sillas. Supuso que su esposo la querría tener cerca, "porque la cuidaba demasiado debido a su estado", pero sabía que en el fondo quería presumir de ella. "Tan orgulloso", se dijo mientras se acariciaba el vientre. No se había dado cuenta de que alguien había entrado en el salón.

Y de pronto, una de las voces más profundas que había oído en su vida, comenzó a declamar un poema.

"Conocí a una dama en los prados

de completa belleza, una niña de las hadas;

Su pelo era largo, su caminar ligero

Y sus ojos salvajes

Hice una guirnalda para su cabeza

Brazaletes también, que la llenaron de fragancias;

Ella me miró al hacerme el amor

Con dulces suspiros."

Traducción del poema "La bella dama sin piedad" del escritor John Keats. Si bien la temática es medieval, fue publicado en 1819. Por motivos de que me gusta mucho el poema, quise agregarlo de alguna manera. Extraído desde el sitio web (la traducción) la-bella-dama-sin-piedad/

Se volteó al origen de la voz, y se encontró con un hombre que no había visto en su vida -aunque debía reconocer que su vida social no había sido nunca su gran fuerte-. Tenía el cabello plateado y los ojos color violeta, y quizá era un poco más alto que su esposo. Pero al igual que él, irradiaba un aura de crueldad, aunque era hermoso de ver. Muy hermoso.

- No había tenido el gusto de conoceros, milady. Había oído de vuestra belleza, pero las palabras no hacen justicia a vuestros ojos. - hizo una pequeña reverencia, y luego comenzó a caminar hacia ella. Por alguna razón, un pequeño escalofrío le recorrió la espina dorsal. Ese hombre parecía ser el peligro encarnado, por su naturaleza sensual y belleza despiadada. Era como ver un felino moverse, con una gracia natural y seguridad. "Otro señor de señores".

- Es un placer lord…

- Hidan. -respondió rápidamente- Conozco a vuestro esposo desde que somos niños, no pude estar en vuestro matrimonio, y más con la intención de veros, me decidí a aceptar la invitación de hoy. - era directo y no se andaba con rodeos. Imaginaba que era un muy buen amigo de su esposo, pues sus naturalezas eran muy parecidas.

- Sois muy amable, señor. Bienvenido seáis al castillo Uchiha. - Hinata le devolvió el saludo y comenzó a caminar para tranquilizarse. No era que no supiera cómo llevar a cabo una recepción, pero algo en la mirada de aquel hombre la perturbaba. ¿Es que acaso todo lo que rodeaba a su esposo carecía de cualquier moral? - ¿Ya vienen los demás señores?

- Imagino que sí. La verdad, me teníais intrigado, y conoceros me parecía más interesante que perseguir jabalíes.

- Espero estar a la altura de vuestro amigo - Hinata no tenía intenciones de victimizarse ni entrar en detalles. Además, si era tan íntimo de Sasuke, debía estar enterado de todo. Sólo deseaba verla.

- Milady, creo que es Sasuke quien no está a vuestra altura.

Hinata no pudo evitar sonrojarse. A pesar de todo, no estaba acostumbrada a los elogios y menos, de un hombre que acababa de conocer y que la miraba como si fuera la presa de la partida de caza. Para su alivio, se escucharon varias voces cerca de la entrada principal y por primera vez, sintió algo parecido a la alegría al ver llegar a Sasuke, quien fue directo a ella y la besó en los labios frente a todos. Que todos supieran que era su esposa, y que estaba embarazada, por lo que le tocó el vientre con una sonrisa.

- Amigos míos, hoy vamos a celebrar. ¡Por mi hermosa mujer y mi hijo!

Los criados comenzaron a servir la cerveza y los platos del festín, mientras Hinata observaba todo y a todos, pero deteniéndose más tiempo en aquel hombre de ojos violeta, quien la miraba fijamente también.

- Vi que ya conocéis a Hidan - le comentó su esposo, cerca del oído - al parecer, le gustasteis mucho. No deja de miraros.

- Me comentó que son amigos desde la infancia. Y la verdad, sois muy parecidos, por lo poco que pude apreciar de él. - deliberadamente evitó referirse a algo que había notado. Le hacía algo de gracia que se diera cuenta de "ciertas" sutilezas.

- Sí, podría decir que me conoce muy bien y yo a él. - Sasuke cambió el tono de su voz. Quizá no le gustaba que Hidan fuese tan evidente, lo que era curioso viniendo de él. - Lo conozco bien.

Otra persona que observaba atentamente aquella escena, era Shikamaru. Parecía divertido ante aquella pequeña guerra que se libraba, aunque su simpatía natural siempre estaría de parte de Sasuke. A Hidan también lo conocía hacía años, pero jamás se habían agradado, simplemente se ignoraban con discreción y así seguiría siendo, seguramente. Pero, era interesante lo que veía, porque sin duda lady Uchiha no era dada a esconder lo que sentía, aunque siempre de una forma elegante y sutil. Y al parecer, le costaba quitar la vista de ese hombre que a él le desagradaba tanto.

Muy interesante. ¿Le gustaría aquel señor? ¿Le impactaba su mirada impaciente? ¿O simplemente la intrigaba? Aunque no era santo de su devoción, sabía que Hidan siempre tenía éxito entre las mujeres, y eso era sabido por todos en el reino. Era curioso como una situación de hacía años atrás se volvía a presentar, pero al revés.

Ahora Sasuke era el esposo.


"La senté en mi corcel

Y nada más vi durante el resto del día

A mi lado ella se recostó, y cantó

Una canción de las hadas.

Ella me encontró raíces de dulce sabor

Miel salvaje y maná del rocío

Y en un lenguaje ciertamente extraño dijo-

«Te amo»"

Traducción del poema "La bella dama sin piedad" del escritor John Keats. Si bien la temática es medieval, fue publicado en 1819. Por motivos de que me gusta mucho el poema, quise agregarlo de alguna manera. Extraído desde el sitio web (la traducción) la-bella-dama-sin-piedad/

Hinata apartó el libro un momento. Sabía que lo conocía de alguna parte y cuando pudo acercarse a Hidan, le preguntó discretamente el nombre del poema. Sasuke observaba atento los movimientos de su esposa, y soltó un bramido cuando se dio cuenta de que estaba demasiado alerta. ¿Qué iban a hacer enfrente de sus narices? Además su esposa jamás se había comportado de manera reprochable, al contrario, siempre había sido digna, recta y discreta. Y estaba embarazada, pero aún así no le gustaba que se acercara a Hidan. Ya suficiente tenía con qué Shikamaru fuese un amigo cercano.

¿Y por qué? Porque él, mejor que nadie, conocía a Hidan y de lo que era capaz. Pero a él no, a él no le sucedería lo que le sucedió a lord Kiba, porque no era un imbécil enceguecido.

Miradme a mí.

Hinata suspiró. "Qué bello poema, debe ser hermoso que alguien os dedique palabras así", pensaba. A pesar de que la gente siempre le decía lo bella que era, nunca le dedicaron un poema, por motivos obvios. Naruto no podía y Sasuke… No esperaba nada de él. "Sólo no verlo más, tal vez".

Harumi y Kaori se miraron extrañadas. Parecía como si la señora no estuviera realmente ahí y sólo la habían visto actuar de esa forma cuando el señor tenía a un guapo joven de rehén.

- Qué guapos caballeros visitan hoy al señor - dijo Harumi, que siempre era un poco más locuaz que su compañera.

Evidentemente quería conversar sobre las visitas en el castillo. Las comprendía de todas formas, la vida de una criada era más que monótona y aquellas variaciones en la rutina siempre eran motivo de exaltación. Incluso para ella misma el acontecimiento la tenía algo azorada, nunca antes había fungido como "señora" de un castillo, en toda la regla. En los dominios de su padre esa función siempre la compartía con Hanabi, porque lograban un equilibrio entre lo práctico y lo acogedor.

- ¿Qué caballeros os parecen los más guapos? -preguntó ella como si no fuera la gran cosa, con una sonrisa y sin apartar los ojos del poemario que tenía entre sus manos. Sabía que así no se sentían intimidadas y se pondrían a conversar alegremente.

- Bueno, el señor…

Hinata se durmió unos segundos. A veces le pasaba, el embarazo la mantenía en una modorra constante. Así que no escuchó toda la conversación de sus criadas y éstas estaban tan entretenidas que no lo notaron.

- Y el señor Hidan. Creo que es uno de los hombres más hermosos que he visto, esos ojos - dijo Kaori con tono de adolescente enamorada. Hinata estaba despierta para ese momento.

- Sí, debe ser una delicia en la...

- ¡Harumi! - la atajó su compañera antes de decir algo inapropiado. Ésta sólo se rió, de forma traviesa. Hinata no pudo evitar reír, el buen humor de ellas era contagioso.

- Pero es verdad y lo sabéis, lo saben todas en el castillo. De todas formas, el señor Hidan no nos mira. - y Harumi desvió la vista hacia su señora. "Ya está", "ya comenzaron las habladurías de pasillo".

Era increíble como un castillo era un submundo en donde todo se sabía. De eso estaba muy consciente, puesto que desde que recordaba escuchaba a las criadas hablar, aunque Harumi y Kaori solían ser un poco más atrevidas al comentar ciertos asuntos. Pero no le importaba en realidad, sólo había tenido un encuentro breve con aquel hombre y nada más.

- Quiero ir a caminar - dijo ella de pronto, sintiendo una extraña necesidad de salir de aquella habitación. Ellas se levantaron en seguida y buscaron una de sus capas, y le entregaron una de color verde oscuro.

Hinata hubiese deseado estar sola. Tenía mucho en lo qué pensar y analizar. No se había percatado hasta qué punto se sentía agotada de su situación, siendo una constante prisionera, siendo una constante observada, analizada. No era lo que quería definitivamente, a pesar de que era una persona dada a la discreción y el silencio, sintió que si seguía siendo la señora de aquel lugar nunca lograría la tranquilidad que anhelaba su alma. Quizá si prefería estar en un convento, silenciosa y dedicarse a pensar y orar.

- Ustedes quedaos en la habitación, por favor. Que sólo me acompañen los guardias. No me demoraré mucho, sólo necesito algo de ejercicio y aprovecharé que aún queda un poco de luz.

Había algo en el tono de Hinata que no dejaba lugar a dudas, quería salir de ahí. Se preguntaron si habrían hecho algo mal. Harumi presentía que algo habría tenido qué ver, pero confiaba que el carácter dulce de la señora no le ocasionaría ningún problema.

No. Porque el problema de Hinata era Sasuke. Ya estaba harta de ser su prisionera, de vivir recluida en sus habitaciones, viviendo a ratos y soportando a un hombre que no amaba.


El viento que le dio en el rostro la hizo ahogar un gemido de placer. Por alguna razón, siempre le había gustado el viento y la lluvia, aunque también adoraba las tardes de verano. Pero en aquel momento, en que se sentía agobiada y sobrepasada, sentir el exterior le dio ánimos. Comenzó a caminar por el campo, con los guardias siguiéndola a una respetuosa distancia. Hasta ellos eran conscientes de que el resguardo de su señor era exagerado, pero su deber era acatar y no dar su opinión.

El bebé en su vientre se movió, como si compartiera la dicha de su madre de poder caminar sobre el pasto y entre frondosos árboles. A Hinata le encantaba el verde que se apoderaba de los campos en invierno, oscuro y profundo, y el aroma a humedad de la naturaleza la maravillaba.

Por un momento sonrió pensando en lo bien que le sentaría ser un hada de los bosques y no tener preocupaciones humanas. Vivir oculta entre follajes y jugar con los hombres que se perdían en lo profundo de parajes eternos.

"Qué tonta. Quizá sólo debería resignarme a ser una esclava, hasta que se aburra de mí y me repudie. Cuando ya no encuentre placer en visitarme".

- Que ya no me visite - susurró Hinata, con algo de tristeza.

- Señora - le dijo uno de los guardias de la comitiva - ahí viene lord Hidan directo a vosotros.

Sintió mucho frío de pronto. ¿O era otra cosa? En efecto, podía ver el cabello plateado acercarse a ella, con paso firme, seguro, como todo un señor.

- Os vi salir del castillo y me pregunté si podría acompañaros. No me equivocaba al pensar que os gusta caminar por estos lugares tan verdes.

Por un momento, Hinata se sintió tentada a ordenarle a sus guardias que los dejaran, pero sería inútil. Sasuke siempre estaría sobre ella. Tan sólo se limitó a asentirle a Hidan y continuó caminando silenciosa, tratando de ocultar los nervios que comenzaban a embargarla. Podía notar como él la observaba, como queriendo descifrar cosas de ella, cómo si quisiera decirle que la miraba.

- Siempre me ha gustado caminar -dijo ella, con voz queda -, aunque prefiero antes cabalgar, pero debido a mi estado no puedo hacerlo.

- ¿No podeís o no se os permite?

¿Podría acaso confiar en aquel hombre? Ya estaba cansada de pensar en lo que podía o debía hacer, si podía permitirse amistad con alguien. ¿Acaso no se había hecho la misma pregunta incontables veces? ¿Así seguiría siendo su vida, por lo menos algunos años más?

- Conocéis a mi esposo mejor que yo. Soy un adorno bonito en el castillo y estoy a su merced - ya no se guardaría lo que sentía. Y Hidan, ya pronto se iría de aquel lugar y todo volvería a la rutina de siempre.

- Sois demasiado hermosa como para teneros como una prisionera. No voy a justificar de ninguna manera a Sasuke, porque sé muy bien cómo se sucedió vuestro enlace. No os sorprendáis - le dijo ante la cara de Hinata, mezcla de duda y confusión - Es mi amigo, pero aún así no os mentí cuando dije que él no está a vuestra altura. Y no asistí a vuestro matrimonio por lo mismo.

Sentía que se adentraba en un terreno peligroso. Sin darse cuenta, estaba avanzando más rápido, y los guardias se iban quedando atrás.

- Pensaba que nadie podría condenar las acciones de mi esposo. He estado viviendo unos meses en los que pensaba que su palabra era toda una ley.

- Tenéis un amigo en mí. Os salvaría, de poder hacerlo, porque es notorio que no lo amáis. ¿No es así?

Ya estaba en el terreno peligroso, como al borde de un abismo y estaba ante ella misma la decisión de caer o no. ¿Querría dar ese salto al vacío y quedar a merced de nuevos acontecimientos en su vida, una vez más? Aún así, su naturaleza reservada no le permitía confiar, y menos podría hacerlo con un amigo íntimo del señor. No, ella no tomaría ese camino.

- Os agradezco, pero no necesito ser salvada, milord.

Se habían detenido y ella tenía que alzar la mirada para hacer frente a esos ojos preciosos. Pero sabía de antemano que no era aconsejable dejarse rendir por la belleza exterior, que para ella otras cosas eran importantes, como una sonrisa franca, nobleza de espíritu y amor por la justicia. Y ella sabía que no encontraría nada de eso, ni en él ni en su esposo.

- Ni menos que me salve un hombre que puede ser más terrible que mi esposo.

Hidan sonrió, con una sonrisa feroz, evidentemente divertido por la situación. No había logrado engañarla, no era sólo una tontita más que caía a sus pies. Muy bien, pensó, ya estaba aburrido de aquellas mujeres que se tragaban sus mentiras sin más. Con que Sasuke al fin había logrado un trofeo digno y por eso estaba dispuesto a mostrarlo al mundo.

Se acercó a ella, tanto, que Hinata instintivamente retrocedió. Muy tarde se dio cuenta de que los guardias habían quedado muy atrás, y comprendió lo tonta que había sido por descuidarse de esa forma y simplemente caminar con un hombre que no conocía.

- No me temáis, lady Ino hubiese podido contaros que no soy un hombre que haga daño a una mujer. Prefiero hacer otras cosas. - le tocó los labios con la punta de los dedos y luego bajó sus manos con la clara intención de tocar otras partes de su cuerpo. Intentó retroceder, pero se vio atrapada entre él y un frondoso árbol.

¿De verdad era un hombre tan depravado? ¿Sólo quería fanfarronear con aquella hermosa mujer que ahora era la esposa de Naruto? De pronto se sintió muy cansada de sentirse propiedad de aquellos señores y de cómo ellos las veían a ellas.

- Voy a gritar si me tocáis - susurró Hinata, bajando la vista y desviando la mirada hacia a alguna parte, como si algo pudiese salvarla a ella. Caería en desgracia, y sin haberlo buscado.

Si lord Hidan concretaba un ataque, ella no tendría forma de demostrarlo y las implicaciones serían infinitas. Por muy noble que fuese, ella siempre estaría en desmedro ante un hombre. Y lo que es peor, inclusive su honor, el de su esposo, el de su propia familia estarían en juego, sólo por no haber tomado alguna precaución y haber actuado sin pensarlo.

Un crujido de hojas los puso en alerta y no era otro que Shikamaru que se estaba acercando a ellos. Hinata sintió algo parecido a la felicidad al verlo y sintió como Hidan se alejaba de ella. "Maldita sea" lo escuchó decir, pensando que ya no tendría ninguna oportunidad de realizar ningún avance con ella.

Hinata comenzó a caminar muy rápido hacia lord Nara y sin decir palabra, él entendió que había hecho bien en haberlos seguido. Sin embargo, él continuó caminando hacia Hidan y sin aviso, le propinó un puñetazo que lo hizo tambalear. El ojivioleta quedó por un momento pasmado, pero antes de decir algo le devolvió el golpe y Hinata pensó que ya todo estaría perdido.

"Por favor, que ninguno saque su espada".

- ¡Deteneos! - gritó con autoridad - Lord Hidan, espero que os vayáis ahora mismo de mi hogar. Lord Nara, acompañadme a mis habitaciones, no me siento bien. - Estaba muy pálida y sentía que se iba a caer en cualquier momento. Así que sin esperar respuesta se dirigió rumbo al castillo. Tenía ganas de llorar, pero no lo haría frente a nadie.

Shikamaru llegó hasta ella. No sabía muy bien qué decirle a Hinata, pero se alegraba de haber podido alcanzarla y evitar algo más grave.

- Por favor, no le digáis nada de esto a mi esposo. - le pidió ella, en voz baja, sin mirarlo directamente. Era un grito silencioso, y seguramente estaba muy conmocionada por lo sucedido. Sintió lástima por ella, su vida había cambiado en unos pocos meses y aunque siempre se mostraba entera, le preocupaba que aquello le ocasionara algún quebranto nuevo.

- Lady Hinata, miradme un momento. - ella obedeció quedamente, pero rehuyendo de sus ojos - no lo diré nunca, y mientras esté en mi mano hacerlo, os cuidaré. Como un amigo. Nunca os pediré alguna otra cosa, y sé que han sido tiempos difíciles, y sé que más que nunca necesitáis un amigo.

Aquello fue suficiente. Simplemente dejó que las lágrimas salieran, sin importarle que alguien descubriese la flaqueza de espíritu que sentía en aquellos momentos. Si hubiese podido, lo hubiese abrazado, pero las normas no lo permitían ni quería ningún problema más sobre ella.

- ¿Por qué está mi esposa llorando? - Sasuke parecía enloquecido. Ni siquiera se habían dado cuenta de que él iba hacia ellos. Hasta lord Nara se sorprendió y antes de que montara alguna escena, se interpuso ante él.

- Es el embarazo, Sasuke, baja la voz. No es necesario que la estreséis.

- ¿Por qué tenéis el labio hinchado? - si había algo que deseaba, era entender qué demonios estaba sucediendo.

Sasuke miró a Hinata quién era incapaz de levantar la mirada del suelo. No recordaba haberla visto llorar antes, en todo ese tiempo siempre se había mantenido estoica. De pronto, sintió pánico de que hubiese llegado a algún límite.

- ¿Es verdad, señora? - en su voz había algo de ruego, algo de una sutil ternura mezclada con lo amargo de ver a su esposa llorando en sus campos.

Ella asintió y se limpió las lágrimas. Le dedicó una sonrisa melancólica y comenzó a caminar rápido. Ya había tenido suficiente, pasó junto a ellos sin mirarlos y no se preocupó de que si la seguían o no.

Shikamaru sabía que Sasuke no se iba a quedar tan tranquilo, sobre todo cuando Hidan llegó a ellos. Si no hacía algo, podría desencadenarse una tragedia. Pero lord Uchiha en vez de detenerse a pedirle explicaciones a ambos, se fue tras Hinata.


- Favor, dejadme sola - Hinata estaba muy pálida y las criadas dudaron si obedecer o no. No se veía bien y se le notaba temblorosa. Pero les hizo una señal con la mano, y raudas la dejaron sola.

Pero mientras se retiraban, Sasuke iba entrando a la habitación. Cerró la puerta con seguro y se acercó a ella de forma violenta y la abrazó, de forma tan brusca que sólo logró que ella se quejara. No la soltó, porque sentía una extraña necesidad de sentirla, de tenerla lo más cerca posible, de saber que era de verdad y que no se iba a perder en el bosque.

Como una de esas hadas que corren y enamoran a hombres y dioses.

- No os pediré que me digáis qué pasó afuera, pero si alguno de ellos os hizo algo, juro que…

- No pasó nada. - cortó Hinata.

El tono seco, cansado y triste de su voz hizo que la soltara al fin.

- Nunca os pasa nada. Y ese es vuestro problema, señora. No estoy acostumbrado a tratar con mujeres que nunca sufren.

- Sé muy bien que no estáis acostumbrado a alguien como yo, señor.

- No es un reproche. Es que ya no sé qué hacer con vosotros.

Hinata se sentó al fin. Seguía exaltada por lo sucedido y aquella conversación no ayudaba en nada a calmarla. Sí, era un reproche velado. Sí, ella no era como las otras, ella no le había rogado hacerla su esposa. Ella había sido robada por él.

- ¿Por qué habríais de saber qué hacer conmigo? ¿Desde cuándo os importa lo que pueda opinar? De todas formas, no es mi problema lo que os suceda, señor. Si estáis acostumbrado a los escándalos, debisteis saber de antemano que no sería de mí que obtendríais tal cosa.

Otra vez su desprecio le golpeaba en la cara, ¿pero acaso podía culparla? Ella se había vuelto su castigo, la voz en su consciencia que le decía que por primera vez, no podría salirse con la suya. ¿Acaso valía tenerla y sentir todos los días que no podría alcanzarla jamás?

Cayó de rodillas frente a ella, sin importarle que lo viera humillado. Pero ella ya lo había visto así, ebrio, reclamando algo que no podía dar.

- ¿Qué puedo hacer por vosotros, señora? No puedo daros felicidad y mi amor no os interesa. - puso su cabeza en el regazo de ella, esperando quizá una caricia. - Pensé tontamente que teniéndoos bastaría, pero no es así y no será. Decidme qué hacer y os lo daré.

Y ante su sorpresa, las manos de Hinata se enredaron en su cabello, para acariciarlo suavemente. Sasuke cerró los ojos ante el inesperado gesto y se dio cuenta de que algo tan pequeño, podía hacerlo feliz. Un pequeño momento de felicidad, y por dentro le agradeció que le concediera tal amabilidad que no merecía.

Pero duraría muy poco.

- Dejadme volver con mi familia.

Continuará.

Hola! Si has leído, te lo agradezco.