CAPÍTULO X.
- ¿Por qué la dejasteis marchar?
Shikamaru lo preguntaba de forma retórica, porque Sasuke había sido directo, le había dicho que ella quería volver con su familia, y que la situación era insostenible entre ellos dos.
Pero se le veía destruido. Como si el orgullo de antaño se hubiese marchado y sólo la desgracia fuese parte ahora de su vida. Parecía como si Hinata se hubiese llevado con ella, cualquier atisbo de sus ganas de vivir. Y lo que era peor, se rehusaba a tomar mujer, a pesar de que ya llevaba semanas solo.
Todo había empeorado, desde que había recibido días atrás una carta de lord Hyuuga en donde le avisaba que solicitaría el permiso para anular la unión. Que por supuesto, Hinata ya había vuelto al lugar de dónde nunca debió haber salido y que jamás sería bienvenido. Que nunca conocería a su hijo. Y de ser necesario, buscaría un buen candidato, que estaba seguro no le faltaría para ella. Aún seguía siendo la heredera de su linaje. Cómo si Sasuke no supiera todas aquellas cosas, pero era dolorosamente consciente de todo lo que se avecinaba.
Se vengaría de él por la afrenta recibida. Pagaría por todo y más. Y de una forma elegante, sin violencia de por medio, sin ningún robo ni daño. No cómo él.
- No puedo dejaros ir.
- Y yo no puedo seguir así, señor. No os amo y no deseo amaros. Si lo hiciera, en algún momento me destruiríais.
Sasuke sabía que era cierto, hasta en cierta medida, lo que decía. Ella no deseaba sentir algo por él, pero jamás le haría daño.
Era su castigo. Nada podía redimirlo.
- Sasuke, no sois el mismo desde que esa mujer se fue. Jamás pensé que cederíais, y que la veríais partir enmudecido.
Así había sido. Hinata ni siquiera aceptó que fuese una comitiva de su esposo la que la llevase de vuelta a los dominios Hyuuga, sino que escribió a su padre y éste respondió con prontitud. Entonces, una mañana gris, él había mirado la comitiva que se llevaba a su esposa hasta que se perdió en el horizonte. Ella no se despidió de él, sí de sus criadas y los guardias, fue amable y les agradeció todo lo que hicieron por ella. Pero para él, no hubo palabras ni gestos. Sólo silencio.
Aún así, Sasuke no la perdió de vista y observó en todo momento ese rostro que había llegado a amar tanto. Quería aprenderse hasta el último detalle de él, quería grabarse a fuego esos ojos que jamás mentían. Y el vientre, que llevaba ese hijo que probablemente no conocería.
- Entonces, ¿es imposible que lleguéis a amarme?
Hinata le acarició el rostro. Él seguía de rodillas, tratando de entender lo que ella le pedía. "Quizá, si no fuerais tan hermoso, no me doleriais tanto, señor" pensó ella. Porque al final, temía que cualquier amor la destruyera. Por supuesto que en algún momento podría a fuerza de costumbre aceptarlo, ¿pero qué final le esperaría? Había amado a una mujer a tal punto de cometer un acto terrible y luego, sin ninguna consideración la había abandonado a su suerte.
- Es que me da miedo, señor. No hay futuro para nosotros.
- Porque ella así lo deseaba, Shikamaru. Y decidí concederle ese único deseo, porque la amo y por eso, quiero su felicidad.
- ¿Aunque os estáis destruyendo cada día con su ausencia? ¿Vais a esperar a que su padre cumpla con su amenaza y vuestro matrimonio sea anulado? ¿Os resignáis a no conocer a vuestro hijo?
- Nunca debí acudir a aquella jornada de justa. – fue su única respuesta.
Sasuke no se lamentaba de haber conocido a aquella mujer. Ni por un momento. Pero sí lamentaba haber hecho todo tan jodidamente mal. Aunque esa había sido la única forma de vivir con ella, puesto que nunca habría sido digno para los Hyuuga, nunca hubiese sido considerado un buen partido para ella. Jamás la hubiese tenido, ni habría vivido el amor.
Aquella última noche, yació con ella, pero sin poseerla. Sólo necesitaba sentirla junto a él, a sabiendas que próximamente la perdería.
"No es que no fuerais de este mundo. No sois de mi mundo, y aunque lo intenté con todas mis fuerzas, no pude doblegaros".
- ¿Os casaréis nuevamente? - Shikamaru seguía asediándolo con sus preguntas. ¿Qué importaba todo en aquellos momentos? ¿Qué quería de él? ¿Por qué demonios insistía tanto? ¿Acaso no era evidente que no le interesaba correr detrás de ninguna mujer, porque la única que deseaba y necesitaba se alejaba de él sin miramientos, sin arrepentimientos?
- Si tienes algo que decir, decidlo de una buena vez.
- He escuchado algo. Creo que Hiashi ha encontrado un pretendiente que se ajusta a todo lo que deseaba: linaje, riqueza y, lo más importante para los Hyuuga: nobleza.
Sólo os pido una cosa, señor.
- Hija mía, es el cuarto pretendiente que rechazáis. Creo que a estas alturas sabéis muy bien la delicada situación en que os encontráis - dijo de forma grave, Hiashi, mirando a su hija, quién estaba parada junto a la ventana, en el más absoluto silencio.
Parecía como si no estuviese ahí y así había sido desde que había llegado al castillo. Pensaba que la vería más feliz, en su hogar de toda la vida, junto a los criados que la habían visto crecer e inclusive, volviendo a ver a Naruto. Creía que habría llegado con la determinación de olvidar casi por completo - si no fuese por el ser que cargaba en el vientre - todo lo que había vivido junto al Uchiha. Creyó muchas cosas, pero en vez de eso, la veía constantemente sumida en la nostalgia y nada parecía mitigar el tormento silencioso que llevaba a cuestas.
Al principio lo achacó al hecho de que al poco de llegar, su hermana se había casado con lord Hatake sin inconvenientes. Inclusive, se había llevado bien con el que podría haber sido su esposo: era un hombre más parco, inteligente, pero bondadoso en el fondo. Todas esas características que sabía gustaban a su hija, pero les había deseado felicidad genuinamente. La conocía, él más que nadie la conocía. Ella estaba realmente feliz por su hermana. Pero no podía ser feliz por sí misma, porque algo se lo impedía y Hinata ya no estaba en condiciones de ocultar nada. Estaba ahí, dispuesta a ser nuevamente una moneda de cambio, pero esta vez, no agacharía la cabeza como antaño.
Ya no.
Hinata se acarició el vientre.
- Ninguno me pareció lo suficientemente digno. Pensad padre, que ya no sólo deberéis buscarme un esposo, sino que un padre para mi hijo - dijo la joven, en voz baja, como queriendo decir lo que acababa de decir, pero sin buscar problemas con su progenitor. - En ninguno de los escogidos vi un ápice de querer cumplir con aquello.
Sabía muy bien cuál era su situación: era una mujer ad portas de ver su matrimonio anulado, y su padre deseaba verla casada lo antes posible. Por dos razones obvias. Primero, quería borrar cuanto antes cualquier rastro del paso del Uchiha por su familia (la venganza también era una cuestión primordial para lord Hyuuga). Segundo, deseaba que se casara lo antes posible, para que su futuro nieto fuese reconocido por el nuevo esposo de Hinata, aunque poco le importaba el destino que se le designara a aquel niño, podría vivir tal vez con ellos o tal vez ser enviado a alguna familia lejana, de menor nobleza, tanto le daba a él el hijo de un bastardo como el Uchiha.
En cualquiera de los casos, volvía a ser una moneda de cambio y su padre quería hacer como si nada hubiese pasado. Estaba consciente de que su progenitor había estudiado al detalle a aquellos hombres, pero ninguno le ocasionaba algo. Los observaba, hombres atractivos, algunos menos, otros más, pero todos carecían de algo que en algún momento le hubiese ocasionado placer.
Pero ninguno tenía ojos que la traspasaran.
Ninguno la miraba como queriendo desnudarla.
Hiashi sacudió la cabeza, sin entender lo que le sucedía a esa hija suya. Estaba demás decirle a Hinata lo importante que era actuar rápido y le había asegurado más de una vez que los pretendientes eran dignos de ella y de su nieto. No debía temer, además que ya lo había anticipado en las futuras capitulaciones matrimoniales, el futuro esposo debía aceptarla a ella y al futuro ser. O eso le decía a ella al menos.
Para Hiashi, pensar en ese ser le provocaba que lo embargara un extraño sentimiento, a pesar de las circunstancias de su concepción. Por ello quería asegurarle algún porvenir, cual fuese, aunque su hija pensara que sólo buscaba vengarse de la afrenta sufrida por el Uchiha. Por supuesto que en parte sí, aún sentía la humillación vivida, pero lo que más le importaba en aquellos momentos era asegurarle un buen porvenir a su hija y borrar de una vez por todas, el paso de Sasuke Uchiha por sus vidas, por lo que aquellos eran momentos críticos. Momentos cruciales.
Oyó gritar a Natsuki, mientras miraba algo por la ventana. Ella simplemente lo supo, y sin pensarlo demasiado, se levantó de la cama y corrió hacia la ventana.
Allá afuera estaba él. Con su enorme y hermoso corcel negro. Y su mirada, que no se apartó en ningún momento de la suya, como queriendo decirle que seguía siendo de él, que nunca podría olvidarlo.
Y ella, estaba pensando que sería así.
Sin aviso, Sasuke se dio la vuelta a todo galope y desapareció pronto entre el bosque y la oscuridad.
No era la primera vez que la visitaba, silencioso, pero imponiéndose por completo.
Hinata se despidió de su padre, pensando que tal vez no existiría un hombre digno. Eran pocos los que conocía, y para su desgracia, había uno, sólo uno, que había conocido bien.
¿Acaso se arrepentía? ¿De qué se arrepentía? ¿Por qué siento que dejé una parte de mí junto a vosotros, señor?
¿Es posible acaso..?
A veces soñaba con él y despertaba sobresaltada. En ocasiones, lo veía pálido y sufriente, como si le faltase algo vital para vivir. Entonces, ella se acercaba a él, quién siempre estaba en el salón y trataba de preguntarle qué era lo que le ocasionaba tal estado de ánimo. Él la miraba, y ella se sumergía en aquella negra mirada, pero él no profería palabra y ella despertaba.
En otras ocasiones, soñaba que recorría los verdes parajes de los dominios Uchiha, pero acompañada por él –siempre él-. Entonces, llegaban a un pequeño río, y juntos y desnudos se adentraban en él y retozaban, felices.
Luego de esos sueños, el ánimo de Hinata se volvía más sombrío y bucólico. Ni siquiera Natsuki con su talante alegre, podía sacarla de aquellos pensamientos, aunque lo intentaba todo: contarle historias, chismes, alguna broma que hubiese escuchado de los demás criados, pero nada parecía funcionar. Preocupada, creyendo que de esa forma le haría bien, se lo comunicaba a lord Hyuuga, diciéndole que nunca la había visto de esa forma. Lo que no le mencionaba, eran las visitas nocturnas de lord Uchiha, puesto que Hinata así se lo había pedido expresamente. Y a pesar de que ella no se lo dijera, su ánimo empeoraba luego de aquellas visitas, se le veía más triste, más callada, un tanto más apagada.
Algo en vuestros ojos, señor.
Algo que no hay en otros.
- El bebé se encuentra en buen estado, aunque es Hinata quién me preocupa, la veo algo delgada y pálida - le dijo el doctor Nuraseda, quien fungía de médico de la familia desde hacía muchos años. La conocía desde pequeña y sabía que si bien Hinata siempre había sido dada al silencio, en el fondo era un ser feliz y amable. Parecía como que un tormento interno la estuviera consumiendo y esa causa no la podía encontrar ni tenía cura para aquello.
- ¿Para cuándo podríamos esperar a mi nieto? - Hiashi estaba al tanto de la melancolía de su hija y quería creer que un nuevo matrimonio, podría ayudarla.
- Dos meses, si todo sale bien y por lo que me ha dicho Hinata. Debe estar tranquila, Hiashi y nadie debe causarle algún disgusto. No queremos que se complique su situación.
- Por supuesto que no, le damos todos los cuidados posibles, su criada no se aparta de ella. Pero en cuanto a su estado de ánimo, no entiendo bien lo que le sucede. He pensado que podría ser algo propio del embarazo, pero siento que puede ser otra cosa.
- ¿Qué otra cosa?
- Que el maldito Uchiha si hubiese logrado enamorarla. - la mera idea de que el Uchiha se hubiese salido con la suya, le repugnaba. Pero Hinata nunca sería para él. Nunca. No mientras él estuviese con vida.
Sólo una cosa os pido señor.
Esperadme.
No sabía por qué, pero le había dicho a Sasuke que la esperase. ¿Por qué motivo? Ella era incapaz de responder, siendo sólo un estambre de sentimientos, todo dentro de ella era un hervidero. Por eso no le sorprendía haber recibido las visitas nocturnas de su esposo. Sólo bastaba verlo, para saber qué algo le sucedía. No sabía si era amor, o tal vez el tiempo que compartieron no fue tan malo en el fondo. Sí, la había obligado, la había robado, pero luego, cuando esperaba un mal trato, en realidad Sasuke se había comportado como un caballero.
¡Incluso no había yacido con otras y eso le constaba!
¿Qué le pasaba entonces? Ya estaba de vuelta en su hogar, pronto se lograría la nulidad de su matrimonio y estaría en condiciones de casarse con un lord que sí la mereciera. Debía sentirse feliz porque por fin la vida retomaba el rumbo que nunca debió haber extraviado. El que se esperó siempre para ella. "Tenéis un brillante porvenir, hija mía" solía decirle Hiashi.
Pero.
Pero.
¿Por qué no dejaba de pensar en Sasuke, en sus negros ojos, en su cuerpo que la buscaba incansablemente por las noches?
¿Por qué cuando lo veía en aquellas silenciosas visitas nocturnas, luego no podía conciliar el sueño y sólo podía pensar en él?
Esperadme y mostradme que sois digno de mí.
¿La esperaría realmente? ¿O quizá ya habría encontrado una mujer que cumpliera el rol de esposa?
Cuando pensaba en eso, sentía un dolor sordo y no soportaba estar en su habitación ni en el castillo. Y a cualquier hora, Natsuki la escoltaba para que caminara por ese hermoso y enorme jardín, porque caminar era lo único que le permitía apartar a Sasuke de sus pensamientos.
Pero aquellos ojos negros vivían en algún rincón de su alma. No tenía otra explicación, Sasuke había cumplido con su promesa y se había vuelto su dueño.
Ya no podía mentirse más a sí misma, había sucumbido a esos ojos negros, sin remedio, sin contemplaciones.
Continuará…
