CAPÍTULO XI

Se había acostumbrado a caminar por los hermosos jardines de su propiedad, como si estuviese escapando de algo. Aquella tarde ya oscurecía y se decidió a entrar en el castillo. En el camino se encontró con su padre, quien le entregó una carta despachada por el Arzobispo.

No necesitaba abrirla para conocer su contenido.

Era libre.

Dolorosamente libre.

- Ahora, ya no hay nada que impida un nuevo enlace. Se consideró vuestro embarazo, y el Arzobispado aceptó que sea vuestro futuro esposo quién se haga cargo de la crianza, aunque no tendrá ningún derecho sucesorio.

Hinata miró a su padre con incredulidad. ¿Así que su hijo no tendría nada y sería distinto a otros? Pero no dijo nada en aquel momento. Ella misma ya no importaba tanto, pero ese hijo que llevaba en el vientre era lo que más amaba. Sólo se limitó a asentir, mientras pensaba en cómo cambiar aquella decisión.

- Gracias, padre - y se despidió con un leve gesto de cabeza.

Ya no hay nada que nos una, señor.

Sólo que no os puedo quitar de mi mente.

- Hay un fuerte rumor de quién podría ser el próximo esposo de lady Hinata - dijo Shikamaru, como si nada. Sasuke lo observó impávido. Se le veía un tanto más delgado y cansado, había abandonado alguna de sus aficiones y era como un espejismo de lo que había sido en algún momento. Eso era en aquellos momentos.

Haberse enterado que su enlace había sido anulado había sido la estocada final. No era sólo su orgullo el que se había visto golpeado, ya que Hiashi a pesar de todo había ganado la partida, y todo para ir funcionando de manera correcta para los Hyuuga: al final habían mantenido a lord Hatake en la familia, y ahora Hinata era libre para buscar un matrimonio ventajoso. Sabía, a pesar de que había sido su esposa y que llevaba a su hijo en el vientre, que seguía siendo un partido de lo más formidable, puesto que aún era la heredera de su linaje, era joven, era hermosa, y seguía siendo una noble mujer. Era algo en su ser que se sentía derrumbado por aquella noticia.

Tan hermosa, Hinata. ¿Desde dónde venís? ¿De qué mundo que desconozco escapasteis?

La carta del Arzobispado estaba aún en su escritorio, como un recordatorio eterno de todo lo que había perdido. Esta vez, no podría salirse con la suya, ya no se sentía un señor dueño de todo. Ahora sólo se veía como un despojo. Y así seguiría siendo, puesto que había rechazado por completo la idea de volver a casarse. Porque nadie podría ser como ella, porque esos ojos nunca los encontraría en ninguna otra.

Su amigo lo observó, pero no tuvo respuesta del señor. No quería saber con quién se uniría Hinata. Se negaba a saber.

- Ya han tenido reuniones con su padre e inclusive con ella - Shikamaru hacía gala de sus contactos, de sus fuentes de información. Era como si lo supiese todo, y en aquellos momentos, Sasuke prefería no saber nada.

No puedo hacer como si no existierais, milady. Siempre estáis presente.

- Debería interesaros - continuó lord Nara - al fin de cuentas será el hombre que cuidará de vuestro hijo. Hay algo que debéis saber, porque os afecta directamente. Me he enterado que lord Hiashi piensa firmar ciertas capitulaciones que dejarían a vuestro hijo fuera de cualquier sucesión.

Sasuke apretó un puño. Podía entender la inquina de Hiashi en contra de él, no debía ser un sabio para entenderlo. Todo lo que se podía hacer de forma errónea, él lo había hecho. Se había inventado un cuento propio, en dónde se decía que tendría a lady Hinata, para poseer así su fortuna y linaje, aún en el fondo sabiendo que se había rendido ante ella solamente al verla aquel lejano día de justas. Era así, y aun así seguía diciéndose que era un plan increíble y que se había salido con la suya, actuando rápido y eficazmente.

Había capturado al hombre que aquella mujer amaba, sabiendo muy bien que era la mejor forma de asegurarse que ella misma accediera al matrimonio. Y lo había hecho todo tan rápido, que ni lord Hiashi ni lord Hatake pudieron hacer algo al respecto.

Pero había fallado en un punto.

Al final, el amor por Hinata había echado por suelo cada maldito plan que se había trazado. Porque el mero pensamiento de que ella jamás respondería a ese amor que le carcomía las entrañas, lo superaba y por eso la había dejado marchar, aunque eso lo estuviera destruyendo lentamente.

Cada día.

Todo eso era claro para él, pero el odio que Hiashi estaba trasladando hacia su propio nieto era más de lo que podía soportar. Eso no lo aceptaría jamás, porque él podría ser una escoria, un hombre sucio y sin honor, un bastardo desgraciado, pero un hijo engendrado por Hinata jamás sería de aquella forma. En el fondo sabía que su hijo sería un gran hombre.

- Le escribiré al Arzobispado, y si no tengo respuesta, iré a sus malditos dominios y lo amenazaré con cortarle el cuello si no acepta una sola condición que podré.

Aquello capturó por completo la atención de Shikamaru. Hacía semanas que no lo escuchaba hablar con tanta determinación. Por fin algo interesante, pensó con algo de satisfacción. Desde que se había marchado Hinata, la vida en el castillo se había vuelto gris y triste.

Y ahora Sasuke volvía a ser un poco de aquel señor de señores.

- Le exigiré que mi hijo sea considerado heredero, sea cual sea el próximo maldito esposo de mi mujer. No dejaré que Hiashi me gane la partida por completo, no dejaré que mi hijo sea desestimado como si nada. A mí, que me odie todo lo que se le venga en gana.

Y no dijo más. No hacía falta, Shikamaru entendió que aquella era la motivación que le era necesaria para sentirse un poco vivo.

Se escucharon unos gritos que provenían de la entrada del castillo. Lord Hiashi pensó lo peor, por lo que se apresuró a acercarse a las torres de vigilancia. Hinata fue tras él, con un raro presentimiento, como si supiese que tal alteración tendría que ver con ella. A pesar de su estado, seguía siendo ágil. Su juventud y lozanía tenían mucho que ver con ello, así que no le costó alcanzar a su padre y subir casi al mismo tiempo que él a las torres. Su padre no se alcanzó a dar cuenta de que ella lo seguía.

Y ahí, sin miedo, con la mirada altiva y el orgullo intacto, estaba Sasuke fuera de la gran puerta de entrada. Su espléndido corcel negro relinchaba furioso, como si su amo lo hubiese obligado a correr a toda velocidad.

Hinata sintió un ligero vértigo al verlo ahí, sin temor a que alguno de los vigilantes le lanzara una flecha o que alguno de los escuderos saliera a combatirlo. Parecía como si aquel hombre no temiese nada, ni siquiera a la muerte. Y cuando pensaba en eso, sus ojos se cruzaron y comprendió, sin lugar a dudas, que amaba a ese hombre, aunque renegase por siempre de aquel sentimiento que la hacía dudar de todo. La forma en que él la miró, con una mezcla de nostalgia y ternura, quizá plagada de todos los recuerdos de los meses que vivieron juntos, la hizo estremecer.

Se me hizo todo claro de pronto, señor. No sé ni el momento o lugar, pero os amo.

"Por favor, que no haga que mi padre obligue a un ataque" rogó en silencio, llevándose una mano al abultado vientre.

- ¿Qué hacéis aquí, lord Uchiha? Sabéis que no sois bienvenido y no tenemos ningún asunto pendiente. - la voz de su padre se escuchó fuerte, con el dominio sobre sí mismo del que siempre hacía gala, cualquiera fuese la circunstancia.

Sasuke no quitó la mirada de Hinata, no porque desease insultar a lord Hiashi. Es que no podía dejar de observar ese hermoso rostro que tanto deseaba y extrañaba.

- Os equivocáis, señor. - respondió al fin, Sasuke - Hay un asunto que siempre tendremos pendiente y ese es mi hijo. He sabido que queréis apartarlo de cualquier sucesión y de cualquier título, y eso no os lo permitiré.

En el patio de entrada se escuchaban los murmullos de asombro de los criados, escuderos y siervos. Aún no se les olvidaba cuando aquel mismo hombre había insultado a su lord y le había jurado a lady Hinata que sería su esposa. En el fondo, lo consideraban un hombre valiente, además de lo orgulloso y vil que podía ser. Pero a lord Hiashi no le preocupaba eso en aquellos momentos. Por fin había notado a Hinata y sabía muy bien lo que reflejaba el rostro de su hija, que no apartaba la mirada de aquel hombre que le repugnaba hasta lo indecible.

Sí. Sasuke después de todo había ganado.

- Es lo obvio, lord. Mi hija tomará un nuevo esposo, esta vez a su altura y nobleza, por tanto, los hijos de aquella unión serán los que heredarán todo de mi linaje.

Hinata bajó el rostro. No compartía ninguna palabra dicha por su padre, pero no era el momento de decirlo. Ya sólo por el hecho de estar ahí, se había puesto en evidencia. La mirada de su padre era más clara que mil amaneceres y debía andar con cuidado, porque su situación era muy delicada.

- ¿Estáis de acuerdo, mi señora? - El tono de Sasuke se suavizó, y se notaba un deje de conmoción en sus palabras. No la estaba retando, no deseaba insultarla, pero necesitaba oír su suave voz, una vez más. Una palabra bastaba. Necesitaba saber si a ella le importaba tan poco ese hijo. Si era así, sentía que nada valdría la pena.

Ella no respondió, pero volvió a alzar la mirada. No lo negó, y esa fue toda la respuesta que lord Uchiha necesitaba. Una mujer como ella, que había sido capaz de inmolarse para salvar al hombre que amaba, no desearía para su hijo un destino incierto, por más que lo detestara a él.

- Le solicitaré al Arzobispado a que os obligue a firmar nuevas capitulaciones. Mi hijo será heredero o vais a conocer mi venganza, lord.

Y como lo hubiese hecho antes, no esperó la respuesta de lord Hyuuga. Dando una última mirada a aquella mujer que no se iba de su mente, que se paseaba por sus sueños y que aparecía en cada pequeño pensamiento, se dio la vuelta e hizo nuevamente correr a su corcel, a toda velocidad.

Cuando os disteis la vuelta, todo fue claro.

- Os casareis con lord Gaara, hija mía. Y ese matrimonio tendrá que arreglarse cuanto antes. - la voz de Hiashi, como siempre, transmitía autoridad, sin necesidad de elevar la voz o gritar. Era inherente en él la dignidad y el honor, pues así había sido desde siempre y por generaciones en su familia. A pesar de que nuevamente había sido insultado por Sasuke, juró para sí mismo que aquella sería la última vez. Aquel había sido el último insulto. Si hubiese sido un hombre más entregado a la voluntad de sus caprichos, habría ordenado a armar a sus hombres y marchar en contra de lord Uchiha, sitiar su castillo y obligarlo a entregarse.

Pero él no era así. Siempre había sido más analítico y estratégico. Siempre había pensado las cosas, antes de tomar cualquier decisión y emprender cualquier acción. Eso era ser digno. Eso era ser un real caballero.

Y la mejor venganza contra Sasuke, era borrar por completo la huella de su existencia en su familia. Aunque eso significase que su nieto fuera un señor sin nada a su alcance.

Hinata asintió, y se retiró de inmediato porque la agitación que estaba sintiendo en aquellos momentos la hacía sentir muy débil. Era notorio que su padre se había dado cuenta de que no era odio lo que sentía por Sasuke, y que él sí había logrado hacer mella en su ser. Seguramente Hiashi se sentía mortificado por ello, pero estaba convencido que casándola nuevamente todo aquello quedaría olvidado. A esas alturas, Hinata sentía un real cansancio al saberse una mera moneda de cambio. Se encontraba en medio de una lucha sin tregua entre su padre y Sasuke, y sentía pavor de saber quién ganaría realmente. Porque pasara lo que pasara, ella sería siempre la gran perdedora de aquel juego tan retorcido.

Sasuke.

No pensó que se sentiría tan conmocionada al verlo nuevamente. Qué lejos le parecían aquellos días en que no soportaba su mera presencia. Ahora, se sentía tan conmovida por haberlo visto por algunos momentos, tan pocos le habían parecido. Por unos breves instantes deseó gritarle que se quedase, o que se la llevase con él, esta vez por propia decisión, pero sabía que aquello era imposible. Sasuke viviría sólo en su memoria.

Y sus ojos.

Aquellos ojos negros definitivamente la traspasaban.

¿Por qué tengo que amar a un señor que no es digno? ¿Por qué fui tan débil como para rendirme ante un hombre que no merece nada de mí? Y pensando en todas esas cosas, internándose en aquel tormento que parecía nunca iba a acabar, maldijo a su suerte y sólo pudo recostarse en su cama al llegar a su habitación. Natsuki comprendió que algo le había sucedido, pero no fue capaz de preguntar, porque el rostro de Hinata reflejaba una encarnizada lucha interior. Y temía que esa lucha silenciosa la consumiese.

- No hay lugar para mí, en dónde pueda vivir en paz -la escuchó decir, en voz muy baja, como si hablase con ella misma.

Sintió lástima por ella. Natsuki conocía muy bien a lady Hinata, ya que había sido su criada por muchos años. Muchos la podrían considerar una mujer demasiado callada y pensativa, demasiado sumisa, tal vez sin mucho qué ofrecer, pero ella sabía muy bien que Hinata en el fondo podía tener una voluntad de hierro y no dejarse doblegar por las circunstancias. También era una mujer afectuosa y amable, que jamás hacía nada que pudiese perjudicar a alguien, fuese quien fuese. No era dada a caprichos y aceptaba con serenidad las situaciones que sabían que debían aceptarse.

Así era la Hinata que había conocido desde que ella era una adolescente y su ama, una delicada y preciosa niña, que nunca le causaba disgustos ni problemas.

Pero desde que había vuelto desde el castillo del Uchiha -le molestaba siquiera pensar en ese nombre- había notado un cambio sutil en la señora. Ya no sonreía como antes y no parecía tan dispuesta a aceptar todo lo que se le dijese. Muestra de ello era su rechazo a algunos pretendientes que parecían del todo apetecibles, y que evidentemente mostraban su admiración, más que por lo que ella ofrecía, por la belleza de su ser. Mas, Hinata no había mostrado el más mínimo interés en ellos, por lo que su padre había decidido que el candidato ideal, era un tal lord Gaara.

Según lo que sabía, era un joven y apuesto -lo había visto en un par de ocasiones y hasta ella había quedado prendada de sus bellos ojos verdes y profundos - lord, que provenía de una familia prominente, con tanta alcurnia como los Hyuuga y había declarado que se había enamorado de Hinata al verla en el día de la justa. Sí, también había estado aquel fatídico día que había cambiado la vida de tantas personas. Se había propuesto a lord Hiashi, pero había sido decantado por lord Hatake en aquella oportunidad.

Ahora, tenía el camino libre para casarse con Hinata, y poco le importaba que esperase el hijo de otro hombre. Lo podía mandar lejos, y podía tener muchos hijos más de aquella mujer tan hermosa, que cada vez que la veía sentía un escalofrío que le recorría la espina dorsal.

Natsuki los había visto caminar algunas veces por los hermosos jardines Hyuuga -ella debía estar a una distancia prudente para guardar las normas de comportamiento-, bajo el suave sol de la tarde, y por alguna razón, sabía que Hinata estaba más ausente en aquellos momentos. Hacían una hermosa pareja, sin duda, ella resplandeciente como una luna, y él, un hermoso caballero, de porte digno, aunque de facciones duras. Pero el lenguaje del cuerpo de Hinata era claro, era evidente que debía tratar con aquel caballero por obligación, ya que no podía darse el lujo de rechazar un nuevo pretendiente, y aunque la veía sonreír, sabía que esa sonrisa estaba completamente vacía. Carente de vida y energía, carente de la menor sinceridad.

Hinata, su adorada ama, ya no era la misma. Y lo que más le dolía de aquella situación, es que sabía que lord Hiashi estaba al tanto. Más que mal, era su padre. El que mejor la conocía, el que la amaba desde que la había recibido en sus brazos nada más nacer.

Era el mismo hombre que nuevamente la arrojaba a un matrimonio impuesto.

Continuará.

Si has seguido hasta acá, te doy las gracias. No sé si la historia esté siendo agradable de seguir, pero ya no falta mucho para el final, aunque a lady Hinata le esperen algunas pruebas más.