Capítulo XII

Hinata observaba como Natsuki confeccionaba una corona de flores para su próximo matrimonio. Esta vez, además de las siempre blancas, usaba rojas, en honor a su futuro esposo. En circunstancias distintas, se sentiría feliz y emocionada, pero nuevamente se enfrentaba a una unión que no deseaba. Nuevamente era una mera espectadora de aquellos juegos de poder, en dónde su palabra valía muy poco.

Así le habían enseñado desde siempre.

Siempre obediente y sumisa.

Estaba más que consciente de que lord Gaara era muy atractivo en todos los aspectos que se podía desear, su familia era noble y poderosa, él mismo era un joven recto y respetuoso, que no escatimaba en demostrarle su amor y admiración cada vez que se veían -le había obsequiado joyas, hermosas flores, hasta aves exóticas y maravillosas-. Pero no sentía nada por él y hasta sentía cierto remordimiento por casarse con él, y además llevando en su vientre al hijo de otro.

De otro

Del hombre que tenía una de las miradas más bellas y profundas que había visto alguna vez.

Pero ya nada de eso importaba. Seguramente no volvería a verlo y probablemente ya estaría buscando a una mujer para desposarse.

Eso le dolía y mucho. Y no había lugar en el que se pudiese refugiar contra la sensación de pérdida, puesto que había sido su decisión marchar y dejarlo atrás. Aunque también cabía la posibilidad de que olvidase a Sasuke, así como fue capaz de olvidar a Naruto. Pero las circunstancias esta vez eran completamente distintas: lo que vivió con lord Uzumaki sólo lo sintió en el ámbito del amor cortés y platónico, y no fue más que un beso en un momento de desesperación lo que compartieron.

En cambio, lo quisiera o no, con lord Uchiha había vivido cosas distintas, se había conocido a sí misma como mujer y había aprendido lo que significaba el deseo y el placer, porque aunque se lo negase mil veces, Sasuke la había conocido como mujer. Y temía que algo así no lo pudiese olvidar jamás, por lo mismo en su interior se sentía reticente a una nueva unión. ¿Por qué no podía simplemente vivir en el castillo de su padre, cuidando a su hijo, sin que nadie pusiera reparos en ello? Lamentablemente, su linaje, las tradiciones, las alianzas políticas y la ambición se lo impedía.

Se sentía enferma. No sabía si era su cuerpo o su mente era lo que fallaba, pero algo no iba bien con ella.

Natsuki, concentrada en la hermosa labor, no podía imaginar todo lo que pensaba su ama. Sabía que algo le pasaba, pero a diferencia del pasado, Hinata era incapaz de abrir su alma y decirle todo lo que sentía. Había cambiado, definitivamente.

- Es una corona muy hermosa, Natsuki. -dijo ella, como si nada, tocándose el vientre. No le faltaba mucho según los médicos que la habían revisado y pensaba si alcanzaría a casarse antes.- Tenéis un talento único para entrelazar todas esas hojas y flores.

- Es sólo lo que merecéis, milady. De todas formas, vosotras también tejéis y entrelazáis de forma muy bella. -la criada le respondió con tanto afecto, que Hinata contuvo las ganas de llorar. En los próximos días se celebraría su -nueva- boda y la perspectiva la hacía sentir terriblemente triste y cansada.

La criada comprendió en el acto la pena que embargaba a Hinata, y sin pensarlo siquiera, le tomó las manos.

- Sé que es difícil para vosotras, milady. Sé, que a pesar de que un noble caballero será vuestro esposo, no estáis contenta, como no lo estuvisteis cuando salisteis de este castillo para casaros con lord Hatake.

Hinata se sorprendió un poco. Cualquier otra persona hubiese mandado a castigar a la criada por tal insolencia, pero ella no era así. Por lo demás, Natsuki no había mentido en lo más mínimo. Para cualquiera era evidente que no se sentía ni plena ni feliz, ni estaba ansiosa por unirse a lord Gaara, aunque eso significase enmendar su vida y retomar el rumbo que había estado establecido para ella desde el principio, hasta que llegó Sasuke a su vida.

Entonces, hizo lo que no había hecho desde que había llegado al castillo: lloró y dejó salir todos aquellos sentimientos que la carcomían.

- Sé que no debí, sé que no es posible, pero lo amo, Natsuki. Pero mi orgullo y mis propias condiciones jamás lo permitirían y me siento atrapada y sola - dijo suspirando, y a la vez, aliviada de por fin poder hablar. Porque si bien su padre lo sabía, Naruto lo sabía, y quizá hasta Hanabi -sabía que hablaba muy seguido con su padre vía mensajes- ella no había sido capaz de verbalizar lo que sentía.

- Y me siento mal, porque no estoy pensando en mi familia, porque aquella unión jamás debió existir, pero lo hizo y sigo sintiendo que me hace mucha falta aquel hombre. Aunque mi próximo esposo es todo lo que una doncella podría desear y más. - suspiró con tristeza - además que mi padre se mantuvo firme con las capitulaciones y mi hijo será dueño de nada.

- ¿Y qué os haría feliz, milady?

- Deseo dar a luz a mi hijo, antes de contraer un nuevo matrimonio. Quiero sentirlo, tenerlo un tiempo conmigo.

Pero no fue necesario comunicarle a su padre aquel deseo, puesto que su salud se vio deteriorada en aquellos últimos días, en las últimas semanas de embarazo, y se temió incluso por su vida. Tuvo que estar postrada en cama, con fiebre, alucinaciones, lugar en dónde veía a Sasuke constantemente, siempre con aquellos ojos negros que la fascinaban.

El próximo matrimonio debía posponerse de inmediato, y Hiashi así debió entenderlo, en aquellas condiciones podría hasta perder a su hija.


Recuerdo cuando os vi aquel día gris. Recuerdo que el viento era helado, amenazaba la lluvia y que cabalgué por horas porque tenía la secreta intención de averiguar si las historias sobre vuestra gran belleza eran ciertas. Recuerdo que sólo tenía ese pensamiento en mi mente y que parecía ocuparlo todo. Y la urgencia del momento no me permitía razonar nada más.

Así fue, Hinata.

Aún recuerdo tu piel blanca y suave, tu mirada límpida, más clara que el cielo. Aún puedo ver las flores blancas que adornaban tu cabello, pero eran totalmente incapaces de rivalizar contra vuestra belleza. La corona que adornaba vuestros cabellos no os podían hacer justicia, porque por vos sola, irradiabas una belleza que no había conocido antes y que pienso no volveré a conocer.

Estaba a punto de ser sentenciado.

Hinata, vuestra sola presencia lo eclipsaba todo y mis ojos sin que yo lo quisiera os buscaban a cada instante. Sin saberlo, ya me había rendido por entero a vosotros y en algún lugar de mi mente supe que de alguna forma uniría mi vida a la vuestra. Como fuese y por sobre cualquiera, porque pensaba que nada tendría sentido si no me unía a vos.

Sin medir las consecuencias. Sin pensar que en medio de esa peligrosa estrategia yo mismo me vería arrastrado a un abismo desde el que no he podido salir, Hinata.

Recuerdo cuando recién llegasteis a palacio, no os doblegasteis a mí jamás, no al menos por voluntad propia. No rogasteis, no te humillasteis y no me deseasteis como otras mujeres. No era digno de vosotros, pero era incapaz de asumirlo.

Aún te puedo ver, en aquella cama que compartimos, vuestro hermoso cuerpo de nácar, esbelto, pálido, que me hacía pensar que eráis un hada que había escapado de los bosques. Porque me costaba creer que un ser como vos estuviese en este mundo de vivos.

Aún puedo veros caminando despacio, con esa gracia que pocas tienen, siempre con la dignidad intacta, con el orgullo de mujer noble, pero con la dulzura que siempre os caracterizó, aunque nunca fui merecedor de ella, puesto que no era digno. No soy digno aún y nunca lo seré porque siempre seréis una persona más valiosa, una mejor persona que yo.

Puedo veros todavía, caminando por los verdes prados de este bosque que te gustaba recorrer, y aunque no lo supierais, siempre os observaba. Siempre estaba atento a cada pequeño gesto vuestro, porque eso constituía la alegría de mis días. El sólo hecho de saber que vivíais y que estabais junto a mí, me hacía sentir realmente el dueño del mundo.

Veros en los verdes prados era como ver a una dulce y hermosa hada que no es del mundo de los nuestros. Siempre lo pensé, milady.

Y hoy, es el día de vuestra unión con otro hombre. Esta vez no podré cambiar nada de lo que va a acontecer, ya no podré robaros ni matar al hombre que será vuestro señor. Podría ir con todos mis hombres y sitiar vuestro castillo hasta que vuestro propio padre os entregue, pero ya no es así como deseo poseeros.

Nunca había vivido una derrota semejante, jamás había perdido de tal manera una batalla. Ni la muerte de los míos me había dolido como saber que este día llegaría y que al final, te reencontrarías con el destino que realmente te era determinado. Hiashi me ganó y ahora me encuentro en las que fueron vuestras habitaciones, las que están intactas desde el momento en que os marchaste. Quiero retener por toda la eternidad vuestro paso por este lugar, que ahora me parece tan vacío y gris.

Hoy conoceréis a otro hombre, señora mía.

Nunca os lo pude decir realmente, pero me habéis cambiado. Ya no soy el hombre cruel y horrible que conocisteis anteriormente. Sin pensarlo, sin quererlo, habéis hecho de mí un hombre nuevo, pero ya es muy tarde. Ya no podréis conocerme y quizá todo podría haber sido distinto entre nosotros, quizá aún estaríais aquí, pero ya no. Ya es tarde.

Demasiado tarde.

Así era el castigo que vivía diariamente Sasuke. Ser continuamente azotado por la idea de que Hinata sería de otro.


Faltaba muy poco para el nacimiento del hijo de su nieto, lo cual era motivo de gran tribulación para Hiashi. En esas condiciones su hija no podría contraer matrimonio y la sombra del Uchiha era una constante en su vida, una sombra que no podría borrar aún. Tan sólo le bastaba ver a su hija, con su abultado vientre, su mirada triste aunque no lo reconociese, le hacían entender que aquel maldito hombre se había salido con la suya de alguna forma.

Pero lo arreglaría todo en cuanto Hinata ya estuviese mejor, los preparativos de la boda estaban encaminados y el vigor y las ansias del futuro esposo estaban muy latentes. Gaara estaba genuinamente encantado ante la idea de desposarse con la heredera del clan y además, su futura esposa se encontraba aún en el cénit de su belleza y ya había dado muestras de fertilidad. Para él, ese niño prácticamente no contaba, ni lo consideraba en sus planes. Para él, el futuro se mostraba de lleno sólo entre ella y él.

Y Hinata… Hinata observaba todo en silencio, en la convalecencia de su lecho, demostrando una sumisión muy propia de ella, pero en el fondo, no estaba de acuerdo con el futuro que le deparaba a su hijo, se resistía a pensar que una vez que naciera fuese enviado con familiares de menor rango y ella sólo se dedicase a parir niños de Gaara. Muy dentro de su fuero, se resistía a ser nuevamente una mera moneda de cambio, un objeto del cual se podrían obtener ganancias y alianzas y ella sólo debía observar todo y agachar la cabeza como siempre había hecho.

Natsuki la miraba preocupada, sabiendo que algo le sucedía, pero desde que había retornado de las propiedades del Uchiha, Hinata se había vuelto más retraída, más silenciosa, más triste. Ella sabía, sin que se lo dijera su ama, que pensaba siempre en aquel malvado hombre y no había forma de poder ayudarla. Natsuki era una simple sirvienta, pero no había pasado grandes penalidades en su vida, tenía la fortuna de haber servido en una familia que no era dada a maltratar a sus criados, de hecho, eran cuidados y respetados lo que provocaba que sirvieran de forma gozosa a sus amos. Entonces, podía decir que era relativamente feliz, hasta que notaba la silenciosa tristeza de Hinata, la persona que más amaba en su vida, le carcomía en lo más profundo.

¿Tal vez ella no debió haber marchado de aquel lugar?

Recordó una vez haber escuchado una conversación que lady Hinata sostuvo con lord Uzumaki al poco de volver a su hogar. Cómo sabía, estaba al tanto del profundo amor que alguna vez ambos se tuvieron, y que de hecho, gatillaron una serie de eventos que la tenían de vuelta embarazada, con un matrimonio anulado por el clero y con esa tristeza que no se iba de sus ojos. Natsuki sabía que no debía oír tras las puertas, pero estaba preocupada por la mayor de las Hyuuga y eso la había impulsado a ocultarse tras una puerta, de tal forma que no pudiese ser vista con facilidad.

Y algo escuchó. Algo que la dejó más preocupada si cabía aún.

- No es vuestra culpa, lord Uzumaki…

Sintió un movimiento, un pequeño murmullo, un hilo de voz.

- Llamadme Naruto, mi lady. Sé que fui el causante de aquella funesta unión y cada día viene el arrepentimiento a mi ser, debí quedarme y luchar por vosotros…

- Hubiese sido en vano - le interrumpió ella, poniéndose de pie. Lo supo por el sonido de sus ropajes. - Estabáis solo contra todo un mundo. Os entiendo, y os pido que me entendáis también…

Era evidente la contradicción que sentía el rubio. Por un lado, sabía que ella se había sacrificado por él, y en cambio, él se había casado con la mujer de aquel abominable hombre. No se arrepentía de todas formas, se había unido a aquella bella mujer de forma genuina, porque la había amado con sinceridad desde aquellas reuniones que tuvieron en el calabozo del Uchiha. Sí, ¿cómo no amar a aquella pobre y desprotegida mujer que estaba sola en el mundo? Él había sido de cierta forma quién la había redimido de una vida de ignominia e incertidumbre. No se sentía ciertamente un héroe, en absoluto, sabía que las circunstancias eran especiales y no tuvo corazón para negarse a aquellos hermosos ojos color del cielo.

Todos cuestionaron su decisión, pero él estaba dispuesto a asumir las consecuencias. Hinata se había sacrificado, ya estaba fuera de su alcance y él podía sumirse en el amor en los brazos de lady Ino. Era feliz, muy feliz y por eso se sentía avergonzado ante Hinata. Tan bien la conocía que sabía que se sentía miserable.

¿Hubiese cambiado algo de aquella historia? La había amado profundamente, desde que recordaba, pero luego lady Ino lo había cambiado todo. ¿De verdad había amado alguna vez aquellos ojos límpidos, que eran incapaces de mentir?

- Os pido perdón, os lo ruego mi lady, mi amiga más querida.

Aquello le dolió a Hinata, no porque ya no la amase, sino porque le recordaba que a pesar de todo él tenía todo lo que a ella le faltaba. Aunque existía algo que no podrían tener nunca: un hijo. Lady Ino no había concebido ni con su primer esposo, ni con Sasuke y al parecer, sucedería lo mismo con lord Naruto.

- Y yo os pido una cosa.

Ya no tenía nada que perder, se encontraba entre una guerra entre su padre y cualquier recuerdo del paso de lord Uchiha por sus vidas. A ella le quitarían algo muy preciado, algo que ya amaba más que a su propia vida: su hijo por nacer. ¿Qué le importaba a ella si Sasuke la había extorsionado? ¿Si la había obligado?

¡Ella lo había amado! Y lo seguía amando a pesar de que se sentía débil y sucia por sentirse de aquella manera, pero aquellos ojos negros, aquella profunda mirada la había calado y traspasado. Aquel era un hombre, todo un hombre, que de despreciarlo había pasado a amarlo con desprecio hacia ella misma.

Era un amor que la humillaba, pero del que no lograba escapar. Sabía, que aunque contrajera matrimonio mil veces más, no se olvidaría de aquel que la había convertido en mujer.

- Lo que pidáis, os daré.

- Prometedme que cuidaréis de mi hijo. Prometedme que lo amaréis como si fuera vuestro, como si lo hubiese concebido lady Ino.

Naruto retrocedió ante la sorpresa. No se imaginó jamás que los giros del destino lo llevarían ante ese escenario. Sabía que Hinata una vez nacido su hijo, contraería matrimonio y estaba estipulado que ese niño no formaría parte de la nueva unión. Para él, era una desgracia, ese ser no debía cargar con las culpas de su padre, pero lord Hiashi se mostraba implacable. Sin mediar palabra, se arrodilló ante ella.

- Os juro solemnemente que cuidaré de vuestro hijo, como si fuera sangre de mi sangre. Y si es de ser necesario, daré mi vida por él.

Hinata sabía lo que entrañaban aquellas palabras: por ese ser haría lo que no pudo hacer por ella. Y se lo agradeció con lágrimas en los ojos, porque al menos ya podía estar tranquila. Su hijo no sería echado a cualquier suerte, no, sería amado y cuidado porque sabía que una promesa hecha por lord Uzumaki era una promesa cumplida. Él le besó las manos, como si fuese un hermano querido, se puso de pie y abandonó la habitación.

Cumpliría.


Ya no llevaba la cuenta de las horas de trabajo de parto que cargaba en sí, pero se comenzaba a sentir muy débil. ¿Acaso moriría y sería el final de todo? ¡No! Quería gritar, pero no tenía fuerzas, su cuerpo se encontraba débil, y su estado de ánimo anterior no había ayudado en nada al proceso.

Natsuki, su fiel Natsuki no la había abandonado, y le sostenía la mano, mientras un par de parteras, preocupadas, intentaban que diera a luz.

Sasuke se acercó a ella y le rodeó los hombros con un abrazo y ella se dejó llevar. Ya estaba acostumbrada a su aroma, a su roce, a su cuerpo.

Otro ramalazo de dolor. Sentía que ya no podría soportar otro.

- Vamos, lady, ¡debéis pujar y pujar para que vuestro hijo vea la luz! - una de las parteras, ya muy preocupada por lo largo del parto y el estado de la mujer.

Natsuki volvió a apretar con fuerza de su mano.

- Usted puede, mi lady, usted ha sido una mujer fuerte y ya pronto podrá tener a vuestro hijo en vuestros brazos -le susurró, mientras le limpiaba el sudor de la frente.

Fuera de la habitación se encontraba Naruto, según lo que le había prometido hacía algunos días. Quería conocer al que se debía convertir en su hijo y desde ya, sentía que lo amaba. Pero aquellos gritos que no cesaban de la habitación le hacían sentir aterrado, como ni siquiera una inminente batalla le hacía sentir.

Sasuke le quitó lentamente la ropa. Dejando caer con suavidad cada prenda, observando con devoción su cuerpo. Sus palabras podrían decir muchas cosas, pero aquella mirada de él era sincera: la deseaba ardientemente.

- Pujad, pujad, milady - susurró Natsuki. "Qué no daría por yo sufrir vuestro dolor, no sólo este parto, todo el dolor que cargáis".

- No… puedo… - susurró débilmente Hinata, pero no se lo dijo a ella ni a ninguna persona en la habitación, es como si estuviese hablando consigo misma. Porque ese parto no sólo representaba dolor físico, también era un dolor personal que se hacía latente: estaba sufriendo, pero el dolor que debía enfrentar después sería aún peor.

La abrazó con fuerzas, con ansias, como si quisiera todo de ella, y ella, sólo sonrío de forma enigmática, mientras caían a la cama en una confusión de cuerpos. Su boca no dejaba de buscarla, sus manos no podían abandonar su piel. La necesitaba.

Un grito estremeció el castillo y luego, el llanto de un nuevo ser. Lo había logrado, por fin podría tener a su hijo en sus brazos, al menos una vez. En ese momento ingresó Hiashi a la habitación y todas las mujeres le recibieron con una pequeña reverencia. El hombre observó a su hija y por un instante, sintió una punzada de estremecimiento al verla tan débil, tan pequeña. Luego, sus ojos se desviaron al bebé que era sostenido por una partera.

- Entregádmelo y cuidad de mi hija. - ordenó con voz firme, que no dejaba lugar a dudas, Hinata iba a protestar, iba a rogar que le dejaran verlo, que lo dejaran tocarlo, ¡era su sangre, su dolor y su consuelo!, pero no tuvo fuerzas, de pronto sus ojos se iban cerrando, mientras todo lo que veía era a su padre sostener a su primer nieto, saliendo de la habitación.

Mi hijo, mi dolor, mi amor…


Continuará.

Hola! Si has llegado hasta acá, nuevamente te lo agradezco.

Para aquellas que me comentan pidiendo más información sobre otras parejas, tengo que reconocer que al ser el primer fic "largo" que escribo, no tengo por costumbre hablar de otra cosa que del SasuHina, entonces ha sido una experiencia por decir lo menos, novedosa. El fic está terminado, pero continuaré publicándolo por capítulos y les puedo decir que al menos traté de mostrar cómo se relacionan las otras parejas, de hecho me pude explayar un poco más.

Ahora estoy trabajando en otro fic, que creo que será lo última que escriba por el momento. Pronto lo verán publicado también.

Que estén muy bien 3