Estaba sola en la habitación principal, frente al fuego que crepitaba y soltaba ligeras llamas. Las observaba como hipnotizada, pero por dentro pensando en ese hijo que le fue arrebatado. Había pedido expresamente que nadie la molestara, que se encargaran los demás del funeral de su padre, porque por cuanto a ella le atañía, no tenía motivos para preocuparse por él. Había sido injusto y cruel con ella y con un pequeño que era por completo inocente.
Le dolía tanto. Pero ya había recobrado la compostura, sólo para sumirse en un profundo silencio. No quería hablar de nada ni con nadie, no había tema capaz que le pudiera interesar.
Sintió unos pasos entrando en la habitación, pero no se molestó en observar quién era. Ya le pediría que la dejaran sola.
- Lady Hinata, creo que no había tenido el placer de hablaros en este último tiempo - la voz varonil de lord Kakashi la sacó de sus cavilaciones. De todas las personas presentes en el castillo, era la última que esperaba ver. Al hombre que debía ser su esposo, al que debería darle todos los hijos que ahora su hermana le daba.
Seguía siendo un hombre atractivo, de modales amables, lago enigmático, y no pudo evitar preguntarse cómo habría sido todo si el destino no se hubiese torcido de aquella manera; ella siendo raptada por un hombre que no tenía temor a Dios, y él casándose con la menor de las Hyuuga para seguir unido a su linaje.
¿La amaría? Su hermana al menos parecía una mujer satisfecha y feliz.
- Lord Hatake, pareciera que ha transcurrido una vida entera desde que salí de este castillo para unirme a vos. - lo decía sin nostalgia, sólo como un hecho acontecido en realidad, hacía ya algunos años.
- Lamenté sinceramente no haber podido haceros mi esposa -le dijo, tomando asiento en un sitial junto a ella.
Sí, ella lo había lamentado mucho también en su momento, y sin conocer aún las implicaciones del acto de lord Uchiha. Lord Uchiha, siempre pensaba en silencio en él, sin manifestar jamás cuánto lo extrañaba.
- Hay muchas cosas que lamento, lord, no haberme convertido en vuestra esposa es una, sin duda, pero me alegra que mi hermana lo sea. La veo feliz - dijo con sinceridad, deseando que la conversación no tomase derroteros de los cuales debiese arrepentirse después.
- Nunca imaginé nada de lo que sucedería. Acudí a vuestro padre para solicitar vuestro rescate, pero aquel lord lo hizo todo con gran rapidez…
Hinata no sabía si se lamentaba, pero algo en el tono de voz de lord Kakashi al menos le daba a entender que le pedía perdón, de cierta forma. Porque hasta él era capaz de ver que si hubiese sido su esposa, no estaría lamentando la pérdida de aquella forma de un hijo, no, sería impensable, quizá estaría rodeada de hermosos niños y jamás lejos de ellos.
Pero en vez de sentir algo de paz, fue mayor su desasosiego. ¿Hubiese de verdad deseado algo distinto? A pesar de todo, había conocido el amor y el deseo de quién menos lo imaginó. Kakashi la miraba con un leve deje de admiración, hacía tiempo que un hombre no la observaba de ese modo. Naruto la había mirado como una amiga, como una hermana, pero aquel hombre que debió haber sido su señor, la admiraba.
- No vale la pena pensar en qué podría haber sido, milord, por ahora, sólo tengo a mi hijo en mis pensamientos. No hay nada más para mí.
Y con una leve sonrisa, desvió su mirada nuevamente hacia el fuego. Ni siquiera notó cuando lord Hatake abandonó la estancia, y volvió a quedar nuevamente sola.
Azuzó su caballo, casi con rabia, provocando que la capa de armiño amenazara con salir volando de sus hombros, pero qué le importaba a ella. Sólo tenía en mente enfrentarse a quien fuera su esposo y… rogarle. Porque no sabía cómo sería recibida ni la vida que llevaba. ¿La recibiría al menos? Ni siquiera contaba con esa certeza, ella le había abandonado y luego su padre había provocado el fin de su unión, él no le debía nada, y si no se unía a ella, pues iría sola tras su hijo. Pero debía intentarlo, no por ella, si no por ese niño que existió.
Al menos sabía que se parecía a él y que tendría unos dos años. ¿Estaría bien? ¿Le prodigarían amor al menos? ¿Estaría vivo? Todo aquello la perturbaba enormemente y le hacía sentir asfixiada. Se creía capaz de recorrer todos los reinos, todos los años que fuesen necesarios, porque nunca había sentido tantas cosas antes: angustia, rabia, desesperación infinita: toda ella era un nudo desesperado, una mujer que se sentía haber nacido nuevamente.
¿Qué será de vosotros? ¿Me recordaréis al menos?
Sintió de pronto el sonido de otro jinete que la seguía, y en vez de ir más rápido, bajó la velocidad. Se enfrentaría a lo que fuese, daría todas sus joyas, todo, pero sintió un gran alivio cuando vio que era otro más que Naruto.
- ¿Qué hacéis aquí? ¿No estaréis en las exequias de mi padre?
- Voy a acompañaros, no me perdonaría jamás si os sucede algo. Salisteis como en una exhalación y tuve que agotar mi caballo - hizo una pequeña pausa, como queriendo calcular sus palabras - favor, vayamos más lento, de todas maneras no deben faltar muchas leguas de viaje, porque habéis avanzado mucho.
Ella asintió en silencio y se dedicó a observar el camino. Era extraño, como una desviación del destino que él la estuviera escoltando a las propiedades del que alguna vez fuera su esposo, algo que había sucedido de forma muy distinta en el pasado. Qué extraña era su vida en aquellos momentos.
- Hay algo que os preocupa, ¿verdad?
- Quizá lord Sasuke ni siquiera me reciba - respondió al cabo de unos momentos. La sola posibilidad le dolía, pero podía ser así.
- Os digo que no lo hará, milady. - Nunca antes lord Uzumaki había sonado tan misterioso, aún con su característica sonrisa en su cara. Siempre le había contagiado felicidad y alegría, pero en aquellos momentos sentía que nada la alegraría.
- Parecéis muy seguro, como si no recordaréis que ya nada nos une. - no pudo evitar que su voz se quebrase. Ella no había reconocido ante nadie el miedo que la invadía de sólo pensar que lord Uchiha hubiese seguido adelante y el dolor que aquel pensamiento le provocaba.
¿Acaso en verdad no os pude olvidar, mi señor?
- Y si no os ayuda, yo os acompañaré por el mundo hasta encontrarlo. Una vez os hice una promesa, y la mantengo: cuidaré de ese niño con mi vida de ser necesario.
No dijo nada, pero la mirada de Hinata sólo dejaba traslucir un enorme agradecimiento.
Al cabo de unas horas, vislumbraron el imponente castillo Uchiha y todos los miedos se hicieron aún mayores. Detuvo un poco la marcha; la Hinata de antes hubiese echado a correr en la dirección contraria, pero no se trataba de ella, ni siquiera de ellos, la vida de su hijo estaba en juego.
Los guardias parecieron reconocerla, pero no supieron muy bien qué hacer. Oyó que se daban instrucciones entre ellos y uno corrió hacia el interior. Eso sólo la hizo sentir más nerviosa. ¿Y si había dado orden de que no la dejaran entrar? O peor, ¿si se debía consultar a una nueva lady Hyuuga? Pero cuando ya estaba al borde de un ataque, apareció Sasuke y el impacto que sintió fue tal, que creyó que se caería del caballo. "Qué suerte tener al menos a Naruto a mi lado", pensó, tratando de recuperar la compostura.
Aquella mirada, aquellos ojos profundos y que la penetraban sin necesidad de tocarla. Ese hermoso, duro y cruel, pero hermoso rostro al fin y al cabo. Lo había pensado tantas veces, lo había soñado tantas veces, acariciado en su mente y ahora lo tenía al fin, luego de años, frente a sí.
Pensaba que nunca volvería a veros...
Sin mediar palabra, las enormes puertas del castillo se abrieron y Hinata miró a Naruto como si esperase aprobación. Éste asintió y juntos entraron, fuese cual fuese la fortuna que los esperase.
Sasuke se acercó en silencio, ella desde lo alto lo miró directo a los ojos. Aquellos ojos, aquellos hermosos ojos que adoraba. No dijo una palabra, pero la ayudó a desmontar, lentamente y con suavidad la tomó entre sus brazos para dejarla en el suelo. Observó a Naruto, quién seguía en el caballo. A él no lo ayudaría a descabalgar, evidentemente.
- Os saludo, lord Uchiha - dijo suavemente Hinata, no sabiendo qué terreno pisaba. - necesito de vuestra ayuda. - mejor así, sin rodeos, directo al grano.
- Os saludo, lady Hyuuga, mucho me gustaría saber qué asunto os trae a mis dominios, nuevamente. - aquella voz profunda y varonil, la envolvió por completo.
Naruto descabalgó entonces, y se dirigió a ellos.
- Os saludo lord, he venido en calidad de escolta de lady Huuga. - prefería evitar cualquier tipo de malentendido. Sabía que él no sería bienvenido, por todo el pasado que había entre ellos tres.
Sasuke asintió y volvió a mirar a Hinata.
- Favor, seguidme, tenemos mucho de qué hablar. Y vosotros - mirando a Naruto, favor seguid a mi criado, lord Shikamaru os recibirá. - no había cambiado, seguía siendo el mismo dueño del mundo el que le hablaba.
Lord Uzumaki asintió en silencio y observó cómo se alejaban hacia el interior del castillo. Deseó de todo corazón que aquel hombre socorriera a Hinata.
La gran habitación seguía tal y como la recordaba. Al parecer él o tal vez la nueva señora, habían decidido que no era necesario ninguna modificación. Quería preguntarle, estaba ansiosa por saber, pero no quería mostrarse débil ni presurosa.
- No pensé que os vería nuevamente, milady. Estáis tan hermosa como el día que os fuisteis.
¿Se lo decía en verdad o sólo quería mostrarse galante? Con él, no podía dar nada por hecho ni por sentado. Si había alguien impredecible, era lord Uchiha.
- Tengo algo que deciros - decidió pasar por alto los galanteos, había algo más urgente, algo más grande que ellos dos que estaba en juego. - Mi padre ha muerto y antes de hacerlo, me mandó a llamar. Estuve estos dos años en una abadía, tratando de encontrar la paz…
- Lo sé, milady.
- Nuestro hijo no murió como dijo - susurró, tratando de contener las lágrimas. No quería traicionarse, necesitaba ser fuerte, ser realmente una dama a su altura. - Se confesó finalmente, que lo entregó a unos campesinos, pero que había perdido el rastro…
Levantó la vista y el rostro de Sasuke estaba descompuesto, algo que nunca había visto, ni en sus peores momentos. Se puso de pie, furioso.
- ¡El muy maldito! ¿Sabéis lo que hizo vuestro padre? Porque imagino que esto no os lo contó, pero apenas disteis a luz mandó un mensajero para informarme muy alegremente que mi bastardo había muerto.
Hinata alzó la vista violentamente. ¿Era realmente posible que su padre se hubiese comportado de aquella manera, era tal su odio que deseaba destruirle por completo? Era más de lo que podía soportar. Se arrodilló ante él, suplicante, más bella y etérea que nunca.
- Favor, os ruego que me acompañéis en su búsqueda. No sé si tenéis esposa a quien responder, tal vez tengáis otros hijos…
Sasuke la levantó con fuerza, pero sin hacerle daño, y la miró con tal intensidad que ella apartó la mirada, avergonzada ante su propia debilidad y lo profundo que él podía aún calarle en su ser.
- No hay esposa ni otros hijos, milady, porque yo ya tengo esposa, la que hoy he recibido con gozo y dolor - le susurró sobre los labios. - Y juro por todos los dioses que encontraremos a nuestro hijo y le será dado el sitio que le corresponde: mi heredero y mi esperanza.
La abrazó cuando la sintió sollozar. Tanto la pensó y tanto la deseó y al fin estaba ahí, pero sabía que no había vuelto como su esposa. Si tan sólo no se hubiese marchado, si él hubiese sido más firme, no estarían lamentando el extravío de su hijo. Maldijo una y mil veces el recuerdo de Hiashi Hyuuga. Y también maldijo sus antiguas acciones, porque lo había hecho todo tan mal con aquella mujer que seguía amando con la intensidad de la primera vez.
- Acompañadme - le tendió la mano, deseoso de sentirla otra vez. Hinata se compuso y aceptó tomarle de la mano.
Salieron del castillo rumbo al bosque, silenciosos, como en una solemne procesión y se internaron hasta llegar a una ermita. Corría un río cristalino y los árboles verdeaban, orgullosos y milenarios. Sólo se oía el cantar de las aves y el viento correr entre el follaje. Hinata notó que había una placa de piedra, pero sin ninguna inscripción.
- La mandé a construir el día en que vuestro padre me informó que nuestro hijo había muerto. Pensé que era el castigo que me merecía por haberos hecho daño, por haberos robado y haberos hecho mal. - su voz, extrañamente bajaba, le parecía muy dolorosa - y cada día vengo a pensar en él y en lo que hubiésemos sido, milady.
Hinata no podía hablar. Sabía que si decía una palabra se derrumbaría, y todo era nuevo y extraño, él la seguía considerando su esposa y como ella misma, sufría por esa pérdida. Había sido tan egoísta, tan absurda y nuevamente sintió como el odio por su padre crecía y parecía querer desbordarla.
- No os imagináis la rabia que siento en estos momentos, pero también tengo una pequeña esperanza, como no la tuve antes, milady, mi amor.
Os amo, de una forma que no podéis imaginar, mi señor.
La observó como si fuese la primera vez que la veía. El azul terciopelo siempre le sentaba tan bien, hacía resaltar su piel y sus delicados rasgos, y el pelo lo llevaba trenzado como antaño, pero sin las pequeñas flores blancas que llevaba el día que la vió por primera vez en aquel torneo de justas, hace años, hacía toda una vida. Ella aún le parecía un ser de otro mundo, y temía perderla otra vez, pero sabía que ya nada dependía de él, salvo demostrarle que era la esposa de su corazón.
Qué hermosa que era, y aún no conocía mujer que pudiese estar a su altura. Y el dolor, en vez de transformar sus rasgos, le confería un aura de lejanía, como si efectivamente fuese un hada que habitara aquellos bosques. Por eso había decidido erigir la ermita en aquel lugar.
- Ahora decidme, ¿por qué os acompaña lord Uzumaki?
Naruto estaba parado junto a una gran ventana que daba hacia el patio central del castillo, y vio como Hinata y Sasuke se encaminaban al bosque. No temió por ella, como hubiese sucedido en el pasado, pero sí se sintió intrigado, porque iban lento, tomados de la mano, como en una extraña procesión. Shikamaru notó su estado de ánimo.
- Podéis estar tranquilo, él no le hará ningún daño.
- Lo sé, si algo he sabido de vuestro señor es que no es dado a dañar a las mujeres.
Lord Nara sonrió, imaginaba que su mujer le habría contado muchas cosas acerca de Sasuke, así que conocía de primera fuente el temperamento del señor de aquel castillo. Le parecía hasta cierta forma cómica toda aquella escena, aquel lord había rescatado a la hermosa Ino, quien había logrado una jugada brillante. De las muchas personas que conocía, lady Uzumaki le parecía una de las más astutas, porque había triunfado y estaba unida a un hombre que a todas luces era noble y generoso. "Cómo su primer esposo", pensó.
- Nunca tuve la oportunidad de saludar a vuestra esposa y felicitarla por su unión.
Naruto rió, con esa risa franca y contagiosa suya.
- No es algo que me apene en particular, señor. Pero como os podéis imaginar, ella está bien y hermosa como siempre - dijo con toda honestidad. Para él, lo mejor era que su mujer no tuviese ningún trato con cualquier persona que tuviese que ver con el Uchiha, mientras más lejos, cuánto mejor. - De todas formas, lady Hinata me preocupa por otro asunto.
Shikamaru levantó una ceja. Se estaba preguntando cuándo se enteraría del motivo de aquella sorprendente visita, ni siquiera había tenido tiempo de saludar a la hermosa lady, porque Sasuke la había acaparado en seguida.
- ¿Y podéis adelantar algo de esta visita? Reconozco que no esperaba volver a verla por estos lares, a pesar de que Sasuke la esperó todo este tiempo. Aunque no lo creáis, le ha sido fiel a su recuerdo.
- Sé que la ama, si a eso os referís. Sé que nunca dejó de estar al tanto de ella, así como su padre - y el tono de su voz se volvió sombrío ante la mención de lord Hiashi. Todo era difícil para Hinata, pero para él también. Él había fungido como un padre, lo había tratado con generosidad y si bien no fue un hombre amoroso, sí le había demostrado estima. Y se sentía tan decepcionado como su amiga antes las acciones del hombre que consideraba un padre, era dolorosa aquella disyuntiva y no existía, por lo menos en su mente, argumento alguno que lo exculpara.
- Imagino que algo tiene que ver lord Hiashi en todo este asunto.
- Lord Hiashi murió - dijo Naruto, con voz algo monótona. Era la primera vez que entregaba él la noticia, aunque cabía la posibilidad de que ya lo supieran. Sasuke parecía tener ojos y oídos en todas partes.
- No lo sabía, os doy mi pésame, señor.
- Os lo agradezco, pero su muerte ha traído otras consecuencias, que nadie esperaba en realidad.
Lord Uzumaki comenzó a caminar por la sala de audiencias, sin un propósito en particular, sumido en sus pensamientos. Todavía le costaba procesar los últimos acontecimientos, y mirando hacia atrás, sólo podía sorprenderse ante el rumbo que había tomado su vida.
De su amor sin esperanzas por lady Hinata, hasta el penoso encierro en las mazmorras de aquel lugar, en dónde sin imaginarlo conoció a una mujer que lo atrapó desde el primer momento, y que luego había hecho su esposa para sorpresa de todo el mundo -ese había sido su primer acto de rebeldía, pero no concebía otra forma de seguir viviendo- , hasta ese momento en que sentía una profunda decepción por su padre putativo y toda su solidaridad con su querida Hinata.
Sí, todo era tan distinto.
- El hijo de lord Uchiha no murió como se os informó, pero no sabemos de su paradero actual.
- ¿Qué habéis dicho?
Shikamaru pensó que había oído mal. Aquella muerte, había sumido a Sasuke en un dolor infinito, él mismo había sido testigo de cómo aquel hombre, todo un amo y señor, parecía derrumbarse. ¿Y ahora resultaba que ese niño estaba vivo y a la deriva de Dios?
- Eso señor, el niño vive, pero estamos aquí para solicitar a lord Uchiha que vaya en su búsqueda. Ninguno de nosotros, más que lord Hiashi, supo de esto.
- el rubio se estremeció ante sus propias palabras - sólo sabemos que es niño y que se parece a vuestro señor.
- ¿Y lady Hinata vino aquí con el miedo de que Sasuke le dijera que no? Aquel hombre sería capaz de morir por ella.
Shikamaru parecía sorprendido por la candidez de aquella mujer. Era como si no supiera el poder que poseía sobre Sasuke, o tal vez su propia naturaleza humilde le impedía darse cuenta.
- Me ha escoltado, porque se lo pidió mi hermana. - respondió Hinata, sin dejar de observar la blanca piedra, que parecía relucir con los tímidos rayos de luz que se colaban entre los árboles. - Consideradlo mi mejor amigo, señor. Él sigue casado y feliz con lady Ino.
No había ningún reproche en el tono de su voz, ella era demasiado generosa como para exigir nada. Ya sentía un inmenso alivio por saber que Sasuke iría en búsqueda de su hijo.
- Os quiero dar las gracias, por acudir a mi llamada.
Sasuke la miró con intensidad. ¿Era posible que fuese así de hermosa siempre?
- ¿Gracias? ¿Me dais las gracias a pesar de que vos sois la que traéis una noticia que me da algo de esperanza? No, señora, el que debe agradeceros soy yo, y os prometo que seré capaz de recorrer todo el reino hasta hallarlo. Sólo os pediré una cosa.
Hinata asintió en silencio. Se sentía dispuesta a todo, aunque después tuviese que lamentar sus acciones.
- Quedaos en el castillo, mientras voy en la búsqueda de nuestro hijo. Quedaos como la señora que sois, como es mi deseo, porque todo lo que poseo es vuestro.
Ella lo miró con expresión confundida. ¿A qué se refería con que "todo lo que él poseía era suyo"?
- No temáis, porque no puedo obligaros ni os extorsionaré. Creedme que he pagado el precio por todos mis errores del pasado y deseo enmendarme. - Sasuke se arrodilló frente a ella -, pero no puedo dejar de pensar que no debí dejaros ir, quizá debí haber tratado de ganarme vuestro amor, y estaríamos ahora mismo con nuestro hijo y él no estaría perdido en el mundo.
Hinata se sintió palidecer. Cuántas veces ella había pensado lo mismo en la soledad de aquel monasterio, mientras sufría en silencio por la "muerte" de su hijo. Cuántas veces no se cuestionó el haber marchado, el haber permitido que su padre la usara de esa forma, ¿pero qué más podía ella hacer, más que ser una hija fiel y obediente? En aquel tiempo, desde pequeña se le había aleccionado para cumplir con su deber: contraer un matrimonio ventajoso, más que para ella, para su linaje y seguir manteniendo el poder y riquezas. Y dar hijos y así continuar la estirpe hasta su propia muerte.
Eso era lo que se esperaba.
Pero ya no se sentía obligada a cumplir con ninguna expectativa Hyuuga. Porque nada les debía y lo que le habían hecho jamás lo podría aceptar.
- Os lo pediré, señora, como corresponde esta vez, pero antes debéis saber que nunca dejé de consideraros como mi señora, siempre habéis sido y seréis la dueña de este hombre que se muestra ante vosotros. -hizo una pequeña pausa- ¿Seríais mi esposa, la dueña de todo lo que me pertenece? Pero no me respondáis hasta que os traiga a nuestro hijo. Aún no me siento digno de vosotros, y en parte todo lo que nos sucede fue causado por mis culpas.
Hinata le tomó de las manos. Estaba conmovida por aquel gesto. ¿De verdad había cambiado para bien? Le costaba creer que el antaño gran señor, le pidiese humildemente ser su esposa. ¿Acaso no había conocido mujer a la que quisiera hacer señora de aquellos lugares? Seguramente seguía yaciendo con algunas, suponía que era inevitable -aunque de sólo pensarlo sentía una opresión en el pecho-, pero si no estaba casado aún, era seguramente así. ¿Había mujer capaz de resistirse? Incluso ella, en el fondo de su alma, dentro de lo más profundo de su ser, sólo quería lanzarse a sus brazos y llenarlo de besos, pero no lo haría.
No hasta que su hijo estuviese entre sus brazos. Luego, luego el tiempo lo diría.
Continuará…
Como siempre, gracias por leer y sus comentarios.
