CAPÍTULO XVI

- Debemos volver - ordenó el Uchiha.

Ya llevaban algunos días en la búsqueda y hasta el momento había resultado infructuosa. ¿Y si el maldito de Hiashi Hyuuga había mentido? Era una posibilidad, pero le había prometido a Hinata que recorrería el reino completo con tal de encontrar a ese niño. Y era un anhelo suyo al fin y al cabo, encontrar a su hijo y darle todo lo que merecía.

Naruto estuvo de acuerdo con él. Creía buena idea regresar a castillo, para luego emprender la marcha hacia otra parte. Esta vez habían ido hacia el sur, tal vez podrían ir luego hacia el norte y él les acompañaría cada vez. Sorprendentemente, esperaba encontrar un mounstruo en el Uchiha -en parte así lo había conocido alguna vez, aunque su esposa se negaba a hablar de ese pasado -, pero ahora era un hombre nuevo. Sin duda sus maneras seguían siendo las de un hombre orgulloso, nacido en el poder y la riqueza, pero que en el fondo quería obrar de forma correcta.

Y sabía que Hinata era la causante de aquel cambio. Y era evidente, Sasuke no podía dejar de hablar de ella y parecía estar presente en cada momento.

- Ya lo encontraremos - dijo lord Nara, tratando de calmar en algo la agitación que sabía debían estar sintiendo.

Los otros hombres asintieron. Además, haría bien volver al castillo y saber si habían recibido novedades. Sasuke podría saber si Hinata tenía algún otro dato que aportar y Naruto podría escribirle a su esposa para comunicarle que estaba bien, pero que aún no podía volver a su lado.

Shikamaru también tenía ganas de ver a su esposa. Se había casado hacía poco tiempo con una hermosa rubia, de carácter firme y de gran inteligencia.

- Imagino que necesitáis ver a lady Temari - agregó Sasuke, con voz seria, pero sin reproche. Alguna vez él estuvo casado y sabía las ansias y la necesidad de estar junto a su mujer.

Alguna vez fue feliz, muy feliz, a pesar de que fue el causante la desdicha de la mujer que hasta la fecha amaba.

Si tan sólo no os hubiera dejado ir.

Si tan sólo hubiese sido digno de vosotros, milady.

Y emprendieron la marcha para volver al castillo Uchiha. Tenían pensado tomar un descanso, y renovar las provisiones antes de volver a emprender la marcha y conseguir su anhelado fin.


Natsuki estaba ansiosa y afligida. Hacía dos días que lady Hinata había partido y no había tenido noticias suyas. La aldea hacia la que se había dirigido estaba sólo a algunas millas, por lo que ya debería estar de regreso. ¿Qué debería hacer? Aún no llegaba el señor del castillo, y no sabía si debía comunicárselo a lady Hanabi, porque probablemente ya estaría a punto de dar a luz.

"¿Por qué es todo tan difícil, Señor?", y la pobre criada se pasaba las horas orando, además de asegurarse que todo en el castillo funcionase como si los amos estuviesen presentes. Y a pesar del buen ánimo natural de Harumi y Kaori, quiénes la acompañaban la mayor parte del día y le contaban cosas de su señor y de cómo había sido tan buena con ellas lady Hinata, la aflicción no se iba de su alma.

"¿Dónde estáis mi señora? ¿Estáis en aquella aldea ya, os sucede algo?" Su corazón estaba intranquilo, y en su calidad de ama, eran pocas sus posibilidades de acción. Tendría que quedarse en aquel lugar, y esperar a tener alguna noticia.

- Ya sabremos pronto de la señora - decía Kaori, tratando de consolarla. - Ya la tendremos y nuestro señor será el hombre más feliz del reino.

- La ha extrañado tanto - agregó Harumi, en un tono algo parecido al reproche. Sasuke no las había vuelto a buscar, lo que pensó que sucedería sinceramente cuando supo que la lady se había marchado.

Pero no había sido así, de hecho, hubo un tiempo en el lord no hablaba con nadie y se pasaba los días en sus habitaciones, como si no quisiera saber de nada y cada día acudía al bosque, solo y volvía luego de unas horas.


Hinata se sentía realmente compungida por verse en una situación tan desventajosa, la misma de hacía algunos años. Nuevamente estaba cautiva, pero no le preocupaba ella misma, si no que su hijo, su hijo y no podía pensar en otra cosa. Sólo podía esperar que Sasuke de alguna forma supiese dónde se encontraba, puesto que Natsuki estaba al tanto, y ella… pues su destino era incierto, pero no era muy difícil saber lo que Hidan quería de ella.

Lo peor, nadie sabía dónde estaba, porque se había encargado de matar a los pobres hombres que la escoltaban. Ella no pudo hacer nada, ni siquiera pudo llorarles, pero en su interior sintió como algo se desgarraba. Estaba en las manos de un hombre cruel e inescrupuloso, y se imaginaba muy bien cuál era la única alternativa de que estuviese ella ahí.

No tardó en descubrirlo. Estaba sola en una habitación, cuando las puertas se abrieron y apareció él. Las puertas se cerraron enseguida y lo supo de inmediato.

"Conocí a una dama en los prados

de completa belleza, una niña de las hadas;

Su pelo era largo, su caminar ligero

Y sus ojos salvajes"

Volvió a recitar aquellos versos, como lo había hecho años atrás. Con la misma embriagadora sensualidad. Aquel hombre era malvado, sin duda, tal como lo había sido su esposo, pero al igual que éste, poseía una belleza que provocaría la caída en desgracia de más de alguna dama.

Pero su ánimo no estaba para ceder a ningún avance. Sólo sabía que debía mantenerse con vida, porque si algo necesitaba, era conocer a su hijo, y ese instinto de supervivencia la mantenía en un extraño estado de calma.

- ¿Os acordáis señora, que con estas palabras os conocí?

- Es imposible olvidar un encuentro así, señor.

Él se acercó y comenzó a rodearla, mientras Hinata trataba de soportar estoica aquel escrutinio, que parecía querer insultarla, darle a entender que estaba a su entera diposición.

- Siempre me intrigó el hecho de que el gran Sasuke Uchiha, al que le que conocí tantas mujeres - dijo con voz algo monótona - nobles, sirvientas, mujerzuelas, se hubiese encaprichado tanto, hasta el punto de hacer esposa a una mujer. Oh, me intrigaba mucho, cuando lo supe, no daba crédito a mis oídos, pensaba que era un rumor falso, alguna broma que trascendió.

Silencio. Ella sólo le daría silencio.

- Pero luego os vi en aquel salón, y lo comprendí enseguida, milady. Una belleza como la vuestra es difícil de imaginar. Claro, os vio una sola vez y decidió que seríais de él. No lo culpo.

Se le plantó frente a frente, ella sin levantar la mirada. Era tan alto.

- Y qué afortunado fue por un tiempo - dijo mientras la tomaba por la barbilla y la obligaba a mirarlo. - Qué hermosos son vuestros ojos, señora, qué hermosa es vuestra figura y todo lo que sois.

- Imagino que mujeres hermosas no os faltan señor - no tenía muchas armas, pero mostrarse tranquila era una de ellas. Ya había pasado por una situación así, pero sabía que Hidan era en realidad un hombre malvado y temía el punto en el que pudiese descubrirlo completamente.

Intentó retroceder algunos pasos, pero Hidan la había rodeado con fuerza. Y ella, sin que él se lo dijera, sabía lo que pasaría y se preguntaba si tendría la fuerza y el coraje de poder aceptarlo.

- No señora, bien sabéis que a un hombre como yo, mujeres no le faltan, pero - su voz se tornó un susurro- esta vez terminaré lo que no pude en aquel bosque. Qué coincidencia -le dijo casi con una sonrisa- que hoy decidiera salir de caza, porque terminé trayendo un premio mucho mejor.

Hinata cerró los ojos.

Y otra vez, maldijo aquel día en que fue presentada en el torneo de justas. Todos los acontecimientos, incluido aquel, se habían iniciado porque había sido mostrado como una mera mercancía al mejor postor.

Hidan sonrió, pero todo en aquel ser era cruel.


Natsuki corrió a la entrada principal del castillo. Se oyó un gran revuelo y comprendió de inmediato el porqué. Había llegado el señor y ella sin poder soportarlo más se acercó a él, no tenía tiempo que perder.

- Señor - dijo haciendo una pequeña reverencia - soy la criada de lady Hinata y debo comunicaros que la señora salió hace tres jornadas y no hemos tenido noticias de ella.

- ¿Qué? - la voz de Sasuke sonó como un trueno.

Naruto se acercó, temiendo que algo de lo dicho por Natsuki hubiese insultado a lord Uchiha. Se puso junto a ella, por si debía defenderla.

- Llegó una misiva de su hermana, en dónde le anunciaba que vuestro hijo se encuentra en la aldea de Longadum, y cómo no tenía forma de comunicaros esa información, decidió salir ella misma en la búsqueda - la pobre criada estaba a punto de llorar, no sabía si por la aprehensión de no saber de su señora, o de que por fin podía hacer algo por ella.

- Pero esa villa se encuentra sólo a unas leguas - preguntó Naruto, algo confundido. - ¿Llevó alguna comitiva?

Natsuki asintió.

- Así es señor, pero no hemos tenido noticia de ninguno. La señora está perdida - y sin poder evitarlo más, la fiel criada comenzó a llorar de forma silenciosa.

Sasuke sin decir palabra se encaminó a su oficina, en dónde fue secundado por lord Nara. Naruto intentó tranquilizar a Natsuki - evidentemente no podía ver llorar a ninguna mujer sin intentar algo- y le aseguró que los encontrarían a ambos. Ella le dio las gracias e intentó dejar de llorar, porque era impropio de ella hacerlo y menos frente a aquellos señores.

- Señor - dijo un criado, se aproxima una persona, una mujer cabalgando.

Naruto frunció el ceño, extrañado, se sentía algo mareado por tanta lastimera información y se preguntó cuándo acabaría toda aquella prueba. "¿Ahora qué más?" se preguntó, mientras veía que la mujer señalada entraba en el castillo.

- Os saludo señora - la saludó con cortesía lord Uzumaki.

- Os saludo señor, estoy aquí por un motivo urgente, debo comunicarle algo a lord Uchiha, a la brevedad.

Naruto asintió y le indicó que la acompañara. A Natsuki le dijo que fuera a sus habitaciones durante la tarde, porque era evidente que necesitaba descansar. La mujer asintió y siguió al rubio. A mitad de camino se podían escuchar los gritos de Sasuke, quién se encontraba desesperado ahora por saber que Hinata estaba perdida.

Naruto golpeó la puerta y fue el propio Sasuke quién de forma violenta la abrió, sólo para quedarse perplejo. ¿Qué hacía una monja en su castillo? Sakura, con tranquilidad, entró en la habitación. Era difícil que una situación la amilanara, y al contrario de lo que podía esperarse, los hombres no la intimidaban.

- Soy la abadesa Haruno, y dirijo el monasterio en dónde lady Hinata se resguardó los últimos años. Ahora me veo en la penosa situación de informaros que se encuentra cautiva en el castillo de lord Hidan.

- ¿Cómo lo sabéis? - preguntó sagazmente lord Shikamaru, en aquellos momentos sólo necesitaban certezas. Sasuke estaba en silencio.

- Porque yo misma atendí a los hombres que murieron por defenderla, señor. Uno de ellos alcanzó a comunicarme que lord Hidan la capturó y les dio muerte. Murió en mis brazos. ¿Ya sabéis dónde está vuestro hijo?

- Lo sabemos, y os agradecemos esta información - dijo lord Naruto. Sasuke permanecía en silencio, como aturdido por todo lo que acababa de oír.

Su hijo estuvo siempre cerca de su madre, y ahora ésta se encontraba en manos del que era su peor enemigo jurado. Luego de la partida de Hinata, Shikamaru finalmente le comentó el episodio del bosque, y Sasuke no hizo nada en aquellos momentos, porque en parte, ya era bastante mortificación que sentía por la partida de la mujer que amaba, y sin el testimonio directo de ella, era poco lo que podía hacer.

Sakura se despidió entonces, satisfecha de haber cumplido con su deber. Esperaba que se tomaran las medidas correspondientes a la brevedad, porque en el fondo sabía el destino de Hinata.

- Os ruego que la encontréis, señores, porque conozco el alma noble y generosa de lady Hinata, y nadie más que ella merece encontrar la paz de su alma -les dijo a modo de despedida y se marchó antes de que pudieran responderle algo.

Los hombres la observaron mientras se alejaba.

- Lord Naruto, Shikamaru, os encargaré que vayáis a la aldea de Longadum y busquéis a mi hijo. - Sasuke habló con una voz extraña, era evidente que estaba tratando de ocultar una gran ira, pero por alguna razón sonaba gélido - No volváis hasta haberlo encontrado y traedlo aquí y cuidadlo con vuestras propias vidas. Os juro que os mataré si a ese niño le sucede algo en mi ausencia.

- ¿Y vos qué haréis? - Shikamaru se atrevió a preguntar, sabiendo que la respuesta no le iba a gustar en absoluto.

- Algo que debí hacer hace años. Mataré a lord Hidan con mis propias manos. Armaré un ejército y partiré a la brevedad. Lord Naruto, si algo me sucede, sé que mi esposa os pidió que cuidéis de nuestro hijo. Todo lo que poseo le pertenece, y eso se cumplirá pase lo que pase. Ahora, debo redimirme y pagar por todos mis pecados del pasado, no rehuiré la culpa ni la muerte, de ser necesario.

Naruto y Shikamaru se miraron. Sabían que lo que decía lord Uchiha era una promesa que estaba dispuesto a cumplir. Sabían que nada de lo que dijesen lo disuadiría de lo contrario, porque sabían muy bien el motivo del rapto de Hinata. Que se enterara que ya llevaba tres días en su poder, era algo que le hacía perder la cabeza, por lo que pasó junto a ellos sin mirarlos y gritando a todos los criados que necesitaba que se levantaran en armas.

Habría una guerra.

Iba a la guerra.

Iba a la guerra en nombre de la reina del amor y la belleza.


Naruto y Shikamaru pronto estaban en camino a la aldea señalada. No había nada qué pudiesen hacer, salvo acompañar a Sasuke si encontraban al niño. Iban en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. Lord Nara pensaba en su esposa, en cómo una bella e inteligente mujer había accedido a ser su mujer. Era extraño, él siempre se burló del encaprichamiento de Sasuke, aunque luego había comprendido que era un sentimiento genuino. Él, que siempre se preció de ser un hombre analítico, alejado de sentimentalismos, sabía ahora lo que era amar.

Lord Uzumaki había alcanzado a enviar una carta a su esposa, comunicándole los últimos acontecimientos, aunque había omitido lo sucedido con Hinata. No, aquello se lo había dejado por escrito a Hanabi, instándola a enviar hombres y así poder, al fin, dar muestras de fidelidad a Hinata, cómo debió suceder hacía algunos años, en un escenario diferente.

Al cabo de unas horas ingresaron a la aldea, que a pesar de lo esperado, tenía un aspecto más bien ordenado -esperaban encontrarse con miseria, podredumbre-, y le hablaron al primer hombre que encontraron.

- Os saludo, buen hombre - dijo Naruto, porque sus modales amables siempre le granjeaban la simpatía y la confianza de los demás. - Estamos buscando a la familia que hace unos dos años recibieron un recién nacido.

El hombre se mostró nervioso, sin querer decir palabra, porque desconocía por completo el propósito de aquellos, a todas vistas, poderosos señores.

- No queremos problemas, pero necesitamos ver al niño. - acotó Shikamaru, un poco más malhumorado.

- Tomad, por favor, porque nos haríais un gran favor, tampoco buscamos dañar a la familia que lo ha cuidado. - agregó Naruto entregándole un saquito con monedas de plata. Los ojos del hombre parecieron brillar. Seguramente nunca había visto tanto dinero en su vida.

- En aquella casa - señaló unos metros más allá - dónde vive Rumi, ella recibió un niño hacía un tiempo, luego de que el suyo naciera muerto…

Naruto le sonrió con comprensión y le agradeció la información. Se despidieron de él y se dirigieron a la dirección señalada. Shikamaru le dijo al rubio que se encargase de hablar, porque evidentemente él no estaba de humor para ser pacífico.

- ¿Rumi? - llamó Naruto, mientras golpeaba la puerta.

Oyeron el llanto de un niño en el interior, mientras una mujer de buen aspecto les recibía. Evidentemente estaba en una situación un tanto mejor que los demás aldeanos.

- Mi nombre es Naruto Uzumaki y he venido a conocer a vuestro hijo. Sé que se os entregó un recién nacido hace unos dos años.

La mujer palideció e intentó cerrar la puerta, pero Shikamaru sólo con el brazo logró impedirlo. Ella no tenía ninguna oportunidad y temió que le hicieran algo a ella o al niño. Recordó cuando un criado de algún poderoso señor se lo entregó en medio de una noche, pues había averiguado que hacía unas semanas había dado a luz a un niño muerto y ese nuevo ser le había devuelto en algo la felicidad.

- No queremos dañaros, señora, pero por favor, permitidnos ver al niño, podemos escuchar su llanto.

Rumi, sabiendo que no podía impedirlo más, y temiendo siempre que llegara aquel día, les dejó entrar en su humilde, pero ordenada morada.

Cuando lo vieron, quedaron pasmados. El niño era la viva semblanza de Sasuke, aunque sus ojos eran grises, como si los ojos de Hinata y Sasuke se hubiesen mezclado. Era un niño rollizo y precioso, Naruto no pudo evitar tomarlo en brazos y acunarlo contra su pecho. "Al fin os tengo en mis brazos, pequeño, al fin".

- ¿Cómo le llamasteis?

- Yasahiro, porque me trajo calma y paz, señor -respondió con honestidad, mirando hacia el piso.

Yasahiro: significa "calma, tranquilo" según la web recien-nacido/185-nombres-japoneses-nina-nino-para-tu-bebe

- ¿Cómo se os fue entregado?

Rumi presentía que iba a perder ese niño, en el fondo de su ser, sabía que sucedería alguna vez, pero le parecía que era demasiado pronto. Ese niño había calmado su dolor y la había acompañado en su soledad. Su esposo había muerto antes de su alumbramiento, y luego, su hijo.

- Yo había dado a luz a un niño muerto, mi esposo había sido asesinado hacía unas semanas tan sólo y yo… me encontraba sumida en el dolor, hasta que una noche tocaron mi puerta.

Suspiró.

- Era un hombre con capucha, que me dijo que había averiguado mi pérdida y me decía que me entregaría a un bebé y que además, me daría dinero para que lo cuidase adecuadamente. - hizo una pausa- y así lo he hecho mi señor, juro por todo lo sagrado que lo he cuidado y lo he amado como una madre.

- No os preocupéis, señora. Pero debemos ser honestos, los padres de este niño fueron engañados, de la forma más vil posible, ahora saben de su existencia y debe volver al lugar que le corresponde.

La mujer comenzó a sollozar. Le iban a quitar todo lo que amaba, todo lo que tenía, pero no se arrepentía de darle amor.

Shikamaru desvió la mirada. Hasta él era capaz de entender que la mujer adoraba a ese hermoso niño. Fue Naruto entonces quién daría un paso y no permitiría que la mujer que lo había cuidado tan bien, quedase a la deriva. Al fin y al cabo, ella sólo había sido otra víctima del engaño de Hiashi.

- La madre de este niño es una mujer noble, la que más podáis imaginar. Sé que hablo en su nombre si os digo que podéis venir con nosotros para no separaros de este niño y seguir cuidándolo, como ama de cría.

Rumi lo observó con infinito agradecimiento. ¿Era posible que existiera tal bondad? Se arrodilló, con la intención de besar la mano de aquel guapo y amable hombre, pero éste no se lo permitió.

- No, señora, que a mí me correspondería besaros las manos por haber cuidado de Yasahiro. No os imagináis la felicidad que traerá a sus padres este acontecimiento. - si bien lord Uzumaki parecía contento, una sombra parecía cubrir sus palabras. Ella no entendía, pero no tenía por qué hacerlo. No tendría que separarse de aquel ser, aunque ya no sería considerada su madre.

- Preparad vuestras cosas, porque debemos marchar de inmediato - le indicó el otro señor, y ella comprendió que hablaba muy en serio. De todas formas, no tenía mucho qué llevar, salvo unas cuantas prendas de ropa.

- Favor permitidme hablar con mis vecinos para explicarles y pedirles que cuiden de esta casa…

- Decidles que os vais a vivir al castillo Uchiha - le dijo Naruto, quién aún no era capaz de soltar al niño. - qué seréis el ama de cría de este niño.

Ella asintió y salió. Había sido tan abrumadora la experiencia, que ni había preguntado a dónde iría, pero aquel hombre, lord Naruto, le inspiraba una natural confianza. Se dirigió a casa de una vecina y le comentó a grandes rasgos el prodigioso acontecimiento. Aquella mujer estaba al tanto de la historia, y como Rumi, sabía que algo sucedería en algún momento. Pero se alegraba que se preocuparan todavía de ella y tendría una vida mucho mejor en un castillo de un poderoso señor.

Y así, al cabo de unos instantes, se pusieron en marcha para llevar a ese niño tan amado por tantos, al lugar que le correspondía por derecho. Naruto lo llevaba bien cargado, mientras que Shikamaru llevaba junto a él a Rumi, quién no podía creer lo que estaba sucediendo.

Ella observó el camino con atención, nunca en su vida se había alejado tanto de su aldea, y contuvo el aliento cuando vio el imponente castillo que ahora sería su hogar.

En la entrada, ambos hombres fueron recibidos por muchos criados, y había una especial que los anhelaba. Natsuki se acercó a lord Naruto, puesto que éste le entregaba a un niño, que a todas luces sólo podía ser el hijo de su señora: tenía la tez pálida, el cabello muy negro y los ojos grises. Era tan hermoso, que sentía que lo podría mirar por horas.

- Natuski, esta mujer fue quién cuidó de Yasahiro, que fue como le nombró. Ella hará de ama de cría, obviamente junto a vosotros. Favor darle ropa adecuada y asignarle una habitación junto a la vuestra.

La criada asintió y miró a Rumi, que se sentía cohibida ante tanta gente. Así que Natuski se acercó a ella y le tomó de la mano y la llevó dentro del castillo. Además, tenía que engalanar a ese niño de naturaleza noble.


- Mi señora es la persona más amable que os podáis imaginar, os hará un gran bien cuando vuelva y vea a su hijo, que es todo belleza. - Natsuki nuevamente tenía al niño en sus brazos, ya estaba vestido con ropajes finos, y el niño parecía feliz, puesto que sonreía y levantaba sus manos y balbuceaba. - ¿Cómo es el carácter de Yasahiro?

Rumi también se había cambiado de ropa y se había limpiado. Natsuki ya le había indicado cómo se comportaba la servidumbre del castillo, y le había asegurado que se vivía bien ahí.

- Es un niño dulce y tranquilo, de buena salud y que nunca me ha dado motivo de preocupación. Yo - Rumi sentía que debía disculparse por algo, aunque no sabía muy bien de qué - de verdad que no sabía de sus orígenes, nunca se me dijo.

- No es vuestra culpa. Y por lo que me decís, tiene el carácter de su madre.

- ¿Ella dónde está? Espero que no me culpe por lo sucedido…

Natsuki evadió la pregunta. En parte porque aún no podía confiar del todo en aquella mujer, aún tenía que observarla, aunque lord Naruto la hubiese llevado, era muy propio de él buscar el consuelo de quién necesitase ayuda. Y en parte, porque no sabía muy bien lo que sucedía con su señora, y temía por ella.

Para su fortuna, golpearon la puerta y se alegró de ver a Harumi y Kaori, que no aguantaban las ganas de conocer a ese niño.

- Es igual a lord Sasuke - dijo Harumi, francamente sorprendida. - aunque sus ojos son más claros, pero es… es como verlo en forma de niño.

- Es tan hermoso - agregó Kaori, acercándose a él y haciéndole gestos con la cara, para que el niño riese, lo cual no tardó en hacer. - y se ve tan plácido, ¡qué hermosura! Nunca había visto un niño tan bello.

- Dan ganas de mirarlo siempre, ¿verdad? - preguntó Rumi, contagiada del buen carácter de aquellas criadas.

- Como a su padre - dijo atrevidamente Kaori, como siempre. Natsuki sólo la miró con reprobación, pero ella era así y tampoco había mentido en el fondo, ya estaba acostumbrada a su forma de ser.

- Sus padres son toda belleza y nobleza, es verdad, este niño heredó todo aquello.

Natsuki puso al niño en el suelo, y sin soltarlo de sus pequeñas manos, dejó que éste caminase, lo cual hacía con seguridad y sin dejar de sonreír. Las criadas estaban encantadas con ese niño. Sólo Rumi sentía un poco de nostalgia, tan sólo aquella mañana se consideraba la madre de ese niño, y ahora era una criada más. Pero al menos, no la habían separado del todo y eso se lo agradecería siempre a ese hermoso y rubio señor.

"No puedo creer tener conmigo al hijo de mi señora, no soy capaz de imaginar toda la alegría que va a sentir cuando lo tenga entre sus brazos. Por favor señor, tenéis que volver y conocer a vuestro hijo, sólo así mi alegría estará completa".


Continuará…

Hola! Si has llegado hasta acá, muchas gracias.

También les agradezco mucho cuando se dan un tiempo de dedicarme un comentario (sea bueno o malo, ya que eso ocurre cuando uno publica en la web), sé que muchas veces dan ganas de decirme cuántos pares son tres moscas, por tanto drama que metí en la historia. Es raro, pero al ser mi primer fic tan largo, fluían varias ideas, descarté varias o sería todo peor.

Este es el penúltimo capítulo, y la próxima semana ya estaría concluyendo al fin el fic.

Cariños!