CAPÍTULO XVII. El final.
- Mi señor, hemos visto que se acerca un gran ejército al castillo. Nos informan los guardias que es lord Uchiha. - informó de manera adusta y precisa el guardián de la torre de observación.
- Ordenad que todos los hombres se pongan al frente y en formación. Que estén a la espera de cualquier indicación o ataque - ordenó el señor de aquel lugar.
- A sus órdenes, señor.
Hidan asintió y le dijo al hombre que podía retirarse. Con que Sasuke había decidido declararle la guerra sin más dilación y sin reflexionar mucho, pudo intuir, por la velocidad en la respuesta. Había pensado que lo conocía lo suficiente y no imaginaba que aún albergase sentimientos por lady Hinata luego de tanto tiempo y de todo lo que había sucedido entre aquellos dos seres, que sabía que era mucho. Todo se sabía al final.
Ellos ya no eran amigos desde que aquella mujer se había marchado de su lado y en definitiva, Sasuke se consideraba su enemigo jurado, así se lo había declarado y había cortado todo lazo con él. A él le había molestado que por una simple mujer sucediese aquello, puesto que se conocían desde hacía muchos años y creí que su amistad era firme, pero en aquellos días con Hinata había comprendido el influjo que alguien como ella podía ejercer, y lo peor, sin que ella lo buscase, simplemente su enloquecedora belleza, sus gestos suaves y su natural gracia, aunado a su carácter amable, pero firme, eran suficientes para caer rendido a sus pies. A cualquier hombre le sucedería, de tener esa posibilidad de convivir junto a esa etérea mujer.
A él le había sucedido.
Lady Hinata se había mostrado serena y firme, sin doblegarse a él ni a rogarle en ningún momento y eso le había restado algo de gracia a la situación, porque le hubiese agradado verla arrodillada ante él y suplicante, rogando, pero no sucedió en ninguno de aquellos días. Ella simplemente aceptó la situación, porque estaba muy consciente de que estaba en desventaja, pero no había logrado quebrar su espíritu.
Ahora, se encontraba ante una disyuntiva y pensaba, qué demonios haría. Por un lado, conocía muy bien la valentía y la fuerza de Sasuke y eran pocos los señores que podían compararse a él, por lo que entrar en batalla directa no le convenía, aunque él no era ningún cobarde tampoco, eso jamás se diría de él. Pero era consciente de que una pelea, o un sitio prolongado le podría ocasionar problemas, Sasuke tenía más vasallos a los cuales llamar y estos estaban obligados a socorrer a su señor si éste así lo ordenaba. Sería tan fácil como entregar a aquella mujer, pero algo le decía que esta vez, Sasuke no dejaría pasar una afrenta tan directa, no era necesario ser un genio para comprender que se había puesto en una situación delicada y que el Uchiha iría con todo contra él.
Pero, no deseaba entregarla tampoco y hasta cometió el estúpido error de arrodillarse ante ella y rogarle que fuese su esposa. Todo había sucedido al revés de cómo había imaginado la situación y se sentía un completo imbécil. Hinata sólo se quedó en silencio, y se encaminó hacia una ventana y se quedó mirando los verdes prados, mientras él continuaba arrodillado. Ella lo había humillado, sin quererlo, pero lo había hecho, por lo que esa noche la trató de forma más brusca aún y ella no se quejó. Nunca se quejó. Hasta le llegaba a parecer que era una mujer extraña, con una inquebrantable voluntad que se escondía tras esa faz pacífica y tranquila. ¿Cómo podía simplemente soportarlo a él y a su perversidad?
¿Por qué no había pasado de largo simplemente aquel día? Debía ser honesto y reconocer que ella le provocaba un extraño sentimiento, como si deseara someterla por completo, tanto por su belleza y por su pasado con Sasuke y así demostrarle que podía tenerla, no cómo él que la había perdido. En un principio había sido así, había querido jugar un juego que había resultado terriblemente mal.
Muy mal.
Todo fue en vano, sin embargo. Y ahora, se encontraba ante las puertas de una guerra que no estaba seguro de poder ganar. Pero no se diría jamás que lord Hidan era un cobarde.
Prefería morir antes de perder aquello que llamaba honor, siendo consciente de que no se comportaba de forma honorable.
Se dirigió hacia la habitación en dónde lady Hinata había pasado esos días, sola, salvo cuando la visitaba él, y cómo esperaba, estaba mirando por la ventana. Seguramente ya había notado el ejército que se acercaba al castillo. Seguramente sabía que venían por ella.
- Se avecina una guerra, señora.
- Así parece, señor. - dijo sin molestarse en darse la vuelta siquiera. Era en aquellos pequeños gestos que demostraban la altura de su ánimo y la poca consideración que sentía por él. ¿Por qué habría de ser diferente? Él se había mostrado como un hombre cruel y pecaminoso, y ella no había perdido jamás la dignidad. ¿Cómo era posible? Un cardenal en su mejilla, era todo lo que demostraba que su cuerpo reaccionaba a él. Tenía otros en el cuerpo.
Se acercó a ella y la obligó a darse la vuelta, con algo de violencia. La miró con intensidad y pensó que bien valía la pena morir por una mujer como ella. Pero hombres como él jamás alcanzaban el corazón de mujeres así, y él sí que había alcanzado corazones; tal como Sasuke en sus mejores tiempos: criadas, campesinas, prostitutas, mujeres nobles, inclusive novicias, que le gustaban especialmente por el componente prohibido que representaban.
- Es por vuestra causa, lo que seguro ya sabéis. No esperaba que fuera tan pronto, sin embargo.
- Yo no os pedí que me trajerais a este lugar, señor - dijo ella en voz baja, casi susurrando. Qué embriagadora resultaba cuando le hablaba de aquella forma. - Así que no es por mi causa…
- Sabéis muy bien a lo que me refiero.
Hinata sonrió, pero fue una sonrisa amarga, con un profundo cansancio. Estaba cansada de conocer tan de cerca la maldad de la gente, de los hombres, de la vida en general. Ni siquiera ella, con todo su linaje y altura se había podido escapar de actos funestos, como si no valiera nada y como si todos pudiesen disponer de ella y de su vida. Estaba harta, harta de aquello y si había soportado a Hidan, sólo lo había hecho porque tenía la esperanza de poder abrazar a su hijo en algún momento, tenía la esperanza de que lo hubiesen encontrado al fin y no tener que separarse nunca de aquel pequeño ser, al que no conocía, pero que amaba más que a su propia vida.
- ¿Acaso importa? ¿Acaso vale la pena una guerra sin sentido? - preguntó ella, más de forma retórica, quizá haciéndose la pregunta a ella misma. Ya estaba cansada de los odios, las traiciones, las bajezas, estaba muy cansada. - Dejadme ir y evitad muertes innecesarias, nadie debería morir por vuestros errores, pensad en la gente inocente.
- Os dejaré ir, pero la guerra con lord Uchiha es inevitable. Él supo lo que casi sucedió en aquel bosque y juró que éramos enemigos y cortó los lazos. - hizo una pausa, sin soltarla todavía porque quizá quería tenerla unos momentos más. - Y sin entenderlo bien, creí que exageraba, ¿por una simple mujer?
Si pretendía ofenderla, ella no dio muestras de darse por aludida. De todas formas, era un ser despreciable y ya nada le sorprendía de él.
- Pero luego os tuve, señora, y comprendí que por vosotros emprendería mil guerras - agregó antes de besarla suavemente en los labios.
Hinata respondió a ese beso, porque era la única forma que tenía para agradecerle aquel último gesto. Él la dejó ir, y fue con ella hacia la salida de su castillo.
- Tomad este caballo y partid, lady Hinata, reina del amor y la belleza. Creo que de todas las mujeres que he conocido, sois la que más merece aquel homenaje. Yo no estuve en aquel torneo, pero esa historia la cuentan los bardos del reino. Sé que existirán poemas que alaben vuestras virtudes.
La observó con intensidad, sabiendo que probablemente sería la última vez que podría contemplar ese rostro capaz de ocasionar una guerra. Sonrió, pero esta vez de forma suave, y en un último gesto, le acarició la blanca faz. Ella lo soportó, sin dejar de mirarlo, hasta que finalmente él se alejó unos pasos.
Ella se montó en el caballo, se ajustó la capa y simplemente haciendo un gesto con la cabeza, se despidió. Dentro de sí pensaba si era todo así tan fácil, o si sería emboscada, pero no tenía más alternativa que partir. Tal vez Hidan quería evitar la guerra, pero había sido muy claro que no tenía intenciones de rehuir una lucha que se había pospuesto mucho, mucho tiempo.
Sasuke fue informado que una persona se acercaba directamente a ellos, pero no sabían si era un negociador o alguien más. Lo normal era que fuese un negociador, indicando ciertos términos para la lucha o la rendición. Así que se acercó raudo al frente, sólo para encontrarse con los ojos claros de aquella mujer que amaba más que a su vida.
Se quedó sin palabras.
Cómo si no fuerais de este mundo señora, os escapaste de un bosque de hadas.
- Esta guerra no tiene sentido -le dijo ella, con voz clara, con esa voz que él tanto adoraba y tanto había extrañado.
- Esta guerra debió haberse librado hace mucho, milady. - respondió con sencillez, aquel orgulloso señor. Sintió su sangre hervir al ver su mejilla herida. - ¿Acaso él os pidió que me dijerais esto?
- No, señor, de hecho él se prepara para enfrentaros - hizo una pausa, y bajando la voz le dijo - Yo ya… ya no soy digna de que se inicie ninguna batalla en mi nombre - susurró ella, mostrando al final la tristeza y la humillación que sentía. Hidan se había equivocado en sus apreciaciones, si había logrado romper algo en ella, sólo que había tenido la entereza de no demostrarlo.
Sasuke se acercó a ella, y desmontó su caballo, para darle a entender que él siempre estaría muy por debajo de ella.
- No os humillaré preguntando que os sucedió con Hidan, ni haré mención jamás a ese episodio, pero por Dios os…
- No jureis, señor - le rogó ella, con un hilo de voz - porque podríais lamentaros mucho de una promesa así.
Escucharon las coces de caballos que se dirigían a ellos. Eran Naruto y Shikamaru, que no habían hablado aún con Sasuke, porque sólo hacía unas horas le habían dado alcance.
- Lady Hinata, vuestro hijo está en vuestro hogar, con el cuidado y protección que siempre debió tener. - la saludó Naruto, con la emoción contenida. Sentía un enorme alivio de verla, aunque su rostro evidenciaba la violencia a la que había sido sometida.
Ambos lo miraron con incredulidad. ¿Sería posible después de todo poder tener un poco de felicidad, al fin? ¡Su hijo estaba vivo y a salvo! Las ansias de correr hacia él eran intolerables, pero no estaba dispuesta a permitir que Sasuke pusiera en riesgo su vida por ella, que ya no valía nada.
- Señor, vayamos a conocer a nuestro hijo. - le dijo Hinata. - creo que no hemos recibido noticia mejor que aquella, nuestro anhelo, nuestro deseo… Y yo, yo no soportaría perderos...
Sasuke parecía completamente conmocionado. Por una parte, se consideraba con el deber de hacer pagar a Hidan por tal atrevimiento, pero era su esposa la que le rogaba que desistiera de hacerlo. Pareció pensarlo bien varios minutos, hasta que volvió a montar su caballo y lo azuzó para acercarse hasta las puertas del castillo.
- ¡Escuchadme bien, lord Hidan! - su voz sonó poderosa, amplificada por el espacio abierto, y el silencio que le siguió fue total - a pedido de mi esposa desisto de esta batalla, pero tened por seguro, cuando menos lo espereis que os reduciré a cenizas y ¡eliminaré cualquier rastro de vuestra existencia! Cuando os sintáis feliz, tranquilo, ni os daréis cuenta de cómo todo lo que tuvisteis arde, pero estaréis muerto y no lo verás siquiera.
Dicha aquella temible amenaza, se giró y ordenó a la gran mayoría de su ejército que se diera la vuelta y regresara. Pero a un grupo de hombres les indicó que se quedaran vigilando a lord Hidan.
Sasuke se acercó a Hinata.
- Os escoltaré, si es de vuestro parecer.
Ella le sonrió, con sinceridad y alivio -aunque sabía que buscaría la forma de cumplir con su venganza. - y asintió con la cabeza. Le permitía escoltarla, le permitía que nunca se separara de ella. Pero le pareció tan largo el camino recorrido para llegar a ese preciso instante, que algo parecido a la paz comenzó a embargarla. Al fin su vida comenzaba a tomar un rumbo que creyó nunca encontraría, había dado tantos giros, había tomado decisiones erróneas, había sufrido por lo que otros habían determinado para ella, que no pudo evitar que una sonrisa le aflorase en los labios, al fin.
Se sentía feliz, había evitado que el esposo de su corazón comenzara una guerra que no tenía sentido, si había algo mayor que los reclamaba: su hijo, su heredero.
Natsuki y Romi, acompañadas de Harumi y Kaori, se encontraban en la habitación de la primera. Bebían té y comían pasteles, ya era la hora de la tarde y no tenían más asuntos que atender por el día.
- No puedo creer que lleven una semana sin salir - dijo con su habitual impertinencia Kaori - aunque el lord estuvo un tiempo así, cuando se fue la señora.
- Yo sí lo creo - apuntó Natsuki - pensad que creyeron que ese niño estaba muerto y luego sucedieron tantos acontecimientos antes de que pudiesen encontrarlo y conocerlo.
Ella recordó el rostro de Hinata cuando lo vio por primera vez. Nunca la había visto tan feliz, tan complacida y tan hermosa, era como si aquel niño la hiciera resplandecer. Corrió hacia él y lo acunó en sus brazos, ocultando su rostro en el cuello de aquel pequeño niño, el cual la recibió todo risas y balbuceos, feliz en su incomprensión.
Sasuke no era menos, por primera vez lo veían conmovido, inclusive más que cuando había visto a lady Hinata volver. Como si lo que estuviera observando no fuese real, como si no mereciera tanta felicidad. Fue él mismo quien les ordenó que los dejasen solos, era un momento íntimo, sólo de ellos dos, por lo que no se supo qué se habrán dicho y luego, se habían encerrado en las habitaciones de él y hasta ese día, no los habían visto.
- No puedo creer que el padre de la señora le hiciera algo así - agregó una pensativa Rumi. Hinata le había agradecido tan efusivamente, con tanta amabilidad y dulzura, que pensó que bien valdría la pena servir a aquella hermosa y noble mujer.
- Nadie podía creerlo, pero ya está aquí. Y también el nuevo sobrino de lady Hinata, pero no sé si sea prudente interrumpirla - dijo Natsuki, pensando si era necesario o no que supiera que su sobrino había nacido sano y sin complicaciones. Sí le había escrito a lord Hatake, para decirle que habían encontrado a ese niño tan amado y que los señores estaban bien.
Sonrió, ella sabía mejor que nadie que Hinata amaba a ese hombre y que él la haría su esposa. O eso deseaba al menos.
- Yo creo que es mejor que sigan juntos, tienen mucho qué recuperar - dijo de forma traviesa Kaori.
Las mujeres no pudieron menos que sonreír. Sí, qué impertinente era, pero de todas formas no había mentido. La vida les había quitado mucho tiempo y merecían poder recuperarlo. Así que dejando que los señores disfrutasen en paz de aquella felicidad negada, continuaron riendo y hablando.
EPÍLOGO.
Un niño corría por un verde prado, pero sus pequeñas piernas no le permitían avanzar muy rápido. Su padre lo alcanzó y lo elevó hacia lo alto, por lo que el pequeño gorjeó de placer y río con la estridencia propia de los niños. Aquel ruido le parecía que era el más hermoso de todos.
Una mujer en avanzado estado de embarazo les sonreía, sentada sobre una manta, mientras un niño un poco mayor, se acercaba a ella para darle un abrazo. Yasahiro era el mejor de los niños, a su parecer, siempre tan cariñoso, amable y tranquilo. Le gustaban mucho los gatos, y era respetuoso con todos.
Ellos se habían encargado de entregarle todo el amor que las circunstancias no les habían permitido, así como una educación adecuada, y a sus seis años ya daba muestras de una gran inteligencia, y para mayor deleite de sus padres, de amabilidad y generosidad.
- Os amo, mamá - dijo con su adorable voz. Y ella le dio un beso respetuoso en la frente y un abrazo, feliz de aquella demostración. Le acarició ese rostro precioso, que todavía le seguía pareciendo un milagro. Qué ser más agradable, qué alegría la embargaba cuando él le demostraba su amor.
El niño traía florecitas blancas en sus manos, y comenzó con paciencia a colocarlas en el cabello de su madre. Había visto a Natsuki haciéndolo en varias ocasiones, inclusive había observado que su padre solía hacerlo muy seguido, y siempre veía que aquello hacía muy feliz a aquella mujer que él adoraba, por lo que cuando estaban al aire libre, siempre buscaba flores para ella.
- Mañana vendrán vuestros primos y habrá músicos y poetas - le dijo ella, disfrutando mientras el pequeño la acicalaba con flores. - ¿os gusta la idea?
- ¡Sí! - replicó el niño con genuina alegría. Le gustaba estar en compañía de sus familiares, de su hermano, y de la gente en general. Siempre era atento y respetuoso con todos. - Ya quiero que sea mañana, mamá. - sonrió de forma encantadora y le tomó un mechón de cabello a su madre, porque le encantaba el color y la suavidad de éste. Ciertas actitudes eran calcadas a ella.
"Como vosotros de niña, milady" le había dicho en una ocasión Natsuki. Ella no podía negarlo, podría ser muy parecido físicamente a su esposo, pero en su forma de ser, ademanes, y maneras, era como ella.
Sonrió cuando sintió a su hijo moverse en el vientre. Era el tercero y ya pronto debería conocerlo, Sasuke estaba emocionado como si fuera el primero y cada día le agradecía la amabilidad de hacerle el hombre más feliz de todos.
"Porque os amo, siempre os amé y no fui capaz de reconocerlo a mi misma" le dijo una vez, en la tranquilidad de su habitación, cuando ya era de noche y se recostaba sobre su pecho antes de dormir. Era la primera vez que le confesaba que se había ganado su amor y él le juró que no había nadie más ni lo habría para él. Todo lo suyo era de ella, puesto que aquella mujer le había dado lo más precioso que tenía.
Aquella declaración había sucedido luego de que contrajeran nuevamente nupcias, en una íntima ceremonia, a la que sólo asistieron su hermana y Kakashi, Naruto y Shikamaru con su esposa. A pesar de todo, sintieron la emoción de la primera vez, ya no había trabas, ni extorsiones ni nada que empañara una genuina felicidad. Hinata en su inmensa generosidad, había perdonado todo, y él le había jurado que sería su vasallo hasta el fin de sus días.
- ¿Y a mí me amáis, hijo? - preguntó con seriedad Sasuke a Yasahiro, de pronto, interrumpiendo algún recuerdo, alguna historia, aun teniendo entre sus brazos a Hiroshi.
El niño se puso de pie y corrió para abrazar las piernas de su padre, quién no pudo evitar sonreír. Aquel niño era su deleite.
- Os quiero papá, quiero ser algún día como vosotros.
Y sonriendo, comenzó a correr por el verde prado, feliz y seguro, y ambos padres se lo quedaron mirando. El día se mostraba agradable, corría una ligera brisa, el sol brillaba en lo alto, y al fin, después de años de dolor, de traiciones, de mentiras, habían encontrado la paz y la felicidad de la vida honesta y tranquila.
- Desde mañana habrán muchos niños en el hogar - dijo Hinata, acariciándose el vientre. Sería el día de su nombre, tenían pensado celebrarlo varios días y tanto su hermana junto a su esposo, que ya tenían cuatro hijos, más los dos de Shikamaru y el reciente bebé de Naruto, vaya qué serían muchos niños correteando por todo el lugar. Pero lejos de verlo como un contratiempo, la alegraba en su fuero interno.
- Creo que me podría acostumbrar a ver muchos niños correr -replicó con afecto el hombre de los ojos negros. – no me molestaría si muchos más fueran nuestros.
Hinata sólo sonrió con algo de burla, aunque él le había dicho muy seriamente que tendría diez hijos con ella. ¿No le parecía suficiente ya? Solía decirle ella, riendo y meneando la cabeza. "Estáis loco, señor" le respondía con dulzura. Sí, ella lo había cambiado absolutamente todo.
La vida de algunos había cambiado completamente.
Finalmente, y luego de un período de luto, lord Uzumaki había contraído nuevas nupcias con la dama Mirai Sabutori, quién era la ahijada de lord Shikamaru. Éste de buen grado se la había entregado en matrimonio, puesto que al conocerlo, se había dado cuenta de que no había mejor hombre que él y con el tiempo habían forjado una sincera amistad. Sabía que junto a él, sería tratada con respeto y no tendría motivos de querella. Y ella de buen grado se había entregado a él, pues no era difícil prendarse de un hombre como lord Uzumaki.
Lamentablemente lady Ino había fallecido hacía algunos años, luego de encontrar un bulto en su pecho y su agonía fue breve, pero dolorosa y Naruto realmente la lloró en su fuero interno. Se habían amado y respetado en el tiempo que habían compartido y eso lo dejaba tranquilo y le permitía disfrutar de su flamante joven y bella esposa, así como de la nueva experiencia de la paternidad.
Hinata lo había nombrado regente de las propiedades Hyuuga, y tenía pensado cederle vastos terrenos, y así su hermano putativo pudiese ser un señor en toda regla, lo que se lo informaría cuando estuviesen todos en el hogar de los Uchiha. Además, el rubio consideraba a Yasahiro como un hijo, y era en extremo afectuoso con él y el pequeño lo adoraba de igual forma. Así que era una forma de retribuir tanto bien que le había hecho a ella y a su familia. Sasuke estaba completamente de acuerdo con la decisión de su esposa, y en su fuero interno, aún le asombraba lo generosa y justa que era siempre.
Ella muy pocas veces había vuelto a aquel lugar, el que había sido su hogar la mayor parte de su vida, porque le traía muy malos recuerdos y ya se consideraba afortunada por tener un hogar más imponente, y que podía considerar completamente suyo, según las reglamentaciones testamentarias que había dictado su esposo. "No son sólo palabras al viento" le había dicho muy serio, mostrándole el testamento.
A quién sí visitaba con asiduidad era el monasterio de la abadesa Haruno y así mismo, se había vuelto una gran benefactora del lugar, junto a su esposo. Ambos estaban agradecidos por el cobijo que le habían dado en el pasado, cuando aquella noble mujer pasaba por sus peores momentos. Sakura siempre encontraba gran placer al ver a los hijos de lady Hinata, y provocaba un pequeño revuelo cada vez que les visitaba, ya que las novicias siempre se arremolinaban a su alrededor, felices de ver a esos hermosos niños. Para Hinata siempre era un agrado hablar con esa mujer tan valiente, fuerte y clara, sin a veces notar que ella poseía las mismas características.
Y Sasuke, seguía siendo un señor, un hombre orgulloso y acostumbrado a ordenar, pero que estaba irremediablemente rendido a los pies de su esposa, y a pesar de tener aún rasgos de su vida pasada, era un hombre distinto, más dado a pensar antes de actuar, más dado a escuchar el consejo de su esposa y ser un hombre más justo -o al menos tratar-. Ahora, su gran anhelo era que su próximo hijo pronto a nacer, fuese una niña parecida a su hermosa madre.
Bajó la mirada hacia su esposa, quién seguía atentamente los pasos de Yasahiro, con una preciosa sonrisa en la cara que parecía iluminarlo todo. ¿O era el embarazo? ¿O era que al fin se sentía feliz y realizada, aún junto a él? A veces, la observaba cuando ella no se daba cuenta y le parecía increíble el hecho de que ella se hubiese enamorado, a pesar de su villanía en el pasado.
Una bella hada, en mitad del bosque, etérea y seductora.
Pero se había redimido, esperándola y guardándola siempre en sus pensamientos, habiendo acudido a su llamado y habiéndola rescatado cuando parecía estar perdida.
Ella levantó la vista al fin, hacia él y le dedicó la más encantadora de las sonrisas, con un ligero toque de picardía. "¿Es posible tanta belleza?", pensó él, devolviéndole el gesto. Hinata levantó una mano, que él cogió con galantería, y la ayudó a ponerse de pie. Comenzaron a caminar en dirección a su hijo mayor, porque ya era hora de entrar al castillo. La brisa comenzaba a enfriar y en su estado, ella debía ser bien cuidada en todo momento.
Mi hermosa señora de las hadas, que os escapasteis de algún bosque milenario. Y yo, siendo tan indigno, os puedo tocar y haceros coronas de flores y colocar lluvias de blancas flores en el pelo.
Todo había valido la pena, porque ahora podía observar cada día a aquella hermosa mujer, que lo amaba -lo cual le parecía casi un milagro-, que además, le había dado unos hijos hermosos. Ya no podía esperar para conocer al que estaba en camino.
FIN.
Ha llegado el final.
Este fic lo estuve pensando mucho tiempo, estuvo muchas veces en mi mente, hasta que comencé a escribirlo. Y fue un agrado, debo reconocer. Me costaba dejar de escribir a veces, o en otras ocasiones, me quedaba estancada o cambiaba páginas y páginas. Pero al ser mi primer fic largo, lo disfruté y le guardo un cariño especial. Obviamente no porque lo considere perfecto ni el mejor de la vida, pero es porque descubrí que puedo avanzar desde pequeñas ideas y ver páginas y páginas.
La verdad, pensé en varios finales, algunos más trágicos, algunos abiertos, pero en definitiva y considerando todo lo que los hice sufrir, decidí por darles un final feliz.
No quise ahondar en la guerra, porque en realidad lo iba a alargar más, pero de todas formas había decidido el final antes, así que no quise irme por ese camino.
Así que, como siempre, muchas gracias si has llegado hasta acá. Mención aparte a toda la gente que fue comentando en el devenir de los capítulos, me alegraron mucho. Gracias por acompañarme.
Hasta luego!
