Capítulo 3. La venganza del diablo. El amor dejado de lado (1ª parte).
Sakura paró el coche amarillo junto a una cabina telefónica que estaba muy cerca del Hospital Memorial de Kanayama.
–Hola. –dijo Sakura con una sonrisa pícara mientras miraba hacia el hospital cuando le cogieron el teléfono. –Me gustaría pedir unos pastelitos de chocolate para mi jefe.
–Por supuesto. –dijo el pastelero mientras anotaba el pedido.
–Los pastelitos que hacéis son realmente deliciosos. –dijo Sakura.
00000000
Al salir de la comisaría, Shaoran no se quitaba de la cabeza lo que acababa de leer sobre el caso de Los pastelitos de chocolate envenados de Tomoeda.
Todo ocurrió un 31 de octubre. La sospechosa compró una caja con pastelitos de chocolate de la Pastelería Tachibana de Tomoeda. La policía encontró restos de cianuro potásico en la residencia de los Kinomoto. El hijo Touya, su hermano mayor, y Nakuru, su cuñada y madre del niño los comieron y murieron prácticamente en el acto.
Por ello, Shaoran se dirigió a la Pastelería Tachibana. Cuando la encontró entró. El pastelero estaba anotando un pedido por teléfono cuando él llegó.
–Muy bien, entonces le enviaré la caja a la oficina de su jefe con el nombre indicado. Muchas gracias. –cuando colgó y terminó de anotar la dirección a la que enviaría los pastelitos miró a Shaoran. –Buenos días, ¿qué desea?
–¿Es usted el propietario de la pastelería? –preguntó Shaoran.
–Sí. –asintió el pastelero. Shaoran le mostró su placa y la sonrisa del pastelero se borró temiendo que el pasado volviera a cruzarse en su camino.
–Necesito hacerle unas preguntas sobre un caso de unos pastelitos envenenados de hace quince años. –dijo Shaoran.
–¿Por qué tiene que traer ahora esa historia? –preguntó el pastelero, al que no le hacía gracia que volviera a salir ese tema. Debido a eso, la reputación de su negocio se vio alterada y le costó mucho reflotar la pastelería. –Esto ha cambiado mucho y por suerte, la mayoría de la gente no sabe nada o ya no se acuerda. Le ruego por favor que no saquen a relucir ese tema de nuevo.
–Le aseguro que no es mi intención perjudicarle. –dijo Shaoran.
–Nosotros fuimos las víctimas. Por utilizar nuestros productos, esa chica nos hizo mucho daño. No tiene sentido hablar de ese tema cuando ya ha pasado tanto tiempo. –dijo el pastelero.
00000000
Sakura llevó a varios perros al Hospital Memorial Kanayama. Algunos niños que estaban acariciando a los perros llevaban unas camisetas de la Asociación Angel Dog. Sakura participaba como voluntaria en esa asociación para que los niños pudieran disfrutar de los perros.
–Este perro es muy callado. –dijo un niño mientras acariciaba a un labrador. Mientras lo hacía, Sakura sacaba algunas fotos a los alegres niños.
–Sakura, ¿dónde está el perro que trajiste el otro día? –preguntó una niña en silla de ruedas mientras acariciaba al perro que tenía sobre sus rodillas.
–¿Te refieres a Ruby Moon? Acaba de ser mamá. ¿Quieres ver fotos? –preguntó Sakura mostrándole unas fotos de los cachorros.
–¡Déjanos ver a nosotros también! –le pedían otros niños atraídos por la noticia. Sakura los mostraba muy contenta.
–¡Qué monos! –exclamaban los niños.
–Sakura, ¿no los podrías traer? –preguntó la niña en silla de ruedas. Entonces, Sakura vio a una niña de doce años más apartada, con expresión seria y que no tenía perro que acariciar. Se llamaba Misaki. Una enfermera la acababa de sacar fuera para que se uniera a los perros. Así que, Sakura se dirigió hacia ella. –Hola, mira qué cachorritos. ¿A que son monos?
La expresión de la niña cambió de repente nada más ver las fotos de los perritos.
–¡Qué pequeñitos! –dijo Misaki mientras Sakura le iba pasando diferentes fotografías desde su teléfono. Entonces, el teléfono se apago.
–Oh, vaya, se me ha acabado la batería. –dijo Sakura.
–Vaya, me hacía mucha ilusión verlos. –dijo la niña.
–No te preocupes, volveré muy pronto y traeré más fotos. –le dijo Sakura.
–¿De verdad?
–Prometido. –dijo Sakura sonriéndole y poniendo el dedo meñique. La niña se lo cogió con su meñique para formalizar la promesa.
00000000
Tras salir de la pastelería, Shaoran se dirigió a la antigua residencia Kinomoto. Según el informe, la sospechosa había planeado deshacerse de la familia de su hermano por celos y odio y que sólo necesitó un día para hacerlo. La casa estaba a la venta y estaba claro que había conocido tiempos mejores. Del jardín brotaba la maleza y basura que los propios vecinos se habían encargado de tirar allí cual vertedero. La casa parecía estar completamente abandonada. Incluso había algún antiguo cartel despotricando contra la asesina.
00000000
En una exclusiva zona de Tokio, en la sexta planta de un edificio de oficinas se encontraba el despacho de abogados Matsunaga. Como su propio nombre indica, Matsunaga Seiichi era el jefe de la firma. En la actualidad, su despacho gozaba de gran prestigio. Un prestigio que comenzó a despegar hacía unos quince años.
–Señor, esta tarde tiene una consulta relativa a un caso de cargos por pagos en exceso. –dijo Tanabe, el secretario personal de Matsunaga explicándole la agenda del día.
–Ocúpate tú. –dijo Matsunaga mientras abría con ilusión su nueva adquisición: un nuevo palo de golf.
–¿Está seguro? –preguntó no muy convencido.
–No te preocupes. Si hay algún problema ya se me ocurrirá algo. –dijo Matsunaga concentrado en el hierro.
–Entendido. –dijo Tanabe nada convencido. Cada vez estaba más harto de los encargos de su jefe, cuando él no debería hacerlos, pero necesitaba el dinero. Matsunaga salió con su palo de golf a la parte donde sus empleados trabajaban, seguido de su secretario.
–Por cierto, Señor, ha recibido esto. –dijo el secretario aprovechando que acababa de pasar por su mesa para mostrarle una caja forrada con un papel de la Pastelería Tachibana.
–¿Quién ha enviado esto? –preguntó Matsunaga cogiendo la caja.
00000000
Kero se puso frente a la comisaría y comenzó a aplaudir sonriente.
–¡Esto es genial!¡Adulterio en la División de Investigación! –dijo el alocado periodista al ver salir a Yuna D. Kaito y a Mitzuki Kaho de comisaría. Pero ninguno hacía caso. –Das miedo, Mitzuki.
–No hagas caso, vamos. –dijo Kaito.
–¿Wei está muerto? –preguntó Kero de repente. Aquella pregunta hizo que Kaho se detuviera. Kaito también se detuvo unos metros más adelante.
–¿Qué sabes tú? –preguntó Kaho.
–Me encontré con Li Shaoran en la puerta de la casa de Wei y tenía esta cara de funeral. –dijo Kero poniendo una cara que intentaba imitar a la de Shaoran, aunque sin mucho éxito. –Me imagino que estaría afectado. Ver el cadáver de su mentor después de haber visto el cadáver de su junior no debe ser plato de buen gusto, después de todo.
–Wei se ha tomado unas vacaciones. –mintió Kaho, intentando evitar el sensacionalismo del periodista. –¿Puedes dejar de esparcir rumores raros?
–Se puede oler el tufo de las mentiras policiales desde lejos. –dijo Kero riendo.
–El único que apesta aquí eres tú. No eres más que una rata de alcantarilla. –dijo Kaho más contundente. Kero sólo sonrió, pero decidió dejarles en paz.
00000000
–¡Ya estoy aquí! –dijo Sakura entrando en el salón canino.
–Sakura, ¿qué día de la semana que viene vas a tomarte libre? –le preguntó Meiling.
–Si te parece bien, el miércoles. Aunque con tomarme sólo la tarde me parece bien. –contestó Sakura.
–De acuerdo. –dijo Meiling volviendo a la oficina. Estaba en el ordenador cuadrando los turnos.
–Eres increíble, Meiling. –dijo Sakura, sorprendida por las habilidades informáticas de Meiling.
–¿Pero qué dices? Si esto no es nada. –dijo Meiling restando importancia. –Lo que me parece increíble es que no sepas utilizar un ordenador, aunque sean cosas básicas.
–También es verdad. –admitió Sakura.
–¿No has pensado en tomar unas clases? –preguntó Meiling.
–Es normal que no sepa. Sakura ha estado muy ocupada como peluquera canina. –intervino Tomoyo. –Sakura, tienes visita.
–¿Shaoran? –dijo Sakura saliendo, mientras Tomoyo y Meiling espiaban, aunque no eran nada disimuladas. Desde que los vieron interactuar por primera vez ambas pensaron que harían muy buena pareja.
Al verla, a Shaoran se le vino la cabeza su foto de la ficha policial. Le parecía increíble que hubiera matado a alguien, pero estaba seguro que su caso escondía algo más.
–¿Tengo monos en la cara? –preguntó Sakura al ver que Shaoran se había quedado mirándola como ido.
–No. Lo siento. –se disculpó Shaoran. Al ver que el silencio comenzó a reinar, Tomoyo y Meiling salieron en auxilio de los dos castaños haciendo que se sentaran en el sofá.
–Dinos Shaoran, ¿a qué te dedicas? –preguntó Tomoyo para romper el hielo.
–Soy ingeniero de sistemas. Trabajo mucho fuera de casa. –mintió Shaoran. Fue lo primero que se le vino a la cabeza porque no podía revelar su verdadero oficio después de haber descubierto parte del pasado de Sakura.
–¿Ingeniero de sistemas? –preguntó Sakura sin tener mucha idea de qué era eso.
–Trabajo con ordenadores. –resumió Shaoran.
–Sakura, podrías pedirle a Shaoran que te enseñara un poco de informática. –sugirió Meiling.
–¿Qué?
–Sakura no sabe nada de ordenadores. –dijo Meiling viendo el cielo abierto para que esos dos se conociera mejor.
–Es cierto. Si aprendieras, podrías hacer más cosas aquí. –dijo Tomoyo. Sakura no entendía para qué una peluquera de perros necesitaba conocimientos de informática aunque con lo que dijo a continuación quizás Tomoyo tuviera razón. –De esa forma, podrías utilizarlo para establecer los turnos, registrar productos, realizar pedidos de suministros por internet, coger citas, facturación, etc.
–En ese caso no creo que sea necesario molestar a Shaoran. Me compraré un libro y lo aprenderé de ahí. –dijo Sakura.
–Te enseñaré. –se ofreció Shaoran para sorpresa de todas. De esa forma, podría averiguar más cosas sobre ella. Desde que vio su expediente policial no había podido dejar de pensar en ella y ser su profesor se presentó como una oportunidad ideal para seguir conociéndola.
–¿Estás seguro? –preguntó Sakura.
–Te has portado muy bien con Ruby Moon. –dijo Shaoran como excusa. –Cuando termine de trabajar me pasaré por aquí aunque sea durante media hora al día.
–Eso es genial, Sakura. –celebró Tomoyo.
00000000
Al día siguiente en comisaría, Shaoran comenzó el día pidiéndole al subinspector la ficha de Suganuma Toshiya, el joven banquero que supuestamente se había suicidado en la estación, a pesar de la negativa de su mujer a esa versión. Según los datos, trabajaba en el Banco Central de Touto.
–¿Tenía antecedentes penales? –preguntó Shaoran.
–No, está limpio. –dijo el subinspector esperando de pie mientras Shaoran revisaba el informe.
–Se suicidó tomando una píldora en el andén del tren. ¿No te parece raro? –preguntó Shaoran, que seguía pensando que la mujer de Suganuma decía la verdad.
–Aunque te empeñes, hay testigos oculares de lo que pasó. –dijo el subinspector mientras se iba a hacer algo que él consideraba más productivo. –No hay quejas con la investigación.
Eso aún le extrañó más. Él mismo presenció lo indignada que se marchó la señora Suganuma de la comisaría, pero prefirió mantener un perfil bajo. Entonces, al ver el informe se percató de algo. Sacó la ficha de Terada Yoshiyuki y la puso junto a la de Suganuma Toshiya: Terada era director de la Secundaria Tomoeda y Suganuma se había graduado en la misma secundaria en el periodo en el que Terada había sido director.
–Secundaria Tomoeda. –musitó Shaoran para sí. Ahora tenía otro hilo del que tirar.
Sin perder más tiempo, Shaoran se dirigió a la Secundaria Tomoeda y solicitó ver al director, así como el anuario de hacía quince años. Cuando le dejaron entrar, el director le ofreció asiento en unos sillones que había en el despacho.
–¿Reconoce a este hombre? –preguntó Shaoran mostrándole la foto de Wei al director. El director cogió la foto para mirarla más de cerca.
–No. No recuerdo haberlo visto nunca. –respondió el director. –Aquí tiene el anuario que ha solicitado ver.
–Gracias. –dijo Shaoran. Lo cogió y estuvo ojeando varias páginas hasta confirmar lo que había estado sospechando desde que había encontrado el vínculo entre Terada y Suganuma. Entre las primeras páginas, había una foto de Terada Yoshiyuki como director de la institución. Varias páginas más adelante y con fotos más pequeñas, encontró la de Suganuma Toshiya. –¿Hay alguien de entonces que siga trabajando aquí?
–No. –respondió el director.
–¿Puedo llevármelo? –preguntó Shaoran.
–Adelante. –dijo el director.
00000000
–Ya estás limpito y guapo. –le dijo Sakura a uno de los perritos a los que acababa de atender. –Hora de ir a casa.
Sakura cogió al perro y lo metió en un trasportín.
–Voy a llevar a este perro a su casa. –dijo Sakura. Llevar perros a sus domicilios después del servicio de peluquería era uno de los servicios que ofrecía el salón canino.
–Nos vemos. –dijo Meiling, que estaba atendiendo a otro perro.
00000000
–Son 2500 yenes. –dijo el mensajero a la señora Matsunaga, sin saber quién les había enviado una caja de pastelitos de la Pastelería Tachibana.
–¿Se ha enviado la caja a sí mismo? –se preguntó la señora Matsunaga a ver que el remitente era su propio marido y que la había enviado desde su oficina. –Debe de estar loco.
00000000
Después de haber llevado al perro al domicilio de su cliente, Sakura se paró con el coche muy cerca del Despacho de Abogados Matsunaga y se colocó un auricular en la oreja para escuchar las conversaciones del teléfono que hábilmente había pinchado.
–Matsunaga se ha ido otra vez a jugar al golf. –dijo Tanabe el secretario de Matsunaga por teléfono. –Yo voy a los juzgados del distrito.
–Debe ser duro para ti, Tanabe. Pero ten cuidado. –le advirtió la chica con la que Tanabe estaba hablando.
Sakura recordó lo que ocurrió un mes antes en aquella oficina.
Flashback.
Sakura se había reunido con Tanabe, el secretario personal de Matsunaga habiéndose asegurado de que Matsunaga no estuviera en el despacho, lo cual no era demasiado complicado, puesto que había semanas que se pasaba más tiempo en el campo de golf que en su propio negocio.
–¿De qué quería hablar? –preguntó Tanabe.
–La verdad es que nada de lo que se publicó sobre mí era cierto. –dijo Sakura mostrándole una hoja donde venía todo explicado. Sakura fingió necesitar asesoramiento legal para acercarse a Tanabe.
–Un asunto de difamaciones, ¿eh? Espere un momento, por favor. –dijo Tanabe mientras fue a otra estancia a buscar unos documentos que pudieran servirle en ese caso. Mientras tanto, Sakura aprovechó la ausencia para pinchar el teléfono poniendo un pequeño dispositivo en el cable del teléfono. También escondió un micrófono para poder escuchar lo que pasaba en el despacho.
Unos minutos después, Sakura pagó la consulta y le dio un recibo a Sakura.
–Muchas gracias. –dijo Sakura.
–Si necesita más asesoramiento legal, estaré encantado de ayudarla. –dijo Tanabe.
Fin del flashback.
Sakura vio desde el coche cómo Tanabe salía del despacho mientras se miraba el reloj. Sakura salió del coche y fue hacia él.
–Señor Tanabe. –dijo Sakura.
–Ah, ¿ha venido por asesoramiento legal? –le preguntó Tanabe al recordarla del mes anterior.
–Señor Tanebe, en realidad usted no es abogado, sino secretario. –afirmó Sakura. –¿Me equivoco?
–¿Cómo?
–Yo diría que es ilegal que un secretario ofrezca asesoramiento legal y acepte dinero por ello. –dijo Sakura. No había sido complicado averiguar que Tanabe no era abogado. Le bastó con entrar a la página web de la firma legal de Matsunaga y leer el apartado de personal de la empresa. Además, había estado escuchando lo que ocurría en aquel despacho durante un mes.
–Debe haber un malentendido. –dijo Tanabe comenzando a ponerse nervioso.
–¿De verdad? Yo también lo creo. Quien castiga a los malos letrados es el Colegio de Abogados, ¿no? Así que, he hablado con ellos y me han dicho que lo investigarían.
–¿Has presentado una denuncia ante el Colegio de Abogados? –preguntó Tanabe.
–Señor Tanabe. Será mejor que me dé información de sus planes. –dijo Sakura. Tanabe se asustó, pero siguió a Sakura para hablar a un lugar más adecuado.
00000000
Cuando Shaoran entró a la oficina, no pasaron ni cinco segundos cuando Kaito lo llamó.
–¡Li! Ven un minuto. –dijo Kaito. Shaoran fue y se colocó frente a la mesa de Kaito. Katokura Ryo permanecía atento apoyado en su mesa, como si fuera a disfrutar de la reprimenda de Kaito, dando por hecho que lo iba a reñir. –¿Cómo va lo de Wei?
Shaoran extrajo de un sobre la nota que Wei había dejado en su casa.
–¿Su nota de suicidio? –dijo Kaito después de leerla. –¿Por qué no me has informado de esto antes?
–Parecía estar ocupado. –dijo Shaoran.
–Podrías habérsela dado a cualquiera de los que trabajamos aquí. –dijo Kaito, refiriéndose a sus amaestrados subordinados.
–Si no lo he hecho es porque ya hubo una filtración a la prensa. –dijo Shaoran.
–De ahora en adelante me informarás de forma oral. –dijo Kaito.
–Entendido. Seguiré investigando. –dijo Shaoran.
–Por cierto. Han declarado inocente a Mizoguchi. –dijo Kaito.
–¿Cuándo ha sido eso? ¿Y cómo es eso posible? –preguntó Shaoran, que no comprendía cómo el asesino de Yukito podía ser declarado inocente después de lo que había hecho.
–No hace mucho. –dijo Kaito. –Me lo ha dicho un fiscal amigo mío. Por lo visto, ha sido considerado un enfermo mental. Mañana lo enviarán a un hospital psiquiátrico.
–Eso no puede ser. Es algo estúpido. –dijo Shaoran, que comenzó a respirar con fuerza.
–De todas formas, todos sabemos que la hazaña de que quemaran vivo a tu compañero fue culpa tuya. –dijo Ryo malintencionadamente. –¿Quién es el estúpido?
–Fue una maldición que a Tsukishiro le tocara un compañero como tú. –añadió Takabe con burla. Kaho se levantó de la mesa desde la que estaba trabajando intuyendo que la ira de Shaoran estallaría en cualquier momento por las provocaciones de sus compañeros.
–Sí, será mejor que tengamos cuidado. –dijo Ryo acercándose a Shaoran para provocarlo aún más. –Te suelta de cebo y luego huye. Aunque en realidad Tsukishiro era otro cobarde. Sois iguales.
Entonces, Shaoran le dio un puñetazo a Ryo que lo tiró al suelo. Después se acercó y le propino una patada. Después lo cogió de la pechera para darle otro puñetazo. Una cosa es que burlaran de él, pero no iba a tolerar que le faltaran al respeto a Yukito. Entonces, Kaho le agarró del brazo con el que iba a golpear a Ryo.
–¡Para, Shaoran!¡Por más que lo golpees Yukito no volverá! –dijo Kaho intentando tranquilizar a Shaoran. Shaoran se deshizo de su agarre, cogió la nota de Wei que estaba en la mesa de Kaito y se dispuso a marcharse.
–¡Li! –lo llamó Kaito. Shaoran se detuvo sin mirarlo. –Deja tu placa. No puedo tolerar un caso tan evidente de agresión. De momento estás suspendido de empleo.
La mirada de Shaoran era de impotencia. Era muy injusto que lo provocaran y que lo castigaran a él. Shaoran vio como Ryo se levantó, se acomodaba la chaqueta y sonreía con satisfacción, mientras que Kaho era testigo de la forma tan cruel en la que sus compañeros machacaban emocionalmente a Shaoran. Incluso parecían disfrutar de ello. Estaba convencida de que les importaba poco la muerte de Yukito. Su único interés era utilizarlo para vilipendiar a Shaoran.
Shaoran sacó su placa de la chaqueta y la puso con un golpe en la mesa de Kaito mientras lo miraba desafiante. Después, se marchó de aquel lugar tan hostil.
00000000
–Ya estoy en casa. –dijo Matsunaga.
–Vaya, hoy has venido pronto. –le dijo su mujer. –Por cierto, he tenido que pagar por unos pasteles que te has enviado tú mismo.
–¿Dónde están? –preguntó Matsunaga, pero no hizo falta responder porque vio la caja encima de una mesa, perfectamente embalada con el papel de la pastelería, tal y como le llegaron a la oficina. –Ni la abras.
–¿Por qué? Ni que hubiera veneno en ellos. –dijo su mujer inocentemente.
–Esa chica, Kinomoto Sakura. –musitó Matsunaga para sí, recordando por qué había tenido un mal presentimiento cuando vio la caja de pastelitos.
00000000
Sakura practicaba sonriente con el ordenador portátil de la empresa mientras Meiling recogía y se colgaba su bolso para marcharse.
–Vaya, pareces contenta. –dijo Meiling, consciente de que tendría su primera clase con Shaoran. Entonces León se puso a ladrar. –Fíjate, si te tomo el pelo León se disgusta. Me voy antes de que se enfade más conmigo. Adiós.
–Adiós. –dijo Sakura. León seguía ladrando, por lo que Sakura se dirigió hacia él. –León, no deberías ladrar así. Debes estar callado.
León gimió.
–Tranquilo, estoy bien. –dijo ella. –No tienes que preocuparte.
00000000
Se acercaba la hora de terminar la jornada laboral y en la comisaría de Tomoeda a Kaito le apetecía salir a tomar algo.
–Kaho, ¿te vienes conmigo a tomar una copa? –preguntó Kaito acercándose por detrás a Kaho, que trabajaba en el ordenador de su mesa.
–Paso, no me apetece. –dijo Kaho. Normalmente, cuando a los jefes les apetecía salir a tomar algo, sus empleados iban detrás aunque no les apeteciera, pero Mitzuki Kaho no era como los demás, y si no le apetecía, lo decía claramente.
–Debería haberlo arrestado. –dijo Kaito, sabiendo que Kaho no estaba de humor por lo que había pasado con Li. –¿No crees que alguien que agrede a un compañero debe ser castigado? Vamos, es una orden.
Kaho decidió no contestar. No tenía sentido.
00000000
Después de lo que pasó en comisaría Shaoran estuvo deambulando por la ciudad hasta llegar al bar de Yue. Yue le sirvió un vaso de agua.
–Es indignante. –dijo Yue una vez que Shaoran le explicó que Mizoguchi Takeshi, el asesino de su mejor amigo, Tsukishiro Yukito fue declarado inocente. –Un tipo que mata por diversión no puede dejarse sin castigo. Es todo muy extraño. Oye, ¿te apetece beber?
Con la noticia que le había dado, Yue pensó que sería normal que el agua no le fuera suficiente para digerir una noticia así. Hasta él necesitaba el trago. Entonces, alguien entró en el bar.
–Pensé que estarías aquí, por eso he venido. –dijo el padre de Yukito. –Al ver tu estado de ánimo, veo que ya te has enterado de que han declarado inocente a Mizoguchi.
–Es una vergüenza. –opinó Yue.
–Aunque lo envíen a un psiquiátrico, al final lo soltarán, estoy seguro. –dijo el padre de Yukito.
–Supongo. –dijo Shaoran.
–¿Cuándo sale de prisión? –preguntó el padre de Yukito.
–No puedo decírtelo. –dijo Shaoran.
–Shaoran, por favor, eres el único al que le puedo preguntar. Dímelo, por favor.
–Señor Tsukishiro, no puedo decírselo.
–¿Por qué?¿Por la ley?¿Qué clase de justicia es la que estás protegiendo? –preguntó el señor Tsukishiro dando un golpe en la barra. –Yukito siempre hablaba de cuánto te admiraba. De que te seguiría a todas partes.
Shaoran volvió a revivir aquella fatídica noche. El señor Tsukishiro tenía razón. Yukito lo había seguido siempre sin dudar un ápice, y por seguirlo a él, se encontró con la muerte.
–Prométeme que vas a atrapar a ese malnacido. –le pidió el señor Tsukishiro. –Y si no lo haces, al menos déjame que sea yo quien me ensucie las manos.
–No puedo dejar que se convierta en un criminal. –dijo Shaoran.
–Si me ayuda a deshacerme de los remordimientos, estoy dispuesto a ser un criminal. Incluso estoy dispuesto a aceptar la pena capital. –dijo el señor Tsukishiro.
–Lo siento. –se disculpó Shaoran.
–Comprendo. –dijo el padre de Yukito levantándose. –Veo que no vas a hacer nada… otra vez.
Que el padre de Yukito dijera eso fue como si le hubieran clavado una puñalada. De sus compañeros de trabajo lo podía esperar, porque era obvio que lo odiaban, pero al venir del padre de Yukito lo hundió todavía más.
00000000
Sakura había sacado a León de la jaula. El perro estaba acostado mientras Sakura llevaba un buen rato acariciándole las orejas.
–Parece que Shaoran se retrasa. –le dijo Sakura al perro. –¿Crees que se ha olvidado? Voy a poner el cartel de cerrado. Vuelvo en un minuto.
Cuando Sakura salió a la puerta exterior para darle la vuelta al cartel, escuchó el sonido de un disparo de fotografía.
–Chica A. Kinomoto Sakura. Das miedo. Parece que tu verdadera naturaleza empieza a brotar. –dijo Kero.
–¿Qué quieres? –preguntó Sakura sin sorprenderse de quién era.
–Me preguntaba cuál será tu próximo movimiento. –dijo Kero. –Para ti es imposible amar. No lo olvides.
Antes de volver a entrar, Kero sacó otra fotografía.
00000000
La ciudad estaba en pleno movimiento. Los que no volvían a casa iban animados a tomar copas por ahí antes de finalizar el día. Shaoran deambulaba por la calle cuando de repente, sacó de su bolsillo uno de los caramelos que encontró en la estación.
Flashback.
Tras haber celebrado el funeral de Yukito, Shaoran se quedó solo en el cementerio para presentar sus respetos ante la tumba de su compañero con más intimidad. Entonces, Wei, que parecía conocerlo mucho, apareció a su lado extendiéndole un caramelo, como si esa golosina fuera a endulzar el amargo momento que estaba viviendo. Estaba claro que el caramelo no iba a ayudarle a sentirse mejor, pero Shaoran valoraba mucho la intención de su mentor de aligerar su dolor.
–Los dulces son lo mejor cuando se tienen muchas cosas en la cabeza. –le dijo Wei. –Sentir la angustia que sientes ahora mismo no nos devolverá a Yukito.
–Lo sé.
–Siempre llevaremos los remordimientos por lo que le ha pasado. –dijo Wei. –No sólo tú. Si quieres redimirte, debes acorralar al bastardo que lo ha matado a sangre fría. Como detective, es lo único que puedes hacer.
Fin del flashback.
Tras recordar aquel momento, Shaoran se acordó de las lecciones de informática que le tenía que dar a Sakura. Seguramente se habría hartado de esperar y se habría marchado, pero aún así decidió pasar por el salón canino. Era mejor que volver a casa para no poder conciliar el sueño.
00000000
–¡Vaya, cuánto tiempo! –dijo Yue cuando vio entrar a Mitzuki Kaho. –No me digas que estás borracha.
–Por culpa de mi jefe que tenido que beber algo que sabía a agua sucia. –dijo Kaho a Yue. –Me imagino que ha estado aquí, ¿verdad?
–Sí. –respondió Yue, sabiendo que se refería a Shaoran.
–¿Con quién ha estado?
–Con el padre de Yukito.
00000000
Cuando Shaoran llegó, vio el cartel de cerrado en la puerta de metal que estaba en el exterior, pero vio que había luz dentro, por lo que decidió llamarla por teléfono. Prefería no tocar a la puerta para no asustarla.
Al sonar el teléfono del salón, León se puso a ladrar. Sakura se levantó a por el teléfono mientras le pedía a León, que seguía fuera de la jaula, que callase.
–Salón canino Mon Ange. –contestó Sakura.
–¿Todavía no te has ido? –preguntó Shaoran.
–No. Había quedado con alguien. –dijo Sakura.
–Pues deberías haberle llamado y haberte marchado. –dijo Shaoran, al que vio tras la puerta, sabiendo que se refería a él mismo.
–Pensé que no estaría bien molestarle mientras trabajaba. –dijo Sakura sonriendo.
00000000
Kaho decidió llamar a Shaoran, pero el teléfono le aparecía ocupado o fuera de cobertura.
00000000
Sakura y Shaoran comenzaron con su clase de informática. Shaoran le había enseñado a crear una carpeta y pasar archivos de un sitio hacia la carpeta. Sakura comenzó practicando con las fotografías que había sacado de los cachorros de Ruby Moon y que habían pasado al ordenador.
–Y ahora hay que ponerle nombre a la carpeta, ¿verdad? –decía Sakura, pero Shaoran parecía sumido en sus propios pensamientos. –¿Shaoran?
–Lo siento. –se disculpó él volviendo a la realidad.
–¿Ha ocurrido algo? –preguntó Sakura.
–Creo que han amañado un juicio. –dijo Shaoran.
–¿Qué?
–Un tipo mató a un amigo mío. –Sakura no se esperaba que de repente se pusiera a hablar de algo así. Desde que lo conocía siempre le había parecido alguien muy reservado, pero si lo contaba era porque necesitaba sacar su dolor. –Como es un adicto a las drogas, han alegado que es incapaz de discernir entre lo que está bien y mal. Así que lo han declarado inocente. Estoy seguro de que está cuerdo.
–¿Por qué? ¡Es horrible que absuelvan a alguien que saben que ha matado a gente inocente! –exclamó Sakura. Parecía ella casi más indignada que él. –¡Quien ha cometido un crimen debe ser castigado!¡Si la policía hubiera investigado de forma adecuada habrían descubierto…! Lo siento, odio a la policía.
Como si percibiera la alteración en el ánimo de Sakura, León comenzó a ladrar, por lo que se levantó para ir hacia él. Antes de que empezara su clase lo había metido en la jaula.
–Te equivocas, León. No estoy enfadada con Shaoran, así que cálmate. –le dijo Sakura al rottweiler. Después volvió a la zona de recepción. –Siento haberme puesto así. Haré café.
Shaoran intuía que Sakura hablaba de ella misma cuando se había alterado de aquella manera. Después de tranquilizarse un poco y tras tomarse un café, los dos salieron y se fueron caminando.
–Antes has dicho que no te gustaba la policía. ¿Has tenido una mala experiencia?
–No. Nada en particular. –respondió Sakura.
–Entiendo. –dijo Shaoran, sabiendo que mentía.
–¿Y tú? ¿Qué opinas de la policía? –preguntó Sakura.
–Yo también los odio. –dijo Shaoran.
–¿De verdad?
–Sí, no son gente muy agradable. –dijo Shaoran, haciendo reír a Sakura.
–Bueno, yo me voy por aquí. –dijo Sakura. –Gracias por todo.
–Nos vemos mañana. –se despidió Shaoran. –Creo que mañana podré ir más temprano que hoy.
–Tampoco tienes que sentirte obligado. –dijo Sakura.
–No te preocupes. No dudes en llamarme cuando quieras. –dijo Shaoran.
–Vale, buenas noches. –dijo Sakura sonriendo.
–Buenas noches. –dijo Shaoran.
Ajenos a todo, Kaho los vio desde un taxi. Al ser imposible contactar con él, cuando salió del bar de Yue, decidió ir a casa de Shaoran, preocupada por cómo debía estar tras la pelea en comisaría y la mala noticia que había recibido. Cuando estaba cerca de la casa de Shaoran, le pidió al taxista que se detuviera al verlo acompañado de una chica.
Continuará…
