Capítulo 9. Castigar al verdadero criminal (1ª parte).
Yamazaki estaba en su enorme despacho jugando a videojuegos. Se había debatido entre hacer pesas en el equipo propio de un gimnasio que tenía en su despacho o jugar a videojuegos, pero finalmente se había decantado por la segunda opción.
Había dado de plazo a su novia hasta las diez, así que decidió esperar su llamada jugando para hacer la espera más amena. Cuando le sonó el móvil, puso el juego en pausa y vio que por fin su novia lo llamaba.
–¿Qué has estado haciendo todo el tiempo? Te he estado llamando desde ayer. –preguntó Yamazaki.
–Preparativos. –respondió Sakura, que estaba más cerca de lo que Yamazaki creía. Sakura había aparcado el coche en los sótanos del edificio de oficinas de Yamazaki.
–¿Por qué llamas desde el teléfono de Chiharu? –preguntó Yamazaki poniéndose tenso al saber de quién se trataba.
–¿Quieres saberlo? Porque he secuestrado a tu novia. –respondió Sakura desde el coche, en el cual había un gran trasportín vacío.
–Será una broma, ¿no?
–Aunque os ibais de viaje, seguro que no has sido capaz de dar con ella. –dijo Sakura. Yamazaki fue hasta su mesa para coger el teléfono del despacho. –No intentes nada raro. Estáis acabados. Pronto descubrirás cómo te quitaré la vida. Lo he preparado todo cuidadosamente. Después de todo, he tenido mucho tiempo para planearlo. Prepara 500 millones de yenes.
–¿500 millones de yenes?
–Después, quiero que hagas una transferencia a tu cuenta personal. Una vez que lo hagas, esperarás mis instrucciones. –dijo Sakura.
–No puedo conseguir tanto dinero. –dijo Yamazaki.
–Muy bien. Filtraré las fotos en las que estás consumiendo droga. –dijo Sakura. –Por supuesto, después mataré a tu novia y haré que parezca que la has matado tú. Cuando eso ocurra, te echarán de la empresa. Estatus, dinero, mujeres… Lo perderás todo. ¿A que ya no te parece una cifra tan alta?
–Antes de hacer nada, quiero ver a Chiharu. Si no, no podré fiarme de nada de lo que dices. –exigió él.
–Te he enviado un email. –dijo Sakura, a la que esa condición no le suponía ningún problema, puesto que ya había previsto que le pediría una prueba de vida. Yamazaki se dirigió hacia el ordenador. En la bandeja de entrada, había un email en cuyo asunto ponía Mihara Chiharu. Por lo visto, estaba enviado desde el teléfono de la propia Chiharu. Al hacer click en los archivos adjuntos, vio una foto de su novia metida en un trasportín grande de perro. –¿Me crees ahora? Tu empresa tiene mucho dinero, así que, prepáralo para retirarlo. Ya te explicaré el método más tarde.
–Está bien. Haré lo que dices. Pero a cambio, quiero a Chiharu de vuelta y que me entregues todas las pruebas. –intentó negociar Yamazaki. Entonces, escuchó cómo alguien lo llamaba desde afuera.
–¡Señor Yamazaki! ¡Abra, por favor! –exclamó Shaoran.
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Mientras la conversación entre Sakura y Yamazaki tenía lugar, Shaoran había llegado a las puertas de la Simons Tower, el edificio en el que estaba la sede la empresa de Yamazaki. Era un edificio de veintisiete plantas, de las cuáles, las cinco últimas eran de la empresa Cyber Road, tal y como indicaba el cartel de la entrada.
Cuando Shaoran llegó al piso 23, vio un cartel de la famosa idol Mihara Chiharu, que se había convertido en imagen de la marca en su nueva promoción. Sin hacer demasiado caso al cartel, pidió a la recepcionista ver al presidente mientras le enseñaba su placa.
–Necesito ver al presidente. Es urgente. –dijo Shaoran.
–Comprobaré si está en la empresa. –dijo la recepcionista. Pero el teléfono comunicaba y Shaoran perdía la paciencia, por lo que salió corriendo. –¡Espere!
Shaoran intuía que el despacho de presidencia estaría en la última planta, puesto que solía ser así en casi todas las empresas. Al fin y al cabo, lo más alto era un paralelismo del poder. Cuando llegó, vio que el acceso al despacho requería de código y huella.
–¡Señor Yamazaki!¡Abra, por favor! –exclamó Shaoran.
Yamazaki puso en el monitor la cámara de seguridad que grababa la puerta de su despacho. Allí vio a un hombre castaño que no conocía y que parecía tener mucho interés por entrar allí.
–No quiero que pongas un pie fuera del despacho. Una vez que tengas el dinero preparado, haz la trasferencia y envía el aviso al móvil de Chiharu. –ordenó Sakura antes de colgar sin darle opción a réplica.
–¡Soy Li Shaoran, de la Policía Metropolitana de Tokio! –seguía exclamando Shaoran para que lo dejara entrar.
–¡Pare, por favor! –dijo Tanaka Eiji, que había salido de su despacho al escuchar el alboroto que estaba provocando Shaoran.
–Tengo que hablar con Yamazaki urgentemente. –dijo Shaoran.
–¿Tiene usted una orden de un juez? –preguntó el ejecutivo y secretario de Yamazaki.
–No.
–Entonces, tengo que invitarle a que se marche. –dijo Eiji,
–¿Aunque el presidente de la compañía esté en peligro? –preguntó Shaoran.
–La oficina del presidente es segura. Las personas no autorizadas jamás podrían pasar este sistema de seguridad biométrico. –explicó Eiji señalando el sistema por el cual se accedía a la oficina. Entonces, aparecieron dos guardias de la seguridad privada del edificio. –Márchese, por favor.
Shaoran no tuvo otra opción que hacerles caso.
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Sakura llegó al hotel y se dirigió a la recepción.
–Vengo a traerle esto a Miki. –dijo mostrando una bolsa con unos dulces. Además, sacó uno de los paquetes y se los dio a la recepcionista. –Tome, estos para usted.
–Gracias. Adelante. Como siempre tan amable. –dijo la recepcionista. Había reservado una habitación de hotel para Mihara con un nombre falso para evitar el posible acoso de los medios y también por la posibilidad de que Yamazaki fuera al apartamento de su novia. Por eso, para evitar ser vista y que la reconocieran, la introdujo en el hotel en el trasportín.
Una vez que la recepcionista le dio permiso, Sakura se dirigió a la habitación de Chiharu. Debido a la atención que estaba atrayendo el caso de las drogas, no fue difícil convencerla de que se hospedara allí temporalmente. De esa forma, no sólo evitaría a los medios de comunicación, sino que también le permitiría alejarse de Yamazaki.
–Gracias por esperarme. –dijo Sakura entrando a la habitación. Era una habitación típica japonesa. Tenía una mesa baja sobre tatami y el futón plegado en una esquina. Una triste Chiharu estaba sentada con la espalda apoyada en la pared, las piernas flexionadas y la cara escondida entre sus brazos.
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–¿A dónde vas, Kaho? –preguntó Kaito al verla levantarse de su mesa tras haber colgado el teléfono contrariada por la llamada que acababa de recibir. Le resultó algo amenazante y debía advertir a Shaoran.
–A lidiar con una reclamación. –respondió Kaho saliendo y sin darle opción a réplica a su jefe. Además, previamente le habían pasado una llamada de Cyber Road quejándose de que un detective de la PMT había intentado entrar al despacho del presidente sin guardar las formas. Aquello le dio una pista de por dónde debía andar el castaño.
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–¿De verdad que era un detective? ¿Qué quería? –preguntó Yamazaki a Eiji mientras movía la pierna nervioso una vez que su secretario lo puso al día.
–Señor Presidente, debe cancelar su viaje. –dijo el ejecutivo obviando la pregunta que acababa de hacer Yamazaki. –Mientras siga aquí, podré mantenerlos al margen.
–¿Tú? Tú no puedes hacer nada. –dijo Yamazaki con desprecio. –Márchate. Lo arreglaré yo mismo.
Tras echar a Eiji del despacho, cogió el teléfono para llamar al gerente de la sucursal de su banco.
–Soy Yamazaki. Traspasa 500 millones de yenes de la cuenta de la empresa a mi cuenta personal. Hazlo con la discreción que te caracteriza. –le ordenó Yamazaki.
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Mientras Chiharu comía lo que le había llevado Sakura, el móvil de la propia Chiharu sonó indicando que había llegado un aviso de Yamazaki. Sin sacarlo del bolso, Sakura comprobó el email, viendo que Yamazaki había cumplido al realizar la transacción del dinero, por lo que Sakura sonrió.
–¿Algún problema? –preguntó Chiharu.
–Sólo que se rumorea que mañana van a detener a Yamazaki. –le dijo Sakura.
–¿Lo dices en serio?
–El periodista que me abordó el otro día me ha buscado otra vez y me lo ha dicho. –mintió Sakura.
–Esto se pone serio.
–Por eso mismo te ruego que permanezcas escondida aquí un poco más. De esa forma podrás mantenerte al margen hasta que todo empiece a calmarse. –le pidió Sakura.
–Está bien. –dijo Chiharu resignada.
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–Era como tú decías. Haré todo lo que sea necesario para que no se nos vaya de las manos. –dijo Kaito por teléfono desde la sala de reuniones. Se había encerrado allí y había bajado los estores para tener más privacidad. –No te preocupes. No tengo intención de dejar que haga lo que le plazca por más tiempo.
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–Shaoran hoy llega un poco tarde. –comentó Meiling mientras limpiaba las perreras donde sus clientes de cuatro patas esperaban su turno o esperaban a que llegaran a que los recogieran sus dueños.
–Ahora que lo dices, es verdad. –dijo Sakura despertando de su ensimismamiento mientras limpiaba el instrumental de trabajo.
–¿Ha pasado algo entre vosotros? –preguntó Meiling con su típico tono juguetón.
–No, nada. –mintió ella, recordando el abrazo en el puerto.
–Entonces, ¿por qué no lo llamas? Podría ser que se hubiera enfermado, o que haya tenido un accidente. –dijo Meiling. Pero Sakura sólo encogió los hombros y siguió limpiando el instrumental.
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Shaoran esperaba pacientemente a las puertas del edificio de Cyber Road. Si no quería abrirle la puerta, abordaría a Yamazaki cuando saliera de la oficina, pero a pesar de llevar horas esperando, Yamazaki no hizo acto de presencia. Entonces, Kaho bajó de un taxi que acababa de pararse allí mismo.
–¿A qué has venido? –le preguntó Shaoran.
–Hemos recibido una llamada de Cyber Road quejándose de cierto detective. –dijo Kaho aludiendo a su interlocutor. –Dime, ¿qué haces aquí afuera? ¿No estará Yamazaki relacionado con la desaparición de Wei? ¿O debería decir con el caso de Kinomoto Sakura?
–Es un asunto personal.
–¿Pretendes mentirme de nuevo? Dame las llaves.
–¿Qué?
–No puedo permitir que sigas actuando a tu antojo. –dijo Kaho. Entonces, Sakura llamó a Shaoran por teléfono, pero colgó sin contestar y le dio las llaves del coche a Kaho antes de marcharse andando.
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Sakura había decidido hacer caso a Meiling y llamar a Shaoran. Quizás tuviera razón y estuviera enfermo o le había pasado algo. Después de todo, también vivía solo y no parecía tener familia. Pero cuando Shaoran la cortó sin ni siquiera responder la llamada, temió que estuviera enfadado por la forma en la que lo había dejado la noche anterior en el puerto.
–¿Ocurre algo? –preguntó Tomoyo sobresaltando a Sakura, que no se esperaba que su jefa apareciera de repente.
–No, nada. Por cierto, Tomoyo, quería hablarte de mi trabajo. –dijo Sakura recordando la desagradable escena que les hizo vivir aquella clienta. –Me siento fatal por generar problemas al negocio, así que…
–¿Te parece bien que la semana que viene no libres? –preguntó Tomoyo.
–¿Qué? –preguntó Sakura, que en realidad lo que quería era presentar su dimisión.
–La semana que viene estamos llenas de reservas, así que cuento contigo. –dijo Tomoyo, que intuía lo que iba a hacer Sakura. Al decirle eso, Sakura se veía obligada a seguir trabajando, puesto que su dimisión aún le supondría más problemas a Tomoyo.
–Gracias, Tomoyo. –agradeció Sakura comprendiendo la estrategia de la morena. Además, Sakura estaba agradecida de corazón, puesto que pese a los problemas, seguía contando con ella como si no hubiera pasado nada.
–También espero que sigas cuidando de Ruby Moon como hasta ahora. –le dijo Tomoyo.
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Kaho había decidido llamar a la fiscalía. Tenía un conocido que quizá le pudiera proporcionar información sobre el caso de los pastelitos.
–Ya te he dicho que necesito ver los informes del juicio. Aunque lo tengas prohibido, estoy segura que tratándose de ti puedes hacer algo...Gracias, te debo una. El nombre de la acusada era Kinomoto Sakura… En cualquier caso, haz algo.
Nunca antes le habían puesto tantas pegas desde fiscalía para obtener información sobre un caso. Cuando abrió la puerta del coche, vio la tarjeta de Kero, el periodista freelance. Fue entonces que supo cual era una de las fuentes de Shaoran en la investigación.
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Para canalizar el cabreo que tenía en aquel momento desde que Sakura había vuelto a cruzarse en su vida, Yamazaki tiraba dardos al póster de promoción en el que aparecía su novia.
–Por tu culpa he tenido que desviar 500 millones de yenes. –decía Yamazaki tras acertar en plena nariz y seguirle un lanzamiento al ojo. –Cuando acabe todo esto, ten por seguro que voy a sacar partido de ese dinero.
Entonces le sonó el teléfono.
–Hola, Kinomoto Sakura me está chantajeando, pero creo que no hablará si le pago. –dijo Yamazaki a su confidente. –En cuanto a la policía, cuento contigo.
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Cuando Shaoran fue al día siguiente a llevar a Ruby Moon al salón, Meiling le cortaba las uñas a un caniche mientras que Sakura ya estaba acicalando a un pomodoro que estaba extremadamente relajado con la delicadeza con la que Sakura lo estaba tratando. Esa comunión entre el perro y Sakura se rompió cuando la llamó Tomoyo desde afuera.
–¡Sakura, ha llegado Shaoran! –exclamó Tomoyo. Al oír su nombre, Sakura tiró un bote de producto que tenía a su lado.
–¿Estás bien, Sakura? –preguntó Meiling al percatarse de la torpeza de su compañera.
–Lo siento, Meiling. Oye, ¿puedes salir por mí?
–Ahora no puedo. Sabes lo difícil que es que estén tranquilos para cortarles las uñas. –dijo Meiling.
–Sakura. No está bien hacer esperar a la gente. –dijo Tomoyo entrando. –Sal de una vez. Yo sostendré a nuestro amigo mientras tanto.
Sakura no pudo hacer otra cosa que salir.
–Siento llegar tarde. –dijo Shaoran pasándole a Ruby Moon.
–No te preocupes. ¿A qué hora la recogerás? –preguntó Sakura.
–No estoy seguro.
–Entonces, llámame cuando termines de trabajar. –dijo Sakura tímidamente sin querer mirar a Shaoran a los ojos. Temía que si lo miraba le viniera a la mente lo que ocurrió en el puerto.
–Siento pedirte esto pero, ¿podrías llevarla a mi casa cuando termines de trabajar? –le pidió Shaoran sacando las llaves de su apartamento.
–Te esperaré aquí. –se negó Sakura.
–Creo que no llegaré hasta mañana. –dijo Shaoran extendiéndole las llaves. Sakura cogió las llaves sin poder negarse. –Gracias.
A Sakura le descolocó aquella acción. ¿Tanta confianza le tenía para darle las llaves de su propio apartamento? Quizás no estuviera enfadado con ella.
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El tamaño y el lujo de la sala de reuniones en las que los ejecutivos solían reunirse evidenciaban el prestigio e importancia de Cyber Roads, aunque en ese momento, sólo estuvieran presentes tres de los accionistas. Se habían reunido en secreto y con urgencia cuando el director financiero detectó que en el capital de la empresa había 500 millones de yenes menos, pero no habían hecho partícipe al presidente porque tenían fundadas sospechas de que había sido él quien había desviado los fondos a su cuenta personal.
–Si perdemos dinero a este ritmo, de un día para otro, será el fin de Cyber Roads. –dijo uno de los ejecutivos.
–¿Qué podemos hacer? –preguntó otro de ellos.
–No nos queda otra que enfrentarlo.
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Mientras la reunión secreta tenía lugar, Yamazaki llamó a su abuela por videoconferencia.
–Hola abuela, ¿cómo estás? –le preguntó Yamazaki viéndola en la pantalla del ordenador.
–Me sorprende que llames. Pensaba que te ibas a París. –dijo su abuela.
–He tenido que posponer mi viaje. –le explicó Yamazaki.
–Vaya, es una lástima. –lamentó la anciana.
–Mañana te llamo, abuela. –dijo Yamazaki al ver a Tanaka Eiji entrar a su despacho.
–Presidente, hemos recibido este paquete para ti. –dijo Eiji.
–Déjalo por ahí. –dijo Yamazaki. Eiji dejó el paquete en la mesilla que estaba en la zona de los sofás. –Creo que para mañana ya estará todo listo.
–Me alegro de oírlo.
–Sí, así que, me iré de viaje pasado mañana. Resérvame dos billetes. En primera clase, por supuesto. –le ordenó Yamazaki.
–Señor, debería ser más cuidadoso con sus actos. La empresa está intentando recortar gastos superfluos. Creo que ir en primera clase ahora mismo no es lo adecuado.
–Soy el presidente, ¿no? Así que haz lo que te digo.
–Entendido. –dijo Eiji sumiso. No merecía la pena ponerse a discutir por algo que ya no tenía remedio. Estaba seguro que la presidencia de Yamazaki pendía de un hilo.
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Al igual que el día anterior, Shaoran se plantó en la entrada de la Simons Tower, el edificio donde Cyber Road tenía su sede para esperar que Yamazaki hiciera acto de presencia.
–No creo que salga. –dijo Kero llegando hacia donde estaba Shaoran. El rubio iba con su ropa habitual mientras comía unos onigiris.
–¿Por qué estás aquí? –preguntó el detective.
–¿No lo sabes? Yamazaki está obteniendo mucha atención estos días. –explicó Kero mostrándole la portada de un periódico que había extraído de su bandolera señalando a la persona de la portada. –Este tío es una estrella y es el mejor amigo de Yamazaki.
–¿Y?
–Ya habían rumores antes de su arresto. Se dice que hay alguien mucho más importante detrás de todo esto. Cualquiera que piense un poco pensaría que es Yamazaki o su novia. Así que, parece que se han metido en un buen lío. Pero se rumorea que tienen una gran habilidad para desaparecer. –dijo Kero.
–¿Quién es la novia de Yamazaki? –preguntó Shaoran.
–No puedo decirte eso. Es demasiada información gratis. –dijo Kero riendo. Shaoran le devolvió el periódico y se volvió para no seguir aguantando a Kero. –Está bien, Shaoran. Te lo diré. Es Mihara Chiharu. –dijo con morbo.
–¿Quién es?
–¿No la conoces? ¿Pero en qué mundo vives? Eso te pasa por ser un marginado de la sociedad. Mira esto. –dijo Kero sacando una revista donde salía una joven castaña posando para una revista. A Shaoran le pareció una esclava de la moda. –Es toda una estrella que está en todo su esplendor. Es una famosa idol. La típica novia con pinta de muñequita de un tipo rico. Pero nunca se sabe cuándo la desgracia va a caer sobre ti.
Mientras Kero le contaba todo eso, Shaoran miró en las páginas interiores, donde Mihara posaba con su perra Silk.
–Un perro. –musitó Shaoran. Entonces se dio la vuelta para irse.
–¡Eh, espera!¡No te lleves la revista!¡Es mía! –exclamó Kero siguiendo a Shaoran.
En otra zona de la calle, Kaito había estado vigilando a Shaoran desde un coche.
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Sakura fue de visita a la residencia de lujo para hacer compañía a la señora Yamazaki. O eso es lo que le hizo creer. Nada más lejos de la realidad. Sus verdaderas intenciones era continuar con su particular venganza contra Yamazaki Takashi.
–Siento causarle problemas. –se disculpó Sakura mientras tomaban un té. Le había contado que una amiga suya estaba siendo acosada y estaba de los nervios. Por eso, Sakura se disculpó, al pensar que la estaba agobiando con sus problemas.
–¿Está tu amiga más tranquila? –le preguntó la anciana.
–Sí, está un poco mejor. Pero cuando se trata de extraños, no se fía demasiado. –dijo Sakura, sin que la anciana sospechara de que se trataba de la novia de su nieto.
–Bueno, es normal cuando estás en el punto de mira de un acosador. Lo siento mucho por ella. –dijo la señora Yamazaki. Tras decir eso, pareció acordarse de algo y se levantó con la ayuda de su bastón y se dirigió al mueble de la tele, donde había una cesta con fruta. –Mi nieto me ha regalado esta cesta con frutas. ¿Por qué no se la das a tu amiga?
–Tienes un nieto muy bueno. –dijo Sakura.
–La verdad es que sí.
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Kaho tomaba notas en una agenda mientras hablaba por teléfono desde la sala de reuniones de la comisaría.
–Sí. Entonces, ¿el abogado Matsunaga Seiichi se suicidó? Entiendo. Gracias. –una vez que colgó, releyó las notas que había tomado. En ellas ponía que Terada Yoshiyuki había muerto en septiembre, Suganuma Toshiya en octubre y Matsunaga también en octubre. Todos ese mismo año y todos por suicidio, lo cual era cuanto menos, curioso. Tanto, que ni ella misma se lo creía. Por eso salió de la sala de reuniones y fue directamente hacia el ordenador de Kaito, aunque sus "lameculos" estuvieran por allí.
–¿Ya estás utilizando el ordenador de Kaito sin permiso otra vez? –preguntó Takabe.
–¿Y qué quieres que haga si sólo puedo mirar ciertas cosas desde el servidor? –pero cundo Kaho metió la contraseña, no funcionó. –¿Alguien sabe la nueva contraseña?
–¿Te crees que nos la iba a decir? –preguntó Takabe con ironía. –De hecho, tú eres la única que utiliza ese ordenador.
–Mitzuki. –dijo Ryo acercándose demasiado a Kaho. –¿No estás actuando demasiado por tu cuenta? ¿Qué estáis investigando de forma tan secreta?
Pero Kaho dejó el ordenador como algo imposible y se marchó sin contestar.
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Una vez que Shaoran supo quién era la novia de Yamazaki no fue difícil averiguar dónde vivía. Por ello, se dirigió al bloque de apartamentos en el que residía y habló con el portero. Éste le dijo que hacía varios días que no veía a Mihara Chiharu, cuando era común verla cada día. De hecho, solía pasear al perro todos los días.
Mientras se marchaba, Kaho lo llamó por teléfono.
–He conseguido los informes del juicio de Kinomoto. He comprobado quiénes eran los testigos y he encontrado muchas cosas. –le dijo Kaho.
–Bien, nos vemos en el bar de Yue.
Continuará…
Notas de autora: tan sólo quería agradecer a Mafalda y a carmennj el haber dedicado unos minutos a dejarme sus amables comentarios. Me alegro mucho de que os esté gustando. Todavía tienen que pasar muchas cosas que espero que os sorprendan. Un abrazo.
