Capítulo 10. Castigar al verdadero criminal (2ª parte).
Cuando cerraron Mon Ange, Sakura se debatía entre ir o no al apartamento de Shaoran mientras miraba la llave que él mismo le había prestado.
–Sakura. –dijo Meiling mientras limpiaba las jaulas. Sakura estaba tan ensimismada con la llave que se sobresaltó tanto que hasta volcó un cubo de basura.
–Lo siento. –agachándose para recoger toda la basura que había caído al suelo.
–Déjalo, ya lo recojo yo. Tú ve a casa de Shaoran. –se ofreció Meiling.
–Todavía es pronto.
–¿No crees que estaría bien que lo esperaras allí mientras le preparas una rica cena? –sugirió Meiling. –Sería la oportunidad perfecta para tomar la iniciativa en vuestra relación.
–Sólo voy a llevar a Ruby Moon. No te hagas ideas raras. –dijo Sakura.
–Insisto, ¿qué pasa entre vosotros? –preguntó Meiling. –No se le da las llaves de casa así como así a alguien, a menos que quiera verte. A ti te gusta Shaoran, estoy segura.
–Ese tipo de sentimientos no tienen nada que ver conmigo. –dijo Sakura sonriendo para restar importancia a la charla.
–¿Lo dices por tu pasado? –Sakura asintió con la cabeza. –Pues creo que te equivocas. No hay nadie que no tenga nada en su pasado que preferiría que nadie supiera. Incluso yo.
Meiling se apartó la muñequera que siempre llevaba. Siempre llevaba colores diferentes, pero ocultaban lo peor de su pasado. Sakura vio unas marcas que evidenciaban que Meiling también lo había pasado muy mal en alguna etapa de su vida, hasta el punto de haber intentado atajar la situación de la manera más drástica.
–Meiling. –dijo Sakura sorprendida.
–Ante cualquier contrariedad, me frustraba tanto que me autolesionaba cortándome en las muñecas. No dejaba de pensar que no tenía nada por lo que vivir. Pero cuando llegué aquí y os conocí a Tomoyo y a ti, me di cuenta que podía tener un estilo de vida diferente al que tenía hasta entonces. Conoceros a vosotras me cambió la vida. Por eso no quiero que dudes por tu pasado.
–Aún así…–comenzó a decir Sakura con duda.
–Sakura, de la forma que eres ahora, reúnes todos los requisitos para enamorarte. –la cortó Meiling para que dejara atrás sus dudas. Sakura le sonrió con agradecimiento. –Así que, ya cierro yo. Tú ve directamente al apartamento de Shaoran.
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–Aquí tienes. –dijo Kaho pasándole los informes a Shaoran. –Los testigos Terada y Suganuma, y lo que es más, el abogado defensor de Sakura, Matsunaga, se han suicidado en menos de dos meses. Eso no puede ser accidental, ¿no crees?
–Normalmente sería imposible. –dijo Shaoran mientras revisaba el informe. Con esa documentación, Shaoran estaba confirmando lo que ya sabía, pero necesitaba los informes del juicio que la fiscalía le negó para corroborarlo. Gracias a los contactos de Kaho, pudo obtener la información.
–Ahora entiendo que intentaras entrar al despacho de Yamazaki. Es el tercer testigo. –dijo Kaho.
–Sí. –dijo Shaoran sin quitarle ojo al informe.
–Puede ser que Wei haya desaparecido por este caso. –dijo Kaho.
–Eso parece.
–¿Y sabiendo esto, por qué has dejado a Kinomoto campar a sus anchas? Wei podría ser su próximo objetivo. –le regaño Kaho.
–¿Wei? –intervino Yue, que había estado en silencio hasta entonces.
–Cuando se trata de familiares, tus ojos se nublan, ¿verdad? –dijo Kero haciendo aparición y haciendo alusión al parentesco de Wei y Yue. Wei y Yue eran tío y sobrino.
–¿Qué haces aquí? –preguntó Yue al ver entrar a Kero.
–Me gusta tu melena. –dijo Kero con la guasa que le caracterizaba. –Lo cierto es que no puedo rechazar una invitación cuando la belleza de la Primera División de Investigación de la PMT me llama.
–Seguiste el caso de Kinomoto Sakura hace quince años, ¿verdad? –preguntó casi afirmando Kaho, haciendo caso omiso a sus salidas de tono. –De cualquier modo, no puedo dejar que te impliques en esta historia otra vez.
–Vaya, pero si son como mis notas corregidas. –dijo Kero al ver el informe. Entonces cogió una botella de whisky de la barra sin permiso, pero Yue se la quitó. –¿No os parece raro que os dieran los informes después de que os dijeran que no os los darían?
–¿De qué estás hablando? –preguntó Kaho.
–Si encontráis algo nuevo, ¿no creéis que sería problemático? Por ejemplo, pruebas de cargos falsos. O incluso algo más que eso. Dime, Shaoran, ¿tú también lo has notado? Yo creo que sí, pero no lo quieres decir. Todo está escrito aquí. –dijo Kero sacando la nota de Wei que Shaoran mismo le pasó.
He hecho algo que para un policía no debería estar permitido. Aunque lo sienta, no puedo arrepentirme lo suficiente. Por eso, al menos creo que debería terminar con ello yo mismo. Wang Wei.
–Wei podría estar vengándose de parte de Kinomoto Sakura para compensarla por las falsas acusaciones. –dijo Kero. Lo que dijo el periodista llamó mucho la atención de Shaoran. No lo había visto desde ese enfoque, pero no era una teoría descabellada. La nota de Wei podría interpretarse así.
–¿Tú también crees que puede ser cierto? –le preguntó Kaho a su compañero, pero no contestó.
–Shaoran, ¿por qué no dices nada? –le urgió Yue. –¿De verdad crees que mi tío Wei podría hacer algo así?
–No sería descabellado. Después de todo, un investigador como Wei tiene la habilidad suficiente para hacer pasar un asesinato por un suicidio. –dijo Kero, reafirmando su teoría. Kero volvió a coger la botella, que Yue le volvió a quitar.
–Bueno, si averiguo algo más, me aseguraré de contároslo.
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Cuando Sakura salió de Mon Ange, fue todo el camino debatiéndose qué hacer: si dejar a Ruby Moon y marcharse, o hacer caso a Meiling. Cuando Sakura llegó al edificio de Shaoran para dejar a Ruby Moon, decidió hacer caso a Meiling. Pero cuando entró, no esperaba que sus planes fueran a cambiar. El pequeño apartamento estaba hecho un desastre, pero no porque Shaoran fuera un desordenado, sino porque estaba claro que alguien había entrado allí.
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–Será mejor que trabajemos juntos de ahora en adelante. –le dijo Kaho a Shaoran al salir del bar.
–Sí. –admitió Shaoran sin poder postergar más su tozudez.
–¿Qué vas a hacer?
–Intentar hablar con Yamazaki. –dijo Shaoran.
–En ese caso, yo me pegaré a Kinomoto. –dijo Kaho. –No creo que sea tan inocente.
Justo cuando hablaban de ella, Shaoran recibió su llamada.
–¿Diga?
–Siento llamarte pero, estoy en tu apartamento y parece que alguien ha venido a desvalijarlo. ¿Qué hago? –le explicó Sakura. Mientras Sakura le explicaba lo que había ocurrido, el teléfono de Chiharu, que estaba en el bolso de Sakura, estaba recibiendo una llamada desde un teléfono público.
–No llames a la policía. No toques nada. Ya lo ordenaré yo. Voy en seguida. –dijo Shaoran.
–De acuerdo.
–¿Un ladrón? –preguntó Kaho al intuir lo que había pasado por la conversación.
–Eso parece. –dijo Shaoran. –Vuelve a casa.
–¿Hay alguien en tu apartamento? –preguntó Kaho extrañada. Después de todo, Shaoran vivía solo y no tenía familia.
–No.
–No me mientas. Deja de mantener el secreto. Esto puede perjudicar a la investigación. –dijo Kaho sin creerlo.
–Lo siento, ahora tengo que irme. –dijo Shaoran marchándose con prisa y evitando el tema. Kaho se quedó allí plantada, viendo como Shaoran se subía en un taxi.
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–Debe ser agotador estar confinado en un lugar como ese. Sal de allí. Yo me ocuparé de lo que pase a partir de ahora. Espero tu llamada. Adiós. –dijo Kaito hablando por teléfono de manera secreta en la cabina dedicada a fumar que había en esa planta de la comisaría. Cuando acabó la llamada, se puso un cigarro en la boca y encendió una cerilla, que miró con un sonrisa traviesa.
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Yamazaki estaba siendo obediente a Sakura y no había salido de su enorme despacho desde que se lo ordenó. Era una suerte que estuviera lleno de comodidades para hacer ese encierro más ameno. Para descargar tensión, Yamazaki se sentó en el banco de ejercicio y se puso a ejercitar los brazos abriéndolos y cerrándolos.
–¡Aahhh!¡Estoy exhausto! –dijo Yamazaki después de que sus brazos hayan soportado las pesas durante un tiempo. Entonces, vio el paquete que Eiji le había dejado encima de la mesa donde estaban los sofás. Casi lo había olvidado, así que, como no tenía nada mejor que hacer, abrió el paquete. Dentro, había un paquete más pequeño envuelto con papel rojo, extrañamente similar al sobre que contenía las fotos comprometedoras. –Ella otra vez.
Al desenvolver el papel, abrió la caja con precaución, pero sólo era una corbata. ¿Por qué le enviaría algo así? Él jamás usaba corbata.
–¿Se está riendo de mí? –dijo Yamazaki lanzando la corbata al suelo con rabia.
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Shaoran llegó a su apartamento en tiempo récord. Cuando llegó, Sakura estaba allí en pie sujetando en brazos a Ruby Moon para que el animal no husmeara por ahí.
–Lo siento. –se disculpó Shaoran mientras se descalzaba.
–No te preocupes.
Shaoran entró y echó un vistazo general, pero lo que a él le interesaba era toda la información que tenía recopilada del caso que investigaba. Tanto la información impresa como su ordenador portátil habían desaparecido.
–¿Dónde está la llave?
–La tengo yo.
–¿Se la has dejado a alguien antes de venir?
–No. Oye, ¿te ayudo a limpiar? –se ofreció Sakura mientras veía cómo Shaoran recogía cosas.
–No. Por hoy ya me has ayudado lo suficiente. –dijo Shaoran.
–Entonces, ¿prefieres que me lleve a Ruby Moon por esta noche? –preguntó Sakura.
–Me harías un gran favor si lo hicieras. –reconoció Shaoran.
–Sobre lo que ocurrió ayer, no quiero que me malinterpretes. Sé que sólo lo hiciste para animarme. –dijo Sakura refiriéndose al abrazo en el puerto, aunque Shaoran en realidad no lo sentía así. –Creo que las cosas están bien tal y como están. Bueno. Es hora de irme.
Sakura se marchó, dejando a Shaoran con su casa desvalijada. Parecía una ironía del destino, pero en ese momento, su apartamento parecía reflejar cómo se sentía Shaoran en aquel momento: un completo desastre.
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Kaito se ocultaba en un coche aparcado en la oscuridad mientras revisaba la documentación que había sacado del apartamento de Shaoran. Para alguien como él, fue muy sencillo allanar su casa.
Kaito comprobó que investigaba los casos de los recientes suicidios que habían tenido lugar en los últimos dos meses.
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Sakura volvió a Mon Ange para dejar a Ruby Moon. Evidentemente, con lo tarde que era ya no había nadie allí.
–Ruby Moon, hoy vas a quedarte aquí conmigo. –dijo Sakura a la perra. –Me pregunto si Shaoran está bien.
Después de acomodar a Ruby Moon, Sakura se acostó en el sofá y pasó allí la noche. Se había hecho demasiado tarde como para irse a casa y Mon Ange le quedaba más cerca. Cuando a la mañana siguiente despertó y fue a mirar su teléfono, vio el teléfono de Chiharu. Había estado tan distraída con Shaoran y Ruby Moon que se había olvidado por completo de su venganza. Al comprobar el teléfono, vio que tenía un mensaje de voz de la propia Chiharu.
–Sakura, voy a salir un poco. Estoy cansada de estar encerrada.
Al escuchar el mensaje de Chiharu, se dirigió inmediatamente hacia el lugar donde la había mantenido oculta. Lo que Sakura no sabía era que Kaho la había estado siguiendo desde que salió de Mon Ange. Cuando Sakura entró a la habitación del hotel, en efecto, no estaba. Lo primero que se le ocurrió fue preguntar en recepción.
–Disculpe, ¿sabe a dónde ha ido Miki, de la habitación 214?
–No. Sólo sé que ha salido hace un rato. –respondió la recepcionista. Entonces, Sakura también vio a través de los cristales de la entrada que Mitzuki Kaho esperaba fuera sin comprender qué hacía allí, pero pensó que no podía ser casual. ¿Acaso no podía ir peor? Primero Chiharu sale de su escondite y encima había sido seguida. Así que, Sakura volvió entrar en la habitación de Chiharu para pensar cómo podía proceder, cuando le sonó el teléfono.
–Chiharu, ¿dónde te has metido? –preguntó Sakura. –¿Qué? ¿Los medios de comunicación han dado contigo? De acuerdo. Luego te llamo.
Al final había pasado lo que habían intentado evitar. Pero pese a lo delicado de la situación, Sakura debía seguir con su plan, por lo que decidió ir a la residencia de ancianos en la que estaba la señora Yamazaki. Quizás no fuera tan malo que Chiharu hubiera salido de su escondite.
–Buenos días. –saludó Sakura. Pero la anciana parecía algo afligida mientras sostenía la foto en la que salía sonriente con su nieto. –¿Qué le pasa?¿Ha ocurrido algo?
–Ayer me llamó un periodista de una revista y me dijo que iban a detener a mi nieto por consumo y posesión de drogas. –dijo la mujer sin poder contener las lágrimas. –También me dijo que la empresa corría peligro. He estado tan preocupada que no he podido dormir nada.
–Pero no sabemos si eso es cierto. En cualquier caso, debe descansar. –dijo Sakura intentando tranquilizar a la pobre mujer. Sakura la ayudó a incorporarse para meterla en la cama. Mientras la anciana se acomodaba, Sakura sacó unas pastillas de su bolso y le puso una cápsula en la palma de la mano. –Cuando estoy preocupada me tomo una de estas pastillas y me ayuda muchísimo a relajarme y dormir. Le traeré agua.
–Gracias, Sakura.
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Yamazaki caminaba de un lado a otro dentro de su despacho. En la mesilla que había en la zona de los sofás seguía el papel rojo con el que había venido envuelta la corbata que había recibido. La espera de noticias lo estaba poniendo muy nervioso. Gracias a su arrogancia y poder nunca imaginó que alguien como Sakura llegaría a ponerlo en una situación como aquella. Estaba tan nervioso que hasta la uña de su pulgar había menguado considerablemente. Entonces, Tanaka Eiji entró.
–¡¿Qué pasa ahora?! ¡Dime lo que me tengas que decir y vete! –bramó Yamazaki furioso.
–Tengo que tratar algo contigo que no se puede postergar. –dijo Eiji con firmeza. En la reunión secreta que mantuvieron acordaron aquel momento para hablar con él y, cómo no, la responsabilidad recayó en él, su mano derecha.
–¿A qué viene esa actitud? –preguntó Yamazaki, extrañado por el comportamiento del ejecutivo. Ante él siempre se había mostrado dócil y obediente, y esta vez, había entrado con una seguridad impropia, o que al menos, él no le conocía.
–Te pedimos que dimitas. –dijo él pasándole unos documentos. –Tenemos pruebas de tu abuso de confianza. Has desviado 500 millones de yenes de la empresa a tu cuenta personal.
–¿De dónde has sacado esto? –preguntó Yamazaki nervioso. Ahora no sólo estaba acorralado por Sakura, sino también por su propia empresa. A pesar de haberle pedido discreción a su banquero.
–También he recibido pruebas de tu consumo de drogas. –añadió Eiji. –O renuncias voluntariamente, o te obligarán los miembros de la junta de accionistas que se reúne esta tarde de forma extraordinaria.
–¿Acaso no es suficiente con devolver el dinero? Lo devolveré. –dijo Yamazaki intentando enderezar su situación.
–No. Demasiado tarde. –dijo Eiji inflexible. –Ya he presentado las pruebas al representante del banco. En los próximos minutos, todas tus acciones serán embargadas.
Sin decir nada más, se marchó del despacho.
–¡Jamás te perdonaré esto! –exclamó Yamazaki con rabia.
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Cuando Shaoran llegó al edificio de Mihara Chiharu, los medios de comunicación estaban apostados en la puerta. Entre ellos, Kero.
–Oye, ¿por qué está aquí toda la prensa? –le preguntó Shaoran.
–Porque va a ocurrir algo interesante. Parece que va a haber revuelo en la empresa de su novio. –respondió Kero con su libreta en la mano y preparado para apuntar en cuanto se produjera movimiento.
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Kero tenía razón. Diversos medios esperaban noticias y algunos informaban en directo en la televisión.
–Los medios de comunicación hemos sido convocados por Mihara Chiharu. Se espera que la famosa idol salga a emitir un comunicado en los próximos minutos, lo que ha suscitado la atención de todo el mundo. No dejan de llegar periodistas. –informaba una reportera.
Sakura, desde la habitación de la señora Yamazaki, sonreía al saber de antemano lo que iba a pasar.
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Una vez que le pidieran la dimisión, Yamazaki intentó desesperadamente obtener la ayuda de diversos contactos, pero todos le dieron la espalda y le decían que era demasiado tarde, puesto que la televisión ya se había hecho eco de algo, lo cual extrañó al todavía presidente. Yamazaki encendió la televisión, donde salían las puertas del edificio de su novia.
–Mihara Chiharu acaba de salir. –decía una periodista. Los medios rodearon a Chiharu, que no había ni podido salir apenas del portal del edificio. –¿Por qué ha convocado a los medios?
–Estaba preocupada, pero no he podido mirar hacia otro lado. Así que seré honesta. Lo he visto. Yamazaki toma speed. –declaraba Chiharu. El rótulo en la pantalla no tardó en salir, ofreciendo el titular de que el presidente de la compañía Cyber Road consumía drogas.
Mientras los medios seguían entrevistando a su novia, su móvil sonó. A pesar de que en la pantalla ponía que era su novia, sabía que era Sakura, por lo que se afanó en responder.
–¿Qué quieres?
–Parece que la cosa se ha puesto fea, ¿no crees? –dijo Sakura.
–¿Por qué has hecho esto? Teníamos un trato. –le recriminó Yamazaki.
–¿Un trato? Yo sólo llevé a cabo mi parte. ¿Lo estás viendo? Tu novia es muy guapa. –dijo Sakura, dejando entrever que las declaraciones en los medios había sido cosa de Chiharu. Yamazaki apagó la televisión.
–¿Y qué me dices del dinero que me pediste para el rescate? –preguntó él.
–Quédatelo. No quiero dinero. Además, no deberías de haber metido la mano en las cuentas de la empresa. –dijo Sakura. –Si no me equivoco, pronto pedirán tu cabeza.
–¿Eso era lo que tramabas? –preguntó Yamazaki.
–Sí. –reconoció Sakura. –Jamás tuve intención de matar a Chiharu. Si mato a alguien, prefiero que sea alguien de tu familia.
–¿Qué quieres decir?
–Tu abuela, la que está en la residencia de mayores, está muy preocupada por tu situación. –dijo Sakura. –Es tu única familia, y la única que no te abandonaría con la que te está cayendo, a pesar del disgusto que le has dado. ¿Quieres verla?
Cuando le ofreció verla, Yamazaki se puso más en alerta si cabía. Entonces recordó que le regaló un ordenador a su abuela con el que hablaba de forma asidua con ella. En seguida abrió el programa y realizó la videollamada. Al conectar, vio a Sakura colgando el teléfono móvil delante de la pantalla del ordenador.
–Hola. –saludó Sakura. Entonces giró un poco la cámara para que la abuela de Yamazaki entrara en plano y la viera en la cama. –¿La ves? Está profundamente dormida. Le he tenido que dar un medicamento para calmar su ansiedad y que durmiera. Por tu culpa se ha pasado la noche en vela. Probablemente duerma durante unas veinte horas.
–¡¿Qué vas a hacerle a mi abuela?! –exclamó Yamazaki enfadado. Él tendría muchos defectos, pero adoraba a su abuela. A modo de respuesta, Sakura le mostró una jeringuilla.
–¿Ves esto? He puesto una dosis de la misma droga que tú pusiste en aquellos pastelitos. Si se la inyecto en el gotero, ¿qué crees que pasará?
–Detente. ¡Mi abuela no tiene nada que ver con esto!
Pero Sakura no hizo caso, se levantó y clavó la aguja en la parte superior del gotero, donde no había líquido, pero que si presionaba el botón de la jeringuilla, el contenido de la inyección se mezclaría con el líquido del gotero.
–Mataste a la mitad de mi familia por diversión. Terada y Suganuma me lo contaron todo. –dijo Sakura. –Así que, sólo voy a hacer justicia.
–¡No sé nada de eso! –dijo Yamazaki envalentonándose. –Tú eres la asesina.
–Quien robó el cianuro potásico del instituto y lo inyectó en los pastelitos fuiste tú. Lo tenías muy fácil al trabajar en la pastelería Tachibana después de clases. Le ordenaron a Suganuma que te vigilara. –dijo Sakura. Yamazaki volvió a morderse las uñas al ver a Sakura, que podría liberar el contenido de la inyección en cualquier momento.
–Me traicionaron. –dijo Yamazaki reconociendo las cosas. –De acuerdo. Es cierto que quien puso el veneno en los pastelitos fui yo, pero sólo cumplía órdenes. ¡Yo no quería hacerlo!
–¿Ah sí? ¿Y quién te lo ordenó? –preguntó Sakura. Pero Yamazaki se resistía a responder. –Dímelo o inyectaré el cianuro.
–Haz lo que quieras. Lo siento por mi abuela. Pero si digo su nombre, me cortarán en mil pedazos. –dijo Yamazaki con una entereza que pareció haber recuperado de repente.
–Lo que pensaba. –dijo Sakura volviendo a sentarse frente al ordenador. –Eres un bocazas estúpido.
–¿Qué quieres decir?
–Esta conversación está siendo grabada. Si la cuelgo en internet, imagina la de rumores que van a correr por ahí. Dirán que tú eres el asesino. Y si los medios se enteran de que el presidente de una famosa compañía tecnológica es un asesino, ¿crees que lo van a dejar correr? Buscarán desesperadamente al famoso criminal. Y tarde o temprano, descubrirán quién te dio la orden de hacer lo que hiciste.
–¡Por favor!¡Por favor!¡Te lo ruego!¡Dame otra oportunidad!¡Te pagaré 100 millones de yenes al mes!¡Te lo ruego, por favor! –Yamazaki jamás había suplicado así por nada, evidenciando el nivel de estrés y apuro que sentía en aquellos momentos. Sakura lo estaba llevando al límite.
–¿Todavía eres presidente? –preguntó Sakura. Con aquella simple pregunta, Yamazaki sabía que sus intentos desesperados por arreglar la situación no iban a surtir efecto. –Ya no tienes dinero, ni estatus, ni novia. Si hay algo que tienes ahora, es tu vida. Si pones un solo pie fuera de ese despacho, se volverá en un infierno, me aseguraré de ello.
–¡Por favor!¡Por favor!¡Te lo ruego! –dijo Yamazaki levantándose de allí, nervioso y asustado.
–Sentir placer por cometer un crimen es algo por lo que merece la pena morir. –dijo Sakura, recordándole que él tampoco tuvo piedad en el juicio que la condenó, al mentir en su testimonio con una prepotencia desmesurada. –Si quieres resarcirte, quítate la vida.
Yamazaki negaba con la cabeza tremendamente aterrorizado mientras Sakura sonreía maliciosamente.
–¿Recibiste la corbata que te envié de regalo? –preguntó Sakura. Yamazaki miró la corbata, que seguía en el suelo al haberla lanzado tras su arrebato. –Morir por un tormento terrible siendo el foco de atención, o morir en tu querido despacho presidencial. Te dejo elegir.
Yamazaki estaba paralizado. ¿Le estaba dando a elegir cómo morir? Pero Sakura se impacientaba.
–Si no te decides pronto, publicaré el vídeo. –apremió Sakura.
–Está bien. Se ha acabado de todas formas. –claudicó Yamazaki intentando asumir su propia muerte. Se mirase por donde se mirase, Sakura había ideado un plan tan perfecto que lo había puesto jaque. Yamazaki recogió la corbata del suelo y la miró durante unos segundos. ¿Quién le iba a decir que una corbata, que era una especie de símbolo de bonanza empresarial como la que había gozado sería la que le causara la muerte?
Yamazaki preparó la corbata en el banco de gimnasia a modo de horca.
–He perdido contra Kinomoto Sakura. –dijo Yamazaki antes de colgarse. A pesar de que él jamás había llevado corbata, murió con una puesta.
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–No tiene sentido que hablemos si no podéis conseguir una orden judicial para continuar con la investigación. Empezad a ganaros el sueldo. –reprendió Katokura Ryo a dos de los detectives más novatos del departamento.
–Sí, señor. –dijeron ambos detectives.
–Katokura, ven conmigo. –lo llamó Kaito. Ambos se encerraron en la sala de reuniones para hablar con más privacidad.
–Hay fundadas sospechas de que el detective Wang Wei es sospechoso de asesinato. –le contó Kaito.
–¿Wei? –preguntó Ryo sonriendo al pensar que eso sería un golpe definitivo para Shaoran.
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Una vez que Yamazaki murió al colgarse con la corbata en el banco de ejercicio de su despacho, Sakura se dirigió hasta la anciana y le quitó el gotero.
–Lo siento mucho, señora Yamazaki. –se disculpó Sakura mientras la anciana seguía durmiendo profundamente.
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Tras las declaraciones de Mihara Chiharu, Shaoran, al igual que muchos medios de comunicación, se dirigió hacia el edificio donde la compañía Cyber Road tenía su sede. Evidentemente, el foco de atención se había desplazado de Mihara hacia Yamazaki, por eso parecían salir periodistas de todas partes.
De repente, Kero salió del edificio y corrió hacia él.
–Shaoran, grandes noticias. Yamazaki se ha suicidado. –dijo el periodista. A pesar de la sorpresa que le produjo la noticia, en su fuero interno, Shaoran se preguntaba cómo se enteraba de todo casi en el acto, pero no tenía tiempo para pensar en eso. Justo en ese momento, llegaba un coche patrulla. Sin pensarlo dos veces, entró al edificio.
Dada la situación, esta vez, Tanaka Eiji sí lo dejó entrar a su despacho. Yamazaki estaba colgado del banco de ejercicios con una corbata.
–No había nadie en el despacho aparte de él. –dijo Eiji.
–¿No sospechas de nadie? –le preguntó otro detective al accionista.
–Su ordenador está infestado con un virus.
–Continuemos la conversación en tu despacho.
Mientras la policía salía con Eiji, Shaoran se fijó en el papel de regalo rojo que había sobre la mesa de los sofás. Se cubrió la mano con un pañuelo y lo cogió para observarlo. Al darle la vuelta, vio una pluma de cuervo grabada.
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Kaho iba por la calle siguiendo a Sakura a varios metros, cuando vio que Shaoran la llamaba por teléfono.
–¿Diga?
–Yamazaki se ha suicidado. –le informó Shaoran a las puertas de la Simons Tower.
–¿Qué?
–Sí. Su secretario asegura que estaba solo en su despacho. Dice la verdad. Lo hemos confirmado con la empresa de seguridad. ¿Dónde estás?
–Estoy siguiendo a Sakura. Va caminando a unos metros de mí. Ha estado un rato en una residencia de ancianos. –explicó Kaho.
–Es improbable que haya escapado algún intruso. Además, están todas las puertas llenas de periodistas desde las declaraciones de Mihara Chiharu a la prensa. –dijo Shaoran. Al terminar de decir eso, Shaoran vio en la acera de enfrente a Wei. Estaba allí plantado mirando hacia arriba. Tras echar el vistazo, levantó una mano para pedir un taxi, mientras que Shaoran echó a correr para alcanzarlo. –¡Wei!
Era evidente que había escuchado que alguien lo llamaba porque miró hacia el lugar del que procedía la voz, pero llegó el taxi y se montó.
–¿Wei está allí? –preguntó Kaho al haber escuchado cómo Shaoran había llamado a Wei. Pero la llamada se cortó en ese instante. Para cuando Kaho se dio cuenta, Sakura había desaparecido de su vista. Lo que ella no sabía, era que Sakura se había dado cuenta desde el principio de que estaba siendo vigilada por Kaho.
Esta vez, fue Sakura la que comenzó a seguir a Kaho, llegando hasta la Simons Tower donde Yamazaki tenía afincada su empresa.
–Policía. –dijo Kaho mostrando su placa para que los policías que vigilaban el cordón policial la dejaran pasar. Para sorpresa de Sakura, Kaho se reunió con Shaoran en la puerta del edificio. Al ver la placa puesta en el bolsillo de su chaqueta, a Sakura no sólo se le heló la sangre, sino que se sintió defraudada. Shaoran le había estado mintiendo todo el tiempo. No era ingeniero de sistemas como le hizo creer, sino un detective de la policía. Y Mitzuki Kaho también.
Como cada vez que actuaba, Sakura se dirigió al mirador. Siempre que culminaba una de sus venganzas, se sentía vacía, pero esta vez, fue especialmente doloroso al enterarse de que Shaoran no fue tan honesto como pretendió hacer ver y sin saber por qué, se sintió muy decepcionada.
Para ella, los momentos vividos con él fueron muy significativos: la noche que limpiaron las pintadas de la pared de Mon Ange, la noche que nacieron los cachorritos, la noche que estuvo en su casa cenando, o cuando la abrazó en el puerto. Sin darse cuenta, Shaoran se había metido en su mente y en su corazón, pero por lo visto él sólo había estado fingiendo.
Continuará...
