Capítulo 11. Amor y deber. Traumático enfrentamiento (1ª parte).

Tras haber saldado la cuenta pendiente que tenía con Yamazaki y haber estado un rato en el mirador, Sakura se dirigió hacia Mon Ange, pero el haberse enterado de que Shaoran era policía había minado su ánimo. Tanto, que incluso entró con desgana al salón canino. Tomoyo y Meiling se extrañaron de ver allí a Sakura.

–Sakura, ¿qué haces aquí en tu día libre? –preguntó Tomoyo.

–Sólo sentía que quería veros. Este es el único lugar en el que me siento bien. –dijo Sakura. Tomoyo y Meiling se miraron ante el extraño comportamiento de Sakura. –Ya casi es hora de cerrar, os ayudo con la limpieza.

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Tras el día de locos que habían vivido, Shaoran fue a la comisaría, donde lo esperaba Kaho.

–¿Has encontrado a Wei? –preguntó Kaho.

–No. ¿Y tú?

–No. Tampoco he encontrado testigos que lo vieran. ¿Estás seguro de que era él?

–Sin ninguna duda.

–¿Por qué siente que debe huir de nosotros? –preguntó Kaho.

–Ni idea.

–Por cierto, ¿has denunciado el robo en tu apartamento? –preguntó Kaho cambiando de tema mientras Shaoran encendía el ordenador de su mesa.

–No.

–¿No quieres saber quién entró en tu apartamento? –pero Shaoran no respondió. –Bueno allá tú. Cambiando de tema. Déjame ver todo lo que tengas de Sakura.

–No lo tengo.

–¿No crees que ya no tiene sentido que me lo ocultes?

–Todo el material de la investigación fue lo que robó el ladrón de mi apartamento. –explicó Shaoran. Kaho comenzó a entender por qué Shaoran no había denunciado. Eso podría poner más alerta a Kaito y les obligaría a decirle lo que sabían.

–¿Qué? ¿Por qué haría eso?

–Vosotros, venid conmigo. Tengo algo que deciros. –dijo Kaito haciendo aparición.

–Me están esperando para recoger el perro de Wei. Si no llamo, se quejarán. –dijo Shaoran como excusa, sobretodo porque hablar con Kaito era lo que menos le apetecía a Shaoran en ese momento. A decir verdad, nunca le apetecía. Sin haber visto nada, volvió a apagar el ordenador para marcharse.

–Wei se ha convertido en el principal sospechoso. –dijo Kaito antes de que Shaoran saliera, lo que hizo que se detuviera. Finalmente, los tres entraron en la sala de reuniones. A pesar de que no le apetecía ver a Kaito, éste parecía tener cierta información que a Shaoran le interesaba conocer. –Me imagino que estaréis al tanto de la muerte de Yamazaki Takashi, el presidente de la compañía tecnológica.

–¿Qué relación tiene eso con Wei? –preguntó Kaho.

–Después de la hora estimada de la muerte de Yamazaki, testigos afirman que han visto a alguien saliendo del edificio y que coincide con su descripción. –dijo Kaito, a pesar de que Kaho no encontró ningún testigo. Para dar peso a lo que estaba diciendo, Kaito sacó de un sobre unos papeles y se los pasó a Shaoran y a Kaho. Ahí se podía apreciar un registro con la cronología o agenda de Yamazaki Takashi. Todo era aparentemente normal hasta que llegó a ciertos días.

–¿Qué es esto? –preguntó Shaoran.

–Pone "posible proyecto de ejecución" en sus días libres. –dijo Kaho. –También lo pone para hoy.

–Sin duda, es el plan para asesinar a Yamazaki, donde se reflejan los posibles días en los que el asesino se ha planteado actuar. –dijo Kaito. –Lo hemos extraído del ordenador de Wei. La fecha de creación del documento es de una semana antes de su desaparición.

–Eso es ridículo. –dijo Shaoran resistiéndose a creer aquello.

–Me han comentado que vosotros también os habéis dejado caer por el lugar de la muerte de Yamazaki.

–Simplemente pasábamos por allí. Fue una casualidad. –dijo Shaoran sin creerse su propia mentira.

–¿Casualidad? ¿Me tomas por tonto? Estás investigando la desaparición de Wei y de repente apareces en el edificio de las oficinas de Yamazaki. A partir de mañana incrementaré el personal para buscar a Wei. Después de todo, se ha convertido en el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki.

–Espere, por favor. –le pidió Kaho. –Creo que deberíamos darle protección a Wei.

–Las pruebas se han vuelto en su contra. Eso no es posible. –argumentó Kaito. –Dime, Li. ¿Sabes cómo me siento por tener que buscar a Wei como sospechoso de asesinato? Mañana por la mañana tendremos una reunión sobre esta investigación. Será mejor que os vea la cara.

–Es tal y como dijo Kero. –dijo Kaho una vez que Kaito se marchó, recordando lo que les dijo en el bar de Yue.

Flashback.

Wei podría estar vengándose de parte de Kinomoto Sakura para compensarla por las falsas acusaciones. –dijo Kero.

Fin del flashback.

–Es cierto.

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–Sakura, ¿estás segura con cerrar tú? –preguntó Meiling.

–No os preocupéis. He venido porque he querido y me estoy ofreciendo voluntaria. –dijo Sakura.

–Pues gracias. –agradeció Meiling.

–Nos vemos mañana. –se despidió Tomoyo. Una vez que se marcharon, Sakura cogió en brazos a Ruby Moon y se sentó en el sofá.

–Ruby Moon, Shaoran sólo ha estado espiándome, ¿verdad? Por eso era tan amable conmigo, para acercarse a mí. –reflexionó Sakura dolida. Entonces escuchó que llamaban a la puerta y se sobresalto. Al ir hacia la puerta, vio que Shaoran estaba allí. Intentando aparentar serenidad, abrió la puerta y lo dejó pasar mientras iba a buscar las cosas de Ruby Moon. Una vez que recogió las cosas del animal, se lo pasó a Shaoran. –Nos vemos mañana, Ruby.

–¿Hoy también has tenido que trabajar? –preguntó Shaoran.

–No. Hoy era mi día libre, pero no tengo nada que hacer en casa, ni amigos que visitar o que me visiten. –dijo Sakura con sinceridad.

–Lo siento. Es hora de irme. –dijo Shaoran.

–Shaoran, ¿has cenado? –preguntó Sakura antes de que se marchara.

–Todavía no.

–Yo tampoco. Si quieres, podríamos ir a cenar juntos. –dijo Sakura.

–¿Qué? –preguntó Shaoran sin esperar la propuesta.

–Me gustaría cenar algo rico. Además, también me gustaría hablar contigo.

–Claro. Como quieras. –accedió Shaoran.

–Perfecto. Ve saliendo, yo voy a cerrar. –dijo Sakura.

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Como Kero vivía en una chabola y de vez en cuando ayudaba a otros indigentes siempre que podía, se había ganado el favor de muchos de ellos. A cambio, ellos también le proporcionaban cierta información cuando se enteraban de algo o le hacían favores. De esa forma podía estar al tanto de hechos que ocurrían en los bajos fondos de Tokio. Esa noche se había presentado una de esas ocasiones.

–¿Dónde está? –le preguntó Kero a un indigente. El indigente se limitó a señalar. Kero lo vio allí acostado mientras dormía. Preparó su pequeña cámara digital y cuando llegó, le quitó el sombrero suavemente para poder obtener la prueba de su hallazgo. –Te he encontrado, Wei.

El sonido de la cámara y la luz del flash despertó a Wei.

–Kero. –una vez que se espabiló, Wei se levantó y echó a correr.

–¡Espera, Wei!¡¿Por qué huyes?! –preguntó Kero mientras seguía haciendo fotos de la huída.

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Ante la propuesta de ir a cenar, y habiéndole prometido que en la próxima ocasión no se limitarían a cenar fideos instantáneos, Shaoran llevó a Sakura al bar de Yue.

–¿Qué vais a tomar? –preguntó Yue.

–Algo decente para cenar. Omurice o algo así. –contestó Shaoran.

–No me esperaba que un bar como este sirviera menús tan familiares. –dijo Sakura.

–Yue cocina muy bien, y el omurice en particular le sale muy bien. –dijo Shaoran.

–A pesar de su seria apariencia seguro que se alegra de que alabes sus cualidades culinarias. –dijo Sakura.

–¿Qué quieres de beber?¿Cerveza? –preguntó Shaoran.

–Lo cierto es que nunca he bebido alcohol. –confesó Sakura. –He estado en prisión desde que tenía 19 años y estaba terminantemente prohibido. De hecho esta es la primera vez que vengo a un sitio como este. Me causó mucha sorpresa cuando salí de la cárcel. Tanto la ciudad como la gente parecía haber cambiado. La prisión es un lugar en el que se detiene el tiempo, mientras que afuera todo fluye.

–Tomad un aperitivo mientras esperáis. –dijo Yue sirviendo unos frutos secos.

–Pero por mí no te cortes. Toma una copa. –dijo Sakura, que no parecía que Shaoran estuviera dispuesto a pedir nada.

–No. Lo he dejado. –dijo Shaoran un poco incómodo.

–¿En serio? –preguntó Sakura sorprendida.

–Sí. Hubo un tiempo en el que empecé a depender un poco del alcohol. Era una forma de desviar mi atención de mi propio crimen. –confesó Shaoran volviendo a recordar la mirada desesperada de Yukito y la sádica risa de Mizoguchi Takeshi.

Lo que Sakura no se imaginaba es que incluso Shaoran tuviera sus propios demonios por haber cometido un crimen.

–Shaoran no es el responsable de la muerte de Yukito. –intervino Yue mientras le ponía un vaso de agua al castaño. –Shaoran, no uses la palabra crimen para aplicártelo.

–Es como si yo lo hubiera matado. –dijo Shaoran.

–Un asesino no entendería ni el dolor ni la pena de la familia o los amigos de la persona a la que mata. –dijo Yue antes de volver a la cocina.

Sakura se preguntó si eso se le aplicaba a ella. Después de todo, ella hacía lo que hacía porque fue víctima de un asesino que de verdad, no entendía ni el dolor ni la pena. ¿Estaba ella causando también el mismo dolor? No lo sabía, pero sólo intentaba hacer justicia. La justicia que ella no tuvo.

–¿De qué querías hablar? –preguntó Shaoran interrumpiendo sus pensamientos.

–Ya hablaremos de eso más tarde. Disculpa un momento. –dijo Sakura yendo al baño. Una vez que terminaron de cenar, Sakura y Shaoran fueron caminando tranquilamente hacia el salón canino, donde habían dejado a Ruby Moon.

–Shaoran, ¿por qué crees que entré en prisión? –preguntó Sakura deteniendo la marcha.

–No lo sé. –respondió Shaoran.

–Fue por asesinato. –respondió Sakura sin avergonzarse por ello. Había descubierto que Shaoran era detective e intuía que la había investigado. Para esas alturas, seguro que sabía todo o casi todo, pero aún así prefirió confesarlo. Shaoran no esperaba que le confesara aquello. Normalmente es algo que cualquiera evitaría u ocultaría. –Me condenaron por matar a dos familiares. Pero en realidad no los maté. No guardo rencor a mi familia. Ni siquiera tenía un motivo para matarlos.

–Entonces, ¿por qué te incriminaron? –preguntó él, que tampoco se explicaba por qué la acusaron a ella, aunque todavía no sabía si era cierto que no fue ella.

–No lo sé.

–¿Por qué me cuentas esto?

–Porque creo que tú me creerías. –dijo Sakura. Shaoran no sabía qué decir, y ella notó la incomodidad del policía. –Lo siento. Es un tema extraño para hablar.

–No. –dijo Shaoran intentando mostrarse comprensivo.

–Shaoran, no parecías muy sorprendido cuando te lo he contado. ¿Acaso ya lo sabías? –preguntó con suspicacia.

–No. –respondió Shaoran intentando mantener la compostura. Pero Sakura percibió que Shaoran estaba un poco nervioso y sonrió.

–¿De verdad? Muy bien. Toma la llave de tu apartamento. Olvidé devolvértela el otro día. –dijo Sakura zanjando el tema de forma radical.

–Quédatela. –dijo Shaoran.

–¿Por qué?

–Seguramente tenga que trabajar algunas noches. –respondió Shaoran.

–¿De verdad confías en mí? –preguntó Sakura.

–¿Acaso no puedo?

–No entiendes nada. –musitó Sakura, que aún seguía dolida por haberle mentido. Le había dado una gran oportunidad para que le contara la verdad, pero Shaoran seguía sin confesarle su verdadera profesión.

–¿Qué?

–Nada. Disculpa. –dijo Sakura adelantándose hacia Mon Ange.

Para Shaoran había sido una conversación muy tensa e incómoda. Nunca había visto a Sakura con esa actitud. Se había sentido como si lo hubiera puesto a prueba.

De lo que ninguno de los dos se había dado cuenta era de que alguien con botas de estilo militar los observaba desde la oscuridad de la noche.

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Tal y como dijo Kaito, al día siguiente a las nueve de la mañana tuvo lugar una reunión de la Primera División de Investigación de la PMT. A pesar de que ni Shaoran ni Kaho disfrutaban con la sola presencia de Kaito, no tuvieron más remedio que asistir para conocer las decisiones que había tomado Kaito con respecto a la desaparición de Wei.

–Como algunos ya sabéis, el detective Wang Wei se ha convertido en el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki Takashi, el presidente de la tecnológica Cyber Road. –puso al tanto Kaito. Tras ponerlos en antecedentes, dio la palabra a Katokura Ryo, que estaba frente a una pizarra blanca donde venían las principales pesquisas recabadas hasta el momento. En una mitad de la pizarra venía información y fotos de Yamazaki, mientras que en la otra mitad la información era de Wei. Aparecían datos como por ejemplo, la fecha y hora de la desaparición, así como fechas con testimonios en los que Wei había sido visto.

–Justo después de la muerte de Yamazaki, un sospechoso que coincide con la descripción de Wei fue visto huyendo del edificio de la escena del crimen. Esta información ha sido confirmada por testigos al enseñarles fotografías de Wei. Y además, tenemos pruebas incriminatorias que el mismo Wei guardaba en su ordenador. –explicó Ryo. –Después de su desaparición, acudió varias veces a la empresa de Yamazaki.

–Wei ha liado una buena. –comentó Takabe.

–Además, aceptaba sobornos del crimen organizado. –añadió Ryo.

–Escuchad. Esto supone un escándalo para nuestro departamento. Así que, quiero que encontréis a Wei antes de que se filtre nada para poder poner fin a todo esto. –ordenó Kaito. –Haced lo que tengáis que hacer para ello.

–Takabe y yo comprobaremos los testimonios de los conocidos de Yamazaki. Mitzuki y Fuji haced una visita a la mujer de Wei en el hospital. –ordenó Ryo.

–En este caso, Shaoran y yo estamos trabajando juntos, así que iré con él. –dijo Mitzuki.

–En marcha. –dijo Ryo sin querer entrar al hecho de que le hubieran cuestionado una orden.

Shaoran no había abierto la boca durante toda la reunión, pero no le gustaba nada el tratamiento que le estaba dando Kaito al asunto de Wei. Por eso, cuando acabó la reunión y todos se disponían a seguir con su trabajo, Shaoran no pudo evitar echarle una de esas miradas fulminantes a Kaito mientras este volvía a su asiento.

–¿Qué pasa? –preguntó Kaito ante el poco disimulo de Shaoran.

–Nada.

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En un puente peatonal, Sakura ojeaba un artículo periodístico de Kero de hacía quince años que había rescatado convenientemente. Aquel artículo había contribuido a su caída en desgracia. En él, aparecía ella, aunque con sus ojos censurados, como si eso fuera suficiente para mantener el anonimato. En la foto también aparecían recipientes de cianuro potásico.

–Cuántas mentiras. –musitó Sakura. Después sacó su teléfono móvil y miró el contacto del autor del artículo, planteándose cuándo sería el mejor momento para llamarlo.

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–Tenemos que ser nosotros quienes encontremos a Wei primero para esclarecer los verdaderos hechos. –dijo Shaoran todavía en el coche, que habían estacionado frente al hospital en el que estaba ingresada la esposa de Wei.

–¿Sospechas de Wei? –preguntó Kaho.

–Simplemente no acabo de verlo todo claro. –respondió Shaoran, que conociendo a Wei como lo conocía tenía sus dudas sobre el cariz que estaba tomando la investigación.

–Es cierto. ¿Por qué desaparecería?¿De qué forma está involucrado con las personas del caso de los pastelitos de hace quince años? ¿Por qué se han suicidado uno tras otro? ¿Por qué han robado la información que recabaste en tu investigación? –se preguntó Kaho. –Son muchos misterios.

–De lo que no hay duda es que Wei tiene las claves en al menos uno de esos casos. Por eso tenemos que hablar con él antes que nadie. –dijo Shaoran.

–Si Wei está involucrado, sólo puedo pensar que Sakura lo ha estado extorsionando para que coopere con ella. –dijo Kaho.

–¿Crees que es cómplice?

–Sólo digo que si es así, todo encaja. –respondió Kaho. –Sakura no parece que esté al margen del caso, aunque puede que no haga ningún movimiento durante un tiempo. De todos los que están involucrados o están al tanto de alguna manera con el caso, sólo él queda con vida. No, me equivoco. En realidad hay otra persona más. Puede que haya alguien más a quien le guarde rencor. Alguien de quien le gustaría deshacerse.

–¿Quién?

–Kero, el periodista.

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Debido a la conclusión que había sacado, Kaho decidió quedar con Kero para advertirle del peligro, ya que podría ser la próxima víctima de Sakura.

–¡Kaho! –lo llamó Kero desde lejos haciendo una pose ridícula. Kaho apartó la mirada por la vergüenza ajena que sentía. Para Kaho era una lástima que el talento que tenía Kero para obtener información para ejercer su profesión quedara empañado por el hecho de que le gustara hacer tanto el tonto. –Siento la tardanza. ¿Dónde está Shaoran? ¿No será que querías tener una cita a solas conmigo?

–Deja de decir estupideces por una vez. –le advirtió Kaho. –Me imagino que sabes que todas las personas involucradas en el caso de hace quince años se han ido suicidando sucesivamente.

–Por supuesto. También sé que el investigador Wang Wei se ha convertido en el principal sospechoso y que tu departamento ha empezado a tomarse en serio su desaparición. –confirmó Kero. ¿Cómo era posible que se hubiera enterado de eso? Al fin y al cabo, Kaito dejó bien claro que no quería que se filtrara la información. No obstante, mientras no se publicara no habría peligro. –En cualquier caso, ya no habrá más suicidios raros. Después de todo, ya no hay más objetivos.

–Claro que hay. Estás tú. –dijo Kaho.

–¿Yo?

–Tus artículos acorralaron a la familia Kinomoto, y por eso, Touya, el hermano mayor de Sakura se suicidó. –argumentó Kaho. –Así que, lo natural es que para vengarse, tú seas su próximo objetivo.

Ante el razonamiento de Kaho Kero soltó una carcajada.

–Claro que no. Después de todo yo no hice nada malo. Yo sólo recopilé información preliminar y escribí artículos. Bueno, los adorné un poco –dijo Kero.

–¿No crees que esa puede ser la fuente de su resentimiento? –preguntó Kaho.

–Yo sólo di a los lectores lo que querían leer. Sólo hice mi trabajo. ¿Qué motivos tendría ella para ponerme en su punto de mira? –preguntó Kero.

–Por el momento, abstente de llamar la atención con tu comportamiento y deja de acudir a las escenas de los crímenes. –le aconsejó Kaho. –Si quieres estar seguro, podríamos protegerte.

–Si me estás pidiendo que me vaya a vivir a tu casa, lo haré. Si no es así, paso. –dijo Kero, sabiendo que Kaho nunca le ofrecería ir a vivir a su casa para brindarle protección.

–Sólo te estoy advirtiendo de que la probabilidad de que Sakura sea una amenaza para tu vida es alta.

–¿Eso crees? En cualquier caso, no estaría mal morir en sus manos. Así ya sabríais quién es la culpable.

–¿Es que todo te lo tomas a la ligera?

–Ante todo, soy periodista. Vivo para escribir artículos que no dejen indiferente a nadie. Y estoy dispuesto a morir por ello. –dijo Kero.

–¿Acaso no piensas en tu familia? Sería muy triste para ellos.

–¿Crees que tengo familia? –preguntó sonriendo como si eso fuera una ocurrencia sin sentido mientras se marchaba.

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Como otras veces en las que quería hablar en privado, Kaito se metió en el espacio reservado para fumadores dentro de la comisaría.

–Sí, ya puedes actuar. –dijo Kaito por teléfono. –No te preocupes. Yo estoy al mando aquí. Es gracias a mi influencia que estás libre. Por supuesto que no voy a traicionarte.

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A Sakura le gustó tanto el bar de Yue que se dejó caer allí para tomar un café, pero sobretodo, porque necesitaba saber más sobre Shaoran, y lo que le quedó claro era que Yue lo conocía bastante bien.

–Aquí tienes. –le sirvió Yue.

–Me dio la impresión de que Shaoran sufre mucho por lo que ocurrió hace un año. –dijo Sakura para entablar conversación con el barman. –Lo cierto es que siento curiosidad, pero no habla de ello. En realidad no habla mucho de sí mismo. ¿Es esa la persona a la que mataron?

Yue miró la foto a la que hacía referencia Sakura.

–Sí. Era mi mejor amigo. –explicó Yue. Después, Yue le contó por encima lo que había pasado con Yukito y Shaoran.

–Me cuesta creer que Shaoran huyera y abandonara a su pupilo mientras moría quemado. –dijo Sakura.

–No huyó, pero una vez que empezó a arder, ¿qué podía hacer él? Lo que también da asco es que aquel reportero escribiera aquella bazofia. –se lamentó Yue. –Él lo revolvió todo.

–¿Es eso cierto? ¿Quién era el reportero? –preguntó Sakura con curiosidad, aunque intuía la respuesta.

–Ese bastardo de Kero. –respondió Yue como si para pronunciar ese nombre tuviera que utilizar veneno, en lugar de saliva.

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Tras la conversación con Kaho, Kero se sentó en el sofá del "salón" al aire libre de la zona de indigentes en la que vivía y se puso a contemplar la foto de su hijo. Aunque no lo hiciera ver, el hecho de que Kaho hubiera nombrado a su familia lo había removido.

–Ya estás muy grande. –le habló a la foto. La foto parecía tener ya cierto tiempo. En ella aparecía un niño sonriente con el uniforme escolar sujetando la mano de alguien que presumiblemente era su madre y que había sido recortada.

Entonces le sonó su móvil, pero quien le llamaba lo hacía por número oculto.

–¿Diga?

–Soy yo.

–¿Kinomoto Sakura?

–¿Por qué hiciste algo así?

–¿El qué?

–Me he acercado a Li Shaoran y me he enterado de algunas cosas. –dijo Sakura mientras observaba a lo lejos el instituto al que asistía el hijo de Kero.

–No me importa. –dijo Kero, intuyendo que se refería a los artículos que publicó con lo que sucedió hacía un año con la muerte de Tsukishiro Yukito.

–Volveré a llamarte. –dijo Sakura mientras observaba cómo el hijo de Kero salía del instituto. Tras colgar, Sakura hizo unas fotos. Por su parte, Kero se acercó a su chabola.

–¿Has leído mi artículo? –preguntó Kero a la persona que había en el interior.

–Kero, ¿es cierto todo lo que dices aquí? –preguntó Wei, que había estado leyendo en el ordenador portátil del periodista.

–Todo es cierto. Sin exageraciones. –respondió Kero.

–¿Por qué investigaste esto?

–Porque rondaba por todas partes, obviamente.

–¡¿Sigues haciéndolo?! –gritó Wei enfadado.

–Claro que no. Mírate, actuando como una buena persona. Aunque cogieran a Sakura nosotros terminaríamos atrapados en el mismo agujero. ¿No crees? –dijo Kero. –Y tú, Wei, eres el peor de todos. Colaboraste en la fabricación de pruebas.

–Eso es cierto. –dijo Wei más calmado. Aunque aquello era cierto, su expresión reflejaba que no estaba demasiado orgulloso de ello.

–Wei, no tienes ninguna conexión con Sakura, ¿me equivoco?

–Jamás le echaría una mano para que asesinara a nadie. –dijo Wei.

–Tal y como pensaba. No hay duda de que Sakura es la que está manipulando las cosas, y no tú. Por eso no entiendo por qué desapareciste. Incluso dejaste una nota de suicidio.

–Para arreglar las cosas. –respondió Wei.

–¿Para arreglar las cosas? Pues la que has liado, amigo. La Primera División de Investigación te busca. Tus propios compañeros quieren atraparte. Eres el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki. –le informó Kero.

–¿Qué?

–Te han señalado. Será mejor que apresures las cosas y te marches rápido. Si no lo haces, podrían matarte. –dijo Kero.

–Lo sé.

–Si no quieres perder, no tienes elección, Wei.

Continuará…


Nota de autora: muchas gracias a las personas que dejan sus comentarios. Nos leemos en el próximo capítulo. Un saludo.