Capítulo 12. Amor y deber. Traumático enfrentamiento (2ª parte).
Mientras Shaoran esperaba a Kaho en el coche mientras ella hacía algunas preguntas a algunos ejecutivos de Cyber Road, alguien lo llamaba desde un teléfono público.
–¿Diga? –contestó Shaoran.
–Hola, Shaoran.
–¿Wei? ¿Dónde estás? –De inmediato, el castaño reconoció la voz de su mentor y a pesar de estar en el coche, miró por todas partes para ver si se escondía en alguna cabina cercana. Como el coche le quitaba visión, decidió bajar del automóvil, pero no había ni rastro de su maestro.
–Shaoran, necesito que me hagas un favor. Necesito que interfieras en la investigación de Kaito y los demás. Sólo necesito un poco más de tiempo para poder esclarecer las falsas acusaciones contra esa chica. –dijo Wei.
–¿Qué quieres decir, Wei? Explícamelo todo. –le pidió Shaoran.
–Cuando todo esto acabe ten por seguro que lo haré. Pero hasta entonces, haz que Kaito vaya en círculos para que no llegue a ninguna parte. –le pidió Wei, que colgó sin aclararle nada. Pero si hubo algo que le había quedado claro a Shaoran en su corta conversación era que el objetivo de Wei era demostrar los cargos falsos que se le atribuyeron a Sakura.
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El salón canino ya estaba cerrado, pero Sakura aprovechó para preparar el siguiente sobre rojo. Una vez que lo preparó, llamó a Kero, pero salía el buzón de voz. Pese a todo, decidió dejarle un mensaje.
–¿Me estás ignorando? Porque no soy tan tolerante. Así que iré a verte.
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Cuando Kaho llegó a la comisaría, el resto de detectives ponían a Kaito al tanto de los avances en la investigación sobre el paradero de Wei.
–La cámara de seguridad del pasillo de la oficina de Yamazaki muestra que Wei no entró en el despacho. Seguiremos comprobando el resto de cámaras de seguridad del edificio. En cuanto al ordenador de Yamazaki estaba lleno de virus y ha sido imposible analizarlo. –dijo Takabe consultando sus notas.
–¿Qué conclusiones sacas de esto? Al fin y al cabo, estaba al mando de una empresa tecnológica. –preguntó Katokura por el hecho de que el ordenador de alguien que se dedicaba a la tecnología estuviera lleno de virus.
–Sí. En teoría debería tener los mejores sistemas de seguridad en su software. –añadió Takabe.
–¿Y si se dedicaba a ver porno por internet? Y por vergüenza, introdujo un virus antes de suicidarse. –sugirió uno de los agentes al que no hicieron ni caso por lo absurdo de su teoría.
–Mitzuki, ¿alguna novedad de los ejecutivos? –preguntó Katokura.
–Nada en particular. No hubo testigos. –dijo ella.
–¿Y dónde está tu compañero? –volvió a preguntar refiriéndose a Shaoran.
–Vigilando. Kaito, permíteme revisar el ordenador de Wei. –le pidió al jefe de la división.
–Ya lo han revisado lo suficiente. –dijo Katokura.
–Para mí no ha sido suficiente. –dijo Kaho.
–Comprendo que quieras creer a Wei, pero los hechos son los que son. –intervino Kaito por primera vez.
–Sé que hay una mujer que le podía guardar tanto rencor a Yamazaki como para matarlo. Quiero investigar si existe algún tipo de conexión entre esa mujer y Wei. –dijo Kaho para convencerlo. Aquello alertó a Kaito, que supo que Kaho y Shaoran sabían más de lo que querían hacer ver.
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Tal y como le dijo por teléfono, Sakura se fue directamente a la zona de chabolas en las que sabía que malvivía Kero. Cuando llegó frente a la chabola del periodista, Sakura volvió a llamarlo por teléfono, pero le seguía saliendo el buzón de voz. Sakura decidió hablar en cuanto escuchó la señal.
–Qué extraño. ¿Por qué no estás aquí? Te dije que vendría a verte. Al menos deberías haberme recibido. No eres muy buen anfitrión. Además, he venido a dejarte un regalo. ¿Verdad que tienes un hijo maravilloso? Sería una pena que le pasara algo, cuando lo que tendría que hacer es crecer. No te perdonaré nunca.
Tras colgar, le dejó el sobre rojo en un lugar que lo pudiera ver nada más llegar.
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Cuando Shaoran llegó a Mon Ange para recoger a Ruby Moon ya estaba todo cerrado, por lo que intuyó que Sakura habría llevado a la perra a su apartamento.
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Tras haber ido a dejarle el "regalo" a Kero, volvió a Mon Ange, recogió a Ruby Moon y se fue con ella hacia el apartamento de Shaoran mientras daba un paseo lentamente.
Mientras lo hacía escuchó un ruido, como si alguien la siguiera. Preocupada por la mala sensación que le atravesó el cuerpo, cogió a Ruby Moon para marcharse de allí más rápido. En cuanto aceleró la marcha, para Sakura ya era evidente que alguien la seguía, por lo que aceleró el paso todavía más.
Al intentar huir, llegó a un callejón sin salida. Para cuando se dio cuenta, delante de ella había un encapuchado con una máscara de alienígena verde y unos pantalones y botas militares. Sin mediar palabra, forcejeó con ella y la empujó hasta tirarla con Ruby Moon en sus brazos. Ya en el suelo, Sakura soltó a Ruby Moon, de manera que pudiera defenderse mejor. Ruby Moon salió corriendo mientras Sakura se levantaba. Mientras tanto, el agresor empuñó una porra eléctrica que tenía escondida.
Ante una embestida del encapuchado, Sakura interpuso su bolso, pero en un nuevo intento, consiguió agarrarla y volver a tirarla al suelo. Sakura estaba completamente acorralada.
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Cuando Shaoran volvía a su apartamento desde Mon Ange, vio extrañado que Ruby Moon, todavía con su correa de paseo arrastrando, girara la esquina asustada corriendo a toda velocidad. El detective se agachó para recibir a la perrita, que ya estaba más que acostumbrada a la presencia del castaño y se detuvo junto a él como si intentara pedirle ayuda.
–Ruby Moon, ¿qué haces aquí? –le preguntó Shaoran. Entonces escuchó el grito desgarrador de Sakura.
–¡Suéltame! –gritó Sakura. Shaoran se incorporó de inmediato y fue corriendo hacia el lugar del que procedía la voz y por el que había visto venir a la mascota. Al girar la esquina, vio que un "alienígena" encapuchado tenía sometida a Sakura, amenazándola con una porra eléctrica.
–¡Eh, tú!¡¿Qué haces?! –preguntó Shaoran mientras corría hacia el "alienígena", que estaba a punto de golpear a Sakura. Al oír a Shaoran, se giró y pareció que al encapuchado le pareció mucho más interesante enfrentarse a Shaoran.
Ante la primera embestida del encapuchado, Shaoran lo esquivó y le dio una patada que lo tiró hacia unas rejas.
–¡Corre! –le gritó a Sakura. –¡Rápido!
Sakura, todavía con el susto en el cuerpo, se levantó con timidez, pero se encontraba demasiado bloqueada como para huir. Mientras tanto, el encapuchado se levantó y atacó a Shaoran con la porra eléctrica, que volvió a esquivar. Era evidente que Shaoran era un gran luchador, porque el agresor todavía no había conseguido golpear a Shaoran ni una sola vez. De hecho, incluso consiguió desarmarlo. Pero en una caída del "alienígena", consiguió agarrar la porra, seguido de Shaoran.
Sakura no sabía que había pasado, tan sólo escuchó el sonido eléctrico de la porra.
Fue entonces que el "alienígena" se zafó del cuerpo de Shaoran, que se agarraba en el costado con un dolor insoportable.
–¡Shaoran! –exclamó Sakura, consciente de que aquel malnacido había conseguido herir a Shaoran. El enmascarado se levantó y se dispuso a preparar la porra eléctrica de nuevo, pero por lo visto se quedó sin batería porque ya no se encendía. Entonces, tiró la inservible porra y le dio una patada en el mismo costado en el que Shaoran había recibido el correntazo de la porra, dejándole casi sin respiración. El agresor miró a Sakura y comenzó a dirigirse hacia ella.
–¡Para! –le pidió Shaoran casi sin aire y sin poder incorporarse por el dolor. –¡No te atrevas a ponerle ni un dedo encima!
Cuando estuvo justo delante de Sakura, el "alienígena" levantó la mano y le hizo el gesto de despedida. Para alivio de todos, se marchó sin más. Cuando el agresor se marchó, Sakura se agachó muy nerviosa junto a Shaoran, que seguía tendido en el suelo.
–Shaoran, llamaré a una ambulancia. –dijo Sakura buscando su móvil, pero Shaoran la agarró de la muñeca.
–No. Estoy bien. –dijo Shaoran sin voz.
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Cuando el enmascarado se alejó lo suficiente y llegó a otra calle aledaña, se quitó la capucha y la máscara verde. Había huido porque no estaba del todo seguro de que la castaña hubiera llamado a la policía mientras luchaba contra Shaoran, y el hecho de que la porra eléctrica le hubiera fallado podría haberle retrasado en el cumplimiento de su tarea. Fue una suerte que consiguiera darle de lleno a Shaoran con la porra, porque en la lucha cuerpo a cuerpo contra él no tenía la menor oportunidad de vencer.
–¡Ha sido muy divertido! –exclamó Mizoguchi Takeshi riendo como un poseso. Cogió su teléfono y comenzó a hablar riendo. –Lo siento, he fracasado. Pero no te enfades. No te preocupes. Lo conseguiré la próxima vez. Después de todo, lo tengo todo preparado para utilizar mi método favorito, Kaito.
Al decir eso, encendió una cerilla mientras seguía riendo como si fuera un enajenado.
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Mizoguchi lo había llamado para decirle que había fracasado en su misión, cosa que no le gustó nada. A Mizoguchi parecía que le divertía todo aquello y debía andarse con cuidado, porque aunque era la persona perfecta para llevar a cabo su misión al no tener reparos morales, no dejaba de ser un completo drogadicto al que sólo le importaba divertirse.
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Con un esfuerzo casi sobrehumano de Shaoran, y también de Sakura ayudándolo, debiendo coger también a Ruby Moon, consiguieron llegar al apartamento de Shaoran. Sakura ayudó a Shaoran a tenderse en la cama. Una vez que lo hizo, bajó la mirada avergonzada.
–¿A qué viene esa mirada? –preguntó Shaoran con debilidad al ver la cara mustia de la castaña.
–Es mi culpa. –dijo Sakura, a la que se le había olvidado por completo el hecho de que Shaoran la hubiera mentido con respecto a su profesión.
–¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño? –preguntó Shaoran preocupado, a pesar de que él se había llevado la peor parte.
–No te preocupes por mí. –dijo Sakura casi sin poder contener las lágrimas. –Fíjate cómo estás tú.
–Estoy bien. –susurró Shaoran restándole importancia a su estado, que evidenciaba que estaba realmente dolorido. –Sólo necesito un poco de tiempo para recuperarme.
–No tendrías que haberte arriesgado por mí. –dijo Sakura.
–Quédate esta noche. –le pidió Shaoran. Sakura no se esperaba aquella petición.
–¿Qué?
–No quiero que te vayas sola a casa.
–No te preocupes. Me iré una vez que te hayas dormido. –le dijo Sakura. Al decir eso, Shaoran hizo un esfuerzo por incorporarse. –¿Qué haces?
–Entonces te acompaño. –dijo Shaoran sin soltarse la mano del costado en el que había recibido la violencia de la porra eléctrica.
–¡No!¡Para! –dijo Sakura al ver que Shaoran estaba dispuesto a acompañarla a pesar de su lamentable estado. –¡Está bien, me quedaré, pero vuelve a acostarte en la cama e intenta dormir!
Shaoran le hizo caso y Sakura volvió a ayudarlo a acostarse en la cama.
–No te vayas. –le volvió a pedir Shaoran ya sin fuerzas.
–No me iré. –accedió Sakura.
–Me alegro de haberte ayudado. –se sinceró Shaoran. Tras decir eso, cerró los ojos y cayó rendido, mientras Sakura lo arropó y comenzó a velar su sueño. El hecho de que le hubiera mentido en cuanto a su profesión había quedado en un segundo plano en el momento en que salió en su defensa, por eso la tenía muy confundida.
Tras un rato, Shaoran comenzó a tener un sueño intranquilo. El castaño estaba sudando profusamente, seguramente por el efecto de la fiebre que había empezado a tener a consecuencia de las magulladuras.
Cuando Sakura fue a hacerle una caricia en la mejilla para intentar tranquilizar a Shaoran, se detuvo justo antes de hacer contacto. Aunque sus sentimientos pugnaban por salir todo el tiempo, no se creía con derecho de amar a nadie. Porque Sakura comenzó a intuir que lo que sentía por Shaoran era amor. Un amor que no le estaba permitido. Era como si se lo hubieran recordado toda la vida, de manera que acabó creyéndoselo. Por eso, no se permitió ni hacerle una simple caricia, aunque se muriera de ganas.
El teléfono móvil de Shaoran rompió el hilo de sus pensamientos, por lo que se dirigió hacia la chaqueta del detective, de donde procedía el sonido, viendo que era Mitzuki Kaho. El estado de Shaoran no le permitiría contestar y ella prefería no contestar para alimentar más suspicacias, por lo que colgó.
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Cuando Shaoran despertó a la mañana siguiente un poco sobresaltado, Sakura ya se había marchado, pero se había asegurado de dejarle una nota y un par de analgésicos para que se los tomara al despertar.
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Sakura había decidido marcharse antes de que Shaoran despertara. Sentía que con él le costaba mucho mantener la estoicidad y la impasibilidad que necesitaba para llevar a cabo sus venganzas. De manera que para evitar perder el dominio sobre sí misma, le puso la correa a Ruby Moon y salió para dirigirse al salón canino dando un tranquilo paseo con el que pudiera relajarse.
Apenas puso un pie en la calle, llegó Mitzuki Kaho en coche.
–¿Por qué estás aquí? –preguntó Kaho, que no esperaba que Sakura saliera tan temprano de allí.
–Pues…
–¿Has pasado aquí la noche? –preguntó Kaho. Sakura se mantuvo en silencio sin saber qué contestar. –Así que por eso no pude localizarlo.
–Lo siento. –se disculpó Sakura. De hecho fue ella la que le colgó el teléfono sin ni siquiera contestar mientras Shaoran permanecía en la cama debido a los dolores producidos por la porra eléctrica.
–Creo que te estás equivocando. –le advirtió Kaho. –No vuelvas a acercarte a Shaoran. Sé la clase de persona que eres. ¿No estarás intentando arruinarle la vida?
–Yo no…
–Porque en ese caso, lo protegeré con todos los medios a mi alcance. –interrumpió Kaho.
–Sé que no debería acercarme a él. Pero no tengo el control sobre ello. –dijo Sakura. –¿Qué puedo hacer?
Kaho pensó que la Sakura que tenía delante y la que interrogó en el salón canino parecían Sakuras diferentes. Mientras que la del salón canino mostró fortaleza y seguridad, la que en esos momentos tenía delante parecía insegura e indefensa.
–Tengo que irme. –dijo Sakura, dejando a Kaho algo descolocada. Tras la extraña conversación, Kaho subió al apartamento de Shaoran.
–¿Has vuelto? –preguntó Shaoran sentado en el sofá, creyendo que era Sakura.
–¿Quién? –Shaoran giró un poco la cabeza al ver que aquella voz no pertenecía a Sakura.
–¿Por qué estás aquí?
–Porque aunque te llamé, no cogías el teléfono. Déjame que me preocupe, aunque sea como colega. –respondió Kaho. –Toma, las llaves que me ha dejado el portero. Devuélveselas cuando puedas.
El portero ya conocía a Kaho de la etapa en la que fueron novios, por lo que al explicarle que estaba preocupada por Shaoran, no dudó en prestarle su llave. Al intentar incorporarse para coger las llaves, Shaoran hizo un gesto de dolor que no pasó desapercibido para Kaho.
–¿Qué te pasa?¿Estás herido? –preguntó Kaho al ver el esfuerzo que había tenido que realizar el castaño para coger las llaves. Además, se había llevado la mano al costado como si eso le ayudara a calmar el dolor.
–Un poco.
–No pareces tú.
–Me atacó un alienígena.
–¿Un alienígena?¿Estás de broma?
–Alguien con una máscara de alienígena. –especificó Shaoran con molestia. –Parecía querer matarme.
–¿A ti? –entonces Kaho ató cabos. –Estás herido por intentar proteger a Sakura, ¿verdad?
–Sí.
–Pero crees que intentaba matarte a ti. ¿Qué pasa? –preguntó Kaho, que pensaba firmemente que ocurría algo más.
–No lo sé.
–Creo que pasáis demasiado tiempo juntos. ¡No rompí contigo para que te enamoraras de una asesina! –le reprochó ella, dejando a las claras que eso era lo que pensaba que pasaba.
Tras decir eso, Kaho se marchó enfadada. Shaoran no pudo decir nada. Kaho le había puesto nombre a lo que le pasaba. Se resistía a creer que fuera cierto, pero sin haberse dado cuenta, Shaoran sentía que debía proteger a Sakura, a pesar de que probablemente fuera una asesina.
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Yuna D. Kaito estaba enfadado con Mizoguchi. Cuando lo llamó para decirle que había fracasado, se impacientó porque todo se pospondría más. Mientras que esperaba en el departamento a que llegaran todos sus detectives, recibió una llamada de Shaoran.
–Li, ¿qué pasa? –preguntó Kaito.
–He visto a Wei. –mintió Shaoran, que seguía en el sofá de su casa. Tal y como le había pedido Wei, Shaoran decidió entorpecer la investigación para darle más tiempo para hacer lo que fuera que planeara. Wei podría haber hecho muchas cosas mal, pero de lo que estaba seguro Shaoran era de que Wei era mucho más de fiar que Kaito, por lo que decidió acceder a lo que le pidió su mentor y darle una pista falsa.
–¿Dónde? –preguntó Kaito poniendo toda su atención y preparado para tomar nota.
–En Takanawa. –respondió Shaoran.
–Vale. Enviaré a algunos efectivos hasta allí. –dijo Kaito. –Li, debo reconocer que por fin estás mostrando ser útil.
–Con esto al fin se van a poner las cosas en su sitio. –dijo Kaito para sí una vez que colgó.
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A pesar de que fuera arriesgado, en los exteriores de la comisaría Wei se quedó mirando el enorme edificio de la PMT.
–Voy a hacerlo antes que tú, Kaito. –musitó Wei.
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Cuando los analgésicos comenzaron a hacer efecto y se sintió con la suficiente energía, Shaoran se duchó y salió a la calle. Decidió ir hacia el lugar en el que tuvo lugar la agresión del "alienígena", cuando en una calle cercana, colgado de la rama de un árbol, vio la máscara que utilizó el agresor. Sacó un pañuelo para cogerla y no dejar sus huellas, pero entonces, se percató de que en el suelo había varias cerillas. Automáticamente se le vino a la cabeza Mizoguchi Takeshi y el momento en el que dejó caer la cerilla sobre un Yukito cubierto de gasolina, con su risa de poseso.
–No puede ser. –musitó Shaoran atando cabos.
Mientras que Shaoran recopilaba esas pruebas, Mizoguchi lo espiaba desde una esquina y llamó a Kaito.
–¿Quieres que acabe primero con él? –preguntó Mizoguchi. –Entendido.
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Una vez que Sakura dejó a Ruby Moon en Mon Ange, se marchó a casa para darse una ducha y cambiarse y seguidamente, se dirigió al lugar en el que vivía Kero. Se acercó a él sigilosamente mientras miraba la foto de su hijo y que Sakura le había dejado en el sobre rojo.
–Gracias por esperar. –dijo Sakura.
–Aquí tienes. El material para el nuevo objetivo que me pediste. –dijo Kero dándole un sobre que reposaba en el sofá que hacía las veces de salón de los vecinos indigentes, pero en el que sólo estaban ellos dos a aquellas horas.
–¿No has tardado menos de lo usual? –preguntó Sakura mientras Kero se sentaba en el sofá. –Parece que la foto de tu hijo ha hecho efecto.
–Por supuesto, cuando vi el sobre rojo me entró prisa. –reconoció Kero de forma desenfadada. –Es horrible que lo hayas hecho, a pesar de trabajar contigo.
–Tú eres el horrible. Me has ocultado que Shaoran es detective. –le reprochó Sakura.
–Sakura, no te enfades o se te estropeará esa bonita cara que tienes. Por cierto, Wei está vivo. –le informó Kero mientras se metía el sobre rojo con la foto en el bolsillo interior de su chaqueta. –Piensa que no tenemos ningún tipo de relación, así que hemos hablado de muchas cosas.
–¿Wei estuvo aquí?
–Sí, justo ayer.
–¿Y por qué no lo retuviste?
–¿Qué motivos tendría para hacerlo? Este malentendido tuyo es una molestia, Sakura. No soy tu asistente. Tan sólo soy tu fuente de información. Nuestra relación es un toma y daca. –dijo Kero.
–Lo sé todo sobre ti, Kero. Y también sé dónde y cuándo acorralarte. –dijo Sakura amenazante.
–Lo sé. Y también gracias a ti he obtenido muchas y muy buenas fotos. –dijo Kero como si la amenaza le importara más bien poco. –He recopilado muchas pruebas. Y es por eso que a veces soy cortés contigo.
–¿Qué quieres decir?
–Que no has seguido mi consejo de no enamorarte. A pesar de advertirte de lo peligroso que es Shaoran, te has enamorado. –dijo Kero. –¿O acaso no has notado que sospecha de ti? Así que, ahora tienes que pensar una forma de que aparte la mirada que tiene sobre ti. Yo ya he pensado algo. Podemos aprovechar la desaparición de Wei. Eso puede ayudarte a seguir con tu rol perfectamente.
–¿Cómo?
–Ahora mismo, en vez de tú, Wei es el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki.
–Yo no te he pedido eso. No actúes por tu cuenta. Yo pagaré por mi propio crimen. Aunque quiera mi venganza con él, odio que carguen las culpa a gente inocente. –dijo Sakura, que era justo lo que hicieron con ella. Por eso tenía un odio absoluto a esas situaciones.
–Eres demasiado ingenua, Sakura. Nunca llegarás al verdadero culpable del asesinato de tu familia por tu cuenta. Sabes que necesitas mi ayuda. –dijo Kero.
–No necesito tu ayuda. Tengo mis propios métodos. –dijo Sakura.
–En ese caso, adelante. Hazlo por tu cuenta. Pero llegarás a un punto muerto. Al final, ni Suganuma ni Yamazaki te dijeron quiénes ordenaron el asesinato de tu familia. Y Terada y Matsunaga tampoco sabían quién había detrás de todo. Y si atrapan a Wei, se acabó. En resumen, tu plan de venganza ha llegado a su límite. Esto también sería muy malo para mí porque hasta ahora todavía no he recopilado las suficientes pruebas. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? Por cierto, la próxima vez, no escribiré "Chica A", sino tu nombre real, Kinomoto Sakura. La próxima vez, serás tú la que esté acorralada.
Continuará…
Notas de autora: gracias a Caterinechizen por seguir la historia con tanta intriga. Nos leemos en el próximo. Un saludo.
