Capítulo 14. Misterio resuelto. Hacia el nuevo enemigo 2.
A la mañana siguiente, Sakura estaba aparcada con el coche de Mon Ange muy cerca de la comisaría. Era muy temprano y Kaito preparaba asolas su arma para el desafío que había recibido por parte del que fue su compañero. Cuando se levantó para ponerse la chaqueta que tenía colgada en la percha de detrás de su mesa, sonó el teléfono de su mesa.
–Tiene una llamada externa, señor Kaito. –dijo la telefonista.
–Pásamela. –dijo Kaito.
–¿Es usted Yuna D. Kaito, el jefe de la Primera División de Investigación de la PMT? –preguntó Sakura mientras se acercaba caminando.
–Sí.
–Encantada de conocerlo. Soy Kinomoto Sakura. –dijo Sakura presentándose.
–¿Qué quiere una asesina como tú de mí? –preguntó Kaito, que recordaba su nombre a la perfección. Al fin y al cabo, se tomó muchas molestias en hacer ver que era una asesina.
–Pensé que al menos, sería de buena educación presentarme. Pero veo que me recuerdas. Utilizaste lo que ocurrió para ascender en tu carrera. Así que, como es natural, al ser el cabecilla, tendré que matarte.
–No tengo tiempo para escuchar tus desvaríos. –dijo Kaito.
–Entonces, si es un desvarío, no te importará que filtre toda clase de cosas en las que está implicado alguien que se mueve en las altas esferas de la PMT como tú. –dijo Sakura.
–¿Estás extorsionando a la policía? –preguntó Kaito. –Es muy osado que alguien que ha estado en prisión haga eso.
–Te privaré de esa elevada posición tuya. –dijo Sakura. –Sólo tienes que esperar un poquito.
Kaito colgó tras esa llamada pensando en que habría sido mejor para Sakura haberse mostrado dócil. No obstante, ahora no tenía tiempo para pensar en Sakura, ya que debía acudir al lugar en el que le citó Wei.
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En el hospital de la PMT, Shaoran no se había despegado del lado de Kaho en toda la noche. Los médicos que la atendieron le dijeron que no corría ningún peligro, aunque todavía no había despertado y había recibido algunos golpes que la dejaron bastante magullada.
–Lo siento mucho. –se disculpó Shaoran cogiéndola de la mano. Estaba claro que quien la atacó iba a por él, y ella acabó en el hospital por la circunstancia de que estaba en su casa. Entonces, Kaho comenzó a abrir los ojos. –¿Estás bien? ¿Quién te atacó?
Pero Kaho parecía que no tenía demasiadas ganas de hablar. Finalmente, Shaoran llamó a la comisaría para informar de que estaba con Kaho en el hospital de la policía porque su compañera había sido atacada.
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Kaito se dirigió con su Mercedes plateado hacia el almacén del muelle en el que le citó Wei. Lo que él no sabía era que Sakura lo había estado siguiendo a una distancia prudencial desde que salió de la comisaría.
Kaito bajó del coche y se dirigió hacia el almacén número 3. Aunque venía escrito en la puerta de la persiana, Kaito utilizó una puerta de servicio, puesto que la persiana del almacén estaba cerrada.
Mientras tanto, Sakura ocultó el coche cerca del almacén, pero en un lugar donde no estuviera visible.
El almacén estaba prácticamente desmantelado. No había prácticamente nada, excepto suciedad, una excavadora y un toro hidráulico.
–¿Te arrepientes de haber echado a perder tu carrera? –preguntó Kaito en voz alta al ver a Wei allí plantado. –Podría interceder por ti y devolverte a tu puesto.
–¿Y a quién le importa eso ahora? –preguntó Wei. –Ha llegado la hora de que pagues por tus actos.
–¿Qué sentido tiene rescatar un caso de hace quince años? –preguntó Kaito. –Deberías parar. A día de hoy soy demasiado poderoso y podría aplastarte.
–Te detendré para que dejes de destrozar las vidas de los demás por tu ambición personal. –advirtió Wei. –¿Acaso no te arrepientes por haber culpado a una chica inocente de tus crímenes?
–Tú eres tan culpable como yo. –dijo Kaito.
–Eso es cierto. Y por eso me avergüenzo de haber cedido a tu autoridad sólo por miedo a ser despedido. –reconoció Wei. –Confiésalo todo. Confiesa que manipulaste las pruebas para que acusaran a esa chica inocente. Si nosotros que estuvimos a cargo del caso testificamos…
–Suficiente. –dijo Kaito, harto de escuchar a Wei. Sacó su revólver y apuntó a Wei en la cabeza. –Si te quieres resarcir tú, hazlo tú sólo.
Entonces, en lugar de disparar, lo golpeó con la culata de la pistola. Wei cayó al suelo y Kaito siguió golpeando, ajeno a que Sakura, que entró por una puerta trasera, grabó toda la escena escondida entre la oscuridad, al estar en una zona en la que la luz de las ventanas no llegaba del todo.
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Shaoran seguía haciendo compañía a Kaho en el hospital cuando entró Fuji, un compañero de la misma unidad.
–Disculpad. –dijo Fuji entrando. –Han llamado de la científica con las conclusiones sobre el análisis de la máscara de goma del alienígena.
–¿Cuáles son los resultados? ¿Han conseguido identificar al que la llevaba? –preguntó Shaoran.
–Dicen que coincide con el ADN de Mizoguchi. –dijo Takabe.
–¿Mizoguchi? –preguntó Shaoran levantándose de la silla. Al levantarse, Kaho le cogió la mano. –¿Qué pasa? No me digas que fue él el que te atacó.
Kaho asintió con la cabeza. Shaoran había tenido sus sospechas cuando vio las cerillas, pero Kaho se lo confirmó. No contento con atacarlo por la calle, también intentó hacerlo en su propio apartamento. Estaba seguro de que lo buscaba para acabar con él.
–Fuji.
–¿Sí?
–Encárgate de Kaho.
–Sí.
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Kaito tenía sometido a Wei. Le había golpeado tanto que no podía levantarse del suelo, aunque seguía vivo y por cómo se movía intentaba calmar el dolor de los golpes. Mientras Wei se revolvía en su dolor, Kaito llamó a Mizoguchi.
–Soy Kaito. Ven inmediatamente al almacén número 3 del muelle de la Bahía Este. Será un trabajo muy fácil. –ordenó Kaito. Él no pensaba mancharse las manos. Para eso ya estaba Mizoguchi.
–Entendido. Supongo que me pagarás el doble, ¿no? –dijo Mizoguchi deambulando por la calle.
Nada más pasar por la puerta de una tienda, Yue, que salía de realizar una pequeña compra, reconoció a Mizoguchi. Sabía que había salido de la cárcel, pero era para ingresarlo en un hospital psiquiátrico. ¿Cómo podía ser que estuviera por la calle? No podía soportar que el asesino del que fue su mejor amigo, casi su hermano, caminara tan tranquilo por la ciudad mientras que Yukito seguía en un cementerio. Por eso, decidió seguirlo. Y mientras lo seguía, llamó a Shaoran por teléfono, que en ese momento se dirigía al coche.
–Yue, ¿qué pasa? –preguntó Shaoran, que salía del hospital dispuesto a encontrar a Mizoguchi. Lo que no sabía era que la respuesta le iba a llegar con esa llamada.
–Shaoran. Mizoguchi, que debería estar en un hospital, está andando a unos metros delante de mí. –le informó Yue.
–¿Mizoguchi?¿Dónde estás?
–Cerca del muelle de la Bahía del Este. Lo iré siguiendo. Cuando sepa bien dónde va volveré a llamarte. –dijo Yue.
–Yue, no. –pero Yue le colgó el teléfono antes de que pudiera advertirle de lo peligroso que era ese desgraciado. Shaoran arrancó el coche, puso la sirena y se dirigió a toda velocidad hacia la zona que le había indicado su amigo.
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Sakura salió del almacén y se metió en su coche para ver la grabación con la que se podría conocer toda la verdad. A continuación, escribió una nota y la metió en un sobre rojo.
Entonces, Mizoguchi llegó al almacén. Yue, que se escondió en una esquina volvió a llamar a Shaoran.
–Shaoran. Mizoguchi se dirige al almacén número 3.
–De acuerdo. Mantente alejado. –le dijo Shaoran. –Llegaré enseguida.
–Vale. Seguiré vigilando hasta que llegues. –dijo Yue, pero nada más colgar, Mizoguchi se plantó delante de él. Había notado que alguien lo había estado siguiendo desde hacía un rato y decidió darle una sorpresa.
–¿Has terminado tu llamada? –preguntó Mizoguchi. Sin mediar palabra, le dio un puñetazo que lo tiró al suelo. Mizoguchi aprovechó que Yue estaba afectado por el golpe para arrastrarlo hasta el almacén número 3. Allí, lo ató junto a Wei en una estructura de hierro. –¿A qué podemos jugar?
Mizoguchi sacó una navaja y Kaito le puso al lado una garrafa de gasolina.
–Haz lo que quieras con ellos. –dijo Kaito antes de marcharse. Cuando Kaito llegó a su coche, encontró un sobre rojo sujeto en el parabrisas. Entró en el coche y se puso a leer la nota.
He visto una película muy interesante en la que curiosamente, el protagonista eres tú. En la película, golpeas con tu arma a otro detective y le propinas una paliza. Además, admites que manipulaste pruebas para acusar a una persona inocente. He enviado una foto tuya con Mizoguchi a la Primera División de Investigación de la PMT. Me pregunto si podrás volver allí como si nada hubiera pasado. Espera sólo un poquito más y te habré cazado. Pagarás tus crímenes con tu vida.
Nada más leer la nota, Kaito arrugó el papel. Había subestimado a Sakura, pero no se lo pondría tan fácil. Después de todo, le habían confirmado que se convertiría en el comisario y podría parar todo aquello. Ahora debería huir sin el coche porque ese coche sería fácilmente localizable, por lo que decidió huir a pie.
Sakura, que estaba escondida, vio la reacción que tuvo Kaito al leer la nota y sonrió. Entonces escuchó la sirena de un coche de policía, del que bajó Shaoran. En cuanto vio una bolsa con compra intuyó que sería de Yue. Entonces, recibió una llamada de Mizoguchi con el teléfono de Yue.
–Shaoran. Te he estado esperando. –dijo Mizoguchi, que lo llamó en cuanto escuchó la sirena de la policía. –Entra en el almacén número 3.
Cuando Shaoran entró, vio a Wei y a Yue maniatados y junto a ellos, estaba Mizoguchi con una garrafa de gasolina. Sakura volvió a entrar por la puerta trasera y se escondió en el mismo lugar desde el que había grabado el vídeo para extorsionar a Kaito. Tenía el teléfono en la mano a punto de llamar a las emergencias. El problema era que si llamaba, podría delatarse y no podría justificar su presencia allí. ¿Qué podía hacer? No le gustaba la situación dominante de Mizoguchi y tenía pinta de que todo acabaría muy mal, pero si llamaba a la policía podría poner en peligro su plan de venganza.
–Deja esta locura, Mizoguchi. –dijo Shaoran acercándose.
–Demasiado tarde. –dijo él. Entonces, le clavó la navaja a Wei en el costado.
–¡Wei! –exclamó Shaoran corriendo hacia él.
–Si te acercas más, lo haré también con él. –amenazó Mizoguchi sacando la navaja y acercándose a Yue. –Esa garrafa de ahí contiene gasolina. Como aquella noche. Derrámatela por encima. Me gusta ver a la gente arder hasta el final. Y será mejor que no intentes nada raro o me cargo a estos dos.
Shaoran no tuvo más remedio que hacer lo que decía. Quién le iba a decir que acabaría igual que Yukito.
–¡Shaoran, no lo hagas! –exclamó Yue. Pero Shaoran hizo caso omiso de Yue. Cogió la garrafa, la abrió y se echó el combustible por encima. Cuando acabó, lanzó la garrafa a un lado.
–Déjalos marchar. –le pidió Shaoran empapado de gasolina desde la cabeza hasta los pies.
–¡Soy yo quien da las órdenes aquí! –exclamó Mizoguchi. Después lanzó una cajita de cerillas. –Coge las cerillas y enciende una.
–¡No, Shaoran! –volvió a exclamar Yue.
–Cállate tú. –dijo Mizoguchi con la navaja amenazando en su cuello.
Shaoran cogió la cajita, y sacó una cerilla. Acercó el misto lentamente hacia la parte rugosa de la cajita, intentando asumir que ese sería su final. Cuando estaba a punto de hacer fricción para que se encendiera la cerilla, se escucharon sirenas de policía de fondo, lo que hizo recular a Shaoran.
Sakura suspiró aliviada. Finalmente había decidido llamar y venían los refuerzos. Sólo esperaba que llegaran a tiempo.
–Qué suerte tienes. Salvado otra vez, Shaoran. –dijo Mizoguchi al escuchar las cada vez más cercanas sirenas de la policía. –Así que, me voy. Por cierto, será mejor que ayudes al viejo este, o se desangrará hasta morir.
Mizoguchi se marchó riendo mientras que Shaoran fue rápidamente a desatar a Wei.
–¡Wei! –exclamó Shaoran acostándolo en el suelo y aflojándole la corbata y la ropa. Mientras Shaoran intentaba socorrer a Wei, Sakura miraba la escena recordando la nota que Wei le había dejado, asumiendo su propia culpa e intentando compensarla por todo lo que hizo. Wei había estado dispuesto a vengarse y entregarse para que ella no tuviera que hacerlo y le había pedido que confiara en Shaoran.
Dos agentes uniformados entraron al almacén para socorrer al herido, pero Shaoran les ordenó que atendieran a Yue.
–Aguanta, Wei. No hables. –le pidió Shaoran al ver el esfuerzo que intentaba hacer Wei para decirle algo. Al ver a Shaoran con Wei en sus brazos, Sakura comprendió el gran respeto y cariño que se tenían y sabía que podía confiar en Shaoran tal y como aquel hombre le pidió en la nota, pero no era fácil dejar las cosas así como así. De lo que estaba segura era de que Shaoran no se merecía aquello y empezó a convencerse de que Wei tampoco lo merecía, a pesar de haber participado en la farsa que la llevó a la cárcel.
–Cuida…, cuida de Sakura. –le pidió Wei.
–Lo haré. – Shaoran asintió sin dudarlo. No hacía falta que se lo pidiera. Hacía tiempo que intentaba hacerlo, y no precisamente por su condición de policía. Una vez que hizo la promesa, Wei exhaló su último aliento. –¡No!¡Wei!¡Wei!
Shaoran no sabía si podría cargar con otra muerte en su conciencia. Primero fue Yukito y ahora Wei, la persona que más lo ayudó al entrar al cuerpo. Lo que sí que sabía era que en aquel mismo instante, se prometió a sí mismo acabar con Mizoguchi.
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Fuji continuaba haciendo compañía a Kaho tal y como le pidió Shaoran. La habitación estaba en completo silencio porque Kaho no parecía tener muchas ganas de hablar. Entonces entró Takabe y Katokura Ryo.
–Kaho, Wei ha sido apuñalado. –informó Ryo de sopetón. –Li también estaba allí, pero sólo Wei ha muerto. ¿De qué va todo esto? ¿Está relacionado con el caso que habéis estado investigando en secreto? ¡Contesta!
Pero Kaho no dijo nada.
–El coche de Kaito también fue encontrado allí abandonado. –dijo Ryo.
–Y han enviado esto a nuestra división. –añadió Takabe mostrándole a Kaho una copia impresa de una foto de Kaito y Mizoguchi.
–¿No se supone que Mizoguchi es peligroso y que debería estar en un hospital psiquiátrico? –preguntó Fuji al ver la foto, mientras, Kaho miraba la foto sorprendida. Kaho confirmó en aquel momento que quien estaba detrás de todo era Kaito: tanto del robo de la información que Shaoran había recopilado sobre la investigación como de las agresiones sufridas.
–No sólo es peligroso. Kaito está involucrado hasta las trancas. –dijo Ryo, que cuando vio la fotografía en comisaría se percató de la gravedad del asunto. –Es hora de marcharnos. Recupérate.
–Por cierto. –dijo Takabe antes de salir. –Li ha tenido mucha suerte. Si un ciudadano anónimo no hubiera llamado al 110, probablemente habría muerto.
–¿Un ciudadano anónimo? Comprueba las llamadas y consigue el número. –le pidió Kaho con voz débil. Tenía la leve intuición de quién se trataba, pero necesitaba confirmar si su intuición era cierta.
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Cuando Sakura volvió al coche, llamó a Kero.
–Kero, he acorralado a Kaito. Quiero más información sobre la persona que me atacó, Mizoguchi Takeru.
Continuará…
