Capítulo 20. Aparición final. La verdadera cara del político (2ª parte).

Clow Reed firmaba varios documentos tranquilamente en una habitación tradicional japonesa. Pese al minimalismo que caracterizaba ese tipo de estancias, la luz tenue y la poca decoración mostraba un aire elegante y sofisticado. Lo único que hacía pensar que se encontraban en la época actual era que el político vestía de traje y corbata, aunque en ese momento no llevaba la chaqueta puesta.

Fue entonces que Eriol, arrodillado en el pasillo de fuera, abrió la tradicional puerta shoji de papel traslúcido para interrumpir, tal y como se solía hacer desde la época de los shogunatos, en la que los samuráis interrumpían a sus daimios o señores feudales para informar de algo.

–Señor, ya tengo la agenda de hoy preparada. –dijo Eriol refiriéndose al político con profundo respeto, a pesar de ser su padre. –Hoy tiene una reunión con el Ministro de Justicia después de ir a una visita de inspección de la Policía Metropolitana. Esta tarde tiene una reunión con los nuevos miembros de la Dieta del Partido Conservador.

–Cancela lo último. –dijo Clow sin apartar la vista del documento que estaba revisando. –Pasaré por el apartamento de Madoushi.

–¿Otra vez esa mujer?

–¿Alguna queja? –preguntó Clow sin mirar a su hijo. Si hubiera mirado, habría visto que el gesto de Eriol no mostraba su acuerdo.

–Como Secretario Adjunto del Ministerio de Justicia, no tengo nada que decir. –dijo Eriol.

–¿Es esa tu forma de morderte la lengua? –preguntó Clow, que a pesar de no mirar, sí que sabía lo que opinaba su hijo de que cancelara compromisos profesionales por visitar a una mujer. El tono en el que lo había dicho prácticamente delataba a su hijo.

–Con permiso. –dijo Eriol cerrando la puerta shoji. Eriol veía más conveniente no contestar aquella pregunta. Eriol pensó que tarde o temprano, ya recibiría la respuesta.

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La luz del nuevo día hacía ya un rato que se había empezado a colar por los resquicios de la estora de la sala de reuniones de la Primera División de Investigación de la policía, pero Sakura seguía con la cabeza sobre los brazos, apoyados encima de la mesa, la manta sobre los hombros y la bolsa con los restos de la cena sobre la mesa. No era un sitio demasiado cómodo para dormir, pero agradecía que no la hubieran encerrado en el calabozo ni que le hubieran requisado su bolso. No fue hasta que una llamada con número oculto que Sakura se incorporó.

–¿Diga? –respondió Sakura con los ojos aún medio dormidos.

–Gracias por enviarme la carta, Kinomoto Sakura. –dijo Eriol desde un salón más occidental del que había estado antes con su padre. Con ese comentario, Sakura se espabiló de forma instantánea. Se levantó y miró a través de las estoras, viendo que Shaoran también dormía sobre la mesa de su oficina. Estaba claro que no era la única que había tenido una noche incómoda. Tras comprobar que Shaoran estaba dormido, se acercó a la ventana que daba al exterior.

–Por fin podemos hablar tú yo. –dijo Sakura.

–¿Sabes? Eres una persona increíble. Te admiro. Tú y yo somos mucho más útiles y efectivos de lo que ha resultado ser Kaito. –dijo Eriol.

–¿Estás seguro de decir eso de ese tipo tan horrible? Al fin y al cabo, lo has estado utilizando durante quince años. –dijo Sakura.

–Puedo librarte de Kaito. Pero a cambio, quiero que me entregues el artículo de Kero. –dijo Eriol.

–¿Eso es todo?

–Por supuesto, aportaré pruebas concluyentes de que fuiste acusada con pruebas falsas y que no tuviste nada que ver con los asesinatos en forma de suicidio que has perpetrado. –propuso Eriol. –De ahora en adelante, podrás ser feliz y tener una vida normal. Y también la gente de tu alrededor. ¿Qué me dices?

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Cuando Sakura terminó de hablar con Eriol y salió de la sala de reuniones, se encontró a Shaoran en la misma postura que cuando se había asomado unos minutos antes.

–¿Shaoran? –preguntó Sakura cerciorándose de que le oía. –Buenos días.

–Buenos días. –dijo Shaoran aún medio dormido y con voz de recién despertado.

–Me gustaría lavarme un poco. –dijo Sakura.

–Entonces lo siento, pero tengo que ir contigo. –dijo Shaoran levantándose para acompañarla. Shaoran fue delante, seguido de Sakura, no sin antes mirar de manera enigmática uno de los teléfonos de la oficina.

Todavía era temprano y apenas se veían agentes por los pasillos de la sede de la PMT, salvo los más madrugadores o los que acababan el turno de noche. Cuando llegaban a la zona de los lavabos, Shaoran se percató de que Sakura se detuvo a mirar un tablón de anuncios que había en el pasillo porque algo le había llamado la atención.

–¿Qué pasa? –preguntó él.

–Nada. –respondió Sakura retomando su camino. No obstante, le había dado el tiempo suficiente a leer que el Viceministro de Justicia visitaría la comisaría durante aquella misma mañana.

Una vez que llegaron a los lavabos, Sakura entró a una de las cabinas de los retretes mientras que Shaoran esperaba fuera. La castaña aprovechó aquel momento para llamar a Kaito.

–¿Diga? –contestó Kaito.

–Por mi voz sabrás quien soy, ¿verdad, Kaito? –dijo Sakura. –Acabo de hacer un trato con tu jefe. Así que voy a darte el artículo de Kero.

–¿Dónde?

–En un lugar que te encanta. Lo he dejado encima de tu mesa de inspector de policía. –dijo Sakura. –Ahora mismo, estoy bajo la protección de la Primera División de Investigación. Así que será mejor que te des prisa para recogerlo. Alguien podría verlo.

–Está bien. Iré a recogerlo. –dijo Kaito antes de colgar.

–Supongo que se lo ha tragado. –le dijo Eriol a Kaito, que estaba sentado tranquilamente en el mismo salón. –Tendrás la zona despejada. Ya me he encargado de aportar testigos falsos para que se entretengan buscándote por otra parte. Asegúrate de traer el artículo.

–Entendido.

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–¿Qué haces ahí? –preguntó Kaho al encontrar a Shaoran plantado al lado de la puerta de los lavabos de mujeres. No obstante, no le dejó ni responder porque tenía que decirle algo de manera urgente. –Acabo de hablar con Ryo. Dice que las chicas de Mon Ange han visto a alguien que responde a la descripción de Kaito merodeando cerca del salón canino.

–¡Por favor, id al salón canino! ¡Kaito acaba de llamarme! –les pidió Sakura saliendo abruptamente de los lavabos. Aquello confirmaba la información que había traído Kaho, pese a ser una mentira para mantener despejada la comisaría. Sakura necesitaba que al menos esa unidad de la policía no estuviera rondando por el departamento. Pese a ello, Shaoran negó con la cabeza. –Te prometo que me quedaré aquí.

–Está bien. –dijo Shaoran. Él y Kaho salieron corriendo por el pasillo, aunque Shaoran miró hacia Sakura no muy convencido.

–¡Date prisa, Shaoran! –le apremió Kaho al ver como el castaño se entretenía mirando atrás, hasta que finalmente, desaparecieron por el pasillo.

Una vez que Sakura tenía la zona despejada, volvió al Departamento de la Primera División de Investigación, sacó el dispositivo USB de color granate que le pasó Kero. No obstante, el que colocó encima de la mesa de Kaito era de color blanco. Pese al trato al que había llegado con Eriol, no podía fiarse de las personas que no tuvieron reparos en arruinarle la vida. Debía cubrirse las espaldas, así que simplemente había introducido algunas fotos bastante reveladoras y ella se quedaría con el artículo original. Con un poco de suerte, si su plan funcionaba, aquel USB blanco con la copia acabaría en manos de la policía.

Unos minutos después, Kaito entró en la comisaría impunemente con la placa bien visible en el bolsillo de su chaqueta mientras todos los que se encontraban a su paso le hacían la típica reverencia de alguien que se encontraba en escalafones superiores de la jerarquía. Al fin y al cabo, su orden de búsqueda y captura no había salido a la luz y sólo era un asunto interno de la Primera División de Investigación. Sería un trabajo muy fácil.

Una vez que llegó al que había sido su departamento dentro de la comisaría, vio a Sakura de pie, delante de la que fue su mesa. Kaito se aseguró de cerrar el pestillo que estaba situado en el pomo de la puerta. Todo sería más sencillo si no eran interrumpidos con visitas inoportunas.

–Ha sido muy irresponsable por parte de la policía permitir que un asesino como tú escapara. Pero no importa cuánto desees acabar conmigo, aquí no podrás utilizar un arma, ¿me equivoco? –dijo Sakura mientras Kaito se acercaba como si estuviera dando un paseo.

–¿Dónde está el artículo? –preguntó Kaito.

–En tu mesa, como te dije por teléfono. –dijo Sakura apartándose poco a poco mientras Kaito se acercaba lentamente sin dejar de mirarse el uno al otro, como si intentaran estudiar cual sería el próximo movimiento de su contrincante. –Para conseguirlo, mataste a Kero.

–Saltó porque quiso. –dijo Kaito. –Sólo hizo un numerito para hacer que pareciera que lo había matado yo.

–Entonces, ¿qué pasó con Wei? –preguntó Sakura una vez que se había alejado de la mesa, colocándose delante de otra de las mesas, mientras que Kaito se colocaba tras la que había sido la suya y sacaba su arma, provista con un silenciador, aunque sin apuntarla. Al sacar el arma, Sakura supo que no tendría reparo en disparar.

–Yo no lo maté. –dijo Kaito.

–Eso es cierto. –admitió Sakura. –Para eso tenías a Mizoguchi, al cual liberaste del hospital psiquiátrico. Utilizar a otra persona para matar a tu propio subordinado es más rastrero todavía. Eres de la peor calaña.

–¿Qué tiene de malo utilizar una herramienta? Es el método que cualquier persona sabia utilizaría. –dijo Kaito sentándose en la silla de la que fue su mesa y desde donde había dirigido a todo su equipo durante tantos años. Al volver a sentarse allí se sintió como si hubiera recuperado su poder e influencia.

–¿Por qué me hicisteis pasar por la asesina de mi familia? –preguntó Sakura.

–Porque tu vida no tenía valor. Fabricar aquellas pruebas falsas fue incluso más fácil de lo que imaginaba. –respondió Kaito sonriendo cruelmente, mientras recordaba cómo se fraguó todo hacía quince años. –Todos a los que implicamos se vendieron por dinero y poder. Eran muy buenos incentivos.

Flashback.

En el salón de la mansión Hiragizawa, un jovencísimo Eriol y un Yuna D. Kaito que todavía no había llegado a los cuarenta, conspiraban sobre lo que planeaban hacer para evitar tener problemas con lo que el propio Eriol había provocado por sus curiosos caprichos.

Ya lo he discutido con tu padre. Me ha prometido que me ascenderá. –informó Kaito a Eriol.

Lo sé. –dijo Eriol.

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Kaito, frente a un asustado Terada Yoshiyuki, le dejaba claro el modo en el que debería proceder.

El cianuro potásico ha sido robado de tu instituto. Y no sólo eso. El asesino parecer ser un alumno de este centro. Pero podré echarte una mano en ocultarlo. –dijo Kaito poniendo una foto de la alumna Kinomoto Sakura delante del director.

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La siguiente persona a la que implicó, o más bien chantajeó con un asunto comprometedor con unos informes falsos sobre la aceptación de unos sobornos, fue a su propio compañero, Wang Wei.

Elige entre mi promoción o el fin de tu matrimonio. –dijo Kaito, amenazando con hacer llegar esos informes a su mujer.

Fin del flashback.

–Este mundo está hecho de personas así, que sirven de trampolín para personas como yo. Me convertí en oficial de policía y aprendí a vivir con esa realidad. Tú eras la persona perfecta para ser el chivo expiatorio de todo, porque no me importabas nada. Si no hubieras sido tú, hubiera sido otra persona cualquiera. Sin embargo, por mucho que intentes acabar conmigo, no funcionará. –dijo Kaito riendo.

Sakura comprobó que Kaito era mucho más rastrero de lo que pensaba. Era una persona sin moral a la que no le importaba nada.

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Mientras tanto, Shaoran frenaba el coche en un lado al escuchar que tenía un mensaje de Kaho, que desde el principio había permanecido escondida tras una de las mesas armada con su pistola a petición de Shaoran.

Antes de salir de comisaría le había explicado a Kaho que no se fiaba mucho de aquella pista que situaba a Kaito en las inmediaciones del salón canino. En todo este tiempo, había conocido lo persistente que era Sakura y la obsesión que tenía con completar su venganza y estaba seguro que permaneciendo cerca de ella los verdaderos culpables del crimen de los pastelitos acabarían llegando solos. Por eso, mientras Shaoran se cercioraba de la pista que habían recibido sobre Mon Ange, le pidió a Kaho que se mantuviera escondida en la oficina. El mensaje que le había enviado Kaho pidiéndole que volviera a comisaría le confirmaba que su suposición era cierta.

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–Si guardas rencor a alguien, debería ser contra ti misma, por intentar proteger tu propia inutilidad. –dijo Kaito continuando con su alarde de crueldad y mezquindad.

–Te aseguro que pagarás por tus crímenes. –dijo Sakura.

–En ese caso, tendré que cerrarte la boca. –dijo Kaito levantándose y guardándose el dispositivo USB en el bolsillo de la chaqueta mientras que le apuntaba con su arma. –¿Acaso has olvidado que soy un asesino? Diré que me atacaste por un resentimiento injusto contra mí. Eso legitimará que te dispare en defensa propia.

Pero lejos de reaccionar como Kaito esperaba, Sakura comenzó a sonreír.

–¡Muchas gracias! Con todo lo que acabas de decir se demuestra la credibilidad del artículo de Kero, ¿no lo creéis así, amigos de los medios de comunicación? –dijo Sakura apartándose y dejando ver un teléfono que estaba en plena llamada con el altavoz activado. Cuando vio el teléfono antes de ir al lavabo, recordó la estrategia que utilizó Kero desde la azotea. Gracias a esa idea de Kero, decidió llevarla a cabo ella también.

Kaito se dio cuenta de la jugada. La sorpresa hizo que bajara el arma. Era la segunda vez que esa táctica fastidiaba los planes de Kaito, aunque no era consciente de que en la azotea también había habido un teléfono descolgado. En cuanto fue consciente, desactivó el altavoz y colgó desde el teléfono de su mesa. Después se rascó la cabeza como pensando qué hacer y volvió a apuntarla.

–Maldita Kinomoto. –maldijo Kaito.

–Quítate la vida para reparar el daño que has hecho. –le ordenó Sakura. Pero Kaito estaba dispuesto a usar el arma. Ya que iba a caer, no caería solo.

–¡Tira el arma! –ordenó Kaho saliendo de su escondite al ver que Sakura se la había jugado a Kaito y que éste podría reaccionar de la peor manera posible. La detective lo apuntó con su pistola. Al verse acorralado, Kaito levantó el arma y la dejó lentamente encima de la mesa para mostrar sus manos en alto. –Eres el ser humano más asqueroso que he conocido.

Kaho se acercó lentamente, y cuando fue a coger el arma, Kaito se revolvió con un movimiento inesperado, impidiendo que la detective pudiera usar su arma. Tras un pequeño forcejeo, Kaito le arrebató el arma y la golpeó en la cabeza con la culata haciéndola caer. Mientras Kaito volvía a golpearla en el suelo para asegurarse de tenerla neutralizada, Sakura se acercó a la mesa para coger el arma de Kaito, pero éste se dio la vuelta antes y no alcanzó a cogerla.

–Tienes un ojo muy malo para los hombres. –le dijo Kaito a Kaho de forma vengativa. Kaho siempre lo había rechazado y hasta sintió celos de Shaoran por haber salido con ella. Una vez retomado el control, se metió la pistola de Kaho en la cintura del pantalón y volvió a coger la suya, provista de silenciador. Sería más conveniente usar esa para no llamar la atención y lograr tiempo para escapar. Kaito volvió a apuntar a Sakura para acabar con ella.

Mientras tanto, Shaoran llegó al Departamento de la Primera División de Investigación, pero se encontró la puerta cerrada. Abrió la puerta de una patada y se ocultó por si recibía algún disparo, pero no pasó nada. Al mirar, Kaito tenía a Sakura cogida por detrás como rehén. Lo hizo en cuanto escuchó que intentaron abrir la puerta. Shaoran se acercaba lentamente sin dejar de apuntar a Kaito. Pero no podía disparar. Se arriesgaba a darle a Sakura, que en aquel momento hacía de escudo. Y sobre todo, se arriesgaba a que Kaito apretara el gatillo.

–¡Dispara! –le pidió Sakura. Entonces, Kaho, desde el suelo, pateó una silla con ruedas que se desplazó hacia donde estaba el policía corrupto. Aquello distrajo a Kaito, momento que aprovechó Sakura para deshacerse del agarre del ex inspector. Shaoran también aprovechó ese momento y disparó, dándole en el brazo derecho.

–¿Estás bien? –preguntó Kaho yendo hacia Sakura y apartándola del peligro.

–Sí. –respondió ella.

–¡Sakura está bien! –avisó Kaho a Shaoran, sin dejar de apuntar a Kaito. Con alguien así nunca se sabía.

–Kaito, confiesa todos tus crímenes. –le ordenó Shaoran, que no sabía que sus crímenes ya eran de dominio público. Sólo faltaba que los medios de comunicación elaboraran la noticia y la publicaran. Kaito, con algún quejido, se llevó la mano al brazo donde tenía el balazo. –Confiesa.

–Está bien. Déjame que me siente, al menos. Necesito un cigarrillo para esto. –dijo Kaito mientras se llevaba la mano al bolsillo interior de la chaqueta.

–¡No te muevas! –exclamó Shaoran.

–Está bien. Coge uno por mí. –dijo Kaito.

–No me tomes el pelo. –dijo Shaoran.

–No eres muy amable. –dijo Kaito. En un movimiento rápido, cogió el arma de Kaho que se había guardado en la cintura y apuntó. En la oficina se escuchó un único disparo. Tras unos segundos que parecieron una eternidad, Kaito bajó la cabeza y vio que la placa policial que tenía a la altura del corazón tenía un agujero. Estaba tan cerca de Shaoran que la bala había conseguido atravesar esa barrera, llegando hasta el corazón de Kaito, que comenzó a tener dificultades para respirar y de mantenerse en pie. Kaito cayó al suelo. Shaoran no dejó de apuntarlo, especialmente al ver como intentaba incorporarse. Con gran dificultad, llegó arrastrándose hasta la silla de la que fue su mesa. Kaito se quejaba de dolor mientras que escalaba lo que le parecía la cima de una montaña. Tras mucho esfuerzo, consiguió sentarse mientras comenzó a reír, pero era una risa con llanto. Después, con otro esfuerzo más, puso sus pies sobre la mesa. La bala seguía haciendo su trabajo y le hizo escupir sangre. Después cerró los ojos y su cabeza se giró hacia el lado. Yuna D. Kaito había muerto. Si hizo tal esfuerzo era porque sabía que iba morir, así que por lo menos lo haría en la que había sido su mesa, mostrando su estatus y su jerarquía hasta el final.

Shaoran estaba paralizado. Era la primera vez que mataba a una persona y ni siquiera podía bajar el arma. Consciente de ello, Kaho fue hacia él y le bajó el arma lentamente.

Sakura aprovechó ese momento de desconcierto para marcharse mientras que por su rostro se escapaba una solitaria lágrima. Lo que más le dolía de todo era que no pudo evitar que Shaoran acabara convirtiéndose en otro asesino.

Unos segundos después, aparecieron el resto de investigadores de la División encontrándose con la escena.

–Kaho, llévate a Li e informa a los superiores. –le pidió Ryo. Fue entonces que Shaoran se dio cuenta de que Sakura no estaba.

–¿Dónde está? –preguntó Shaoran saliendo corriendo.

–¡Li! –exclamó Ryo.

–Déjalo. –dijo Kaho deteniéndolo del brazo.

Fue entonces que empezó a escucharse alboroto fuera. De algún modo, la prensa había conseguido colarse hasta allí, intentando obtener una imagen. Después de todo, habían estado escuchando la confesión de Kaito. Los detectives intentaron hacer salir a la prensa. Mientras lo hacían, Kaho sacó un pañuelo y fue hacia el cadáver de Kaito para recuperar el dispositivo USB del bolsillo de Kaito.

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En los garajes de la policía Eriol volvía a su coche, donde lo esperaba su padre en el asiento de atrás. Acababan de llegar para realizar la visita programada que tenían a las dependencias de la policía, pero al escucharse los disparos, aconsejaron que Clow volviera al coche y que volviera otro día.

–¿Qué ha pasado? –preguntó Clow.

–Parece que Kaito ha fracasado. –informó Eriol, que había visto a Sakura de refilón. –Ya no podremos disponer de él. Sin embargo, Kinomoto Sakura sigue viva.

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Sakura volvió a su apartamento y llamó a Tomoyo.

–Tomoyo, siento las molestias que te he causado. –se disculpó Sakura. Era consciente de que habría tenido que lidiar con un montón de policías, pero era necesario para despejar el camino y para obtener su venganza de Kaito. –Deshazte de todas mis cosas, por favor. No creo que vuelva a ir por allí. Gracias por todo.

Una vez que colgó, se llevó la mano a su colgante, como era costumbre en ella tras completar uno de sus crímenes. Después, se puso a recoger todo.

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Kaho introdujo el USB en la clavija de su ordenador y mientras iba viendo el contenido, sus ojos se abrían como platos.

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Mientras tanto, Shaoran corría como si no hubiera un mañana hacia el apartamento de Sakura, pero cuando llegó, estaba todo recogido y no había ni rastro de que alguien hubiera vivido allí.

–Sakura.

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Tras la fallida visita del Viceministro de Justicia a la PMT, y también el fallido intento de Kaito por obtener el artículo de Kero, Eriol y su padre volvieron a la mansión. Mientras Clow Reed entró en la mansión, Eriol decidió tomar un poco de aire fuera, cuando le sonó el teléfono.

–¿Diga?

–Te he traído el artículo de Kero. –dijo Sakura. Al decirlo, Eriol miró a su alrededor y, efectivamente, Sakura estaba allí. Eriol sonrió enigmáticamente.

Continuará...