Capítulo 21. Te amaré eternamente (1ª parte).
Por fin Sakura aparecía ante él. Como no era el lugar más adecuado para hablar, Eriol propuso ir a un lugar más tranquilo y privado, a lo que Sakura accedió.
Eriol condujo el lujoso coche oscuro hacia un descampado desde el cual se podía ver el famoso Rainbow Bridge, que conecta al puerto de Shibaura con la isla artificial de Odaiba por la Bahía de Tokio en la parte norte de la ciudad. El silencio reinó durante todo el trayecto. Una vez que llegaron, ambos salieron del vehículo.
–Sabía que eras un cobarde. –dijo Sakura sin demorar más la conversación. –A pesar de decirme que me ayudarías, has utilizado a Kaito para intentar matarme. Has roto tu promesa.
–Eso sólo ha sido un malentendido. Kaito perdió el control él solito. –dijo Eriol para justificarse.
–Ya estás otra vez culpando a otros. Es lo único que sabes hacer. Pero me aseguraré de arruinaros. –amenazó Sakura.
–Compararnos con un idiota como Kaito es ofensivo, querida Sakura. –dijo Eriol. –No nos subestimes, por favor. ¿Qué valor tiene ese artículo de Kero que guardas con tanto celo?
–Ni te lo imaginas. Ahora mismo los periodistas están buscando el artículo desesperadamente. –dijo Sakura. –Durante mi interesante conversación con Kaito, los corresponsales de prensa en la policía estaban escuchándolo todo. Por cierto, tu padre, el famoso Clow Reed va a ser candidato del Partido Conservador, ¿verdad? ¿No crees que los partidos de la oposición desearían esa información? Me pregunto qué destino le aguarda a un hombre con aires de grandeza y que se comporta de forma tan arrogante cuando pierda su poder. Pero podría perdonarte con ciertas condiciones.
–¿Qué clase de condiciones? –preguntó Eriol.
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–La muerte de Kaito va a ser tratada como un suicidio. –informó Katokura Ryo a sus compañeros. –Pero la prensa está sobre la pista. Hace quince años, Kaito ayudó a encubrir un asesinato.
–Me pregunto quién le pidió eso a Kaito, pero seguro que debe de ser un peso pesado de la policía. –dijo Takabe. Kaho, que había estado escuchando la charla desde su sitio, se distrajo al ver entrar a Shaoran. Entonces, saltó como un resorte para ir a su encuentro.
–¿Qué has estado haciendo? Te he estado buscando por todas partes. –dijo Kaho.
–¿La has encontrado? –preguntó Shaoran refiriéndose Sakura.
–No, pero mira esto. –dijo Kaho arrastrando a su compañero hacia su mesa para enseñarle algo en el ordenador. –Esta foto estaba en el USB que tenía Kinomoto. Mira el uniforme. No hay duda que es el de la Secundaria Tomoeda.
En la pantalla se podía ver la foto en la que Eriol salía de fondo con el uniforme escolar. En otra foto en la que salía Eriol ampliado, Sakura lo había señalado como su próximo objetivo con un mensaje muy explícito en el que se podía leer:
Hiragizawa Eriol, eres el siguiente.
Ambos pensaron que Sakura le hizo llegar esa foto al hijo del reputado político.
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Tras el encuentro con Sakura, Eriol volvió a la mansión, donde su padre lo esperaba en su despacho tradicional japonés.
–Por fin llegas. Debes saber que voy a despedirte. –informó Clow a su hijo Eriol sin paños calientes.
–¿Qué quieres decir? –preguntó el más joven.
–La contabilidad del ministerio se ha filtrado y debes asumir la responsabilidad. Hace quince años, cuando esa chica fue condenada a cadena perpetua, no supuso demasiada preocupación para ti, ¿verdad? Y ahora, justo antes de la elección del mayor representante del partido, ella está libre y con el artículo de ese periodista en su poder. Aunque sea un artículo escrito por un Don Nadie, no voy a poner en riesgo mi posición. Contribuir más al préstamo que te he dado con el dinero del Ministerio sólo agravaría el problema.
–Entiendo. –dijo Eriol tragando saliva mientras se levantaba para salir.
–Es natural para un padre recoger las piedras que hay a los pies de sus hijos mientras caminan. Deberías estar contento. Pero has tenido mucho tiempo para pagar la deuda que contrajiste hace quince años. –dijo Clow antes de que su hijo saliera.
Su padre básicamente le acababa de decir que se había hartado de protegerlo y que le cortaba la financiación, con lo que no podría llevar el mismo tren de vida que hasta ahora.
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Tras la muerte de Kaito, Sakura todavía no había tenido la oportunidad de acudir al mirador que solía frecuentar tras vengarse de aquellos que le arruinaron la vida. Por lo que después de su conversación con Eriol, lo primero que hizo fue ir allí.
Una vez que se acercó a la barandilla, sacó la cadena con el colgante de la pluma de cuervo de oro que le regaló su hermano Touya cuando se sacó el título de estilista canina. Allí recordó la conversación que tuvo con su madre en aquel mismo mirador hacía un año.
Flashback.
–¿Cómo te atreves a venir aquí? –preguntó Nadeshiko, postrada ya en una silla de ruedas. Al llegar a aquel lugar, se había encontrado a su hija, o más bien, a la hija de su marido. –Es el lugar desde el que Touya saltó para suicidarse. Desde aquí podía tener una vista de pájaro del lugar en el que creció mientras tú le arruinabas la vida. ¡Eres un demonio! ¡Deberías haber permanecido en prisión de por vida!
Fin del flashback.
Tras aquel amargo recuerdo de hacía un año, Sakura se soltó la cadena y la colgó en la barandilla, justo en el mismo lugar desde el que su hermano saltó para acabar con su vida. Después sacó su móvil y buscó entre sus contactos.
–Soy Kinomoto Sakura. Tengo que pedirte un favor ante la remota posibilidad de que me pasara algo. Confío en ti. –dijo Sakura.
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En su búsqueda de Sakura, Kaho fue al salón canino para comprobar si su jefa y compañera de trabajo sabían algo.
–¿Tenéis alguna idea de dónde puede estar Kinomoto? –preguntó Kaho. Tomoyo, con cara de afectada, se sentó en el sofá.
–Lo siento, pero Sakura apenas hablaba de sí misma. –respondió Meiling al ver a su jefa tan afectada. Desde que recibió aquella llamada de Sakura en la que le pedía que se deshiciera de sus cosas porque no pensaba volver, Tomoyo había estado como ausente. Kaho también se sentó en el sofá para tener una posición más cercana a Tomoyo que le proporcionara más confianza.
–¿Dónde está su familia? –preguntó Kaho.
–Su madre vive en una residencia. –respondió Tomoyo.
–Perdone pero, ¿le ha pasado algo a Sakura? –preguntó Meiling con preocupación.
–Alguien la tiene amenazada. –contestó Kaho sin querer entrar en detalles.
–¿Por qué? –preguntó Tomoyo más preocupada todavía.
–Hace quince años fue condenada por asesinato a pesar de ser inocente. –acabó explicando Kaho. –Ahora intenta vengarse, pero las tornas han cambiado y ahora es ella la que está en el punto de mira. Por favor, si os enteráis de algo o la veis, llamadme enseguida.
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Mientras Kaho iba a Mon Ange para ver si averiguaba algo del paradero de Sakura, Shaoran se plantó frente a la mansión Hiragizawa. Tras ver la foto del USB estaba claro que era el hilo del que debía tirar. Entonces, alguien le dio unos toques en el hombro. Para sorpresa de Shaoran, era el mendigo que Kero solía utilizar para algunos recados. ¿Acaso Kero guardaba más secretos? El hombre, sin decir ni una sola palabra, sacó una pequeña cámara digital del bolsillo de su chaqueta y se la dio a Shaoran. Después, le señaló la cámara, como diciéndole que ahí encontraría algo de su interés. Shaoran intuyó que Kero pensaba que tarde o temprano acabaría yendo por allí, por eso había dejado encargado a su mendigo de confianza pasarle los recados. Sin dilación, encendió la cámara y empezó a reproducirse un vídeo de Kero.
–Hola, Shaoran. ¿Ha mejorado tu humor? Seguro que te has preocupado al verme. Es como si hubiera venido desde el infierno, ¿no te parece? El hecho de que estés viendo esto significa que tanto Yuna D. Kaito como yo estamos muertos. Dicen que la mala hierba nunca muere, pero sorprendentemente, los dos hemos muerto muy pronto. De lo que más me arrepiento es de que no hayamos podido darnos un buen baño juntos en un onsen. ¡Ja, ja, ja, ja! Bueno, iré al grano. Seguro que piensas que estaba buscando desesperadamente a la persona que movía los hilos en el caso de los pastelitos de chocolate. ¿Y sabes qué? Tenías razón. Es el Viceministro de Justicia, Clow Reed, y su hijo Hiragizawa Eriol. ¿Verdad que he hecho un buen trabajo?
Sólo quiero pedirte que protejas a Sakura, por favor. Prométemelo. Para culminar su venganza, irá al lugar donde todo empezó, el laboratorio de la Secundaria Tomoeda. Es increíble las cosas que se pueden encontrar allí.
Entonces Shaoran se percató de que la puerta grande de la mansión se abría, entrando un coche oscuro. Hiragizawa Eriol abría la puerta trasera del coche y, para su sorpresa, Sakura salió de él. Al verse, Shaoran fue hacia ella.
–¿En qué estás pensando? –preguntó Shaoran, más alterado todavía tras la información que le había confirmado Kero por medio del vídeo. –¿Estás pensando en vengarte otra vez?
–No seas brusco con mi invitada. –intervino Eriol. Como respuesta, Shaoran sacó su placa haciéndole ver que estaba hablando con la policía.
–Soy detective en la Primera División de Investigación de la PMT. –dijo Shaoran.
–Ya veo. Aún así, no tienes nada de qué preocuparte. –dijo Eriol. –No hay problemas entre nosotros. Admito que tuvimos un pequeño malentendido por algo que pasó hace quince años, pero he enmendado mis errores. De hecho, nos entendemos bastante bien.
–¿Es eso cierto? –preguntó Shaoran a Sakura.
–Sí. –dijo Sakura. –Déjame ir, por favor.
–Adiós. –se despidió Eriol, seguido de Sakura. Shaoran no se fiaba nada de Eriol. Y tampoco de las verdaderas intenciones de Sakura, pero ¿qué podía hacer?
–Márchese, por favor. –le pidió uno de los escoltas de Eriol.
–No dejes que ese detective se vuelva a acercar a mí. –le pidió Sakura a Eriol mientras se dirigían hacia dentro. –¿Podrás hacerlo?
–Es pan comido. –dijo Eriol. Cuando Eriol entró, Sakura echó una mirada a Shaoran. Podía ver cómo le pedía con sus ojos que no fuera tras ese hombre, pero Sakura, no estaba dispuesta a acceder a esa petición.
Una vez dentro, Eriol la condujo a una habitación donde había una mesa de comedor y que parecía ser parte de una de las tantas estancias de la mansión. La habitación tenía muy buena iluminación al tener un ventanal.
–Hasta que pueda preparar un lugar seguro te esconderás aquí. –dijo Eriol cerrando la puerta. –Esta casa le es indiferente a mi padre y no siente ningún tipo de afecto por su familia. Para empezar, se casó con mi madre para poder ascender y adquirir prestigio.
–No esperaba que me dieras una respuesta tan fácilmente. –dijo Sakura sentándose.
–También a mí me están pasando muchas cosas. –dijo Eriol.
–¿Acaso quieres matarlo? –preguntó Sakura, que no se le escapó que la relación con su padre no era tan idílica como a simple vista parecería. Eriol cerró los ojos como meditando una respuesta.
–Bueno, podría ser.
–Eso me parece más creíble. –reconoció Sakura.
–Mi padre empieza a hacerse mayor y es la clase de persona que es mejor que deje de estar en el escenario lo antes posible. –dijo Eriol.
–Pues ejecuta el plan inmediatamente. –dijo Sakura. –Y por supuesto, no le des la oportunidad a ese detective de interferir.
Eriol sacó del bolsillo de su chaqueta una ampolla grande con un líquido y se la mostró a Sakura con una sonrisa.
–Hace quince años, un alumno de la Secundaria Tomoeda robó esta sustancia del laboratorio de ciencias. Creo que debería ir bien utilizando esto. –dijo Eriol colocando la botellita sobre la mesa. Sakura no podía dejar de mirar la sustancia que acabó con su familia, pero tras unos segundos, sonrió.
–Es cierto. –dijo Sakura. Qué mejor que acabar con uno de los culpables que de la misma manera en que murió su cuñada y su sobrino.
–Relájate. No fallaré. –dijo Eriol. –De ahora en adelante, yo tomaré el control de todo.
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Cuando Kaho vio entrar a Shaoran a la oficina con el ceño más fruncido de lo normal, intuyó que no le había ido demasiado bien. Sin ni siquiera saludar, fue a sentarse a su mesa.
–¿Cómo ha ido? –preguntó Kaho acercándose a él.
–Como suponíamos, el chico de la foto es Hiragizawa Eriol, el hijo de Clow Reed, el Viceministro de Justicia. Kaito era socio de ambos y manipularon las pruebas para acusar a Sakura. –explicó Shaoran.
–¿De dónde has sacado esa información? –preguntó Kaho.
–De un periodista.
–Ahora que recuerdo, Clow fue el fiscal a cargo del caso. –dijo Kaho. Pero a Shaoran no era eso lo que le preocupaba en ese momento.
–Sakura está en su casa. –soltó Shaoran.
–¿Qué?
–Planea algo, lo sé. –dijo Shaoran pensativo.
–Es la casa de Clow Reed. No podremos ni poner un pie. –dijo Kaho consciente de la dificultad que entrañaba proteger a Sakura estando ella en aquella mansión. Era una persona de las altas esferas y cuanto más alto se apuntara, más difícil y turbio se volvía todo.
–De todas formas, no nos queda otra que intentar pararla en lo que sea que esté tramando. –dijo Shaoran.
–La mansión de Clow Reed tiene tres entradas y salidas. –intervino Katokura. El nuevo jefe de la División le hizo a Shaoran un gesto con la mano para que se acercara a la pizarra. Ryo dibujo un croquis de la mansión de Clow con los puntos clave. –Hay una al frente, otra por detrás y otra en un lado.
Shaoran le preguntó con la mirada cómo es que tenía esa información.
–Hace tiempo me asignaron la seguridad de esa mansión. –se adelantó Katokura antes de que le preguntaran.
–Katokura, ¿puedo pedirte tu cooperación? –preguntó Shaoran. Ryo lo miró y Shaoran se inclinó. Ninguno de los presentes pensó que vería a Shaoran inclinarse de aquella manera, y mucho menos ante Katokura. Debía de estar muy desesperado para hacer aquello. Tanto, que hasta se tragó su orgullo.
–Cuando un detective de raza está dispuesto a bajar su cabeza, no puedo hacer otra cosa. –dijo Ryo aceptando ayudarlo.
–Entonces necesitarás al menos dos agentes para cada turno, ¿no? –dijo Takabe levantándose. Era su forma de decir que él también ayudaría.
–Sí, yo también me apunto a la fiesta. –dijo Fuji.
–Toma. –dijo Kaho entregándole un folio con la foto de Sakura. Shaoran se puso al frente y les mostró la foto a sus compañeros.
–Quiero proteger a esta chica. Se llama Kinomoto Sakura. Es la persona que Kaito intentó asesinar. –informó Shaoran.
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Una vez planificada la estrategia a seguir, Shaoran volvió a su apartamento, donde se encontraba Yue con Ruby Moon, a la que acariciaba cariñosamente para agrado de la perrita.
–Shaoran.
–Hola. Siento haberte dejado con Ruby Moon. –dijo Shaoran entrando con prisa. Abrió un armario del que sacó un bolso de viaje y comenzó a sacar cosas.
–No importa. Es lo mínimo que puedo hacer para ayudar. –dijo Yue, que se sentía lo suficientemente culpable al no poder ayudarlo más. –¿Quieres que prepare algo rápido de comer?
–No te preocupes. Tengo que volver a la investigación ahora mismo. –dijo Shaoran metiendo algo de ropa en el bolso.
–Por fin vuelves a ser tú. –dijo Yue. Shaoran le sonrió de vuelta.
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Las zonas colindantes a la residencia de Clow Reed y Eriol Hiragizawa se llenó de miembros de la Primera División de Investigación de la PMT. Había los suficientes como para vigilar las tres entradas sin llamar excesivamente la atención. Algunos pretendían ser ciudadanos que salían a correr, mientras que otros parecían simples transeúntes u hombres de negocios que simplemente pasaban por allí. Shaoran también vigilaba desde el coche de incógnito que solía tener asignado.
Ajeno al movimiento que se estaba produciendo en el exterior de su casa, Clow Reed hablaba por teléfono desde su tradicional despacho. La filtración de la contabilidad de su departamento supuso un imprevisto, pero nada que un hombre con su poder no pudiera manejar. En cambio, si salía a la luz aquel artículo escrito por Kero, su posición y su situación sí podría verse muy comprometida, especialmente tras la muerte de Kaito, su brazo ejecutor.
–Déjame la prensa a mí. –decía a su interlocutor telefónico. –Una vez que las elecciones hayan terminado haré que mi hijo asuma su responsabilidad. Su sacrificio debería ser suficiente. Ya me ha causado suficientes problemas durante todo este tiempo.
Lo que Clow no sabía era que Eriol y Sakura escuchaban toda la conversación por medio de un walkie-talkie oculto mientras llenaba una elegante jarra con el vino preferido de su padre en la sala en la que estaba Sakura, junto a un par de copas. Preparar ese sistema de espionaje fue muy sencillo. Era como el dispositivo que utilizan los padres para saber si su bebé llora por las noches. Era rudimentario, pero efectivo. De esa forma, podía anticiparse a todos los movimientos e intenciones de su padre.
–Con esto podrás hacerte una idea de todo lo que le pasará por dentro. –dijo Eriol una vez que vertió el vino de la botella en la jarra y señaló la ampolla con el cianuro potásico.
–¿No ha habido ningún cambio de planes? –preguntó Sakura.
–No. Antes de su reunión con sus compañeros de partido, me prometió cenar conmigo. –explicó Eriol.
–Si fracasas, será tú padre el que te mate. Lo sabes, ¿no? –advirtió Sakura.
–Por supuesto.
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La hora de la cena se acercaba y Eriol esperaba a su padre en el elegante salón. Cuando Clow entró, Eriol estaba llenando un par de copas con el vino de la jarra. Antes de decirle algo, Clow miró la copa que llenaba su hijo con suspicacia.
–¿Qué es esto? –preguntó Clow al ver un despliegue que le hacía entender que su hijo quería algo. –¿Todavía tienes algo de que hablar?
–Quería hablar sobre la filtración de la contabilidad. Creo que tienes toda la razón con lo que me dijiste, por lo que asumiré mi responsabilidad. –dijo Eriol quitándose el pin de la solapa de la chaqueta de su traje que lo identificaba como un miembro del equipo de trabajo del Viceministro de Justicia. –Ahora lo mejor es que te centres en ganar las elecciones para ser el candidato del Partido Conservador.
–Está bien. –dijo Clow asintiendo con la cabeza al ver que era la forma que tenía su hijo de dimitir de su cargo.
–¿Podemos brindar por mi nueva vida? –preguntó Eriol ofreciéndole la copa de vino a su padre. Pero Clow, que no se fiaba ni de su propio hijo, no cogió la copa que le ofrecía su hijo, sino la que tenía su hijo en su lado. Evidentemente, ese movimiento no pasó desapercibido para Eriol. –Por tu victoria, Papá… Y por mi futuro.
Padre e hijo brindaron con unas copas sorprendentemente afinadas. No obstante, pese a lo educado de la conversación, la tensión entre los dos era más que palpable y parecía una partida de póker. Con las miradas que Clow lanzaba a su hijo no paraba de analizar si éste se estaba lanzando algún tipo de farol. Tras unos segundos, Eriol se llevó la copa a sus labios y apenas rozó sus labios con el caldo.
–No me apetece vino. –dijo Clow dejando la copa en la mesa. El rostro de Eriol se volvió serio. Debido a la tensa relación que habían ido manteniendo durante los últimos años, Clow estaba convencido de que su hijo quería deshacerse de él envenenándolo. Se levantó y se dirigió hacia el mueble-bar y sacó su brandy favorito. Volvió al sofá y se sirvió una copa. No caería en la trampa que estaba seguro que le había preparado su hijo.–Por tu futuro.
Para sorpresa de Clow, a los pocos segundos de beber, sintió cómo los conductos respiratorios ardían mientras parecían hacerse empequeñecer. Instintivamente, Clow se llevó la mano a la garganta mientras intentaba respirar desesperadamente.
Eriol, desde su asiento, sonrió maléficamente. Efectivamente, se había tirado un gran farol y conocía tanto a su padre que supo bien cómo jugar sus cartas. Simplemente tuvo que fingir ser el engañado. Sabía cuál era la bebida preferida de su padre y simplemente tuvo que poner algo de cianuro potásico en la botella de brandy de su padre. El vino era una mera distracción. Era raro el día que no se tomara una copa de aquel brandy, por lo que tarde o temprano caería. Sólo utilizó el vino para engañarlo y hacerle pensar con sus gestos y sus actos que había envenenado el oscuro licor. Sabía de sobra que ni su propio padre se fiaba de él, y con razón. Pero a pesar de su sabiduría y su experiencia, Clow cayó en la trampa.
Eriol no dejaba de sonreír mientras su padre intentaba buscar algún resquicio de vida que sabía que se le escapaba ineludiblemente mientras miraba a su hijo.
–Sabía que harías eso, por lo que puse veneno en el brandy. –dijo Eriol revelando sus cartas mientras que Clow intentaba aflojarse la corbata para ayudar a sus pulmones a respirar. –Si hubieras bebido vino no te estarías muriendo, Papá.
El veneno terminó de hacer su efecto y Clow murió en el sofá a manos de su propio hijo.
–Nunca confiaste en mí. Y por eso estás muerto. –recriminó Eriol a un Clow ya cadáver mientras Sakura hacía aparición en la estancia. –Ya he cumplido mi parte del trato. Ahora es tu turno.
–Lo sé. Te lo daré mañana en el lugar acordado. –dijo Sakura refiriéndose al artículo de Kero. –¿No es hora de que llames a la policía? Después de todo, tu padre se ha "suicidado".
–Es verdad. –reconoció Eriol mientras volvía a ponerse el pin en la solapa.
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Shaoran salió del coche de incógnito desde el que hacía guardia al ver un coche patrulla con las sirenas puestas llegar a las puertas de la residencia de los Hiragizawa. Cuando uno de los policías salió del coche Shaoran ya estaba allí mostrándole su placa.
–¿Qué ha ocurrido? –preguntó Shaoran mientras el policía le saludó formalmente al ver que era un superior.
–Clow Reed, el Viceministro de Justicia ha intentado suicidarse con veneno. –respondió el policía. Para Shaoran era más que evidente que no era un intento de suicidio, sino que aquello formaba parte del plan de Sakura con la probable colaboración de Eriol.
Cuando los escoltas abrieron las puertas, Shaoran aprovechó para entrar rápidamente con los patrulleros. Lo que Shaoran no sabía era que Sakura había salido por otro lugar sin ser vista.
Cuando Shaoran llegó al lugar de los hechos, encontró a Clow Reed con un rictus de agobio en el rostro y la mano cerca del nudo de la corbata, evidenciando el sufrimiento de la muerte. Su hijo Eriol, permanecía sentado en el posabrazos del sillón.
–¿Has sido tú o ella? –preguntó Shaoran sin andarse con rodeos.
–¿De qué estás hablando? –preguntó Eriol. –Ha sido mi padre.
–¿Dónde está Sakura? –preguntó Shaoran cogiendo a Eriol de la pechera. –¡Tráela!
–Deberías mostrar algo más de respeto. Mi padre acaba de morir. –dijo Eriol. –Podrías ser un poco más comprensivo. ¿Es que no lo entiendes?
Pero Shaoran, todavía cogiéndolo de la pechera lo lanzó hacia el otro sofá.
–¡Deja de jugar conmigo en mi cara! –exclamó Shaoran. Los oficiales de policía fueron a separar a Shaoran de Eriol mientras unos camilleros de la ambulancia que acababa de llegar entraban para poder asistir al paciente. –¡Eres tú el que no entiende el dolor que has provocado!
–¡Llevaos a este tipo, por favor! –pidió Eriol mientras que los policías, que no comprendían la reacción de su superior, sostenían a Shaoran cada uno por un brazo. Cuando los policías consiguieron sacar a Shaoran afuera, se encontró cara a cara con Katokura Ryo seguido de varios compañeros más de su departamento.
–¡Li! Tenemos órdenes de arriba. Lo siento, pero tenemos que llevarte a la PMT. –informó Ryo esposando al castaño ante su atónita mirada. –Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte, pero ahora tenemos que detenerte.
Mientras lo llevaban al coche, Kaho también apareció por allí.
–¡Kaho!¡Cuídala! –le pidió Shaoran. –¡Sigue intentando vengarse!
Shaoran no sabía de qué se le acusaba, pero estaba claro que Eriol había movido hilos para mantenerlo al margen y por eso había acabado en el calabozo de su propio lugar de trabajo.
–¡Dejadme salir! –gritaba Shaoran. –¡No tengo tiempo como para perderlo aquí! ¡Abrid!
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Tras salir de la residencia de Eriol, Sakura acudió al lugar acordado con Eriol, aunque el encuentro no sería hasta el día siguiente. La lluvia había hecho que el día se oscureciera antes de lo normal. Con un paraguas transparente, se plantó frente a la Secundaria Tomoeda, el lugar desde donde salió el veneno que truncó las vidas de su cuñada Nakuru y su sobrino, y por extensión la de su hermano Touya. Debía cerrarse el círculo.
Sakura buscó por los alrededores hasta que encontró una tapa de un agujero de forma rectangular en el suelo entre la maleza de una zona del patio que estaba a tan sólo unos pocos metros de un generador atmosférico de agua protegido por una valla y con el que se podía suministrar agua potable al instituto. Al fin y al cabo, ella conocía muy bien aquel instituto porque también estudió allí. Aquello sería perfecto para atrapar a su presa.
Continuará…
