A Romi, mejor conocida como Vientos Sueltos.


«No sé de qué hablar... ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?». —Voces del Chernóbil, Svetlana Alexiévich.


A conciencia

—Siempre he sabido que nos atraíamos, mas no quería jugar a ese juego. Ya es bastante malo que nos consideren inferiores como para también hacer de tonta cuando se puede ser práctica.

Las palabras de Petra eran directas y sin florituras. El ejército y el mundo estaban dominado por los hombres, por lo tanto, el poder y la porquería estaban de su lado. Un paso en falso de las mujeres y el infierno las estaría esperando.

—Como si no fuera un secreto a voces estridentes la evidente degradación hacia ustedes: el mundo es demasiado hipócrita —bufó él.

Por lo general, una gran parte de las personas, tanto hombres como las mismas mujeres, tendían a pensar y a hacerle pensar a los demás, que cuando una mujer sentía atracción sexual hacia un hombre o quienquiera, ésta dejaba de pensar con claridad o por sí misma. Estaban algunos casos en que sí, pero eran hechos compartidos con la comunidad masculina, dejando por enterado que no por el simple hecho de ser mujer, todas perdían la razón. O que fuera una clase falla exclusivamente femenina.

Todos los humanos podían errar por el simple hecho de serlo.

—Todo lo que hacemos nunca será suficiente, siempre nos criticarán y seremos blancos de burla al destacar. Seguirán comentarios de que actuamos como locas y somos inestables por nuestro ciclo menstrual. Se supone que no segregan para «protegernos», pero no es verdad. Nos separan por la simple razón de llevar el control, para mantenernos debajo de cualquier cosa. El mejor ejemplo es que aun cuando somos muchísimas las mujeres que integramos al Ejército, no tenemos grandes cargos a la par con los hombres, sí, es verdad que hay varias capitanas de escuadrón dentro de la Legión, sobre todo, pero en general, ¿comandantes? ¿Algún lugar dentro del Concejo Real? Si la mayoría de los hombres pensaran como el comandante Erwin, obviamente todo sería diferente, en mi vida he visto un hombre con tales ideales en cuanto a igualdad, pero no soy estúpida; sé que su mejor cualidad es la palabra después de su inteligencia, su labia, se gana a la gente así y así los manipula, pero prefiero a un manipulador que nos trate como iguales a un bribón con aires de equidad y justicia que solo quiera mangonearnos y abusarnos. Mire a la Policía Militar, una división compuesta mayormente por hombres derrochadores y perversos que se pasan el día bebiendo y metidos en prostíbulos llenos de mujeres y niñas a las que no les queda otra alternativa que ganarse la vida mancillándose para poder sobrevivir, entonces luego estos mismos tipos van a sus casas y tratan a sus esposas y a sus hijas como si nada.

Si ella supiera cuánto de eso había sido parte de su vida allá en la Ciudad Subterránea.

Se le notaba el enojo al soltar las últimas sesenta y seis palabras con tanto desprecio, aunque más remarcado en las dos palabras finales con amarga ironía, se fijó Levi.

Podría darle un discurso de unanimidad en cuanto lo que exponía, pero volvió al principio del tema sabiendo que ella entendería que no estaba haciendo a un lado nada, sino que lo agarraba por la cabeza y tiraba de ese punto porque ramificaba lo demás.

—El mundo es sórdido y está torcido, Petra. De todos modos, no es que necesitáramos ser explícitos, ya igual lo hacen; varios meten sus narices en un intento de agraviar la verdad. Y pasen o no las cosas, la gente siempre especula y habla. Creen que desde tu llegada he estado follándote. —Crudo y directo como era, la conversación con Levi no arrojó ningún tipo de malicia para ponerla incómoda.

Petra suspiró cansinamente.

—Ya lo sé, y no es porque hablen que no llegué a hacer algo, sino que preferí no sostener una receta para el desastre si llegábamos a alguna cosa o para ser más exactos, a una relación sexual. Por eso, capitán, es que aquí sigo, luchando por nuestros propósitos. Yo me casé a los dieciséis años con hombre bueno y justo, ambos estábamos tragados de amor juvenil, y no por ello dejamos de ser quienes fuimos aun cuando éramos algo inocentes y tontos, creyendo que podríamos atravesar tantas cosas. Yo estaba reacia a casarme con él, era demasiado joven y no quería vivir mi vida encerrada en casa a la espera de un marido, pero él me hizo saber que nuestra vida no sería así y me convenció con hechos. Él quiso servir al Ejército y así fue, dos años más tarde de habernos casado partió a alistarse, duró menos de cinco meses. No llegamos a tres años de casados. Muchas veces conversamos y discutimos sobre tener nuestra propia familia, él siempre quiso que tuviéramos un bebé, pero yo no estaba dispuesta a parir a una criatura en este mundo colapsado donde si no te matan los titanes te mata la mala gestión y el abuso del Gobierno. Y aunque él me hubiera amenazado, yo no la habría permitido, me hubiese ido. Gracias a su forma de ser y su comprensión no llegamos a eso, pero él me hizo ver que yo podría hacer algo distinto también. Cuando murió, pensé que yo moriría con él, fue peor haberme enterado de su muerte que haberlo dejado partir el día que entró al reclutamiento: de la muerte no podrá volver jamás.

La mirada de Petra tenía destellos melancólicos de esos recuerdos, reviviendo esos días. Lo había amado con intensidad, lo notaba.

»Cuando me llegó la carta de que ya estaba en la Legión de Exploración no me sorprendió, era lo que él quería, me lo había dicho antes. Aunque en aquel momento yo no sabía por qué, me tocó entenderlo luego. No solía describirme lo que pasaba aquí dentro, se lo guardaba para sí. Yo en esos días trabajaba con mi padre en su pequeño negocio de la panadería y también estaba muy ocupada, pero sentía que no era suficiente; no teníamos para emplear más que a dos chicas y veía cómo de malos eran los otros trabajos que conseguían. El tiempo iba pasando y la idea poco a poco se iba formando en mi cabeza; el Ejército pagaba bien en comparación a otros empleos y aceptaban mujeres. Claramente corríamos el riesgo de morir o de ser atropelladas, pero igual lo era en nuestra vida civil. Se lo platiqué a mi padre y él se molestó, obviamente su egoísmo era por miedo a perderme, yo soy su única hija y mi madre murió cuando me dio a luz. Dejé las cosas tranquilas por un breve tiempo, pero luego se los dije a las otras muchachas que conocía, algunas querían y otra no, pero yo seguía entusiasmada. Aunque no sabía nada de la vida militar o los gajes del oficio por experiencia propia, preveía lo dura que iba a ser. Mi estura junto a mi condición de mujer podría ser una desventaja en cuanto a fuerza, pensé, pero no me amilané, yo quería servir con el propósito de ayudar a aniquilar titanes, sí, pero principalmente para transmitir los roles y las luchas en que puede participar una mujer. Que podemos ganarnos la vida por nosotras mismas y que somos más que vacas que paren, porque es así como nos ve la sociedad: como vacas a las que se le saca beneficio. Y mi esposo, un hombre que solo me tenía a mí, quería tener un lugar donde no hubiera titanes para que así, personas como él y yo pudieran obtener una familia sin miedo a que un maldito titán se los comiera o los destripara. Y por los Dioses, yo también quería y él lo sabía. Y, aun así, no me obligó a nada. Me respetó. Y aquí estoy hoy, siendo la única mujer en su escuadrón honrando su memoria y mis metas. No por suerte, sino con trabajo. He tenido menos calamidades que otras mujeres y he sido afortunada por eso al tener también gente buena a mi alrededor, pero no es cuestión de suerte, jamás; es cuestión de cambiar la sociedad, porque el mundo siempre será el mismo. Con lo terrible y viciado que es, no todos pueden involucrarse y permitirse luchar por algo cuando podrían perder tanto ante los que tienen poder.

Levi entendió que Petra era ese tipo de mujer desde el principio; de las que luchan con uñas y dientes, aunque lo que lograran fueran tan poco, pero al mismo tiempo representaba un triunfo enorme. Ella era así, no dejaba de lado el sentido común. Aunque él no podía negar que al comienzo la había juzgado frágil cuando lo que había sido era inexperta cuando apenas había entrado a la Legión.

La recordó con el cabello de aquel entonces; más corto, apenas bajo las orejas y la nuca.

No iba a mentir y decir que le atrajo su personalidad a primera vista, todo lo contrario; le repelía un poco debido a aquella aura tipo simpática que tenía porque chocaba con la suya. Era una sensación desconcertante y llena de tirantez.

La había encontrado hermosa, pero eso no era nada que pudiera pasar más allá de lo común. La cuestión fue que, Petra, quien había sido muy miedosa en campo abierto con los titanes —al igual que Auruo— era la única con el valor suficiente a atreverse a llevarle la contraria o decirle cómo podía emplear mejor algún plan o intención en sus tiempos de novata. No es que no supiera obedecer las órdenes de un superior, sino que tenía la suficiente capacidad mental para cuestionar las acciones y las consecuencias de los métodos y dar su opinión. Fue ese rasgo en su carácter lo primero que le hizo ganarse un lugar en su escuadra.

Ahora que la había besado, Petra no perdió los papeles o actuó raro más allá de lo humano. Lo que sí, es que aquel hecho pareció abrir una puerta a sus anteriores vivencias y recuerdos más preciados u odiados y celosamente guardados. Y no era por ello que estaban hablando así aun cuando eso lo había conducido.

Ellos solían platicar constantemente; la comunicación entre ellos era fluida dado el trabajo y la convivencia. No obstante, casi nunca era sobre asuntos personales. Parecía justo y normal charlar de ello en aquel momento, puesto que sucedió con naturalidad y era de alguna manera, inquietante y asombroso.

Petra era intuitiva pero muchas veces el miedo a lo desconocido en el desmedido terreno militar la alteraba a tal punto que entonces perdía los estribos. Era uno de sus defectos.

Tenía miedo de morir, naturalmente.

Petra era como las amapolas, que en primavera caían en los arroyos y los ríos sin poder evitarlo; se veían arrastradas por una fuerza que en vez de marchitarlas les daba un tiempo más de vida. Transformábanse en calmante y alejaba el malestar de los dolores. Se suponía que las flores solo cumplían su rol en el mundo siendo bellas y dejando semillas para obtener más, pero las flores comúnmente también eran usadas como remedios para las peores enfermedades que pudiera haber; aunque fueran en el exterior tan blanditas y fáciles de romper, dentro llevaban enormes misterios y conocimientos que apenas se alcanzaban a comprender. Podían ser tan benignas como mortales.

Los miedos de Levi eran más locos; la suciedad y el enclaustramiento. La incapacidad de dormir todavía albergando unas ganas tan intensas de hacerlo. Y a veces, tomaba té de amapola —receta que le había dado Hange— o de jazmín y lo relajaba tanto que, hasta podía permitirse la rareza de caer en dos horas de sueño vulnerable y, sin embargo, placentero, aunque fuera tan efímero. O simplemente vaciar su mente y encontrar una especie de sosiego que le quitaba los dolores de cabeza que muchas veces lo aquejaban.

Y fue ahí cuando se dio cuenta que, aunque se había creído convertir en el papel que tantos años llevaba actuando bajo aquella máscara de frialdad y tosquedad, había algo que le fallaba y delataba.

Levi no se veía a sí mismo como héroe, pero tampoco como villano, sino más bien como alguien que tenía que hacer lo que tenía que hacer: un maldito perro, era el tipo de hombre que era, que tenía que ser. No iba mentirse a sí mismo cuando de por sí ya iba por la vida entre engaños y trucos utilizando y siendo a su vez, utilizado. Erwin le dejado más que claro eso cuando en su propia ignorancia se había pensado más inteligente, e inducido a raíz de eso sus errores lo habían marcado con hierro caliente al haber mandado a muerte segura a aquellos dos pobres diablos que eran más que sus amigos, como hermanos.

Consumiéndose en la fragosa desavenencia de cada riesgo sabiendo que se podría tropezar si se iba por la senda de los escrúpulos, pero yéndose al carajo al mismo tiempo por no tenerlos, una ínfima parte suya no quería dejar a relucir que eso lo atormentaba.

Y en contradicción, como una absurdez, obviamente sí se había mentido.

¡Maldición!

Llevaba tiempo aceptando esa verdad a medias para que no fuera una mentira en toda su extensión. Porque mentirse a sí mismo era lo que menos le gustaba; engañar a los demás era fácil. La mayor urdimbre en que podía acabar vuelto mierda era ser falso consigo mismo.

Pero ojos sagaces lo habían descubierto más rápido que él mismo.

Erwin había sido sutil, meticuloso, pero directo y firme. Maldito, nunca podría dejar de seguirlo.

Hange, con sus irritables chistes sobre «piedras preciosas», «piedras fuertes con grandes magnitudes de atracción» o sencillamente «tu piedra», le había dejado en claro que sabía distinguir sus autenticidades por encima de su máscara tan prosaica con aquellas evidentes referencias al nombre de Petra.

Demonios, nunca podría ir encubierto con esa tipa.

Ya. Era más que atracción, era más que gusto y deseo lo que sentía por aquella mujer. Y ahí, ahora. en ese mismo momento no podría refutarlo con nada.

Y lo que había pasado en la tarde, lo que había sido una escena que al principio era solo un acto para obtener algo de aquel deseo que por mucho tiempo se había negado a hacerle frente, lo llevó al estrépito real al incurrir en él.

La voz de Petra lo sacó de su fuero interno.

»Usted actúa como si obligara a la gente que está consigo a realizar algo, pero en realidad los enseña. Hizo eso con nosotros: con Auruo, Erd, Günther y yo. Quiere verse completamente displicente, pero gana lealtad. Es más amable de que lo que piensa. Es muy complicado, la verdad. Pero es solo un hombre y yo una mujer, no podemos pretender separar las relatividades de nuestros sentimientos por miedo a caer en ellos.

Le sonrió, había calidez en sus ojos.

Y entonces el panorama cambió, se le descubrían nuevos ángulos y bordes. Una gama extensa de colores que empujaban ante la frecuencia de grises abrumadores.

—No es…

Se detuvo de golpe. Agachó la cabeza y miró hacia otro lado por un momento, luego volvió a subirla y la vio directamente.

Ella la aguantó.

Se le hacía muy difícil encontrar las palabras adecuadas para expresarse en ese momento y responderle a Petra.


«Ese coronel nos recibió con las siguientes palabras: "A ver, muchachas, habéis venido a batallar, pues hacedlo y no hagáis nada más. Estaréis rodeadas de hombres, no de mujeres. A ver cómo os lo explico, chicas… Es la guerra". Daba por hecho que éramos unas niñatas». —La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexiévich.


NOTA

Bueno, pues, ya que mi nota anterior fue algo como una media cagada por no explicarme del todo, sepan que vengo a redimirme. Los chistecitos de Hange sí son graciosos, pero Levi los halla fatal porque es él, gente. Huraño e irritable. Igual la adora y es su mejor amiga. [canción cursi].

En mi fic, Levi tuvo miedo de tener sexo con las mujeres porque no quería embarazarlas, siendo un adolescente aún no sabía qué métodos anticonceptivos empleaban las personas en aquellos tiempos (dentro de la sociedad de SnK), además de su nula experiencia con toda la situación. Era un miedo proveniente de sus traumas infantiles, de la vida de su madre y la suya, de todo lo que sufrieron por las injusticias de la vida. Su madre era prostituta y él fruto de ello, ¿qué esperaban? No un tópico fantasioso del hombre duro que se las sabe todas y es el amante más experimentado del mundo desde el principio, puaj. Así que creo que debió entrar en el asunto de adulto, un tiempo después de haber entrado a la Legión, y posterior a las muertes de sus amigos.

Ahora, siempre quise darle una continuidad a esta historia, pero no sabía cómo hacerlo, hasta que hace poco encontré la forma de ponerlo en palabras y salieron varios experimentos. He retocado algunas partes del capítulo anterior porque no estaba conforme; lo sentía un poco plano y algo superfluo, por si se lo preguntan. Y si no, ya lo saben igual. [hombros alzados].

Svetlana Alexiévich, es una periodista de guerra, ha sido capaz de revelar las peores suciedades que la comunidad masculina (dentro y fuera) del ejército soviético quiso tapar. Ganó el Nobel de Literatura 2015 en reconocimiento a su trabajo en La guerra no tiene rostro de mujer. Sus relatos, muchos de ellos vetados en varios países queriéndola censurar. Es ucraniana, pero hace muchísimos años que dejó el país y tuvo que exiliarse dada la intensa lucha que le daba al Gobierno y todo lo que exponía en sus trabajos, por lo que me parece imposible no referirme a la actual situación que presenta Ucrania y la invasión que le ha hecho Rusia: es simple y pura matanza por parte de Putin. No tiene ni tendrá nunca justificación alguna.

En sus historias, La guerra no tiene rostro de mujer, Los muchachos de zinc y Voces del Chernóbil, se retratan muchos hechos que aún hoy en día siguen siendo parte del día a día de la gente que vive bajo regímenes y guerras. Hay mucha referencia de ello en muchos de los fanfics que he escrito para SnK. Su trabajo nunca podrá ser replicado, es demasiado real y original, son voces que resonarán sin importar la generación. De alguna manera, siempre termino enlazando sus historias con la trama que Hajime Isayama nos muestra porque, si bien ésta nunca fue sobre malos y buenos, sino de todo el sufrimiento y abuso que hubo de por medio y las consecuencias que tuvo, hay mucha gente en el fandom que aún no comprende eso. Necesitan salir de su burbuja y madurar. Se preguntarán: ¿Acaso tú has vivido algo así? No una guerra nuclear o una invasión, pero sé lo que es estar bajo un régimen gubernamental que mata de muchas maneras, lo vivo todos los días, por lo que también sé que hay cierta hambre de esperanzas.

Muchas gracias por leer, hasta la próxima.