Obsesión

Desde el día en el que mi carrera como periodista inició, me comprometí a buscar la verdad. A informar al pueblo norteamericano sobre los peligros que acechaban constantemente a nuestra nación. Nada importaba salvo la verdad.

Cuando los posteriormente nombrados Vengadores detuvieron la invasión chitauri supe que una nueva y caótica era se aproximaba para la humanidad. Una era de fenómenos y de locos que se creían por encima de la ley, y el surgimiento de nuevos fenómenos como los Cuatro Fantásticos, Daredevil, los X-Men, Ant-Man o la Avispa no hizo más que confirmar mis temores.

Y entonces Spider-Man apareció.

Siempre me comprometí a buscar la verdad. Y si había algo que no toleraba era la gente con secretos. Spider-Man era el peor de todos esos fenómenos. Portaba una máscara para ocultar su identidad. Y un hombre que ocultaba secretos con una máscara no podía estar ocultando nada bueno.

Le odiaba. Su bromas. Su superioridad. Su poder. Sus patéticos intentos de demostrar que era un héroe ante los ciudadanos poco iluminados. Ya hasta oía gente en las calles llamándole el próximo Capitán América.

Pero yo sabía que no era un héroe. Un héroe de verdad se tomaría las cosas seriamente. Un héroe no haría apariciones públicas o en la televisión por dinero. Un héroe no mantendría en secreto ni su rostro ni su identidad. Sólo los hombres con secretos hacían eso. Los delincuentes. Los farsantes. Los caza-fortunas.

Así que comencé una campaña contra él. Me dediqué a exponerlo en cada oportunidad que tuve, confiado en que tarde o temprano tiraría la toalla, reconociendo ante todo el mundo el fraude que era. Pero no funcionaba. Nada de lo que decía parecía afectarle.

"Jonah, esta obsesión con Spider-Man está nublando tu juicio. No podemos estar siempre publicando noticias sobre lo mismo, y temo por tu salud. Tu esposa y tu médico ya te han dicho que podrías morir de un ataque al corazón si sigues teniendo la presión tal alta. Es sólo un hombre. ¿Qué pasó con priorizar la verdad y la evidencia por sobre la opinión personal?"

"Spider-Man es una amenaza pública, Robbie. Y esa es la única evidencia que necesitamos."

"¡Spider-Man nos salvó a mi hijo y a mí de Tombstone! Y cada año que pasa sigue salvando incontables vidas sin recibir nada a cambio. ¡Es todo menos una amenaza pública!"

"Seguramente él y Tombstone estaban confabulados. Usó a Lincoln como un chivo expiatorio, traicionándolo para así lucir como un héroe."

La peor parte de ser John Jonah Jameson es que John Jonah Jameson siempre tiene la razón. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de acabar con aquella amenaza arácnida. Y si mis palabras impresas en papel no eran suficientes, entonces tendría que recurrir a medidas más extremas.

"¿Está seguro de que funcionará, doctor Stillwell?"

"Absolutamente, señor Jameson. El suero y esta armadura otorgarán al señor Gargan una fuerza y una agilidad que superarán ampliamente las de Spider-Man, y la cola unida a su sistema nervioso le permitirá disparar un ácido corrosivo capaz de disolver cualquier material sólido en cuestión de segundos. Aunque no estoy seguro de que su mente pueda resistir el tratamiento sin sufrir algún tipo de efecto secundario."

"Pero tendremos control sobre él, ¿verdad?"

"Bueno, en teoría sí, pero…"

"¡Entonces no pierda más tiempo, hombre! ¡Es hora de que el mundo sea introducido al nuevo héroe de esta generación! ¡Aquel que nos librará de ese nefasto lanza-redes para siempre! ¡MacDonald Gargan, EL ESCORPIÓN!"

Y todo fue en vano. El Escorpión perdió la razón, y tras asesinar a Stillwell fue tras de mí, solo para que Spider-Man me rescatase. Terminé siendo salvado del monstruo cuya creación había financiado por el monstruo que había intentado eliminar. Pero estaba claro que Spider-Man sólo lo había hecho para que no hubiese otros fenómenos arácnidos como él. No había otra explicación.

Mis acciones habían resultado en la creación de otro lunático. Así que decidí probar de nuevo. El doctor Spencer Smythe, su hijo Alistaire y sus robots mata-arañas. Otro genio, otro monstruo. Sentía que debía corregir el error que había cometido con Stillwell y con Gargan para sentirme mejor. Para que su sacrificio no hubiese servido de nada.

Y Spider-Man lo volvió a hacer. Otro genio muerto, otro monstruo en prisión jurando venganza contra mí. Y ése fue solo el segundo de muchos otros casos similares.

Judas Traveller. Un ex-científico convertido en un hombre lobo. Una aberración genética haciéndome responsable de lo hundida que estaba su carrera, muriendo en su intento por matarme. Y una vez más fue Spider-Man quien me rescató. Ese maldito trepa-muros me usaba como un medio para probar su falsa inocencia frente a la ciudad. Mientras que mi periódico seguía perdiendo más y más lectores.

El problema de tener la razón es que muchas veces te encontrarás con que tu punto de vista no es el más aceptado. Que todos menos tú viven encerrados en una burbuja, y por eso se precisa de alguien que les conduzca a través de las tinieblas, haciéndoles ver la luz. Hacerle entender que los únicos héroes a los que hay que admirar es a los policías. A los bomberos. A los astronautas. Héroes como mi hijo.

Entonces sucedió lo inesperado. Mi hijo había despegado en un cohete que, según las predicciones del equipo del centro espacial John F. Kennedy, alcanzaría Saturno. Pero una repentina avería produjo que el cohete cambiase de trayectoria, estando a punto de estrellarse justo en Denver, Colorado. Y una misteriosa joven disfrazada de Spider-Man lo impidió, utilizando sus telarañas para desviar el rumbo de la nave y regresarlo a la base, logrando que lo que habría sido un choque inminente no pasase de ser un aterrizaje forzoso.

"¡Increíble! Ha...¡Ha salvado a mi hijo! Luce como Spider-Man, ¡pero no es él! ¿Cuál es su nombre, señorita?"

"Soy Ghost-Spider, señor Jameson. Y si quiere agradecerme de alguna forma, deje de publicar esas horribles noticias sobre mi amigo Spider-Man en su periódico."

Un centenar de dudas y de preguntas fueron formuladas en mi cabeza, girando en torno a aquella joven enmascarada. Por fin había una nueva Capitán América en la ciudad. Una persona con secretos en la que, valga la contradicción, sí podía confiar. Que sí podía promover.

"¡PARKER! ¡No te pago para holgazanear! ¡Quiero más fotos de la nueva chica araña combatiendo el crimen y de Spider-Man cometiendo crímenes! ¡Tenemos que demostrarle a la ciudad que ella sólo está trabajando con esa amenaza trepa-muros porque de seguro la está manipulando!"

"Pero señor Jameson, ¿no cree usted que quizás están trabajando juntos porque son aliados?"

"Hasta que él eventualmente se deshaga de ella. ¡Debemos advertirle acerca del error que está cometiendo!"

"¿Sabe qué? Olvídelo."

"¡La gente idolatra demasiado a ese payaso busca-propaganda y a sus compañeros vigilantes! ¡Tenemos que mostrarles que los verdaderos héroes son los policías, bomberos y médicos de esta nación! ¡TENEMOS QUE COLGARLO DE SU TELARAÑA!"

Siempre me pregunté cómo era que un joven tan inmaduro e inexperto como Parker podía conseguirme tan excelentes y claras fotografías de esa amenaza. Pero mientras siguiese de esa forma con el buen trabajo, no me molestaba seguir pagándole lo justo y suficiente para un chico de su edad. Además en ese momento habían asuntos más importantes, como por ejemplo saber qué era lo que Spider-Man le estaba haciendo a esa inocente y ahora mutada muchacha, o tratar la repentina paranoia que John había desarrollado a causa del accidente en el despegue.

"Te lo juro, papá. No había margen posible de error. Este no fue un simple incidente. Alguien programó o controló el cohete a control remoto para que éste se estrellase en Denver."

"John, tranquilízate, ya estás a salvo. Déjame las conspiraciones terroristas o internacionales a mí."

Pero mentiría si no dijese que John no me había traspasado sus temores. Empecé a pensar que Spider-Man estaba inextricablemente conectado con lo acontecido, que podría haber saboteado el despegue para poner a Ghost-Spider a prueba. Así que, buscando entre mis contactos del bajo mundo, contraté a un tal Daniel Beckhart. Un matón de poca monta que por aquel entonces había sustituido al temporalmente retirado Quentin Beck como el nuevo Mysterio. Quería que buscase a Spider-Man y lo borrase para siempre de la ecuación. Un último intento de hacer que uno de esos dementes en mallas y con trucos y artilugios baratos se deshiciese de aquel condenado trepa-paredes.

Y todo fue una pérdida de tiempo. El nuevo Mysterio sólo probó ser una decepción. Spider-Man le derrotó, con los millones que había pagado por adelantado resultando en nada. Y aquella misma noche, apenas volví a mi casa, sentí un fuerte dolor en el cuello, como si algo me hubiese picado. Perdí el conocimiento a los pocos segundos, cayendo.

Desperté en un sitio desconocido, amarrado a una precaria silla de madera y rodeado de una decena de hombres uniformados y armados que me apuntaban en silencio. Los lideraba una despampanante mujer de cabello plateado e intensos ojos azules que, apenas se percató de que estaba despierto, se sentó en una silla colocada al revés justo frente a mí, mirándome de arriba a abajo con una cara de pocos amigos.

"Buenos días, señor Jameson. Mi nombre es Silvija Sablinova, pero se referirá a mí como Sable de Plata, fundadora y propietaria de Sable Internacional."

"Sé muy bien quién es usted, señora. Y no me atemoriza."

"Por supuesto que lo sabe. Así como también imagino que sabe por qué está aquí."

"Lo único que sé es que estoy siendo retenido contra mi voluntad por la más detestable mercenaria symkariana que existe. Y por un puñado de asesinos a sueldo de tercera."

"Afloje su lengua, señor Jameson. Otros hombres que me han hablado de esa forma perdieron la suya por menos."

El fracaso de la contratación de Mysterio todavía estaba fresco en mi memoria. No estaba de humor para ese tipo de conversación.

"¡Exijo que me libere y que me diga por qué se me ha traído aquí! ¡Soy norteamericano! ¡Tengo derechos!"

"Sus derechos no aplican aquí, señor Jameson. Se encuentra ahora mismo en suelo symkariano, y Symkaria no extradita a los suyos. Pero con gusto le puedo responder por qué está aquí. Está aquí para ser interrogado."

"¡¿Interrogado?! ¡Yo no tengo nada que ver con ustedes más allá de las protestas que he proclamado contra usted! ¡Y no me retractaré de nada de lo que he dicho!"

"Me temo que nuestros caminos están más entrelazados de lo que usted piensa. Como asumo que tiene presente, Sable Internacional se dedica desde hace años a la caza de súper criminales tanto europeos como a nivel extracontinental, bajo las narices de S.H.I.E.L.D. y de su preciado gobierno. Le hemos seguido desde hace un tiempo, y sabemos que ha estado involucrado en la creación de amenazas públicas como el Escorpión y los mata-arañas. Y no hace mucho descubrimos que su desaparecido padrastro solía pasarle información al Tercer Reich y a HYDRA a través del gabinete de los Estados Unidos. Información que Hitler utilizó para invadir Symkaria, y de no haber contado con la ayuda provisoria de Lavteria hubiésemos caído en manos de los nazis, o peor, absorbidos por la Unión Soviética por lo vulnerables que estábamos."

"¡ESO ES MENTIRA! ¡Mi padrastro David es un héroe! Él…"

"Es un cerdo asesino responsable de la muerte de mil doscientas personas, entre las que se incluye el asesinato de Anastasia Sablinova, mi madre. Queremos que nos diga exactamente dónde se encuentra y que deje de hacer esas falsas acusaciones sobre mi personal y mi organización, o de lo contrario haremos pública su participación en el homicidio de Farley Stillwell y de las vidas tomadas por Mac Gargan y la familia Smythe, al igual que su reciente trato con Daniel Beckhart para el intento de homicidio del vigilante Spider-Man."

El terror tomó completo control de mi cuerpo. Si lo del Escorpión, los mata-arañas y Mysterio se revelaba, perdería mi periódico, el trabajo de toda mi vida y a mi familia. Las consecuencias de todas mis malas decisiones finalmente me habían alcanzado. Y no tenía a quién pedirle ayuda.

"¡NO SÉ DÓNDE ESTÁ! ¡LO JURO! ¡HACE AÑOS QUE PERDIMOS CONTACTO!"

"Yo creo que sí lo sabe. Y si a la cuenta de tres lo próximo que sale de su boca no es un estado y una dirección, me encargaré personalmente de subir a las computadoras de las oficinas privadas de la Casa Blanca toda la evidencia incriminatoria que hemos almacenado en este pequeño pendrive."

Atemorizado y con el rostro empapado en sudor, cerré los ojos sin saber qué decir. Lo siguiente que escuché fue una puerta cayendo estruendosamente, a lo que siguió una ensordecedora balacera y una serie de golpes y gritos. Y mientras sentía que era desamarrado y trasportado por los aires, oí una familiar y odiosa voz.

"Empiezo a cansarme de tener que salvarte el pellejo, Jonah."

Spider-Man. Debí imaginar que no podría resistir la tentación de "salvarme" para probar que no era el farsante que sabía que era. Me llevó columpiando hasta la parte trasera de un gran y rectangular contenedor, donde estaríamos temporalmente a buen resguardo de las balas.

"¡No necesitaba tu ayuda! ¡Déjame ir!"

"A menos que seas agente de la Matrix dudo mucho que puedas salir de aquí sin que al menos uno de ellos te vuele los sesos. Así que mejor ten un poco de humildad y agradéceme que te salvé por una vez en tu vida."

"¡Gran héroe has resultado ser! Sable subirá esa información para arruinarme ahora que he huido."

"Y te lo tienes bien merecido. Tú mismo te causaste todo esto Jonah, no yo."

Tenía algo de razón. Pero no podía demostrar debilidad ante él. Me rehusaba a darle el placer.

"¡¿Yo?! ¡Incriminaste y enviaste a la cárcel a mi viejo amigo, Norman Osborn! ¡Acusaste a Frederick Foswell de ser el Big Man! ¡Causaste la muerte de la detective Jean DeWolff! ¡No sé cómo convenciste a la policía y a los jurados, pero a mí no me engañas! ¡El Duende Verde y el Big Man eran tus aliados! ¡Actores pagados!"

"¡Jonah, no digas estupideces! ¡Norman Osborn era el Duende Verde, al igual que Foswell era el Big Man! ¡Y la detective DeWolff fue asesinada por el Devorador de Pecados! Mientras tú estabas ocupado redactando otro artículo sobe la gran amenaza que soy, yo estaba averiguando quién había tratado de matar a tu hijo, ¡y de no haberlo hecho ahora mismo seguirías amarrado a esa silla y a punta de pistola! ¡¿Por qué demonios sigues empecinado en probar que soy un peligro si todo lo que hago es salvarte de los problemas que tú mismo te buscas?! ¡¿Qué te hecho para ser acreedor a ello?!"

"¡Corromper las mentes de los ciudadanos honestos! ¡Ser responsable de todos los nuevos criminales que han aparecido los últimos años! ¡Llevar puesta una máscara para ocultar tus verdaderas intenciones!"

Sentí de pronto una demoledora e indescriptible sensación de dolor en mi mejilla izquierda, como si me hubiese atropellado un autobús. Y comprendí que Spider-Man se había atrevido a llevar a cabo un asalto físico conmigo.

"¡IDIOTA! ¡¿Quién eres tú para venir a darme lecciones de responsabilidad cuando ni siquiera me conoces?! ¡No uso una máscara para ocultar, sino para proteger! ¡Proteger a mis seres queridos de lo que les pasaría si todo el mundo supiese quién soy! Admítelo. ¡La verdadera razón por la que escribes tanto sobre mí no es por que me odies, sino porque sabes que soy el único encabezado interesante que tu periódico tiene y que seguirá teniendo!"

Y ahora osaba poner en duda mi integridad como editor. De todas las formas en las que podía extralimitarse, ésa era la peor. La que por nada del mundo toleraría.

"¡MALDITO TREPA-MUROS! ¡¿CON QUIÉN CREES QUE ESTÁS TRATANDO?! ¡YO SOY…!"

Pero las palabras murieron en mi boca con un súbito y fuerte dolor en mi pecho. Había olvidado tomar mi medicación, y mi presión había subido sin que me hubiese dado cuenta. Incapaz de mantenerme en pie, caí al suelo aferrándome con ambas manos a mi corazón.

"J-john..."

La peor parte de ser John Jonah Jameson es que John Jonah Jameson siempre tiene la razón. Y si Dios dice que John Jonah Jameson debe morir defendiendo la razón y la verdad, así lo hará. Mi único arrepentimiento es no poder estar allí para mi hijo y decirle que lo siento. Y mientras abandono este mundo, lo único que logro ver son los grandes ojos del origen de mi obsesión.

"¿Jonah? ¡JONAH!"