Con El Diablo En La Piel

Mi nombre es Edward Brock Junior. Y esta es mi historia.

Mi madre me enseñó de niño que siempre debía rezar cuando pensase que algo era imposible. Que ayudaba a aplacar el dolor en las peores y más desesperanzadoras horas.

Nunca recé tanto en mi vida como cuando la perdí a ella y a papá. Oré noches enteras por que los medios estuviesen mintiendo, por que un día me despertase y fuesen ellos quienes estaban tocando la puerta de mi cuarto. Pero siempre era mi abuelo.

"¡Tu padre era un erudito idiota que lo único que supo hacer fue causar su propia muerte por juntarse con la gente incorrecta! Nunca me hizo caso, pero tú sí lo harás. Te enderezaré para que te conviertas en un hombre de verdad. ¡Y no verás más a ese chico Parker!"

Discutir con mi abuelo no era una opción. Decidí concentrarme en mis estudios como él quería. Cuando llegó el día de mi veinteavo cumpleaños me fui de casa y abandoné la universidad para poder perseguir una carrera como fotógrafo y reportero en el Daily Globe. El único periódico decente que quedaba en esta podrida y apestosa ciudad. Barney Bushkin, su editor en jefe, era un hombre exigente, pero amable.

"Muy bien, Brock, estás contratado. Y para ponerte a prueba, te encargaré un trabajo especial. Nuestro competidor, el Daily Bugle, lleva unos meses obteniendo y publicando unas más que sorprendentes fotos de ese nuevo superhéroe, Spider-Man. Quiero que la próxima vez que ese enmascarado arácnido aparezca estés ahí para sacar las mejores tomas de este que tengas. Y si puedes sacarle una entrevista, mejor."

Spider-Man. Había escuchado historias de él, sobre el cómo salvaba y ayudaba a la gente. El Bugle solía crucificarle, tachándole de amenaza para la sociedad. Y aunque no sabía ni la verdad acerca de él ni a quién creerle, lo cierto era que no era el Capitán América. Por las fotos y videos que había visto de él no me cabía duda de que claramente era un adolescente de diecitantos sin formación que debería dejarle lo que hacía a los profesionales. Gente como los Vengadores o los 4 Fantásticos.

No fue muy difícil localizarle tras prestar atención a la frecuencia policial. Cada vez que uno de estos lunáticos, como el Doctor Octopus, el Buitre o Mysterio daban acto de presencia, Spider-Man estaba allí para intercambiar puñetazos con ellos. Era solo cuestión de esperar a que un nuevo demente disfrazado se presentase.

"Atención a todas las unidades locales. Habla el capitán George Stacy. Tenemos reportes de un robo en la calle Foulton, cerca del One World Trade Center. El sospechoso es un hombre de tez blanca y cabellera y ojos castaños que porta una armadura con aspecto de rinoceronte. Necesitamos a todas las patrullas disponibles."

Me dirigí de inmediato hacia allí tomando el primer taxi que tuve al alcance, y cuando llegué comprobé que mi corazonada era cierta. El trepa-muros ya estaba allí intentando sofrenar a aquel gigantesco hombre rinoceronte, el cual aplastaba y destruía cuanto auto, semáforo e hidrante se interpusiese en su camino.

"¡SUÉLTAME Y DÉJAME LLEVAR ESTO A MIS SUPERIORES! ¡NO ERES RIVAL PARA EL RHINO!"

"¡No puedo, Cuernitos! También te estás llevando mis sándwiches de mantequilla de maní con mermelada, ¡y mi yermo de Donald Trump!"

Evitar ser pisoteado por aquellos dos no fue tarea fácil. Pero si los encuadres y ángulos que conseguí habían valido la pena, mi carrera como fotógrafo no tardaría mucho en despegar.

"¡Maravillosas, absolutamente maravillosas, Brock! Te daré doscientos dólares por todas ellas. ¡Sigue trayéndome material de este calibre sobre Spider-Man y pronto tendrás hasta tu propia oficina aquí!"

Regresé a mi departamento con el dinero ganado y con una sonrisa de oreja a oreja. Con cada nueva fotografía que conseguía de Spider-Man, me gané pronto el respeto y la admiración de todos mis compañeros de trabajo. No paraba de darle gracias a Dios por la suerte que me había dado. Pero, aunque me costase admitirlo, no todo era color de rosas.

"Oh, Eddie. Te arriesgas cada día para conseguir esas fotografías, y sólo por mí. Desearía poder ayudarte y no tener que estar aquí postrada todo el día."

Anne Weying. El amor de mi vida. Nos conocimos en la universidad, y tras enamorarnos nos fuimos a vivir juntos a un departamento en el Bronx con el plan de casarnos y tener una familia. Su carrera como abogada iba bien hasta que tuvo que retirarse forzosamente del ojo público cuando los doctores le descubrieron un tumor cerebral que debía ser tratado cuanto antes. Mi sueldo como fotógrafo era lo único que nos permitía reunir el dinero suficiente para poder seguir pagando su tratamiento. Necesitaba apresurarme si queríamos que ella viviera.

"Anne, no es tu culpa. Te prometo que te vas a curar. Haré lo que sea con tal de que suceda. Tan sólo necesito hacer un último encargo y tendremos lo que resta."

"¿Encargo? ¿Qué clase de encargo?"

"Mi jefe me ha puesto a cargo de un nuevo caso. El del Devorador de Pecados."

"¿Ese asesino de policías del que tanto hablan los medios? ¡Eddie, estás tras la pista de un hombre muy peligroso!"

"Un hombre muy peligroso que está detenido, Anne. Se llama Emil Gregg, y está dispuesto a confesar todos sus crímenes. Le haré la entrevista esta noche, y mi editor la publicará mañana. Venderemos millones de copias, y por fin podremos pagar la cirugía."

Y fue poco después de haber publicado esa noticia que mi vida entera se arruinó por completo. Spider-Man capturó poco después al verdadero Devorador de Pecados, revelando que era en realidad un ex-policía llamado Stanley Carter, y que mi nota sólo se basaba en las confesiones de un mentiroso hambriento de fama.

El Globe perdió credibilidad, y como consecuencia Bushkin se vio en la obligación de despedirme. Perdí mi reputación, mi empleo, mi salud y pronto a la persona que más importaba para mí. Anne se suicidó a los pocos meses, sintiéndose culpable de que no pudiese pagar las deudas del gas, del teléfono y de la luz a causa de lo costoso que resultaba su tratamiento. Como no tenía otra familia que no fuese el abusivo de su todavía vivo padre, fui el único que asistió a su funeral.

Dios me lo dio, Dios me lo quitó, Alabado sea el Señor. Eso dijo Job cuando Dios permitió a modo de prueba que Lucifer le despojase de todo aquello que para él era preciado, incluyendo su salud. Pero, ¿cómo podía decir yo lo mismo? ¿Cómo podía continuar sin Anne? Lo había perdido todo, y ahora no era nada más que un indigente que vivía de la limosna de aquellos que sintiesen la suficiente lástima por mí. Y todo había sido mi culpa.

No. No era mi culpa. Era su culpa. Spider-Man había sido el responsable. Él había matado a Anne. Él me había destruido. Debía pagar por lo que me había hecho.

Conseguí un pequeño empleo en una editorial de tercera, escribiendo crónicas sobre celebridades y famosos para su infame y repugnante revista. Me puse en forma con un set de pesas que originalmente había pertenecido a padre, y pronto desarrollé una adicción a los esteroides. Las crónicas que escribía no tardaron mucho en envenenarme el alma, y la forma en la que la Tercera Guerra Mundial entre Estados Unidos, los Vengadores y HYDRA afectó a la economía produjo que apenas tuviese dinero para comer y conservar mi departamento. El hambre y el dormir mal empezaron a secarme el cerebro.

Y no me detuve allí. Llené las paredes con recortes de diarios sobre mi enemigo jurado. Alimenté mi odio y mi obsesión hacia él. Era una canción que no podía dejar de escuchar en mi cabeza, ni siquiera en aquellas frías noches en las que tomaba hasta pastillas con tal de poder dormir.

Spider-Man. Spider-Man. Spider-Man.

Hasta que un lunes por la mañana mi suerte pareció cambiar. Decidí comprar un ejemplar matutino del Daily Bugle para informarme acerca de lo que estaba aconteciendo en el mundo. Y lo que se leía en la primera plana me quitó el sueño al instante.

"SPIDER-MAN Y LA GATA NEGRA DERROTAN A PUMA. FOTOS DE PETER PARKER."

Peter Parker. Un nombre que llevaba gran parte de mi vida sin escuchar. Y uno que no hizo más que hacerme llorar de la alegría. Mi viejo amigo de la niñez, mi "hermano" estaba teniendo éxito en donde yo había fracasado por completo. Había olvidado por completo que, al igual que yo, siempre había querido ser fotógrafo. Él podría ayudarme a limpiar mi nombre. A conseguir un mejor empleo. A reconstruir mi vida.

Sin pensármelo dos veces le busqué exhaustivamente en la línea telefónica. Y cuando por fin creí haber dado con el número correcto, usé una cabina telefónica para dejar un mensaje de voz en la contestadora correspondiente.

"¡Hola, Peter! Probablemente no reconozcas mi voz, pero soy yo, hermano, Eddie. Edward Brock Junior. ¿Cuántos años han pasado? Logré encontrar tu número con ayuda de la línea telefónica. Escucha, me encantaría si pudiésemos reunirnos un día de esta semana a charlar. Tú di el lugar, el día y la hora y allí estaré. ¡Espero tu mensaje!"

No pasaron muchas horas para que recibiese la llamada que estaba esperando.

"¡Hola, Eddie! Recibí tu mensaje. Me encantaría. Si te parece bien podríamos encontrarnos este viernes en el Café Moondance a las diez treinta. ¡Te veré allí, hermano!"

Aquel viernes llegué al Café Moondance con impecable puntualidad. Me senté en la mejor mesa que pude encontrar y me senté a esperar a mi hermano con entusiasmo. Había algo que me decía que ese día las cosas cambiarían para mejor.

Pero las horas pasaron, y Peter jamás apareció. Decepcionado y frustrado, decidí regresar a mi casa para dejarle un nuevo mensaje preguntándole por qué no se había presentado, sólo para encontrarme con que había sido echado de mi propio departamento.

"Lo siento Eddie, pero ya no puedo seguir esperando a que me pagues la renta, o me meteré en problemas con mis superiores. Así que empaca tus cosas y lárgate ya mismo."

Mi sueldo como autor de crónicas no alcanzaba para tener un nuevo departamento. Estaba nuevamente arruinado, y sin lugar a dónde ir. E incluso mi viejo amigo me había abandonado, ignorando las llamadas que le hice. Sólo me quedaba una alternativa, y era poner fin a todo de la única manera que veía posible.

Nuestra Señora de Todos Los Santos. Así se llamaba la iglesia en la que mis padres me habían bautizado poco después de darme a luz. Mi vida, o más bien el quién era, había empezado allí, y lo lógico era que también terminase allí. Sabía que Dios no escuchaba a los muertos, pero sí que respondía por ellos. Y mientras contemplaba el acabar con mi terrenal existencia frente a un crucificado Jesucristo y acompañado de unas velas que apenas alumbraban la vieja y lóbrega capilla, una sombra se cernió sobre mí. Se abalanzó sobre mí, envolviéndome en las tinieblas.

Grité como un condenado mientras mi piel y cada parte de mi cuerpo ardían en intensa e incuantificable agonía. Era como si las llamas del averno estuviesen castigándome por mi ira y envidia, sin ningún tipo de contemplación. Y al mismo tiempo, millones de imágenes y de recuerdos asaltaron violentamente mi cabeza. Recuerdos que no me pertenecían, rostros que no reconocía y lugares que jamás había visitado. Supliqué en llanto que aquello parase, mas una voz en la oscuridad negó mi reclamo.

"Aún no. Tenemos mucho por enseñarte, Eddie Brock."

Las imágenes siguieron llegando. Y cuando todo inevitablemente concluyó, sentí que ahora podía ver a través de paredes. A través de mentiras y de detalles que se me habían pasado por alto todo este tiempo. Muros habían sido derribados. Puertas habían sido abiertas. Y tres palabras escaparon de mis labios como producto de la claridad.

"¡PETER ES SPIDER-MAN!"

Parker...Spider-Man. Él me había hecho esto. Él me había quitado mi trabajo. Mi novia. Mi departamento. Mi futuro. Mis sueños. Y ahora, también mi humanidad. Me había convertido en un monstruo.

"Él también nos convirtió en monstruos. Nos alejó de nuestro nuevo hogar, y luego nos extirpó como a una urticaria, dejándonos con todos sus amargos y tortuosos recuerdos. Únete a nosotros, Edward Brock Junior. Acepta los dones que Peter Parker rechazó. Tendrás todas sus habilidades y más. Juntos protegeremos a los inocentes de la amenaza de Spider-Man."

Con un gran poder vienen también grandes oportunidades. Y no íbamos a dejar pasar esta oportunidad. Este regalo que Dios nos había dado para destruir a nuestro enemigo común. La sombra...quería a Parker. Y yo también. Seríamos veneno para él. Su ruina y perdición. Y sabíamos cómo y por dónde empezar. Después de todo, sabíamos quién era y quiénes le importaban.

"Entendemos cómo te sientes, Mary Jane. Arruinó tu vida y la de tu tía con su doble juego, igual que como arruinó la de sus tíos. La de Harry. La del capitán Stacy. La de Gwen. Las nuestras. Sufrirá lenta y dolorosamente por sus pecados."

"¡Estás loco! Peter no vendrá aquí. No caerá en tu trampa."

"Sí lo hará. Sabemos lo mucho que eres de importancia para él. Te ama más que a esa chica Hardy. Ya podemos verle en camino. Lo sentimos."

Ya no hay Eddie Brock. Ya no hay sombra. Sólo Venom.