Legado de Maldad

Era un día como cualquier otro. Me había levantado temprano para ponerme mi disfraz y salir a patrullar por la claraboya, como hacía todas las mañanas.

No era muy de mí dejar a Mary Jane cuidando de May antes de que se despertase. Pero aquella mañana mis obligaciones me habían hecho despertar con un fuerte impulso por columpiarme de inmediato. Quería sentir la suave brisa matutina que le daba la bienvenida al bello y radiante sol veraniego. De todos modos era sábado, y no tenía que ir a trabajar en Industrias Connors.

Pero la ciudad nunca duerme, y el crimen en ella tampoco. Y tanto mi equipo como yo lo sabíamos.

Nos reunimos sobre la cima del Empire State en menos de diez minutos. Gata Negra. Venom. Ghost-Spider. Todos sabíamos por qué estábamos allí.

"Tenemos que interceptarlos hoy. Esta noche será Halloween."

"¿Siquiera sabemos dónde se encuentran?"

"En una bodega, a unas pocas manzanas de aquí. No saben que lo sabemos. Mi informante es de fiar."

"¿Y de qué forma nos garantiza tu informante que los atraparemos a todos, Felicia?"

"Ten un poco más de fe en mí, Gwen. No estaríamos tan cerca de desmantelar todos sus asentamientos de no ser por él."

"Entonces no perdamos tiempo, equipo. Vamos allá."

La Nación Jack O' Lantern. Una logia de lunáticos con tecnología de punta que llevaba un largo rato causando problemas en todo el distrito de Manhattan. Se habían hecho con lo poco que había quedado del imperio de Wilson Fisk habiendo modificado parafernalia de uno de los muchos escondrijos abandonados del Duende Verde. Su líder, un criminal de cuidado llamado el Hobgoblin, estuvo todo menos complacido de vernos aparecer.

"¡Mátenlos! ¡Y déjenme a Spider-Man!"

Una lluvia de bombas calabaza, murciélagos cuchilla y dedo-rayos cayó sobre nosotros, forzándonos a ponernos a cubierto. Con Harry recientemente muerto y aquellos sinvergüenzas perpetuando la siniestra herencia súper villana de Norman, la sombra del Duende Verde seguía persiguiéndome, corrompiendo mentes y creando nuevas amenazas.

"¡Dijiste que nadie estaba al tanto de esta operación, Rosa! ¡Ahora Spider-Man y su equipo echarán todo a perder!"

"Tranquilo, Hobgoblin. Debemos de tener un topo entre nosotros. Sólo será cuestión de descubrir quién es una vez nos hayamos deshecho de ellos."

La Rosa. Él y el Hobgoblin habían unido fuerzas para tomar el control del bajo mundo tras la ausencia de Kingpin y los demás cabecillas de la Maggia. Y al igual que su socio, su identidad era un completo misterio.

"¡Fue poco sabio de su parte venir aquí, Spider-Man! ¡Y menos sin refuerzos!"

"Tienes razón, Rosa. Tal vez no tengamos refuerzos…"

Gwen completó la oración por mí.

"...pero hicimos unas cuantas llamadas."

El techo y las paredes fueron reducidas a escombros, y de ellas emergió la caballería: Daredevil. Iron Fist. Luke Cage. Moon Knight. Sable de Plata. La Patrulla Salvaje. Toda la pandilla estaba allí.

"¡Quedan todos bajo arresto por la sustracción de tecnología de punta symkariana!"

"¡Y por hacer correr la sangre en estos barrios!"

Lo que recuerdo de lo que siguió a continuación es...borroso, cuando menos. Me hallé a mí mismo poniendo a dormir a casi una docena de aquellos mastodontes con cascos y armaduras blindadas, al mismo tiempo que evadía todas las bombas calabaza lanzadas por muchos de ellos. El estruendo de las explosiones, los rugidos de las balas y la intolerable sensación de dolor que experimenté cada vez que un murciélago cuchilla se incrustaba en mi piel produjo un eco que hasta día de hoy no ha dejado de sonar ni en mis tímpanos ni en mis músculos. Apenas podía saber qué bando iba perdiendo mientras construía escudos de telaraña para proteger por detrás a mis amigos y compañeros."Muévete y así ganaremos" era el único pensamiento de mi mente que podía escuchar con claridad.

Las fuerzas de la Nación Jack O' Lantern fueron menguando. Y cuando finalmente parecía que la victoria se acercaba, mi sentido arácnido no logró advertirme a tiempo de la lluvia de explosivos que me atrapó en el aire, acompañada por un demoledor golpe en el vientre. Logré escuchar la voz del Hobgoblin mientras éste me atrapaba con una gruesa cuerda hecha a partir de una fuerte aleación de metal, consiguiendo inmovilizarme.

"Te ves cansado, Spider-Man. ¿Qué tal si damos una vuelta? ¡JA, JA, JA, JA, JA!"

Me vi siendo lanzado con fuerza hacia una ventana cercana, con el vidrio haciéndose añicos y desgarrando tanto mi ya desgastado traje como mi espalda. Si no conseguía zafarme de aquella cuerda, por más resistencia sobrehumana que tuviese pronto estaría muerto.

"Parece que se te acabaron las bromas ingeniosas, trepa-muros. No te aflijas. Con mucho gusto te concederé una muerte rápida."

Había algo en la forma de pelear del Hobgoblin que había notado durante las muchas veces que llegué a enfrentarle, algo que le volvía un adversario tanto frío como a la vez mortalmente peligroso. A diferencia del Duende Verde no daba discursos ensayados, ni prestaba mucha atención a mis intentos por distraerlo; por el contrario, disparaba antes de hacer preguntas, y sus ataques eran tanto veloces como precisos. No me costaba trabajo darme cuenta de cómo había adoptado la tecnología de Norman para crear su propia banda y luego formar una alianza con la Rosa: detrás de esa estrafalaria máscara se hallaba una mente fría y calculadora, dispuesta a manipular a todo aquel que le fuese útil para luego erradicarlo de inmediato una vez ya no le sirviese para nada, sin dejar cabos sueltos. Sólo me quedaba saber la de quién.

"Eres muy amable, calabacín. Pero no puedo morir sin pedirte primero que me dejes ver tu permiso para poder volar ese armatoste. El gobierno y la Administración Federal de Aviación tienen una política estricta que prohíbe acaparar espacio aéreo disfrazado para Halloween hasta las dos de la tarde."

Reuní la fuerza requerida con el fin de liberar mis brazos de la cuerda, y cobrando impulso al columpiarme con ella de atrás para adelante, logré dar una vuelta carnero en el aire para hacer retroceder a mi enemigo con una patada doble en el rostro.

"¡Y aquí está tu multa!"

Era todo o nada. Debía valerme de mis cartuchos de telaraña para cegar temporalmente al Hobgoblin, sin darle tiempo para reaccionar. Apunté presionando con fuerza las palmas de mis manos, y afortunadamente di en el blanco.

"¡MALDIGO TU RED INFERNAL! ¡ME HAS CUBIERTO EL ROSTRO CON TU INMUNDO FLUIDO! Pero no te permitiré vencerme con un truco tan sucio."

Sin saber con exactitud en dónde me encontraba, el Hobgoblin presionó una placa azulada en su pecho que le permitió liberar de sus dedos índices una rápida y computerizada serie de electro-disparos, artilugio evidentemente producto de las modificaciones que había estado haciendo en su arsenal. De no haber sido por mi agilidad y velocidad, sólo habría bastado con que uno de aquellos rayos me alcanzase para ser freído.

"¡Vaya, calabacín! No sabía que te gustaba jugar a la Batalla Naval. Bueno, ahora me toca."

Esperé a que mi enemigo tuviese que recargar para poder saltar sobre él, dispuesto a dejarlo noqueado.

"¡Tocado Y HUNDIDO!"

El Hobgoblin, aparentemente guiándose por el sonido de mi voz, me hizo a un lado propinándome un fuerte golpe en el pecho y haciéndome caer en la terraza de un edificio cercano. No obstante, en mi intento por aferrarme a él, en el proceso terminé arrancando su máscara, cuyo material se había degradado y suavizado al estar tanto tiempo rellena de telaraña. La impresión que me causó el ver el rostro que hasta entonces había sido tapado por ella fue más potente que la caída.

"¡¿Doctor Kingsley?!"

El doctor Roderick Kingsley. Psiquiatra, ex-psicólogo galardonado y millonario. Le había conocido de pasada muchos años atrás, cuando todavía era el médico de Harry, al igual que también amigo cercano de Norman. Por lo que recordaba de él toda su vida había sido un hombre recto y de una moral inquebrantable. De toda la lista de posibles sospechosos de ser el Hobgoblin, él era el que estaba al final de la lista.

"En carne y hueso, Spider-Man."

"¡Pero esto no tiene ningún sentido! ¡Usted es rico! ¿Por qué querría arruinar su reputación de esta manera?"

"No detuvo a Norman Osborn de transformarse en el Duende Verde."

Vi a Kingsley encender su sable con hoja de fuego para intentar decapitarme. Nunca me sentí más suertudo de contar con mi Sentido Arácnido para poder agacharme a tiempo.

"Traté a Harry por años a pedido de Norman. No me tomó mucho tiempo deducir el por qué ambos eran tan distantes tras cada sesión que tenía con ese muchacho. Y cuando su padre fue a prisión por sus crímenes, terminé de armar el rompecabezas. Vi la oportunidad y la tomé."

Viendo que no podía alcanzarme, Kingsley contraatacó con una segunda lluvia de electro-disparos, obligándome a apartarme todavía más. Esta vez con la intención de cortar todas mis telarañas, en un claro intento por hacerme caer.

"Poco después de testificar en contra en su juicio utilicé mis contactos del bajo mundo para allanar uno de los pocos escondrijos del Duende que la policía seguía sin encontrar. Estudié a fondo la droga OZ de Norman hasta lograr purificarla, lo que me permitió bañarme en ella de forma diaria sin ningún tipo de efecto secundario que pudiese afectar mi mente."

"¿Y por qué esperar tanto tiempo para hacer todo esto?"

"Contigo y con la policía derrocando a la Maggia, pronto no tendría obstáculo alguno a la hora de querer hacerme con el completo control de la ciudad. Pero cuando Harry comenzó a dejar de tomar la medicación que le recetaba y se convirtió en el nuevo Duende Verde, supe que era mejor mantener un perfil bajo y no interponerme en su camino. Con suerte acabaría contigo, y cuando estuviese vulnerable me desharía de él."

Mis cartuchos de telaraña estaban a punto de vaciarse. Pronto sólo me quedarían mi agilidad y mi sentido arácnido para evitar una muerte segura. Kingsley seguía monologando mientras yo trataba desesperado de sobrevivir a su asalto.

"Tuve que esperar años cuidando de ese niño mimado a pedido de su insoportable mujer. Si le asesinaba mientras dormía las sospechas no tardarían en caer sobre mí. Así que decidí inyectarle una muestra alterada de la fórmula original para revivir su demencia e incentivarlo a volver a disfrazarse como el Duende Verde."

El escuchar aquella confesión hizo que mi sangre hirviera de forma descontrolada.

"¡¿USTED MATÓ A HARRY?! ¡¿A SU PROPIO PACIENTE?!"

"Sabía que la sobredosis no tardaría mucho en rematar su salud, y con él fuera de escena sería libre para construir mi Nación Jack O' Lantern. Libre para convertirme en el Hobgoblin sin nadie que pudiese descifrar mi identidad y delatarme."

La furia se apoderó de mí. Había perdido a mi mejor amigo por culpa de dos hombres egoístas y codiciosos, sin poder salvarlo. Pero podía vengarlo moliendo a Kingsley a golpes.

"¡ASESINÓ A UN JOVEN INOCENTE CON TODA UNA VIDA POR DELANTE!"

"Sacrificios necesarios para construir un imperio, igual que cuando Julio César subyugó a los galos para expandir Roma, o cuando Gengis Kan arrasó con gran parte de Asia para los mongoles. Y cuando te haya asesinado también a ti, deshacerme de tus amigos enmascarados será muy sencillo. Pronto hasta los Vengadores caerán ante mí."

Desarmé a Kingsley aterrizando encima de él, y procedí a descargar toda mi ira sobre su cara, sin contener ni un solo puñetazo.

"¡NO! ¡No más imperios! ¡No más duendes! ¡Este legado de maldad termina HOY!"

Pero Kingsley no estaba dispuesto a rendirse. Con otro fuerte golpe me apartó, lanzándome hacia la ventana del edificio más próximo. Soportando el dolor, me levanté justo a tiempo para ver que el sinvergüenza planeaba lanzarme una de sus bombas calabaza.

"Es una pena que nunca pude descubrir quién eras detrás de esa máscara, lanza-redes. Pero supongo que me enteraré en los titulares de mañana, ¡así que saluda a los Osborn de mi parte!"

Sólo me quedaba fluido para hacer una última telaraña. Tenía que hacer que contara.

"¡Salúdelos USTED!"

Atrapé exitosamente el explosivo en el aire con mi telaraña para luego enviarlo de regreso con un azorado Kingsley. Éste perdió el equilibrio al recibir el impacto, y con su planeador fuera de control se estrelló contra las vigas de una zona de construcción que había en la calle de enfrente, resultando en una gran explosión que activó las otras bombas calabaza que aún llevaba consigo. El incompleto edículo se vino abajo, sepultando al Hobgoblin bajo una gran pila de cemento y de metal.

Cuando un hombre muere, debe importar. Debe de tener un punto en lugar de producirse por un mero accidente, para que no parezca que los seres humanos vivimos en vano. Pensaba ingenuamente que la muerte de Kingsley me haría sentir mejor por lo que le había pasado a Harry, que sanaría aunque fuese un poco mis heridas. Que haría más fácil sobrellevar el dolor.

Pero Harry no volvió a la vida. Y sólo terminé sintiéndose más vacío y más solo que antes.