Personajes de CLAMP.


Conforme los años pasaban, Touya se convertía en un chico cada vez más guapo. Se había hecho más alto y gracias al ejercicio sus músculos también habían crecido. Ahí donde se paraba, todos volteaban a verlo. Como siempre, era el chico más popular. Todos siempre iban tras de él, ganaba todas las competencias, las chicas se desvivían por él. Yo no soportaba ver cómo se la pasaban encima de él todo el tiempo, pero me satisfacía saber que Touya siempre las ignoraba. Aunque yo siempre me la pasaba encerrado en la biblioteca y él entrenando en el gimnasio, en clases nos tocaba sentarnos juntos y al terminar las clases, como siempre, pasábamos el día juntos.

Sin embargo, las cosas se pusieron incluso más difíciles en preparatoria. Aunque Touya y yo seguíamos siendo los mismos amigos de siempre, el mundo a nuestro alrededor cambiaba rápidamente. La gente no podía evitar notarnos y mucho menos hablar. Touya siempre había sido ajeno a estos comportamientos, nunca se daba cuenta de cuando la gente hablaba de él, nunca se daba cuenta de nada, por lo tanto no lo notaba. Pero conmigo era diferente. Yo me daba cuenta de todo y sabía los muchos rumores que comenzaban a circular por la preparatoria. Sin que Touya se diera cuenta, comencé a alejarme de él mientras estuviéramos en la escuela. Si caminaba junto a un grupo de chicos, no podía escuchar la palabra "gay" mientras reían, si caminaba junto a un grupo de chicas, sucedía lo mismo. Para ellos solo era un chico afeminado que se la pasaba tras los pasos de Touya. "No deja que Touya disfrute su vida", decían ellos sin siquiera saber nada de nosotros.

Era cierto que estaba profundamente enamorado de Touya, pero por eso mismo tenía miedo. Desde niños yo no me atrevía a separarme de él, y tampoco deseaba hacerlo. También sabía que Touya hacía lo mismo por mí, pero a él nadie lo molestaba. ¿Era por cómo me veía? ¿Era porque no tenía músculos? ¿Por mi voz tan suave? ¿Por mi cuerpo delicado? Sin duda él y yo éramos muy diferentes por fuera, pero por dentro no me lo parecía. Ninguno de esos chicos y chicas conocían al verdadero Touya. No tenían idea de que disfrutaba de comer helado de chocolate por las tardes después de cenar, no sabían que no le gustaba el yogurt o que odiaba el tofu. No sabían que Touya odiaba ver películas de terror y que si lo hacíamos tenía que agarrarme la mano durante toda la película. No sabían que tenía un lunar en su espalda baja… todas estas cosas solo las sabía yo.

Conforme pasaba el tiempo, el corazón me dolía más. Sentía que en cualquier momento todo explotaría entre nosotros. ¿Y si Touya se enteraba de mis sentimientos y me rechazaba? ¿Qué tal si me odiaba por desear a un hombre? ¿Y si le daba asco? ¿Y si me miraba como lo hacían los chicos de la escuela? Me daba mucho miedo que pudiera reaccionar así. Me daba miedo perderlo y que nuestra relación se transformara para siempre. Pero, por otro lado… no podía dejar de pensar en él y en todas sus acciones. ¿Por qué no era así con nadie más que conmigo? Eso debía significar algo… Era cierto que no había tenido novia nunca, y era cierto que no tenía ningún otro amigo como yo. Aunque se llevaba bien con todos, no era realmente cercano a nadie. Solo yo sabía todos y cada uno de sus secretos. Solo yo. Eso me daba la esperanza de que fuera recíproco.

Cada vez me sentía con más ganas de confesarle lo que sentía, pero cuando pensaba en ello el miedo me invadía en todo el cuerpo. Mi mayor miedo siempre había sido perder a Touya, de la forma que fuera. Nuestros acercamientos físicos también eran más frecuentes que de costumbre. De pronto me encontraba muy cerca de él, los rozamientos eran muy comunes y nuestros rostros se encontraban constantemente cerca el uno del otro. Esto me volvía cada vez más loco porque sentía que en cualquier momento pasaría algo que no se podría evitar. ¿Él se daba cuenta o todo estaba en mi imaginación? Yo me ponía nervioso inmediatamente al sentirlo tan cerca de mí. El sentir su brazo rozando el mío mientras preparábamos comida me ponía los pelos de punta, o cuando recostaba su cabeza en mi regazo para ver la tele, o cuando sin razón aparente tomaba mi rostro entre sus manos y apretaba mis mejillas. Cuando dormíamos juntos, yo no podía dormir, naturalmente. Sentir su cuerpo tan cerca del mío y su respiración en mi espalda me volvían loco. Muchas veces aprovechaba que estaba dormido para observar su rostro con detalle. Adoraba ver cómo dormía tan tranquilamente y sin preocupaciones. Las facciones de su rostro se relajaban y parecía un chico inocente. Varias veces me atreví a acariciarle el rostro mientras soñaba plácidamente. Eran los pocos momentos de oportunidad que tenía.

Hubiera deseado besarlo, pero tenía miedo. En el último año de preparatoria fue una tortura. Cada vez me resultaba más difícil contenerme y cuando lo tenía tan cerca prefería huir. Temía que un día no pudiera controlarlo y terminara por arruinar todos esos años de amistad. Fue en ese año en que no dejaba de pensar en besarlo. A pesar de que nunca nos habíamos besado, conocía sus labios de memoria. Podía dibujar la forma que tenían de memoria en mi cuaderno y no dejaba de preguntarme lo que se sentiría besarlos. No quería irme de este mundo sin haberlos probado, sin haberles robado un suspiro.

Fue por aquél entonces que mi abuelo comenzó con malestares. Mi abuelo era todo lo que yo tenía en la vida, además de Touya. Trabajaba día y noche para poder darme lo que necesitaba, y aunque yo había insistido en conseguir un trabajo de medio tiempo, él siempre decía que yo debía dedicarme a estudiar para obtener las mejores calificaciones y así poder ir a la mejor universidad. Era por eso que yo me esforzaba tanto en ser el número uno de la clase. Eso le debía a mi abuelo después de todo lo que hacía por mí. Sin embargo, a unos pocos antes de graduarme, comenzó a enfermarse.

Todo comenzó con dolores en las articulaciones, lo que ocasionaba que se cansara muy rápido y que no pudiera hacer muchas cosas. Aunque fuimos con algunos doctores, las cosas no parecían mejorar. Los dolores en los huesos y articulaciones eran cada vez más fuertes y frecuentes, y aunque él trataba de ocultarlo yo podía notarlo. Touya lo sabía y me ayudaba constantemente, pero ni él ni yo nos imaginábamos que las cosas se pondrían tan mal.

Mi abuelo cada vez estaba peor y cada vez podía trabajar menos, por lo que las cosas eran más difíciles que de costumbre. Me sentía más desesperado y fue también por ese entonces que me mantuve alejado de Touya sin querer. No podía dejar de pensar en mi abuelo y en lo que sucedería si lo perdía. Su dolor no cesaba a pesar de los medicamentos y no había mucho que pudiera hacer por él. Fue un día que mi abuelo se cayó fuertemente después de bañarse que decidí llamarle a mi padre. Había sido una decisión difícil, pero era mi única salida. No había hablado con él en diez años, no tenía idea de si me recordaría o si le importaría lo que pasara conmigo o mi abuelo. Después de todo nos habíamos ido hace mucho tiempo y él no nos había buscado en todos estos años. Marqué el teléfono con algo de miedo y nervios. Ni siquiera sabía si seguiría siendo el mismo número, pero aún así marqué. El teléfono sonó durante algunos segundos hasta que escuché su voz del otro lado.

-¿S…Sí?-dijo la voz del otro lado del teléfono.- ¿Padre?

Dudé unos segundos antes de contestar.

-No…-traté de parecer calmado.

-¿Yu…Yukito?-dijo apresuradamente.- ¿Eres tú, hijo?

Traté de contener el llanto, no era momento para dramatismo.

-Él… mi abuelo… está muy enfermo. Necesito tu ayuda.-dije sin más explicaciones.

Después de colgar, le di cena a mi abuelo y cuando se quedó dormido me dirigí a casa de Touya. Afortunadamente lo encontré despierto y me escabullí en su habitación en silencio. Él me miró con preocupación, pero no dijo nada. Supuse que no deseaba molestarme, así que me recosté en su cama y me quedé ahí sin decir nada. Él se encontraba en su escritorio haciendo la tarea y cuando terminó, apagó las luces y se recostó a mi lado. Podía escuchar su respiración entrecortada y luego sentí una de sus manos tomar la mía. La noche transcurrió con lentitud.

Al día siguiente, me fui rápido a casa al terminar las clases. Dejé una nota en el escritorio de Touya y le dije que lo vería más tarde. Cuando llegué a casa, él me estaba esperando. Me quedé un largo rato mirándolo de lejos. Era un hombre alto, vestía un traje que parecía bastante caro e iba acompañado de quien parecía ser su chofer. Por supuesto venía en un auto sumamente caro y todo lo que llevaba puesto se veía igual de caro. Me quedé sumamente sorprendido al ver su rostro. Después de tantos años, ya ni siquiera recordaba cómo era. Sus ojos, su cabello, su nariz… era como verme en el espejo dentro de unos años. ¿Así me iba a ver yo a su edad?

Me acerqué temeroso de lo que pudiera ocurrir y cuando por fin estuvimos frente a frente, él se quedó algo sorprendido. Me miró de pies a cabeza y luego intentó sonreír, pero se reprimió antes de hacerlo.

-Hijo…

-Padre.-dije cortésmente.

-Ahora mismo está un doctor revisando a tu abuelo.-dijo sin más saludos.- Es el mejor reumatólogo que hay en Tokio, así que no debes preocuparte. Vamos a encontrar una solución.

-Esto… ¿cuál va a ser tu condición?-dije nervioso.

-Yukito.-dijo él acercándose a mí.- Pronto vas a graduarte, ¿no es así?

Asentí en silencio.

-Yo… la única condición que tengo para ayudar a tu abuelo es que al graduarte regreses conmigo a Kyoto.

-¿Kyoto?

-Quiero que estudies en la Universidad de Kyoto. Con tus calificaciones no tendrás problema en entrar. Quiero que seas el mejor ingeniero y que te encargues de mi empresa… o mejor dicho, tu empresa.

-Pero yo… puedo estudiar aquí.-dije algo molesto.- Aquí podría convertirme en el mejor ingeniero y…

-No.-dijo interrumpiendo.- Quiero que regreses a mi lado. Si quieres que ayude a tu abuelo, vas a regresar conmigo. Vas a estar a mi lado y vas a aprender el negocio familiar. Permití que tu abuelo se fuera contigo en aquel entonces, pero ahora él no puede hacer nada. Eres mi heredero y necesito que hagas lo que yo te digo. Me haces caso u olvídate de que tu abuelo reciba un buen tratamiento.

Me quedé en silencio y sentí cómo las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

-Cuando te gradúes, todo estará listo para tu traslado. Por lo pronto, tu abuelo estará recibiendo el mejor tratamiento aquí en Tokyo. Te estaré esperando allá.

El resto del día me la pasé encerrado en mi habitación llorando. No soportaba la idea de irme de Tokyo y mucho menos la idea de alejarme de Touya. De solo pensar en que no podría verlo más, tenía ganas de vomitar. Deseaba estar con él para siempre, aunque nunca pudiera confesarle mis sentimientos. Sin embargo, no podía dejar que mi abuelo sufriera más. Él había dado todo por mí y yo no podía pagarle de esa forma. Era la decisión más difícil que había tomado en mi vida, pero no tenía otra opción.

Los meses pasaron lentamente y yo no quería que llegara el día de la graduación. Durante todo ese tiempo traté de comportarme lo más normal posible con Touya, no quería perder el tiempo comportándome extraño. Muchas veces traté de reunir el valor para decirle que me iría lejos, pero cada vez que lo intentaba, las palabras no salían de mi boca. Fue así como llegó el día de la graduación. Todo estaba arreglado ya, esa misma noche estaría durmiendo en Kyoto. ¿Cómo iba a decírselo a Touya? Estaba seguro de que me odiaría por no habérselo dicho a tiempo. Sentí náuseas durante todo el día.

Cuando la ceremonia terminó, el profesor nos envió a acomodar algunas cosas en la bodega. Me sentía nervioso de estar a solas con él, porque sabía que se lo tenía que decir sí o sí. Una vez que terminamos de acomodar todo, Touya comenzó a hacerme cosquillas. No me sentía con ánimos de jugar, pero era nuestro último encuentro, así que le seguí la corriente. Por un momento me olvidé de todo y me dejé llevar. De pronto terminamos en el suelo y mi corazón latía con intensidad. Touya se encontraba encima de mí y nos miramos a los ojos en silencio. Ni siquiera supe cuánto tiempo pasó. No podía apartar la mirada, ¿qué era lo que estaba sucediendo? Sin siquiera darme cuenta, Touya acercó su rostro al mío y de pronto sentí sus labios sobre los míos. En ese momento sentí que iba a morir de tristeza y felicidad al mismo tiempo. Touya me había besado, ¿acaso estaba soñando? ¿Él sentía lo mismo por mí que yo por él? Miles de pensamientos se cruzaron por mi cabeza al mismo tiempo que todo mi cuerpo se sentía caliente. ¿Por qué nunca había dicho nada? ¿Por qué esperó tanto tiempo? Estuvimos solos tantas veces y nunca hizo nada… Yo lo adoraba con cada parte de mi ser y con cada centímetro de mi cuerpo, pero ahora tendría que separarme de él. Sentí sus labios helados y carnosos sobre los míos y todo mi cuerpo parecía estar en llamas. Había soñado con ese momento durante tanto tiempo que nunca me imaginé que sería así. Deseaba tanto a Touya que quería morir.

Me sentía molesto y triste. Tanto él como yo fuimos unos tontos. Estuvimos tanto tiempo juntos y nunca dijimos nada. Cuando se separó de mí, no pude evitar llorar. Me sentía tan impotente, tan molesto. No deseaba separarme de él y aún así tenía que hacerlo. Hubiera sido más fácil que él no sintiera nada por mí, que me odiara o que se alejara de mí. Me sentía tan molesto conmigo mismo y tan triste que lo único que pude hacer fue empujarlo. Ni siquiera me atreví a despedirme de él. No me atreví a contarle nada y eso me persiguió durante los siguientes años. Sabía que él me odiaría y que estaría muy molesto conmigo. Sabía que probablemente nunca volveríamos a vernos, pero no podía dejar a mi abuelo morir.

Los años pasaron y yo hice todo lo que mi padre me pidió. Era infeliz, pero mi abuelo había mejorado muchísimo. Mi abuelo no dejaba de reprocharme que hubiera abandonado todo por salvarlo, pero no me importaba. Yo no dejaba de pensar en Touya. Sabía que probablemente él habría seguido con su vida. Era un hombre guapo y seguramente no habría tenido problemas en conocer a alguien más. Seguramente ya estaría enamorado de otra persona, o quizá ya se habría casado. Todas estas preguntas invadían mi cabeza día y noche.

Cuando pensé que por fin mi vida se estabilizaba, mi abuelo murió un día sin aviso. Había sobrevivido por tantos años que nunca se me cruzó por la mente que este momento llegaría. A pesar de su mejoría y de lo bien que se encontraba, un día de la nada murió de un infarto. Me deprimí tanto que no salí de mi habitación en semanas. Mi padre no dijo nada, no me molestó ni me presionó, pero yo sabía que a él no le había importado. Sabía que pronto me dejaría a cargo de su negocio y que era lo único que importaba, pero yo no deseaba eso. Cuando le dije que regresaría a Tokyo y que no me interesaba nada de él ni de su negocio, me detuvo con sorpresa. Era la primera vez que lo veía llorar. Me pidió perdón y me pidió que no me fuera, pero le expliqué que yo nunca había querido irme de Tokyo y que ahí estaba el amor de mi vida. Le dije que todo esto lo había hecho por mi abuelo. Me dijo que estaba muy arrepentido y que no quería volver a perderme. Que había sufrido mucho durante los años que no estuve a su lado, y que no quería volver a pasar por lo mismo, así que me dijo que podía irme a Tokyo si eso deseaba, pero que aceptara lo que me correspondía. Mi padre me dio un departamento de lujo en Tokyo, la parte de la empresa que me correspondía y mucho dinero en mi cuenta de banco. Acordamos en que lo visitaría de vez en cuando y nos llamaríamos con frecuencia.

Llegué a Tokyo con mucho miedo y mucha emoción. ¿Touya sería el mismo? ¿Habría encontrado el amor? ¿Me recordaría? Mi único propósito para estar ahí era encontrarlo y confesarle todo. Si aún existía una oportunidad para nosotros, quería tomarla. Touya era el amor de mi vida y quería poder amarlo con libertad. Nunca me perdonaría si no lo intentaba, nunca me perdonaría el haberlo dejado ir así como así. Él tenía que saber que yo lo había amado desde el primer momento en que lo vi en la ventana de su habitación.

-Touya…-dije mirando por la ventana de mi nuevo departamento.- Te voy a encontrar y te voy a decir cuánto te amo… te lo prometo.