Por más que suplique no me abandones; dijiste no soy yo, es el destino. Entonces entendí que aunque te amaba, tenía que elegir otro camino.
Samuel Parra
—Baja tus sucios zapatos de mi escritorio. Sabes que odio cuando haces eso —Neville ni siquiera se inmutó. Con un movimiento de varita apareció un taburete donde puso los pies después de bajarlos del escritorio y siguió leyendo el Profeta como si nada.
—Buenos días para ti también Draco, pensé que te quedarías una semana en casa después de haber ido a América, ya sabes, por aquello de pescar una terrible enfermedad muggle —Draco rodó los ojos, no le contestó a su amigo, prefirió irse a sentar al sofá mientras checaba su móvil—. ¿Algún muggle inocente que cayó en tus garras?
—En mis colmillos, querido y sí, claro que cayó. Siempre lo hacen —Draco observó como Neville se encogió en hombros y siguió leyendo.
Algo andaba mal, Draco conocía muy bien a Neville y su actitud era extraña, eso quería decir que algo había pasado mientras él estaba fuera. Un algo que tenía nervioso a Neville y por eso se estaba defendiendo con esa actitud indiferente.
—Draco —Neville bajó el periódico y miró a su amigo—, lo anunció. Harry se casa en un mes —Draco simplemente suspiró y siguió viendo su móvil—. Draco, ¿me escuchaste? Harry se va a casar.
—Te escuché la primera vez Neville. Bien por él —El Gryffindor se puso de pie y empezó a caminar por la oficina, Draco aprovechó para sentarse en su sillón.
Neville había dejado el Profeta abierto en la página donde se anunciaba el matrimonio entre la pareja dorada. Harry sostenía delicadamente una de las manos de Ginny Weasley. Ambos le sonreían a la cámara pero ninguno parecía verdaderamente contento de estar ahí. Draco sintió una infinita lástima por los dos, independientemente de su corazón roto. No le deseaba ningún mal a Harry. Draco era un fiel creyente del karma y no quería más karma negativo para su vida.
—Draco, ¿eso es todo lo que vas a decir? —El Slytherin levantó su gris mirada y negó levemente.
—¿Felicidades? —El rostro de Neville se desencajó y empezó a manotear.
—¡Por Godric, Draco! Se supone que es el hombre que amas y estás como si nada —Draco dejó su móvil sobre el periódico y resopló.
—Mira Neville yo no puedo hacer nada. Si Harry decidió casarse bien por él —El móvil de Draco sonó con la melodía de Beat it. El rubio sonrió como si nada. Neville lo conocía la suficiente como para saber que en ese momento Draco no quería seguir hablando de eso
—¿Quién es? —Draco le dio a Neville una de sus sonrisas deslumbrantes.
—¿Celoso Longbottom? —El castaño suspiró para sus adentros.
—Curioso, ¿no me digas que es el muggle con el que te acostaste? —Draco no dijo nada, se limitó a seguir con su celular—. Tú nunca le das el número de tu móvil a nadie, ¿quién fue el muggle? —Draco se carcajeó un poco.
—Ahora si estas celoso. Fue sólo un chico que estaba muy asustado, fue su primera vez. ¿Qué te puedo decir? Me enterneció, hubo un clic y le di mi número —Neville elevó una de sus cejas y caminó hasta Draco.
—¿Un chico? ¿Qué tan chico? —Draco se lo pensó un poco y luego siguió con su móvil—. ¡Draco!
—No sé, dieciséis —Neville contrajo sus maxilares—, diecisiete —Los ojos de Neville centellaron—. Bien, no lo sé, ¿ok? Pero fue consensual y él estuvo muy feliz de aprender todo lo que necesitaba para ser un buen top —Neville rodó sus ojos con exasperación.
—Draco eso es un delito. Follar con un menor, con o sin su consentimiento es un delito. No importa quien este arriba o abajo.
—Bueno, pues ya pasó y aquí esto —Draco volvió a sonreír para desesperación de Neville.
—Sabes que deberíamos de hablar de lo que está pasando con Harry. Draco yo… —En ese momento alguien tocó a la puerta.
—Señor Malfoy, el profesor Snape quiere verlo.
—Hazlo pasar por favor —Neville respiró un poco. Draco notó su incomodidad y sonrió para sus adentros.
—Sabes, ya eres un mago grande Neville —dijo el Slytherin en un tono como si le estuviera hablando a un niño pequeño—. Deberías ser capaz de dejar esto atrás —Neville lo miró seriamente.
—Tú no quieres hablar de tus problemas, así que no tenemos porque hablar de los míos —Draco volvió a sonreír para desesperación de Neville. Severus Snape ataviado en su acostumbrado conjunto negro entró al despacho. Las miradas del profesor y Neville se cruzaron.
—Longbottom.
—Profesor Snape —Draco suspiró ruidosamente.
—¿Cómo estás padrino? ¿A qué debo la amena visita? Tal vez fuiste llamado como caballería por si me ponía histérico o algo por el estilo —Severus elevó su ceja derecha sin decir más.
—No fui llamado como tú dices pero si, venía a ver qué tal estabas —Draco apoyó sus espalda completamente sobre el respaldo del sillón y miró indistintamente a Neville y a su padrino.
—Bien, vamos a dejarlo en claro esto porque no quiero repetirlo. Amo a Harry, ustedes tal vez son las únicas dos personas que conocen perfectamente mis sentimientos por Harry y como empezó todo esto. Pero si Harry quiere casarse yo no puedo hacer nada, no más de lo que ya hice. Es su decisión casarse con Ginny Weasley y no pienso hacer un plan maquiavélico para darle celos o aparecerme en su boda para decirle que yo soy la única persona que podría hacerle feliz. Ni pienso casarme despechado con una hija de buena familia, simplemente seguiré con mi vida. Durante la guerra, me prometí que si salía vivo de ella, haría lo que fuera necesario para ser feliz. No me detendría ante nada, ni nadie y eso es lo que estoy haciendo. Me enamoré de Harry pero si él no quiere estar conmigo pues lo siento. Ya lo olvidaré o tal vez no, pero eso no me impedirá seguir viviendo, feliz y tranquilo.
Neville suspiró entrecortadamente. Severus simplemente miró a Draco con una mueca de desinterés, como si lo que hubiera dicho fuera absurdo, sin embargo, Draco sabía que su padrino entendía a la perfección cada una de sus palabras. La guerra había sido cruel con Harry pero también con Draco y los demás Slytherin que no sabían cómo salir de las garras de Voldemort. Haber sobrevivido significó para todos un logro mayúsculo.
—Bien, entonces me voy para mi despacho. Profesor —Antes de salir Neville le lanzó una mirada a Draco que significaba: no te escapas de esto. Más tarde seguiremos hablando.
Una vez que Neville se fue, Severus se sentó frente a Draco y lo miró por unos segundos.
—¿Padrino, necesitas algo más?
—De hecho ahora que lo mencionas, sí. No sólo venía para a escuchar tu palabrería emocional —Draco gruñó levemente—. La torre de Gryffindor se está desmoronando.
—¿Esa es una nueva versión de los puentes de Londres? —Severus hizo un mohín de disgusto.
—Es en serio Draco. Después de la guerra, el daño estructural del castillo fue demasiado y la torre de Gryffindor se llevó la peor parte, ahora no tarda en caerse de nuevo.
—Espera un momento, ¿qué no se supone que el castillo se mantiene en base de magia?
—Claro que lo hace, ¿por qué crees que la torre no se ha caído aun? Pero estructuralmente necesita que sea resanada.
—Bueno, eso está muy bien padrino. Pero no veo como podremos ayudarte. Nosotros hacemos casas y damos créditos. No sabemos nada de antiquísimos castillos o estructuras mágicas —Severus movió su varita y apareció una edición pasada del Profeta con un gran titular: Draco Malfoy y Neville Longbottom ayudan a reconstruir el ministerio de magia.
—Ustedes trabajaron en el ministerio. Ese lugar tiene magia, tal vez no tanta como Hogwarts pero creo que con un poco de esfuerzo...
—Detente un poco padrino, yo no hice nada en el ministerio. Neville fue quien estudió, encontró hechizos, dio planos y todo eso.
—Entonces, ¿tú qué hiciste?
—Cobrar, y muy bien —Severus le sonrió levemente.
—Bueno, que te parece si hacen lo mismo. Tú cobras muy bien y que Longbottom haga todo el trabajo. Al final, él mismo es un Gryffindor. Además, necesito que el Consejo vea que estoy haciendo algo por los estúpidos Gryffindors, muchas personas no creen que sea un director imparcial —Draco suspiró pesadamente.
—Mira, hablaré con Neville y veremos que puede hacer, ¿ok?
—Bien, pero que sea pronto Draco. No quiero imaginarme lo que dirían las finas damas del Consejo si la torre de Gryffindor llega a desquebrajarse.
Cuando Severus se fue, Draco intentó no pensar en la fotografía de Harry y Ginny anunciando su matrimonio. Sin embargo le ganó su lado analítico. Levantó el Profeta y observó al Harry de la fotografía sintiendo gran pena por él. No había chispa en sus ojos. En ese Harry parecía estar extinta toda la pasión que Draco conocía de sobra. La mandíbula de héroe estaba contraída, sus ojos verdes iluminados en sepia parecían fijos en algún punto de la cámara.
Draco prefirió en ese momento quemar el periódico. Él no necesitaba ver la ruina de la persona que amaba. Las decisiones, buenas o malas, son parte de cada uno y sus consecuencias llegan para quedarse. El Slytherin contestó el último mensaje de texto que le había enviado David y luego siguió trabajando. Además tenía la idea de investigar qué coño era eso de espectáculo de medio tiempo.
Según Dave, su entrenadora había obligado a los chicos de futbol americano a ser parte de algo llamado club Glee. Draco no tenía ni idea de qué iban cualquiera de esas dos cosas que se prometió investigar porque Dave estaba muy emocionado de hacer un número musical con esos chicos del club Glee. ¿Quién diría que Dave Karofsky de Lima Ohio le serviría de distracción a Draco? Era una buena forma de seguir echándole tierra a todo el asunto Potter.
Para el final de la jornada en la oficina, Draco ya tenía listo el informe del contrato en Estados Unidos, el presupuesto para la construcción de un nuevo condominio de lujo y estaba pensando qué decirle a Neville para que aceptara aventarse el trabajito que Severus quería. Podía apelar a su lado Gryffindor, pero Neville ya había pasado mucho tiempo con él como para que eso no le importara.
Necesitaba una idea nueva y fresca, algo por lo que Neville no pudiera decir que no. Draco sabía muy bien que la reconstrucción de la torre no sería un trabajo fácil. En ese castillo había mucha magia antigua, fantasmas involucrados y hechizos que seguramente nadie conocería. Pero a Neville le llamaban la atención todas esas cosas y las investigaba con alegría. Así que tal vez, con la intención correcta, Longbottom terminaría yendo a Hogwarts sin quejarse.
Como era su costumbre, Neville entró al despacho de Draco sin tocar. Todas las personas del edificio ya se habían marchado para ese momento. El rubio apagó su ordenador para luego mirar a su amigo. Neville Longbottom era una de esas personas que los años le sentaban de maravilla, entre mayor fuera mejor se veía. La edad le había traído a Neville un aire de señor que muy pocos hombres podían pasar por alto.
—¿Nos vamos? —Neville le preguntó con una deslumbrante sonrisa.
—Neville, ¿crees que pueda ser muy difícil hacer un trabajo de restauración en el castillo? —Neville se dejó caer en el sillón frente a Draco y lo pensó por un momento.
—La verdad es que sí, sería bastante complicado. Un reto muy interesante, ¿por qué? —Draco suspiró pesadamente y negó.
—Es que mi padrino quiere contratar a un mago ruso o algo así para que venga a checar la torre de Gryffindor —La mención de su antigua casa provocó que los ojos de Neville brillaran. Draco se imaginó a un lindo gatito que había encontrado una bola de estambre.
—¿Qué pasa con la torre de Gryffindor? —El rubio se encogió en hombros.
—No mucho, según mi padrino debe estar en muy malas condiciones. Hace rato me lo comentó, tiene miedo de que se caiga en cualquier momento. Tú sabes, por todos los daños de la guerra. Según dice, lo único que la mantiene ahora es la magia de sus pequeños residentes —Draco realizó un esfuerzo mayúsculo para evitar que la sonrisa triunfal que pugnaba por mostrarse se quedara dentro de él. El sólo hablar de pequeños hizo que el pecho de Neville se hinchara.
«¡Oh, los Gryffindors! Tan sencillos, sólo tienes que apelar a su instinto heroico paternal para que hagan todo lo que uno quiere», pensó Draco para sí mismo mientras observaba a Neville con la más inocente de las miradas que podía tener sin que su amigo sospechara.
—¿Ruso dices? —Draco asintió adquiriendo un matiz de preocupación—. ¿Qué pasa?
—Nada, sólo que me preocupa. Espero que las cosas le salgan bien a mi padrino. Tú sabes que el Consejo está sobre él. No muchas personas lo querían de director por todo ese pasado oscuro y malévolo al que están empeñados en ligarlo —Neville resopló completamente indignado.
—Esos estúpidos, no tuvieron suficiente con la guerra que vivimos. Todavía tienen en la cabeza tantos estúpidos prejuicios. El profesor Snape fue una pieza valiosísima para lograr el triunfo de Harry y parece que siempre quieren olvidar eso. Al igual que no escuchan cuando se habla de toda la discriminación a los Slytherin's —Draco asintió. A Neville sólo se le tenía que dar cuerda para que terminara hablando de las injusticias del mundo mágico—. ¿Por qué no le ofreciste al profesor nuestros servicios? —Draco boqueó sólo para parecer sorprendido.
—No pensé en ello. Como tú eres quien se encarga de eso y…
—Habla con él, tal vez nosotros podamos ayudarle. Estamos en buenos términos con la sociedad mágica y así el profesor no tiene porque traer a nadie de otro país para que trabaje en el colegio.
—Podría sugerírselo pero imagino que será mucho trabajo para ti querido —Neville sonrió cálidamente y tomó las manos de Draco entre las suyas.
—No prometo tener la respuesta. Iremos a ver, y si tiene solución entonces veré, ¿ok? —Draco asintió y después elevó sus manos para poder besar el dorso de las manos de Neville.
—Gracias, bueno ahora sí, invítame a cenar.
Neville se puso de pie y le abrió la puerta a Draco quien aun estaba tentado a reír a carcajadas pero se aguantó lo suficiente.
Tres días después, Draco no podía creer que estaba en el castillo de Hogwarts ayudando a Neville con la revisión a la torre de Gryffindor. Eso parecía una mala película americana clasificación B. Con todo ese rojo y dorado, además de los niños corriendo para tomar sus libros o los trabajos olvidados. No podía creer que Neville lo arrastrara hasta ese pequeño pedazo de infierno.
—¿No te trae recuerdos? —Draco rodó los ojos justo cuando entraron al dormitorio de los chicos de quinto grado y encontraron a una parejita bastante cariñosa. Los chicos se separaron en cuanto los escucharon y salieron del lugar murmurando una disculpa. El rubio le lanzó una mirada asesina al chico que se le quedó mirando a Neville como si quisiera comérselo. Odiaba esos arranques adolescentes.
—Neville, ¿puedes apurarte con esto? Tanto maldito recuerdo infantil está acabando con mi paciencia —El Gryffindor sonrió.
—¿Por qué no vas al patio para que tomes un poco de aire fresco? Estoy por terminar y lo puedo hacer solito —Draco enarcó una de sus cejas.
—¿No iras a tener problemas con esos adolescentes hormonales que se mueren por entrar a los pantalones de un héroe de guerra? —Neville rió.
—Sé defenderme, no te preocupes. Anda, vete, porque si sigues aquí seguramente terminarás con un ataque de ira incontrolable y eso es lo que menos quiero en el mundo.
Draco asintió y salió presuroso de la torre de Gryffindor. Caminar por el castillo si le dio cierto aire de nostalgia. Aunque Draco estaba feliz de haber salido de ahí con vida, en un principio, por ahí de primero y segundo año Draco fue muy feliz dentro de ese lugar. Las cosas no eran oscuras y pesadas. Las bromas podían ser crueles pero no mortales, al final sólo eran unos niños que estaban jugando y el odio aun no se sentía del todo.
Unos sollozos llamaron la atención de Draco, giró hacia la derecha en el siguiente pasillo y miró a un niño, seguramente primer grado. Traía puesto el uniforme de Slytherin y lloraba incontrolablemente. Draco pensó pasar de largo, a él no le gustaban los niños. Esa había sido una de sus primeras discusiones con Harry. El Gryffindor siempre había soñado con una familia pero Draco no tenía planes de ser padre.
Él siempre había estado consciente de sus preferencias y por ende suprimió toda idea de tener un hijo. Los hombres no se embarazan, biología básica y la idea de adoptar nunca se había arraigado del todo en la mente de Draco. Él estaba bien con la idea de tener una pareja, amarlo y tal vez tener un perro pero de eso a los hijos había tres mundos de diferencia. Draco y los niños pequeños no pegaban ni con cola. El chico frente a él sollozo de nuevo y levantó el rostro para mirar a Draco. El corazón del rubio dio un pequeño tirón cuando vio los ojos verdes del niño.
—¿Estás bien? —preguntó en automático. El niño, un poco aprensivo, lo miró por un momento y luego negó—. ¿Te puedo ayudar en algo? —El niño no dijo nada por unos segundos. A Draco le hizo gracias pensar que el chico estaba analizando la autenticidad de la propuesta. Al final, no dejaba de ser un pequeño Slytherin.
—No encuentro el camino a las mazmorras —El niño no había pedido ayuda. Simplemente habló de su problema, era cosa de Draco si le quería ayudar o no.
—Yo también fui un Slytherin —El niño pareció relajarse—, ¿te gustaría que te llevara? —El niño se lo pensó pero luego asintió. Draco le tendió la mano y caminaron con rumbo a las mazmorras.
Cuando llegaron a las escalares que daban a la casa de Slytherin el chico se soltó de la mano de Draco, le dio un gracias y le regaló una rana de chocolate. Hacía años que Draco no comía una. Al abrirla, el rubio sostuvo al escurridizo animal, miró el cromo y rió al ver el rostro de Harry Potter en él. Locas ironías de la vida.
Llegó a casa en la noche y la cena ya estaba servida, Neville le había dicho que si quería salir pero Draco no tenía ganas de hacerlo. Había sido una semana muy cansada y lo único que le apetecía era descansar. Después de cenar se sirvió una copa de Chardonnay du Monde y se sentó en su cómodo sofá mientras cambiaba de canal en el televisor hasta que encontró una película que le pareció interesante. Iba por su segunda copa de vino cuando su móvil sonó.
—Señor Karofsky, ¿no es de madrugada allá en América? —Draco se alegró al escuchar la profunda risa de Dave—. ¿Qué pasa? No me digas que hablar conmigo te hace tan feliz.
—En parte, pero en realidad es porque lo hice —Draco sonrió, Dave le había dicho que no participaría en el espectáculo de medio tiempo. Que era un cobarde y tenía miedo que alguien descubriera lo mucho que estaba disfrutando poder bailar y cantar. Tenía miedo que alguien descubriera que era gay—. Fue increíble, estuve a punto de no hacerlo pero escuché la música, vi a la gente disfrutando, a los chicos tanto del equipo como del club Glee disfrutando y no pude más. Necesitaba ser parte de eso.
—Me da gusto por ti Dave —Draco sabía que lo decía sinceramente.
—Eso no es todo. Ganamos el campeonato y todo estaba genial hasta que —El silencio que llegó hizo que Draco imaginara qué podía haber salido mal—. El hermanastro del chico que me gusta me pidió hoy que fuera a disculparme con él para que pudiera regresar a la escuela y yo me uniera al club Glee definitivamente y yo no… no pude —Draco le dio un trago a su copa imaginando los ojos verdes de Dave llenos de confusión.
—Pasos de bebé Dave. No puedes hacer todo, es un proceso. Por ahora me da mucho gusto que bailaras frente a tus compañeros. Eso te demuestra que siempre puedes disfrutar cosas o situaciones que nunca imaginaste que te podrían gustar antes.
—¿Lo dices por experiencia? —Draco se tomó un segundo para preguntarse si quería hablar con Dave de eso y al final decidió que sí. No tenía porque permanecer con su máscara con él.
—Harry siempre me dijo que quería hijo y yo le decía que nada de niños. Hasta hoy que tuve un encuentro con uno me di cuenta que los niños no son tan malos como pensé y me pregunte si tal vez yo podría —Dave rió a través de la línea.
—Serías un magnifico padre Draco. Simplemente tienes que creértelo, porque creo que no notas toda la paciencia que tienes, ese poder de trasmitir lo que piensas sin ser tan corrosivo.
—Lo dices porque te enseñé a tener sexo. No creo que eso se vea muy bien en una solicitud de adopción —Dave rió de nuevo con esa voz profunda y varonil.
—No lo digo por eso. Lo digo por esto y por cada mensaje tuyo a lo largo de estos días. Nadie ha estado así conmigo nunca y si te tomas estas molestias con un extraño como yo, ¿imagínate lo que harías con tus hijos? Adoptados o no sé qué, serías genial.
Draco y Dave siguieron hablando hasta que el chico de Lima Ohio empezó a caerse de sueño. Prometió seguir llamando e informando de cualquier avance y Draco se alegró por ello.
Para este capítulo le agradezco el beteo a Luxam9.
