Me va a extrañar, al suspirar.
Porque el suspiro será por mí,
porque el vacío la hará sufrir.
Héctor Eduardo Reglero Montaner
—Señor Malfoy, el señor Longbottom lo espera por la línea dos —Draco levantó la mirada del pesado tomo que estaba leyendo.
—Gracias Nora —Su secretaria salió del despacho y Draco descolgó el teléfono—. Dime que es importante porque estaba revisando las utilidades netas del año pasado y sabes que eso es muy complicado —Neville suspiró pesadamente desde el otro lado de la línea.
—Lo siento Draco, sólo te llamo para avisarte que voy a cancelar la cita con la persona de publicidad —Draco apoyó su espalda sobre el respaldo del sillón y se frotó levemente el rostro.
—¿Por qué lo vas a cancelar? —Neville guardó silencio un momento y eso no le gustó nada a Draco que ya estaba empezando sospechar que había algo atrás de todo eso.
—Necesito investigar unos hechizos para mantener la torre sin que se derrumbe. Pensé que esto sería más fácil pero hay demasiada magia involucrada. Seguramente tendré que pasar todo la noche aquí —En ese momento fue Draco el que suspiró. Estaban iniciando una nueva restauración y les urgía la publicidad para, al terminar, poder vender el lugar y no entendía por qué Neville quería cancelar una cita tan importante.
—Puedo ir yo en tu lugar.
—No, en serio no Draco —La rotunda negativa de Neville confirmó las sospechas de Draco de que algo andaba mal.
—¿Qué es Neville? ¿Por qué no quieres que yo vaya a esa reunión? —Otro gran y contundente silencio de Neville vino después de que hablara.
—Draco… —El Slytherin sabía que su amigo estaba entre la encrucijada de mentirle, no decirle nada o hablar con la total y absoluta verdad—. Es Ginny Weasley la persona con la que me tenía que entrevistar hoy —Draco soltó una pequeña carcajada, Neville siempre se iba por la verdad.
—No tienes que cancelar nada Neville, soy tu socio y no me importa reunirme con Ginny Weasley para tratar algo tan importante.
—Pero Draco…
—Nada, no es culpa de ella que Harry se vaya a casar. De hecho me siento un poco mal por ella, años esperándole y luego que Harry se case sin amarla. No creo que vaya a tener una buena vida a su lado —Fuera de todo pronóstico Gryffindor, Neville rio levemente.
—Me siento afortunado teniéndote de amigo. Conocerte tan a fondo me hace quererte más Draco —El Slytherin resopló, cuando Neville se ponía así era insoportable—. Bien, dejo mi estúpido sentimentalismo Gryffindor y te propongo reservar en tu restaurante favorito para hacerte más ameno el trago amargo.
—¿En serio crees encontrar lugar en La Petite Etoile?—Draco sonrió, La Petite Etoile era su restaurante favorito. Exclusivo, caro y no se podía llegar sin reservación.
—Claro, sabes que me encanta gastar galones en ti —El sarcasmo de Neville hizo que Draco riera con ganas—. ¿ Te parece hoy a las ocho?
—Me parece genial Neville. Mucha suerte con tus hechizos.
Neville cortó la llamada sintiéndose mal consigo mismo. Sabía muy bien que toda esa situación estaba afectando a Draco pero su amigo no decía nada y él quería ayudar porque Draco no se merecía sufrir por nadie y menos por Harry que nunca lo valoró. Neville entendía que debía ser difícil para Harry traicionar a su familia adoptiva pero era peor traicionar sus verdaderos sentimientos.
Draco era un hombre fácil de amar pero complicado de tratar. Era exigente, apasionado, huraño en ocasiones y una serpiente muy tratable en otras. Pero todo ese conjunto hacía un gran ser humano, un hombre con el que no era difícil caer perdido y Harry no valoró eso, no valoró haber llegado al corazón de Draco.
—Señor, estos son los tomos que solicitó de la biblioteca. El Director le pide que no trate a estos ejemplares únicos como a sus calderos de pociones —Neville se sonrojó y agradeció que la elfina desapareciera sin notarlo.
Neville abrió el primer tomo del libro de hechizos que solicitó. Todavía no entendía por qué Severus Snape lo seguía afectando a tal grado que tenía que salir corriendo en cuanto lo veía. Había un poco de todo, saber que el actual Director de Hogwarts era su antiguo torturador, recordar lo vulnerable que lo vio en algún punto de la batalla y entender, ahora, por qué los Slytherin eran como eran, hacían que Neville no supiera qué hacer cuando estaba frente a Severus Snape.
Las horas pasaron lentas mientras leía, releía y rectificaba ciertas cosas del hechizo celta que había encontrado para separar la magia de los vivos y de los muertos dentro de la torre de Gryffindor, ese era el primer paso, el segundo sería condensar la magia de los muertos en un lugar o en un objeto custodiado por un gran mago, una vez hecho esto, lo demás sería fácil. Reconstruir, remodelar y hacer ajustes para que lo sucedido no pase más.
El único problema era encontrar al mago capaz para ser el guardián de la magia muerta. Neville estaba pensando en Harry pero hacía años que no se hablaban, más o menos desde que Harry le dijo que jamás sería la pareja oficial de Draco en medio de una reunión de miembros del ED. También estaba Hermione, pero ella le preguntaría, como siempre lo hace, el porqué del distanciamiento entre Harry y él.
Ron se quedaba fuera de la lista porque no hacía nada sin consultarle a su mujer y eso era como tener a Hermione respirándole en la nuca, cosa que a Neville no le gustaba. Si alguien tenía que respirarle en la nuca, era el tipo con el que estuviera follando y no su antigua compañera que era más molesta que el sol del verano a pleno medio día. Draco seguramente le diría que no, al final, era Gryffindor y no Slytherin quien estaba a punto de caer a pedazos.
Exactamente a las ocho en punto Neville pensó en llamar a Draco para saber si la mesa había sido de su agrado y si la selección de vino era la correcta pero se contuvo al escuchar los fuertes pasos de alguien que no podía ser otra persona que el Director de Hogwarts. Neville se tragó el nudo que se formó en su garganta e intentó no poner mucha atención al estremecimiento que sentía.
—Longbottom —Ese fue el saludo del profesor Snape.
—Buenas noches señor —Severus empezó a inspeccionar los libros que Neville tenía regados por sin ningún lado en la sala común de Gryffindor.
—¿Alguna novedad Longbottom? —Neville bajó sus parpados y contó hasta diez mentalmente. No quería una pelea inútil con el hombre que estaba frente a él.
—Algo así señor —Snape gruñó y Neville no pudo evitar rodar los ojos como signo de su exasperación.
Neville sabía que eso había sido un error. La cara del Director se lo decía; ceja derecha elevada, ojos negros centellantes, nariz ligeramente respingada, labio superior levemente fruncido y por último, la postura corporal que gritaba la has cagado Longbottom. Neville contrajo sus maxilares y empuñó sus manos esperando el chaparrón que se le avecinaba.
—¿Algo así Longbottom? Le recuerdo que tengo a todos los mayores durmiendo en la tétrica Sala de Menesteres —Neville no estaba muy de acuerdo con ese punto, la sala no parecía muy diferente a la propia torre de Gryffindor. Aunque suponía que el Director se refería al tétrico pasado del lugar—, y seguramente no tarda alguien en quejarse que discrimino a los tiernos lencitos. Así que por qué no convertimos el algo así en algo completamente concreto y preciso si se puede y no es mucha molestia.
Neville se sintió de vuelta al tercer grado del colegio. Recordó su boggart y su fría mirada. Obviamente Severus Snape no era más su boggart; Neville había visto demasiado odio y destrucción como para que su mayor temor siguiera siendo su antiguo profesor de pociones pero aun así, la actitud del Director le recordaba demasiado sus añejas inseguridades. Casi podía escuchar la voz de Draco diciéndole no seas idiota, ya no eres un niñato de trece años que tenía miedo de hacerse una paja nocturna.
—Sabe profesor, lamento que sea tan desagradable para usted tenerme aquí pero no lo hago ni por mí, ni por lo que usted piense o deje de pensar. Estoy trabajando por el castillo que fue mi hogar hace años —La voz de Neville se hizo más profunda, enderezó sus hombros y miró directamente a los ojos del Director—. Sé que para usted sigo siendo el mismo revienta calderos de hace años pero le quiero hace notar que ya he crecido. Voldemort, además de dejarme sin padres, me dio mucha seguridad para poder enfrentarme a mis temores por fracasar y después de eso encontré en lo que soy bueno. Que es, básicamente esto —Neville señaló el montón de libros apilados en la mesa de centro de la torre—, leer muchos libros con páginas amarillentas para encontrar hechizos que sean capaces de restaurar la estructura y magia de un lugar. Y sólo para terminar con esto durante esta noche, le informo que sí tengo un algo concreto y preciso —Neville tomó el libro que había estado leyendo y se lo levitó al profesor Snape—. Como notará, sólo necesito un mago que sea el guardián de la magia de los muertos —Severus Snape estudió un poco el texto y después miró a Neville.
—Yo seré el guardián —Neville estaba a punto de guardar sus cosas cuando escuchó las palabras del profesor Snape, fuertes y claras.
—Pero…
—En el libro no dice nada sobre que el dueño o señor de lugar participe, así que tomando en cuenta que este es mi colegio, ¿quién mejor que yo para guardar algo que tenga que ver con él? —Neville boqueó levemente y no supo que decir.
Él sabía que no había ningún problema por la jerarquía del profesor Snape pero aun así no se sentía del todo tranquilo al trabajar tan de cerca con él. Aunque también Neville se hacía a la idea de tener que dejar ese estúpido miedo que sentía por Severus Snape.
—Muy bien señor. Trabajaré en el hechizo y mañana lo podremos llevar a cabo —Severus lo miró fijamente. Neville se sintió cohibido pero no apartó sus ojos.
—Hasta mañana Longbottom.
Severus Snape dio media vuelta y se marchó de la torre de Gryffindor. Neville soltó todo el aire que tenía y se dejó caer pesadamente sobre el sofá de la sala común. Eso había sido agotador, el primer enfrentamiento verbal con el profesor y él seguía vivo, debía haber algún tipo de medalla por eso.
Draco miró todo el lugar y sonrisa casi imperceptiblemente. Neville siempre era del tipo que pensaba en todo; la mesa que más le gustaba, el vino que le gustaba, casi estaba seguro que el postre del lugar también sería muy cercano a las tartaletas que eran sus preferidas. Lo que le sorprendía un poco era que Neville no le hubiera llamado ya para saber si todo lo seleccionado era de su agrado.
Después de dos copas de vino, Ginny Weasley arribó al lugar. Draco la observaba perfectamente desde donde estaba. Por eso le gustaban tanto esa mesas, era el lugar estratégico para ver todo lo que sucedía en el lugar. Ginny Weasley llevaba puesta una gabardina color miel, el pelo rojo le llegaba a los hombros pero lo que más le llamó la atención a Draco era esa sonrisa apagada que le dirigía a todo mundo menos a él, porque en cuanto lo vio sentado en el lugar de Neville, terminó poniéndose seria.
—Buenas noches —Draco la observó tragar saliva.
—Hola Ginny Weasley.
Tras la guerra, las asperezas entre los Weasley y los Malfoy habían quedado muy apegadas. Draco no podía dejar de pensar en Ginny Weasley como la chica que lloraba por las noches cuando veía a sus amigos sufrir las consecuencias de seguir con la resistencia en el castillo. Más de una vez Draco vio como Ginny curaba a Neville y otros Gryffindor de sus heridas.
—Pensé que vería a Neville —Draco se permitió servirle un poco de vino que Ginny bebió gustosa.
—Está muy ocupado en el colegio. Tuve que venir yo, espero que no te moleste.
—Para nada Draco. Me gusta la idea de trabajar con ustedes y más en algo tan grande.
Trabajar con Ginny Weasley había sido un viaje bastante raro para Draco. La más pequeña de los Weasley estaba llena de ideas, quería hacer las cosas muy bien y en grande. Además siempre consultaba a Draco sobre todo lo que tenía que hacer y cómo hacerlo para que fuese mejor. Lo único raro era notar como la mirada de Ginny perdía su brillo cuando alguien, nunca Draco, le habla de su futuro matrimonio. Era como si Ginny perdiera todo rastro de felicidad y eso le brincaba mucho al Slytherin.
Una de tantas tardes afuera del complejo ya terminado, Ginny estaba tomando unas fotografías que mandaría al Profeta, Draco observó a una mujer acercándose a Weasley para felicitarla por la boda. La futura novia sonrió como siempre pero las palabras de la mujer debieron pulsar un botón en el interior de la leona. Uno que la hizo salir corriendo del lugar con las lágrimas a punto de salir de sus ojos.
Draco la siguió de inmediato, la encontró unas cuantas calles arriba del complejo. Estaba llorando y sostenía la cámara fotográfica como si su vida dependiera de ello.
—Weasley, ¿estás bien? —Draco colocó una de sus manos sobre el hombro de Ginny. Esta se estremeció y empezó a negar fuertemente con la cabeza.
— Yo no amo a Harry y sé que él tampoco me ama —El Slytherin se congeló, no esperaba una confesión tan fuerte—. Él ama a alguien más, lo sé. Pero se casa conmigo por lo mismo que yo lo hago, por mi madre. Ella no ha sido la misma desde que Fred murió y perder a Harry la mataría. Yo tenía la idea de que un día Harry me dejaría para estar al lado de la persona que de verdad ama, no quiero cargar con las consecuencias de terminar esto. Soy tan cobarde Draco —La mujer lloraba desconsoladamente.
Draco comprendió muy bien los temores de Ginny Weasley. Ella quería que alguien más, en este caso Harry, cargara con todas las consecuencias de lo sucedido. Era más fácil hacerse la victima que ser el victimario. Un momento después, Ginny se recompuso, limpió sus lágrimas y para horror de Draco lo miró con cariño.
—Gracias Draco, lamento que vieras esto pero te agradezco que me escucharas. Nunca había hablado de esto y sé que a ti no te interesa.
—Vamos, déjalo ya Weasley. No es como si fuera a vender la noticia en el Profeta —Ginny sonrió—. Todos nos quebramos en algún momento.
—Tú nunca te has quebrado a pesar de todo.
—No donde tú me hayas visto. Anda, vamos por tus cosas, te doy la tarde libre.
Por la noche Draco llegó a su departamento agotado. El día había tenido dos grandes y ridículas situaciones. Primero lo sucedió con Ginny Weasley y segundo Neville diciéndole que cenaría con Severus para festejar que el hechizo había salido muy bien. Draco miró hacia su móvil sin saber muy que hacer, sin embargo antes de que pudiera decidirse el móvil sonó.
—¿Qué tú no duermes? —Dave resopló divertido.
—Hoy no, estuve como dos horas dando vueltas en la cama. Durante la tarde lo vi con su novio, fueron a la escuela para una ridícula tontería del club Glee. Peleamos y alguien escuchó sobre cómo soy un cobarde por tener miedo a que se descubra la verdad —Dave gimió frustrado y Draco rio.
—Vamos, vamos grandote. Sabes que tarde o temprano todo se sabrá, ¿cierto?
—Sí, pero me gustaría que fuese cuando estuviera más listo. No sé, por lo menos cuando Kurt no me odiara tanto.
—Todos quisiéramos que las cosas se solucionaran en el momento en que nos apetece y como por arte de magia. Tú no has hecho mucho para que el chico deje de odiarte, porque no creo que ayude mucho eso de golpear a su novio.
—Yo no golpeé a nadie. Simplemente nos empujamos, además no sé qué podría hacer para mejorar las cosas. Kurt no dejaría que me le acercara ni por error.
—Bien, no te mortifiques, ¿ok? Ya se nos ocurrirá algo, por lo pronto déjame contarte lo que me pasó hoy —Draco le contó toda la historia.
—No lo puedo creer, vaya tipa —Dave resopló indignado —. Ella tampoco lo quiere pero no dice nada porque no quiere cargar con la culpa de haber sido quien termino con todo, ¿y tu chico no se da cuenta de nada? ¿Qué le pasa?
—Creo que se debe a años de cumplir con los deseos de los demás —Dave suspiró exasperado.
—¿Seguro que lo quieres? Creo que podrías conseguirte algo mejor. Draco, eres el sexo caminando, además de un gran ser humano —eso último logró que Draco aumentara el cariño que ya le tenía Dave. Eran muy pocas las personas que lo consideraban un gran ser humano.
—Alguien tienen que defenderlo de sí mismo. Además creo recordar que ese chico que a ti te gusta no es precisamente una perita en dulce. Que es bastante exigente y a ti te trae loco.
—Sí pero no es lo mismo. Kurt no me quiere y nunca lo hará, en cambio Harry estuvo contigo, ¿por qué no valora el tiempo que vivió a tu lado? Independientemente del maravilloso sexo que pudieron haber tenido ustedes dos. Sé que hubo intimidad de pareja, contarse planes y pensar en el futuro. Un hombre que no defienda lo que siente por ti no vale la pena Draco.
—Hay muchas cosas de mí que no sabes Dave…
—Me basto lo que vi y sentí. Por mi puedes ser Jack el Destripador y aun así seguirás siendo un gran ser humano.
—Sabes Dave, si te mostraras así de apasionado con ese chico bonito, no creo que él pudiera rechazarte.
—Para él esto sería una demostración de mi fuerza bruta. Pero te juro que en ocasiones quisiera ir a buscarlo y estamparlo en una pared para besarle a mi antojo. Le demostraría que soy yo quien puede hacerlo feliz y no ése estúpido enano.
—Vaya que tu chico se pierde mucho contigo —Draco se imaginó el furioso rojo que debió aparecer en las mejillas de Dave con ese comentario.
—Tuve un buen maestro.
—Lo tuviste y todavía lo tienes ¿ok?
La conversación siguió con todo tipo de tonterías por parte de los dos. Al terminar de hablar con Dave sobre todo lo ocurrido en las semanas, Draco se sintió mucho mejor. Le liberaba poder hablar y así también aprovechaba para reacomodar las ideas en su cabeza. Harry y Ginny no se amaban pero aun así se casaban, típico de los Gryffindor, andar haciendo algo por los demás a pesar de que ese algo les costase la vida o la felicidad.
Draco se dividía entre ver a Harry y hablar con él o dejar que las cosas siguieren su cauce aunque este fuese un enlace sin amor.
