Advertencias y aclaraciones:
- Desarrollo de universo omegaverse.
- Angst
- Romance
Parejas:
-KatsuDeku
-KiriKami
-MiriTamaNeji
Sobre la historia:
La historia se desarrolla en un universo en el cual el mundo ha quedado casi despoblado a causa de ciertos agentes tóxicos que hay en el aire y que, al ser inhalados, origina la muerte a los humanos. El gobierno autoritario que impera, es quien dispone de tu vida; donde vives, en que trabajas, con quien te casas.
Bajo este contexto es que empiezo con el desarrollo del universo omegaverse (a mi punto de vista). Alfas y omegas son humanos modificados genéticamente en laboratorios del estado, con el fin de aumentar la población y mejorar la raza.
Confinamiento
PARTE I
Lunes 10 de julio, 2090
17:00 hr.
El viento remese las copas de los árboles. Bambolean de izquierda a derecha en un compás agitado que espanta a sus inquilinas plumiferas. Una bandada de aves se abre paso en medio del pintoresco arrebol de las nubes. Katsuki deja de lado la hoja que ha estado leyendo y observa cautivado el espectáculo a través de su ventana. Vuelan ligeras, sumergiéndose entre el purpura y el naranja. Deslizándose con parsimonia por las corrientes de viento. Vuelan lejos y luego regresan al mismo árbol, sin miedo alguno. Katsuki esboza una sonrisa cálida, cubierta con chispas de envidia. Él quisiera gozar de esa libertad con las que cuentas las aves al emprender el vuelo. Conocer los paisajes de allá afuera, viajar por el mundo y no que su mundo se limite a esa casa.
Pero no puede hacer más que soñar con ello.
El aire que rodea ese mundo basto que quiere conocer y que llena de vida a esas aves, sería capaz de asesinarlo en tan solo segundos; pues es tan toxico como veneno directo a tus venas. Decir que contiene, es un todo un secreto que un simple ciudadano no está permitido de conocer, ya que cuentan algunos, que fueron ellos mismo quienes lo crearon. Un experimento que salió mal. Por lo que la información en ese campo es limitada, pero no la que involucra las muertes. El aire, en exposición con las personas, ingresa por tus vías respiratorias generando una reacción en cadena que paraliza tu cerebro y pulmones. Incapaz de respirar, pero aun teniendo conciencia y sensación corporal, te asfixias mientras el tejido vivo se corroe. Tu corazón demora un minuto en detenerse. El minuto más largo de tu vida. En el peor de los casos, la concentración toxica es baja ese día, entonces el sufrimiento solo se prolonga. Vómitos y convulsiones se suman a la ya tortura que padeces. No hay escapatoria una vez que has estado en contacto allá afuera.
Más de dos tercios de la población a perecido a causa de la aparición del aire toxico y de los pocos que quedan, los decesos siguen siendo mayores que los nacimientos. El promedio de vida no es mayor a los cincuenta años. La malnutrición por escasez de alimentos, el difícil acceso a medicina de los poblados son unas de las causas. Empero, la más fuerte, son los suicidios. Muchas personas prefieren una muerte tortuosa inhalando el aire, que seguir viviendo encerrados, obedeciendo órdenes del estado y jornadas laborales de hasta doce horas. En esa nueva sociedad carente de mano obrera, el trabajo físico es obligatorio para la mayor parte de la población, mas no la remuneración del mismo. Todas las empresas pertenecen al estado y este brinda a su población lo mínimo necesario para vivir. Comida, abrigo y salud. Acceder a calefacción, internet o raciones extras de comidas, es un lujo que únicamente se dan quienes tienen hijos; es así como el gobierno incentiva a las familias a crecer.
A no extinguirse como raza humana.
El plan definitivo para ello, fueron los emparejamientos forzados. Hombres y mujeres son unidos a los dieciocho años por un sistema que el gobierno encuentra como el más eficiente en pos de la no extinción. Se les informa mediante una carta y tienen una semana para despedirse de su familia.
Una vez que se van, no vuelven a saber de ellas.
Katsuki vuelve los ojos a la hoja entre sus manos. Él la acaba de recibir hoy.
Si ese sistema funciona, es por el aislamiento obligatorio que han impuesto a su población. Todos estudian en casa, la única persona que logran conocer fuera de su familia, es a su pareja a los dieciocho. Al alejarte de tus padres y hermanos, rompen ese lazo de unión. Incluso cuando entran a trabajar, tiene prohibido acercarse a otros. Las relaciones más allá de la familia nueva que formes, están prohibidas. Todos los libros y películas que provee el estado, tocan el amor como algo que nace casi forzado por la convivencia obligatoria. Mas no del que uno puede sentir hacia un desconocido. Es como si te prohibieran tener sentimientos y tiene lógica. En un estado que oprime tanto a su población, cosas como el amor o la amistad desestabilizarían la base de esa pirámide social e incluso, duda que siquiera otros hayan oído esas palabras antes.
Si Katsuki tiene cierto conocimiento, es porque su padre solía traer novelas que intercambiaban por comida sus compañeros de trabajo. Historias escritas antes de que toda esa crisis sucediera; otras pocas, eran de sus propios compañeros que escribían para poder hacer trueques. Ya en casa, su madre era quién se las leía durante las largas horas de espera a que Masaru, su padre, regresara del trabajo. Katuski nunca va a olvidar esos relatos, así como tampoco, el día que se los confiscaron. Era de noche cuando los agentes del orden tocaron su puerta y se llevaron todos los libros, dejando grandes destrozos en casa. Antes de irse, les comunicaron que su padre tuvo un accidente durante el trabajo. Su madre asintió entre lágrimas y le abrazo. Katsuki no volvió a ver a su padre y solo tiempo después, comprendió que todo uso de libros que no les proporcionara el estado, estaba prohibido. Así como también, que su padre trabajaba en uno de los invernaderos del gobierno cosechando zanahorias, y que los accidentes más graves ahí, son solo heridas en las manos.
Con el pasar de los años muchas cosas han muerto dentro de Katsuki. Las esperanzas de tener a su padre de regreso. Ver nuevamente una sonrisa de felicidad en el rostro de su madre. Las ansias de libertad y un futuro que sea uno que él elija. El tiempo ha logrado germinar en él las semillas de resignación por lo que se avecina.
Katsuki ha renunciado a una mente avivada de sueños, por pisar tierra firme y autoconvencerse de que el emparejamiento, tampoco puede ser tan malo si sus padres fueron felices el tiempo que estuvieron juntos.
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Lunes 17 de julio, 2090
05:30 hr.
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– Cuídate mucho – se despide entre lágrimas su madre.
Misuki Bakugou.
Es la segunda vez en su vida que ve llorar a esa mujer tan dura y por un instante, su garganta también se oprimirme. Ella es todo lo que ha tenido por los últimos diez años y hoy debe darle un adiós eterno.
La mujer extiende los brazos y Katsuki se acerca sin malas caras a darle el ultimo abrazo. Nunca ha sido un hijo cariñoso y en más de una ocasión ha hecho rabiar a la ceniza, hoy se arrepiente de no haberle dado más buenos momentos. Siente que no han sido suficientes abrazos a lo largo de su vida. Ni buenas noches, ni como amaneciste. Pero es tarde ya y el auto que le llevara a su nueva vida espera afuera.
Rompen esa unión con mucha lentitud. Katsuki seca las lágrimas de su madre antes de darse la vuelta y quedar frente a la compuerta que los separa de esos parajes que contaban en los libros. Todas las casas están equipadas con dos de esas gruesas puertas. La primera, te lleva a un pequeño ambiente de recibo en donde hay trajes que los protegen del aire toxico. La segunda, solo se abre una vez que la primera se cerró.
Es la que los lleva a la calle.
Esa, es la primera vez en dieciocho años, que Katsuki va a salir de casa.
Exhala profundo. Presiona el botón. La puerta se repliega a un lado en un movimiento que se les hace eterno, mas no les molesta. El ambiente que muestra, es el suficiente para cinco personas; a un lado, los percheros con tres trajes sobresalen y tres cascos. Tres. Siente algo de nostalgia y oye a su madre soltar un leve gemido tras de él. Katsuki no se gira, hay algunas penas que es mejor dejarlas llorar solas. Toma un traje y empieza a vestirlo. Mete los pies primero, luego las manos y es su madre quien le ayuda con el cierre de la espalda.
Mizuki observa unos segundos a su hijo. No quiere mostrarse triste, pues es un día de felicidad para su él, quien va a emprender una vida nueva, tal y como ella lo hizo. Tal y como Masaru lo hizo. Empero, es en vano.
¿Como sentirse feliz cuando se va la única persona que ha estado a su lado por dieciocho años?
Aun puede recordar el día en que dio a luz a Katsuki. Su llanto incesante durante las noches. Las pesadillas que lo llevaban a dormir en medio de ella y su marido. Las largas noches que la hacía esperar inocentemente en la sala a que su padre volviera, inconsciente de que no lo haría más. Durante diez años, únicamente han estado ellos dos y ahora, debe decirle adiós a la única razón por la que no ha tuvo el final de su esposo. Su hijo le había salvado la vida y hoy quedaba nuevamente a merced del gobierno.
Siente la mano de Katsuki tomarla del hombro, trayéndola de vuelta. Ella le sonríe como ha aprendido a hacerlo hace mucho y pellizca la mejilla de su hijo antes de tomar uno de los cascos del estante superior. Una vez puesto sobre la cabeza de él, es todo.
Su trabajo ha terminado.
Ambos se miran unos segundos más, en los que se acerca a oprimir el botón que cerrará esa compuerta, separándolos para siempre.
Entonces, Katsuki vocaliza algo y ella sonríe. Sonríe sincera, con todos los músculos de su rostro ejercitándose, como hace mucho no lo hace y nuevamente sus ojos lagrimean.
Antes de que la compuerta se cierre, logra responderle.
– Yo también.
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08:30 hr.
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Cuando el auto que le lleva toma un rumbo distinto al que él sabe debe tomar, se preocupa. Los planos que tiene en casa, muestran la distribución del estado. Las pequeñas ciudades como en las que él vive, son zonas de no más de cincuenta familias. Cada una genera algo, ya sea alimentos u objetos, que son repartidos entre todos los ciudadanos. Pero también esta ciudad capital, el centro de toda esa nación. Donde está el capitolio, grandes hospitales y la gente vive en edificios, no en casas. Su madre le ha contado que son kilómetros de concreto sin un solo árbol. Todo cubierto de un gran domo trasparente que les permite a sus habitantes transitar libres en las calles. Ahí la gente, aunque igual emparejada forzosamente, si pueden conversar entre ellos.
Cuando les llega el momento de emparejarse, es allá a donde les llevan a firmar sus actas de matrimonio y es por ello que Katsuki se preocupa; pues el auto ha ido hacia los bosques de la izquierda y no a los pastizales de ciudad capital, a la derecha.
Mas no dice nada, porque ahí no tiene voz ni voto y aun si hay un error, nadie lo va a remediar solo porque un simple chico de pueblo lo diga.
Solo se relaja en el cómodo asiento por el tiempo que dure ese viaje, que tal parece es poco, ya que ni bien han transcurrido unos cuantos kilómetros dentro del área boscosa, logra ver casas. Mientras continúa avanzando el auto, las casas son más notorias. Es una pequeña ciudad, incluso más que en la que ha crecido. Es básicamente una calle con cinco casas a cada lado.
El auto detiene la marcha frente a una de ellas. Tiene dos pisos, construida en madera y grandes ventanas hacia afuera. La puerta del auto y de la vivienda se abren de manera automática. Katsuki baja y camina al interior del recibo de la vivienda. Una vez dentro del pequeño ambiente, nota que hay dos trajes más.
Todo es tan extraño.
La puerta al exterior se cierra tras él, los motores de los extractores de aire suenan, purificando el ambiente. En frente suyo, hay una luz encendida en rojo que cambia a verde cuando los motores se apagan; solo entonces la siguiente compuerta se abre y procede a quitarse el traje, pero rápidamente aparece una mujer de cabello verde sonriendo. Le hace unas señas a que se agache, le quita el casco.
– Tu debes ser Bakugou Katsuki ¿Cierto? – inquiere, aunque más suena a una afirmación, pues le da la vuelta sin esperar respuesta, ayudándole a quitarse el traje.
Katsuki continúa sin comprender que sucede. La mujer es obviamente mayor. Se supone que él debe ser emparejado con alguien de su edad.
–¡Listo! – vuelve a girarle, quedan frente a frente – Soy Fukukado Emi, bióloga del estado, y él – señala a hacia la derecha. Recién en ese momento se percata de que hay otra persona en la casa – es el doctor Aizawa Shota. Nosotros seremos sus orientadores.
Silencio.
Sus ojos iteran del hombre a la mujer.
– No entiendo un carajo de lo que está pasando – dice sincero, totalmente confundido con la situación. La mujer ríe escandalosa. – Esto no es ciudad capital y tampoco veo a mi pareja.
– Él está en camino – responde el hombre de cabello negro poniéndose de pie – necesitas una inducción antes que llegue.
Él
Cree haber oído mal.
Él
Es imposible que en verdad se haya referido a un él, cuando la base de todo ese sistema de mierda es repoblar el mundo.
Ha oído mal.
Sí, eso debe ser.
– Muy bien – retoma el mando la mujer – Como sabrás, nuestra sociedad ha tenido muchas pérdidas en los últimos años. El motor de un país, es su gente y aún con todos los programas del estado, nuestros decesos continúan superando a las nuevas vidas que llegan. – hace una pausa. Mira al moreno, este asiente y ella continua – hace tres décadas el estado puso en marcha un nuevo proyecto para aumenta la fertilidad de las personas. En un inicio, fue pensado en mujeres y al obtener resultados positivos, se incluyeron hombres al proyecto – Katsuki frunce el ceño, no ha oído mal. Dijo él. – Sin embargo, en ellos tuvo un efecto diferente al esperado. Sus cuerpos empezaron a mutar y tener cierta semejanza al femenino.
–Alto ahí–detiene toda la palabrería – ¿Me estás diciendo que me han emparejado con un hombre con tetas?
La peliverde ríe con mucha más fuerza que antes.
– No – interviene Aizawa está vez – Efectivamente, se te ha emparejado con un hombre. Uno con útero y ovarios. – el menor enarca una ceja. La mujer palmea el hombro del médico.
Ese hombre nunca ha tenido maneras para dar noticias.
Respira hondo, acallando su propia risa.
– Bakugou, has sido seleccionado para formar un nuevo tipo de familia con uno de nuestros chicos del proyecto omega.
El rostro a Katsuki se le vuelve una suerte de gesto indescifrable. Dentro suyo la confusión, sorpresa y asco debaten sobre a quién darle el pase; porque carajo, es otro hombre ¡Pretenden que tenga sexo con otro hombre!
Una marea de malestar se aglomera en la boca de su estómago. Quiere vomitar. Quiere mandarlos a la mierda, ponerse el traje de vuelta y salir de ahí. Incluso está dispuesto a caminar de regreso a casa si es necesario.
De pronto, el timbre suena. Emi sonríe y oprime el botón de la compuerta. Aizawa le planta la mirada, hace un ademán con las manos. Calma, parece decirle. Pronto se oyen los extractores y los dos minutos que tardan, Katsuki los siente como cuarenta años. Segundo a segundo, la ansiedad crece y solo es capaz de volver a respirar cuando el sonido se detiene y la compuerta se abre. Una vez más, Emi se acerca a ayudarle con el traje. Katsuki apenas y ve. El sujeto es verdaderamente pequeño.
– Ahora si estamos todos. – Emi gira de vuelta a los otros dos hombres. La sonrisa parece estar fijada a su rostro con un adhesivo, no baja en intensidad, sino que, por el contrario, esta crece cuando sus ojos se plantan en Katsuki. Da un paso al lado. – Te presento a Izuku, tu pareja.
A su lado, un chico de apenas un metro sesenta le tuerce el rostro. Su cabello es verdoso, de rizos alborotados, el rostro redondo como la luna y pecas, muchas pecas desperdigadas por la mayor parte de su piel. Sus ojos son toda una curiosidad para Katsuki, son tan verdes como su cabello. Tan verdes como el boque detrás de esa casa. La contextura de su cuerpo es delgada y sumado a sus rasgos, ni siquiera pareciera que tienen la misma edad. Katsuki es por mucho, más alto y corpulento que él.
Y aunque el chico no es feo, el pensamiento de que debe tener sexo e hijos con él, no deja de parecerle repulsivo.
– Él ya sabe lo necesario sobre ti, no tienes de que preocuparte – la bióloga le comenta directamente al más pequeño. El asiente y ella continúa para todos – Deben conocer ya la dinámica que se maneja entre parejas convencionales. Siendo que ambos son hombre, la labor de crianza y cuidados de niños queda en manos de Izuku. Esperamos sea muy pronto – Izuku frunce el ceño, tuerce los labios; dejando en claro que ese pronto, no lo será tanto. – La zona norte esta desinada a la alimentación y esta específicamente, a la ganadería. Arriba, en el estudio, hay libros y una computadora para que estudies, Katsuki.
El cenizo asiente. Al igual que la pareja, el estado también les asigna una profesión, sin embargo, el rubro que tomen dentro de ella, depende enteramente de ellos. Los primeros dos años del emparejamiento, son de pura convivencia. Durante ese tiempo, Katsuki, únicamente debe de preocuparse de embarazar al tipejo que tiene enfrente y estudiar. Luego de ello, deberá rendir un examen de aptitudes que definir a que rama se dedicará.
– Eso sería todo entonces – el moreno presiona el botón de la compuerta número uno.
– ¿Qué? ¡Esperen! – Les detiene el cenizo – ¿No se supone que debemos firmar algo?
– Es un proyecto a prueba aún, no estan obligados a permanecer juntos. Pueden desistir cuando quieran – Se pone su traje mientras habla. La mujer ha perdido la sonrisa. – Pero si yo fuera ustedes, no me arriesgaría a tomar esa opción.
Katsuki quiere refutar.
– ¡Casi lo olvido! – le interrumpe Emi – Los chicos como Izuku, tienen unos días difíciles cada cierto tiempo. Les llamamos ciclos de calor. – ambos consejeros se adentran al pequeño ambiente previo a la salida – No es nada malo, solo asegúrense de pasarlo juntos.
Finaliza con una sonrisa forzada y la compuerta se cierra.
El silencio reina junto a una bruma de incomodidad.
El chico le mira con el ceño fruncido y cuando abre la boca, su voz suena rancia y amenazante: – Mi ciclo lo paso solo, no te quiero cerca.
...
Martes 18 de julio, 2090
08:55 hr.
Izuku ha preparado el desayuno, sin embargo, el de Katsuki luce como algo que ha regurgitado un perro y cagado encima un ave. Es una cosa horrorosa y en apariencia, incomible. Mientras que el de su acompañante, trae fruta, miel y queso perfectamente alineados en la vajilla blanca.
Quisiera reclamara, pero seguramente recibiría una respuesta mordaz como todas las que ha recibido esa semana. Izuku tiene un temperamento áspero y conducta arisca. Lleva el genio de su madre cuando estaba molesta, lanza miradas que, si pudieran matarlo, lo harían. Responde de siempre ofensivo y a la defensiva. Lo más jodido de todo, es que no se le acerca, llegando al punto de dormir en el sofá de la sala antes de compartir cama con él.
Y si bien, a Katsuki tampoco le hace gracia compartir cama con otro hombre, ni mucho tener que tocarla para...para eso, es jodido porque deben de hacerlo. El fin de esa unión es traer jodidos bebes al mundo y si no logran el objetivo, no sirven. Renunciar, aunque en apariencia es una opción, Aizawa ha dejado claro que no es tanto así. Katsuki ha visto en su antiguo vecindario, como personas han sido lanzadas a la calle por los agentes del orden y teme que sea eso lo que pasa cuando decides que tu relación, tan milimétricamente calculada por el gobierno, no funciona.
Suspira resignación.
Juega con su vomito que tiene por comida y observa discreto al chico frente suyo. Piensa, que no tienen por qué hacer de esa convivencia tan incomoda. No tiene por qué ir al grano tan rápido. Tranquilamente podrían mantener una conversación pacifica, conocerse y luego, ejecutar mecánicamente lo que se tiene que ejecutar. Estrictamente profesional, sin nada de tocamientos innecesario. Pero el cabeza de arbusto no lo ve así y pone un puto muro entre ellos.
Katsuki ni siquiera tiene las cosas claras ahí.
¿Cómo es que puede embarazarse?
¿Qué es exactamente el proyecto omega?
¿Por qué no le presentaron con un apellido?
Izuku...¿qué?
¿Acaso no tiene familia?
Puede deducir muchas cosas de esas interrogantes y la poca información que ha recibido por parte de sus orientadores, sin embargo, sería más sencillo si Izuku se las respondiera.
– ¿Ya vas a dejar de mirarme? – inquiere agrio el pecoso. Sus ojos ruedan de su plato hacia el rostro de Katsuki. Despiden veneno y odio.
Katsuki entorna los labios, con una respuesta neutral que al menos les lleve a comunicarse, pero antes que logre hacerlo, Izuku ya se puso de pie. Alza su plato y taza en las que ha desayunado; y en su camino hacia la cocina, golpea adrede la taza de Katsuki. Vertiendo todo el líquido oscuro sobre su incomestible desayuno.
Esa convivencia se va a hacer añicos en poco.
...
Jueves 17 de agosto, 2090
18:55 hr.
Un jodido mes pasa y no sucede nada. No hay acercamientos entre ellos, no hay miradas, mucho menos palabras. Izuku ha empeñado en hacer esa convivencia cada día más incómodo. Si de por sí ya tenía un genio de mierda, Katsuki ha notado ciertas actitudes que no sabe exactamente como calificarlas; ha oído ruidos extraños proferir de su garganta cuando invadía-sin querer- su espacio personal. Algo similar a un gruñido, pero en una frecuencia más baja. Y sus ojos, demonios, ya le había asustado con aquella particularidad inquietante. El chico en cuestión, tenía unos ojos verdes tan hipnotizantes como el bosque que los rodeaba, era lo más llamativo en su rostro; sin embargo, una noche había notado que, bajo la oscuridad, estos brillaban tal y como los animales. Katsuki había sentido su piel escarapelarse luego de eso y decidido no acercarse más de lo estrictamente necesario.
Entonces, un día llegó una carta fechas aproximadas de visita de sus orientadores.
Visitas programadas para ver cómo evoluciona su relación.
Eso ya no se trata de lo que quieran o no, Katsuki sabe lo cruel que puede ser el gobierno si sus experimentos no dan resultados. Las personas incapaces de tener hijos son enviadas a los trabajos más duros, y si creía que una jornada de doce horas era difícil, a ellos les esperan las de dieciséis. Sus vidas se resumen en trabajo y desnutrición. Porque si no tienes hijo, no le sirves al estado y es un gasto innecesario continuar alimentándote.
Así que, él ya está decidido. Se levanta de la mesa en la que acaban de cenar y se adentra a la cocina, donde Izuku lava los platos. Le observa apoyado en el marco de la puerta, la figura pequeña frente al lavadero, mueve los brazos refregando los platos. El cenizo suspira, decidido de lo que está por hacer, aunque no por eso convencido de que sea la mejor forma.
Camina despacio, acercándose al más pequeño. Ya tras él, Izuku se queda inmóvil. No dice ni hace nada. Katsuki lleva sus manos a la cintura del otro, atrayendo lo hacia su cuerpo. Cierra los ojos, concentrándose en imágenes mentales de como imagino que sería aquello con una mujer, porque ciertamente, el chico no le pone. Mueve las manos hacia su abdomen y bajan lento, presionándolo más contra él.
A Izuku le toma menos de dos segundos romper el ambiente con el sonido del plato quebrándose contra el fregadero, y otros dos segundos más, en voltear y tener un pedazo de ese plato debajo de la barbilla del cenizo.
Ambos se quedan quietos, con los orbes fijos en el otro.
– Baja esto – intenta tomarle la mano. Izuku hace presión contra su piel, rasgándole levemente.
– No me toques – advierte entre dientes. – Te dije que no te acercaras.
Katsuki traga hondo, con un fuerte frio escarapelarle la piel. El chico ha tomado una posición de hombros encorvados, oye claro los gruñidos provenir de su garganta y le muestra los dientes intimidantes. Katsuki llega a notar como sus colmillos no lucen normales, sino que, parecieran ser más largos del promedio, algo que no había notado hasta ahora.
Respira hondo, guardando la compostura
–Yo tampoco quiero tocarte, pero debo hacerlo. – confiesa.
– No, puedes desistir. Yo puedo hacerlo.
–¿No oíste lo que dijeron? Lo mejor es no usar esa opción.
Izuku suelta una carcajada macabra. Sonríe un poco altanero y los ojos de pupilas dilatas, fijos sobre él.
– Lo mejor para ti, no para mí – explica, retomando su rostro apático– ¿Crees que el estado invertiría tanto tiempo y dinero para luego atentar contra mi vida?
Katsuki le oye.
Le oye y la sangre se sube caliente hasta su cerebro.
Acaba de insinuar que le importa una mierda lo que pase con él, mientras salve su pellejo. Mientras Katsuki ha guardado su lugar todo ese tiempo, pensando en darle su puto espacio hasta que entre en confianza.
El subidón de rabia contenida termina por estabilizarse y siente verdaderas ganas de hacerle estallar la cabeza. El Katsuki pasivo se acabó y no necesita ser agresivo para atacarle. Dos puedes jugar a ese jueguito de la confrontación, así que sonríe casi tan altanero como el otro lo ha hecho. Izuku frunce el ceño, sin comprender el gesto, siendo que es el cenizo quien esta acorralado en ese momento.
– Entonces ¿qué? – empieza el contrataque – Yo me muero, pero ¿y tú? –bufa, muestra los dientes soberbios – Solo será cuestión de tiempo hasta que te asignen a otro hombre y cuando lo canses, pasaras a otro y a otro, hasta que finalmente a uno le importe una mierda tu opinión y te viole – La expresión del muchacho pierde dureza – Tú mismo lo has dicho, el estado invierte tiempo y dinero en fenómenos como tú. Hombres que pueden tener hijos ¿Qué crees que pase cuando no tengas uno?
Nota el temor en Izuku. El roce del filo de la porcelana bajo su barbilla mengua y la sonrisa se le ensancha.
– Si yo muero, me libro de toda esta mierda. – continua – En cambio, tú, si no tienes un jodido bebe, vas a terminar en la misma jaula hedionda de laboratorio de la que te sacaron. No eres más que una rata asquerosa a la que le inyectan cosas para experimentar.
Izuku retrocede, su mirada se pierde en el piso. Katsuki se da por vencedor. Ha sido rudo porque el idiota se lo ha buscado. Da un paso adelante, dispuesto a reclamar su botín; aunque no lo encuentre agradable del todo. Lo que no espera, es que la reacción del pequeño continúe desafiante.
Le empuja con una fuerza que Katsuki no espera y le hace trastabillar hacia atrás. Izuku sale corriendo de la cocina. El cenizo piensa, que quizás es mejor dejar las cosas hasta ahí por hoy. Tampoco es que él tenga deseos de tocarlo y toda esa mierda que debe de ejecutar. Empero, oye el sonido característico de la compuerta abrirse y no debe pensar mucho para entender lo que viene. Corre. Patea la puerta de la cocina. Zigzaguea entre el mobiliario de la casa, se introduce por la pequeña ranura que deja la compuerta antes de cerrarse y coge ambas manos del pecoso. Una de ellas, ya sobre el botón que los llevaría hacia la calle.
Que les expondría a esa bruma toxica imposible de inhalar.
La compuerta tras ellos se cierra. Su respiración se detiene. En el corazón le galopan cientos de caballos elevando su adrenalina al tope.
Pasan unos segundos y la puerta principal no abre.
Logró llegar antes de que el botón fuera presionado.
– ¡Déjame! – Izuku grita al comprender que esa puerta nunca va a abrir. Se retuerce entre el cuerpo del cenizo y el muro contra su espalda. Alza las piernas y golpea como puede al otro.
Katsuki en un arrebato de ira superior al anterior, golpea las manos de Izuku contra el muro. Las estruja de tal forma que el chico chilla de dolor.
– ¡Estás loco! ¡Pudimos morir!
– ¡Y para qué crees que lo hice! – refuta con lágrimas en su rostro, pero sin doblegarse. Katsuki estruja nuevamente sus manos y el otro suelta un quejido.
– ¡Acaso sabes cómo se muere allá afuera!
– ¡Lo que sea es mejor que volver a ese laboratorio! – Una parte de Izuku parece romperse en medio de la frase. No hay más altanería, solo un adolescente que llora inconsolable y frágil.
Solloza ahogándose en su dolor. Las lágrimas y demás fluidos hacen de su rostro un desastre.
Finalmente, Katsuki también cede y le suelta. El cuerpo débil de Izuku se escurre por la pared hasta caer sentado en el suelo. Él le imita, observándole desde la pared enfrente.
En silencio, ambos dejan que las emociones les desborden.
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19:40 hr.
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Detiene su andar frente la puerta de la alcoba. Observa el vaso con agua que trae en una de sus manos. Todo ha sido un poco intenso esa noche y aunque su respiración y palpitaciones se han regularizado, aún quedan estragos de agitación en él. Cuando Katsuki salió de casa hace un mes, jamás imagino que viviría una escena como esa.
Inhala profundo.
Exhala despacio.
Abre la puerta, cambiando la oscuridad del pasillo por la luz cálida de la habitación. Izuku yace por primera vez sobre la cama, la espalda acostada en la cabecera. Él se acerca con cierto sigilo y se sienta junto a sus piernas.
– Ten. – le extiende el vaso.
Izuku tarda un respiro en aceptarlo. No hay un gracias por la amabilidad, solo bebe y luego deja reposar el vaso sobre su regazo. Baja la mirada hacia el agua que se remece dentro del pequeño recipiente. Mientras vivía en el laboratorio, siempre supo que sería emparejado y forzado a tener hijos en algún momento. Había visto como se llevaban a sus compañeros para no volver; y los que sí, contaban historias de cómo eran llevados a emparejarse en las "habitaciones de cristal". De cómo perdían sus bebes adrede para que no experimenten con ellos. Para suerte suya, aún era muy pequeño para ser enviado ahí.
Todo había cambiado repentinamente un día, fue seleccionado junto a otros cuatro omegas a formar parte de un nuevo experimento. Uno distinto que les aseguraba salir de ese laboratorio siempre y cuando, los médicos les vieran aptos para la misión. Durante un par de meses habían sido educados en que todo lo que debían hacer una vez fuera. Comportamiento, forma de hablar, cuando sonreír. Hubo un especial énfasis en la coquetería que debían manejar y las maneras de satisfacer sexualmente a una persona, porque a mayor goce, mayor eran las posibilidades de embarazarse. Recalcaban constantemente, que eso, era lo único para lo que servían.
Su única función en la vida.
Eleva la mirada, receloso, Katsuki también trae la cabeza baja y mueve una de sus rodillas con nerviosismo. No lo conocía. Su semblante serio y de pocos amigos le había generado desconfianza desde el primer día. El que se le acercara por la espalda queriendo intentar algo, solo había aumentado su desconfianza. Sin embargo, luego le había protegido de salir. Pudo haberlo dejado irse. El estado seguramente le habría asignado otra pareja, pero se había arriesgado por él.
Izuku piensa, que quizás- solo quizás- si él explica sus circunstancias, pueda entenderlo y así deje de intentarlo con él. Pero para eso, primero debe empezar por lo más básico.
– Tengo quince años. – Katsuki se gira a verlo. Los ojos abiertos notoriamente sorprendido. – ellos mintieron en mi ficha para que pudiera pasar mi primer ciclo junto a mi pareja.
El cenizo parpadea tan confundido, como sorprendido. El hecho de que sea menor de edad es desconcertante. Quince años no es una edad adecuada para nadie de formar una familia y dedicarse a ella. Empero, hay dos cosas más profundas en esa respuesta y son las que verdaderamente le confunden. Porque es lo suficientemente inteligente para entender que en ellas reside la explicación de su prematura edad para emparejarse.
– ¿Quiénes son ellos?
– La gente del laboratorio. – tamborilea los dedos sobre el cristal entre sus manos. Puede recordarlos aun en su último día, pidiéndoles que se masturbasen en frente de ellos a ver a quien elegían para esa iniciativa. Burlándose entre ellos de los movimientos y jadeos que hacían. Porque lo que para esos doctores era un espectáculo circense, para los cinco omegas era una lucha por una oportunidad de huir de ahí.
Katsuki esciente. Nota su semblante tenso de mencionar esa palabra. Si ese laboratorio causa tanto temor en él, debe ser porque las palabras que uso para lastimarlo, no eran tan ficticias como creía.
Da por zanjado y ese tema y pasa al siguiente.
– ¿A qué se refieren con ese ciclo? ¿Qué sucede ahí?
Izuku baja la mirada nuevamente. Ciertamente, quiere hablar con sinceridad, contar todo lo que ha vivido y tener una chance de que Katsuki sienta la lastima suficiente para no hacerle nada. Pero es difícil responder algo que no ha vivido aún. Algo que solo le han contado y ha logrado ver en una ocasión. Su mente se llena de imágenes grotescas, jadeos y pisadas. Muchas pisadas.
Entorna los labios, pero el llanto antecede a cualquier palabra.
– Es…algo horrible – gimotea. Es imposible no romperse cuando sabe que, en algún momento, ese ciclo llegara a él y el mundo horrible que ya conoce, duplicara su dosis de dolor – tengo miedo de mí en ese momento – eleva la mirada. Las lágrimas surcan sus mejillas, precipitándose en el vaso con agua – y de lo que tú puedas hacerme.
Eso no da por satisfecha la duda de Katsuki, sin embargo, es capaz de comprender que lo que sea que suceda en ese periodo, es terrible y que de una forma que desconoce, ha de afectarle a él. Queda en silencio, sin más preguntas. Oye el llanto ahogado de Izuku de fondo hasta extinguirse paulatinamente.
Exhala suave.
– Hagamos algo – extiende una mano – prometo no hacer nada que tú no quieras, siempre y cuando, tú prometas dejar de comportante como la mierda conmigo.
Izuku sorbe su nariz, con una mano secando su rostro. Observa la mano y se pregunta ¿Qué puede significar un simple apretón?
¿Qué es una promesa?
Una serie de palabras maquilladas bonitas bajo ciertas circunstancias y cobran sentido luego de cruzar sus tímpanos. Elevan sus esperanzas y le hacen seguir adelante confiado en que algo positivo sucederá. Y no, no sucede. A lo largo de su vida, Izuku ha recibido constantes promesas.
"Te prometo que esta será la última inyección"
"Si te dejas, prometo que veras a tu mamá"
Frases que una a otra se ha ido rompiendo y despedazándole una parte de él. Todas siempre dichas con una sonrisa y ojos inofensivos como los de Katsuki. Promesas falsas que fueron selladas con dulces y apretones de manos. Izuku conoce el sabor amargo de la traición, aun así, no es como si pudiera hacer algo. Esta encerrado ahí junto a él y aquella convivencia va a continuar por meses.
Y valgan verdades, no tiene nada que perder en esa vida.
Toma la mano que le ofrece Katsuki, porque al menos así, puede ganar tiempo.
…
Viernes 18 de agosto, 2090
07:20 hr.
– Si no quieres tener hijos ni criarlos, entonces ¿Qué quieres? – inquiere Katsuki, con la boca llena y el bolo alimenticio girando dentro.
Izuku arruga la nariz casi imperceptible, asqueado de ver el tocino a medio masticar, mas no se queja. Desvía la mirada y continúa revolviendo su tasa con leche y chocolate.
– No es que no quiera – corrige – Es no ahora – bebe de su taza, cerciorándose de que aún falta azúcar y continua – me gustaría poder hacer más cosas antes de eso.
– ¿Qué tipos de cosas?
El pecoso revuelve la leche. Medita unos segundos.
– Aprender algo.
– Algo en específico.
– No lo sé – su voz se plaga de fastidio por recibir tantas preguntas. – sólo algo.
Katsuki resopla suave. Queda claro que lo único que Izuku quiere, es no seguir con las órdenes que le da el estado. Conoce poco del muchacho, pero parece que él conoce aún menos de sí mismo. Está perdido en cuanto a gustos y preferencias. Es de esperarse, para alguien que ha pasado su vida entera siendo objeto de pruebas. Carente de familia, que es lo único que los mantiene medianamente estables en esa sociedad.
– ¿Qué tipo de "algo" te enseñaban en el laboratorio? – de inmediato el menor se tensa. Katsuki lo nota en su postura y decide mejor no indagar de forma tan genérica, sino ir de frente a lo que necesita – ¿Sabes leer?
– Poco.
– ¿Escribes?
– Un poco menos. – titubea.
– ¿Matemáticas?
– Uhm.
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16:30 hr.
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Da un último vistazo al libro y lo cierra. Deja caer su cabeza en el respaldar de la silla, cansado. Observa las hojas sobre su escritorio. Katsuki no es alguien con mucha paciencia y ese niño ya le ha hecho explotar una vez, sin embargo, esa mañana empezaron bien y tiene el leve presentimiento, de que la idea que tuvo, puede bajar unos milímetros de tensión esa relación.
Mira la hora, aún tienen tiempo hasta a cena y él ya está cansado de leer esos libros sobre animales, reproducción y crianza. Así que toma las hojas junto a unos lápices y borradores, y se enrumba hacia el primer nivel. Duda que aquello moleste a Izuku, a lo sumo rechazara la oferta y mañana intentara una nueva manera de romper el hielo.
Katsuki acomoda las hojas sobre la mesa baja de la sala.
– Izuku, ven. – tarde se percata que eso ha sonado a una orden. Izuku es enemigo de las órdenes y pasan largos minutos hasta que su figura aparece por el umbral de la cocina– Ven, siéntate.
Katsuki toma asiento a un lado de la mesa, sobre la alfombra, y palmea a su lado. El omega inclina el rostro, confundido. Se acerca algo huraño y toma asiento a su lado, manteniendo la distancia de por medio.
– Hoy te voy a enseñar a escribir. – acomoda una de las hojas delante de Izuku.
Él la mira sin muchos ánimos ni gracia en su rostro. Una letra está escrita a un lado y le siguen una serie de la misma letra, pero punteada. No veia esas planillas desde su infancia. Aspira hondo. Exhala, escapándosele un poquito el mal genio y desconfianza de dentro. Una tímida sonrisa curva sus labios, casi fantasmal. Katsuki entiende que no la ha cagado.
O no del todo.
– Esto no es necesario.
– Dijiste que querías aprender.
– Sí...pero – Tuerce los labios. Lo dijo, sí, pero solo fue un decir, como quien piensa viajar a la luna y lo cuenta como un sueño. – Nunca lo voy a usar ¿De qué me serviría? – regresa la hoja frente a su dueño– No pierdas el tiempo conmigo.
– Tiempo es lo que me sobra encerrado acá – vuelve a mover la hoja. – Y no necesitas una razón para hacer algo – Coge un lápiz, se lo extiende – Algunas cosas, solo las haces porque quieres.
Izuku le mira fijo. Esa frase a sonado bien, pero bien para alguien que se ha criado de manera normal. No para él.
¿Si quiera es eso lo que quiere?
No lo sabe. Las personas estamos hechas de cosas que nos gustan, que queremos, y de las que no, de esas también. Eso nos forma y nos define, e Izuku es una persona sin definición en el diccionario. Encerrado en un laboratorio por quince años, lo único que conoce es qué no le gusta y, aun así, nunca ha tenido opción a elegir. Su vida se limitado a acatar todo lo que se le dice.
La pequeña sonrisita en su rostro toma una forma más estable, un poco feliz. Nunca ha tenido opción, pero ahora la tiene. Katsuki hasta se ha preocupado en preguntarle antes que le gustaría hacer.
Y aunque no tiene certeza de que aprender a escribir sea algo que realmente quiera, vale la pena intentarlo.
– Bien – coge el lápiz, decidido.
Es como Katsuki dice, algunas cosas solo se hacen porque se quiere y él conoce tan poco de sí mismo, que por el momento prefiere llenar su existencia de experiencias; luego podrá decir que "no" si no le gusta.
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Viernes 30 de agosto, 2090
10:55 hr.
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Mueve las piernas frenéticamente sentado en el sofá. Sus dedos también tamborilean sobre sus piernas. Izuku respira hondo y cesa el movimiento.
Cálmate.
La visita pre programada por sus consejeros ha llegado. Han recibido una llamada el día anterior como recordatorio e Izuku no ha pegado un ojo durante la noche. No es nada nuevo para él estar cerca de personal médico o biólogos o investigadores. Han experimentado con él más veces de las que podría recordar. Le han inyectado cosas, lo han sometido a pruebas de estrés y han apuntado en cuadernillos sus reacciones; empero, esta vez es distinto y no puede evitar sentirse algo ansioso.
Esas dos personas van a preguntar cosas que, a esas alturas, el ya debería haber hecho con Katsuki. No duda que debe haber casos de parejas que en mes y medio aun no hecho eso, pero en su caso es diferente. Ellos son la base de un experimento y teme que, de no dar resultados, las palabras de Katsuki se cumplan y él sea devuelto al laboratorio o enviado con otra pareja. Una a la que no le importe su opinión. Traga hondo. A esas alturas, Izuku no sabe cuál de ambas es peor.
– Al fin te calmas – Izuku se gira, mirando hacia las escaleras de donde baja Katsuki – Podía escuchar hasta arriba tus pisadas ¿A que le temes tanto? – Toma asiento a su lado, manteniendo la distancia – Suponiendo que algo pase, soy yo quien más riesgo corre ¿No?
Y por él es que también teme. En ese tiempo de convivencia a entendido que, si Katsuki quisiera forzarlo, ya lo habría hecho y que, si no ha sido así, es porque respeta cada decisión que él toma. No le critico por dormir en el sofá durante un mes, ni tampoco por introducirse en la cama de pronto. Ha guardado su distancia y viene cumpliendo lo prometido.
Pero otro hombre no tendría que ser igual de paciente a él.
La puerta suena desde afuera alertándoles de la visita. Los dedos se le clavan en los muslos. Sus hombros se tensan.
– ¡Hola! – Saluda efusiva como la primera vez Emi, el casco en su brazo, mientras Aizawa baja el cierre de su traje. – ¿Cómo han estado? ¿La han pasado bien?
Izuku se crispa captando el tinte coqueto en esa pregunta. Pero también por el brazo de Katsuki, que le abraza de los hombros.
– Lo suficiente.
La bióloga arruga la nariz en una mueca extraña de felicidad.
– Te dije que se llevarían bien – codea a su compañero. Camina frente a Izuku – eso quiere decir que ya llego tu ciclo, ¿cierto?
El menor niega dudoso. Emi suspira un poco decepcionada. Como bióloga, ella se ha enfocado en la rama de la genética. En el laboratorio ha investigado en favor a la mejora de la raza humana. Conoce a la perfección el ADN que llevan tanto Izuku como Katsuki; sin embargo, es primera vez que puede presenciar una convivencia en su habitad y anhela conocer hasta el más mínimo detalle en los cambios que Izuku pueda sufrir, pues es a esa edad en la que su lado omega, empiece a surgir.
Por lo pronto, hay algo más que también le gustaría conocer y es el punto más importante en su vista. Toma el maletín que trae Aizawa y saca del interior una cajita.
El medico rueda los ojos. Él, a diferencia de Emi que es más teórica, lleva tiempo en ese terreno de observador y exámenes en omegas. De hecho, se ha especializado en ellos y los cambios que tienen en el tiempo, aunque este punto aun este en estudio. Son pocos los bebés que, aun siendo modificados desde el embrión, nacen con el gen activado; y, aun así, su evolución en los años es delicada. Aizawa ha visto mujeres omegas que nunca desarrollan el llamado ciclo, y hombres que sus cuerpos terminan por reabsorber el útero y ovarios. Las investigaciones han desarrollado dos hipótesis. La primera, que eso podría deberse al estrés de encontrarse encerrados en celdas y es por ello que se han creado esas villas en las que los sujetos de prueba pueden llevar una vida medianamente normal. Sin embargo, esta también ayuda a contrarrestar la segunda hipótesis. Al ser emparejados dentro de un laboratorio con fines de investigación, la perdida de la privacidad es algo inherente; se les junta en una cámara transparente con investigadores observando el momento de apareamiento; cosa que puede tardar meses en concretarse si no está su ciclo de por medio.
Es por ello, que Aizawa no necesita de una gran lógica para comprender que ese par miente y el uso de esa prueba de embarazo, solo será un desperdicio de plástico.
– Ten – Emi le entrega la cajita a Izuku – ve y úsala.
Izuku la recibe y observa por inercia a Katsuki, quien asiente. Respira hondo y obedece, adentrándose en el cuarto de baño. Cierra la puerta y nuevamente la angustia se acopla sobe su pecho. Todo eso es muy nuevo para él, creyó que el día que fuera emparejado, seria dentro del laboratorio como el resto y se había prometido que ese día lucharía, aunque le costara la vida. Pero ahora era diferente, no quería volver a ese lugar, ni ser emparejado nuevamente; y teme que aquello pueda suceder cuando salga de ahí con la prueba en negativo.
Teme incluso, que su clico nunca llegue y sea desaparecido como otros tantos omegas del pabellón en donde habitaba.
– ¡Oi! – da un pequeño salto del susto. Katsuki toca la puerta – abre.
Obedece.
– ¿Por qué tardas tanto? – pregunta a media voz – Ya quiero que se larguen.
Izuku tamborilea los dedos sobre la caja. No va a decirle sus temores o que quiere quedarse ahí con él ¡Porque en definitiva no quiere eso!... Solo es que Katsuki le cae unos grados menos mal que antes y duda que encuentre a alguien con quien se sienta así.
– No debiste mentir ¿Qué hare cuando esto salga negativo?
– Mis padres estuvieron años sin éxito antes de que yo nazca. Solo hazlo.
– Entiendes que yo no soy igual a tus padres ¿no?
Katsuki frota su frente.
– ¿Que propones entonces? – baja la mano – ¿Qué diga la verdad o que meé yo en esa cosa?
A Izuku se le escapa una risita divertida. De esas que no ha tenido hasta ahora y es tan tierna que a Katsuki le cosquillea el pecho. Bufa suave, con una sonrisa disimulada.
– Dame un minuto.
La puerta se cierra.
Katsuki retorna a la sala, en donde los consejeros se encuentran sentados y beben el refresco que les invitó. Espera que continúen bebiendo hasta que Izuku regrese o que, de lo contrario, se atoren en el último sorbo. Porque no piensa seguir esquivando las preguntas metiches de Emi.
Felizmente, Izuku no tarta tanto y está de vuelta con ellos. Trae la prueba en la mano, el resultado es el ya esperado.
– No tienes de que preocuparte. Tu ciclo aun no llega, tienes tiempo – le consuela Emi, dándole un abrazo antes de irse.
Cuando finalmente solo quedan él y Katsuki en casa, Izuku respira tranquilidad. Cae sentado en el sofá.
Todos los nervios se han ido y ambos sueltan una risa corta, aliviados.
Aún hay tiempo.
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Jueves 28 de setiembre, 2090
20:15 hr.
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Katsuki golpea su frente.
– ¡Noooo! – arrastra la última vocal, frustrado.
– No puedo, me rindo – Izuku alza las manos, dejando caer el lápiz – esto es muy difícil. Hasta la tabla del cinco llegaba bien, pero el seis no tiene una secuencia y la del siete es peor.
– ¿Cómo que no hay secuencia? Lo más básico es que aumentan de seis en seis y este resultado ni siquiera cuadra.
Golpea con el dedo sobre la hoja reiteradas veces. Izuku es muy hábil cuando quiere, ya casi controla su pulso al escribir y los números se le han dado fenomenal, pero cuando se frustra, es puro no, no, no.
– Ahh – exclama percatándose de la obviedad. Sonríe ligero y toma el lápiz de vuelta, corrigiendo el error.
Katsuki chasquea. Rueda los ojos.
– Eres un deku. – musita socarrón, esperando una reacción de regreso.
Y la consigue.
Izuku suelta el lápiz. Gira a verle de lado.
– ¿Como me llamaste?
– De-ku – Katsuki no piensa dejarse intimidar por un chico enclenque diez centímetros más pequeños que él. Sonríe socarrón.
Izuku entrecierra los ojos y la sonrisa del otro solo crece. Se levanta del suelo, apoyándose en el sofá y coge un cojín este, que una vez que está de pie, arroja en al rostro de Katsuki.
La espuma amortigua el impacto. A Katsuki solo le genera una molesta por la sorpresa y cuando el cojín cae a su regazo, Izuku ya está a media escalera.
Chasquea la lengua. Regresa el cojín a su lugar y espera que Izuku baje de regreso. Pero pasan los minutos y no aparece.
Era una jodida broma, no tenía que tomárselo en serio.
Sube las escaleras en busca del pecoso, no porque considere que ha hecho algo mal, sino porque si algo le enseño su vieja, es que nunca debes irte a dormir molesto con otra persona. Los problemas se resuelven al momento y si Izuku tiene un jodido problema con su vocabulario, es momento de hablar.
Abre la puerta de la habitación y enarca una ceja al verlo con pijama ya puesta.
– ¿En serio? – Se apoya en el marco de la puerta – ¿Te vas a ir a dormir a las ocho de la noche porque no te gusto la palabra que use? – no responde, continúa acomodando sus almohadas y abriendo el edredón – Eres un niño.
– ¡Si! – afirma con obviedad. Gira hacia su posición y en el movimiento, arroja nuevamente una almohada.
Esta vez, Katsuki la esquiva.
– ¿Tienes un problema con arrojar almohadas a las personas?
– ¡No, solo contigo!
– De-ku.
Izuku frunce el ceño, sus labios hace un pequeño puchero que, en lugar de intimidar, terminan por hacer reír a Katsuki. Un mes atrás, Izuku había intentado asesinarlo y hoy estaba de pie frente a él haciendo el gesto más adorable que había visto. Katsuki ríe, pero no de burla, sino por lo hilarante de toda la situación que les ha tocado vivir.
– Está bien – habla con la risa cansada – hagamos las paces. – Extiende la mano, en son de paz. Izuku le mira, se cruza de brazos, voltea el rostro. Katsuki suspira. – sabes, Deku también suena como "tú puedes hacerlo" y teniendo en cuenta que hace un mes a penas y sumabas, creo que te queda bien – El menor vuelva la mirada, suavizando el mohín que ha hecho. Es obvio que Katsuki ha acomodado el significado, aun así, Izuku se siente un poco feliz. – Si te hace sentir mejor, hazlo tú también. Ponme un apodo.
Baja los brazos relajados. Piensa. No quiere decir algo ofensivo de lo que luego se arrepienta, al fin y al cabo, molesto no está. Quizás le fastidio un poco, pero ahora suena bastante mejor. Por otro lado, tener un apodo hace que sienta esa relación más cercana y esa idea no le molesta. De hecho, llega a hacerle burbujear la piel.
Sonríe, sabiendo el apodo preciso para él.
– Kacchan.
Katsuki arruga la nariz.
– Es… – Lo piensa. Ni siquiera encuentra palabras para describir ese nombre. Incluso siente algo de vergüenza ajena por lo ridículamente dulce que suena. – Es la forma más patética en la que me han llamado.
– Pues así te llamare de ahora en más.
– Como quieras, Deku– camina de regreso a la puerta – ahora deja el drama y baja, que aún no terminamos y mañana toca la tabla del ocho y nueve.
Izuku se ríe, mientras lo ve irse.
Se siente en verdad agradecido de que lo haya emparejado con Kacchan.
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Viernes 5 de octubre, 2090
19:15 hr.
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Katsuki termina de lavar un plato y se lo entrega a Izuku. Él lo seca con una toalla y acomoda en un extremo de la mesada.
No hablan, sin embargo, la rutina que han creado y la dinámica entre ellos es suficiente para mantener el ambiente con una cálida comodidad que hace de ese silencio algo especial. Izuku observa de soslayo el perfil de Kacchan mientras restriega la esponja metálica sobre la olla. Sus orientadores le habían dicho que sería él quien tomaría las tareas domésticas y cumplió con ello por un buen tiempo. Había alimentado a Katsuki aun cuando la relación era tensa entre ambos y ahora que todo parecía fluir de manera relajada, había sido el mismo cenizo quien una mañana se ofreció a ayudarle con el desayuno.
No le fue mal.
De hecho, lo hacía mejor que él, quien solo había visto una cocina una semana antes de que llegara ahí.
Katsuki gira el rostro, sobre su hombro, pillándole la mirada. Eleva las cejas, esperando que diga algo. Porque si lo está mirando fijamente, es porque algo tiene que decir e Izuku, con las mejillas ya coloradas, rápidamente improvisa.
Aunque es más algo que ha rondado su mente por un tiempo.
– ¿En verdad te parezco un fenómeno?
– ¿Eh? – medita la pregunta. Tarda un poco en darse cuenta que se refiere a las palabras que uso durante su pelea tiempo atrás. – Sí. No. Bueno... Tsk– Se calla. Intenta pensar bien sus palabras antes de cagarla y que su relación se vaya a la mierda. – Es... como que raro ¿no?
– ¿Raro? ¿Yo?
– No tú, esto – Izuku inclina la cabeza sin comprender. Katsuki deja un momento los servicios. Se apoya en el lavabo y le mira. – Digo que es extraño pensar que un hombre pueda embarazarse.
Silencio.
Izuku toma una posición más relajada, con la cadera apoyada en la mesada de piedra.
– ¿Tú no puedes?
– ¡Claro que no! – exclama con obviedad que parece carecer Izuku, que en su rostro se dibujan más interrogantes. – Mira, las mujeres se embarazan, los hombres no.
– No de donde yo vengo. – Izuku retoma su posición inicial, secando la vajilla húmeda. Katsuki también continua con los suyo y por unos segundos, el silencio reina de vuelta.
Es cierto, de donde él viene, hombres y mujeres pueden embarazarse; ahí no prima ese género, sino el que los doctores llaman omega y dentro de esas celdas, todos lo son. Lo que le lleva a deducir algo, y es que, si a Katsuki le parece extraño, es porque nunca ha pisado un laboratorio.
– ¿Cómo sabias lo que pasaba en los laboratorios?
Nuevamente le toma por sorpresa. Katsuki enarca una ceja. Luego suelta una pequeña exclamación, recordando a que se refiere.
Se encoge de hombro.
– No lo sé, solo lo relacione con un libro sobre extraterrestres.
– Extra… ¿Qué?
– Extra…olvídalo. Es una novela de ciencia ficción. – quiere morderse la lengua cuando finaliza la frase.
– ¿Qué es eso?
Katsuki duda. Desde que su padre desapareció, su madre vivió prohibiéndole volver a hablar sobre esos libros, solía golpearle en la boca cada que mencionaba algo relacionado. Tiempo después, supo sobre esas prohibiciones y los castigos que ameritaban a quienes las infringían. Su padre desapareció, pero su madre y el también debieron hacerlo.
Al día de hoy, no sabe porque les perdonaron la vida.
Por ello duda. No sabe que tanto puede hablar con Izuku, porque, dentro de todo, él ha sido adiestrado por el ellos. Ahora se llevan bien, pero en un inicio no solo intento matarlo; sino que dejo en claro lo poco que le importaba lo que le pasara, siempre y cuando él saliera bien librado.
Izuku alza las cejas. Ahora es él quien espera que le responda.
Exhala.
No puede continuar por la vida temiendo por algo que no fue su culpa. Y si le perdonaron la vida esa vez, no va a ser ahora que la quiten.
– Una novela es un libro que cuenta una historia – explica – y ciencia ficción es el género de esa novela.
– Los libros son aburridos.
– No estos. – rebate su comentario – Con leerlos, puedes viajar a cualquier parte del mundo. Estar acá adentro, encerrado, pero sentir que corres libres por ese enrome bosque que hay detrás, por ejemplo. Los libros te permiten soñar, ir a lugares que solo puedes imaginar.
Izuku le mira fascinado, con ese encantador brillo que surge en Kacchan al hablar con tanta pasión. Es casi como si su mente volara junto a esas palabras, si imaginara secuencias de vida o incluso mejor, si recordara una buena vida. Llena de felicidad y él sonríe, contagiado por esa chispa
– ¿Cómo era tu familia? –Pregunta repentinamente intrigado.
Por unos segundos, el brillo se apaga. Queda mudo, sus manos detienen el movimiento circular que han estado haciendo sobre el plato que lava.
– La vieja era gritona – Sonríe melancólico. Sus manos retoman el ritmo – "Katsuki no has limpiado tu habitación" – imita con un tono demasiado agudo e Izuku ríe, divertido de imaginarlo – pero era buena. Quizás demasiado para un hijo como yo, que le hacía renegar. Al menos la mantenía entretenida.
– ¿Y tu padre?
Silencio.
Katsuki enjuaga el plato, esta vez, la sonrisa se ha ido y no hay indicios de que fuera a volver. Izuku presiente que ha debido de quedarse callado.
– Papá – musita. Le extiende el plato, con la mirada perdida en algún lugar lejos de su rostro. Aclara la garganta – Se fue cuando era pequeño.
El menor recibe el plato y no hace más preguntas. Viviendo en un laboratorio, cuando alguien se iba solo eran malas noticias. Nada bueno les sucedía a los que se llevaban. Imagina que al padre de Katsuki, tampoco le sucedió nada bueno.
De repente, oyen sonidos de un auto. Sus miradas se encuentran, no se mueven. Pasado un tiempo prudente, comprenden que no son sus orientadores y que probablemente, sea una nueva familia.
Sin embargo, cuando llegan a la ventada de la sala, observan que no es el típico auto en donde llegaron ellos o sus orientadores; sino que es uno más grande.
– No son orientadores – Izuku murmura con un deje de seguridad.
Katsuki le mira, el chico observa expectante, con las manos aferradas a la tela de la cortina. Él les da vueltas a sus palabras. Si no son sus orientadores ¿Quiénes son? Traga hondo, con un vacío en el estómago al relacionar dicha pregunta a una situación ya conocida.
Pero no lo cree.
Es decir, ellos no salen de ahí, por lo que violar alguna regla es difícil. Pensar que han fallado al no tener hijos tampoco es posible, aun llevan pocos meses.
¿Entonces que sucede?
¿Por qué han llegado los agentes del orden?
Súbitamente, la puerta de enfrente se abre y dos sujetos en trajes protectores arrojan a un tercero.
Él no lleva un traje puesto.
Izuku ahoga un chillido de sorpresa. Katsuki queda tan pasmado que su cuerpo no reacción y su voz no sale. El hombre cae al suelo sujetando su cuello con ambas manos, su espalda se arquea hacia atrás como nunca han visto antes. El cuerpo queda quieto en esa posición y el pecho agitado empuja violento la ropa.
La piel de su rostro comienza a generar llagas.
– ¿Mu-murió? – inquiere el menor, trastocado. Katsuki tapa sus ojos y lo pega contra su cuerpo.
No ha muerto. Él ha visto a dos personas antes tener ese final. Vecinos de su antigua casa, compañeros de trabajo de su padre. El hombre pasa de la inmovilidad a las convulsiones, su boca expulsa espuma que pronto se transforma en vomito. Los otros dos sujetes en traje solo le observan hasta que finalmente, y luego de minutos de sufrimiento, su cuerpo cae tendido, inerte.
Del auto bajan otros dos sujetos, recogen el cadáver en una bolsa negra que suben al auto. De la casa salen otros dos y con ellos abordo, el auto se va.
Su mano cae, libera a Izuku de la ceguera momentánea a la que fue sometido.
– ¿Que fue eso? – Katsuki no responde. Sus orbes continúan perdidas en medio de la calle. – ¿Kacchan?
– Eso...Eso es lo que pasa cuando no sigues órdenes.
A Katsuki se le forma nuevamente ese vacío interior. Se pregunta si fue ese el final que tuvo su padre.
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Domingo 29 de octubre, 2090
22:15 hr.
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Katsuki escupe sobre la porcelana los últimos rezagos de la pasta dental. El agua corre limpiando el lavabo. Coloca su cepillo de dientes en el portacepillos, al lado del de Izuku. Nota en el espejo la sonrisa boba que se forma en su rostro por una estupidez como esa.
El hijo de puta le hace feliz, no lo va a negar. Quizás sea porque no se ha criado con nadie más que no sean sus viejos, que encuentra en el comportamiento Izuku – de alguien de su generación. – una compañía bastante agradable.
A veces se pregunta, si es así como sus padres se conocieron. Si ellos también se llevaron mal al inicio.
Cierra el grifo y apaga la luz.
– ¿Aun no duermes? – La obviedad resalta teniendo en cuenta que Izuku está sentado al borde de su lado de la cama. – Hey.
El menor gira a verle por sobre su hombro. Trae las mejillas muy rojas, sus hombros sube y bajan con la respiración agitada. Los labios entreabiertos, cierran en línea recta y rapido se curvan hacia abajo.
– ¿Que sucede? – Bordea la cama, quedando frente a él. Intenta tocar su frente, pero Izuku se hace hacia atrás, esquivándole.
– Mi...ciclo.
Katsuki se queda estático. Aun no tiene claro lo que ese ciclo conlleva y por lo que ve, imagina que es un tipo de fiebre. No sabe que causa eso, si duele o no.
"– Es…– gimotea – tengo miedo de mí en ese momento – eleva la mirada – y de lo que tú puedas hacerme."
– Voy a dormir en el sofá ¿Esta bien?
Asiente.
Katsuki le mira un instante, algo inseguro de si este bien dejarlo solo. El pecho de Izuku sube y baja agitado, sus labios entreabiertos le ayudan a respirar mejor.
¿Y si se está ahogando?
Duda de que pueda estar bien quedándose ahí solo en ese estado. Duda mucho y, sin embargo, decide obedecer. Dar la vuelta e irse sin pensarlo tanto. Katsuki está girando en dirección a la puerta y en un instante minúsculo, la historia da un giro completo.
La mano de Izuku sujeta la suya.
– ¿Quieres que me quede?
– No.
Enarca una ceja.
– Entonces…
– No sé – solloza sin soltarle, aunque su rostro diga que no lo quiere cerca – No sé qué me pasa – Dirige la mano del mayor hacia su rostro. Frota su mejilla contra ella, con los ojos cerrados, haciendo sonidos suaves como un animalito pidiendo cariño. Katsuki se sienta a su lado y comienza a mover su pulgar, acariciando la piel por donde pasa.
– ¿Te duele?
Niega.
– ¿Quieres que haga algo?
Sus parpados se abres, su mirada brilla sobre la suya.
– Tócame – Izuku baja la mano de Katsuki a su pecho. Llora, como si alguien más le obligara a tomar esa decisión y sufriera acatándola. Es confuso. – No hagas nada más de lo que te pida. Ni dejes que te toque.
Katsuki esta tan confundido como él y la connotación exacta que deriva de ese tócame ¿Tocar su pecho? ¿Su cabello? O acaso es un masaje lo que le está pidiendo. Traga hondo, incapaz de descifrar la magnitud de la palabra y sus deseos. Por lo pronto, inicia un ascenso lento por su cuello. La piel quema bajo su palma como si estuviera afiebrado. Izuku inclina la cabeza hacia el lado contrario, exponiéndole más piel. Soltando pequeños suspiros de aprobación.
Sube por su rostro, las mejillas esponjosas se amoldan a su palma. Izuku coge su mano y pasa sobre sus labios. La besa. La lame. Katsuki empieza a hacerse una idea de lo que está sucediendo, pero lo entiende con total claridad cuando el menor, guía su diestra hacia su vientre.
Katsuki se queda inmóvil ¿A eso se refería con temer lo que podía hacer? Ciertamente, él no tiene preferencia por los hombres. Es más, nunca se lo ha planteado siquiera y tiene ciertos reparos en obedecer la petición tacita que le acaba de dar Izuku.
– Kacchan. – la voz agitada le estremece la piel al cenizo. Izuku tiene los ojos fijos en él, expectante. – Aquí – guía su mano debajo de su camiseta.
La piel arde con mayor intensidad.
Traga hondo una vez más. El pecho sube y baja casi tan acelerado que del menor. Exhala profundo, dejando la tensión y dudas de lado. No va hacer nada que Izuku no quiera, ni que exija violar la regla de "Tocame". Toma el borde de la camiseta, la eleva dejando a la vista la piel palida. Libera el torso y cabeza de Izuku de dicha prenda, más deja sus manos enredadas con ella.
– Si quitas tus manos de aquí – Ejerce presión sobre ellas, haciendo énfasis – me detengo.
Una vez más, empieza su recorrido. Roza sus antebrazos, vislumbrando marcas en ellos. Frota su cuello y baja por su pecho espolvoreado con pecas. Izuku suspira profundo cuando roza sus pezones. Katsuki repite el roce un par de veces y comprende finalmente de que va ese ciclo y porque sus consejeros lo mencionaban tanto.
– Sigue. – Obedece. Continua el descenso sobre su abdomen. Las piernas de Izuku hace mucho que se mueven a ambos lados suyos. Se elevan y bajan. Se contraen contra su cuerpo y estiran. – Baja más.
Empero, no puede seguir esa orden. Más abajo esta la line divisoria entre su piel y los pantalones. Debajo de ello se encuentra algo para lo que no se siente preparado aún.
– Kacchan.
– Es mejor que me vaya. – Pero las piernas de Izuku le atrapan. Katsuki logra poner sus manos a tiempo como freno, queda a centímetros del menor. Los alientos golpean y algo más también lo hace contra su entrepierna.
– Kacchan. – repite, con el rostro desdibujándosele en sollozos.
Katsuki otra vez entra en ese bucle de dudas sobre qué hacer. Si aquello es doloroso para Izuku o cual es la razón del llanto. Cuál es la razón para todo eso.
– Esta bien. Quita tus piernas – Sea como fuere, termina cediendo.
Sus manos retoman el rumbo. Primero sobre la ropa. Pasa sobre sus muslos, roza su ingle y cuando finalmente se decide en pasar sobre su erección Izuku suelta un gemido ahogado que queda impregnado en sus oídos. Nunca ha oído uno antes y el de Izuku se le ha hecho jodidamente excitante. Relame sus labios y vuelve a frotar su dureza. El gemido se repite.
Katsuki ha encontrado el incentivo necesario para poder seguir con ello. Toma el borde del pijama y la desciende con dificultad. Le sorprende sentir lo húmeda que esta, más esto pasa a un segundo plano cuando observa el miembro erguido de Izuku.
La voluntad le trastabilla un poco.
– Si...sigue – habla ardoroso Izuku. Mueve las caderas subiéndolas a los muslos de Katsuki. Rozando su entrepierna, que, para sorpresa del mismo Katsuki, también esta dura.
Exhala.
Sus manos repiten el ritmo anterior. Muslos, ingle, pelvis. Cuando llega el momento de su erección, Katsuki vuelca su vista sobre el rostro rojizo y excitado de Izuku. Las esmeraldas acuosas están sobre él también. Su mano desciende en una tortuosa caricia lenta. Izuku cierra los ojos, muerde su labio inferior, arquea su cuello hacia atrás.
Katsuki se siente motivado de cuenta nueva. Sube y baja alternando velocidades. Frotando diversos puntos específicos que él, como hombre que es, sabe lo bien que se sienten.
– Baja – Katsuki desciende a su base. – Baja más.
Enarca una ceja, sin entender a donde más es que debería bajar. Izuku elevan y bajan las caderas, golpeándole la entrepierna. Es recién en ese instante que siente su propia ropa húmeda. Demasiado. Katsuki dirige sus manos hacia los muslos internos del omega. Húmedo. Continua hacia sus nalgas.
Húmedas también.
Es extraño, pues tiene entendido que únicamente son las mujeres quienes lubrican. Izuku es un hombre. Pero uno que puede tener hijos. Entonces, todo cobra más sentido con esa frase. El menor vuelve a elevar sus caderas y bajarlas golpeando la cada vez más dura erección de Katsuki, quien suelta un jadeo, medio de dolor por el golpe, medio de placer por el roce. Izuku por su parte, viéndose con los ojos sobre él, abre sus piernas exponiéndose por completo.
Katsuki pasa un índice por su perineo, ejerce presión sobre esa pequeña y esponjosa zona. Un profundo "Uhmm" se le cuela por debajo del pijama. Deja que ese dedo resbale entre sus nalgas carnosas hasta el centro de donde brota tanta humedad. No espera hundirse con tanta rapidez cuando le roza. Su dedo cae profundo hasta que sus nudillos golpean contra la piel. Izuku se arquea, los brazos se contraen al igual que sus piernas.
El mayo dirige la mano libre sobre el miembro adolorido de Izuku. Empieza un vaivén acompasado por su otra mano y el agitar desenfrenado de caderas de izuku. La habitación se llena de gemidos y golpeteos contra el colchón. Sonidos del choque de piel con piel y esa acuosidad que fluye entre ambos.
– Más...más rápido...uhmmm.
Katsuki penetra con ferocidad. Frota con experiencia. Sus ojos están fijos en cada expresión lujuriosa de Deku. Cada gemido y mordida de labio. Izuku le ayuda a generar mayor fricción y convulsiona ante el orgasmo. Las piernas se contraen sobre su abdomen y un gran chorro de semen garua sobre el cuerpo de ambos.
Los dos quedan quietos, con la respiración falta de oxígeno. Katsuki logra sentir la viscosidad bajo su pijama.
Él también ha terminado sin siquiera tocarse.
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Miércoles 01 de noviembre, 2090
08:05 hr.
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Cuando Izuku abre los ojos, la habitación esta iluminada por la luz del día. Estira su cuerpo, perezoso. Lo destensa de a pocos, relajado por una buena noche de descanso, y, en los segundos que tarda en reacomodar los huesos, su mente se llena de imágenes borrosas. Recuerdos subidos de tono, repletos de humedad, roces de piel y Katsuki.
Toma asiento de un brinco. El cobertor de la cama no es el que recuerda estaba ahí. Su pijama tampoco, siente el aroma a detergente en ella y el de jabón sobre su piel. Observa el reloj de la mesa de noche.
No lo cree.
Han pasado tres días de su ultimo recuero nítido y su más grande pesadilla empieza a tomar forma. Hiperventila, las manos le tiemblan. Izuku intenta respirar hondo. Una, dos, tres y cinco mil veces hasta controlar su cuerpo. No se calma, pero el nudo en su garganta de desata y puede pensar medianamente con claridad.
Lo primero, no es hacer conjetura y preguntar a la única fuente de información: Katsuki.
– No tengas miedo, Izuku –se motiva poniéndose de pie. Pero lo cierto es que teme más de lo que le gustaría admitir. Cuando estaba en el laboratorio, vio como el omega de la celda contigua entró en celo. Los guardas que estaban ahí para asegurar su protección, fueron los primeros en notarlo y contrario a su deber, no dieron aviso a los medicos. Uno a Uno desfilaba dentro de esa pequeña celda. Izuku, con solo diez años, jamás va a olvidar el llanto, los jadeos y la imagen de un omega siendo destrozado por el poco autocontrol de otros. Por la poca oposición de sí mismo. Ese día entendió, que el ser omega es como estar poseído por algo más fuerte que no puede explicar y que le hace actuar de una forma, que no siempre comulga con la verdadera voluntad de la persona.
Luego de ese día, no era extraño oír a los guardias entrar por las noches y abusar de él. Aquella primera vez, les había llevado a entender a esa horda de hombres, que ese omega disfrutaba del sexo, aun cuando al inicio se negaba. Lo trataban como un pedazo de carne con un agujero.
Como si su mera existencia se limitara a satisfacerlos.
Lo que Izuku más teme, es que aquello suceda con Katsuki. Que se crea con derechos de usar y abusar de su cuerpo como a él mejor le parezca.
Aspiro, con el dolor presionándole el pecho.
Inicia su descenso por la escalera. Trae las manos frías de los nervios y los dientes le tiritan un poco. Observa desde la altura, la puerta de la casa. Antes, al menos le quedaba la esperanza de poder salir y terminar con todo; pero luego de haber visto como se moría allá afuera, no tenía más el valor.
– ¿Deku? – la voz rasposa de Katsuki le guía los ojos hacia el ingreso de la cocina. El cenizo le mira del marco y presuroso, se acerca.
– Estoy bien – contesta presuroso. Katsuki detiene la marcha. – puedo bajar solo – y continúa bajando, esta vez, con mayor lentitud.
– Estoy preparando el desayuno, siéntate en la mesa.
Izuku asiente y le ve desaparecer nuevamente en la cocina.
Se encamina directamente a la mesa, con pasos robóticos y las manos que se abren y cierran en busca de calor. Nada parece extraño entre él y Katsuki.
Aunque eso tampoco asegura de que todo vaya a estar bien.
Toma asiento y Katsuki vuelve a aparecer en el ambiente. Trae dos platos con su mejor intento de panqueques. Luego trae miel, frutas, mantequilla. Una taza con café y otra de leche con chocolate. Porque según el cenizo, él aún está en crecimiento y el café le caga los huesos.
Izuku toma un poco de fruta y vierte miel sobre su panqueque y se queda ahí, observándole ido. Hipnotizado por la textura liza de la masa y con la mente hecha un bodrio.
– ¿Qué? ¿No te gusta?
– No es eso – murmura. Traga hondo, no puede ni verle a la cara ¿Qué hará luego de que obtenga una respuesta? Teme huir y tener una muerte dolorosa. Teme quedarse y que Katsuki se aproveche de su cuerpo. Aun así, necesita saberlo y estar preparado para lo que se venga – ¿Q-qué sucedió?
El mayor baja el tenedor que acaba de picar un pedazo de durazno, piensa un poco, porque Deku tiene esa costumbre de hacer preguntas abiertas sin dar la suficiente información. Le ve cabizbajo, con la mano que se aferra con fuerza al cubierto.
Ah, debe ser eso.
– Nada. – Izuku alza la mirada. Katsuki engulle el pedazo de durazno y continua – Lo último que dijiste, fue que únicamente te tocara.
– ¿Y solo hiciste eso?
– ¿Por qué haría algo más? – silencio. La tensión se aferra al ambiente carcomiendo la carne de ambos. Katsuki reconoce que, a pesar del tiempo juntos, Izuku aun no confía en él. De lo contrario, le permitiría acercarse, tendrían conversaciones profundas y quitaría esa almohada que siempre pone en medio cuando duermen y miente diciendo que necesita abrazarla. Nunca lo hace. Sin embargo, él le resta importancia, pues sabe que la confianza es algo que se gana y tal vez, solo recién, ha logrado sin querer algo lo suficientemente grande como para ganársela. – Te lo prometí ¿no?
Lo dice como si fuera cosa de nada y vuelve a disfrutar su comida. Izuku no lo ve de la misma forma. Porque no hay manera en que sea así. En lo que llevan de convivencia ha hecho por el mucho más que otros y eso, en ninguna parte de la tierra puede significar nada.
– Gracias.
– No tienes que…
– ¡Sí tengo! – alza la voz, con un golpe de mesa que le impulsa a ponerse de pie. El cenizo le mira perplejo, tenso. Izuku está molesto, porque en un mundo con personas tan malas, Katsuki le reste importancia a todo lo bueno que hace por él. Porque en un mundo con personas tan malas, él fue una de ellas en un inicio, queriendo hacer todo aquello que le viniera en gana sin importarle lo que suceda con el resto. Con Kacchan.– Te juzgué mal desde un inicio. Corte tu barbilla con un pedazo de losa. Te empuje e intente salir a la calle ¡No me importó si te perjudicaba a ti también!
Katsuki deja caer los hombros.
– Sí – masculla sorbiendo el café de su taza – Y yo intente tener sexo contigo cuando ni siquiera me habías dirigido la apalabra. – Estamos a mano, supongo.
Silencio.
Izuku se toma un momento en meditar sus palabras y no, no están a mano. Porque Izuku ahora tiene certeza de que, si en ese instante le hubiera dicho que no, Katsuki se hubiera detenido. Mientras que, si él hubiera tenido opción de volver a presionar el botón de la puerta, incluso con Katsuki ahí, lo hubiera hecho sin dudarlo.
Camina hacia Katsuki y este deja su cubierto, la tensión vuelve a su trapecio. No puede adivinar que pasa por esa cabeza ahogada en rizos. Descifrar su molestia o que pretende hacer parado ahí, a un lado suyo. Es un enigma que le mira con los ojos llorosos y los labios finitos conteniendo el llanto.
Katsuki intenta por su parte girar de la silla y decir alguna maldición que aniquile ese clima deprimente, pero entonces, su rostro golpea contra el pecho de Izuku. Los brazos del menor se enredan en su cuello y una mano acaricia su hombro. El peso de los rizos cae sobre su propio cabello.
Es un abrazo.
–Gracias. – murmura para solo ellos dos.
El mayor puede relajarse recién y centrarse en todos los aspectos de ese abrazo. En el calor de sus cuerpos. Los aromas.
No lo ha notado hasta ahora, pero Izuku huele a una brisa en la playa
Y eso es jodidamente extraño, por que viven confinados.
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Viernes 10 de noviembre, 2090
22:35 hr.
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Los orbes carmín delinean la bonita nariz respingada llena de pecas. Baja a sus labios finos que tortura presionando entre su índice y pulgar. Izuku es ajeno a su mirada, el verde escarlata de sus ojos está concentrado en la ecuación que le ha retado a resolver.
Mientras, Katsuki se deleita con esa bonita vista. El chico ha resultado ser una persona bastante sencilla ahora que lo conoce. Es menos avezado de cómo se mostró en su pelea y nada atrevido comparado con la persona que vio durante su ciclo. Le llama persona, porque incluso Katsuki pudo notar que ese ser que tenía frente suyo, no era el Deku que conocía. Empero, eso no quita los recuerdos de esas tres noches. No ha vuelto a tocar a Izuku, peroel calor de su piel aún está ahí, en sus manos. Sus caderas atacándole sobre la ropa.
– ¿Cuándo vas a dejar de mirarme? Me distraes.
Resopla suave.
Estira una mano, pellizca la mejilla de durazno.
– ¡Ah! –se queja adolorido. Quita la mano y acaricia su piel. – ¡No me distraigas!
Katsuki ríe burlón ante su ceño fruncido. Izuku prosigue con su ejercicio, con el tictactear del cronometro sonando de fondo. Si Izuku gana, Katsuki debe cocinar toda la semana; si el resultado es el contrario, Izuku debe limpiar el baño. Lo cual es el castigo perfecto, pues el "pequeñín" es bastante asquiento.
No dejaría pasar la oportunidad de verle lloriqueando por la limpieza. Extiende la mano de nueva cuenta, con un ligero cambio de ruta. En lugar de a su mejilla, va a su cuello. Izuku reacciona dando un saltito.
– Tienes cosquillas.
– Todos las tiene. – afirma.
– No yo.
Las pupilas esmeraldas disparan hacia él. Sus manos remedan el moviente sobre el cuello del cenizo y no surte efecto. Katsuki levanta las cejas viéndose superior. Pero el omega no se rinde, lleva sus manos hacia su cintura.
El resultado es el mismo y solo termina por facilitarle al mayor el ataque. Sus manos masajean frenéticas el abdomen del Izuku. Él se retuerce entre carcajadas y gritos de palabras indescifrables. Intenta alejarlo en vano y termina cayendo sobre su espalda.
– ¡Para! ¡Para! – grita ahogándose con sus propias risas.
Katsuki ríe también, como si fuera a él a quien le están aplicando las cosquillas. Luchan en el suelo; uno por querer liberarse, el otro acariciando todo su cuerpo. Hallando nuevas zonas de risa en el.
– ¡No! ¡No quiero!
Katsuki se detiene al fin.
El otro chico continúa riendo debajo suyo y paulatinamente, se extingue, dejando en su lugar agitación y una que otra lágrima rodando por la comisura de sus ojos. Katsuki las seca con el dorso de su mano .
Sin cosquillas ni risas, el silencio impera entre ellos. Nuevamente Katsuki se le queda observando fijo. Izuku es hermoso. Tiene rasgos que nunca ha vista como pecas y esos enormes pozos con la aurora boreal dentro. Su mano acaricia suave su rostro. Izuku le observa sin prohibirle la caricia.
El taladrante sonido de la alarme rompe la atmosfera.
– Gané – anuncia. Se pone de pie y apaga la alarma. Luego, le extiende la mano en ayuda.
– ¡Eso no vale!– acepta la mano de Katsuki – Fue trampa, Kacchan.
Katsuki está a punto de replicar por qué fue una victoria justa, pero entonces, el sonido del motor de un auto hace su aparición.
Corre a apagar la luz para después, poder asomarse a la ventana. Escondidos tras la cortina.
El auto está detenido en la casa de enfrente.
– ¿Porque siempre llegan de noche? – murmura.
– Las cosas malas siempre pasan de noche.
Del auto bajan tres personas e ingresan a la casa. La luz de la sala se enciende y no tarda mucho en reabrirse la puerta. Solo salen dos.
Le han llevado una nueva pareja a esa persona.
– Es tarde, ve a dormir primero, Deku. – se aleja de la ventana – yo voy a acomodar las cosas acá todavía.
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23: 01 hr.
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Cuando Katsuki termina de recoger todos sus útiles de clase, aún no ha terminado de despejar las dudas en su cabeza. Que es la razón del porque ha decidido quedarse solo. Él simplemente no puede explicarse ¿Qué tan macabro debes ser para asesinar a la pareja de alguien y luego pretender reemplazar a esa persona con otra?
Las leyes que los gobiernan son una mierda. Los que las dictan, lo son peor. Gente sin corazón, sin emociones. Personas que no conocen el calor de la familia, ni han sentido amor en su puta vida.
Apaga las luces y retorna a su habitación, un piso arriba.
Esa imagen, le ha llevado a pensar en su madre. Sin su padre y sin él, ella definitivamente ha debido terminar siendo reemparejada. Aún era joven y si logro tenerlo a él con ayuda médica, seguramente podría tener a otro. Termina de subir la escalera, cuando nota la puerta de la habitación extra abierta. Dentro, en medio de la oscuridad, bañado en polvo de luz de luna, Izuku yace de pie. Observa el bosque de atrás a través de la ventana.
– ¿Qué haces acá?
Silencio.
Katsuki se aproxima lento por detrás.
– Estaba pensando. – Respira profundo Izuku. Pausa minúscula – Esta villa fue construida exclusivamente para un experimento nuevo con nosotros, lo oí en el laboratorio. – traga hondo – Dije, que tu tenías más que perder si esto no resultaba, pero lo cierto es – calla. Respira nuevamente con profundidad, ahogando el llanto que se forma en su garganta – ¿Qué tal si ese chico era un omega? ¿Qué tal si no pudo tener un bebé?
– Deku, es muy poco tiempo para que sepamos eso y en todo caso, si no pudieras salir embarazado, existen tratamiento. A mi madre la sometieron a uno para que pudiera tenerme.
– No es igual – voltea a verle. Bufa triste – Kacchan, tú no lo entiende. Yo solo existo para tener hijos. Si no puedo tener uno, no soy más que un gasto para el estado.
Katsuki le toma de ambos hombros. Entiende sus palabras y el miedo, pero no hay forma de que eso pase ¿no? Una persona a la que se le asigne la única función de engendrar vida.
Eso es enfermizo.
– Nada te va a suceder – Acaricia sus brazos. Sube y baja. Se acerca un paso – Estamos juntos en esto.
Izuku curva leve sus labios, mas no refleja alegría.
– Kacchan – lleva una mano hacia la mejilla del cenizo – Si ellos deciden llevarme afuera, ya no hay un estamos juntos.
– No – discrepa. Sube ambas manos, acunando el rostro pecoso entre ellas – Estamos juntos en esto. Si ellos te llevan, yo salgo contigo.
Izuku ríe bajito. Frota sus mejillas contra las palmas de su pareja. Lento, lleva sus manos sobre las de Katsuki, las aleja de su rostro, pero no las suelta.
– Yo solo quiero esperar un poco. Ahora mismo no es...
– Esta bien, no tienes que darme explicaciones. No voy a obligarte a nada.
Izuku enmudece. Suelta otra risita, ahora sí de felicidad. Imagina que la vida ha de estar recompensándole con Katsuki por todo lo malo que le ha hecho pasar. Da un paso adelante. Otro más. Desenlaza sus manos con nerviosismo. El corazón empieza a latirle por encima de la ropa y Katsuki le observa curioso sin comprender exactamente que sucede.
Otra risita.
Izuku se empina. Las manos en la nuca de Katsuki aniquilan el espacio entre ellos. Sus labios rozan y solo entonces, Katsuki es consciente de que se trata de un beso.
Su primer beso.
Y es con la persona indicada.
...
Nota de la autora:
Siete semanas de cuarentena y una maratón de Chernobyl tenían que afectarme de alguna forma.
No sé cómo rayos haré para actualizar dos historias a la vez, pero moría por escribir un KatsuDeku en el que hubiera amor. Así que este lo tendrá por toneladas (o lo que yo considero toneladas jajaja).
Wow, no puedo creer que este capítulo tenga 33 páginas en word. Menos aún, que lo escribí más rápido que el ultimo de Consecuencias.
Esta parte es básicamente las primeras interacciones entre Katsuki e Izuku. Van a entrar más personajes más adelante, cuando la cosa se ponga movida.
Hasta entonces, disfrutemos la paz.
Cositas extras, por si alguien ya ha leído mis historias antes y sabe que amo el omegaverse, mis historias se encuentran unidas entre sí por una continua evolución en la sociedad. La siguiente, es la línea que he planteado entre ellas.
Confinamiento - X - Erase una vez - Consecuencias - X
Las X marcan historias que aún están en proceso de asentar bien la trama. Siendo la última, la única que va a dar un verdadero giro en los papeles que han mantenido hasta ahora los personajes.
