Confinamiento


PARTE II


Miércoles 13 de diciembre, 2090

07:45 hr.

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Despierta con el peso del brazo de Kacchan sobre su cuerpo, las piernas enredadas bajo el edredón y el inminente calor de su cuerpo arrullándole. Izuku le mira; las pestañas tupidas, el ceño relajado. El vaho de su respiración que, pausado, golpea suave contra su rostro.

Sonríe cautivado. Es un sueño bonito del que no quiere despertar, pero que, si incluso lo hiciera, sería la memoria más hermosa de su vida. Dentro del laboratorio, hubiera sido imposible imaginar una vida así de tranquila. Sin hombres con batas blancas observándole, sin pinchazos sobre su piel. Sin la angustia constante de la llegada de su ciclo.

¿Cómo podría imaginar algo que nunca había vivido?

Piensa, que todo dolor pasado ha valido la pena por vivir ese momento. Hoy ya no es un objeto al que observan y examinan, es una persona que siente. Alguien que puede opinar, que toma decisiones.

Alguien capaz de amar y ser amado.

Así que, si debiera de pasar nuevamente por toda la soledad y dolor que ha sentido en el pasado, por un segundo de esa nueva vida; con gusto lo haría.

– ¿Ya despertaste? – pregunta perezoso el mayor.

Izuku se acerca, roza su nariz contra la de él y sus labios, aun distanciados, sienten el aura cálida del otro. La respiración de ambos se entremezcla en caricias ligeras. El corazón avivado retumba bajo su tórax, generando un remezón agradable en su cuerpo. Es increíble que el solo preámbulo de un beso le ponga así. Respira entrecortado, con las emociones cosquillándole los labios y le besa.

Una caricia temblorosa con los ojos cerrados.

Katsuki mueve las manos, recorriéndole el cuerpo por encima de la ropa. Una acción involuntaria que, a ojos de ambos, posee más deseo del que aparenta. Las manos suben y bajan por su espalda, rozan sus caderas, tamborilea sobre sus muslos. Pero nunca sobre pasa el imite de lo que es, solo una caricia. Katsuki ha aprendido a controlarse y eso llena de dicha a Izuku.

Kacchan sí cumple las promesas.

El beso se torna hondo, las lenguas arremeten con fuerza, casi una lucha por conquistar la boca del otro. Aquel primer tímido beso que se dieron a oscuras, rápidamente ha sido reemplazado por esos otros. Besos profundos, furiosos, húmedos y ruidoso. Besos que, por momentos, le llenan de burbujas internas que hierven su sangre. Calor pegajoso que se arremolina en sus ingles.

No es nada inusual que Katsuki le aprisione las piernas en medio de las suyas, restregando su dureza contra ellas.

La primera vez fue sorpresivo. Rio nervioso y algo avergonzado, aun cuando no fuera él quien lo hizo. Sin embargo, luego de ser consciente de que a él le sucedía lo mismo, empezó a tomarlo con mayor naturalidad. Total, los estragos de esos besos afectaban los cuerpos de ambos. La sangre caliente calcina su lucidez, le lleva a suplica cosas que su lado consciente, aun no estaba listo de aceptar.

Centra todo su goce, en observar a Katsuki disfrutar el momento. Verlo perderse en las sensaciones, con los labios entreabiertos y los ojos apretujados. Para Izuku es suficiente con verlo dejarse llevar por unos segundos, corrompido por el placer.

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Jueves 21 de diciembre.

14:35 hr.

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Lame una clavícula de Deku. Sube despacio por su cuello, hasta la oreja. El menor tiembla bajo su cuerpo cuando muerde su lóbulo, se hunde entre los cojines del sofá buscando escapar de las sensaciones que él le despierta.

– Ka... Kacchan – suspira bajito.

Katsuki sonríe en su fuero interno, porque su boca anda muy ocupada degustando cada pedazo de piel expuesta del menor. Rostro y cuello. Brazos y manos. Piernas y pie. Todo en cuanto esté a su alcance, Izuku se lo permite. Incluso, le consiente frotarse contra su cuerpo a sabiendas que se está masturbando con él.

Anda en su límite y es quizás por eso, que pensar en tener sexo con otro hombre ha dejado de parecerle una idea descabellada.

O al menos, mientras Izuku sea ese otro hombre.

El sonido chirriante del vapor escapando de la tetera pincha su burbuja. Les hace caer en la realidad e Izuku le separa suave con las manos en su pecho, se pone de pie y corre hacia la cocina.

Katsuki no puede hacer más que recostarse en el sofá, sintiendo los remanentes cálidos de Izuku emanar del sofá. El terciopelo del mueble le recuerda la suavidad de la piel de su pareja. Aquella piel que no puede tocar a gusto. Sabe que el límite que separa sus acciones, es la ropa que traen puestos. Aunque Izuku no tiene tapujos en quitársela. El omega suele vestirse y desvestirse sin vergüenza en su delante. Ha llegado a asumir, que es debido a la falta de privacidad en los laboratorios, que le hace ver en ello una acción normal, sin ningún tinte sexual.

El omega, no suele tocar mucho ese tema. Es escueto y responde lo necesario, algo que llega a molestarle a Katsuki, porque constantemente, solo puede asumir cosas y avivar sentimientos insanos dentro suyo. Como el remesón de molestia que siente al pensar en situaciones en las que Izuku ha debido de estar desnudo frente a otros. Y no son celos, eso ya lo ha descubierto. El origen de dicha molestia radica en el hecho de no haber sido capaz de protegerle cuando alguien le ha obligado a hacerlo sin importarle su consentimiento.

La puerta exterior suena, obligándolo a alzarse y acomodar los cojines que ha arrojado en su intento por aprisionar a Deku. La puerta interior se abre e Izuku ya está de regreso. Tenso y nervioso, como siempre que llegan esos dos.

Katsuki ya no sabe de qué manera decirle que no se lo van a llevar, que nada malo le va a suceder. Es decir, todo lo que a ellos se les comenta, es que en caso no tener hijos, la pareja está permitida de pedir la separación; así como también, acceder a tratamientos de fertilización, como lo tuvo su madre.

– ¡Hola! – saluda tan efusiva como siempre Emi. Abraza a Izuku e intenta lo mismo con Katsuki.

Solo lo intenta.

Aizawa asiente con el rostro. Luego, hace un leve preámbulo con algunas preguntas básicas y exámenes generales. Revisa su visión, presión, como van sus pulmones y muestras de sangre. Cosas comunes. Cuando vivía con su madre también solían ir a hacerle esos chequeos.

– Bien –profiere la mujer. Aclara su garganta y sonríe picara – Y... ¿Ha llegado tu ciclo?

Katsuki nota como el pecho de Izuku se detiene. Los orbes esmeraldas viran hacia otro punto. Katsuki le toma de la mano y eso le da la confianza suficiente para asentir.

Emi ríe y aplaude extasiada de más con la notica.

– ¡Genial! ¡Es perfecto! – Toma un cuadernillo entre sus manos junto a un bolígrafo – ¿Cuándo fue?

– 29 de Octubre.

– ¿Qué sentiste? – Los colores se le suben a Izuku. El rostro le arde. Emi ensancha la sonrisa – ¿Lo pasaron juntos?

– Sí – responde esta vez Katsuki.

– Eso quiere decir – prolonga la entonación de la última vocal, en tanto rebusca en el maletín que trae.

Izuku observa de soslayo a Katsuki. Esperando que haga algo, sabe lo que viene y no quiere dar una decepción nuevamente.

– Emi, es muy pronto – sin embargo, es Aizawa quien le salva. Emi intenta contradecir– sabes que estas cosas no suceden así de rápido. Ha pasado casi dos meses desde la fecha que nos ha dado – habla en dirección a Izuku – Si estuviera embarazado, ya hubiera tenido algún síntoma.

El omega solo se les queda viendo, sin comprender del todo y eso es suficiente para Emi. Suspira desanimada. Inicia una charla aburrida de la importancia de un bebe en su vida y que las relaciones sexuales, no tienen por qué limitarse al ciclo de Izuku. Que son libres de hacerlo cuantas veces quieran. Shota solo observa como aquella platica pone de todos los colores a los adolescentes, mas no hace nada por detenerla. Emi es terca y no se fía de la experiencia del mayor en ese campo. Él, a diferencia de ella que hasta hace poco era solo teórica, ha estado en el mismo campo que los omegas. Ha trabajado en el laboratorio de ciudad central y los conoce a la perfección. Los omegas son seres temerosos, ariscos y huraños con todo aquel que no reconozcan como su igual.

– Sean libres de disfrutar cuanto quieran, para eso están acá – finalmente termina su larga explicación. – ¿Alguna duda que tengan?

– Yo – Izuku toma la palabra – es sobre... el hijo que yo tenga... ¿será igual que yo? ¿un omega?

– Cabe la posibilidad.

La bióloga le mira con un gesto conciliador. No pudiendo decir que es para eso que están ahí. El proyecto omega fue iniciado con el fin de multiplicar la raza humana en poco tiempo, pero en todos esos años, la taza de nacimiento no ha sido mucha. Tan solo el 30% de embarazos terminan en nacimientos, el resto son perdidas o los cuerpos de los mismos omegas reabsorben el embrión. Peor aún, los niños que nacen no siempre poseen el gen, en otro caso, este les causa complicaciones que les lleva a no sobrepasar los tres años. El gobierno ha querido disolver el programa, sin embargo, aquello significaría borrar toda huella de esa investigación.

Significaría la eutanasia a todos los sujetos de estudio.

Emi, Shota y un puñado de investigadores más, fueron los que plantaron la propuesta de darles cierta libertad. Que quizás, bajo una vida normal, sin el estrés de estar encerrados, funcionara mejor para el embarazo. Aun así, en esa villa todavía no había un solo omega encinto. Emi asume que, en un corto plazo, los líderes de dicho proyecto comenzaran a presionarles. Y con eso se refiere a continuar manipulando sus organismos con medicamentos experimentales.

Tanto en Izuku, como en Katsuki.

Porque ellos aun no lo saben, pero Katsuki tampoco es un hombre promedio. En él, yace dormido la semilla que germinará como contraparte a la de Izuku.

La misma que en buena parte, ha heredado de su madre.

– Sea omega o no, ese niño va a quedarse contigo. Ustedes van a ser una familia – Aizawa disuelve la bruma espesa que ha generado esa duda en el adolescente.

Katsuki frunce el ceño confundido. Izuku sonríe, susurra un "sí" bajito.

– Muy bien, entonces eso sería todo por ahora – La mujer presiona el botón de la primera compuerta – Nos estaríamos viendo en unos meses, pero si sucede algo extraño, siempre pueden llamarnos o escribirnos. – sonríe amable, vistiendo su traje.

Izuku asiente, hace una leve reverencia y la sonrisa no se quita de su rostro incluso, después de que sus consejeros ya se han retirado.

– ¿Que carajos fue eso? ¿No es obvio que el mocoso se quedaría con nosotros?

– No – responde, dejando escapar la emoción en una pequeña risa – en el laboratorio, a los niños los separan de sus madres. – camina hacia Kacchan, le da un beso de puntillas y se abraza a él. – pero no sucederá eso ahora.

Katsuki devuelve el abrazo. A veces, quisiera preguntar más cosas sobre Izuku, saber más acerca de sus vivencias en el laboratorio. Sin embargo, cuando recuerda el rostro triste que ha puesto las pocas veces que han tocado el tema, se retrae.

Prefiere verlo feliz como ahora, a hacerle rememorar tiempos difíciles.

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Viernes 25 de diciembre.

20:35 hr.

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Izuku se pasea por la sala iluminada por docenas de foquitos pequeños que se prenden y apagan al son de una musiquilla pegajosa. Hay adornos colgados de los estantes, todos en colores rojos, blancos, dorado y verde. Figuras que Katsuki le ha comentado, son renos, hombres de nieve y alguien llamado Noel. Los cojines del sofá también han sido víctimas de esas imágenes.

Incluso, sus propios sweaters.

Aun le cuesta creer que Emi haya enviado un paquete extra ese mes, especialmente con esos adornos. Todo para solo un día de festividad.

Día del que Izuku, nunca antes había oído.

– Navidad – susurra bajo, dando golpecitos con el índice a uno de los focos de esa gran cascada de luces que cuelga en la ventana.

– Vas a romper eso si continúas golpeándolo.

Izuku gira, Katsuki está apoyado en el marco de la cocina. Sonríe. No tenía idea de que era la navidad y ahora que lo sabe, continua sin cobrar gran importancia en él. No sucede lo mismo con Katsuki. Renegaba y soltaba palabrotas mientras desenredaba las luces, inconsciente de que Izuku era capaz de sentir el aura de alegría que todos esos adornos producían en él.

Katsuki se hace el duro, pero a decorado todo minuciosamente. Ha prepara la cena deliciosa que ya han comido. Ha vestido ese horrible sweater con rostro de reno sin que nadie le obligue.

A él le empieza a agradar la navidad, únicamente por ser capaz de ver a Katsuki con esa dosis de emoción que finge no tener.

– Solo lo estoy tocando – sonríe, volviendo a empujar la lucecita.

Katsuki se acerca a pasos lentos. Toma la mano de Izuku.

– Vas a romperlo – le sujeta de la cintura con delicadeza – ¿Quieres convertirte en el grinch?

– ¿El qué?

Katsuki ríe.

– Es el personaje de un libro.

– ¿Me lo cuentas?

Suelta un suspiro largo, como si aquello fuera una tarea tediosa. Camina junto a Izuku al sofá, acurrucados entre los cojines con imágenes que el menor tanto odia y da inicio al relato. No es la primera vez que lo hace, desde que la convivencia se volvió más relajada, a Katsuki se le han ido escapando ciertas referencias de los libros que ha leído. Izuku no ha tardado en interesarse en ellas y pedirle que se los cuente.

Katsuki finge desinterés y hasta molestia, sin embargo, nunca se lo niega. De cierta manera le hace rememorar sucesos de su infancia al lado de sus padres. Días en que los tres se sentaban a leer en medio de la habitación. Ahora solo tiene a Izuku y sus enormes ojos de bosque que le miran como si con cada palabra se formara una película frente a él. Izuku se emociona a cada pequeña escena y ríe cuando Katsuki compara al personaje con su cabello. Le gusta hacerlo reír, más en un día especial como ese.

Su primera navidad juntos.

Su primera navidad lejos de su madre.

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22:10 hr.

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– Ve subiendo mientras apago las luces.

Izuku obedece, se separa del cuerpo de Katsuki, dejando antes un leve beso en sus labios, y sube a la habitación que comparten.

Katsuki se permite retozar un poco más en el sofá. Saborea sus labios y el frio que siente ahora sin Izuku sobre él. No ha terminado la historia. Las risas derivaron en pellizcos molestos, los que dieron lugar a besos y finalizaron con ambos acostados abrazados. Izuku despierta en él sensaciones que la primera vez que lo vio, pensó jamás lo haría. Nota que Izuku se da cuenta de eso y aunque no le aleja, tampoco le alienta a continuar. Él prometió no hacer nada que el menor no le pidiera, así que mientras no lo haga directamente, Katsuki no va a poner sus deseos en marcha.

Exhala.

Con el aroma de Deku todavía tenue en el aire, se pone de pie y apaga, con exasperante lentitud, una a una las cadenas de luces. Prefiere subir cuando Izuku ya este dormido y no darle más cuerda a las emociones que burbujean dentro suyo y que, de una u otra manera, deberá liberar en poco.

¿Su padre habría pasado por lo mismo?

Cuando termina de apagar la luz principal, todavía se da un tiempo de paz subiendo pausadamente. Ya en el segundo nivel, nota la puerta de la habitación abierta, la luz se encuentra apagada. Camina sin hacer mucho ruido, no quiere despertar a Deku; aunque él no duerme, está de pie en medio de la recamara. La vista fija en la ventana y el perfil iluminado por la luna llena.

– ¿Tienes alguna fijación por andar a oscuras?

Izuku da un pequeño salto, sorprendido. Gira por completo en dirección a Kacchan, desvía la mirada hacia la alfombra. Katsuki nota su nerviosismo y camina hacia él, sin comprender que le sucede. La duda se despeja una vez que mira a través de la ventana, en la misma dirección en que vio lo hacia él. Todas las casas de un lado, son la copia exacta del otro, como si de espejos se trataran y frente a su ventana, está la habitación de sus vecinos. Es la primera vez que Katsuki les ve y, de hecho, tampoco es que vea sus rostros precisamente. Lo único claro de ellos, son las manos de uno apoyadas en el vidrio mientras el otro le embiste desde atrás.

Es la vista más excitante que ha tenido en su vida.

Vira los orbes carmín hacia Izuku, quien continua nervioso y mantiene la vista apartada de la imagen de sus vecinos. Katsuki sonríe socarrón, porque, aunque el menor quiera ocultar lo que siente, puede ver el bulto sobresaliendo en su pijama.

Da un paso adelante.

Izuku retrocede.

Un paso más.

Izuku le imita igual hacia atrás.

Continua con esa especie de baile hasta que el menor es frenado por el muro. Katsuki solo detiene su avance una vez su nariz toca a la de Deku. Sus respiraciones calientan sus rostros. Ninguno hace nada, mucho menos dicen algo. Solo permanecen ahí, incrementando la tensión, con los corazones galopando salvajes. Izuku vira los ojos, la ventana le llama y sus acompañantes continúan ahí.

– Hey – Katsuki habla con voz ronca. El omega vuelve la vista a él – estoy aquí, mírame solo a mí.

Traga hondo.

El cenizo acerca sus labios. Da una caricia tímida sobre los suyos, sopla suave e Izuku los entre abre. Cierra los ojos, expectante a lo que viene; mas no llega.

Katsuki ríe.

– Si quieres que haga algo, pídemelo – juega con la timidez del omega. – prometí no hacer nada que no quisieras, ¿recuerdas?

Los colores se le suben a Izuku. El nerviosismo aumenta proporcional a su excitación.

– B-bésame.

Katsuki relame sus labios. No pierde el tiempo, le devora con ansias y deseos ocultos. Sus lenguas batallan en medio de humedad, los sonidos acuosos se esparcen por la habitación. Respirar se convierte en una necesidad secundaria para sus vidas cuando oleadas de lujuria les sumergen en sus embravecidas aguas. Los ojos de Izuku vuelven a la pareja en la ventana, quienes, en una posición diferente, continúan ahí. Por unos segundos, su mente pisa tierra y se pregunta si aquello es algo consensuado o es solo un omega cegado por su ciclo. Empero, es su omega interior quien le responde lo que quiere oír; que, si esa pareja está haciendo aquello, es porque ambos lo desean.

Tal y como él se encuentra ahí con Katsuki.

Por más de la innegable atracción que siente por él y las innumerables veces que le ha dejado con una erección, Izuku ha sido reticente en dar aquel paso. Si quiera, ser él quien por una vez se frote contra el cuerpo de Kachan. Sin embargo, en esta ocasión es diferente; su cuerpo quema, pide a gritos ser acariciado como el omega de enfrente.

Desciende las manos por el cuerpo de Kacchan, pasa sobre la pretina del pantalón y se detiene en su centro. El beso cesa. A Katsuki se le escapa un suspiro profundo y luego, cuando ve a Izuku totalmente decidido, se aleja.

Un paso hacia atrás que Izuku siente como kilómetros. El calor explosivo de Katsuki ya no está sobre él y se congela.

– Si quieres que haga algo – Repite el cenizo – tienes que pedírmelo, Deku. – sonríe burlón tras lo ultimo

Esta vez, Izuku no se amilana. Ya han llegado hasta ahí y no sabe cuándo vuelva a tener la fuerza de pedírselo.

Su cuerpo caliente solo pide dejarle sucumbir al placer.

– Tócame.

Katsuki sonríe satisfecho. Se acerca juguetón, retoma el beso fogoso, sus manos se atrincheran sobre el vientre del omega, buscando el borde de la tela. Izuku le ayuda, mas no a tocar su abdomen, sino a ir centímetros más abajo. Le guía al borde de sus pantalones y Katsuki le entiende. Ya ha vivido aquello durante su ciclo. Baja los pantalones de un tirón, crea un mínimo de distancia solo para observarlo con descaro. El miembro duro de Izuku se yergue en medio de sus cuerpos.

La vista se ve interferida por manos del omega, que buscan deshacerse de la tela que le separa de Kacchan. Tira de la pretina, permitiéndose observar por primera vez esa parte de Katsuki. El miembro duro mira hacia arriba, cubre la mata de vello cenizo en su base. Izuku arquean sus pies, se pone de puntillas, solo para rozar sus penes.

– Hmmm... – ambos reprimen el gemido ante la sensación electrizante.

El jugueteo empieza con movimientos de pelvis descoordinados, golpes casuales y calambres en las piernas. Ríen, se besa. Encuentran una posición más cómoda con las piernas de Katsuki a cada lado de las de Izuku, rodillas flexionadas y manos aferradas al cuerpo del menor. La labor de Izuku es sujetar ambos miembros y acariciarlos un ritmo con el que se sientan cómodos.

Poco a poco, el movimiento es más coordinado, más fiero y menos risible. Sus voces se sueltan y los géminos toman parte importante en el ambiente. Sus bocas devoran con ansias el cuello del otro; lamen, chupan y muerden la piel dejando marcas.

Katsuki baja las manos hacia el trasero de Izuku, amasa la carne pegándole a él. El momento está cerca, los movimientos se tornan más intensos y las respiraciones jadeantes les delatan. Izuku intenta besarle, pero el final llega antes. Estalla entre ambos y caen rendidos sobre el piso alfombrado.

Cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas. Sonrisas plenas y la disposición tacita de ir por una ronda más.
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Martes 6 de febrero, 2091.

21:46 hrs.

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El agua se remese en la bañera. Izuku agita las caderas sentado sobre Katsuki, embistiendo sus miembros entre sí. El cenizo besa su pecho, deja marcas por toda la piel de porcelana; juega con sus pezones y unos dedos traviesos acarician el interior de Izuku. Hurgan cuanto pueden dentro de él, en búsqueda de aquel lugar capaz de amplificar el placer.

– Ahh... – el cuerpo de Izuku se tensa. Katsuki siente la presión sobre sus dedos. Ha encontrado lo que tanto buscaba.

Presiona con saña el mismo punto una y otra vez. Izuku mueve con violencia sus caderas, gime profundo, totalmente absorto en el orgasmo. Katsuki siente el suyo cerca y, aunque Izuku termina antes, continúa estimulándole hasta que su momento llega.

El agua en la bañera se asienta calmada paulatinamente. El piso de cerámico es un desastre del que luego se encargaran, por lo pronto, retoman el baño restregando el jabón sobre sus pieles marcadas por el deseo.

Esos momentos se han vuelto más habituales de lo que hubieran pensado solo un tiempo atrás. Izuku ha pasado ya por su segundo ciclo, nuevamente Katsuki le ha ayudado durante esos días difíciles y esta vez, ha sido capaz de recordarlo un poco más. Es por ello que ahora puede permitirle tocar su interior.

No más que eso.

Katsuki tampoco se lo ha pedido y salvo aquella vez que discutieron a inicio de la convivencia, el tema no ha vuelto a salir a flote. Izuku quisiera durar más tiempo así, sin embargo, a veces le ataca la ansiedad y angustia por esa presión del deber que tiene ahí y no estarlo cumpliendo. Peor aún, estar mintiendo a sus consejeros sobre la vida sexualmente activa que poseen. Lo bueno, es que Katsuki siempre está para calmarlo. Según él, nada garantiza que, aunque empezaran a tener relaciones, terminaría en un embarazo. Que incluso en sus libros de ganadería, hasta los animales no siempre lo logran con inseminación artificial.

Ciertamente, el comentario no le cayó nada bien a Izuku.

Él no era un animal.

Dan por terminado el baño. Katsuki ayuda a secar el cabello del omega, así como calentarle el cuerpo con la secadora. Izuku se deja consentir sin reclamos y es el primero en volver a la habitación con el pijama puesto.

Observa el lecho que comparte junto a su pareja. Una gran sonrisa se le escapa, emocionado por cosas tan cotidianas como dormir juntos. Aun ahora le sigue pareciendo increíble como Kacchan ha podido calar hondo en su vida, al punto de no concebirla sin él.

Camina por la alfombra, bordea la cama hacia su lado y se detiene antes de llegar, a los pies de esta.

Frente a la ventana.

La imagen de la pareja que vio ese día, aun rebobina en su memoria. Ahora, menos caliente, sus pensamientos son más analíticos. No sabe bien como otros omegas prefieran sobrellevar sus ciclos, pero de lo que sí está seguro, es que no todas sus parejas poseen la convicción de Kacchan para no ir más allá de lo permitido. Por lo que no ha dejado de preguntarse si lo sucedido aquella vez, habría sido algo mutuo, simple obra de la calentura o incluso algo peor.

– ¿Cuántas veces más te voy a encontrar de pie en medio de una habitación?

Izuku gira con una sonrisa. Kacchan se acerca y le da un beso, ambos se acuestan en cama, olvidando que lado le pertenece a quien; solo retozan enredados entre sabanas, brazos y piernas. Se acurruca en el cuerpo del mayor, oliendo el jabón sobre su piel, pensando en que tiempo será el prudente para dejarse llevar por completo.

Confía en Kacchan y le quiere como nunca lo ha hecho con alguien, pero eso no quita que aun tema lo que pueda suceder luego de dar ese paso. Katsuki no es una persona mala, ha podido forzarlo y nadie le culparía de nada, nadie defendería al omega. Sin embargo, cedió a sus tiempos y ha cumplido las promesas que hizo.

Kacchan es diferente a las personas que ha conocido hasta ahora. Se ha preocupado verdaderamente por él, le ha enseñado cosas que nadie estuvo dispuesto a enseñarle antes, pues decían que no valía la pena, que los omegas no son inteligente. Ellos solo sirven para tener cachorros.

Es mentira.

Ha descubierto que es más inteligente de lo que hubiera pensado. Katsuki se lo ha dicho cuando vio la rapidez con la que aprendió a escribir, leer e incluso con las matemáticas. Le han llenado la cabeza por años recalcando lo débil que es; pero no es lo que ha notado cuando después de su celo, ha visto los morados en la piel de Katsuki. Él cenizo le ha contado la fuerza brutal que ejercía sobre él, al punto de someterlo por momentos.

Izuku ha descubierto ahora, que los omegas son más que solo máquinas para repoblar la nación. Ellos han sido favorecidos con fuerza e inteligencia superior a la del hombre promedio.
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Sábado 15 de julio.

20:15 hr.

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Se estira perezoso, hace tronar sus hombros, arqueándolos hacia atrás. Observa de soslayo, Izuku al otro lado del sofá lee uno de sus libros. Sonríe ladino, cada vez es capaz de leer libros más complejos y constantemente le pregunta términos que no entiende. Aún recuerda la vez que le sorprendió leer la palabra "cachorro" haciendo referencia a las crías de los perros. Desde ese día, empezó a leer con mayor empeño sus libros.

Vuelve a recostarse en el respaldar del sofá. Toma los pies de Izuku y acomoda sobre su regazo, acariciando sus tobillos mientras continua su hora de estudio. Ha pasado un año de convivencia y se ha percatado hace poco que, por andar jugueteando con él, ha dejado de lado sus estudios.

Lo último que quiere ahora es ser enviado a limpiar la mierda del ganado.

De pronto, oyen el sonido de un auto afuera. Después, el típico ruido que hacen los extractores de aire al trabajar frenéticamente cuando se abre la compuerta exterior. Ambos dejan sus libros y se ponen de pie, a la espera que la compuerta interior se abra.

– ¿Algún día aprenderán a tocar? – Katsuki es el primero en hablar al ver el cabello verde aparecer tras el casco.

– Buenas noches a ti también. – Responde Emi, ignorándole. Se gira y ayuda a Shota con su traje.

– Aún faltaba unas semanas para su siguiente visita– Izuku suelta el comentario como algo casual, aunque por dentro ande nervioso. Hasta ese momento, todas esas visitas han sido coordinas, con el sol alumbrando el exterior.

Emi fuerza una sonrisa. La visita inesperada tenía un motivo que a ella poco le agradaba.

Hasta el momento, en términos de los omegas de la villa, el ciclo de calor había tenido un éxito del 100%. Los médicos estaban seguros que la última medicación que se les había suministrado al salir de los laboratorios, había sido parte importante en ese éxito. Muchos de ellos incluso, habían tenido su ciclo a los pocos días de llegar ahí. Sin embargo, la tasa de embarazos había sido del 1%. De diez omegas fértiles, solo tenían a uno encinto.

Y eso lo habían logrado gracias a unos genes activados en la pareja de ese omega.

El mismo que comparten todos los hombres de esa villa.

– Por órdenes de arriba, debemos aplicar una medicación – Shota no se va con rodeos en la explicación. Abre el maletín y comienza a sacar sus implementos.

Izuku es el primero en tensarse.

– No, no, no – Emi agita las manos, intentando tranquilizarle – Todo está bien contigo, Izuku.

– Entonces, es a mí a quien van a aplicar esa mierda – afirma Katsuki. Emi ríe nerviosa y él frunce el ceño al confirmar lo dicho – no quiero.

Aizawa exhala hondo, insertando la aguja de la jeringa dentro de una ampolla.

– Katsuki – Su voz calmada, posee tintes de seriedad – entiendes que el estado empareja a las personas para que tengan hijos ¿Cierto? – asiente – A pasado un año desde que se les emparejo y no hay resultados. Izuku es un omega fértil, de lo contrario no habría sido elegido para este proyecto. Por lo que toda la responsabilidad recae en ti ahora.

– ¿Y cómo carajos saben que yo soy el problema? – inquiere fastidiado de que tan rápidamente le culpen de todo.

Para empezar, ellos ni siquiera habían tenido sexo.

– Izuku es un omega, no es igual que el resto de nosotros. – Emi es quien explica ahora, con mejor tino que su compañero – Un humano no podría nunca embarazar a un animal, por poner un ejemplo. – Katsuki frunce el ceño y ya no por confusión, sino con molestia. Acaba de ofender a Deku. Observa de soslayo e Izuku tampoco luce feliz con esa comparación. – Como dije, Izuku es un omega y necesita a alguien de similar condición para lograr la fecundación.

– Me van a volver un omega – afirma nuevamente.

– Alfa – le corrige el médico – nosotros llamamos alfas a las parejas de los omegas.

Izuku sujeta a Katsuki del brazo, incapaz de hablar. No le ha contado hasta ahora, pero él ya ha oído sobre alfas antes. En el laboratorio, luego de que un omega entraba en celo, eran sacado de sus celdas y llevados a otras salas. Cuando ellos volvían, lo hacían magullados, con marcas de dientes por todos sus hombros. Esos omegas contaban historias de personas de grandes tamaños, con fuerzas descomunales. Hombres bestias que muchas veces, eran puestos junto a otros de su especie a la espera de que lucharan por el omega en celo.

Peleas que decían, terminaban con uno de ellos muerto.

– No – Izuku no quiere que su Kacchan sea así. – Kacchan no – la voz se le quiebra.

Katsuki le mira, inquieto de que pocas veces ha visto a su pareja con ese nivel de ansiedad. Izuku conoce más de esos experimentos y si no quiere que reciba esa medicación, piensa que por algo ha de ser.

– No lo quiero. – reitera su rechazo sin importarle toda la explicación que se le ha brindado.

El ambiente se tensa. Emi pierda la sonrisa al ver a Izuku a punto de desmoronarse, ella no puede estar más en desacuerdo con ese tipo de experimentos en los que poco importa la opinión de los involucrados.

Y eso los incluye a todos ahí.

– No se trata de que quieras o no – Shota presiona la jeringa, dándole pequeños golpes hasta que un poco del líquido se asoma por la aguja. – No les estamos pidiendo permiso. Si no lo hago yo, el gobierno enviara a sus agentes a que terminen el trabajo.

El cenizo suelta una carcajada. De haber empezado por ahí, se habían ahorrado tantas mierdas de explicaciones. No ha sobrevivido junto a su madre por dieciocho años para fallar ahora. Mucho menos puede hacerlo a sabiendas que los agentes del gobierno, más allá de acabar con su paz, destruirían también la de Izuku.

Extiende el antebrazo.

Izuku apretuja su camiseta por detrás.

El medico limpia la zona con un algodón empapado en alcohol, luego, inserta la jeringa. La aguja rompe la piel sumergiéndose en su vena. El líquido amarillento de la jeringa se combina con el carmín, cambiando a un tímido naranja. Katsuki no se queja, Izuku prefiere no mirar.

El líquido ingresa lento y Emi ve en la escena, años de estudio e investigación ingresando en un portador.

El proyecto alfa surgió casi una década después del omega, luego de que llegaran a la conjetura que ella misma ha hecho unos instantes atrás.

Un humano, no puede embarazar a un animal.

Y un omega, no es 100% un humano.

Por ello, los alfas llegaron bajo el mismo criterio que los omegas. Seres modificados, altamente fértiles, con un ciclo de calor como el celo en los animales y poseedores de un alto magnetismo sexual con los omegas. Empero, los problemas no se hicieron esperar. Comparando con los animales, un alfa es el líder de la manada, un animal fuerte e intimidante. El más poderoso de la manada.

Los alfas que ellos creaban en el laboratorio, no eran muy distintos. Seres con características fueras del promedio, menos manipulables que los omegas y altamente volátiles. Difícilmente lograban coexistir dos juntos, mucho menos era posible que un humano promedio pudiera hacerles frentes.

Habían creado super humanos que se les escapaban de las manos.

Por ello, crearon una versión más recesiva. En un inicio, implantados en simples mujeres que eran remuneradas por su apoyo a las investigaciones. Sin embargo, estos niños no conseguían activar el gen, ni había medicamento que lograra hacerlo. Aun así, su ADN seguía poseyendo un leve porcentaje de alfa. Esto lo descubrieron luego de que, tanto hombres como mujeres, fueran incapaces de concebir.

Mitsuki Bakugou nunca fue estéril, solo no podía embarazarse de una persona que no fuera de su misma especie por completo.

Katsuki era hijo de Mitsuki, mas no de Masaru.

La manipulación genética de los embriones continuo, tomando como base a estas mujeres. Katsuki era un alfa recesivo que, si bien tampoco había activado el gen, su sangre daba un porcentaje más alto de parentesco con los alfas puros. Lastimosamente, aquello no era suficiente para los omegas. Ahora esperaban la medicación terminara activar dicho gen, pero que su crianza en un entorno familiar civilizado, menguaría la impulsividad de un alfa criado en laboratorio.

La jeringa queda totalmente vacía y Shota quita la aguja, lento. Emi se apresura en cubrir el pinchazo con un algodón y un curita.

– ¿Qué efectos secundarios tiene?

– Por el momento, puros beneficios. – responde la única mujer, mientras su compañero cierra su maletín– Tu fuerza incrementara, quizás crezcas un poco. Lo primordial, es que tu libido aumentará mucho.

Emi le sonríe, esta vez de verdad. Quizás la única noticia que le emociona de todo, es el hecho de que pronto pueden tener una noticia de embarazo positiva y con ello, continuar manteniendo a sus omegas en esa villa. Incluso tal vez, replicarlo con todos y dejar atrás las celdas de los laboratorios.

Ambos consejeros dan por finalizada su visita. Deben apresurarse, pues aún faltan tres viviendas más por visitar. Emi ayuda a Shota con su traje, observa de soslayo a Izuku lamer los bordes del curita en el brazo de Katsuki. No puede más que sentir la emoción de que algo bueno están logrando con ese proyecto.

Viste su traje sin perder la alegría y cuando esta por ponerse el casco, recuerda algo que fue lo primero que debió hacer al llegar ahí.

– Por poco lo olvido – corre a abrazar a Izuku, quien se sobresalta de la sorpresa – ¡Feliz cumpleaños!

Le suelta y termina de vestir su traje. La puerta se cierra, la pareja queda nuevamente a solas.

– ¿Por qué no me dijiste que era tu cumpleaños? – Inquiere el cenizo. Izuku se frota contra su brazo lastimado.

– ¿Para qué?

– ¿Cómo que para qué? Es tu cumpleaños, debemos celebrarlo. – da un golpe suave sobre la frente del omega.

Izuku hace un puchero.

– ¿Por qué lo celebraría?

Entonces, Katsuki entiende porque no se lo ha dicho y la sorpresa con la que se ha tomado el saludo de Emi.

– Nunca has celebrado un cumpleaños – afirma.

Izuku no hace ni el intento de confirmar, pues no logra entender qué debería de celebrar. Katsuki suspira largo, entra a la cocina y hurga en uno de los cajones. Algunas temporadas, la energía eléctrica se les era restringida, dejando a únicamente en funcionamiento los purificadores de aire, por lo que el tener velas en casa era algo casi necesario.

Cuando finalmente las encuentra, toma una y apaga las luces de la casa, prendiendo la vela antes de apagar la última de ellas.

– No hay un pastel, pero al menos podrás soplar una vela.

Izuku lo hace.

– ¡Aun no! ¡Tsk!

– No entiendo, Kacchan.

– Se supone que un cumpleaños se celebra con un pastel y una vela sobre él – vuelve a encenderlo. – Al momento en que la soplas, pides un deseo en tu mente.

– ¿Y se cumple? – cuestiona emocionado.

Katsuki sabe que son estupideces, que más que nada se trata de una tradición en su hogar. Pero también sabe, que sí ha creado eso durante su niñez y que el pedir ese deseo, era la mejor parte para él. Por lo que, al ser el primer cumpleaños celebrado del omega, prefiere mantener la ilusión.

Tal como lo hiciera su madre, cuando él pedía por su padre.

– Quizás.

Izuku sonríe, olvidando por completo todo lo que ha suscitado esa noche. Centra sus pensamientos en algo en concreto que desee. Katsuki le apura un par de veces, pues la cera empieza a descender hacia su mano. Finalmente, se decide y sopla la vela.

– Feliz cumpleaños – Katsuki le abraza a oscuras. Izuku se siente envuelto por el calor que emana. – ¿Qué pediste?

– Que estemos juntos para siempre.

A Katsuki no deja de causarle ternura que Izuku constantemente repita su anhelo de no separase nunca. Toma distancia, la suficiente para observar el rostro del menor, y le besa.

– ¡Kacchan! – se separa brusco – ¡Estas caliente!

El cenizo piensa hacer alguna broma respecto a eso, pero en ese instante es consciente de su temperatura. El rostro le quema. Izuku enciende la luz, ve las mejillas del mayor coloradas. Camina cerca suyo, de vuelta, y toca su frente.

– Creo que tienes fiebre.

– Debe ser la mierda que me inyectaron.

Sí, tiene la certeza que se debe a ello. Él mejor que nadie conoce los efectos de esas medicaciones y como, muchas veces, los primeros suelen aparecer de manera inmediata. Solo espera que nada malo le suceda a Kacchan.

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Lunes 17 de julio.

11:11 hr.

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Izuku remueve la compresa de la frente de Katsuki. Sumerge la tela en agua fría, escurre y vuelve a acomodarla sobre su piel.

Le observa dormir, sintiéndose inútil. Ha llamado a sus consejeros, Emi le ha contestado y explico que aquel efecto era normal, solo debía bajar la temperatura si esta era muy alta, pero que nada malo sucedería.

A Izuku le cuesta creerle.

¿Nada malo?

Él ha visto a omegas perecer a causa de los efectos de esos medicamentos experimentales en el laboratorio. Pudiera que la fiebre solo fuera una alerta a lo que en verdad estaba sufriendo su cuerpo y Kacchan ya lleva dos días así. Duerme la mayor parte y cuando le despierta a que coma algo, es como si su cuerpo lo hiciera por pura inercia. Teme tanto que algo malo pueda sucederle; que uno de esos días su respiración se detenga y sus ojos no vuelvan a abrirse.

Acaricia su mano, la lleva a su rostro como suele hacerlo él cuando despierta por las mañanas. Le oye murmurar y sonríe con tristeza. Cada que la fiebre sube, Katsuki murmura bajito. Pocas veces logra entenderle, pero cuando lo hace, le oye llamar a su madre, a su padre e incluso, dice su nombre.

Por momentos, Izuku solloza.

Es cierto que teme perderlo, pero teme más que despierte siendo alguien diferente. Emi ha dicho que es parte del proyecto alfa y aunque Katsuki no lo sea, cabe la posibilidad de que se vuelva uno luego de la medicación. Entiende que debe concebir una vida en su interior, pero si para eso Kacchan debe volverse una bestia como contaban los otros omegas...

Agita el rostro, despabila sus ideas. Él jamás le haría daño, se lo ha demostrado en todo el año que han pasado juntos.

– Mejora pronto, Kacchan.

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Jueves 20 de julio.

01:30 hr.

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Despierta desorientado, sintiendo dolor en su muslo interno. La escena que encuentra, es todavía más confusa. Katsuki está despierto, hundido entre sus piernas, las cuales no traen el pijama puesto.

– ¿Kacchan?

La respuesta que recibe, es la humedad de su lengua recorriendo su perineo. Su nariz rosando la piel sensible entre sus muslos. Aunque la escena tiene una gran connotación sexual, Izuku solo siente escalofríos que le escarapelan la piel.

– ¿Kacchan? – vuelve a llamarle, esta vez, lleva sus manos sobre el cabello cenizo. – ¡Ah! – y termina quejándose al sentir una punzada de dolor. La misma que le ha despertado.

Katsuki está mordiendo su piel. Alza el rostro entre sus piernas, observa los orbes escarlatas brillar en medio de la oscuridad.

Algo dentro suyo vuelve a remecerse.

Tiene miedo.

El cenizo repta lento sobre su cuerpo. El pecho de Izuku sube y baja frenético, con los sentidos alerta; cual animal siendo acechado por su depredador.

– ¿Q-qué sucede?

Nuevamente no recibe respuesta. Katsuki roza con la nariz contra su cuello, puede oír como le olfatea. Recorre su barbilla, sus orejas, pasa por sus mejillas y vuelve a bajar. Izuku respira agitado, con el llanto pendiéndole de un hilo.

Quien tiene en frente, no es su Kacchan.

Katsuki coge sus piernas y las empuja hasta golpearlas contra sus hombros. Su cadera queda alzada, descubierta. El ahora alfa, se hunde en su centro, oliendo.

Lamiendo.

Izuku ya era capaz de sentir un aroma particular en Katsuki cuando las emociones en él eran fuertes, ahora esa fragancia es más nítida. Excitación, deseo. Siente mucha lujuria en el aire y dominación, nada de amor ni cariño. Los puños se le cierran y no logra abrirlos incluso cuando sus uñas se incrustan en sus palmas. Esta petrificado del miedo por lo que se avecina.

– No lo hagas – le ruega sollozante – por favor, Kacchan.

Pero Katsuki no oye.

Continua con el suplicio de lamer y morder. Izuku no encuentra nada placentero, le lame como si fuera comida y muerde incrustando los dientes, desgarrando su dermis. Las lágrimas empiezan a descender. Las palabras se acumulan en el aire, pero Katsuki le ignora.

– K-Kacchan – le llama entrecortado. Lleva las manos hacia el rostro del alfa, forzándolo a verlo. – de-detente.

Katsuki gruñe, muestra los dientes con la saliva gotea de entre ellos. Su piel quema y trae las pupilas dilatas. Izuku comprende, cuando dijeron que su lívido aumentaría, se referían a que le inducirían al celo. Le han dejado solo a merced de un monstruo y ni siquiera tuvieron la decencia de advertírselo. Katsuki sacude el rostro, se libera de sus manos. Deja caer sus piernas y continua ese sendero de dolorosas mordidas por su vientre. Abdomen, pecho.

Izuku solloza fuerte, viéndose indefenso. Sintiéndo el miembro de Katsuki queriendo entrar en él con insistencia. Llora incontrolable dejando su cuerpo a merced del alfa, pues tiene en claro que Katsuki hará lo que sea, hasta copular con él.

– Lo prometiste... Lo prometiste... – balbucea entre sollozos. Recordando con rencor las palabras de Kacchan y tam pronto como se crea un bucle de ellas, calla. Pues no puede culpar a Kacchan por lo que hace. No es él quien tiene en frente.

De pronto, los movimientos de Katsuki se detienen. Izuku siente sobre sus mejillas el golpeteo suave de unas gotas. Eleva la mirada, topándose con el rostro lloroso de Katsuki.

Nunca le ha visto llorar antes.

El alfa se retrae, sentado sobre sus tobillos. El pecho le sube y baja acelerado. Parece tener una lucha interna. Las manos sujetan su cabello, lo jalan con furia y suelta un grito que desgarra su garganta.

Izuku entiende que aquello, es a causa suya. Katsuki aun está ahí, queriendo tomar el control de su cuerpo y no hacerle daño, pero tampoco sabe cómo controlar a la bestia que lleva dentro. Él mismo, habiendo pasado ya cinco celos, es incapaz de lograrlo. Sin embargo, durante ellos siempre tuvo el apoyo de Katsuki para aminorar el dolor.

No importaba que tan rudo fuera o que tantos moretones dejara sobre la piel de Katsuki, él siempre se quedó a su lado.

Traga hondo.

Toma una decisión, que si bien, no es la que quiere, al menos aminorara el dolor del alfa. Gatea hasta llegar a Katsuki, acaricia su rostro, lo acuna entre sus manos. El alfa respira agitado, gruñe y solloza.

Izuku le besa ligero. Pega sus frentes.

– Esta bien, Kacchan. – Baja las manos por sus hombros, por sus brazos. Izuku se acuesta jalando al cenizo sobre él– puedes hacerlo. Tienes mi permiso.

Katsuki lame las lágrimas que aun ruedan por su rostro. Le siente ubicarse en eje contra su entrada. Izuku inhala hondo, se aferra a los brazos de Katsuki, mientras el dolor que hace al abrirse paso en él, le lacera la piel.

Siente el cuerpo del alfa tensarse, en sus ojos ve la lucha reanudarse.

– Está bien, todo está bien – finge tranquilidad, aunque su rostro sea una mezcla de las lágrimas de ambos.

A cada embestida, una parte de él va quebrándose.

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Sábado 22 de julio.

12: 45 hr.

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Katsuki despierta desorientado, con los músculos engarrotados. Trae la mandíbula adolorida y la boca seca. Lo último que recuerda, es la calentura producto de la fiebre que tuvo y nada más. No tiene idea de cuanto a dormido o porque está desnudo.

Observa a su izquierda, el cuerpo de Izuku yace boca abajo, con las sabanas debajo suyo y, al igual que él, desnudo. Sin embargo, lo más llamativo de la escena, es su piel cubierta de mordidas rojizas y marcas en distintas tonalidades violetas. Hay sangre en las sabanas y una humedad viscosa que no es semen ni el lubricante natural del omega.

Hace el intento de recordar, indaga en su memoria. Mira nuevamente el reloj, que, a su vez, marca la fecha. Solo ahí comprende, que han sido cinco días desde su ultimo recuerdo.

¿Qué efecto secundario puede ser ese capaz de anular su memoria?

Su mente se ve sobrecogida por el ciclo de Izuku y como él, pasado el calor, no recordaba lo sucedido. Entonces entiende que cuando Emi se refería al incremento de su lívido, no era referente a que solo anduviera de calenturiento con Deku; sino que experimentaría un ciclo como el de él.

Estira un brazo hacia el omega y con la mano, traza la piel coloreada. Palpa la hinchazón de las mordidas bajo sus yemas. Que seres más crueles, si son capaces de manipular así los deseos de las personas con tal de lograr su objetivo.

Reproducirlos.

Tal y como lo harían con animales.

– ¿Kacchan? – Izuku murmura adormilado. Hace su cuerpo hacia atrás, alejándose de la caricia. Katsuki contrae su brazo a la par.

Se observan unos segundos en silencio.

– Lo siento.

– Kacchan – suelta en un suspiro aliviado. Izuku se alza, cayendo sobre el alfa. Le abraza aferrándose desesperado – Eres tú, otra vez eres tú. – solloza.

Con mucho cuidado, Katsuki responde al abrazo. Un nudo se le genera en la garganta, sintiente la impotencia de que, siendo él quien debía cuidar a Deku, le haya terminado dañando de esa manera.

Las horas transcurren entre disculpas y lagrimas.
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Lunes 31 de julio.

16: 14 hr.

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Apoya el libro de estudio en su regazo. Observa al lado opuesto del sofá, donde solía sentarse Izuku a leer con él y ahora está vacío. No es reciente, luego de que despertara de su ciclo, Izuku ha mantenido su distancia, habla poco y responde con monosílabos. No es cortante, pero las cosas no son las mismas de antes. El asunto empero luego de que recibieran un fax del laboratorio, explicando que ese "calor" podía volver en cualquier momento, pues su cuerpo aún se está adecuando.

Ellos supieron todo el tiempo lo que sucedería y nunca se lo explicaron.

Era culpa suya que su relación hubiera retrocedido todos los grandes avances que había dado. Era culpa suya que Izuku ya no quisiera bañarse con él, que durmiera dándole la espalda y volteara el rostro cada que quería besarle. Katsuki ni siquiera necesitaba pedirle explicaciones.

Observa sobre su hombro, tras él, frente a la ventana que da hacia él bosque. Izuku permanece recostado en la alfombra. Su día transcurre entre sus labores asignadas y mirar a la familia de ardillas que se han instalado en el árbol de enfrente.

Exhala. Deja el libro a un lado y se acerca a Izuku. A veces, se sienta a un lado y acaricia el cabello de menta en silencio. El menor, absorto en la naturaleza, le permite ese mínimo de cercanía. Pero ese día es distinto y antes que sus manos se sumerjan en las hebras verdes, el omega habla.

– Antes de venir, se nos enseñó como hablar con nuestra futura pareja. Que palabras usar y cuáles no. – empieza de pronto. Katsuki baja la mano y le oye. Son pocas las veces que Izuku saca a flote sus días en el laboratorio – Parecería tonto, pero cuando lo comprendes, cobra sentido.

Izuku toma impulso con sus manos, se sienta aun con la vista en la naturaleza.

– Solo en esas clases conocí la palabra bebé, hombre, mujer. Sexo. – hace una pausa, que no es para hilar sus ideas, sino para calmarlas. – Para ellos, nosotros somos machos o hembras. Nos apareamos y tenemos cachorros. No note nada extraño, ellos decían que eran sinónimos. Otra manera de llamar a las cosas. – una nueva pausa. Baja la vista a sus manos, sus dedos juegan entre ellos. – Hasta que leí tus libros, Kacchan. Así se refieren de los animales. – vira el rostro, los ojos puestos sobre el cenizo. Una sonrisa triste en los labios. – nosotros no somos más que animales para ellos.

– No digas eso.

– Es así – su voz es firme – en tus libros, cuando la hembra entra en celo, se le junta con el macho a que este la monte. ¿Sabes cómo le dicen a nuestro ciclo en el laboratorio? – pregunta retórica – Celo ¿Y sabes cómo nos aparean? – la voz se le quiebra, aunque las lágrimas no caen. Respira hondo. – Cuando tu celo llega, los omegas son encerrados en pequeñas salas con alfas mientras un grupo de médicos observan cómodamente sentados desde lo alto de estas.

Silencio.

Todo suena a algo utópico. Sacado de uno de esos libros que le leía su madre, pero que sabe es real. Katsuki siente una sensación incomoda instaurarse en la boca de su estómago.

– Tú... – no es capaz de completar la frase.

– No – responde entendiendo a la perfección su incógnita. – es algo que contaban los que lograban volver.

Silencio nuevamente. Katsuki extiende la mano, sobre las de Deku. Quisiera consolarlo, abrazarlo como semanas atrás lo hubiera hecho sin pensarlo tanto, mas no puede ahora. Teme que aquello, termine por ahuyentarlo más.

– La palabra embarazo suena muy bonita, comparada a cuando nos decían que nuestra labor era quedar preñados. – su vista vuelve hacia sus manos, que ahora son acariciadas por las de Kacchan. – Algunos contaban que cuando uno paria, era separado de su cachorro sin siquiera lograr verlo. Tiene sentido, ya que ninguno de nosotros teníamos recuerdos de nuestras madres. – Izuku sonríe triste, con una lagrima que escapa furtiva – Igual a las terneras que son separadas de las vacas.

Katsuki seca su lagrima, acaricia su mejilla con el pecho presionándole. Izuku acuna su rostro en él, pensando en que no son animales. Sin embargo, las pruebas no le ayudan. Tanto Kacchan como él, poseen un celo en el que tienen sexo descontrolado, en el que más allá del placer o los sentimientos, está el deseo de procrear vástagos que hereden la mejor parte de sus genes.

Lo peor de todo, era que ahora, más allá del celo, ese deseo debía perdurar. Porque ya no tiene excusas para no engendrar hijos con Katsuki. Izuku se acerca, acomodándose sobre el regazo del alfa. Aún tiene algunas marcas sobre la piel y el miedo presente a que el cenizo se descontrole y le lastime como en esos días. Mas no hay mucho que pueda hacer si eso sucede.

Se resigna a su suerte.

Le besa con prisa. Queriendo despertar de manera instantánea la lujuria en él. Le toma las manos y las adentra debajo de su camiseta.

Katsuki le empuja, sujetándole de los brazos a que no caiga de espaldas. En los ojos del omega ve el miedo.

– Puede que no recuerde lo que sucedió en esos días. Pero no somo animales, Deku.

Lento, le deja caer sobre la alfombra mullida. Desciende sobre su pecho, se recuesta ahí, con el sonido de su corazón retumbando en su oído. Luego, se le une el de la respiración entrecortada y gimoteos. Los brazos de Izuku le sujetan fuerte, ejerciendo presión en toda zona cuanto tocan. Rompe su corazón y lo vuelve a reconstruir con cada lagrima que no pudo derramar en su momento.

Pasan muchos minutos, quizás una hora, hasta que la fuerza del abrazo cede y se torna en una cálida caricia. Katsuki siente las manos de Izuku enredarse en su cabello, frotar su rostro, pasar sobre su cuello y espalda.

Solo ahí, se alza sobre sus brazos. El atardecer se refleja en sus mejillas inundadas de pecas y los ojos de bosques húmedos. Pega sus frentes, roza sus narices y juega a querer darle un beso y termina soplando sobre sus labios.

A Izuku le gusta que le tiente así y sonríe, feliz que después de varios días distanciados, su corazón no se muestra inquieto al tenerlo cerca. Le ha mantenido alejado por miedo a que Katsuki se sienta con derecho a usarlo como lo hizo durante el celo. Pero ahora que había descargado todo lo que agobiaba a su corazón, puede respirar un poco más tranquilo.

Katsuki riega besos por sus mejillas. Mueve su cabello adrede, molestándole los ojos y creandole comezón en el rostro. Izuku ríe bajito e intenta empujarle sin verdadero esmero. El juego se prolonga un poco más, hasta que el menor coge su rostro con firmeza y le besa.

Es bastante más lento que el anterior, pero con mayor carga sentimental y anhelo. Profundizan y alivianan. Lamen y rozan. Katsuki desciende por su barbilla, hacia su oreja y la besa con cariño. Las manos de Izuku acarician sus brazos, que han dejado la delgadez que tenían cuando se conocieron, por una musculatura más marcada en pocos días.

Las manos de Katsuki se adentran bajo la camiseta del menor, este no tarda en alzarse levemente, permitiéndole quitarla del camino. Katsuki pasa las manos sobre su pecho lechoso que aún mantiene algunas tonalidades verdes. Besa una a una esas marcas mientras Izuku intenta despojarle también de sus prendas. Katsuki suelta una risa burlona, tanto tiempo y aun se enreda quitándole la ropa. Se yergue y él mismo empieza a desvestirse.

Izuku, ahora con una vista más clara, se da cuenta de que el cuerpo de Kacchan está cambiando. Le ha visto muchas veces desnudo y si bien ya era una persona robusta, nunca ha tenido un pecho firme y marcado como el que ve ahora. Aunque no hay tiempo de pensarlo mucho, Katsuki desabrocha sus pantalones y él hace lo propio con los suyos.

Traga hondo cuando tiene a Kacchan completamente desnudo frente a él. Su presión aumenta, su pecho se acelera.

Temor y excitación.

Katsuki le besa con cariño, recostándole nuevamente sobre la alfombra. Toca su cuerpo entero, besa cuanto puede de su piel. Sus erecciones se tocan e Izuku recuerda ese placer tantas veces sentido junto a su pareja.

¿Cómo pudo pensar en ello como una acción meramente mecánica?

Quizás, con otro podría ser así, mas no con Kacchan. Él despierta todo el deseo que guarda dentro. Cuando sus manos le tocan, crean espasmos sobre su piel. Cuando le gira y besa su espalda, se arquea sensible. Cuando ingresa uno a uno sus dígitos en lo profundo de él, las oleadas le retuercen. Apoya los codos en la alfombra, luego se alza con las manos y pronto, vuelve a los codos; no logra encontrar una posición que controle los espasmos de su cuerpo.

Oye la risa burlona de Katsuki tras él. Gira el rostro, queriendo culparlo de que es por él que no logra quedarse quieto. Sin embargo, cuando sus miradas cruzan, los dedos del mayor ingresan de lleno a su boca. El miembro duro del alfa roza su entrada y no hay manera de que diga algo.

Katsuki le observa desde lo alto. Las caderas alzadas del omega se mueven, buscan rozar su miembro. Sus dedos sienten la tibia lengua jugando con ellos. Sonríe. Coge de las caderas a Deku, besa sus hombros y muy lento, se desliza en su interior.

– Hmmm...

Suspiran hondo, sumergiéndose en el placer. Katsuki continúa besando sus hombros, quieto por unos segundos, sintiendo el interior cálido contraerse deseoso. Se yergue nuevamente e inicia lento, con las manos lanzando caricias superficiales sobre su espalda y muslos. Izuku ha odiado la rudeza con la que le ha tomado durante el celo, pero la paciencia con la que se lo toma ahora, es tortuosa. Así que él también le guía a su gusto, porque como dijo Emi, se trata de que ambos disfruten. Mueve las caderas marcando el ritmo que desea y Katsuki le obedece, penetrándole más rápido.

El golpe de sus pieles genera eco en el ambiente vacío. El sonido acuoso, obsceno, del miembro de Katsuki entrando y saliendo de él, le excita más y gime desvergonzado. No puede creer que solo minutos atrás, el recuerdo de Katsuki poseyéndolo le resultara asqueroso y ahora este disfrutándolo de manera tan escandalosa.

Lleva una mano sobre su miembro, que adolorido, le ruega por caricias. Deja caer su rostro sobre la alfombra en tanto se toca, siguiendo la ruta en la que Katsuki se lo hacía.

– Ahhh – jadea con la mente nublándose de placer.

Katsuki enreda sus brazos alrededor del menor y le alza, la espalda pegada a su pecho. Embiste con dificultad, pero el tenue reflejo de Izuku masturbándose en el vidrio vale esa incomodidad. Lame la nuca de Izuku, sintiendo un fuerte sabor dulce provenir de esa zona. Succiona la piel, queriendo más de ese manjar.

Es insuficiente.

Algo dentro suyo le pide más de ese postre, es un deseo casi incontrolable. Incluso, cree oír una voz dentro suyo, pidiéndole morderlo. Que solo de esa manera, será capaz de saciar ese repentido deseo. Le tienta con palabras bonitas, cosas como que su omega también lo quiere. Empero, Katsuki no es una persona que se deje dominar, menos cuando ya ha dañado una vez esa piel impoluta; así que continúa embistiendo, con la mente centrada en el placer que da.

Ahora mismo, su prioridad es satisfacer a Deku.

Y no tarda mucho. Izuku se libera de sus brazos, vuelve a acostarse en la alfombra y las caderas se le mueven salvajemente. Su interior se contrae y succiona tan fuerte el miembro de Katsuki, que le oye quejarse cada que embiste. El orgasmo llega como un maremoto golpeado la costa de su consciencia. Su cuerpo se electriza y gime profundo, con la garganta que se le disuelve.

Mejilla y torso yacen en la alfombra, exhausto.

– Si...sigue... – murmura agitado cuando nota la ausencia de Katsuki en su interior.

El alfa no refuta y rápidamente, se adentra en lo profundo nuevamente. Bombea salvaje, queriendo alcanzar el climax con la misma intensidad del de Deku. Debe sujetarle las caderas con firmeza, pues el cuerpo del menor ha quedado relajado por el orgasmo. Aunque eso no evita que, de momentos, todo él se crispe víctima de los espasmos causados por la sobreestimulación.

Katsuki siente como sus terminaciones nerviosas cosquillean, como tantas veces lo ha sentido en sus jugueteos con el omega. Lo extraño ahí es, que hay una presión inusual en su miembro. Casi como si el interior del omega se apretara más.

Mas no es así, porque la presión, se centra solo en la base de su longitud.

Y la presión crece y crece.

– Ah – jadea Izuku y ya no es de placer. Katsuki no entiende que sucede, todo lo que sentía ha sido opacado por dolor e intenta salir de Izuku solo para darse cuenta, que de alguna manera, ha quedado unido a él – ¡No te muevas!

El grito detiene sus ansias de querer soltarse.

Izuku arquea la espalda, intentando sobrellevar el dolor. Katsuki baja muy despacio, se abraza al menor y recuesta ambos cuerpos de lado. Acaricia su pecho buscando relajarle y besa con cariño su cuello y hombros. Siente como esa hinchazón tira incluso la piel de su ingle, no imagina el dolor que ha de sentir Izuku al tenerlo dentro.

El omega gira su rostro, atrae el de Kacchan con una mano y le besa.

– Tranquilo – susurra sobre sus labios – No duele tanto como la primera vez.

Y aunque las palabras han salido buscando tranquilizarle, Katsuki se siente más mierda.

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Viernes 15 de septiembre.

09: 14 hr.

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– Deku – le mueve manso. El menor se queja quitando su mano. Katsuki rueda los ojos y vuelve a moverle. – Despierta ya, hice panqueques y se enfrían.

Izuku toma asiento como un resorte.

Katsuki acomoda su cabello despeinado y besa su frente mientras le ayuda a ponerse de pie. El menor camina aun soñoliento al cuarto de baño que está en su habitación.

Últimamente Izuku anda muy perezoso. Duerme hasta tarde y luego, cuando usualmente se sentaba a leer con él en la tarde, se hecha a dormir nuevamente. Piensa que quizás deba comentarlo cuando sus consejeros le visiten, ya que podría deberse a la falta de alguna vitamina.

Por lo pronto, prefiere no presionarlo y si quiere descansar, que solo lo haga. Observa la cama y empieza a quitar las sabanas para cambiarlas. Quita también los forros de almohadas, dobla todo y deja en un rincón de la habitación.

Cuando gira, se topa con el espejo de cuerpo entero que tiene ahí.

Katsuki debe dar unos cuantos pasos hacia atrás para lograr verse completo. Cuando Emi habló sobre los beneficios de la medicación que se le dio, no creyó que los cambios se darían tan pronto. Ha pasado poco más de un mes y su talla se ha visto incrementada en unos cuantos centímetros. Constantemente le duelen las rodillas. Los huesos en general. Se los ha comentado por mensaje y Aizawa ha respondido que es normal y al cabo de un tiempo, cuando su cuerpo alcance su estatura definitiva, el dolor cesará.

¿Estatura definitiva?

Si está a pocos centímetros de que su cabeza roce el marco de la puerta.

Su musculación también ha sufrido otro cambio. El ejercicio que logra hacer dentro de casa es el necesario para mantenerse en forma, no para el que él ha logrado. Sus brazos han duplicado su ancho, su abdomen parece tallado. Basta con que flexione un poco sus piernas para que vea los músculos aparecer.

Y los cambios no termina ahí. Porque su olfato ha mejorado, pero a un nivel que nadie creería. Hace poco se ha percatado, que es capaz de oler a Deku, y no solo cuando está cerca suyo. Es capaz de olfatearlo por toda la casa hasta dar con su ubicación. También logra sentir sus emociones, aunque aún no ha podido diferenciar todas. Por lo pronto ha identificado su alegría, aburrimiento y algo similar a tristeza. Esta fue bastante clara el día en que su celo volvió sin previo aviso. Excluyendo al primero, hasta el momento ha tenido tres veces ese calor. Dos de ellos duraron una hora, tiempo en el que pudo encerrarse en el baño y controlarlo con agua fría. Sin embargo, uno se tomó todo un dia.

Una vez más, el recuerdo es difuso. Cuando reaccionó, ya no había nada que hacer, Izuku se encontraba anudado a él.

Aizawa le explicó que ese ciclo vendría entre una y dos veces al año y que, si por el momento era irregular, era porque su organismo se encontraba adecuándose al cambio hormonal. Al igual que ese nudo en la base de su pene. No todas las veces que ha tenido sexo ha aparecido. Según Aizawa, solo debería inflamarse durante su calor, pero que es otra cosa que se regularizara al cabo de un año.

Lo que no va a regularizarse es el tamaño de su miembro, que ha crecido proporcional a su altura.

– Vanidoso– le molesta Izuku al verlo frente al espejo. Camina por su lado y sale de la habitación.

Katsuki ríe de lado. Otro cambio es el que ha sufrido su relación. Luego de que pareciera desquebrajarse, ahora la sentía más sólida. Ya no estaba el miedo que veía en los ojos esmeralda. La confianza había vuelto, se había instaurado tan profundo que empezaba a tener esa sensación de familia que tenía en su hogar.

Termina de hacer la cama y baja a ayudar a Izuku con lo que pueda. Conociéndolo, si ya no se ha quedado dormido en el sofá, debe estar comiéndose la media doce de panqueques que le ha preparado.

– ¡¿Eh?! – Exclama confundido. Izuku está sentado en el sofá bebiendo únicamente té.

TÉ.

– Creo que me empalague con solo olerlos – se disculpa. Sonríe un poco avergonzado

Katsuki rueda los ojos. Camina hacia la mesa, en donde está el plato que le ha dejado y que, si Deku no quiere, él comerá.

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Miércoles 20 de septiembre.

08: 45 hr.

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El día no pinta bien desde la madrugada. A Izuku le ha costado conciliar el sueño con las náuseas instaladas en su ser. Cuando estas se van, llega el hambre y cuando sacia esa necesidad, como lo acaba de hacer minutos antes, vuelven las náuseas.

Tan poderosas, que ahora el desayuno yace en el fondo del retrete.

Katsuki toma un poco de papel higiénico, limpia los labios del menor y le ayuda a ponerse en pie, en tanto tira de la palanca. Todo aquel revoltijo es succionado por el agua que cae en espiral. Izuku enjuaga su boca en el lavadero. Limpia con más calma su rostro y las pocas lagrimas que han salido.

– Quizás me cayó mal la cena – sorbe por su nariz.

El cenizo sonríe leve ante la respuesta ingenua. Entiende que a Izuku, dentro de todo, no se le ha enseñado lo que esos síntomas pueden significar. Mientras para él, cada vez es más notorio el porqué.

Aunque no se lo vaya a decir.

Lo último que quisiera es ilusionarlo con algo que, tal y como ha dicho Deku, podría efectivamente solo deberse a que la cena le cayó mal.

Espera que la visita de sus consejeros termine aclarar esas dudas.

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12: 17 hr.

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Cuando Emi se quita el traje, Katsuki observa el momento exacto en que Deku olfatea, contrae el rostro y cubre su boca con la garganta contrayéndose. No lleva nada el estómago, por lo que lo único que sale, es un sonido gutural que él camufla tosiendo.

El medico saluda asintiendo con el rostro. La mujer saluda efusiva como siempre y empieza una charla sobre cómo ha sido su camino hasta ahí, el clima, los animales que vieron cruzando la pista. Todo es un preámbulo a la pregunta que en verdad quiere hacer.

– ¿Creen que ahora sí? – inquiere, extendiendo una prueba de embarazo que ha sacado de su guardapolvo.

Izuku suspira cansado de que aquella escena se repita visita tras visita sin resultado alguno. Camina hacia el cuarto de baño con los mismos ojitos resignados de siempre. Shota intercambia una mirada con la mujer y ella decide seguir a Izuku a tomar la muestra.

Katsuki no es particularmente conversador, el medico tampoco y el silencio se instaura en medio de ellos al quedarse solos. El alfa camina por el largo de la mesa tamborileando los dedos sobre la madera, distraído.

– Quizás – Aizawa rompe el ambiente sosegado. Su voz sale suave, casi un susurro mientras camina casual hacia la ventana del comedor – es una posibilidad ínfima, pero quizás, Emi y yo seamos cambiados de puesto.

– ¿Eh? – Katsuki frunce el ceño – ¿Cómo? ¿Por qué?

– Como dije, es solo una posibilidad. Incluso, puede que no nos cambien, pero vengan otras personas a hacer preguntas. Los detalles no los puedo dar. – Se gira a verlo – Se que tú e Izuku han sufrido cambios más allá de los físicos, que no encajan dentro de los parámetros de un humano promedio. – Camina de regreso hacia él – No comentes eso con nadie que no seamos nosotros.

– ¿Cuál es el problema si lo hago?

Silencio.

El mayor resopla por la nariz, con algo de sorna.

– Si no quiere vivir el resto de tu vida en un laboratorio, obedece. – Oye la puerta del baño abrirse. Camina hacia el maletín que ha dejado sobre el sofá. – Necesito que te desnudes. Solo quédate con la ropa interior. – Katsuki arque una ceja al notar como rápidamente ha cambiado el tema en cuanto Emi e Izuku han retornado a la sala.

Aun con la noticia revoloteando en su cabeza, obedece sin pedir explicaciones. No quiere alterar a Deku hasta tener el resultado de esa prueba.

La mujer le observa sorprendida. Claramente no esperaba un cambio tan rápido en él. Shota le toma medidas y le pesa. Hace preguntas sobre cuando empezaron los cambios, los dolores que comentó en sus huesos y Emi debe ausentarse unos minutos en los que el medico inspecciona aquel bulto que ha aparecido en la base de su miembro.

Izuku es quien más se sonroja.

Para finalizar, necesita una muestra de sangre. Katsuki queda a medio vestir y deja que la aguja ingrese en su antebrazo. Izuku observa hacia el lado opuesto, con el rostro contraído y otra arcada que se obliga a controlar. La extracción termina, Aizawa pone una curita sobre el pequeño agujero que ha dejado la aguja e inmediatamente Izuku lame sobre ella. Katsuki le ha visto hacer eso antes, cuando se ha cortado o golpeado, pero solo ahora es capaz de descifrar el significado. El aroma de Izuku en ese momento huele a protección, cariño y sanación.

¿Es ese uno de los cambios a los que se refería Aizawa?

– ¡Ya está! – El grito chillón de Emi arremete contra la tranquilidad que se había formado. Todos giran a verla. Tiene la prueba en sus manos, elevándola en lo alto – ¡Felicidades!

Izuku tarda unos breves segundos en procesar la información. Sonríe en cámara lenta, da un salto feliz y abraza a Kacchan, colgándose de su cuello. El alfa le sujeta, alzándolo del suelo.

Es la primera vez que sus consejeros le ven sonreír.

Emi se enternece con la escena. Sus ojos viran hacia Shota, entrecruzan miradas y la sonrisa pierde centímetros de alegría. Ambos saben que esa noticia puede traer a la pareja muchos años juntos, felices y en paz. Así como también, puede ser la causante de que toda esa armonía se desquebraje.

Llevándose a todos los involucrados consigo.


Nota de la autora:

Inicialmente, esta parte terminaba con una escena crucial. Hasta que empecé a escribirla a consciencia y me di con la sorpresa que solo la mitad, tenía 11k de palabra xD Así que dije, cortémoslo aquí.

Sobre la historia, finalmente tiene lo que necesitaban para poder estar juntos. Puede que el hecho de tener un hijo lo vean como un acto sin muchos sentimientos de por medio. Algo que se debe cumplir, porque se les ha impuesto que así sea. Peeeero... es que aquí es donde entra un punto básico de los omegaverse: El instinto.

Por otro lado, no lo mencione antes, pero habrán parejas secundarias. Por lo pronto tengo tengo KiriKami y MiriTamaNeji (sí, de a tres)

¡Gracias por los reviews!

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