Confinamiento


PARTE III


Miércoles 16 de octubre.

22:45 hr.

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Aizawa nunca soñó con ser médico. Verdaderamente, nunca soñó con nada como todos ahí. Fue el segundo hijo de una familia de seis. El segundo del primer matrimonio de su madre. Ella volvió a ser emparejada luego de que su padre se quitara la vida, cansado de la opresión ejercida sobre él día a día.

La nueva pareja de su madre era un hombre mayor y venia de una situación similar; con la diferencia, de que ella era su tercera esposa. Entendieron el porqué del final de sus dos últimas parejas cuando al cabo de un mes, la violencia empezó a imperar en el hogar. No había mucho que hacer, la violencia no era un sustento de divorcio si la familia continuaba creciendo y su madre al poco tiempo, ya estaba embarazada.

A los doce años, había dos nuevos integrantes en su familia y las peleas seguían siendo cosa de todos los días. A los catorce, su hermano mayor partió y un año después, recibieron una carta. La única información que las familias recibían de sus hijos luego de partir, era cuando fallecían.

Su hermano tomó el mismo camino de su padre.

Siempre supo que el trabajo ahí fuera no era fácil. Lo vio en su padre, lo veía en su padrastro que se ahogaba en alcohol que conseguía de manera ilegal, siguió con su hermano y ahora, tenía certeza de que seguiría él.

A los dieciocho años, Shota recibió una carta, pero no la que esperaba.

Sus calificaciones habían sido sobresalientes en comparación de la media de alumnos, esto le había abierto una posibilidad que no había barajado antes. No había forma que lo hiciera, nadie le había hablado nunca de la universidad y si bien entendía que existían profesionales (veterinarios, médicos, ingenieros, etc) se sobreentendía que todos ellos pertenecían a ciudad central y no al hijo de un agricultor de un poblado x.

Una semana después, partió a ciudad central. Un examen decidió su futuro como médico, pero poco importaba. Shota había quedado maravillado con las libertades que las personas poseían en esa urbe encapsulada bajo un domo que les proveía de oxígeno limpio. Había mercados, tiendas, restaurantes. Las personas interactuaban entre ellas y no se mantenían mudas unas al lado de otras como su padre le contaba que trabajaba.

¿Cómo podían existir dos realidades tan distintas en un mismo territorio?

La pregunta quedó en el olvido cuando empezó a disfrutar de esa libertad e ignorar su vida pasada.

Durante años se dedicó a sus estudios. Luego fue residente en el hospital de la universidad, pero fue cuando se le envió a un hospital de un poblado, que el sueño se acabó. Nuevamente se veía confinado en una edificación, imposibilitado de andar con libertad por las calles. Entonces, inicio una pequeña investigación propia sobre el porqué el aire ahí fuera era mortal para ellos, pero no para los animales. Leyó cientos de tesis que trataban el mismo tema y dejaban conclusiones poco claras.

Sus investigaciones llegaron a oídos del médico en jefe, quien lo transfirió a un laboratorio en donde sus aportes serian de mayor ayuda.

Shota jamás imagino lo que vería ahí.

Si le sorprendió enterarse sobre los experimentos en humanos que se realizaban en dichas instalaciones, la piel se le terminó por escarapelar al ver el trato que se ejercía sobre a estas nuevas "razas".

Alfas y omegas, les decían.

Monstruos, eran otro de los adjetivos con los que les llamabas, sin percatarse que los verdaderos monstruos, eran ellos mismos. Era sabido por todos, que muchos omegas eran abusados ahí dentro, sobre todo las hembras. El caso de los alfas era distinto, al ser agresivos y territoriales, eran enfrentados en luchas de las que solo uno sobrevivía. Era todo el entretenimiento que encontraban ahí dentro.

Suspira. Masajea su entrecejo, liberando su mente de recuerdos que ya no venían al caso.

Ahora la situación iba dando cambios pequeños gracias a su paciente estudio. Había tomado tiempo plantear alguna solución. Tomar confianza con los omegas y alfas era sumamente difícil. Ninguno quería mantener una conversación con ellos, les veían como amenazas y con justa razón.

La respuesta con los omegas, fue paciencia.

Poco a poco, el acercamiento a estos seres fue fluyendo, pero la respuesta definitiva a sus dudas, llegó junto a la única pareja Alfa-omega del laboratorio. Por alguna razón que aún se encontraba en estudio, este alfa había mordido a su compañera, generando entre ambos una unión tan fuerte, que había llevado a los propios investigadores a mantenerlos juntos.

Lo curioso del caso, era la dinámica que manejaban. Los omegas temían a los alfas, por eso únicamente se les juntaba durante el celo. Sin embargo, la omega marcada, no temía al alfa con el que convivía. Se mostraba cariñosa, atenta. El sexo no se limitaba al celo entre ellos, lo cual era un buen signo para lo que ellos buscaban.

Fue entonces que propusieron una interacción más natural entre alfas y omegas. Un acercamiento menos forzado. Resulto fatal. El problema, era el mismo que ellos tenían con los alfas.

Miedo a su agresividad.

Los omegas se asustaban, los alfas abusaban de su posición de superioridad.

Entablar conversación con una persona que había vivido en solitario gran parte de su vida, que contenía en su interior un temperamento inestable, era casi imposible. Muy pocos alfas eran capaces de mantenerse calmados; usualmente, eran sedados cuando se les quería sacar de sus celdas. Por lo que intentar algo con ellos, era una tarea casi imposible.

Finalmente, se decidió por usar a los alfas recesivos, solo hombres en esa primera etapa de estudio. Ellos habían sido criados en ambientes familiares, no poseían comportamientos agresivos, pero si la capacidad de preñar a un omega. Y aunque se necesitó una ayudita para lograrlo, el proyecto iba dando frutos. A pocos meses de haber vuelto a esos hombres, alfas en su totalidad, cuatro de seis omegas ya estaban embarazados.

Lamentablemente, son resultados que Shota viene guardando recelosamente, filtrando que tanto informar y que tanto no. Teme que la impaciencia y poca empatía de altos cargos, termine por desbaratar esas uniones que con tanto esfuerza se ha conseguido.

Espera poder probar sus teorías antes que ese día llegue.

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Jueves 2 de noviembre.

09: 15 hr.

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Izuku ve su cuerpo reflejado en el espejo. Gira de lado, las manos acariciando su vientre que a penas y se muestra abultado. Luego de conocer sobre su embarazo, han tenido otra visita de sus consejeros. Le han tomado muestras de sangre y una ecografía en la que midieron al bebé, dando con que tenía cinco semanas de embarazo.

Hace dos días ha cumplido doce semanas y hoy espera su tercer chequeo, donde finalmente oirán los latidos de su hijo.

Vuelve a acariciar su vientre, esta vez, simula inflarlo con su respiración. Quizás fuera producto de todos esos experimentos por los que ha pasado su cuerpo o asimilación final de la idea que implantaron durante años en él, pero ya no veía ese embarazo como un fastidio o castigo. La idea le agradaba, moría por ver su vientre ya crecido, tener a ese pequeño ser entre sus brazos.

Tan emocionado como él, también lo estaba Kacchan. Lo olía en su aroma cada mañana al despertar. Emoción, paternidad, protección. Izuku solía acurrucarse en su perfume, pidiendo cinco minutos más de sueño junto a su pareja.

– Dek... – Katsuki ingresa a la habitación. Izuku le mira por sobre su hombro, tras él. – Otra vez mirándote en el espejo – afirma el cenizo, abraza al menor por la espalda, las manos sobre las que tiene en su abdomen. – Aún faltan meses para que veas algún cambio.

Izuku aspira hondo, siente la felicidad de su pareja en el aire.

– ¿Qué nombre te gustaría ponerle?

Katsuki respira suave.

– Si es mujer – lo piensa un poco – Mitsuki.

– Va a ser hombre

El alfa bufa.

– Eso no puedes saberlo.

Izuku hace un puchero, gira sin romper el abrazo.

– Es mi cuerpo, claro que lo sé.

Katsuki rueda los ojos, con una sonrisa burlona en los labios. Besa su frente, no va a discutirle nada; si su omega quiere soñar, soñará cuanto quiere. De hecho, él mismo se lo permite.

– Entonces que sean dos, Massaru y Mitsuki.

– Es imposible que tenga dos, Kacchan – dice entre risas, pensando en lo improbable que seria que su cuerpo pequeño incubara a dos bebés dentro.

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15: 10 hr.

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Izuku se acuesta en el sofá como lo ha hecho ya dos veces antes. Alza su camiseta, dejando su abdomen al aire. Baja su pantalón de franela hasta la altura de la pelvis. Katsuki toma asiento en el brazo del sofá, a un lado de Izuku. Una de sus manos desciende sobre la mejilla del omega, haciéndole sonreír y aromatizar el ambiente con su dulzura.

Emi, que luce tan emocionada como ellos, aplica un chorro de gel sobre el pálido abdomen de Izuku. Los hombros de él se escarapelan al sentir el frio en su piel y suelta una risa junto a la mujer. Shota coge el transductor, lo dirige sobre el vientre y le deja deslizarse con ayuda del gel.

En la pantalla empieza a toma forma el interior de Izuku. Un área negra en medio de todo el plomo y dentro de este, otra pequeña mancha plomiza.

– Ahí está su bebé.

Emi suelta un grito emocionada. Izuku nuevamente está al borde de las lágrimas, tal como sucedió la primera vez que se lo mostró.

– Sigo viendo una mancha negra.

– ¡Kacchan! – golpea la mano con la que le acaricia – Ahí esta – señala la pantalla con su índice – es muy pequeñito.

Y Katsuki, por más que lo intenta, no ve nada.

El médico presión duro sobre el vientre, va de un lado a otro. Izuku suelta un quejido bajito, con un litro de agua en su vejiga, es incómoda la presión que ejerce. Ve como se desliza el aparato sobre su vientre, da vueltas por un lado, luego por el otro. La imagen que ve Izuku en la pantalla, continúa siendo la misma. Shota presiona algunas teclas, hace zoom, toma medidas al embrión dentro y luego, vuelve a mover el aparato.

– No puede ser... – murmura Emi.

– ¿Sucede algo? – Es Katsuki quien finalmente pregunta al percibir el aroma a confusión en su omega.

El mayor ignora la pregunta, deja el transductor de lado y toma otro aparato. Presiona el audio y en la casa retumba el latido del bebé. Izuku se gira a ver a Katsuki, sus miradas brillan al oír ese agitado corazón.

Su hijo.

El sonido se detiene. Mueve el aparato hacia el lado opuesto de donde ha venido el sonido, nuevamente se oyen los latidos.

Shota y Emi se miran. El mayor asiente y antes de que Katsuki pueda preguntar algo, la mujer grita con su voz chirriante: – ¡Son gemelos, Izuku! ¡Gemelos!

El medico retira el micrófono de su abdomen. Emi toma un par de toallas de papel y limpia el abdomen de Izuku, en tanto sigue canturreando de la emoción.

– No entiendo. – el menor toma asiento en el sofá.

– Estas esperando dos bebes, Izuku. Raras veces se ha llegado a ver en omegas. – dice Emi emocionada.

La pareja se gira a ver al médico, expectante de su respuesta

Shota asiente, logrando iluminar el rostro incrédulo de la pareja.

Los embarazos gemelares en omegas son verdaderamente extraños. Es sabido que cuando el proyecto omega y alfa estaban iniciando, se hacían inseminaciones artificiales, dando como resultados embarazos múltiples. Sin embargo, estos corrían la suerte de la gran mayoría de las inseminaciones: perdidas. Solo ha visto dos de estos embarazos logrados de manera natural. El primero, terminó en un aborto espontaneo a las quince semanas. El segundo, fue durante el parto. Un bebe logro nacer, el segundo tardo demasiado y aunque aplicaron una cesárea de emergencia, fue demasiado tarde. Perdieron al segundo bebe y a la madre. Por ello, de todo salir bien con Izuku en los próximos meses, ha de programar una cesárea para su parto.

Por lo pronto, hay otro tema importante que tocar. En su última visita tomó muestras de sangre de ambos. Los exámenes de Katsuki salieron normales, era un joven saludable de diecinueve años, mientras que Izuku mostraba un bajo nivel en el conteo de glóbulos rojos. Tenía anemia y aunque no llegaba a un límite grave, esta podía empeorar si no tomaba medidas inmediatas.

– Tus exámenes de sangre muestras una baja en tus niveles de hemoglobina, Izuku – el medico toma su maletín, hurgando dentro de el – Esto puede traer complicaciones durante el embarazo, así como en los bebes una vez que ellos nazcan.

Shota sostiene una jeringa junto a una ampolleta. Izuku se tensa, instintivamente se aleja de aquello que él ve como peligroso. Retrocede su cuerpo cerca de Katsuki.

– Es solo hierro, de esta manera tu cuerpo producirá suficiente hemoglobina. – rompe la cabeza de la ampolleta e introduce la jeringa, absorbiendo el líquido en su interior. – Es importante para el desarrollo los fetos y tu propio bienestar.

– No lo quiero. – abraza su abdomen.

– Izuku, no vamos a dañar a tus bebes, ni a ti. – la bióloga intenta calmarle.

Reacciones como esa son cosa de todos los días en el laboratorio. Los omegas son muy temerosos a todo lo que se les inyecta, ya que, en ocasiones, no lo hacen por su bien. Sino que prueban medicamentos experimentales en ellos sin proveer el desenlace que estos puedan traer. Como ratas de laboratorio.

– No. – continúa retrocediendo, ocultándose tras el brazo de Kacchan.

Aunque Izuku les conoce y sabe el interés que tienen en sus hijos, no puede evitar que la desconfianza surja. Sus recuerdos relacionan esas inyecciones a malas situaciones. El más vivido, fue el medicamento que le inyectaron a Kacchan, del cual también dijeron que solo traería cosas buenas.

– Es para tu bien. – el medico da unos golpecitos a la jeringa. La presiona hasta que unas gotas salen de la aguja – necesito que te pongas de pie.

– Todo va a estar bien, Izuku– Emi se acerca despacio, queriendo acariciar el brazo del omega. Sin embargo, antes de lograr tocarle, es alcanzada por la mano de Katsuki, que le toma del cuello y la avienta sobre Aizawa.

Katsuki se pone de pie, da un paso al lado del sofá, cubriendo a Izuku con su cuerpo. Ha sido un espectador paciente, pero el aroma de Izuku ha ido espesándose conforme sus consejeros fueron insistiendo. Miedo, angustia, desesperación. La fragancia ha avivado en él un sentimiento que hasta ahora creía oculto.

Ira.

Una fuerza potente emerge dentro suyo. Un ser casi disociado a sí mismo, una vocecilla que le insta a proteger a su omega y si este no quiere a ese par cerca suyo, Katsuki ve como prioridad, que se cumpla el deseo de Izuku.

Emi se alza con ayuda de Aizawa, ve en sus ojos el miedo impregnado y eso le envalentona.

Da un paso adelante.

Sus consejeros retroceden.

Los ojos del alfa viran hacia la mano del mayor. La jeringa continua ahí. La misma, que Izuku no quiere cerca de él.

Aizawa la arroja hacia los pies de Katsuki.

– Tranquilo – Katsuki da otro paso, justo sobre la jeringa. La siente comprimirse bajo su peso hasta estallar – estas asustando a Izuku.

Aquella apreciación es suficiente para hacerle detener. Aspira. El aroma temeroso de Izuku continua palpable en el ambiente, sin embargo, esta vez ese miedo no va a dirigido a sus consejeros.

Observa de lado al menor. Izuku abraza sus piernas, haciendo un ovillo de su cuerpo. Le mira con los mismos ojos que Emi.

Lo siguiente, es una dinámica que Aizawa ha visto en la única pareja alfa-omega que han mantenido unida en el laboratorio. Katsuki baja los hombros, encorvado, procurando lucir menos intimidante. Camina despacio hacia Izuku, hincándose un poco más a cada paso, hasta quedar en cuclillas frente al omega. Muestra su nuca e Izuku se acerca, frota su mejilla en ella.

Al igual que los animales que agacha la cerviz cuando uno quiere mostrarse manso frente al más fuerte. Los omegas suelen hacerlo hacia los alfas, al reconocerlos como sus superiores. Sin embargo, ha descubierto que es un acto que también hacen los alfas hacia otro más fuerte o, como es el caso de ahora, hacia su omega. Buscando reconfortarlo, mostrándose manso e inofensivo.

...

Lunes 6 de noviembre.

12:36 hr.

...

Termina de meter el cesto de ropa sucia a la lavadora.

Katsuki frota su rostro, luego apoya las manos sobre el electrodoméstico que vibra al ejecutar su labor. La escena de días atrás le sigue persiguiendo. Ha notado desde un inicio los cambios que han ido sucediendo con su cuerpo a causa de la medicación que le inyectaron. Crecimiento, robustez, fortaleza, olfato. Pero más allá de los físicos, también se había percatado de los pequeños cambios internos.

Por momentos, era como si su mente se disociara y una ruma de pensamiento le cayera encima. Había notado, que la mayor parte del tiempo, se resumía en protección. Su mente murmuraba cosas sobre salvaguardar a Izuku y sus hijos sobre todas las cosas. Con su vida de ser necesario. En ocasiones, ha tenido pensamientos insanos cuando Aizawa se le ha acercado de más al omega. Cosas que quizás no había pensado antes, pero que eran manejables.

Sin embargo, el día de la visita, todo se había volcado de una manera anormal. El aroma de Izuku a miedo había terminado por detonar aquello que habitaba en él. Una fuerza avasalladora le había movido alejando a Emi, que en ese instante para él significaba peligro. Sintió la ira correr dentro suyo, las ansias de atacar a quienes habían perturbado a su omega y, de no haber sido porque Shota le hizo ver que su temperamento asustaba a Izuku, hubiera continuado.

Katsuki admite nunca haber sido la epitome de la calma y pasividad, se considera un gruñón, malhablado y a veces patán, pero jamás ha tenido un comportamiento agresivo. Su madre se lo hubiera quitado de un par de golpes. Por lo que solo puede atribuírselo a la medicación y aunque quisiera tener certeza de ello, no puede preguntárselo a nadie.

Aun cuando sus consejeros le habían visto en ese estado, Aizawa había sido claro que no debía comentárselo a nadie.

¿Qué sucedía si otros lo llegan a descubrir los cambios que había tenido?

Teme que la respuesta a esa pregunta termine por lastimar a Izuku. O peor aún, que le separen de la que ahora es su familia. Al fin y al cabo, aquella convivencia no es más que parte del experimento al que pertenece Izuku. No necesita ser un erudito en el tema para darse cuenta que al no estar casados, no hay un solo registro que afirme la unión que ambos tienen. Una unión de manera legal, por lo que toda la información que hay de ellos, es la que Shota y Emi poseen.

Camina hacia la sala y se queda de pie en el marco de la puerta. Ve a Izuku, que está sentado frente a la ventana, mira el bosque detrás de la casa. Trae un block en las manos en donde dibuja lo que ve afuera.

Su nuevo pasatiempo.

Se acerca hacia a él, hincándose de rodillas tras su espalda. Izuku continua con sus trazos, Katsuki roza la punta de su nariz en la nuca del menor. Izuku huele a menta, manzanilla y miel. Todo él expira esa fragancia, sin embargo, su nuca se alza como la fuente que emana aquella dulzura. El aroma le resulta atrayente, exquisito. Lame la piel, antojándosela.

– Kacchan... – se queja, empujándole con el hombro.

El cenizo continua. Pasa las manos por su cintura, atrayéndole más a su cuerpo. Da pequeñas mordidas en la nuca de Izuku.

– Kacchan – quiere sonar tan serio como al inicio, pero una risita se le escapa y da pie a que Katsuki termine por jalarle hacia atrás, sobre sus muslos. – Basta – ríe más fuerte cuando el cenizo riega besos por sus mejillas y cuello.

Izuku intenta alejarle con las manos, mas no lo logra y termina abrazándole del cuello. Entierra el rostro en el borde de sus cabellos cenizos, asimila su aroma a alfa. El que siente ahora, dista del que olio en el momento que intento atacar a Emi. No han tocado el tema desde ese día, para Izuku resulta muy confuso. No logra comprender como el Kacchan dulce y amable que tiene ahora entre sus brazos, puede, de un momento a otro, tornarse en un ser tan irascible.

Inhala profundo. Ese día, Katsuki olía agrio, a furia y picaba sus fosas nasales al punto de resultarle más atemorizante que la inyección misma que querían ponerle.

Por un segundo creyó, que se transformaría en esa bestia carente de juicio de la que hablaban otros omegas en el laboratorio.

No fue así y pronto retomó esa calidez y cariñoso de siempre.

Katsuki toma distancia, Izuku deshace sus pensamientos, centrándose en los labios de su pareja que buscan los suyos. Se deja llenar de besos y envolver en los mimos del mayor. No hay más vueltas que darle, pues si Katsuki actuó como actuó, fue por protegerle.

Y en el fondo, tras el miedo que pudo originarle, le está agradecido.

Prrr.

El alfa se distancia leve, curioso por la vibración que acaba de sentir. Izuku le mira neutral. El sonidito ha desaparecido.

– ¿Qué fue eso?

– ¿Qué?

Agita el rostro, olvidandolo. Le sonríe calmo y lleva una mano al rostro del omega, acaricia su mejilla y lóbulo. Izuku cierra los ojos, la caricia le derrite.

Prrr.

Nuevamente el sonidito acompañado de la dichosa vibración. Esta vez, es consciente de donde proviene: Las cuerdas vocales de Izuku vibran bajo su palma. Ensancha la sonrisa, incómodamente risueño. Es extraño, pero algo dentro suyo disfruta del ronroneo. Su alfa lo traduce a comodidad, confianza y felicidad.

Retoma el abrazo e, inconscientemente, imita el pequeño prrr del omega.

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Lunes 25 de diciembre.

09:45 hr

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El miembro duro de Katsuki, se frota entre sus muslos. El pecho agitado golpetea contra su espalda desnuda. La piel sudorosa se pega, los suspiros suaves que salen de sus labios, nadan por sus tímpanos hacia las tumultuosas aguas del deseo.

Izuku tuerce parte de su torso hacia atrás, besa a Katsuki en los labios, saboreándole. Las manos del alfa masajean el vientre. Estando cerca de cumplir las veinte semanas y con dos bebés dentro, su abdomen ha crecido notoriamente, limitando las posturas que puede usar tanto para dormir, como para el sexo. Toma la dureza del alfa con una mano, las falanges delgadas acarician el tronco guiándolo hacia su centro. Su tacto percibe a Katsuki tensarse.

Desde que tuvieron la noticia del embarazo, Katsuki se ha mostrado reticente al sexo y, cuando este es inevitable, a penetrarle. Su aroma le advierte del temor a lastimarle, a él y a sus bebés. Izuku no negaría que ha tenido el mismo sentimiento, sin embargo, también trae la libido a tope y solo caricias de su alfa no logran saciarlo. Emi ha dicho que, pasada las 12 semanas, no tiene mayor riesgo el sexo, siempre y cuando no sea un acto brusco e Izuku piensa seguir el consejo. Mueve las caderas contra la pelvis de Kacchan, su interior se estremece mientras el mayor se abre paso en él.

Le libera del beso y suelta un suspiro largo.

Katsuki baja por su cuello, lame la piel salada y ese sabor oculto que trae su ser. Toma el brazo de Izuku, lo pasa alrededor de su cuello, quedando muy cerca de su pecho. Antes, aquella zona era plana, la piel pegada al hueso, ahora en cambio, había tomado volumen y sus pezones oscurecidos. Succiona el pezón cercano a él, la sensación de hundirse en una superficie esponjosa es encantadora. Izuku gime hondo y él chupa con mayor fuerza. Unas pocas gotas de leche ingresan a su boca, sabe extraño. Izuku le interrumpe, deshace la posición alzándose sobre sus codos. Katsuki le ayuda a erguirse y quedar de rodillas en la cama.

El omega le insta a acostarse nuevamente y sube a horcajadas en él. Una vez más, es Izuku quien le guía dentro suyo, desciende con una lentitud tortuosa para ambos, deseosos por dejarse llevar por el placer. Cuando siente sus glúteos tocar la pelvis del alfa, Izuku comienza a moverse en círculos. Intercala con pequeños saltitos, sus manos viajan sobre su propio cuerpo con total desparpajo.

Katsuki solo le observa, muerde su labio inferior. Acaricia la dermis de sus muslos de manera superficial, sus yemas apenas y rozan la piel, pero aquello parece sobre estimular el cuerpo de Izuku, que tira el cuello hacia atrás y sus gemidos toman mayor fuerza en la habitación. La imagen le tienta a moverse. Tomarle de las caderas y enterrarse con rudeza dentro de él. Mas no puede actuar de esa manera, se controla y únicamente mira el rostro de Izuku desdibujarse ante el placer que el mismo busca. El omega contornea su cuerpo, apoya las manos sobre los muslos de Katsuki, tomando impulso. Agita las caderas, por momentos rápido, otras, más despacio.

Cuando el orgasmo empieza a aglomerarse en su centro, Katsuki finalmente le coge de las caderas, mas no para alcanzar mayor profundidad, sino que le alza en el momento justo que siente el nudo hincharse en la base de su pene. Anuda en la nada, en tanto sumerge una de sus manos entre las nalgas del omega y la otra aprisiona su erección. Izuku se sujeta de la cabecera, arquea la espalda, víctima de espasmos por lo cercano que esta del clímax y son solo segundos en los que su cuerpo termina por derretirse entre las manos de su alfa.

Su vientre colgando pesa y le fuerza a tomar asiento sobre Katsuki nuevamente. El pecho agitado, piernas temblorosas y una mano acariciando el nudo del mayor contra su espalda. Ambos se miran sin decir palabra, los labios entreabiertos respirando entrecortados, intentando regularse.

Katsuki vuelve a acariciarle el vientre. Sus orbes recorren el cuerpo entero de su pareja. Ha subido unos kilos propios del embarazo, sus mejillas se encuentran más redondas, muslos y brazos torneados, trasero regordete. No tiene palabras para expresar lo hermoso que luce Izuku embarazado.

De pronto siente un golpecito bajo su palma. Sus ojos buscan a los de Izuku, él le sonríe y pone su mano sobre la de él.

– Está pateando – le explica – suele hacerlo mientras duermo. – Desliza las manos de Katsuki hacia donde él siente los bebés patean.

Katsuki sonríe asombrado. Izuku lo hace también, pero más por el rostro de Kacchan, que por los movimientos de sus hijos. Los ha sentido antes, concretamente, en tres ocasiones; mas todas fueron durante la noche y para cuando despertaba, ya había olvidado comentárselo a Kacchan. Había notado que los bebés solían hacerlo cuando se acostaba en alguna posición en la que presionaba su vientre. Como si se quejaran.

Ríe.

– ¿Qué?

– Creo que está pidiendo que paremos.

Katsuki también ríe, sus manos permanece acariciando el vientre. Las pataditas continúan unos minutos más.

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13:36 hr.

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El horno aún está cociendo el pollo, el arroz ya está listo y la sala limpia. Katsuki se deja caer sobre el sofá. No imagina como su madre podía hacer todo aquello sola cuando él aún era pequeño.

Quizás, la idea de que su hijo anduviera por casa libre, era suficiente dicha para que ella siguiera adelante. Así como ahora él la siente por su familia y el crecimiento exponencial que tendrá en algunos meses.

Sonríe afable, mientras, oye el sonido de la secadora de cabello en la habitación de arriba. A veces, cuando está solo haciendo las tareas del hogar, se le da por imaginar a los dos mocosos andando por casa. Pensar que meses atrás dicha idea no era más que una de las tantas reglas impuestas en su vida que debía cumplir y ahora se encontraba soñando despierto a diario, acariciando el vientre de Izuku cuando dormía el omega, añorando el momento en que este creciera y la vida dentro suyo fuera más palpable.

La puerta suena del lado exterior. Katsuki oye la secadora detenerse, luego los pasos de Izuku. El omega es el más emocionado con esa visita, lo ha esperado desde la última vez que fueron sus consejeros y le dijeron que, para navidad, ya podría saberse el sexo de sus hijos.

Katsuki se pone en pie a tomar la mano de Izuku cuando está a mitad de escalera. La puerta interior se abre, lo primero en ingresar es un carrito en donde viene el ecógrafo, tras él, sus consejeros empiezan a quitarse los trajes.

– Wow... ese vientre ha crecido mucho. – comenta Emi – ¿Has sentido algún movimiento?

Izuku asiente, una sonrisita jubilosa en los labios.

– Te traje un obsequio – camina cerca al omega. El medico arma el equipo de ecografía frente al sofá.

Emi trae consigo un bolso que le entrega a Izuku. El menor lo abre a su lado, dentro, puede ver ovillos de lana. Una parte suya se siente sensible ante la imagen, pues recuerda haber tejido muchas noches junto a su madre.

– Es para que tejas ropa a los bebés – rebusca en el interior del bolso. Toma unos palitos y un libro. – con esto aprenderás, tiene imágenes.

Abre el libro, mostrándole cómo verlo.

Evidentemente, ellos aun no tienen conocimiento de que Izuku ya sabe leer y escribir.

– Mira, Kacchan.

Izuku se acerca con la sonrisa brillándole de felicidad. Le enseña el libro y los pequeños zapatitos tejidos que hay en él. Comenta algo sobre los ovillos de lana y que hay muchos colores que no ha visto antes.

Le ve emocionado y se permite contagiarse un poco en tanto le ayuda a enumerar todos los colores que hay ahí dentro.

– Muy bien – Shota llama la atención de todos. Sus ojos viajan a Izuku – acomodándote en el sofá.

El omega obedece sin chistar. Ha esperado ansioso ese día únicamente por ese momento. Alza su camiseta. El pantalón de franela ya lo lleva muy al borde del vientre, no logra subirlo más. Katsuki le ayuda a recostarse en el sofá, con la cabeza sobre su regazo. Sus dedos peinan las hebras verdosas hacia atrás, le mira ilusionado por la noticia que le vayan a dar.

Emi deja caer el gel frio sobre el vientre de Izuku. Es bastante grande para cinco meses, algo normal teniendo en cuenta que son dos bebes los que lleva dentro.

Sucede lo habitual, medir a los bebes.

– Diecinueve semanas. Medidas del primer bebé, 16,5 cm – Emi apunta todo lo que va diciendo su compañero – Segundo bebe... 15,9 cm. – termina y antes de cambiar de transductor, da una última vuelta.

Katsuki no es consciente de su sonrisa hasta que siente sus mejillas cansadas. Su mano baja por el cuello de Izuku a la espera de la noticia.

– Ambos son varones.

Izuku suelta un gritito de sorpresa junto a Emi. Sus ojos miran a Katsuki, que sonríe tanto como él. Sinceramente, tampoco le importa mucho que fueran, la emoción deriva de la mayor cantidad de información que posee ahora acerca de sus hijos.

Es el mejor obsequio que les han podido dar por navidad.

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Domingo 29 de enero.

13:00 hr.

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– ¡Kacchan!

– ¡Voy! – baja el fuego de la hornilla, sale de la cocina en dirección a Izuku, quien está sentado en el sofá intentando tejer algo que se parezca a lo que ve en las imágenes de su libro.

– Se cayó mi lana – le señala debajo de la mesa de centro.

Katsuki rueda los ojos.

Suena molesto que le llame para una estupidez que cualquiera podría solucionar. Sin embargo, con su vientre albergando dos bebes de casi seis meses, se le hace imposible realizar una simple tareas como esa. Su vientre luce gigante en comparación a su cuerpo y esto le limita de realizar ciertas tareas.

Por lo que, no importa que tan tonto suene ese pedido, Katsuki se agacha y toma el ovillo que ha quedado debajo de la mesita.

– Gracias, Kacchan – extiende sus brazos, pidiendo un abrazo que Katsuki le da. – eres mi héroe – bromea cerca de su oído.

Katsuki se separa de él riéndose. Pellizca su mejilla por lo burlón que ha sonado y vuelve a su labor de terminar el almuerzo.

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23:48 hr.

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Katsuki se cubre hasta la cabeza con la sabana. Es cerca de media noche, se ha hecho cargo de la casa todo el santo día y ahora, cuando solo quiere descansar, la luz de la lampara de Izuku no se lo permite. Sumado a eso, tiene el ruidillo de los palitos de madera golpeando el uno contra el otro que le está jodiendo la paciencia.

Maldice a Emi por haberle obsequiado esos ovillos de lana a Izuku.

Maldice que le metiera en la cabeza que todas las madres hacen ropones para sus hijos.

Arg.

Se destapa, gira sobre su cuerpo, frente a él se encuentra Izuku semisentado. Esta tan concentrado que ni siquiera le nota la mirada.

– Deku – coge uno de los palitos, deteniendo su labor. Los ojos esmeraldas viran a él – aún faltan tres meses, ya deja eso. Igual van a enviarle ropa y esa lana pica.

– Si me ayudaras a entender estas figuras – toma el libro, colocándolo sobre su pecho– seguro se me haría más fácil.

Chasquea la lengua. Se alza sobre sus codos, tomando asiento con la espalda en la cabecera de la cama.

– Trae acá eso – le quita el tejido junto a los palitos.

Observa la imagen en el libro. Entrelaza la lana en sus dedos, mueve los palitos con precisión. Suena el golpeteo de la madera mientras continua la cadena tal y como la ve en la imagen.

Izuku toma su almohada y se la arroja en el rostro.

– ¡¿Qué te pasa?!

– ¡Sabias hacerlo y no me podías ayudar! – apaga la luz. Se arropa con la sabana y le da la espalda al alfa.

Katsuki suelta un resoplido. Junta las cosas que han quedado regadas sobre la cama y las coloca en el velador. Aspira el aroma de la alcoba, la molestia de Izuku le cosquillea la nariz, queriéndole hacer estornudar.

Vuelve a acostarse en la cama, esta vez, se pega a Izuku por la espalda. Le abraza por la cintura acariciando con cariño su abdomen.

Exhala hondo.

– Luego de que se llevaran los libros de mi casa, no teníamos más que hacer durante el día. – Hace silencio.

Sí, sabia tejer porque su madre le enseñó como una manera de distraerlo en esas noches interminables en la que él le hacía permanecer despierta a la espera de su padre.

¿Cómo iba a querer intentar algo que solo le recordaba momentos tristes?

Su madre le enseñaba con mucho empeño. Le hacía practicar haciendo largas cadenas que luego se unían a otras y otras. El tejido iba creciendo por cada noche que pasaban ahí.

– Cuando papá llegue, va a poder abrigarse con esto.

Papá no va a volver, seguramente quería responderle su madre y, sin embargo, le sonreía y animaba a seguir.

–Papá va a estar muy feliz.

Sube y baja la mano por el vientre de Izuku. Piensa que, en algún momento del pasado, su padre debió acaríciale de la misma manera y esperarle con la misma ilusión que él lo hace ahora.

Izuku siente el aroma del alfa tomar posesión del ambiente. Tristeza, nostalgia, melancolía. No necesita mayor explicación de la que le ha dado para entender su reticencia a enseñarle. Ambos han tenido momentos en sus vidas que no quiere recordar. Él comenta lo mínimo sobre el laboratorio, queriendo que el recuerdo perezca en algún lugar de su memoria; Kacchan hace lo mismo con los suyos. En el tiempo que llevan juntos, ha comprendido que a Katsuki le cuesta hacer cosas que le recuerden la ruptura de su hogar.

Gira el rostro, con una mano acaricia el cuello de su compañero y espesa su aroma dulce, maternal. Izuku comprende que la tristeza de Katsuki no se limitaba a la perdida temprana de su padre, sino por el dolor que él consideraba había ocasionado en su madre al forzarla a esperar por alguien que no volvería.

Masaru y Mitsuki.

Ahora sabia, que los nombres que había elegido para sus bebés, eran los de ellos.

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Sábado 25 de febrero.

15:48 hr.

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– Quédate quieto – tira del tobillo de Izuku, volviendo a acomodarlo sobre su regazo.

– Es que me haces cosquillas – se excusa con entonación risueña.

Katsuki continúa cortándole las uñas. El vientre de Izuku es tan grande ahora, que no logra alcanzar sus pies. Debe ayudarle a bañarse, a vestirse. Es muy complicado que haga alguna tarea extra en el hogar, no solo porque su vientre se interponga entre todo lo que quiera hacer, sino por el peso que tiene. Según el último chequeo, ha subido cerca de diez kilos y la mayor parte es solo su vientre. Continuamente se queja del dolor en su espalda y ni que decir cuando se mueven ambos bebés a la vez.

– ¡Hey! – vuelve a tirar de su tobillo – Quieto.

– En serio me estás haciendo cosquillas. – suelta unas risitas.

– Voy a terminar cortándote un dedo.

– Que exagerado.

El alfa pasa el índice por la longitud de su planta adrede.

– ¡Kacchan! – le golpea suave con el otro pie.

El sonido de la puerta en el primer nivel llama sus sentidos.

– Ya llegaron.

– Sí – le coloca la media – el otro pie tendrá que esperar.

Le toma de las manos, ayudándole a levantarse.

Katsuki baja despacio a su lado, yendo a su ritmo, vigilando que pise bien cada grada. Abajo, sus consejeros les saludan y se alistan. Al último escalón, Emi es la primera en acercarse emocionada de verle el vientre cada vez más grande. Le toca, palpándole sobre la ropa, con la mirada enternecida de sentir una pequeña patadita contra su mano.

Izuku solo le sonríe. Con casi siete meses, ya está más que acostumbrado a sus movimientos y la emoción inicial ha sido suplida por la incomodidad de sentirlos. Constantemente se encuentra anhelando tenerlos entre sus brazos de una vez por todas y librarse de las dolorosas luchas que ambos mantienen dentro suyo.

Toma asiento en el sofá, se acuesta con ayuda de Kacchan y acomoda la ropa tal cual ha aprendido en esos meses.

El procedimiento habitual da inicio.

– Veintisiete semanas – suspira cansado. Es la quinta ecografía ese día. Continua con las medidas de cada bebé y la de su ritmo cardiaco. Intenta ser breve, pues nota en el rostro de Izuku la molestia que le genera la presión del transductor. – Listo – termina el procedimiento y deja que Emi le ayude con la limpieza de su abdomen.

– Hey – mira a Katsuki, quien le ha llamado– ¿Cómo será el parto?

Aquella es una pregunta que ha tardado en hacer, pero que lleva rumiando hace mucho. Usualmente, cada pequeña ciudad cuenta con un centro médico, que, si bien tienen carencias en muchas cosas, su función principal es la ayuda en los partos y cuidados primarios de los bebes y niños.

Sin embargo, esa villa es pequeña, diez casas y nada más. Una villa lejos de todo, en medio de la nada. A él le tomó horas en llegar hasta ahí, a Izuku, un día. Incluso comentó haber hecho escala en el hospital de un poblado cercano en donde pasaron la noche.

– Debemos salvaguardar la vida de Izuku y los bebés, por lo que hemos optado por una cesárea. – Izuku frunce el ceño, sin comprender la palabra. – Es un pequeño corte en la parte baja del vientre.

El omega se encorva asustado y antes de que se desate el caos como la última vez que el miedo sobrepaso al menor, Emi se apresura a calmarle.

– Tranquilo, no sentirás nada. Se te colocará anestesia y Katsuki estará a tu lado.

– ¿Y dónde será? ¿Acá? – inquiere con sarcasmo ante la poca información que continúan brindándole. El medico asiente – me estas jodiendo.

– Un obstetra vendrá con nosotros cuando programemos la fecha.

– Me dices que lo principal es salvaguardar la vida de Deku y los mocosos, ¿Pero van a cortarle acá? ¿Y si sucede algo mal? ¿Si se complica? ¡Estamos lejos de todo!

Izuku se tensa. Abraza su vientre agitado.

– Katsuki – le llama Emi, que está al lado de Deku acariciando muy suave su espalda. La mujer enarca las cejas advirtiéndole que solo altera a su omega.

Katsuki inhala hondo.

– Todo va a salir bien. – le tranquiliza Shota – no es nada complicado.

– Es un corte muy pequeñito. En unas semanas ya ni notaras que estaba ahí. – refuerza Emi – aparte, miren el lado positivo, ambos estarán juntos durante el parto. Si tuviéramos que ir al laboratorio, solo nos permitirían llevar a Izuku con nosotros.

Esa última apreciación termina por calmarle. Saber que podría traer al mundo a sus bebés lejos de Kacchan, en un lugar que no le inspiraba confianza, le aterraba más que saber que le harán un corte para darle a luz o que incluso, ese procedimiento tendría lugar ahí, en su casa.

Katsuki toma asiento al lado de Izuku, en tanto Emi les explica algunas nociones básicas acerca del parto natural y lo poco conveniente que es para un omega primerizo con dos bebes.

Shota guarda su equipamiento, incapaz de aclararles que el protocolo indica que deben llevar a Izuku al laboratorio. Que una cesárea sin el equipamiento necesario es, efectivamente, peligroso; pero que aún con todos esos riesgos, hacerlo ahí es su mejor opción.

No quiere arriesgarse a llevar al omega a un lugar del que luego no pueda salir.

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Martes 28 de febrero.

19:48 hr.

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Katsuki lava los racimos de uvas en el fregadero junto a las demás frutas y verduras. El auto de los víveres siempre llega días después de sus consejeros, entiende que esto se debe a que son ellos quienes seleccionan que alimentos o ropa se les llevará. Cada que abre esa caja que arriba mensual, se sorprende de ver lo bien surtida que está; pues tiene entendido que el estado les brindaba lo mínimo necesario para sobrevivir, los extras solo se adquieren de acuerdo a la cantidad de hijos o si ellos mismos pagaban por ello. Sin embargo, el tiempo que lleva viviendo ahí, nunca les ha faltado nada. Desde alimentos nutritivos, hasta dulces y comida chatarra.

Entendería que es el pago por experimentar con ellos.

Encoge sus hombros, ignorando sus pensamientos y continuando con su labor.

Retira una porción de uvas de la rama, seca y vierte en un plato hondo. Lo lleva hacia la sala, en donde se encuentra Izuku tejiendo sobre el sofá, cosa que ahora hace sin ninguna dificultad. Sonrie de lado de verlo lograr una pequeña meta más en el tiempo que llevan juntos. Deja el plato en la mesita de lado, procurando hacer sonar la losa y que el omega le note.

– Gracias – dice sin perder concentración.

Katsuki se toma unos segundos para observarle. Recostado sobre el respaldo del sofá, piernas abiertas que permiten descansar su vientre cómodamente. La manta que teje le cubre por encima y a la vez, le ayuda a tensar su tejido y visualizar mejor sus puntos. Se le escapa un resoplido, no burlón, sino de verdadera felicidad por toda esa aura que les rodea.

De pronto, la puerta exterior suena y es extraño, porque no se les ha avisado de ninguna visita.

Izuku detiene el tejido, se gira a ver a Kacchan. El alfa queda atento, expectante a que la puerta se abra, esperando ver a Emi o Shota. Son los únicos que llegan ahí sin avisar. Sin embargo, la puerta se abre y lo primero en ver es a los agentes del orden. Uno le apunta con un arma y antes que haga nada, esta se detona, lanzando un par de dardos que se incrustna en su pecho.

– ¡Kacchan!

Lo siguiente en sentir, es una fuerte descarga eléctrica que le hace trastabillar.

Katsuki cae de rodillas. Oye los gritos de Izuku de fondo le impiden sucumbir de lleno a la electricidad. Katsuki lucha por hacerse del control necesario para arrancarse los dardos, pero para cuando lo logra, una voz le paraliza.

– Intenta algo y él se muere.

Katsuki alza la mirada solo para toparse con que han sometido a Izuku de rodillas. El peso que lleva a cuestas le ha vencido, haciendo que apoye sus manos en suelo. Uno de los agentes apunta a su cabeza a su lado. El aroma a terror le quiere hacer perder el control, quiere atacarles tal como lo hizo con Emi y Aizawa y, sin embargo, debe hacer amago de todo su autocontrol. Katsuki termina por ceder al empuje de uno de los agentes. Cae al suelo boca abajo, tiran de sus brazos hacia atrás y le enmarrocan. Uno de ellos le apunta a la cabeza con un arma, siente el cañón golpeando su cráneo.

En total, son cinco agentes los que han ingresado. Todos provistos de trajes duros como escudos, cascos oscuros que no permiten visualizar sus rostros, y armados como si fueran los seres más peligrosos ahí.

El hombre que apunta a Izuku, jala de sus hebras verdosas hacia atrás haciéndole caer sentado sobre sus talones. Izuku gime adolorido y la humedad corriendo entre sus piernas, le hace consciente del miedo que siente.

– La misma advertencia va para ti, omega.

– Revisen la casa, busquen en todos lados, si los encuentran, no los maten, y si hay documentos, no los destruyan.

Los pasos firmes de botas retumban en toda la casa. Pronto llegan a sus oídos el sonido de objetos cayendo al suelo, losa rompiéndose, telas siendo rasgadas.

Katsuki recuerda tan vívidamente esa situación.

El día que intervinieron su casa, fue a su madre a quien sometieron en el suelo. A él lo sujetaba otro agente y no importaba cuanto gritara, pateara o chillara, no le soltaban. Su madre, lejos de alterarse y reclamar por el trato injusto que les impartían, le sonreía recostada en el suelo y susurraba suave que todo iba a estar bien. Aun así, recuerda haber pensado lo peor en ese momento, que se llevarían a su madre y no volvería a verla. Recuerda haber deseado que su padre llegara a salvarlos.

Ahora era él quien veía a Izuku en su posición de la infancia. Las lágrimas surcaban sus mejillas redondas sin emitir sonido alguno. Su miedo es palpable en el aire, la confusión y ansiedad ante la incertidumbre en la que se les tiene. Katsuki se fuerza a calmarse y conseguir estabilidad en lo único que puede tranquilizar a su omega: Su aroma.

Para ellos, la comunicación verbal queda dos pasos atrás a la que su sentido del olfato le da. De nada serviría que Katsuki susurrara las palabras de su madre, si su aroma alterado le delata.

El llanto de Izuku empieza a cesar cuando logra que su aroma sea lo más dulce posible.

– No hay nada arriba.

– En este piso tampoco.

Silencio.

Es lo que más teme Katsuki. No sabe que tan buenas sean esas noticias, si les harán algo o si se llevaran a alguien.

Tras segundos tortuoso, uno de ellos habla.

– Nos vamos – ordena quien le tiene apuntando. – Escúchame – tira de sus cabellos hacia atrás – voy a quitarte las esposas, un movimiento y el omega se muere ¿Entendiste?

Katsuki asiente entre gruñidos.

El agente empuja su rostro, golpeándole contra el suelo de madera. Katsuki no se queja, aunque por dentro esa ira contenida le esté haciendo arder. Las esposas no son limitantes para él, sabe que, de quererlo, podría romperlas con solo estriar los brazos. Podría alzarse en ese instante y atacarlos. Incrustar sus garras en sus cuerpos, rasgar sus cuellos con sus colmillos. Mas no puede, debe tragarse todo lo que siente, mostrarse sumiso porque ellos juegan con su único miedo, que no es lo que a él le pueda suceder, sino, lo que le puedan hacer a Izuku y sus hijos.

Los hombres ingresan uno a uno al ambiente entre las dos compuertas. El agente que le apunta retrocede sin dejar de hacerlo. Luego, le sigue quien sometió a Izuku y no despega la mira de su arma del omega hasta que la compuerta se ha cerrado.

Recién en ese instante, Katsuki puede volver a respirar. Rápido se pone de pie y ayuda a Izuku. Las piernas le tiemblan y su vientre se ha puesto duro.

– Tranquilo, todo está bien.

– ¿E-está bien? – tartamudea aun en shock – Si han venido es porque hemos hecho algo.

Izuku tiene razón. Los agentes del orden están en las fábricas y campos de trabajo, están en los hospitales y en ciudad central. Si van a las viviendas es porque alguien hizo algo indebido.

Pero de ser así, les habrían hecho algo a ellos y no dejarles libre.

"– No hay nada arriba"

Katsuki camina hacia la ventana, corre la cortina unos centímetros y la imagen, termina por comprobar lo que cree. Hay al menos una centena de agentes, unos esperan en la calle, otros salen de las casas. Todas han sido allanadas.

– ¿Qué buscan? – pregunta bajito, Izuku.

Para Katsuki es más claro, porque ya lo ha vivido. Si no les han hecho nada, es porque buscan algo en específico que se relacione a ellos. Si buscan en todas las casas, es porque ese algo, se relaciona con todos.

Traga hondo.

Cierra la cortina y abraza a Izuku.

Lo único que une a todos ahí, son sus consejeros.

...


Notas de la autora:

Capitulo medio rellenito jajajjaja

Necesitaba tocar el embarazo de Izuku, el instinto, un poco de a Aizawa y más que nada, la calma que precede a la tormenta chan chan chan.

Hasta ahora es el más cortito, pero era imposible añadir algo de la siguiente parte, ya que ahi es donde entran en resto de personajes, cosas criticas y ¡Omega al poder!... Si es que todo sale de acuerdo a lo estructurado y no termino pateando la escena a la parte 5 jajaja.

Como mencione, en el próximo capitulo viene KiriKami, MiriTamaNeji y Shoto ¿Con quien? lo tengo y no lo tengo definido xD asi que lo dejo como sorpresa.

Respuesta reviews sin log:

Guest : Bienvenida, personita nueva!Me alegra que te guste la historia y que la hayas releido para mayor goce jajajaja Gracias por leer!