Confinamiento


PARTE III


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Domingo 5 de marzo.

04:19hr.

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Katsuki mira con disimulo a Izuku. Camina ansioso por la sala, acomodando objetos que no necesitan ser acomodados, mientras, sus ojos esmeraldas siempre terminan puestos en la ventana.

Luego de tres días de allanamientos continuos, sin aviso previo, estos han cesado. Sin embargo, el ambiente tenso y lleno de nerviosismo continúa contaminando su atmosfera.

El omega ha intentado conversar acerca de lo sucedido, sacar de su pecho las dudas que le presionan y atormentan. Katsuki ha cortado todas sus intenciones y siente haber cometido un error con ello. Izuku ha estado muy reservado desde entonces, pero su aroma le delata. Tiene miedo, se sabe vulnerable ante el gobierno y la incertidumbre le carcome. Katsuki no está muy lejos de su sentir. Los allanamientos le han hecho consciente de las nulas posibilidades que tiene para protegerle. Posee la fuerza para defenderse, para atacar a todos los que ingresen a su hogar, mas no puede si ellos amenazan la vida de Izuku y sus hijos. Los agentes le han sometido sin mucho esfuerzo.

Siente que recién empieza a conocer el mundo de Izuku. Uno lleno de abusos, dolor y humillaciones.

Katsuki teme. Por él, por Izuku, por sus hijos.

Y, sin embargo, debe tragar el miedo. Debe camuflar su aroma. Debe tranquilizar a Izuku.

– Toma asiento, Deku. Llevas acomodando ese cojín cinco veces. – acota llamando su atención.

– Ellos pueden volver, quiero estar al...

– No lo harán, ya pasaron dos días y no han vuelto – le quita el cojín – Todo va a estar bien.

Silencio.

El aroma de Izuku se infla inconforme.

– No han respondido nuestros mensajes.

El alfa exhala pausadamente.

Tras todo el alboroto sucedido, les han escrito a sus consejeros pidiendo una explicación. Si quiera saber si se encuentran bien. No han recibido respuesta e Izuku se preocupa a extremos que Katsuki prefiere no pensar.

– Deben estar ocupados. – sentencia, dado por terminado el tema.

No tiene palabras para tranquilizar a Izuku. No puede resolver sus dudas cuando él tiene las mismas.

Prefiere ignorar y dejar que mueran con el tiempo.

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Martes 7 de marzo.

10: 45hr

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Apoya ambas manos en el marco de la ventana, sus ojos de océano observan fijo atreves de ella. En medio del ajetreo noctambulo de las luciérnagas, no ve más que soledad invadir la única calle de esa villa. Vacía, tranquila. No más personas merodeando, no camiones aparcados ni luces de ellos brillando en el horizonte.

Aun con esa calma que parece empezar a asentarse, Mirio no encuentra sosiego.

Luego del primer allanamiento a media noche, le han seguido tres días más de lo mismo. Días en los que por un instante su mente a partido de la vida apacible que llevaba en esa villa, para retornar al laboratorio. Tres días en los que se le ha sedado y amordazado como lo hacían antes.

Como el animal que sus cuidadores repetían que era.

Abuso que se ha repetido día, tarde, noche, madrugada.

Ellos buscan algo que piensan está ahí. Es curioso cómo ni con todas sus armas y experimentos sofisticado, pueden dar con aquello que es a todas luces una amenaza para el juego de ser dios en el que se han involucrado. Si tan solo supieran que ese algo se perdió hace mucho entre animales salvajes y el verde que les rodea.

Esboza una sonrisa.

Sarcástica y rota.

Un día antes de que la villa fuera azotada por la incertidumbre, Shota había tocado a su puerta de madrugada. El medico venia sin su acompañante habitual, tampoco había un auto que le esperara afuera. Su comportamiento escapaba del frecuente, era errático y hablaba con una locuacidad impropia en él.

Arrestaron a Emi.

La misma suerte corrió el medico que se encargaría de los partos y el equipo al que lideraba.

Solo quedaba él y pronto, ya no lo haría.

El medico había llegado hasta ahí, con la única misión de encomendarle a él y a su pequeña manada, la vida de las parejas de esa villa. Aizawa vociferaba ideas, teorías sobre cosas que se habían probado ya sin éxito. Mirio le oía con escepticismo, toda palabra que salía de sus labios sonaba descabellada. Siendo lo único claro, el peligro que corrían de ahora en más al continuar viviendo ahí.

Presiona con fuerza la madera bajo sus manos.

¿Qué se supone haría ahora?

Las palabras de Shota eran totalmente inverosímiles.

¿Cómo podría él ayudar al resto?

¿Cómo podría él ayudarse a sí mismo?

La vida de Mirio se ha limitado a servir como conejillo de indias de distintos experimentos. Ha nacido en un laboratorio, ha creído ahí dentro. Se le ha informado de su destino como alfa a los cinco años y a los trece, ya era una fiera de la que cuidarse. Agujas, drogas, experimentos. Mordazas, cadenas, electricidad. Castigos y recompensas. Ha luchado contra otros alfas por su vida y renunciado a parte importante de su género, por sus omegas.

A sus veintiún años, solo anhela una libertad de la que desconoce sabor.

¿Pero a qué coste?

– ¿Mirio? – el alfa mira sobre su hombro. Tras él, vislumbra una figura femenina aproximarse lentamente. – ve a dormir, yo hare guardia.

Nejire es su primera omega. La hembra de ojos vivaces y pequeño cabello celeste, posee la fuerza y fiereza digna de un alfa. De espíritu vivaz y poder sinigual, Mirio no confiaría en nadie más su vida y la de su pequeña manada.

El alfa la abraza con el cariño que no pensó tendría nunca hacia otro ser. La hembra frota las mejillas contra su pecho en un intercambio de esencia que haga sentir al otro, la no ausencia de su pareja por el lapso de horas que queda hasta el amanecer. Mirio la libera del abrazo, adentrándose en el mullido nido de mantas y ropas que su otro omega a formado sobre el lecho.

Tamaki es su segundo omega. Uno macho, menos enérgico que Nejire, algo tímido y retraído. Él dará a luz a su primer cachorro en unos meses y las sonrisas se le quedan cortas cada que se imagina al pequeño macho entre sus brazos.

Siente que es lo único que llena de esperanza su vida en esa situación.

Envuelve al omega con su cuerpo. Se acerca con delicadeza, lame su mejilla y extiende su aroma sobre él. Posesión y protección. Tamaki se queja bajito, incomodo de que interrumpan su sueño, pero a la vez, feliz de que su alfa retorne al nido.

El trio espesa sus perfumes, inundando la habitación con la esencia principal de cada uno.

Sol, campos de azafrán y magnolias.

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06:45 hr.

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Cuando Nejire recuerda momentos en los que, encerrada junto a Mirio en el laboratorio, el celo de él llegaba y los médicos obligaban a otros omegas ingresar a su espacio. Todo lo que su mente trae a colación, es la sed de posesión sobre su alfa y las ansias por desollar a los intrusos.

Tiene seguridad que de no ser por las cadenas que le sujetaban, seguramente hubiera logrado aquel cometido.

Muy distinto a la sensación cautivante que sobrecoge su corazón al ver a su alfa retozar tranquilamente junto a su omega. Por esa imagen, no tendría problemas de hacer guardia la noche entera. Emi le había comentado en una ocasión, que su comportamiento era peculiar, pues contrario a su género, tenía la imperiosa necesidad de proteger a Tamaki, a su cachorro y a Mirio.

En aquel entonces no había dado respuesta a Emi, pero ella comprendía que dicha necesidad nacía del hecho de que, dentro de esa relación, su presencia era la menos necesaria.

A diferencia de Tamaki, ella había sido criada en una familia consolidada de ciudad central. Había ido a la escuela, se había relacionado con otros niños. A pesar de haber tenido claro que se trataba de una familia de acogida, ella los había querido como si por sus venas corriera la misma sangre.

Sin embargo, esa burbuja en la que creció, reventó frente a sus ojos a los trece años. Unos médicos fueron a visitarla a casa. Todos los años era sometida a exámenes y ellos dijeron que los de ese año, resultaron con irregularidades; que debía ser internada por un tiempo y luego volvería a casa.

Todo sería igual que antes.

Fue un sábado en la mañana que vinieron a llevársela. Se despidió de sus padres, de sus cinco hermanos menores y el gato que cuidaban.

Al día de hoy, quiere creer que a sus padres los engañaron al igual que a ella.

Nejire llegó por la tarde al laboratorio. Tan solo entrar, la ingresaron a una habitación donde desnudaron y raparon el cabello. La midieron, pesaron y examinaron de manera brusca, humillante. Rociaron su cuerpo con una manguera y cuando creyó que todo había terminado, solo iniciaba lo peor. Esa noche, la enviaron a la habitación del médico jefe del laboratorio.

Y las noches siguientes.

Nejire dejó de ser la chica vivaz que corría por el patio de la escuela jugando con sus amigas. La hermana amorosa que velaba por sus cinco pequeños hermanos. Nejire se volvió arisca, agresiva.

Poco a poco fue comprendiendo lo que sucedía ahí. Lo que significa ser omega y sus funciones. Ella era una, pero estaba dispuesta a luchar con tal de que no la volvieran a tratar como un pedazo de carne. Luego de atacar a dos guardias que intentaron ingresar a su celda, fue confinada en solitario, al igual que los alfas.

Su comportamiento solo empeoró.

Como reprimenda, la llevaron a la cámara de apareamiento. En ese instante, no entendía lo que sucedía, ni quien era la persona que bramaba en frente suyo. Un ser de altura increíble y musculatura bestial que buscaba atraparla a como diera lugar.

Los médicos les observaban tras el cristal en la parte superior de esa habitación. Entre risas y comida.

Nejire lucho hasta el final.

El resultado fue el esperado desde inicio.

Comprendió que ceder era mejor que luchar y, sin embargo, no podía agachar la cerviz. Los sueños se le desvanecieron en espuma rabiosa, el espíritu se le marchitaba un poco más cada que ingresaba a esa habitación. Cada que era castigada por su agresividad.

Ella se mantenía en pie.

El celo arribó una tarde con la fuerza de un volcán y el desconcierto propio de la ignorancia. Calor, agitación, deseo, miedo. Se sentía tan inquieta, pequeña e indefensa. Los enfermeros guiaron su cuerpo carente de fuerzas hacia la habitación que ya conocía.

Estaba débil y su corazón palpitaba desenfrenado.

La consciencia le abandono.

Despertó días más tarde, de regreso en su celda, sin el calor asfixiante y con el ardor de una herida en la nuca. El tiempo que le siguió a ese, fue el peor de su vida. Sus músculos sufrían de espasmos, el frio escarapelaba hasta sus huesos. No tenía apetito y lo poco que se forzaba a comer, lo vomitaba. Su pecho presionaba, anhelante por algo y su mente jugaba con las emociones. Desesperación, tristeza, soledad.

Al final de esa semana, fue llevada a la cámara nuevamente. No reconocía al alfa que tenía frente a ella, pero si al aroma que le acompañaba. Lejos de esa necesidad por alejarse y protegerse, corrió a sus brazos ansiosa de su cercanía.

Desde entonces, llevaba seis años al lado de Mirio.

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08:10 hr.

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En el laboratorio, la función de alfas y omegas estaban bastante segmentadas. Los omegas, solo debían de tener celos, preñarse y asegurar la vida de sus cachorros dentro suyo. Los alfas, debían aparearse con los omegas si no querían ser sometidos a castigos. Debian de luchar entre ellos para disfrute de sus cuidadores.

La lastima o piedad no existía entre ellos.

Una vez llegaron a su nueva vida, nuevamente sus destinos fueron trazados por alguien más. Sus consejeros designaron el sustento del hogar en manos de Mirio, Tamaki la crianza de su cachorro y ella, las labores del hogar.

A diferencia de Mirio y Tamaki, que veían en todo lo nuevo que sucede una recompensa, para ella se trataba solo de migas de algo que una vez ya había degustado. Ella sabe que hay más que eso en la vida. Sabe que las personas en un lugar de esa misma tierra, pueden elegir. Toman decisiones por si mimas. No son objetos de experimentos, ni su valor es medido por su capacidad reproductiva.

El corazón de Nejire a veces se marchita. Otras, bombea salvaje, anhelante de esa libertad que aún mantiene remanentes sobre sus labios.

Suspira frustrada.

Continúa preparando el desayuno para su alfa y omega. Fríe huevos y tocino para Mirio, mientras en la tostadora calienta pan. Cocina avena para ella y Tamaki, a la par que corta fruta y jamón. No le molesta cumplir esa función para ellos, atenderlos y mantenerlos saludables; pero es asfixiante imaginar una vida entera bajo esa monotonía.

Lo es más, cuando cae en cuenta que la única función importante de su vida, es esa misma.

– Nejire.

El tono de la voz del alfa le hace consciente de que ha logrado percibir su sentir a través del lazo. No se gira a verle, continua con su labor tan mecánicamente como en esos meses se ha acostumbrado.

Con un nudo en la garganta tallado de impotencia.

El aroma de Mirio se acerca suave, incluso temeroso diría ella. El alfa nunca sabe cómo actuar frente a esos sentimientos de Nejire. No es dolor, no es alegría. Tampoco rabio o ira. Es algo extraño que Mirio comprende en palabras, más no en actos. Nejire habla de libertad, de sueños y futuro. Cuando la mente de Mirio se ha condicionado al encierro, al no saber si ese será su ultimo día. Él ha aprendido a vivir bajo el yugo de sus cuidadores.

– Nejire – vuelve a llamarla.

– Estoy bien. – gira a verle, con sonrisa fingida. Acuna en su mano la mejilla del alfa y besa sus labios.

Mirio la abraza, sabiendo lo que viene. El manejo de emociones es limitado cuando es el instinto quien manda. Se yergue por encima de lo que puedan sentir y lo esconde bajo su manto. El cuerpo del alfa se caliente, los pechos de la hembra contra su cuerpo tornan el beso explosivo. No tarda en tener las manos de Nejire dibujando sus músculos, acariciando las cicatrices que yacen sobre su pecho y aun duelen.

La ropa estorba y sus manos se hacen pequeñas para longitud de sus pieles. La temperatura sigue incrementándose, Nejire gira, apoya en los codos sobre la mesada, dispuesta para su alfa.

Mirio no sabe de sentimientos, pero ella sí y no encuentra otra manera de consolar sus heridas.

El alfa traza con sus yemas una a una las cicatrices que lleva su omega sobre la espalda. Líneas gruesas que fueron dejados por otros antes de él. Un pasado del que le hubiera gustado protegerla.

Nejire suele mostrarse como una roca, pero también es cristal.

Es frágil y cada tanto, se rompe un poco dejando solo astillas que usa para defenderse. Es difícil cuando piensa que, así como a ella, él ha destrozado a otros omegas.

– Uhmm... – derrite un suspiro la omega.

Mirio dedica tiempo en besar una a una sus rajaduras. Cada quiebre que cuenta una historia. Acaricia sus senos voluptuosos y lentamente, se abre paso en su interior. Jadean envueltos en placer, odio y resignación por la vida. La bruma abatida se intensifica al igual que el calor y las embestidas del alfa.

Pronto, sienten al tercer miembro del hogar aproximarse.

Mirio observa de lado, Tamaki los mira con las mejillas coloradas, más por la escena que tiene en frente, que por algún deseo. El omega, a diferencia de Nejire, solo es guiado por su libido en época de celo y el embarazo se lo ha llevado por completo.

Tamaki solo se queda quieta, el aroma que siente y la escena que ve es muy contrastante. A la vez, algo que ya ha visto antes. No les juzga, los alfas no saben de sentimientos cuando crecen en solitario, a penas en contactos efímeros con omegas. Nejire ha crecido tan solitaria como ellos. Pero no él, conoce lo que es la tristeza, soledad, y tener a alguien a su lado que le consuele.

Los omegas son cariñosos entre ellos, protectores y compasivos. Él comprende a Nejire, así como a Mirio. Abre los brazos y la omega deja de lado al alfa para hundirse en ellos y permitir que su corazón libere la opresión que le invade.

Mirio puede no comprender por sí mismo muchas cosas sobre Nejire, pero si logra percibirlas a través del lazo que le une a Tamaki. Su aroma explica circunstancias que las palabras nunca lograría. El alfa se acerca, también en busca de cobijo en medio de sus dos omegas.

A Tamaki aún le resulta increíble que los alfas posean la capacidad de llorar.

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Viernes 15 de marzo.

23: 30hr

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A veces, Katsuki encuentra a Izuku frente a la ventana. Su mirada puesta en la nada, totalmente ido, y un aroma a paz que le enciende las alarmas. Porque de un tiempo a ese, Izuku ha dejado de oler a menta y primavera. A brisa y maternidad. Sino que su perfume es una mezcla de hierba marchita, pimienta y almizcle.

Izuku se apaga frente a sus ojos y Katsuki se desespera con él. Su olor ha empezado a ocultarle emociones, intenciones y la comunicación fallida no hace más que llenarle de angustia. Las miradas perdidas del omega no hacen más que despertar sus sentidos y Katsuki lucha por no confiar en lo que ellos le murmuran. Quiere creer que lo que ve en sus ojos, es solo la ensoñación de imaginar una vida más relajada, visualizarse libre en el paisaje exterior del que le ha hablado cuentan los libros.

Imaginarlo y nada más.

Pero lo cierto es, que ya una vez Izuku ha tenido la voluntad puesta en salir de casa y dejar que la brisa exterior cumpla su misión. Katsuki lo niega una y mil veces, más su mente es consciente que, bajo la angustia necesaria, desesperación de no encontrar más caminos, el resultado es previsible.

Por ello, es incapaz de conciliar el sueño correctamente y solo lo hace por breves intervalos. No puede despegar los ojos de Izuku, más aún, cuando esa mañana, una noticia ha detonado como bomba en su interior.

Sus mensajes finalmente han obtenido respuesta. No ha sido de Shota ni Emi, sino la misma secretaria de salud indicando que, de ahora en más, tendrían nuevo consejero.

– Es tarde, Deku. – Katsuki acaricia suave su hombro, luego de verle por horas sentado frente a la ventana – Vamos a dormir.

– Puedes ir yendo.

Katsuki resopla.

Frota suave sus ojos cansados.

– Dek...

– Ve tú.

– Solo ha sido un cambio de consejeros. – Recalca la noticia – Tampoco te sentías a gusto con Shota y Emi, ya te acostumbraras.

– No – sus ojos se retiran de la ventana al fin, se ponen sobre el alfa. Lo mira unos segundos, Katsuki siente que quiere decirle algo, que lo está pensando. – Tú no entiendes – y, sin embargo, se lo guarda. – No entiendes nada.

Izuku se retira escaleras arriba.

Katsuki deja caer su peso sobre el sofá, con el brazo sobre sus ojos. No ha tocado ciertos temas por temor de no poder darle respuestas Izuku. Terminar despertando mayores temores en él y llegar a una situación que les sobrepaso, pero lo cierto ahí, es que la situación está a poco de eso. El ambiente atosigado de mala energía y silencios incomodos ha terminado por sumergirles en sus aguas grises.

El alfa teme no poder salir de ahí si no hace algo ahora, pues todo ha empeorado luego de recibir el correo. Katsuki deduce, que esas pocas líneas ocultan mensajes ilegibles para él; pero que Izuku ha captado a la perfección y el tiro de gracia, ha sido el nombre de su nuevo consejero.

Kai Chisaki.

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00: 16hr

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Los orbes bermellón se ponen sobre la puerta de madera. Es como si volviera tiempo atrás, cuando apenas tomaba confianza con Izuku y solía esperar tras la puerta nervioso por ingresar a su habitación.

Aunque ahora la situación es distinta, más que nerviosismo se trataba de impaciencias por todo lo que sucedía alrededor suyo y no lograba entender completamente. Izuku incluido.

Suspira largo, dejando caer sus hombros tensos antes de abrir la puerta.

– ¿Aún no duermes? – inquiere, viendo a su pareja acostada en la cabecera. Las manos sobre su vientre.

– No tengo sueño.

Katsuki sube muy lento a la cama. Toma asiento a su lado y posa una mano sobre la que tiene Izuku en su vientre. No le aleja, a pesar de todo, el omega nunca lo hace.

– ¿Quieres decirme algo?

Silencio.

Katsuki acaricia la mano del menor con su pulgar. Espesa su aroma y se pega unos centímetros más, hombro con hombro. Izuku continua sin moverse y su perfume marchito pulula afligido por la habitación.

– No tienes por qué guardar todo tú solo.

Desliza el brazo sobre los hombros del omega. Pega la punta de su nariz contra la mejilla pecosa. Un leve ronroneo se le escapa, opuesto al aroma que asfixia con su poder.

– Tengo miedo. – libera en un susurro – Lo conozco – cuenta al fin y su perfume explota liberando todo lo que aún guarda y que Katsuki es finalmente capaz de percibir.

– El experimenta con niño. – continua, sus manos se sienten heladas – Cuando era pequeño, venía a nuestro pabellón y elegia a quien llevarse. – aspira entrecortado. Sujeta la mano de Katsuki, tiembla con los recuerdos frescos en su memoria. – Algunos regresaban. Otros no los volvías a ver.

Izuku podría decir que sus peores años fueron durante su infancia. Experimentaban cuanto podían con ellos bajo la esperanza de apresurar su celo y obtener una alta fertilidad de cada individuo. Sin embargo, sabe también, que el celo no era lo único con lo que buscaban experimentar. Buscaban medir su tolerancia al dolor, las reacciones que tenían hacia enfermedades de las personas comunes. Había rumores incluso, de niños que habían sido expuestos al aire contaminado.

El medico Kai Chizaki era el encargado de esa área.

Un sádico que encontraba placer en destajar sus cuerpos, inocularles bacterias y otras atrocidades. Las veces que vio retornar a alguien que hubiera seleccionado, este fallecía días después. Víctima de fuertes dolores, infecciones, fiebre.

– No se puede llevar a mis bebes, Kacchan. No puede.

El alfa le acurruca contra su pecho, acariciando su cabello. Sisea suave una melodía que su madre entonaba, buscando apaciguar sus pensamientos inquietantes.

Quisiera poder formular una palabra que le evapore los miedos. Decirle que nada malo sucederá, que él les protegerá.

Mas no puede.

Katsuki también se siente indefenso ante el mundo.

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Miércoles 20 de marzo.

09:23 hr.

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Los desayunos suelen ser animados con las conversaciones entre Mirio y Nejire. Ellos bromean, discuten por estupideces y se lanzan los alimentos jugando en la mesa. Ambos son lo opuesto a Tamaki. Él se ha acostumbrado a observar antes de hablar y es así como ha conocido mejor al alfa y la omega con las que, sabe, compartirá su existencia.

A Mirio no le importa que tantas veces le haya golpeado la vida, constantemente tiene una sonrisa brillante para ambos omegas. Quizás, no siempre haya sido de esa manera, pero desde que Tamaki ha llegado a compartir con él, es el sol que ilumina con sus rayos cada parte de su vida.

Nejire, por otro lado, se muestra fuerte y recia, siempre dispuesta a protegerlo. Es soñadora y cuando ríe, es luz de luna que siempre oculta algo bajo un manto de sombras. Ella guarda melancolía en su corazón que fuerza por extinguirla. También resentimiento y odio por quienes la encerraron en el laboratorio.

Ella dice que es ahí donde radica su fuerza, en la voluntad de tomar venganza por lo que le han hecho. Por Mirio y por él.

Tamaki no la juzga. Es una persona compasiva, pero hay situaciones que no ameritan ese sentimiento.

Él es lo que se espera de un omega. Obediente, dócil, silencioso. Acata ordenes, no reclama ni actúa con agresividad. Su personalidad ha sido moldeada desde pequeño a gusto de sus cuidadores y la recompensa que recibió por tan buen comportamiento, fue que le arrebataran a su primer cachorro.

Había sido obligado a aparearse con alfas infinidad de veces. Había sufrido tres perdidas que sumían su corazón en tristeza al recordar que los tres, fallecieron dentro suyo. Su cuarto embarazo llegó como un paliativo a esas pérdidas. Una hembra saludable crecía dentro suyo y podía sentirla moverse.

Fue un chequeo de costumbre a sus ocho meses cuando le drogaron. Despertó de regreso en una celda, el vientre bajo adolorido y no estaba más la presencia de su cachorro.

Se la llevaron haciendo un corte sobre su piel.

Tamaki recuerda como su aroma a magnolias, vainilla y romero, se tornó en ajos, azufre y soledad. Sus pechos rebosantes de leche colgaban repletos ante la ausencia de una boca a la cual alimentar. El dolor ocasionado, era solo superado por el vacío formándose en medio de su ser. Su llanto retumbaba cual lúgubre melodía enredada en el eco de las paredes.

El desconsuelo no menguaba los abusos y los experimentos continuaban. El turno de Tamaki llego a los tres meses y continuo por otros más. Uno de ellos surtió efecto, el celo de un omega no volvía hasta después de un año de haber dado a luz; el de Tamaki hizo aparición a los siete meses. Algo leve, pero suficiente para sus cuidadores.

Le ingresaron a la cámara de apareamiento.

Dentro, no solo estaba un alfa, sino también, una omega de la que tarde se percató olía a sangre y guerra.

Mirio y Nejire.

Tamaki se había acercado a ella ingenuamente, buscando protección de su congénere. La omega se le abalanzo rabiosa, enseñaba los dientes, pupilas dilatas. Hacia sonidos guturales que nunca antes había oído.

Empero, Tamaki no estaba más intimidado por lo que pudiera sucederle.

Él ya había muerto el día que se llevaron a su cachorro y su cuerpo no era más que un cascaron vacío. Una muerte física en ese instante, era preferible a que continuaran experimentando con su cuerpo. Tamaki solo cerró los ojos, liberando su aroma a podredumbre y desolación.

Nejire, lejos de acertar el golpe final, apaciguo su perfume al sentir el aroma ajeno. El olor a sangre y guerra se vio cubierto por uno a azafrán, arándanos y lástima.

No le ataco más. Se alejó y permitió al alfa acercarse. Antes de siquiera notarlo, la nuca de Tamaki se encontraba en las fauces del rubio. No le era extraño, los alfas solían morderle siempre, arañar y lastimar su piel. Lo confuso ahí, era el golpeteo desesperado de los médicos contra el cristal de donde les observaban.

Luego de ello, no retorno más a su celda.

Entendió que alfa y omega habitaban en esa sala y no en una celda como todos. Que Nejire estaba encadenada perenemente y la cicatriz en su tobillo era la muestra. Que Mirio la protegería con su vida y era con ello que le manipulaban. También comprendió que aquella mordida que le había dado, era una especie de unión, pues ahora, los tres lograban sentir lo mismo. Si Tamaki se deprimía, todos se apagaban. Si uno se emocionaba por la comida del día, la alegría era compartida. Podían sentir la excitación del otro por ese lazo e incluso, los tres entraron en la etapa postparto de Tamaki, alterándoles el celo.

Entendió también que, por esa misma razón de unión permanente, se le había prohibido al alfa volver a hacerlo.

Nejire se apiado de él ese día.

Mirio se arriesgó para protegerlo de más vejámenes.

El escarmiento, fue la extracción de sus colmillos.

– ¿Maki? – la omega le llama preocupada – ¿Estás bien? – inquiere con un leve movimiento de nariz.

– Sí. – afirma, aunque su aroma delata la mentira.

El aura a ansiedad se instala en el comedor. Tamaki quisiera que esa imagen tan bonita que ha tenido frente suyo perdurara eternamente, quisiera retornar al momento en que recién llegaron a esa casa y la tranquilidad le embargaba. Ahora era distinto, pues todo le sabe a fantasía. Algo tan efímero que debe terminarse con un pestañeo y así será, pues Aizawa les ha advertido que cosas malas sucederán si no toman una decisión pronto.

Adicional a ello, está el correo que han recibido hace días y que Nejire les había ocultado hasta esa mañana, que Mirio lo ha encontrado. Siendo la única que sabe leer de los tres, Tamaki a veces duda de que sus lecturas sean verídicas; sobre todo, cuando el lazo que les une les delata, vibrando en signo de que algo no anda bien.

Y algo no anda bien a todas luces ahí.

Tanto a él como a su alfa, el nombre del nuevo consejero no les suena y aunque Nejire no ha dicho nada, su rostro y aroma delatan la aversión hacia él.

Mirio toma la mano de Tamaki, aproxima sus labios a ella. Todos saben que es lo que le acongoja al omega. El aviso de Aizawa ha sido como matarlo en vida. Volver al laboratorio en su estado, es lo último que quiere. El recuerdo de su cachorro arrebatado perdura en el omega, aún hay días en los que el sentimiento de desesperanza retorna a él.

Una pequeña hembra a la que nunca conoció.

Si alguien quisiera dañar nuevamente a su cachorro, Mirio tiene la certeza, de que Tamaki lucharía hasta morir. Lo cual le condenaría a él y a Nejire, pues ninguno de los dos está dispuesto a dejar solo al omega.

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Martes 26 de marzo.

14: 30hr

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Izuku mueve las piernas frenéticamente sentado en el sofá. Sus plantas golpean contra el piso de madera, generando un eco fuerte en medio del silencio. Los nervios le ganan al no saber si el trato que reciba será el mismo que tenía con Emi y Shota, o todo se tornara tal cual lo era en el laboratorio.

Quiere creer que se trata de un mal entendido, que tal vez el correo no iba dirigido a ellos, que hubo un error y ese día aparecerán los mismos consejeros de siempre. Quiere que sea como Kacchan dijo tiempo atrás y solo hayan estado muy ocupados para responder sus mensajes.

Cubre su rostro con las manos, inhala hondo y exhala con la misma fuerza.

– Todo va a estar bien. – se susurra bajito.

En su primera interacción con Shota y Emi, se le comento que ese era un programa piloto y si resultaba, más omegas como él serian puestos en libertad. Izuku se aferra a la esperanza de que en verdad todo pueda cambiar ahora que hay varios omegas embarazados.

Finalmente, avista el auto llegar fuera de casa. Golpea suave sus muslos, respira hondo, bajando los nervios. Cuenta unos segundos y la puerta exterior suena. Katsuki se acerca a él, le toma de la mano e Izuku se pone en pie sin soltarle.

Katsuki besa sus nudillos y sonríe ligero, calmándole.

La puerta se abre.

– Nos volvemos a ver, Izuku – El medico ingresa rompiendo el ambiente conciliador al llegar resguardado de dos seguridades – soy su nuevo consejero, Kai Chizaki.

El resto de la presentación se opaca en oídos de Izuku. Siente que va a vomitar, que va a desmayarse. El corazón late rápido y su vista es vidriosa. El sonido de sus zapatos haciendo eco contra el suelo lleva su mente a vivencias desagradables. La voz lúgubre escarapela su piel.

Da pequeñas respiraciones agitadas, intentando conservar la esperanza que ya habia formado.

– Izuku – la voz de Katsuki le retorna a la realidad – Debes acostarte en el sofá.

El omega traga hondo, asiente. Sigue mecánicamente paso a paso la misma rutina que llevaba junto a sus antiguos consejeros. Va muy lento, queriendo retrasar el momento. Empero, es imposible y termina quedando a merced del médico y su asistente.

– Cálmate omega. – ordena mientras palpa su vientre con unos fríos guantes negros, característicos en él – Estas tensando al bebé.

Chizaki pasa el ecógrafo sobre él. Presiona fuerte, deslizando el transductor sobre su abdomen. Observa la pantalla y, aun con una mascarilla puesta, la sorpresa es evidente en su rostro.

– Dos – murmura bajo. Una sonrisa se camufla tras su mascarilla– son dos machos – A Izuku la piel de su abdomen se tensa – quiero verlos cuanto antes.

Instintivamente, empuja la mano del médico y gruñe, los dientes brillan rabioso. Katsuki le abraza rápidamente, cubriéndole el rostro con sus brazos. No puede dejar que vean los rasgos que toma el omega cuando se transforma, sin embrago, parece ser tarde. El médico le mira con una mezcla de desdén y fascinación.

– ¿Tú también vas a gruñirme? – se pone de pie, muy cerca de Katsuki.

– No sé de qué habla.

Suelta una carcajada. Chizaki ha compartido suficiente tiempo con alfas y omegas como para conocer las actitudes que guardan cada uno. Sabe que lo alfas son como animales salvajes de los que no se puede fiar y le resulta increíble que Aizawa y Emi hayan logrado domar a los de esa comunidad.

Pero también resulta increíble lo que acaba de ver en Izuku. Pues los omegas suelen ser sumisos y temerosos, no se enfrentan ni son fieros. Verlo tomar la actitud de un alfa queriendo proteger a sus cachorros, daría pie a más investigaciones.

– Olvídalo. – agita las manos. Arroja un par de pañuelos de papel sobre su abdomen – Límpiate y voltéate, omega.

Izuku se aferra al brazo de Katsuki que le cubre. Sabe lo que viene, un examen pélvico. Podía tolerarlo con sus ex consejero, ahora es muy distinto. No confía en Chizaki.

– Solo hazlo – susurra Katsuki, tomando los pañuelos y limpiando su abdomen del gel.

Exhala tembloroso.

Cuando Katsuki termina, Izuku debe obedecer. Se quita los pantalones, apoya las rodillas sobre el sofá, inclinado en el respaldo y abraza del cuello al alfa. Aspira su aroma a cedro, intentando olvidar lo que sucede.

El medico es brusco al ingresar el especulo. Le hace quejarse y retorcerse incómodo. Izuku presiona fuerte las ropas de Kacchan y ahoga un sollozo, sintiéndose vulnerado como en el laboratorio. Humillado y maltratado. Katsuki presiona los puños indignados con el poco tacto de ese médico. Mas no puede hacer más que tragar su rabia.

– Todo está orden. – da por terminado el examen. Se quita los guantes y el asistente empieza a guardar su equipo – pronto tendrán noticias de nosotros.

– Espere – el médico le mira sobre el hombre, a la vez que viste su traje de exterior. Katsuki traga hondo, ahora sin Aizawa ni Emi, la duda retorna – el parto, ¿Cómo será?

– Como debe ser – responde con desdén. Ingresa al vestíbulo de salida – el omega viene con nosotros al laboratorio.

La puerta se cierra.

Izuku deja de reprimir sus sollozos. En algún momento de esos últimos días, ya había barajado esa posibilidad, mas se había negado a que se hiciera real. Pues lo que implique ir al laboratorio, también lo ha barajado.

Katsuki no puede hacer más que abrazarle.

"– Aparte, miren el lado positivo, ambos estarán juntos durante el parto. Si tuviéramos que ir al laboratorio, solo nos permitirían llevar a Izuku con nosotros."

El alfa presiona sus puños nuevamente.

Izuku estará solo en el laboratorio a merced de médicos que les trataban como ratones de pruebas.

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20: 01 hr

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– Deku – toca el marco de la puerta, llamando la atención del omega que reposa hecho un ovillo en la cama – La cena esta lista.

– No tengo hambre.

El alfa resopla con cansancio. Frota el puente de su nariz y bordea la cama hacia el menor. Luego que se fuera el nuevo consejero, Izuku había subido a la habitación, había tomado todas las prendas que pudo del alfa y recostado en la cama cubriéndose con ellas. El resto de la tarde había permanecido escondido en ese lugar.

Toma asiento a un lado de la cama.

– No hagas esto – descubre el rostro del omega, acaricia su muslo con cariño – lo que dijo...iras al laboratorio y volverás en pocos días. No voy a ir a ningún lado – intenta bromear.

Izuku no ríe.

– Kacchan, tú sabes lo que significa que vaya allá. – Katsuki le esquiva la mirada, no responde. Izuku vuelve a cubrirse con una camiseta del alfa. – En verdad no tengo hambre.

El aroma fuerte a canela y cedro de su alfa, calma el malestar físico que produce la ansiedad en él, mas no mitiga los pensamientos tortuosos.

Katsuki suspira.

– Ve a cenar tú. – comenta cuando le siente subir a la cama.

– Eso puede esperar. – Se acuesta tras él, abrazándole.

El nudo vuelve a formarse en su garganta al tener cerca al alfa. Solo quiere echarse a llorar impotente de la situación. Si va al laboratorio y le quitan a sus bebes, nada podría hacer.

Izuku no quiere una vida como la suya para ellos.

Así como tampoco, quiere volver a su vida de antes.

Una sin Kacchan a su lado.

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Miércoles 27 de marzo.

02: 45 hr

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Por la noche el sueño de Katsuki se ve interrumpido ante la ausencia del aroma a menta y vainilla. Mueve la mano en busca de su omega, pero solo encuentra sabanas vacías.

– ¿Deku? – le llama adormilado.

Con pesadez, entorna los ojos. En medio de la oscuridad encuentra la cama vacía.

Toma asiento de un brinco y vuelve a remover las sabanas. El cansancio de días sin dormir le han hecho caer profundamente al fin. Presuroso corre hacia el baño, lo encuentra vacío.

Su instinto le lleva escaleras abajo y su mente se va hacia las mejores suposiciones. Quizás ha bajado a comer algo, pues se fue a dormir sin cenar y su cuerpo ahora se alimenta por tres. Olfatea el ambiente cerciorándose que la ubicación del omega sea la que él piensa. Efectivamente, su nariz le guía al primer piso, aunque no hay aroma a comida, sino solo el de Izuku.

Desesperación.

Tristeza.

Miedo.

– Mierda... – masculla al ver la primera compuerta de salida abierta – ¡Deku! – grita desesperado. Salta escalones, corre hacia él – ¡VEN ACÁ!

Su ímpetu de detenerle se ve pausado cuando Izuku le apunta con un cuchillo. Katsuki queda quieto observando al omega, el rostro asustado y las manos temblorosas.

– No vas a hacerlo – dice confiado, da un paso adelante y nuevamente debe detenerse de inmediato. Izuku ha cambiado de dirección el arma.

Ahora apunta su propio vientre.

El aroma a desesperación se incremente, asusta a Katsuki. Es un olor que opaca mucho y no le permite descifrar las acciones de Izuku. Esta seguro que no le lastimaría a él, pero no tiene certeza de que sea así hacia sí mismo.

– Bájalo, Izuku.

– No quiero que experimenten con ellos – las lágrimas empiezan a caer – Si es así, preferiría no tenerlos. Preferiría no vivir.

Katsuki siente que no ha debido bloquear su mente hacia ese desenlace, teniendo en cuenta que ya una vez vivieron esa situación. Izuku teme más que a nada volver al laboratorio, lógicamente ese miedo se incrementaría si se le suman sus hijos ahora.

El alfa traga hondo, frota su rostro angustiado, gruñe. Ha prometido protegerlo, sin embargo, no hay nada que pueda hacer si se lo llevan y les quitan a sus hijos.

– Baja eso, por favor – le ruega, la voz afligida.

Izuku le mira agitado unos segundos. Las lágrimas continúan rodando, sus manos mantienen el temblor.

Solo hay silencio y un aura asfixiante a su alrededor.

Finalmente, deja caer el cuchillo.

– Pe-perdón – presiona el botón.

– ¡NO!

Katsuki se lanza frente a la puerta. Interpone su cuerpo, ejerce fuerza opuesta con ambas manos en la hoja de la puerta. Mientras no cierre esa, que abra la siguiente es imposible. Sostiene la puerta con una mano y la otra se estira a sujetar a Izuku.

– ¡Déjame! – intenta jalar su muñeca.

– ¡No lo hagas! – ejerce mayor fuerza en el omega.

Sin embargo, esa puerta está diseñada para su sellado hermético y la fuerza de Katsuki empieza a flaquear en su intento por atraer a Izuku. Termina por entrar al vestíbulo y la puerta se cierra tras él.

Dentro, el forcejeo continúa. Izuku interpone su vientre alejando al alfa. Katsuki no se rinde y toma como puede su cuerpo. El menor le empuja, se libera, pero Katsuki no se rinde.

– ¡Basta! – Izuku grita agitado y lloroso, cubre su rostro con ambas manos. – Basta, por favor.

Katsuki le mira con la respiración irregular. Quisiera acercase y consolarlo, pero teme que eso termine por alterarlo nuevamente. Solo se queda ahí, quieto a un lado, recordando nuevamente la vez en que terminaron en similar situación.

La desesperación de Izuku por no volver, en verdad describe un miedo terrible a ese lugar.

– Ka-Kacchan – el menor eleva el rostro y acuna el de su alfa entre las manos. Los ojos aun brillosos y rojizos le miran suplicantes – Si salgo, aun puedo salvarlo de ellos. – A Katsuki el pecho se le hunde en un agujero infinito. Verlo desesperado, le destroza tambien – Por favor... – solloza. – por favor...

Es una locura.

Claramente lo es.

Y, sin embargo, la voluntad le flaquea. Una vez más, su mente cae en cuenta de que si se llevan al omega o a sus hijos, no habrá nada que pueda hacer y, ahora mismo, no sabe qué tan capaz se sienta para seguir adelante sabiendo lo que ellos vivirán en dichas instalaciones.

Que mientras él este cómodamente en esa casa, su familia se encuentre encerrada en una celda.

¿Es justo que él decida cuando es Izuku quien lo viviría?

Imita el gesto de Izuku, acariciándole el rostro. Su aroma a miedo sigue presente, mas la frescura de la menta y miel es perceptible.

¿Qué tan capaz seria de vivir sin ese aroma ahora que lo conoce?

Imagina que, seguramente, su padre también tomo una decisión difícil al sacrificarse, librando de culpa a su madre para que ellos continuaran con vida. Empero, duda de si ella hubiera decidido lo mismo, o preferido irse con él.

Exhala sus miedos.

Baja el rostro y besa a Izuku. Lame sus lágrimas en medio de un abrazo tierno y lleno de aromas. Ambos han presenciado ya una vez lo fatídica que es una muerte ahí afuera y, aun así, Izuku lo prefiere antes de volver al laboratorio.

Katsuki termina por tomar la decisión.

Solo espera que sea rapido.

Presiona el siguiente botón.

– Te amo.

Suenan tres pitidos suaves antes de que el motor de la puerta inicie su funcionamiento. La hoja de acero retrocede con paciencia tortuosa. Poco a poco, el aire invade el pequeño recibo. La leve brisa primaveral acaricia sus pieles. Katsuki presiona con mayor fuerza a Izuku, le quiere lo más cerca posible.

Ambos inhalan. El aire fresco ingresa por primera vez en ellos, se cuela por sus fosas hasta llegar a los pulmones. Luego, sale de ellos.

Nada sucede.

Se quedan ahí, de pie por un tiempo más. Sin embargo, el resultado es el mismo. Toman distancia del otro, mirándose incrédulos.

Izuku es quien se mueve primero. Pisa el camino empedrado de afuera, lastima sus pies y salta hacia el jardín. Mueve sus dedos contra el pasto y ríe, dejando atrás las lágrimas. Suelta una carcajada tímida y observa el cielo. La luna, las estrellas. Ahoga un grito emocionado entre sus manos, incrédulo aun de que este fuera, sin protección alguna y que nada le haya sucedido.

Lleva su mano hacia el jardín, sintiendo la textura fría y lisa. Arranca una porción que lanza sobre el mismo. Gira con la sonrisa fija en sus labios, feliz de sentir por primera vez la brisa que tantas veces ha visto por su ventana mover las copas de los árboles.

Katsuki solo observa a Izuku, aun conmocionado y su mente hace conexiones con la comparación que hizo Emi con los animales. Recuerda a las aves que volaban por la ventana de su casa. Lo libre que eran, inmunes a la toxicidad del aire.

"Omega"

"Cachorro"

"Macho"

"No somos animales, Kacchan"

Quizás lo son en parte.

Y eso, les abre todo un abanico de posibilidades.

– Volvamos dentro.

– ¿Eh? – detiene los giros.

Katsuki le toma de la mano, atrayéndolo a casa.

– Tenemos que huir – suelta de pronto – pero necesitamos planear bien esto.

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03: 05hr

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Un alfa observa por la ventana, su vaso de agua vierte un fino hilo del líquido sobre el piso alfombrado. No puede creer lo que ha visto. Posa una mano sobre el cristal de la ventana, absorto en la imagen que acaba de esfumarse. El pecho se le acelera eufórico y sonríe como bobo sin apartar los ojos de la puerta cerrada de sus vecinos. Las luces dentro se apagan y prenden por ambientes

Están vivos.

No lo cree.

Es imposible, repite una y otra vez en su mente, pero sus ojos no mienten.

Una pareja ha salido.

Y ha sobrevivido.

– ¿Eiji? – vira su atención ante el llamado. La figura de cabellera rubia se alza entre las sabanas. – ¿No puedes dormir?

Eijiro niega con la sonrisa sin morir en sus labios.

– Creo que aun duermo.

Camina de regreso a su cama, al lado de Denki, su omega.

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Jueves 28 de marzo.

08: 17 hr.

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– Hey, basta. – Denki le habla a su cachorro de cinco meses que no hace más que patear dentro de su vientre.

Poco importan sus palabras, las pataditas continúan el tiempo que bebe su jugo. Rápido, deja la molestia de su hijo de lado, se centra en descifrar la extraña sensación que hay en el comedor. No es malestar, ni incomodidad, solo algo perturbador que no sabe calificar como alegría o espanto.

Eijiro, su alfa, suele ser bastante risueño y hablador; hoy no es excepción de lo primero, mas sí de lo segundo. Se ha mantenido silencioso durante lo que va del día y sonrie distraído del desayuno. Parece comerlo por pura inercia.

– ¿Sucede algo?

– ¿Eh? – da un pequeño salto en su silla – No, no. – Responde rápido.

Vuelve la vista hacia su pan que desborda mermelada. Duda entre comentar o no lo que vio anoche. Denki es especialmente sensible a lo que sucede en el exterior, no quisiera alterarlo ahora que lleva a su hijo dentro.

Mas no puede mantener en secreto la que, probablemente, sea su única oportunidad para huir de ahí.

Para ser libres al fin.

Vuelve a sonreír untando más mermelada al pan.

– ¿Qué... – tose, aclara su garganta reseca – ¿Qué pensarías si dijera que vi personas afuera?

– ¿Policías?

– No – muerde su labio, indeciso sobre como seguir. – Personas... más como nosotros.

Denki ladea el rostro, confuso. Perdido sobre a donde quiere llegar el pelirrojo.

– ¿Y qué hacían afuera?

Eijiro rasca su nuca.

Exhala hondo.

– Respirar – el omega enarca una ceja – ellos... anduvieron fuera, así como nosotros lo hacemos aquí dentro.

Silencio.

Denki le mira sin expresión alguna. Termina lo poco de jugo que queda y da una mordida a su tostada.

– ¿Has tenido una pesadilla?

– Ayer los vi... la pareja de enfrente... salieron, uno estaba embarazado. – cuenta finalmente, emocionado, agitando los brazos.

– Has tenido una pesadilla – afirma, poniéndose de pie.

– No – Le toma de los brazos reteniéndolo, de pie a su lado – ¡Los vi, Denki! Ellos salieron, el omega toco el césped, caminaba descalzo...

– Me estas asustando.

Eijiro suaviza su tacto, desciende por los brazos del menor, hasta sus manos.

– Yo los vi, Denki – repite – No les sucedió nada y quizás... a nosotros tampoco.

– ¿Qué?

El omega suelta sus manos, el ceño fruncido.

– Esta puede ser nuestra oportunidad...

– No.

– Denki...

– ¡No!

– Yo podría intentar...

– ¡NO! – Golpea los puños contra la mesa.

El sonido de la madera retumba en toda la casa. Eijiro nota el pecho acelerado de su omega y logra percibir en el aire el aroma a miedo y malestar mientras se retira del comedor.

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10: 43hr.

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Denki no definiría su estado de ánimo como "molesto" en ese instante. Aunque ha de admitir que lleva desde el desayuno sin hablarle a su pareja. Solo busca que comprenda que aquello que menciona es una locura.

¿Personas andando en la calle descalzos?

El omega ronda la sala y cocina, con los sentidos sobre su alfa. Teme que, en un descuido, el muy bobo se atreva a comprobar aquello que cree haber visto.

"Cree", porque está seguro que no ha sido más que un sueño. Capaz una alucinación ocasionada por la ingesta abundante de comida la noche anterior, o algo por el estilo. Pero no es posible que sea real cuando él ha visto con sus propios ojos morir a alguien allá fuera.

Su pareja anterior.

Denki había conocido la amabilidad de aquella persona. El chico de ojos amatista, le había brindado su espacio cuando recién llegado, le miraba temeroso a lo lejos. Probablemente, aquella situación habría durado mayor tiempo, de no ser porque su primer celo se presentó a solo dos semanas de su estancia en esa casa. No fue como se lo habían contado, solo una fiebre seguida de ansias de cariño. El chico había permanecido a su lado en todo momento, desvelándose cuando la fiebre se elevaba, abrazándole cuando le pedía cercanía.

La situación no paso a mayores y Denki no podía estar más agradecido.

Pronto supo que, para su pareja, era extraño que esa convivencia se diera con otro hombre. Sin embargo, jamás le alejó cuando se acercaba a abrazarle por las noches. Podía conversar con él, aprender cosas de cómo era la vida fuera del laboratorio. Le enseño a leer palabras básicas, a escribir su nombre y a jugar damas.

La vida se volvió algo que nunca había soñado, pero que no cambiaría por nada.

Denki era feliz y cometió el primer error, comentar sobre la fiebre con sus consejeros. Ahí supo que aquello se había tratado de su ciclo. En un principio, no sucedió nada; ellos tomaron nota y el tema se dio por terminado. Fue días más tarde cuando aparecieron médicos que había visto en el laboratorio, resguardados por los agentes uniformados.

Su pequeño celo, había sido un buen indicador para inducirle a uno más intenso. Ellos querían inyectarle un tipo de droga que lo acelerara. Denki no lo quiso, lloró y se resguardo tras su pareja.

Ese fue el segundo error.

El chico de ojeras encantadoras no se amilano ante las personas que tenía en frente. Le defendió sin importar las amenazas que lanzaban. Entonces, uno de los médicos ordenó que se lo llevaran. Por un segundo pensó que se refería a solo separarlos de habitación.

No importo cuando grito y suplico, ellos se lo llevaron fuera de casa. A él se le obligo a presenciar toda la escena atreves de su ventana.

– Eiji – le llama, acercándose finalmente. Denki le abraza con el pecho oprimido por los recuerdos. – Promete que no saldrás.

Eijiro puede percibir el aroma a angustia y melancolía, situación que afectaría a su hijo. Acaricia el vientre de su omega, liberando sus feromonas a roble añejo y limón.

Haría todo por protegerlos.

Incluso mentir.

– Esta bien.

El menor se empina, rozando el cuello del alfa con la nariz, inhala la fuerte esencia que emana. Recuerda finalmente, que aquella droga se la inyectaron luego de la llegada de Eijiro. Sucedió lo esperado y aunque ahora era feliz a su lado, siempre viviría en su corazón el chico que le defendió con su vida.

Shinso Hitoshi.

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13:30hr.

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Nejire sirve el almuerzo junto con Mirio. Sus ojos a penas y se despegan del alfa, escudriñando el comportamiento errático que ha mantenido desde muy temprano. Lleva la mañana equivocándose en sus tareas, vertiendo sal en su café y metió la ropa sucia al refrigerador. Camina meditabundo, silencioso. Cuando el Mirio que ella conoce, es un joven vivaz, elocuente, incapaz de no hacerles reír.

La hembra se preocupa, porque no es solo lo que ve o huele, esta también el lazo que les une entre los tres. Por ello mismo, tiene certeza de que Tamaki puede percibir que algo sucede y lo camufla bajo su personalidad retraída. Nejire camina cerca de él y frota su mejilla contra su hombro, con una sonrisita que contagia.

Toma su mano, le guía hacia el comedor en donde Mirio se ocupa de servir los platos. Ella ayuda a Tamaki a sentarse, moviéndole la silla para que entre. El omega toma asiento y ella deja un beso en su mejilla y otro, sobre su vientre. No importa quienes sean los padres biológicos del cachorro, para ella, será tan suyo como de su Maki.

Bordea la mesa, pasa tras de Mirio y también deja un beso en su mejilla antes de tomar asiento en su lugar. De inmediato la misma bruma pesada que lleva el día sobre el alfa, vuelve a asentarse en el ambiente.

Y Nejire no es alguien que tolere por mucho tiempo la incertidumbre.

Empuja con su pie la pierna del rubio, esperando que oculte con mayor ímpetu lo que sea que le suceda o que hable de una buena vez.

Mirio cruza los ojos con ellas, un segundo que se le hace eterno hasta que entorna los labios.

– Anoche – su voz rasposa quiebra el silencio. Ahora Tamaki también le mira – vi algo que podría servirnos. – respira hondo. Todos son uno ahí y no sabe cómo les afectara tanto la noticia, como la decisión que quiere tomar – Vi salir a una pareja.

El cubierto de Tamaki cae al suelo.

Nejire ahoga una exclamación.

– ¿Ellos... – la omega sostiene la pregunta en el aire, incapaz de darle fin.

– Están bien. – se apresura en aclarar la duda – Están vivos. – sonríe como solo sus omegas le han visto hacerlo. Sus ojos viajan de uno al otro, emocionado de que le oyen – Creo que nosotros también...

– ¡No! – ordena firme Tamaki, previendo lo que intenta decir.

– Maki – Mirio le toma la mano – Mi Maki, es nuestra oportunidad de huir y...

– No – niega decidido, como pocas veces le han visto los otros dos. Su aroma a magnolias se espesa dando fuerza a su palabra.

El omega macho se retira, dejando atrás su almuerzo sin tocar.

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17:55hr.

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El paño de tela escurre agua sobre el vidrio de la ventana. Mirio detiene la limpieza solo para observar la calle, el jardín, los árboles rodeando las casas. Se ve tentado a cruzar esa barrera y caminar ahí fuera.

Él ha pasado su vida dentro del laboratorio. No sabe leer ni escribir. Su vida se ha centrado en luchar con otros alfas y aparearse con omegas. Le han encerrado en esa casa, fingir que mantiene una vida "normal".

¿Qué es normal?

Mirio no lo entiende, pero lo que sí hace, es la certeza de que no lo quiere. Él anhela no ser sometido más por los médicos. No recibir órdenes, no vivir con miedo de que un día puedan llevarse a sus omegas. Tener la certeza de que su cachorro no será obligado a preñarse continuamente si es omega, o torturado si como alfa, no puede forzar a un omega.

Él añora libertad y ahora ve el camino hacia ella tan cerca.

Tan fácil, como peligroso.

– Mirio. – Nejire se aproxima tras él. Se acomoda bajo uno de sus bíceps, abrazándole de lado. Mirio besa su cabello. – cuéntame lo que viste.

El alfa le sonrie, agradecido de su muestra de interés. Señala por la ventana la casa en donde todo a sucedido e inicia el relato. El omega preñado riendo en el pavimento, arrancando el césped.

– Fue como dijo Aizawa. – Finaliza.

Pues el medico antes de irse, dejo en ellos información valiosa a la que le vieron poca utilidad. Alfas y omegas, son mutaciones genéticas entre humanos y animales. Los animales andan libres por el mundo, los humanos, no. Aizawa había comentado de pruebas hechas con anterioridad, todas con desenlaces fatídicos

"– No todos desarrollan el gen de la misma manera, existen mutación."

Mirio no comprendía del todo su explicación, siendo lo único claro, que algunos individuos podían sobrevivir al aire. Otros, terminarían como aquellos sujetos de pruebas.

La pareja que vio era inmune.

Pero ellos, no necesariamente.

– Debemos intentarlo. – dice con firme convicción Nejire.

– Sí – secunda – pero primero tenemos que convencer a Tamaki.

– No tiene por qué saberlo.

Mirio rompe el abrazo. Le mira con ojos escépticos de lo que acaba de oír, mas Nejire no se retracta.

– No. – La única regla que mantienen entre ellos, es la sinceridad. Pueden sentirse por el vínculo, pero no siempre es suficiente; por lo que mentir u ocultar, está prohibido. – Olvida lo que dije.

Vuelve a enjaguar el trozo de tela y retoma su labor de limpieza.

Nejire le sujeta antes que continúe.

– Tamaki también es mi omega y quiero protegerlo – gruñe. La hembra es una omega muy distinta a lo que es Tamaki. Ella es atrevida y avezada. Valiente y capaz de enfrentarse a quien sea. A él, un alfa, por ejemplo. – él está en peligro acá.

– Si no funciona, él estará peor.

– No si soy yo.

Silencio.

Mirio envía una advertencia con su aroma. Nejire le responde en igual magnitud, haciéndole escocer los ojos.

Incluso él siendo un alfa, no es capaz de domar a la omega.

– No temo correr ese riesgo – habla firme, barbilla en alto – ni soy una gran pérdida.

El aroma del rubio decae ante esa última frase. Por muy fuerte que sea, Nejire siempre se ha sentido disminuida por ser una omega estéril. La abraza con la misma ternura que ha hecho en inicio. Durante su estancia en el laboratorio, los médicos han llenado su cabeza de la poca importancia que tiene ella ahí.

Un omega incapaz de engendrar, no sirve.

Nejire permanece viva, porque Mirio ha obedecido cada orden que se le ha dado.

Sin embargo, poco importa lo que los médicos opinaran, ella es importante para ellos. Es su mano derecha, quien mejor entiende a Tamaki y le calma cuando las pesadillas de su primer cachorro le despiertan a media noche.

– Intentémoslo esta noche, cuanto antes, mejor – susurra aferrada a su pecho – Tú quédate con Maki.

Mirio no responde.

Y su silencio otorga.

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Viernes 29 de marzo.

01:45hr.

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Mirio despierta sintiendo el calor evaporarse de su derecha. Ve a Nejire alzarse de entre las sabanas, desnuda con su piel blanca, busca sus ropas entre el revoltijo de prendas que hay a un lado de la cama.

El alfa suspira hondo, llamando su atención.

Los orbes de ambos quedan fijos en el otro. Mirio quisiera ser él quien se arriesgará, proteger a sus omegas es un sentimiento que nace de lo profundo de su ser y ahora debe tragarse. Libera su roma, fuerte y abundante, escondiendo del ambiente la pronta ausencia de Nejire.

Tamaki estará furioso cuando despierte.

Y si no vuelve... prefiere no imaginárselo.

Nejire termina de vestirse, vuelve hacia el lecho. Besa a Mirio en los labios, luego la mejilla de Tamaki y finaliza dejando su aroma sobre el vientre de él. El alfa le acaricia el rostro, quizás, por última vez.

– Si no vuelvo – La omega le toma de la mano– cuida bien de ambos.

Besa sus nudillos con una sonrisita cálida y encamina a su misión.

Confía en las palabras de Mirio. Él no le mentiría ni pondría tanta veracidad en algo que podría ser un sueño, si dice que vio un omega afuera, es porque lo vio. Que no todos sean inmunes al aire, también es una posibilidad, pues no con todos experimentan las mismas sustancias.

Respira hondo. Los pies temblorosos pisan los escalones. Mentiría si dijera que no tiene miedo, ha visto como se muere haya afuera por videos. Fue la única advertencia que se les dio antes de ser trasladados a esa casa. Teme también, que de sucederle algo, Tamaki vea su cuerpo tirado en medio de la calle. Sin embargo, es por él mismo y Mirio que está dispuesta a correr el riesgo.

Por su cachorro.

Por su nueva familia.

Presiona el botón de la puerta. Esta se retrae hacia la derecha, ingresa al recibo. La primera compuerta se cierra. Los nervios le recorren, abre y cierra las manos. Presiona los parpados.

Es el turno del segundo botón.

Unas lágrimas se le escapan cuando el primer pitido de advertencia suena. A ese le preceden dos más con los que su corazón se desboca. La puerta da inicio a su movimiento, Nejire aguanta la respiración.

La puerta se abre y finalmente, inhala.

Uno, dos, tres...

Entre abre los ojos.

Exhala. Vuelve a respirar.

Uno, dos, tres...

Nada. No sucede nada.

Da un paso hacia afuera. El asfalto es granuloso bajo sus plantas. La brisa corre fría, acuchillando su piel y le gusta. Le gusta lo áspero bajo sus pies, la brisa que corta, el cielo que brilla, la vegetación húmeda.

Nejire sonríe, ríe y gira como una niña. Da saltos y suelta carcajadas.

De pronto, un aroma llega a su nariz. Voltea con violencia. Feliz como estaba, no se ha percatado de la presencia del intruso.

Frente a ella, un alfa de cabello rojo le mira asombrado.

Nejire se encoge a la defensiva, le gruñe. El alfa no se mueve y ella camina sigilosa acercándose, soltando sonidos guturales de advertencia. El alfa da un paso hacia atrás, ella vuelve a gruñirle, esta vez, mostrando los dientes. El hombre se queda inmóvil, Nejire le rodea, olisqueando sus feromonas en busca de sus intenciones.

– M-me llamo Kirihsima Eijiro – se presenta nervioso. Es la primera vez que ve a otro omega y la mujer actúa muy distinto a como es Denki.

Dos nombres, piensa ella. El sujeto no es como Mirio o Tamaki, sino como ella.

Hado Nejire.

– ¿T-también viste al omega salir? – intenta aligerar el ambiente.

No siente ferocidad de él, sino nervios, ansiedad e incluso, miedo de su ser. La omega relaja la postura, no por ello, deja de estar alerta.

– Fue mi alfa quien lo vio.

Vuelve los pies al ingreso de su casa.

– ¡Espera! – la toma del brazo. La hembra le gruñe en advertencia. Eijiro la suelta, manos en alto. – Y-yo solo quería saber si han pensado en huir.

– No es asunto tuyo.

Retoma su camino.

– ¡Mi omega esta embarazado! – Nejire detiene el paso. Huele la brisa que trae su aroma y no encuentra mentiras. Hay un aroma de omega encinto y limón – Tiene miedo a lo que pueda sucederle. Quiero protegerlo, pero para eso necesito sacarlo de aquí.

Medita el pedido.

Nejire ha convivido muy poco con otros omegas en el laboratorio. Tan pronto llego, su conducta se calificó como agresiva y fue separada del resto. Ha detestado a los omegas por la poca lucha que mostraban contra Mirio, por el celo asqueroso que debía oler de ellos. Pero, sobre todo, porque ella misma se ha encontrado en esa situación.

Mas no encuentra ese sentir desagradable en el aroma del omega de ese alfa. Así como tampoco lo sintió en Tamaki. La misericordia de ver un omega preñado pasar por lo mismo que Tamaki ya una vez paso, le entristece.

Y no es como que ese alfa pueda hacer mucho por el omega.

A diferencia de ellos, Mirio, Tamaki y ella, tienen ventaja en sobrevivir fuera. Mirio se ha criado como un alfa desde pequeño, conoce su fuerza, el poder de su aroma, el instinto. Él les ha enseñado a sus omegas a manejar sus perfumes, a comunicarse con él, a defenderse.

"– Debes llevarte a todos. Formar una manada."

Fue la última orden que Aizawa le dio a Mirio el día que desapareció en el bosque.

Nejire vuelve la vista hacia el alfa pelirrojo.

Su decisión está tomada, pero es Mirio y Tamaki quienes deberán secundarla.

"Sígueme" murmura tenue su aroma y Eijiro se sorprende de haber percibido tan claramente el mensaje, mas no tiene tiempo de reparar en ello. Solo obedece.

Ingresan al primer ambiente de la vivienda. La compuerta se cierra y los extractores suenan. Dentro del recibo, Eijiro solo percibe el aroma de la hembra, por lo que duda de si su alfa le ha acompañado hasta su salido o si quiera estaba enterado de que lo haría.

Los extractores se detienen, la segunda puerta se abre. Entonces, siente más aromas. Uno muy masculino, otro maternal. También hay un fuerte olor a tristeza y perdida.

– ¡Tamaki! – ingresa asustada. El omega se encuentra al borde de las escaleras, con Mirio sujetándole del brazo.

Nejire se acomoda a su lado, permitiendo que sus cuerpos reposen en el escalón más bajo. Le abraza y consuela con su aroma dulce a arándanos maduros. Mirio está por abrazar a sus omegas, cuando el aroma intruso llega a sus fosas. De dos zancadas se encuentra frente a frente al otro alfa.

Instintivamente, gruñe fiero, hombros alzados, pupilas dilatas.

Al igual que él, Eijiro también siente el mensaje del instinto bombearle por las venas. Por un lado, quiere posicionarse a la defensiva igual que él, contraatacar. Por otro, ese mismo instinto le grita que no lo haga, que está frente a un alfa poderoso y es visible en su tamaño, su musculatura. Las mil cicatrices que cobija su pecho desnudo y su aroma. Eijiro cede al más fuerte. Encorva la postura, muestra el cuello y su aroma, por instinto, se esconde.

Busca hacer de su presencia invisible.

Pero Mirio no lo ve así. Ese macho ha tocado a su omega, ha ingresado a su territorio con sus feromonas pululando en su territorio. Esta también, el hecho de que Tamaki está preñado y su aroma se ha alterado al sentir a aun alfa extraño.

Advierte el peligro y Mirio no está dispuesto a tolerar uno cerca a los suyos.

– Su omega está preñado – menciona Nejire sin separarse de Tamaki. – quiere huir, juntos. Una manada.

Mirio continúa acercándose hasta acorralarlo. Kirishima se encoje en su sitio y el alfa de laboratorio, muestra su superioridad. Dos alfas juntos, no es posible. En el laboratorio los separan en habitaciones de muros anchos y puertas firme para que no sientan su aroma. Son agresivos al punto de matarse si están juntos, sin embargo, el alfa que tiene en frente, no se enfrente a pesar de la notoria agresividad que le muestra.

Le toma del cuello con fuerza. Eijiro siente sus garras incrustarse leve en su piel, mientras su cuerpo se alza ligero por la fuerza del rubio.

– ¡Basta! – le detiene la omega, tomándole del brazo – Shota y Emi dijeron que necesitábamos unirnos.

– Suéltame.

Estampa el cuerpo del alfa contra el muro. Los cuadros caen ante la fuerza del golpe. Mirio no vira la vista a su omega, los mantiene firmes en lo que él considera una amenaza.

– ¡Ayuda a mi omega! – grita repentinamente Eijiro con lo poco que le queda de aire. Mirio detiene la presión sobre su cuello, sorprendido del atrevimiento.

– ¡Déjalo! – Nejire le alza la voz, ejerciendo fuerza en su brazo.

Mirio le suela, Eijiro cae de rodillas, tose adolorido. Nejire se interpone entre ambos alfas. Ella sabe que solos no llegaran lejos y está dispuesta a buscar apoyo, al menos hasta encontrar un lugar seguro.

Una tregua tensa se forma.

Nadie habla. Nadie se mueve. Solo se oye la respiración agitada del pelirrojo. El corazón acelerado hace correr sangre tan velozmente que acuchilla sus venas. Eijiro siente la adrenalina quemarle como hielo.

– Puedes hacer conmigo lo que quiera – habla aun ahogado – pero ayúdalo a él. Por favor.

Dentro del laboratorio, a Tamaki no le hubiera importado que Mirio destrozara a otro alfa con tal de protegerle. Sin embargo, es fácil luchar por alguien a quien quieres, lo difícil es sacrificarte por él. Lo que el alfa hace, cala honda en Tamaki; porque sabe que, de no tener mayor opción, Mirio haría lo mismo por ellos. Que no se aleja mucho a lo que hizo cuando permitió que extirparan sus colmillos.

Ningún alfa que sea malo, se arriesgaría tanto por un omega.

Mirio vuelve a dar un paso adelante, queriendo sobrepasar a Nejire. Entonces, siente el aroma cálido de su omega macho acercarse.

– Alto – coge el brazo de Mirio, le detiene de atacarlo. – Tu nombre.

El alfa alza la mirada, encontrándose con el segundo omega que olio al abrirse la puerta. Luce menos intimidante que la mujer y a pesar de esconderse tras el alfa, logra verle. Tiene una expresión seria, pero amigable; trae puesto un camisón hasta la rodilla que enmarca su vientre.

También esta encinto.

– Kirishima Eijiro.

Dos nombres, piensa. Solo las personas "normales" tiene dos nombres. Los hombres como él, solo poseen uno.

Tamaki.

Mirio.

A secas.

– ¿Cómo se llama tu omega? – interroga Mirio.

– Denki – responde, flexiona una pierna, dispuesto a ponerse en pie.

– ¡De rodillas! – le gruñe fiero. Kirhsima vuelve a su posición, sumiso. – no te muevas si yo no te autorizo.

Silencio.

Mirio le rodea, agitando sus feromonas amenazantes nuevamente.

– ¿Cómo se yo que no vas a intentar atacar a mis omegas?

– Puedes dejarme si quieres, pero llévenlo a él, por favor. – suplica – Está por cumplir seis meses.

Tamaki siente nuevamente esa oleada de sentimientos que calan hondo en su pecho. Si fuera él, si fuera Mirio quien decidiera que lo dejen mientras le protejan, él no lo aceptaría. No podría seguir con su vida y su cachorro, sabiendo que su alfa ha quedado a merced de sus verdugos en ese laboratorio

Y no es solo ese alfa, lo son todas las parejas que habitan ahí.

Presiona el brazo de Mirio. Transmite mensajes camuflados en su aroma.

No le temo.

Necesitamos de ellos.

Una manada.

Shota les dijo que los alfas de ahí no actuaban como tales. Que, a diferencia suya, a penas y tenían meses siendo alfas y por ello, necesitaban de él, un guía.

Mirio no termina de confiar, pero en algo tienen razón, ellos tres solos no llegaran tan lejos.

– Agrupa a los otros – da la misma orden que le dio su consejero – cuando todos estén al tanto, entonces huiremos.

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03:15hr.

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Denki abraza sus piernas, recostado en el sofá. Las lágrimas surcan su rostro y lentamente mueren contra la alfombra. Ha despertado por la ausencia del alfa, ha seguido su aroma lo mejor que ha podido.

No le ha hallado más en casa.

El llanto vuelve intenso.

No sabe si Eijiro ha roto su promesa o algo más ha sucedido.

Su corazón se estruja al pensar lo peor. Ya ha perdido una pareja por querer protegerlo, si algo le sucediera también a Eijiro... prefiere no ahondar en ello y centrarse en pensar que quizás, Eijiro ha tenido razón y nada malo ha sucedido, que esta allá afuera recorriendo el pasaje.

Sorbe su nariz.

De pronto, el timbre suena.

La respiración se le detiene, se alza sobre el sofá al momento que su alfa golpea el vidrio de la ventana. Corre deprisa, presiona el botón y tiene la espera más larga de su vida. Tamborilea los dedos sobre sus muslos, muerde su labio inferior.

El sonido del extractor termina. La puerta se abre y antes de ingresar el alfa, lo hace su aroma.

Y el de otros omegas.

Y otro alfa.

Sin embargo, le resta importancia. Eijiro está de pie, sano y salvo. Se lanza sobre él en un abrazo. Frota sus mejillas y lame su cuello, impregna su aroma borrando el que trae encima. Con su aroma encima, vuelve a sus sentidos.

– ¡Prometiste no salir! – golpea su pecho – ¡Me mentiste!

– Espera, detente – sujeta sus manos con delicadeza – Denki – le mira con una sonrisa gigante. – lo conseguí – atrapa su rostro cariñosamente – lo conseguí.

– ¿Eh? – musita curioso.

– Nos vamos a ir. – suelta una risa de emoción – ¡Nos vamos de aquí!

Alza de la cintura a su omega, gira en medio de la sala. Denki ríe también, contagiado por la alegría, aunque aún sin comprender del todo lo sucedido.

– Debo avisar al resto de parejas – besa el rostro de su omega, le deja pisar el suelo – nos vamos. Todos nos iremos.

.

Sábado 30 de marzo.

08:15hr.

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Apenas Izuku se remueve en las sabanas despertando, las feromonas estresadas de Katsuki le reciben. No llegan a ser desagradables, mantiene su esencia con una pizca agridulce, que es la que suele contagiarle ese estrés.

Abre los ojos despacio, el alfa se encuentra sentado al borde de la cama, la vista en la ventana.

– ¿Kacchan? – susurra. Katsuki no se gira, su aroma le indica que no le ha notado aun, anda distraído. – Kacchan – Tira de su pijama.

Katsuki voltea a verle.

– ¿Tienes hambre?

– No – vuelve a tirar de su camiseta, obligándole a recostarse a su lado – ¿Que sucede?

No responde.

Se cobija en la cuenca del cuello del omega. Izuku acaricia sus cabellos y besa su coronilla.

– ¿Es por el plan?

Una vez más, no obtiene respuestas.

Tampoco es que la haya cuando simplemente no tienen uno. Katsuki dijo que huirían, pero antes debían de planear bien que hacer.

¿A dónde irían? ¿Dónde vivirían? ¿Qué comerían?

¿Dónde daría a luz Izuku?

Katsuki se ha tentado a pensar que, lo mejor, podría ser que Izuku tuviera a sus hijos en el laboratorio y una vez regresaran, entonces ahí huirían.

¿Pero si sus hijos no vuelven?

¿Si tampoco lo hace Izuku?

Quisiera no pensar en ello, sin embargo, es una posibilidad totalmente viable.

Habiéndose preparado por más de un año en estudios de ganadería, tiene conocimientos teóricos del nacimiento de un becerro. No compararía a Izuku con una vaca, pero es lo más que conoce de un parto. Ha visto videos, ha leído libros. Puede saber si ha roto la fuente, que el niño está dentro de una placenta y que tendrá que cortar su cordón umbilical.

Sonríe, un poco enternecido de pensarlo.

Debe estar loco, por encontrar hermoso algo que debería hacer en medio del bosque, rodeado de suciedad y animales salvajes.

– No necesitamos un plan elaborado, Kacchan – susurra el omega sobre su oído – con que mis bebés no nazcan aquí, para mí ya es ganancia.

– Sabes que yo tendría que llevar a cabo tu parto, ¿no?

– Confió en ti.

Katsuki no.

Así como tiene conocimiento en el alumbramiento de un animal, también sabe las complicaciones que pueden presentarse al momento. Bajo un ambiente esterilizado y con los profesionales correctos, todo estaría en orden. Pero, una vez más, el haría todo en medio del bosque, bajo los árboles, sobre la hierba contaminada de tierra y desechos de animales silvestres.

Izuku podría morir en sus manos, o peor aún, tendría que elegir entre sus hijos o él.

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15:00hr.

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Eijiro tiene en claro que debe unir a todos ahí antes de volver con la familia de al lado. Nejire es con quien ha logrado entablar dialogo, ella ha comentado que tienen un plan y una ubicación que le fue dada por sus consejeros, pero que solo se las dirá el día que partan. No quiere arriesgarse a que uno pueda difundir el plan con los médicos.

El enemigo.

La parte difícil empieza ahora, que debe salir de casa y convencer a otros de huir. Que alguien se quede sería un riesgo, así como también lo es, el mismo hecho de ir a tocar puertas.

– Eiji – Denki se acerca frente a él. Acaricia con sus yemas, las pequeñas heridas que ha curado en el cuello de su alfa y que este no ha sabido explicar – ¿Estás seguro de hacer esto?

No, claro que no lo está. Luego de conocer a Mirio, teme que haya más alfas como él. Poco pacientes y dominantes. Sabe que no siempre habrá una omega como Nejire dispuesta a escucharle, incluso, interponerse entre su y él.

– Sí – responde con seguridad. Le abraza – Todo saldrá bien.

El alfa llena el rostro de Denki de besos, risueño; mientras su omega ríe gustoso abrazándole. Eijiro posa las manos sobre su cintura, siente el vientre en crecimiento presionarse contra él. Recuerda un poco lo que Nejire le ha contado, sobre el hijo que le arrebataron a su omega mientras él dormía. También esta, el otro dato que le ha dado.

Un omega al que han separado de su pareja para hacerse de su bebé.

No comprende que ser tan cruel es capaz de hacer eso. Comprende recién, el entusiasmo de Emi al explicarle que su hijo nacería ahí y no en un lugar adecuado. Todas esas palabras bonitas ocultaban hechos tortuosos de fondo.

Los omegas no pueden dar a luz ahí.

– Se mueve – Denki toma su mano y le guía a donde el bebé se mueve.

Eijiro sonríe enternecido.

Aun no le ha contado nada de ello al omega, cree seria innecesario siendo que van a huir de ahí antes de que llegue a los siete meses. Prefiere sonreírle y continuar sintiendo el movimiento de su hijo.

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22:27hr.

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Izuku termina de tejer los últimos pares de zapatitos que le ha dado la poca lana que queda. Agradece haber hecho de diferentes tamaños todo ese tiempo, pues sus hijos no tendrá más ropa que esa en mucho tiempo.

Por momentos, su pecho se acelera ansioso al pensar que una vez que se vayan, no habrá vuelta atrás. Tendrán que vivir en medio de la naturaleza, comiendo lo que encuentren. Mal que bien, en esa casa tienen todo lo que necesitan para vivir. Incluso en el laboratorio.

– Deku – el omega alza la vista hacia su pareja – ¿Azul o rojos? – balancea en cada mano un par de zapatillas.

La única maleta que tienen en casa, es la que Katsuki trajo consigo el día que llegó. Deben llevar solo lo esencial en ella y será lo necesario para sus bebes. Todo lo demás, como ropas suyas y alimentos enlatados, Katsuki ira escondiéndolo en el bosque el resto de días.

– Rojo.

Katsuki arruga la nariz, en desacuerdo con su decisión. Izuku le arroja una almohada por insinuar que tiene mal gusto. Ambos ríen suave, aligerando un poco el ambiente.

Aunque rápidamente se tensa cuando oyen el timbre sonar.

Izuku deja caer su tejido. Katsuki se pone alerta, patea la maleta debajo de la cama.

– Escóndete.

– No – se pone de pie rápidamente, toma a Kacchan del brazo – No vayas.

– Voy a estar bien, solo obedece.

Katsuki deja al omega en la habitación. Cierra la puerta con llave y desciende al primer nivel, dispuesto a luchar si alguien amenaza con lastimar a Izuku. Se queda en pie frente a la puerta y espera a que ingresen.

Su pecho sube y baja agitado de un momento a otro. Siente la adrenalina correr e incentivar a sus encías a liberar sus colmillos.

Sin embargo, la puerta no se abre.

Nuevamente suena el timbre.

Katsuki empieza a comprender poco lo que sucede. Camina despacio hacia la ventana, recoge apenas unos pliegues de la cortina. No hay autos, no hay personas.

Es extraño.

– ¡Mierda! – grita del susto cuando un sujeto ahí fuera toca la ventana. El pelirrojo le sonríe nervioso y señala su puerta.

Katsuki cierra la cortina de inmediato. Ha perdido ya sus rasgos de alfa y su corazón palpita aun asustado.

Vuelve a sonar el timbre.

El alfa rasca sus cabellos, indeciso. Definitivamente no se trata de nadie del laboratorio ni del estado, es un alfa como él. Lo sabe porque está en la calle, expuesto al aire, por su musculatura.

¿Pero que hace ahí?

Da unas pequeñas vueltas alrededor del sofá, piensa, imagina escenarios rápidamente. Ninguno le lleva a una posible respuesta. Katsuki termina por ceder. Presiona el botón de la puerta.

La espera tortuosa da inicio, él se mantiene alerta a lo que venga.

– Ha-hace frio afuera –dice un poco cohibido. Brazos cruzados, buscando calentar su cuerpo y unas pocas chispas de llovizna.

– ¿Quién eres?

– Kirishima Eijiro – dice un poco más relajado al no notar agresividad del cenizo. – vivo en frente.

Katsuki también relaja su posición defensiva. Lo primero que noto cuando conoció a Izuku, fue la ausencia del apellido. Lo cual indica que ese alfa es igual a él.

– ¿Qué haces aquí?

– Los vi. A ti y a tu omega salir. – le sonríe tranquilo de que, hasta ese momento, todo vaya bien. – También salió una omega que vive al lado de mi casa. Vamos a huir.

– ¿Kacchan?

Ambos alfas se giran hacia la escalera, de donde ha venido la vocecilla suave. Eijiro ve entonces, al omega que salió a la calle.

– Es... es enorme – comenta sorprendido por el tamaño de su vientre – ¿Va a dar a luz pronto?

– Espera dos. – responde Katsuki – le falta un mes.

– En ese caso, deben venir con nosotros cuanto antes. – la preocupación es genuina.

– ¿Por qué?

Izuku baja lento tras su pregunta. La preocupación es genuina del alfa es genuina, la siente en su aroma, así como también, la de su omega embarazado.

– La omega que salió, ella vive con otro más y un alfa, todos provienen del laboratorio. – inicia su relato de manera breve – al omega lo sedaron y le quitaron a su hijo ahí.

Izuku presiona sus ropas. Tiene conocimiento de que, en el laboratorio, pocos niños conocen a sus adres. Usualmente lo hacen, cuando necesitan convencer a la omega de someterse a algún experimento que necesita de su consentimiento. También, cuando desean examinar sus comportamientos. Izuku ha logrado ver a su madre en tres ocasiones de pequeño.

Pero el hecho de que te seden y roben a tu hijo, eso no es humano.

– Shota habló con ellos antes de irse. La gente del laboratorio se llevó a otro omega que estaba por dar a luz. No ha vuelto hasta ahora.

Katsuki toma la mano de Izuku en reflejo.

–¿Do-donde esta Shota y Emi? – duda la pregunta el menor.

Eijiro traga hondo. Desvía la mirada.

– Creo que ya lo saben.

Silencio.

Esta seguro que todos ahí han barajado una misma hipótesis de cuál ha sido el final de esos dos.

– ¿Tienen algún plan? – Katsuki espera que así sea.

– Sí – y su aroma rebosa alegría cuando se lo confirma. Izuku cube sus labios emocionado – él les dio una ubicación. Nejire solo dijo que era muy lejos, que tendríamos que caminar días, pero aseguro que estaríamos a salvo.

– ¿Dónde?

– No me dio más información. Es peligroso si alguien se le escapara en presencio del nuevo consejero.

Katsuki frunce el ceño. Esa respuesta, aunque sensata, no le inspira confianza. Llevar a Izuku junto a un grupo extraño sin saber a dónde, sería peligroso.

– ¿Cuándo nos iríamos? – Izuku toma la iniciativa.

– Deku – tira de su mano, reprimiéndolo.

– Kacchan – acaricia el dorso de su mano con el pulgar – no tenemos nada que perder. – susurra contra su hombro.

Y tiene razón.

El máximo plan de Katsuki, es esconder provisiones fuera y buscarlas cada que las necesiten. Empacar una pequeña maleta y nada más. Si van en grupo, puede que tengan más posibilidades, es cierto.

Resopla fuerte.

– ¿Cuándo nos iríamos? – repite la pregunta.

Total, si no se sienten a gustos, siempre pueden separarse.

– Necesito comunicarles esto a todas las parejas. Solo después, Nejire me dará una fecha. – Hace una pausa, a la espera de una respuesta que no llega rápido. – ¿Es un sí?

Katsuki baja los ojos hacia Izuku. Izuku le mira también, asiente.

– Cuenta con nosotros.

.

23:55hr.

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Momo observa por la ventana la pequeña llovizna que acab de iniciar. Es la primera vez en sus diecisiete años que ve algo parecido.

Agua cayendo del cielo.

Sonríe maravillada. Su vida entera la había pasado en laboratorios, yendo de mano en mano como un objeto. En dos años, ya había vivido muchos celos. Algunos junto a alfas, otros, con médicos que debían cuidarla; al final, poco recordaba de ellos. Ha tenido también, dos embarazos que terminaron en abortos espontáneos a las pocas semanas. Y no es que su cuerpo estuviera marchito como algunos de los hombres con batas decían, los omegas tienden a recurrir a medidas extremas para perder a sus cachorros.

Es mejor un aborto temprano que ver a sus pequeños serles arrebatados.

Momo ha sabido desde siempre el destino bajo el que había nacido y no esperaba que, cuando Shota y Emi la separaron del resto de omegas, fuera para llevarla a un lugar mejor.

¿Vivir junto a un alfa?

El miedo se le instalo en la boca del estómago el trayecto entero. Si en algo se diferencia pasar su celo junto a un alfa frente a un hombre, era lo lastimado que terminaba su cuerpo. Heridas de mordidas, hematomas de sus toques bruscos, ardor entre sus piernas.

Empero, Shoto estaba lejos de pertenecer a ese grupo. Era un alfa, sí, mas no una bestia indomable que la lastimaría. Shoto la trataba con amabilidad y respeto.

Para él, ella era una persona.

El hombre era apenas dos años mayor, enfocado en sus estudios, taciturno y educado. Le brindaba espacio cuando dormían en la cama, agradecía cada comida que le servía. La costumbre de esa convivencia había derivado en afecto por parte de ella. La cercanía diaria la había llevado a anhelar cosas que desconocía hasta ese entonces.

Shoto tenía un aroma muy específico emanando de su piel. Un nevado derritiéndose en primavera, creando riachuelos en medio de paisajes cálidos. Era agradable notar que más allá de su aroma, estaba esa mezcla de emociones que flotaban.

Cariño, amor, afecto y nostalgia.

Todo lo que lograba percibir de él, era hermoso y atrayente, mas nada iba dirigido a ella. Y es que el corazón del alfa poseía dueño cuando ella llegó. Shoto había tenido un omega antes que, luego de salir preñado, se le fue arrebatado junto a su cachorro.

Ella no era más que un reemplazo a ese omega.

Una cosa nuevamente.

Y los sentimientos no son reemplazables como las personas. La embriaguez de su nostalgia solo era un recordatorio de lo que él jamás sentiría por ella.

Momo suspira con pesadez.

Se enfoca en la maravilla de la naturaleza y recorre el camino que dejan las gotas con el índice. De pronto, tras el enfoque de las gotas observa algo más.

Un hombre de cabello rojo.

– Sho-Shoto – retira su dedo de la ventana – ¡Shoto! – retrocede asustada, incrédula de lo que ve.

Shoto baja corriendo, alertado por el grito de Momo. Sus orbes buscan a la mujer y dan con ella en la ventana, al otro lado, una persona les mira. No trae un traje que le proteja.

El hombre señala hacia la puerta y Shoto comprende.

– ¡No! – le detiene la omega – no sabemos nada de él.

– No trae un traje, morirá afuera. – presiona desobedeciendo el pedido de la mujer.

El alfa retrocede unos pasos. Dudoso de si el hombre ingresara o, para cuando la puerta abra, él ya habrá fallecido. El sonido de los extractores intermedios termina, Momo se esconde tras su pareja.

La puerta se abre y el alfa desconocido se muestra ante ellos.

Por unos segundos, no hacen más que mirarse. Eijiro fija sus ojos en la mujer y su vientre plano. Una villa en la que el embarazo es lo primordial, que ella luzca así, solo le indica que se trata de la pareja de la que le habló Nejire.

La pareja a la que separaron.

El alfa al que le reemplazaron de omega.

– Estas vivo. – murmura la mujer.

Momo se aproxima, curiosa por la humedad de su piel, toca las gotas de agua que le han caído del cielo.

Sonríe tímida, un poco emocionada.

– ¿Cómo estas vivo? – indaga Shoto.

Eijiro infla el pecho orgulloso.

– Somos inmunes. – y así da inicio a su relato sobre el omega que vio salir. Después, el intento que tuvo él a penas ayer, la omega que conoció y su encuentro curioso con la pareja "de a tres" que viven al lado de su casa. Comenta brevemente lo poco que sabe del plan y también, de las dos parejas que ya ha visitado. – Vamos a huir.

Momo sonríe emocionada de oírlo. No conoce a quienes menciona y corre el riesgo de confiar de más en unos extraños; sin embargo, en esos pocos minutos su mente la lleva a volar libre por esos campos verdes a donde le lleva el aroma de Shoto.

Ella está dispuesta a correr el riesgo.

Morir conociendo el mundo, es mejor que vivir encerrada en una burbuja que la lastima.

– Sí – acepta de inmediato.

Eijiro sonríe, satisfecho de que ya llevé tres parejas convenciendo.

– Debo irme ahora. Mi omega me espera – se retira con la esperanza de que el día de mañana, lleve tan buena suerte como la de hoy.

Momo corre hacia la ventana y le observa cruzar la calle en plena llovizna hacia otra casa. La sonrisa se le ensancha, suelta una pequeña risa.

– Ve tú.

Gira en dirección al alfa, su rostro reafirma la negativa. Camina hacia las escaleras, de regreso a su estudio, en donde suele encerrarse la mayor parte del día.

– ¿Vas a espéralo? – el alfa detiene el paso. – ¿Si no vuelve? ¿Qué harás?

Silencio.

Momo percibe el aroma del alfa. Huele a paisajes marchitos.

– Solo ve tú, Momo.

Shoto continua su trayecto hacia el segundo nivel. Ingresa a su estudio, toma asiento en el escritorio, los codos sobre la mesada, cabizbajo.

Respira despacio, conteniendo el dolor que lleva dentro.

Sus ojos viajan por la superficie de madera hasta dar con ese pequeño espacio de la habitación que se han convertido en su altar. Un par de zapatos de bebe tejidos a mano, descansan en el cuarto nivel del librero.

La punzada en su pecho vuelve.

Fue hace poco más de un año cuando cumplió dieciocho años y salió de su hogar. Era el cuarto de seis hermanos. Su familia no había sido el mejor ejemplo de lo que ese emparejamiento forzoso podría lograr. Su padre serio, a veces violento; mientras su madre siempre sumisa y dócil. Hubiera querido permanecer más tiempo a su lado, buscando protegerla, pero era imposible. Durante años, vio como uno a uno sus hermanos mayores fueron partiendo hasta que finalmente, llegó su turno.

No guardaba ninguna emoción para su nuevo hogar. Solo sería una relación impuesta como la de sus padres, vacía.

La primera sorpresa llegó cuando en lugar de ir a ciudad central, se le llevo directo a una casa. La segunda fueron sus consejeros, que ya le esperaban dentro. La tercera, la noticia de ser emparejado con un hombre. Sonaba tan fantasioso, inverosímil. Pero entonces, cuando terminaban con toda la información que a duras penas procesaba, llego quien sería su pareja.

Inasa.

Un chico de cabello corto, ojos avivados, al menos quince centímetros más alto que él. Sus ojos a penas y habían hecho contacto, cuando el omega cayó de rodillas al suelo. Agitado, mejillas rojas.

El ciclo de calor del que había hablado su consejera, acaba de llegar.

Esa noche el omega acaparó la habitación, mientras Shoto se instaló en el sofá. A la mañana siguiente, el calor había cesado y el chico dormía en la cama acurrucado entre las ropas del mayor.

Todo lo extraño de la situación se vio disminuido ante la energía del chico. Era alegre, enérgico y con una extraña costumbre de disculparse haciendo una reverencia exagerada. El tiempo juntos llevó a tomarle cariño. Pasaban noches enteras conversando de cosas que imaginaba, de los animales que veía por las ventanas y desconocía su existencia. Descubrió que, a pesar de su estatura, era menor que él. Así como que venía de un laboratorio en el que la vida era dura para muchos, pero que, en su caso, los médicos habían desistido debido a que su fisionomía impropia de un omega les intimidaba.

El primer ciclo de calor terminó por catalogarse como un desequilibrio hormonal y el verdadero, llegó cuatro meses después. Fue recién en el segundo que decidieron pasarlo juntos.

Paso un largo tiempo hasta que le aplicaron a él la inyección que cambiaría su vida. Tras verse convertido en un alfa, su vida dio otro giro. Pues esos sentimientos tímidos que habían surgido por Inasa, fueron incrementados radicalmente.

Ya no se trataba de un simple cariño, era amor.

Estaba perdidamente enamorado de su omega, su cuerpo palpitaba cuando despertaba a su lado y sentía su aroma, su piel bajo sus manos. Cuando le veía andar por la casa sonriente, cuando su vientre empezó a crecer.

Shoto experimentaba la felicidad del emparejamiento por primera vez.

El día en que se llevaron a Inasa, dijeron que sería por tres días. Le harían una cesárea, estaría en cuidados dos días y retornara con su hija en brazos.

Esperaban una niña.

Sin embargo, una semana pasó y la única en llegar fue Momo, junto a una charla sobre lo que sería su vida de ahora en más.

De Inasa debía olvidarse.

Y quizás, una vez que Momo saliera embarazada, debería olvidarse de ella también.

Emi y Shota prometieron hacer todo lo posible por tráelo de vuelta, pero hora ellos tampoco estaban más.

Lo único perenne, era el vacío instalado en su pecho, que día a día sentía le orillaba un poco más a la desesperación y angustia.

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Viernes 30 de marzo.

23:45hr

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Izuku descansa tranquilo al lado de Kacchan. Ambos acostados entre mantas, frente a la ventana del comedor. La noche ha estado bastante despejada luego de las lloviznas de esa semana, y han visto las estrellas brillando tan hermosas, que el omega ha querido acostarse viéndolas. La ventana posterior es ideal, pues no solo maravillan sus ojos con las estelas, sino que tienen el bosque con su verde abundante y algunas luciérnagas pululando en el ambiente.

Ambos pueden sentirse un poco más cerca a esa libertad.

Uno de sus hijos se mueve y Katsuki, que está al lado de su vientre, le siente sobre su piel. Ambos sonríen y sus aromas se entre mezclan en el aire haciendo un cóctel de menta, naranjas y canela.

La felicidad no puede ser más.

Finalmente, luego de una espera que se les ha hecho eterna, Eijiro ha vuelto con la noticia: Se van en tres días.

Todos hubieran deseado que fuera lo antes posible, pero son la pareja que lidera esa huida, quienes lo ha decidido por bienestar de su omega embarazado. Ellos quieren que tenga una última consulta con el médico antes de irse, pues el trayecto será largo. Aquello ultimo le continúa dando preocupando, ya que Izuku está por terminar el octavo mes, su vientre ha aumentado de tamaño y duda que pueda seguirle el paso al resto. Se ha hecho a la idea de que, en algún punto, deberá cargarlo, si es que no entra en trabajo de parto a mitad de camino.

Continúa aterrándole la idea de no ser capaz de ayudarle, que las cosas se compliquen y... Prefiere confiar en la fortaleza de Izuku.

Aumenta la presión en el abrazo de su omega, regocijándose en su perfume.

Al menos no estarán solos y siempre puede haber alguien dispuesto a ayudarle.

En esos días, también ha pensado en su madre. No tiene idea de que noticia le puedan haber dicho a ella luego de su partida, ya que no existe registro alguno de su emparejamiento. Lo que sí advierte, es que le informarán de su deceso una vez que huya. Siente pena por ella, que deberá vivir con la tristeza de haber perdido a su familia. Su madre es una mujer fuerte, sabe que se repondrá, pero igual duele saber que su partida le lastimará.

– Kacchan – le llama el omega, al sentir en su aroma con migas de tristeza.

El alfa deja de lado sus pensamientos, vuelve a relajar su aroma. Lo mejor que puede hacer, es emanar confianza y contagiar de ella a Izuku. Mantener con los ánimos arriba antes del viaje.

Entonces, la puerta suena.

Katsuki se yergue.

"– Las cosas malas siempre suceden de noche"

– Ve arriba. – ordena, en tanto ayuda a Izuku ponerse de pie lo más rápido que puede.

Izuku no pregunta, obedece sintiendo la advertencia de peligro en el aroma del alfa.

Katsuki se queda ahí, frente la puerta, sin saber verdaderamente que hacer. Si ellos vienen por Izuku, su deber es protegerle.

¿Pero a que coste?

La última vez, el medico llegó resguardado. Si muere, todo habrá terminado para él e Izuku. Pero si se lo llevan, entonces no volvería a verlo. El pecho se le agita desesperado, la sangre corre llena de adrenalina. Sus encías picas y sus colmillos han empezado a rozar su labio inferior.

Cuando la puerta se abre, la duda le retrasa su reacción. Son segundos que le cuestan el factor sorpresa y a apenas pone un pie delante, un arma se detona. El frio le recorre al sentir algo ingresar a su cuerpo. Tambalea unos pasos atrás, baja la mirada, en su pecho se encuentra incrustado un dardo. La sujeta queriendo quitárselo, entonces, oye dos detonaciones más.

Pecho nuevamente.

Y cuello.

Katsuki cae de rodillas, completamente mareado. Todo ruido hace eco en sus oídos. Su cuerpo se empieza a poner débil, hasta que la vista se ve envuelta en noche y cae.

Solo percibe algunos sonidos.

Pasos.

Gritos.

– ¡Kacchan!


Nota de autora:

Han pasado 84 años...

Tengo escrito este capítulo hace un mes y cada que lo leia para editar, terminaba reescribiendo. Al final lo he hecho como 4 veces hasta que dije "no más! Lo subo ahora o nunca" y aquí estamos.

En compensación, es el capítulo más largo que llevo escribiendo en mi vida.

Y bueno, aquí tenemos de todo un poco. Romance, tríos, múltiples parejas, cosas importantes y también relleno jajajajaja es que había tantas cositas que quería tocar y tan poco tiempo en la línea que sigue la historia, que todo se juntó. Espero no haya sido aburrido .

Ahora, cosillas que pueden no haber quedado claras:

· Shoto e Inasa son predestinados, por eso el celo de Inasa y las emociones nuevas en Shoto cuando se vuelve un alfa completo.

· La historia de ellos inicia poco antes de la de Izuku y Katsuki, así como el embarazo de Inasa. Por eso a Izuku se le informa que el parto será en casa.

Eso sería todo sobre el capítulo y entre otros asuntos, para los que no lo saben, hay oneshot nuevo (ni tanto, fue para navidad) se llama "La esencia de las almas", un KatsuDeku de almas gemelas.

Ahora sí, nos vemos.