Por demanda popular...
Hinata y el amor
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El amor era algo que se le escapaba de entre los dedos. No lo comprendía de todo y tampoco entendía por qué volvía a todo el mundo tan loco. Pensaba que el sentimiento era como el que poseía por su hermana pequeña, a la que adoraba apretujar, el amor respetuoso hacia su padre o su madre o el fraternal que sentía hacia su prima mayor.
Sin embargo, a medida que iba creciendo se percató de que había más que ese tipo de amor. Uno doloroso, que te mantenía las noches despierto, que podía hacerte ver cosas donde no las había, que provocaba que tu corazón parecía montarse el baile de la macarena en tu pecho o el tipo de amor que provocaba que tu apetito desapareciera.
También existía el amor que garantizaba un gran esfuerzo, como estaba leyendo en un último Doujinshi que seguía donde el chico protagonista perdía peso por la persona que amaba*.
Pero no. Se le escapaba.
Decían que era algo que podías oler o ver. Por más que miraba no lo entendía del todo. No podía comprender qué forma tenía ni cómo olía.
Quizás es que las chicas que había a su alrededor no le interesaban. Quizás es que simplemente no había llegado la persona destinada. O quizás, es que era una de esas personas…
Sí, de las que nunca llegaban a sentir amor.
No era tan malo, si lo pensaba bien.
Tenía tiempo para estudiar, para leer, para ver series y películas. Se había acostumbrado a ir sólo al cinco, quedar a veces con sus dos mejores amigos y distraerse mientras estos hablaban de chicas. Le gustaba ir al museo sólo, pasear por el parque.
Le encantaba el deporte y era un disfrute que no podía negarse tampoco. El futbol desde que era niño le gustaba, pero no lo consideraba un deporte como profesión.
También había días en que sentía cierta añoranza a los viejos días, donde las cosas parecían más fáciles.
Entonces, solía ir a ese parque después de clases. Un parque al que solía ir de vez en cuando a jugar. Aquel día, los chicos todavía no se habían reunido y decidió sentarse a esperar.
Buscó el árbol con más sombra y, quizás, poder echarse una siesta.
Tras dejar la mochila y abrirse un poco la chaqueta, se acomodó.
Observó a la gente caminar distraídamente, a los niños correr y eso le recordó las palabras de su padre años atrás. "Tu madre y yo te hicimos con mucho amor, igual que a Hanabi. Esperábamos una niña y llegaste tú".
Sí, eso era amor también. Años después decidió que no pensaba indagar en la forma retorcida de ese pensamiento, pero lo importante es que era querido.
Sólo que continuaba sin entender esa clase de amor que se esperaba que sucediera a su edad.
Cerró los ojos y, entonces, lo escuchó.
El dolor de aquel amor que no comprendía.
Escuchaba el sonido provenir desde lo alto de su cabeza. Se movió un poco y reconoció una figura. El uniforme era de varón y de su misma escuela. La mochila colgaba de una rama y por la forma en que crujía la rama y los sonidos, estaba sacudiéndose.
No lograba ver bien quién era, pero por la forma en que lloraba, el haberse ocultado y, si agudizaba un poco el oído, casi parecía escuchar música de fondo.
Era un chico sufriendo.
Esa parte del amor que era dolorosa tampoco podía comprenderla. Se preguntó si él necesitaría alguien con quien hablar. No era bueno dando consejos pero sí escuchando. Sin embargo, sabía que los hombres poseían cierto romance —aunque más sopesaba que era orgullo—, en el que no querían que nadie los viera llorar o conociera los motivos.
Esa forma, sin embargo, parecía la de un corazón roto. Se quedó atónito. ¿Cómo podía llegar el amor a hacer llorar a un chico de esa forma mientras escuchaba música tan triste?
—¡Ah!
La maleta resbaló de la rama contra su cara. Le dio de lleno e hizo muchísimo daño a su nariz. La persona que fuera saltó al suelo, quitándosela y tras gritar, echó a correr. No alcanzó a ver quién era por culpa de que las lágrimas habían llegado a sus ojos a causa del dolor.
Ni que fuera a decir nada de eso, diablos.
En ese momento, tenía tanto daño que habría deseado devolvérsela.
Si el amor causaba esa poca cordura, empezaba a pensar que era algo tan loco como pensaba. Diablos, al menos una disculpa.
Al día siguiente, llevaba una tirita sobre la nariz y la mitad de sus compañeros pensaron que se había metido en problemas. Él, al que muchas veces consideraban perfectos por tener buenas notas y al que le costaba mucho destacar bajo la sombra de las notas que tuvo su prima.
—No me he peleado —respondió cuando Ino se acercó curiosa—. Ayer me di con algo en la cara.
Había pensado que al menos respetaría el secreto del que estuviera llorando. Todavía no había podido averiguar demasiado de quién era y cuando lo hiciera, quizás debiera de devolvérsela. Sí, posiblemente.
—¿Qué fue lo que te golpeó? —preguntó Sakura inclinándose para inspeccionarla—. Parece doloroso.
Hinata lo sopesó.
—Una maleta.
Alguien escupió al final de la clase.
—Diablos, Naruto. Te he dicho muchas veces que no tragues las burbujas de ese modo —acusó Sakura.
Hinata lo miró con cierta preocupación. Si lo recordaba, ayer Naruto estaba extraño cuando le preguntó acerca de Ino. Quizás, es que se había enamorado de ella. Aunque le dijo que no. Pero que se enfadara tan repentinamente por aquella conversación era extraño.
Quizás Naruto también estaba dentro de aquella crisis que llamaban amor y la mentira formara parte de ello. Posiblemente, sí estaba enamorado de Ino pero le mintió a él porque sabía que eran amigos.
Se rascó la cabeza, completamente confuso. No. No conseguía comprenderlo.
—¿Has entendido ya lo que significa tener un Crush hacia alguien? —cuestionó Shino.
Miró a su amigo que era quien le había planteado aquella pregunta. Hinata no había comprendido el significado de la palabra pese a que se usara mucho. Fue así como empezó a rumiar acerca del amor.
Abatido, se dejó caer por la silla, estirando sus largas piernas.
—No, no tengo ni idea. No comprendo el amor.
Alguien dio un gritito y miraron hacia atrás.
—¿No habéis escuchado repentinamente un ruido raro? —cuestionó Sai ahuecando las orejas con las manos—. Es como si a alguien acabaran de romperle el corazón.
Hinata rio con los demás. No comprendía por qué y tampoco es que lo hiciera queriendo. El problema es que él estaba demasiado lejos de comprender que el chico que le había golpeado con la mochila era el mismo que había escupido la bebida o al que acababa de romperle el corazón.
Una vez más.
Continuará…
Ante demanda popular y porque mi hermosa Procrastinación me hizo un dibujo preshiosho que podéis ver de portada, se continuó.
A ver qué tal sigue la continuación y su acogida… o…
En fin, quería una versión desde Hinata, que no se cosca de nada el pobre XD.
¡Nos leemos!
