Antes de leer: En este capítulo he reunido varias ideas que me dieron que podría pasar en Crush. Está basado en dos videos de ticktock si no mal recuerdo y en una teoría que tuvimos Procrastinación y yo.
Altos y bajos
La clase de sentimiento que puede aportar esta situación puede ser muy diferente en la persona que la siente, pero se quiera o no, afecta también a los allegados. Puede que las personas no sean conscientes de ello, especialmente las que viven en su mundo de imaginación y pasa por alto las situaciones reales. Hay otro tipo que son las calladas, las que prefieren rumiar para sí mismo los acontecimientos que los hicieron felices, que podrían incluso haber malinterpretado o celebran su emoción en completa soledad sin molestar a nadie.
El protagonista de esta historia no es así. Sus allegados tienen la mala suerte de que sea un hiperactivo alocado al punto de dejar con la boca abierta a muchos, en este caso, a su pariente más cercano: su padrino.
Naruto vivía con él desde que era un niño. Jiraiya debería de estar habituado ya a sus locuras y aunque esperaba que tuviera una adolescencia normal y corriente como casi muchos muchachos a su edad, jamás esperaba que el enamoramiento de su ahijado llegara hasta ese punto.
Naruto, por supuesto, parecía no haber nacido con la capacidad de entender lo que era la vergüenza ajena en esos casos o la empatía de percatarse que estaba haciendo el ridículo.
Aquel día había comenzado con él llegando tarde, con la música en alto en plena mañana y el buen pervertido de Jiraiya abriendo la puerta sin llamar. Siempre había esperado encontrarse a Naruto jugando con su soldado, era algo con lo que podría vivir, al fin y al cabo: ¿quién no necesitaba un respiro por las mañanas cuando despiertas duro como una roca?
Por eso, no pudo impedir que su boca cediera a la gravedad.
—Naruto, vas a llegar tarde al institu… to.
Gracias a que la música había terminado se podían escuchar los jadeos del adolescente mientras le miraba, guiñando sus ojos interrogativamente antes de desviarlos hasta el despertador sobre la mesita de noche.
—Ah, cierto. Maldita sea, Shikamaru debe de estar alto de esperar.
Jiraiya levantó una mano para invitarle a detenerse antes de que continuaba hablando o moviéndose. Más bien, necesitaba que estuviera quieto.
—Naruto. ¿Qué diablos estabas haciendo con la planta de tu tía? ¿No estaba en el salón?
Naruto miró con total tranquilidad hacia la enorme planta. Tenía la estatura perfecta para poder bailar con ella, fingir que era una persona. Así que por la noche la raptó para llevar a cabo un momento divertido que le ayudara a superar que le rompieran el corazón… otra vez.
Sabía que Hinata no lo hacía con mala intención pero eso no quitaba que no doliera.
—Me sirve como ayuda de baile —respondió finalmente mientras se colocaba la mochila en el hombro—. Es buen bailarín.
Jiraiya apenas podía cerrar la boca. Se hizo a un lado automáticamente, pero seguía sin salir de su asombro. Ver a Naruto pavoneándose en un baile sensual con la planta había sido peor, catastrófico, que verle masturbarse.
Mientras que él abandonaba la habitación y posteriormente la casa, Jiraiya decidió devolver la planta a su lugar antes de que su mujer pusiera el grito en el cielo. Al sujetarla, algo cayó de una de las hojas. Una fotografía.
Se preguntó cómo sería la chica que habría escogido su ahijado. Si tenía el mismo buen gusto que él…
—¿¡Qué rayos!?
Ajeno a los gritos y la saliva de la boca de su padrino, Naruto se reunió con Shikamaru, quien bostezaba. A veces parecía necesitar siete jarras de café para despertar.
—Llegas tarde —le regañó a medida que avanzaban.
Naruto iba a disculparse hasta que recordó que por regla general, era Shikamaru quien llegaba siempre tarde.
—Ah, pues sí es cierto —reconoció Nara encogiéndose de hombros—. Aunque vivimos cerca.
—Pero siempre llegamos tarde —puntualizó haciendo una mueca zorruna.
Shikamaru tuvo que darle la razón, pues la gran mayoría de esas veces era su causa. Aunque esa vez, al mirar hacia atrás, se dio cuenta de que no eran los únicos atrasados y que era bastante sorprendente ver quién llegaba tarde.
Naruto se tensó, olisqueando el aire como si de un perro se tratase para volverse. Ambos se fijaron en el joven delegado que corría con un aspecto bastante descuidado de alguien a quien se le han pegado las sábanas.
—¡Buenos días, Naruto, Shikamaru! —saludó sin detenerse siquiera—. Perdón, llego tarde. Me adelantaré.
Shikamaru no le dio mucha importancia hasta que escuchó un sollozo a su lado. Dio un respingo al encontrarse con Naruto lagrimeando.
—¿¡Y ahora por qué estás llorando!? —exclamó agarrándolo del hombro.
Por supuesto, Shikamaru conocía —porque era megaobvio—, que Naruto sentía interés por Hinata y aunque generalmente solía hacerse más el sueco y desinteresado —ya que Naruto era muy exagerado—, a veces lo asustaba de verdad.
Shikamaru todavía no había experimentado el tema del amor como Naruto lo vivía pero a veces sentía bastante empatía. Otras quería ahogarlo a ver si se callaba, pero eso eran otros asuntos.
—¡Es que me ha saludado! —exclamó Naruto a lágrima viva.
Shikamaru no sabía si darle con la maleta o con el zapato.
—¿Eres estúpido? —cuestionó irónico—. Nos ha saludado a los dos.
—¡Qué no, que ha sido a mí! —recalcó Naruto cabezonamente.
Shikamaru había aprendido que dejarle estar en su imaginación a veces era mejor que presionarlo.
Por supuesto, para Naruto, que Hinata le saludara era el fin del mundo de la normalidad y la puerta abierta a la felicidad. No podía haber nada mejor en ese día que igualara tal momento. Bueno, quizás sí, porque se sentaba detrás y podía stalkearlo todo cuanto quisiera sin problema.
Sólo que claramente el mundo a veces no iba como uno pensaba. Al entrar en clases se percató de que no estaba, al fin y al cabo, era lo primero que siempre buscaba al entrar. Sus cosas sí, pero nada más.
—¿Habéis visto a Hinata? —cuestionó Ino acercándose a él y Shikamaru—. Tengo que entregarle los apuntes que me dejó ayer.
—Oh, si le buscas, le he visto ir hacia atrás con una chica —respondió Shikamaru.
Naruto se volvió hacia él como alma que lleva el diablo.
—¿Por qué no me lo has dicho? —inquirió apretando con fuerza los dientes.
—¿Por qué debía de decir nada? —preguntó a su vez Shikamaru—. Además, estabas teniendo una crisis de llanto y no me escuchabas. Como ahora…
Naruto aferró a Ino de la mano y —la arrastró sin miramientos — corrieron a la parte trasera del edificio. Era el lugar soñado para una declaración de amor. ¡Perfecta! Con ese árbol espléndido de Sakura.
—No sabía que te gustara tanto el chisme, Naruto —jadeó Ino a su lado, asomando la cabeza a la par.
Naruto le sonrió forzadamente.
Claro. El chisme. Lo que estaba teniendo era un ataque de pánico. ¿Y si Hinata aceptaba la declaración? ¡Ni pensarlo!
Pero tal y como se temía, Hinata estaba bajo el árbol con la chica. Y era de su misma clase. Condenado Shikamaru que nunca prestaba atención a las chicas. No era lo mismo una rival lejana que una cercana. ¡Y eran chicas! Jugaban con ventaja.
—Oh, vaya. Ha sido rechazada.
Naruto, que había estado en babia imaginándose un holocausto en el que Hinata correspondía, volvió a centrar su atención en ellos. Hinata había levantado una mano negativamente mientras con la otra se rascaba la nuca, avergonzado. La muchacha no tardó en echar a correr con lágrimas en los ojos.
Naruto empezó a gritar silenciosamente hasta que el muchacho llegó a su altura. Al verles, parpadeó. Miró a Ino y y luego a él.
La felicidad se le fue directamente a los pies.
—Ah, perdonar por quitaros el puesto.
Le hizo señas de ánimo y luego se alejó campantante. Ino guiñó los ojos y le miró.
—Lo siento, sabes que salgo con Sai, Naruto —dijo. Le dio unas palmaditas antes de alejarse también.
Ese día, hubo dos asientos vacíos en la clase. Una chica y un chico. La primera, fue rechazada una vez. El chico, fue rechazado dos veces sin querer.
Y es que, tener un Crush no era nada sencillo.
Que se lo dijeran a Naruto.
¡Nos leemos en el siguiente!
