Bien, tocaba ya este fic =) Me he divertido mucho escribiendo este capítulo. Espero que les saque alguna risita al menos =D


¿Y si quizás…? II


No era un secreto que no entendía el amor (1). Tras pensarlo muy atentamente tiempo atrás —recibiendo un buen bolsazo en la cara de regalo mientras lo sopesaba—, decidió que quizás el amor no era para él. Sí, el amor no tenía por qué ser solo entre dos personas, algo íntimo. También aceptaba y entregaba el mismo amor por su familia. Amigos, aunque estos fueran alocados y a veces, le llevasen al despacho del director para cubrir alguna de sus faltas.

Era el amor romántico lo que escapaba de sus manos. Y había decidido darse por vencido hasta que recibió aquella confesión bajo el árbol de Sakura, con aquella joven, que, aunque era hermosa y parecía tener una personalidad interesante, no le gustaba. No la conocía, en sí.

Ya sabía que con él no funcionaba eso del amor a primera vista —o era de los que se enamoraban más tarde—, pero también había otro problema que sí despertó en su confusión tras la declaración: quizás no le gustaban las chicas. Porque era capaz de reconocer cuando una mujer era hermosa, sí, pero no sentía ese ímpetu natural de chico, como Kiba, por ejemplo. Que siempre estaba metiéndose con ellas, olisqueándolas o suspirando por necesitar una novia.

Cuando apareció la oportunidad de ir una tienda erótica, no se lo pensó dos veces antes de acompañarlos. Quizás necesitaba un shock para poder despertar esa parte suya. Así pues, mientras los otros iban directos a lo que les interesaban, él se dio una vuelta por la tienda, mirando con discreción ciertas partes anatómicas femeninas que en ningún otro lado vería tan fácilmente —o él quería pensar que no era fácil, claro—, para ver qué ocurría. Pero su cuerpo no reaccionó de ninguna forma en especial.

Cuando llegó a la sección revistas, se percató de que había una gran variedad en gustos. Revisó las portadas y se detuvo en una de ellas, la más curiosa. Se suponía que era para mujeres y otra, para hombres. Aferró una de ellas con cautela y ojeó por encima.

El mundo no se movió. No se abrió ninguna luz en el techo con pancartas que le dijeran: Sí, chico, eres gay. Aunque dudaba que eso funcionase así exactamente. La dejó de nuevo en su lugar con cierta tensión incómoda en sus hombros.

No podía descubrir el amor en una revista, eso era ilógico. Y a medida que avanzó el tiempo se percató de que era correcto. El amor no estaba en las cosas tangibles —aunque Sai aseguraba que podía amar su consola y su novia por el mismo nivel—, dudaba que se llegara a amar realmente de ese modo.

A lo mejor es que simplemente no se había fijado bien en los demás. Claramente, sí que lo hizo con las chicas, pero no lo había intentado con los chicos hasta ahora. No podía imaginar sentir algo por Kiba o Shino, que eran los más cercanos a él. Además, ambos eran completamente heterosexuales y no quería empezar con un corazón roto —aunque sabía que eso podía no ser evitable, alguien en el mundo debía de estar sufriendo porque su Crush no le amase o ni siquiera notara su existencia (léase Naruto)—, pese a que sonara egoísta.

Así pues, pensó que para iniciar con su experimento debía de decantarse por alguien atrayente. Uno de esos chicos por el que muchas chicas se detenían para observarle y suspiraban. Y tenía uno de esos en su clase.

Sasuke Uchiha.

Guapo, alto, aunque antipático y seco. Directo y atípico, prefería meter las narices en un libro que otra cosa. Y, por lo que se percató, únicamente saltaba más cuando Naruto estaba cerca. Era con el único que reaccionaba. Si lo pensaba, hacía poco que se habían peleado porque, al parecer, —Hinata no conocía del todo los detalles—, Naruto le había llamado por error y le había soltado alguna cosa que hizo que Sasuke se enfadara con él (2).

Sin quererlo ni beberlo, Sasuke se vio inmerso en su problema. Desde luego, cuando recordara en antaño este hecho se moriría de vergüenza.

Decidió mirarlo mucho más de lo que debería. Apuntarse a los mismos deportes que el otro. Aunque Sasuke, por supuesto, no vio nada molesto en ello. Cada quien era libre de apuntarse a lo que le gustara, aunque no podía negar que era cantoso ver a Hyûga Hinata unirse al club de Kendo para probar.

La estratagema era sencilla: ver al Uchiha en todo su esplendor. Y no existía mejor lugar que la ducha. Sabía de sobras que él se demoraba lo suyo en el baño —por más que insistieran sus seguidoras, ese peinado no era natural sin algo de cuidado y peine—, y que no tenía ningún tapujo a la hora de mostrarse a los demás.

Recordó un chiste que hiciera Naruto en su momento: Claro, es que Uchiha tiene que exponer todo su yo hasta dentro de un contenedor de basura, que brillara. La verdad, Hinata no quiso reírse en ese momento, pero no pudo evitarlo. Lo reconocía, Naruto era el caos de la clase. Aunque a Hinata le costaba comprenderle algunas veces.

Intentaba no pensar demasiado en que quizás podría caerle algo mal al pobre y que Naruto, quien se llevaba bien con todo el mundo, era demasiado educado para decírselo. Aunque Shikamaru aseguraba que no era nada de eso, sólo que el chico era demasiado torpe.

Quitándose de la mente a Naruto, entró al vestuario con los demás. Los chicos no solían tener muchos tapujos, a menos que hubiera algún gracioso con complejo entre las piernas en vez de cerebro en la cabeza, aun así, él siempre era algo recatado, debía de reconocer. Existían puntos de su cuerpo que pensaba que eran inadecuados para mostrar a otros. Pero no le quedó más remedio que soportarlos para ver si se confirmaba su creencia.

Siguió a Sasuke al interior de las duchas, entablando una conversación estúpida sobre algo que claramente no era el interés del Uchiha. Hinata dejó sus pertenencias a un lado y miró de reojo. Sasuke había echado la cabeza hacia atrás para empaparse con el agua, que resbalaba por su cuerpo. Por todo su cuerpo.

Le daba un aspecto sensual, erótico a más no poder que dejaría a cualquiera temblando y dudando de su sexualidad. Y ahí estaba él, preguntándose cómo demonios podía hacer un simple ser humano para ser así de condenado con sus genes, en vez de excitarse o sentirse atraído de más.

—¿Qué miras?

Dio un respingo al escuchar la voz de Sasuke, profunda, incómoda incluso. Recordó que la situación no era la adecuada y que según qué excusa sería complicada. Mas no pudo contener su cuerpo, sonrojándose. Algo que, por suerte, Sasuke ya conocía y no cuestionaba.

—No, perdón. Sólo miraba.

Las últimas palabras se repitieron en su mente a cámara lenta. Una y otra vez. ¿Acaso era imbécil? "Sólo miraba". Ya. Si Sasuke le tenía por un bicho raro, acababa de subir de nivel en el ranking de cosas que él no quería cerca.

Por eso, no le extrañó que se duchara más rápido. Antes de salir, colocándose la toalla en la cintura, se detuvo para mirarle.

—Lo siento. Ya tengo alguien que me gusta.

Y se alejó mientras deseaba estrellarse la cabeza contra la pared. Como si eso pudiera rebobinar todo.

—¿Es cierto que te has declarado a Sasuke Uchiha, Hinata?

Kiba, como era de esperar, no tardó en interceptarlo y soltar la pregunta nada más verle entrar en el salón. Hinata entró en pánico.

—¿¡Qué!? ¡No! —exclamó a la par que otra persona. Buscó con la mirada al causante, pero es que todos estaban mirándole con la misma intriga, menos Sasuke, quien parecía indiferente a lo que ocurría, con los cascos puestos y un libro en sus manos—. No, ha sido un error —aclaró rápidamente. Continuaba interesado en quién había gritado a la par—. Sólo me quedé en babia durante la ducha y pues… él pensó que yo… que yo…

¡Cuánto lo odiaba! ¡Tartamudear y sonrojarse como si fuera una chica!

Se escuchó un suspiro de alivio, doble. Miró de nuevo a los demás y se encontró con Sakura, disculpándose con la mirada. Sin embargo, no estaba seguro del todo, pero el grito de antes no fue cosa de Sakura. Era la voz de un chico.

Estaba seguro.

—Ay, Hinata, eres adorable —exclamó Ino acercándose a él y abrazándolo. Sintió sus senos contra su pecho y, aún así, su cuerpo permaneció inactivo—. Pero no creo que sea bueno quedarse en babia mientras miras a otro chico en las duchas. A menos que sea alguien que te guste.

Hinata fue a abrir la boca, cuando se escuchó la voz de Shikamaru. Un grito y un nombre en cuestión.

—¡Diablos, Naruto! —regañó Shikamaru sacudiéndose el jersey—. Me has tirado todo el ramen encima.

Naruto pareció entrar en pánico. Hinata sonrió, acercándose a él.

—No pasa nada. Hay productos de limpieza y yo puedo prestarte mi jersey de reserva, Shikamaru —ofreció.

Los dos lo miraron. Shikamaru en agradecimiento y Naruto como si acabara de abrirle el cielo de escapatoria.

—¿Te parece si vamos juntos a por las cosas, Naruto?

Uzumaki pareció congelarse. Metió las manos en los bolsillos cuando Shikamaru le dio una palmada en la espalda para hacerle reaccionar.

—No lo necesito —espetó, pasando de largo. Hinata tomó aire, preocupado. Quizás fuera cierto eso de que no le caía bien.

—Ves con él —susurró Shikamaru. Hinata le miró con curiosidad—. Es que sólo es tonto. Pero sí quiere que vayas con él.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó sorprendido.

—Oh, porque está haciendo el idiota en la puerta de entrada.

Hinata se acercó para curiosear. Naruto caminaba de un lado a otro, con las manos en la cabeza mientras se tiraba del cabello. Su cara estaba roja y sus ojos acuosos. Se detuvo en medio de su camino y chocaron.

Pese a que se consideraba un joven atlético y fuerte, Naruto era grande y también, musculado gracias al deporte. Así que no fue de extrañar que él perdiera el equilibrio. Naruto soltó una palabrota, extendiendo la mano para aferrar la suya. Al instante en que sus manos conectaron, algo chispeó entre ellos. Electricidad. Una extraña sensación.

—¿Qué ha…? —preguntó. Se detuvo al mirarle. Naruto se miraba la mano, emocionado. Como si acabara de aprobar un examen de Kakashi—. ¿Naruto?

—¡Te juro que no me lavaré esta mano en mi vida! —gritó echando a correr.

Hinata enrojeció, esa vez, por sorpresa y porque su corazón dio un vuelco, sin esperarlo. Shikamaru apareció a su lado, sonriéndole.

—Te dije que sólo era un idiota.

—Creo que dijiste tonto.

—Ah, sí. Pero idiota también —añadió echando a caminar silbando—. Pero así lo queremos. ¿Verdad?

Casi asintió, distraído. Se miró la mano por un buen rato. Él sí iba a lavársela, por supuesto. Y esperaba que Naruto no llegara a los extremos de no hacerlo. Pero fue interesante. Por una vez en toda su vida, no fue con Sasuke Uchiha, el sex-symbol, con el que su mano reaccionó. Sino con Naruto Uzumaki, el chico al que no comprendía y que, de alguna forma, le odiaba.

Sonriendo, decidió ir a buscar los enseres para limpiar la clase, pero no vio ni a Naruto ni a Shikamaru, así que suspiró. Ambos acababan de aprovechar ese momento para hacer campana (3) en la próxima clase.

Al final del día, se percató, no había respondido del todo la pregunta que le rondaba la cabeza.

Aunque hubo algo diferente: no consiguió sacarse a Naruto Uzumaki de la cabeza en toda la noche.

Continuará...

AY, Hinata, si supieras que Naruto lo que le pasa es que se muere por tus huesitos xD.

(1): Segundo capítulo del fic.

(2): Para entender este punto tenéis que haber leído el comic de mano de Procrastinación en Facebook :D

(3): Pellas, fugarse, etc. de variantes de no ir a clases.