¡Ya llegó!


El día en que Naruto Uzumaki descubrió…

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Naruto odiaba tanto ética como tener que estar sentado delante y no poder observar libremente a Hinata. Más bien, le inquieta el hecho de que su Crush estuviera a su espalda. Porque si se giraba y notaba que le estaba mirando… De sólo pensarlo empezaba a sudar.

Sasuke le dio un codazo, molesto por sus movimientos e inquietud que provocaron que su mesa se moviera. Naruto protestó y aunque se ganó algunas risas desde atrás, a él no le hizo ni puñetera gracia.

¿Por qué había terminado sentado con el dichoso Uchiha en vez de con su fiel amigo Shikamaru? No es que hubieran decidido cambiar de sitios mágicamente. Es que la nueva profesora de ÉTICA para TONTOS lo había ordenado. Los observó por un momento y decidió sentarles acorde a sus pensamientos.

Lo único bueno que tenía de todo eso: estaba sentado en el mismísimo pupitre de Hinata. Y eso le encantaba. Lo había hecho subirse por las nubes, hasta que descubrió que a él lo sentaban atrás. ¡Y frustraban así su hora de observarle y no enterarse de nada de la clase! Porque era aburrida hasta decir basta.

—Venga, el cambio no es el fin del mundo —animaba Kurenai, a la que en esos momentos odiaba—. Además, vamos a hablar de algo que seguro que os encanta. Tomadlo como algo más liberal y menos de clase.

Naruto no estaba seguro de que fuera así. Se cruzó de brazos, enfurruñado.

—¿De qué será el tema? —cuestionó Ino, que estaba sentada a su lado también, ocupando el asiento de Kiba y habiéndose quejado de que apestaba—. ¿Cómo ser educados con nuestros mayores?

—No —negó Kurenai ignorando la puya acerca de lo aburridas que eran sus clases—. Del amor. Para ser algo más actuales: lo que vosotros llamáis Crush.

Si Naruto hubiera tenido orejas de zorro las habría empinado con interés. Tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no volverse y ver el rostro de la persona que encajaba dentro de esa descripción para él. Así que hizo lo que muchas otras personas en la sala, inclinarse hacia delante, interesado.

La sonrisa satisfecha en el rostro de Kurenai la ignoraron. Sus mentes estaban listas para la información. Estaban en esa edad ya, al fin y al cabo.

Kurenai, sin embargo, sí que se enfocó más en explicar de dónde venía la palabra y su significado. Ese ya era un tema que quizás no atrajo a muchos, pues deseaban ir al punto candente.

Como si Ino le leyera la mente, levantó la mano, apoyándose sobre su hombro para enfatizar más su necesidad de preguntar. Naruto lo soportó, interesado. Ino a veces tenía buenos puntos.

—¿Cómo podemos saber si es un Crush o es algo pasajero? —cuestionó Ino una vez le hicieron caso.

—Ino… —farfulló Sai, sorprendido con la pregunta de su novia.

Como respuesta, Yamanaka se encogió de hombros.

—Es puro interés, jo —protestó al final, volviendo a sentarse.

Naruto lo sopesó.

Siempre había pensado en Hinata como su Crush, como el ser inalcanzable del que estaba enamorado. Así que no lo consideraba pasajero. Si lo fuera, estaba seguro de que ya se habría cansado, especialmente, porque su interés por algunas cosas terminaba resultando en un rincón de su habitación abandonadas, como cuando le dio por coleccionar los cromos de Pokémon porque quería capturarlos a todos.

Aunque claro, comparar a Hinata con unos cromos era pasarse de la raya.

—Pueden darse perfectamente las dos situaciones, Ino —indicó Kurenai—. Sin embargo, por regla general suele sentirse más fuerte el sentimiento.

—Pues mi madre dice que se casó con mi padre, pero sigue teniendo un Crush con el cantante de la tribu del agua —indicó Kiba en grandes carcajadas—. Sí que le dura el Crush.

Kurenai suspiró.

—Kiba, casarte con otra persona no significa que dejes de sentir algo especial por otra.

—Claro, en resumidas: Tu Crush no te da bola, así que te buscas la vida donde mojar el palo —resumió Sai antes de esquivar el zapato de Ino, que después tuvo que devolverle.

—Digamos que Sai no va mal encaminado, aunque yo no habría usado esas palabras —reconoció Kurenai—. Que alguien sea tu Crush no te da derecho a forzar sus sentimientos hacia ti, así que es muy probable que tengas que aceptar que nunca te corresponderá.

—¡Ni hablar!

Naruto se había puesto en pie, determinado, gritando antes de ser capaz de controlarse. No fue el único, claro. Sakura y él se miraron con cierta vergüenza de comprensión. Se sentaron a la par.

—Por mucho que nos duela aceptarlo, hay una posibilidad de que sea así —continuó Kurenai—. No todo es negatividad. Hay un dicho que dice que quien la sigue, la consigue. Por supuesto, no olvidéis, y recalco, que no podéis forzar a nadie a amaros. Las cosas tienen que llegar por si solas. Además, tenéis que pensar que si fue confuso para ustedes cuando empezó, quizás para esa persona también.

Confusión. Sí. Eso podía comprenderlo. Aunque se había enfocado más en sentir que en otra cosa. ¿Qué pensaría Hinata de que él, como chico, gustase de su persona? ¿Cómo se lo tomaría? Después del rechazo que presenció, había cierto bache que saltar ahí.

Intentó mirarle, fingiendo mirar a Sakura. Hinata se mantenía con el ceño fruncido, observando el escritorio frente a él con suma atención, como si estuviera dándole vueltas a algo. Era extraño que no prestase atención a Ética. ¿Quizás no estaba interesado en eso?

Naruto pensaba que después de aquella interacción en que se tomaron de las manos —un desastre en realidad—, serían más cercanos, pero al parecer, las distancias continuaban y eso, de cierta forma, le preocupaba.

¿Quizás fuera porque exageró con la idea de no lavarse la mano? Obviamente, lo había hecho —en realidad sin querer y porque se le olvidó que había prometido no hacerlo—, así que Hinata no necesitaba preocuparse por ello. Esperaba que no pensara que era un guarro sin cuidado. (Porque lo de tirarse peos o eructos no contaba).

La campana rompió sus pensamientos.

Kurenai se puso en pie y buscó con la mirada.

—Hinata, Naruto. ¿Podéis llevar el televisor, que al final no hemos usado, al taller de audiovisuales?

Naruto sintió que se le abría el cielo. El suelo. O que el instituto entero temblaba. Buscó con la mirada a Hinata, quien ya se ponía de pie.

—Sí, por supuesto —aceptó.

Kurenai asintió y tras meter su carpeta bajo el brazo, se alejó.

Ambos se acercaron hasta el televisor y quitaron los frenos del mueble que lo sostenía.

—Puedes quedarte si quieres, puedo solo.

¿Y dejar pasar esa oportunidad?

—¡No quiero, yo…!

—Déjale que te ayude, Hinata —interrumpió Shikamaru bostezando y acercándose a ellos—. Que desgaste su energía haciendo algo productivo por una vez.

Naruto abrió la boca para protestar, pero Shikamaru no se lo permitió, posando su mano sobre su hombro.

—No la cagues, Naruto —aconsejó.

—¡Claro que no! —exclamó. Podía notar que empezaba a sudar. Los nervios se le acumulaban.

Y a medida que arrastraban la mesa se incrementaban. Que Hinata se mantuviera en silencio no ayudaba, por supuesto. Pareciera que estaba dándole vueltas a algo.

—La he lavado —dijo justo al entrar en el taller. Un lugar oscuro y lleno de productos de audiovisuales que daban escalofríos.

Hinata le miró sin comprender.

—La mano. Obviamente, la lave.

—¡Ah! —exclamó al recordar. Un rubor cubrió sus mejillas—. Daba por hecho que lo harías, claro.

Asintió y empujó la mesa, despreocupado. Ambos colocaron los seguros y cubrieron el televisor con la lona correspondiente. Al terminar, suspiraron aliviados y se dirigieron hacia la puerta.

Hinata giró el pomo. Volvió a girarlo. Tiró.

—¿Qué ocurre? —preguntó al notar que temblaba.

—¡La puerta no se abre!

—¿Cómo que no se abre?

Se acercó para intentar tirar él del pomo sin conseguir nada. Maldijo entre dientes y miró a su alrededor. Las ventanas estaban cerradas y cuando intentó abrirlas, no cedieron.

—Las mantienen cerradas para que no se llenen de polvo —protestó Hinata—. Maldita sea. No he traído mi móvil. ¿Tienes el tuyo?

—No —negó tras palparse los bolsillos.

Nunca pensó que le vería maldecir, pero estaba haciéndolo. Con la frente apoyada en la puerta y la mano en el picaporte.

—¿Tienes claustrofobia? —cuestionó preocupado.

—No —negó sacudiendo la cabeza—. Es sólo que…

Su mente comprendió. Lo que era demasiado educado de decir.

—Entiendo.

Hinata le miró, perplejo. Naruto retrocedió para sentarse a un lado, lejos.

—Estás encerrado conmigo.

Si lo repudiaba, lo comprendía.

—¿Qué? ¡No, no es eso! —exclamó Hinata, sorprendido—. Es decir, sí que estoy encerrado contigo, pero no es por eso que estoy así. Es… es complicado.

Naruto le habría gustado responder que no sabía cuánto. Porque a medida que la idea iba llegando a su mente, diversas situaciones románticas se pronunciaban en su mente como un anime, en vivo y directo, donde campanas de boda resaltaban en sus orejas.

Para empeorar las cosas, Hinata se sentó a su lado, rodeándose las piernas con los brazos. Olía divinamente. A jabón, a él. Nunca se había detenido a pensar si era agradable cómo olían los otros muchachos. Era consciente de que después del deporte se incrementaba, y como todos adolescentes, más. Sin embargo, Hinata le resultaba marcado, espectacular de alguna forma. A tal punto que deseaba enterrar su nariz en su piel.

—Estaba pensando en la clase de ética de hoy —murmuró Hinata, rompiendo el silencio del que empezaba a preocuparse. ¿Sería capaz de escuchar los latidos de su corazón? —. Me he obcecado mucho con ello y pensaba que quería meditarlo a solas.

—¿Obcequé?

Hinata parpadeó, mirándole. Naruto notó que se esforzó muchísimo por no reírse. Incluso así, se sonrojó inevitablemente. Las palabras complicadas no eran para nada lo suyo.

—Obsesionado.

—Oh —masculló sorprendido—. ¿Por qué?

Hinata no respondió. Ocultó más su rostro entre sus rodillas y él guiñó los ojos, confuso. Hasta que una idea se despertó en su mente a la par que martilleó su corazón.

¿Acaso Hinata estaba…?

—¿Te gusta alguien?

Decirlo fue doloroso. Como si sus labios pesaran demasiado. Su lengua fuera de cartón y olvidara tragar. Sus manos temblaban, aunque no deseaba que lo hiciera.

—No lo sé… —farfulló Hinata entre dientes.

¿Alguien podría dejar de taladrarle el corazón? Gracias.

Hinata desvió la mirada hacia la pared. Podía notar que había un hermoso sonrojo en sus mejillas.

—Nunca he comprendido cómo funciona eso del amor. Que te guste otra persona. Sentir algo tan especial y diferente a lo que puedes sentir por amigos o familia. Esa conexión.

Naruto sintió que se le escapaba el aire.

—Ríete si quieres —añadió al escucharle—. No he estado nunca con nadie. No me he enamorado antes. Así que tampoco he besado a nadie, ni he tenido citas ni nada eso. El otro día que nos vimos frente a la tienda, no estaba… no estaba comprando nada raro. Sólo quería descubrir cosas sobre mí. Obviamente, no fue el mejor lugar.

Que Hinata se abriera de esa forma fue sorprendente. Le encantaba y dolía a la par. ¿Cómo podía llegar a sentirse uno dividido de esa forma? Su Crush le estaba contando cómo se sentía en referencia al amor. Abriéndole su corazón, mostrándole que él podría llegar a ser el primero de todas esas vivencias.

Pero a la par, había algo entre líneas. Algo que hasta él era capaz de leer.

Hinata estaba cuestionándose todo eso justamente porque algo o alguien había cambiado sus sentimientos de alguna forma.

—Y ahora, ¿sientes que alguien está creando esas expectativas y te confundes?

Hinata le miró con esos grandes ojos suyos, tan hermosos y característicos, capaz de verle hasta el alma. Con la misma inocencia del mundo, sus labios se movieron.

—Sí.

Al mismo tiempo, el cielo y la tierra se abrieron bajo sus pies y cabeza.

—¿Chicos?

Hinata se levantó a cámara lenta, sonriendo aliviado mientras hablaba con la persona al otro lado de la puerta. Tardó en comprender que era Kurenai, que había olvidado advertirles acerca de la puerta.

Naruto no estaba seguro de cómo transcurrió el resto del día. ¿En qué momento terminaron las clases? ¿Había comido o bebido algo?

No estaba seguro.

El mundo estaba en silencio. Moviéndose a cámara lenta a medida que pasaban los segundos. En parpadeos, en lentos suspiros.

¿Cómo aceptaba uno que su Crush pudiera llegar a estar enamorado?

¿Cómo afrontaba alguien el hecho de haber perdido tan alto porcentaje de posibilidades?

¿Cómo superaba uno un corazón roto?

¿Cómo adelantaba alguien el tiempo de nuevo?

Continuará…